Domingo Lilón -Pécs, Hungría

Vecinos y… ¿amigos? Rusia – Ucrania; Colombia – Venezuela

Posted on 21 octubre, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs Hungría

Rusia – Ucrania

“Al mediodía de la provincia de Smolensko encontráis la provincia de Kiev, que es la pequeña Rusia, la Rusia roja, o Ukrania, atravesada por el Dniéper, que los griegos han llamado Borístenes. La diferencia entre estos dos nombres, uno duro de pronunciar, el otro melodioso, sirve para hacer ver, con otras cien pruebas, la rudeza de todos los antiguos pueblos del Norte y los encantos de la lengua griega. La capital Kiev, en otro tiempo Kisovia, fue edificada por los emperadores de Constantinopla, que hicieron de ella una colonia; se ven en ella todavía inscripciones griegas de mil doscientos años; es la única ciudad que tiene alguna antigüedad en estos países, donde los hombres han vivido tantos siglos sin construir paredes. Allí fue donde los grandes duques fijaron su residencia, en el siglo XI, antes de que los tártaros dominasen a Rusia. Los ukranios, que se llaman cosacos, son un conjunto de antiguos roxolanos, sármatas y tártaros reunidos. Este país formaba parte de la antigua Escitia. Roma y Constantinopla, que han dominado tantas naciones, son países que están muy lejos de ser comparables en cuanto a fertilidad al de Ukrania. La Naturaleza se esfuerza allí en hacer bien a los hombres, pero los hombres no han secundado a la Naturaleza, viviendo de los frutos que produce una tierra tan inculta como fecunda, y viviendo todavía más de la rapiña; enamorados hasta el exceso de un bien preferible a todo, la libertad, y, sin embargo, habiendo servido, una tras otra, a Polonia y a Turquía. En fin, se entregaron a Rusia en 1654, sin someterse demasiado, y Pedro los ha sometido.” (Voltaire, Historia del Imperio Ruso bajo Pedro el Grande.)

Ucrania comparte con Rusia, entre otros, una historia, una extensa frontera, una vecindad, elementos que han influido enormemente en su desarrollo. Ambos pueblos y naciones, junto con los bielorrusos, tienen su origen en las tribus orientales eslavas. Tan estrechas y cercanas son sus relaciones que el primer Estado ruso tuvo lugar con la fundación de la Rus de Kiev (s. IX), con Kiev como su capital. Con la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922), Ucrania pasa a formar parte de la URSS como república federada.

La historia reciente de las relaciones ruso-ucranianas se ha visto jalonada por varios desencuentros históricos y geopolíticos. Los ucranianos no olvidan la enorme cantidad de víctimas del periodo de “la gran hambre”, 1932-1933, (algunos investigadores la establecen en cuatro millones de personas), producto de la colectivización forzada del campesinado. Tampoco olvidan la incorporación y la “sovietización” de un gran territorio de la Ucrania occidental llevada a cabo entre 1939-1940. Los rusos, por su parte, no olvidan las relaciones de ucranianos con los ocupantes nazis o las organizaciones nacionalistas ucranianas.

Tras el colapso de la URSS, Ucrania inició su vida política independiente, pero muy marcada por sus relaciones con Moscú. Asuntos de geopolítica. Moscú quiere y prefiere una Ucrania más alejada de Occidente y más cercana a Rusia. Lo había conseguido en gran manera hasta la llegada de Viktor Yushchenko y la “revolución naranja”. Ucrania, al igual que otros países del área, busca su incorporación en la OTAN y la UE. Para ellos, esta incorporación no significa solamente su reencuentro con Europa, sino también su alejamiento e independencia de Rusia. Moscú, por el contrario, lo ve como una interferencia y una intromisión en su “esfera de influencia”. Y qué mejor manera, para Moscú, de influir en los acontecimientos mediante el uso de su mejor arma: los hidrocarburos, especialmente, el gas, tal cual lo acontecido en el 2006 y que con toda seguridad ha de seguir marcando pautas en las relaciones ruso-ucranianas. Con estas medidas Rusia da a demostrar que la energía tiene un precio político también.

Colombia – Venezuela

Al igual que Rusia y Ucrania, Colombia y Venezuela comparten una historia, una lengua, una geografía; un comercio bilateral de varios miles de millones de dólares. Y también un gran héroe de dimensión internacional, Simón Bolívar, nacido en Caracas (1783), Venezuela, y muerto en Santa Marta (1830), Colombia.

Comparten también Colombia y Venezuela, junto con Ecuador, la idea, el intento bolivariano de esa gran integración latinoamericana que fue la Gran Colombia y sobre la cual dijo: “La reunión de Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas. […] Estos pueblos hermanos ya os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal, que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siendo arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos, que la naturaleza había separado, y que nuestra patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana; ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuan superior es la suma de las luces, a la suma de las riquezas, que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.” (Discurso de Angostura, 1819.)

Pero comparten también muchos altibajos en el transcurso de su historia. Más que sacar provecho de esa vecindad, las relaciones colombo-venezolanas se han visto salpicadas por grandes y conflictivos encuentros y desencuentros: problemas de fronteras, conflictos armados internos, problemas de integración y, ahora, dos visiones de quehacer político que las colocan en orillas diferentes. De nada ha valido, por el momento, las últimas palabras de Bolívar, escritas en diciembre de 1830, muy pocos días antes de su fallecimiento: “¡Colombianos! […] Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos, y se consolide la unión yo bajaré tranquilo al sepulcro.”

Bolívar bajó “al sepulcro”, pero la unión de la Gran Colombia no se mantuvo, siendo hoy día las relaciones de sus tres grandes herederos, Colombia, Ecuador y Venezuela, muy tensas: vecinos, sí, pero, ¿amigos?

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A treinta años del triunfo en Nicaragua de la Revolución sandinista

Posted on 10 septiembre, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría | Etiquetas: |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Recuerdo muy bien aquel 19 de julio de 1979. Aún conservo en algún lugar de la casa de mi madre en Santo Domingo aquel periódico dominicano que en primera plana y con grandes letras anunciaba el triunfo de los sandinistas en Nicaragua y la salida de Somoza del país. Ese mismo 1979 ingresé en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en donde el tema de conversación era Nicaragua. Un año más tarde, en 1980, iniciado los estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas el tema de Nicaragua fue popularizándose aún más. Allí conocí a Juan, “Sandino”, como popularmente le conocíamos, quien había pasado medio año en Nicaragua en la campaña de alfabetización. Éramos la generación de la Revolución nicaragüense.

Al igual que Cuba, Nicaragua contaba con todas las características para la revolución tal cual la interpreta Hobsbawm “[…] tanto en el viejo sentido utópico de búsqueda de un cambio permanente de valores, de una sociedad nueva y perfecta, como en el sentido operativo de procurar alcanzarlo mediante la acción en las calles y en las barricadas, con bombas y emboscadas en las montañas” (Historia del siglo XX, 1914-1991. Crítica – Grijalbo Mondadori. Barcelona, 1995, p. 445).

Durante mucho tiempo Nicaragua sufrió de las apetencias de los EE. UU., lo que trajo como consecuencia la aparición de uno de los líderes más carismáticos de Centroamérica, Augusto César Sandino, quien luchó no sólo contra los norteamericanos, sino contra los gobiernos nicaragüenses impuestos por los EE.UU. Su asesinato lo convirtió en un mártir.

El control del poder real en el país descansaba en la Guardia Nacional creada por los EE.UU., la cual, a su vez, estaba controlada por el general Anastasio Somoza García, fundador de la dinastía de dictadores que controlarían el país y la nación desde 1937 hasta finales de la década de los setenta.

Con una feroz dictadura de varias décadas y un mártir como Sandino, era de esperar la aparición de un grupo guerrillero inspirado por la idea de “crear un, dos, tres Vietnam” del Che Guevara y del “foquismo” del francés Regis Debray. En la década de los sesenta hizo su aparición la guerrilla nicaragüense, dividida luego en tres grupos de marcadas diferencias ideológicas, las cuales unidas formaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el cual salió triunfante en 1979 tras la huída del último de los Somoza, el entonces presidente Anastasio Somoza Debayle. De nuevo triunfaba otra revolución en América Latina y con ella venía la utopía de un futuro mejor. Pero la tarea a realizar era enorme, debido a la situación en que se encontraba el país.

A diferencia de Cuba, la Revolución sandinista contó con una amplia muestra de solidaridad internacional, especialmente de los países del área, de Europa occidental, pero también de Cuba, la ex-URSS y de los países comunistas de Europa. Incluso, en un principio, de los EE.UU., hasta la aparición de Reagan como presidente de los EE.UU. Entonces apareció la “contra”, la oposición al Gobierno de Managua, financiado por el Gobierno norteamericano, provocando una violenta y larga guerra civil que, al fin y al cabo, socavó el ánimo y la confianza de los nicaragüenses ante los sandinistas, quienes perdieron el poder en las elecciones generales de 1990.

“La revolución sandinista fue la utopía compartida. Y así como marcó a una generación de nicaragüenses que la hizo posible y la sostuvo con las armas, también hubo una generación en el mundo que encontró en ella una razón para vivir y para creer, y peleó por defenderla en muchas trincheras a la hora de la guerra de los contras y el bloqueo de Estados Unidos, desde Europa, Estados Unidos, Canadá, América Latina, promoviendo comités de solidaridad, recogiendo dinero, medicinas, útiles escolares, implementos agrícolas, escribiendo en los periódicos, levantando firmas, presionando a los parlamentarios, organizando marchas.

[…] En un fin de siglo poco heroico, vale la pena recordar que la revolución sandinista fue la culminación de una época de rebeldías y el triunfo de un cúmulo de creencias y sentimientos compartidos por una generación que abominó al imperialismo y tuvo la fe en el socialismo y en los movimientos de liberación nacional, Ben Bella, Lumumba, Ho Chi Minh, el Che Guevara, Fidel Castro; una generación que aún presenció el triunfo de la revolución cubana y el fin del colonialismo en África e Indochina, y protestó en las calles contra la guerra de Vietnam; la generación que leyó Los condenados de la tierra de Frantz Fanon y ¡Escucha, Yanki! de Stuart Mill, y al mismo tiempo a los escritores del boom, todos de izquierda entonces; la generación de pelo largo y alpargatas, de Woodstock y los Beatles; la de la rebelión de las calles de París en mayo del 68, y la matanza de Tlatelolco; la que vio a Allende resistir en el Palacio de la Moneda y lloró por las manos cortadas de Víctor Jara, y encontró, por fin, en Nicaragua, una revancha tras los sueños perdidos en Chile, y aún más allá, tras los sueños perdidos de la República española, recibidos en herencia. Era la izquierda. Una época que fue también una épica” – escribió Sergio Ramírez (Adios muchachos. Una memoria de la revolución sandinista. Editorial Aguilar, Madrid, 1999, pp. 14-15).

Sergio Ramírez no sólo hace recuento de las causas que llevaron al fin a la utopía sandinista, tales como la guerra de los contra, la posición del Gobierno norteamericano de Ronald Reagan, etc., sino los propios errores que cometieron los sandinistas. Rememora el mensaje que le envió Olof Palme desde Estocolmo tras su visita a Nicaragua en 1983: “Cuídense, se están alejando del pueblo” (p. 52). Mensaje premonitorio ya que verdaderamente se fue abriendo más y más la brecha entre los líderes y las masas. Una distancia que el mismo Sergio Ramrez reconoce más tarde: “He contado alguna vez que durante la campaña electoral de 1984, el número estelar del mitin un domingo en el puerto de San Carlos, en Río San Juan, era la entrega simbólica que iba a hacerme de su fusil un campesino de la comarca de Jesús María, hasta hacía poco alzado con la contra, y que se había rendido o había sido capturado. Cuando lo anunciaron, lo vi subir a la tarima y acercarse a mí bajo el sol relampagueante, vestido en hilachas y descalzo, el fusil viejo sostenido por un mecate en lugar de correa. Entonces advertí que entre nosotros había un inmenso abismo difícil de salvar. Las razones por las que se había alzado contra la revolución, dejando aún en más desamparo a su familia, eran distantes y distintas de las que a mí me habían impulsado para entrar en esa misma revolución que pretendía resolverle a él los problemas de su vida. No sólo por novelista era yo un intelectual, igual a los demás que vestían uniformes de comandantes, y también decían discursos y teorizaban. Todos, desde arriba, pensábamos la revolución en términos de teoría o de ideal, y esa concepción mental trataba de ser aplicada o impuesta a la sociedad, y a gente de carne y hueso como el campesino humilde y acobardado que me entregaba el rifle. Le proponíamos el viaje incomprensible de lo primitivo a lo moderno, pero él se negaba y había tomado un arma para oponerse” (pp. 211-212).

En el 2006, luego de su derrota en 1990, los sandinistas, con Daniel Ortega a la cabeza, vuelven al poder. En esos tres lustros transcurridos el Frente Sandinista perdió a varias figuras representativas tales como Carlos Mejía Godoy, Dora María Téllez Argüello, Luis Carrión, Víctor Tirado, Henry Ruiz, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli o Sergio Ramírez. Y también, para muchos, perdió su áura, su fe, su esencia o, simplemente, como Sergio Ramírez escribiera “Hoy la revolución queda para muchos, dentro y fuera de Nicaragua, entre las nostalgias de la vida pasada y los viejos recuerdos, y se evoca igual que se evocan los amores perdidos; pero ya no es más una razón de vida” (p. 16).

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El “¡sí se puede!” de Raúl Castro

Posted on 11 agosto, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría | Etiquetas: |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría.

Todos sabemos del impacto y la influencia del “Yes, we can” del presidente Obama. Mas, grande fue mi sorpresa al leer un “¡sí se puede!” en un reciente discurso del presidente cubano Raúl Castro (Holguín, 26 de julio de 2009). Al igual que Obama en su momento, Raúl Castro llama a los cubanos a “vencer todas las dificultades, por grandes que sean”, dificultades ocasionadas por los efectos de la crisis económica mundial, pero también por la mala política económica del régimen.

La anterior temporada ciclónica afectó enormemente a Cuba, a tal punto que las pérdidas estipuladas por el Gobierno la sitúan en alrededor de “10,000 millones de dólares, el equivalente al 20% del Producto Interno Bruto”. Igualmente, la crisis económica afecta la economía cubana que ha visto reducir sus ingresos por concepto de turismo (debido a la tasa de cambio). A ello habría que agregarle los enormes gastos por concepto de importación de alimentos (según fuentes, Cuba importa un 60% de los alimentos que consume, lo que significa un gasto de unos 2,000 millones de dólares). Sobre este problema, Raúl Castro fue muy explícito en su discurso del 26 de julio pasado: “[…] es un tema de seguridad nacional producir los productos que se dan en este país y que nos gastamos cientos y miles de millones de dólares -y no exagero trayéndolos de otros países.”

Sobre este “problema de seguridad nacional”, Raúl Castro centró una gran parte de su discurso en Holguín, apelando a los cubanos a “la imperiosa necesidad de volvernos hacia la tierra, hacerla producir más”. En el 2007, “[…] casi la mitad del área cultivable estaba ociosa o deficientemente explotada. Llamamos en ese momento a generalizar con la mayor celeridad posible y sin improvisaciones cada experiencia de los productores destacados del sector estatal y campesino, y estimular la dura labor que realizan, así como solucionar definitivamente los dañinos impagos por el Estado en el sector. […] Volando, sobre todo en helicóptero, a lo largo y ancho del país, a veces ordeno al piloto desviarse y darle una vuelta a cualquier poblado, ciudad, etcétera. Puedo asegurarles que en la mayoría de todos sobra tierra y de buena calidad, pegada a nuestros patios, que no se cultiva; y por ahí es por donde se está haciendo un plan para avanzar, con cultivos intensivos, poniéndoles riego donde sea posible que exista agua y que existan los recursos para ponerlo. Si un día faltara el combustible en este mundo tan cambiante y alocado, que la comida la tengamos cerca, que la podamos traer en un carretón con caballos, con un buey o empujándola por nosotros mismos.”

Precisamente en este aspecto es donde podemos ver algunas novedades en la gestión de Raúl Castro frente a los problemas de la economía cubana: “¡La tierra está ahí, aquí están los cubanos, veremos si trabajamos o no, si producimos o no, si cumplimos nuestra palabra o no! No es cuestión de gritar Patria o Muerte, abajo el imperialismo, el bloqueo nos golpea y la tierra ahí, esperando por nuestro sudor. A pesar de que los calores son cada vez mayores, no queda más remedio que hacerla producir. […] Tierra que no sirva para producir alimentos, debe servir para sembrar árboles que es, además, una gran riqueza. Y quien les habla ha experimentado durante muchos años, y sobre todo en los últimos años, sembrando pequeños bosques, y he tenido el placer y la satisfacción de verlos crecer, y según el tipo de árbol, a veces en cinco años ya he formado un pequeño bosque con varios cientos de diferentes tipos; pero cada vez que hablamos del tema se aparecen los funcionarios del Ministerio de la Agricultura -del actual y de todos los demás anteriores ministros de Agricultura- con un listado interminable de millones de pesos o divisas solicitados para la tarea que se asigna, y si no aparece una bolsita de nailon no se puede sembrar. Yo no sé con qué diablo nuestros abuelos sembraban árboles, y por ahí están, y estamos nosotros comiéndonos los mangos que sembraron ellos.”

En su discurso de Holguín, Raúl Castro apela tanto a la actitud que se debe tener ante el buen uso y cultivo de la tierra, así como a la actitud en cuanto a la gestión por parte de los organismos de lugar. Es decir, toda una transformación, de cuerpo y de espíritu, ante la realidad cubana. Sobre ello matizaría en su discurso del 1 de agosto al decir que “[…] Son muchas las necesidades y hay que saber priorizar las principales. Su solución dependerá de que trabajemos más y mejor. Lo que sí debemos desterrar definitivamente es la irresponsable actitud de consumir sin que nadie o muy pocos se preocupen de cuánto cuesta al país garantizarlo y sobre todo si puede realmente hacerlo.”

En su discurso ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, del 1 de agosto de 2009, Raúl Castro fue mucho más explícito respecto a la actual situación cubana. Además de mencionar de forma más detallada los problemas de la economía cubana, admitió que para el 2009 “pensábamos crecer un 6%, ya en abril, cuando nos vimos obligados a realizar el primer ajuste del plan, rebajamos nuestra expectativa al 2,5% y hemos constatado que en el primer semestre, el crecimiento del PIB ha sido de un 0,8%. A pesar de ello, calculamos que terminaremos el año en el entorno del 1,7%.”

En ese mismo discurso volvió a los problemas arriba mencionados: “Hemos sido consecuentes con la necesidad de ajustar los gastos en correspondencia con los ingresos. No soy economista, ni me ha correspondido en los años de Revolución dedicarme a los detalles del desarrollo de la economía, pero parto de la lógica de que, como ya dije en la pasada sesión del Parlamento, nadie, ni un individuo ni un país, puede gastar indefinidamente más de lo que ingresa. Dos más dos siempre suma cuatro, jamás cinco. Hoy añado, como expresé hace tres días en el Pleno del Comité Central, que en las condiciones de nuestro socialismo imperfecto, a causa de insuficiencias propias, muchas veces dos más dos da como resultado tres.”

Naturalmente, estas alocuciones al pueblo cubano no significan un cambio radical del régimen. Raúl Castro lo deja muy claro en su discurso del 1 de agosto: “A mí no me eligieron Presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la Revolución. Fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo.”

En un artículo publicado en Foreign Policy, Susanne Gratius escribe que “la transición de Castro a Castro representa un cambio. Transformó un régimen autoritario carismático en un régimen autoritario burocrático”, agregando que “la salida de Otto Rivero representó el fin de la campaña ideológica de la Batalla de las Ideas y, con ello, del Fidelismo. El régimen se dirige, cada vez más, hacia un autoritarismo burocrático que recuerda los últimos días del PRI [en México], pero con el ingrediente militar ruso.” (http://www.fp-es.org/apertura-y-cierre-de-cuba)

Será, acaso, el determinante “¡Sí se puede!” o el tímido “¿Sí? ¿Se puede?” O, tal vez, una jugada más de esa política de “Apertura y cierre de Cuba” de la que Susanne Gratius escribió.

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Escenarios de la “guerra fría”: Chile 1973 – Polonia 1981

Posted on 29 mayo, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs

“Aquí no puede pasar. Hace treinta años atrás, eso era lo que coreábamos, lo que cantábamos, en las calles de Santiago de Chile. Aquí sí que eso no puede pasar. Una dictadura jamás podrá encarnizarse en este país, proclamábamos a los furiosos vientos de la historia que estaban a punto de descender sobre nosotros; nuestra democracia es demasiado sólida, nuestras Fuerzas Armadas definitivamente comprometidas con la soberanía popular, nuestro pueblo enamorado en forma inclaudicable de la libertad. Y, sin embargo, sucedió aquello que no podíamos concebir.” Con estas palabras se refería el escritor Ariel Dorfman a los acontecimientos de Chile de aquel septiembre de 1973 que instalaría la dictadura de Pinochet por más de tres lustros en un escrito suyo publicado en el 2003 (http://www.carbonell.com.ar/treintaanosdelgolpeenchile.htm).

“Y sucedió lo que sucedió. Los chilenos izquierdistas debían poner la misma cara por la mañana de un bonito día de 1973. Aunque todos sabíamos que podía ocurrir, aunque parecía que la tensión iba creciendo, que la izquierda presionaba cada vez más y los círculos locales de “sensatez” volvían a repetir sus advertencias… Sin embargo, cuando al final ocurrió, el principal sentimiento que nos invadió a todos fue el asombro. Nos sorprendió el hecho mismo, tanto como el avanzado grado de su preparación. El asombro polaco fue más grande que el chileno, si soy capaz de imaginarme acertadamente aquella situación. La toma de poder por parte de los militares podía tener lugar en aquellas tierras lejanas, así pensábamos en Polonia, en Chile, Brasil, o en África. ¡Pero jamás en nuestra parte del mundo, en un país civilizado (sic)! El hombre siempre tiende a creer que “el protagonista de este cuento será alguien distinto a él mismo”. Sí, es cierto que a veces hay accidentes de tráfico, pero a nosotros no nos van a pasar, nosotros conducimos con prudencia… Lo mismo pasa con los robos – sí, ocurren, y los diarios lo comentan. Y de repente, un día resulta que las leyes de la historia no hacen excepciones con respecto a determinados individuos o grupos de personas.” De esta forma describe el profesor polaco Marcin Kula (América Latina. Interpretaciones a inicios del siglo XXI. Varsovia, 2009) la introducción en Polonia de la Ley Marcial del 13 de diciembre de 1981 que conllevaría al régimen dirigido por el general Jaruzelski. En ambos casos la primera reacción sería la del asombro, la del “¿cómo es posible en este país?” Y, sin embargo…

Chile 1973 – Polonia 1981

En la víspera del golpe de Estado de Pinochet al Gobierno democrático de Salvador Allende, Chile vivía lo que el historiador chileno Armando de Ramón denomina “la cara visible de la contrarrevolución”, es decir, “violencia, huelga y atentados” (Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días (1500-2000). Santiago de Chile, 2006). Detrás de estos actos que desestabilizaron el país se encontraban los representantes de los grupos de derecha, en su mayoría, aunque varias organizaciones de izquierda, en su afán de llevar medidas revolucionarias más rápidas, contribuyeron también a ese ambiente de inestabilidad económica, política y social. Era el precio a pagar de un experimento que hacía “camino al andar” como dice el poema de Machado.

En 1981, Polonia presentaba un cuadro semejante al chileno. Desde el punto de vista económico, la situación polaca se caracterizaba por una quiebra casi total: en 1976, Polonia no podía pagar a sus acreedores. A ello se le unía un ciclo de malas cosechas que provocarían la importación de cereales y productos básicos. Aumentó también el precio de la carne y los envíos de la URSS y de otros países de la Europa del Este no eran suficientes para abastecer el mercado interno. Tampoco los miles de millones de dólares que los soviéticos “inyectaron” con tal de mantener el régimen y, de paso, evitar el contagio polaco, cuyos síntomas se estaban dando en la zona soviética del Báltico o en Bielorrusia.

Desde el punto de vista político, la situación era tan complicada como la arriba mencionada. El principal problema era Solidaridad, un movimiento sindical que promovía una serie de huelgas, entre ellas, la de los astilleros de Gdansk, de entre cuyos líderes destacaría un electricista llamado Lech Walesa, más tarde presidente de Polonia. Desde el punto de vista internacional, la crisis polaca, a su vez, crisis dentro del mundo comunista europeo, estaría íntimamente relacionada con la figura de Karol Wojtyla, polaco él, que bajo el nombre de Juan Pablo II ocuparía la silla de San Pedro.

Escenarios de la “guerra fría”

El Chile de 1973 venía condicionado por una serie de acontecimientos regionales e internacionales característicos de la guerra fría. Muy frescos estaban aún los ecos de los acontecimientos cubanos de 1961 y 1962, los de la invasión norteamericana a la República Dominicana de 1965, los del Che Guevara en Bolivia, el Gobierno de Velasco Alvarado en Perú, etc., pero también Vietnam, entre otros. De allí que la Administración norteamericana de Nixon intentara socavar el Gobierno de Allende. Una buena ilustración de esto son las conocidas palabras de su entonces secretario de Estado, Henry Kissinger: “No veo por qué tenemos que mantenernos al margen y observar a un país convertirse en comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”. Y no se quedaron al margen. Para nadie es un secreto la participación de los EE UU en el derrocamiento del Gobierno de Allende. Ilustrativas son también las palabras de Kissinger respecto a esto último: “Los militares chilenos habían salvado a Chile de un régimen totalitario y a los Estados Unidos de un enemigo”.

Castro y Jaruzelski, mayo de 1972

El caso polaco presenta también ciertas similitudes con el chileno, dentro del concepto de “escenarios de la guerra fría”. A la Polonia de 1981 le precedía Praga de 1968, pero mucho más la intervención soviética a Afganistán de 1979, que, según palabras del historiador soviético Vladislav M. Zubok (Un imperio fallido. La Unión Soviética durante la Guerra Fría, Crítica/Barcelona 2008), provocaría un “el cupo de intervenciones en el extranjero se ha agotado”, palabras de Yuri Andropov, jefe del KGB, entonces uno de los tres hombres fuertes (junto a Ustinov, ministro de Defensa, y Gromiko, ministro de Exteriores) ante la desaparición e inercia del secretario Brezhnev. A esto habría que agregarle otros factores como la llegada de Reagan a la Casa Blanca, la participación de Zbigniew Brzezinski, polaco él, como consejero de Seguridad Nacional del presidente Carter y, principalmente, la elección del también polaco Karol Wojtyla, quien como Juan Pablo II despegó una intensa labor en aras de provocar los cambios políticos, económicos y sociales no sólo en Polonia, sino en toda la entonces denominada Europa del Este.

En una entrevista (www.colpisa.es), el general Jaruzelski declaró que introdujo la Ley Marcial del 13 de diciembre de 1981 para evitar la intervención soviética y con ello “La guerra. Una intervención de la URSS en Polonia hubiera desencadenado una guerra. Las consecuencias hubieran sido mucho más graves que lo que pasó en Checoslovaquia en 1968 y en Hungría en 1956. Decreté la ley marcial para acabar con el caos social, económico y político y evitar una guerra con la URSS.” (Aunque varios autores coincidan más bien con el punto de vista de que Jaruzelski fue presionado por los líderes soviéticos para dar tal paso, evitando con ello cualquier compromiso o participación soviética, aunque difícil fuera no ver allí la política del Kremlin.)

Semejante conclusión era la del general Pinochet: “yo no soy ni fui un militar golpista. Pero cuando en 1973 vi las posibilidades de guerra civil, el armamento ilegal que llegaba secretamente al país, el acta de Chillán, las disertaciones que hacía el señor Allende en Cuba, la destrucción de todo aparato productivo del país, y la tentativa de marxismo de infiltrarse en las Fuerzas Armadas, tuve que decidir si debía ser más leal con la patria o con el presidente. Y el país estaba primero, porque además, en caso contrario, se produciría la destrucción de Chile como nación soberana.” (María Eugenia Oryazún, Augusto Pinochet: Diálogos con su historia. Conversaciones Inéditas. Santiago, Editorial Sudamericana, 1999.)

Al fin y al cabo, escenarios de la guerra fría.

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Semana Santa en Hungría

Posted on 19 abril, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

De sus orígenes paganos, los húngaros, un pueblo proveniente del área de los Urales, se convierten al cristianismo hace ya más de un milenio cuando en el año 1000 fue coronado su rey Esteban. Desde entonces, y con unas que otras viscisitudes, el cristianismo ha estado siempre presente en la historia de este pueblo que habita en la Cuenca de los Cárpatos. De allí que la Semana Santa sea una de las conmemoraciones religiosas que gozan de mayor prestigio. Como en la mayoría de los casos, en las generaciones más viejas se siente la devoción, mientras que en las más jóvenes, la tradición.

Sin embargo, y a pesar del origen común de esta festividad religiosa, en Hungría hay unas particularidades respecto a la Semana Santa, por razones propias o resultado de su mestizaje cultural. Por ejemplo, en Hungría la Semana Santa no es santa, sino “grande o mayor”. En húngaro, la Semana Santa (del latin Septimana Sancta) pasó a ser Nagyhét (también del latín Septimana maior). A diferencia de nuestro (en la República Dominicana) Viernes Santo de recogimiento, en Hungría el Viernes Mayor es un día laboral, siendo verdaderamente los festivos el Domingo de Pascua y el siguiente lunes.

El Domingo de Pascua (o Domingo de Resurrección) es el esperado gran día tanto por los niños como por los adultos. Ese domingo, los pequeños reciben los chocolates que trae el conejito (costumbre de origen alemán) o los huevos coloreados que trae tan querido animal. Los chocolates y los huevos se esconden en el patio (si se vive en casa con jardín), en lugares estratégicos. La finalidad es que los niños los encuentren y con ello se sientan felices. Todavía hoy muchas familias compran conejos para darle mayor colorido a esta tradición, lo que trae suficiente problemas ya que muchos parques zoológicos o casas de acogida de animales rehúsan recibirlos en plan de regalo tras finalizar la festividad. Con ello intentan concientizar a los padres, promoviendo las visitas a los parques zoológicos para que los niños vean in situ a estos animalitos. Con esta medida, los parques zoológicos promueven y contribuyen a que la gente les visite.

Los adultos también esperan con impaciencia el Domingo de Pascua. Y no por los chocolates o huevos coloreados, sino por el festín que han de darse (aunque nada comparado a la pésaj descrita por Walter). El esperado festín consiste en jamón, huevos duros y torma, un rábano picante con forma de zanahoria que para su consumo es rallado con unos días de antelación y dejado reposar para que pierda un poco su picante sabor. Aún así lo conserva. Generalmente se consumen con pan, pero hay algunos que los consumen con kalács, una especie de panettone. Alrededor de la mesa y frente a una pierna de jamón o ya éste troceado, un montón de huevos duros más la torma se sienta la familia.

El lunes siguiente es día festivo en Hungría y es cuando tiene lugar una de las tradiciones populares húngaras de la Semana Mayor: la tradición de la locsolás, que consiste en echar agua a las chicas acompañado de un verso declamado por los chicos. Según la leyenda, los judíos o los soldados que cuidaban la tumba de Cristo querían hacer callar a la mujeres que pregonaban la resurrección de Cristo arrojándole agua. La otra explicación a tal tradición, más antropológica cultural, es la del carácter de procreación y fertilidad que encierra tal acto. Naturalmente, el ingenio humano no tiene límite y ya es tradición de que al abrir la puerta la chica en cuestión se encuentre con un camión/coche de bomberos y con varios de ellos listo para cumplir su tarea con la ayuda de una manguera.

Para mí, además de todas las sensaciones arriba descritas, la Semana Mayor significa la llegada de la primavera, el renacer de los árboles y arbustos y, un poco menos religioso o tradicional, el final del semestre.

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“Szomorú vasárnap” (“Domingo triste”): historia de una canción.

Posted on 1 abril, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Sus versos han sido traducido a unos cien idiomas, según la versión de Wikipedia en húngaro. Sus letras han sido interpretada por muchos cantantes de la talla de Billie Holiday (1941), Ray Charles (1969), Elvis Costello (1981), Serge Gainsbourg (1988), Sinéad O’Connor (1992), Björk (1999), Sarah Brightman (2000) y un largo etcétera, en un número enorme de idiomas. Es uno de los temas más tratado en Internet. La llaman “la canción húngara del suicidio”. Es, en húngaro, “Szomorú vasárnap”; en castellano, “Domingo triste”, en inglés “Gloomy Sunday”.

La llaman la canción del suicidio, porque tras su composición en 1933 muchos fueron los que, según la leyenda (porque “Domingo triste” es ya una leyenda) se suicidaron escuchándola o tras escucharla. Durante mucho tiempo fue una canción maldita, prohibida en Hungría. El autor de la música fue el húngaro Rezső Seress (1889-1968), un judío nacido Spitzer para quien la Hungría de los años treinta era un judío y para la Hungría de la postguerra (comunista) era un contrarrevolucionario ya que su canción más popular tenía enorme éxito en Occidente; el autor de la letra, motivada, según la leyenda, por su amor hacia una mujer casada, fue László Jávor. Y ya desde su aparición tuvo un gran éxito, tanto en Hungría como en el extranjero, siendo motivo de algunas películas como la coproducción húngaro-alemana Gloomy Sunday – Ein Lied von Liebe und Tod (1999) del director Rolf Schübel y con la participación de la húngara Erika Marozsán, Joachim Krol y Stefano Dionisi; o la película española The Kovak Box (2006) dirigida por Daniel Monzón y con la actuación de Timothy Hutton y Lucía Jiménez, esta última haciendo una interpretación de la canción.

¿De dónde tanta leyenda y mito? Naturalmente que de su música y, principalmente, de la letra original en húngaro. A pesar de las múltiples traducciones o adaptaciones, creo que ninguna cuenta con la fuerza espectral del original en húngaro. Por ejemplo, la versión al español de la argentina Mercedes Simone suena así:

Triste Domingo

“Triste domingo, con cien flores blancas”
Y ornado el altar de mi loca ilusión
Donde mi alma se ha ido a postrar
Mientras mi boca llamándote está
Muere en mi sueños ocasos de hastío
Cansados de espera y de soledad

¡Triste domingo!

Tú no comprendes la angustia terrible
De estar esperando, sin verte, llegar
¡Vuelen tus pasos que debo marchar!
No ves que muero con mi loco afán
Quiero que seas la blanca y piadosa
Mortaja que cubra mi hora final
¡Triste destino!

Querido

Junto a mi ataúd que circundan muchas flores
Aguarda mi confesión un sacerdote
Y a él le digo:
Lo quiero, lo espero.

No temas nada si encuentras mis ojos
Sin vida y abiertos y esperándote
Tus manos son quien los deben cerrar
Y acaso entonces yo habré muerto en paz
Siento un doblar de campanas, que
Lúgubremente sus voces me ordena marchar

¡Triste domingo!

¡Vuela mi vida tu paso querido
Que llega la hora que debo partir!
Quiero tenerte en mi viaje final
Y algo me dice que no llegarás
Triste domingo visítame amado
Que ahora en mi tumba yo te he de esperar

¡He de esperar!

La versión inglesa (Gloomy Sunday) en la voz de Billie Holiday

Sunday is gloomy,
My hours are slumberless
Dearest the shadows
I live with are numberless
Little white flowers
Will never awaken you
Not where the black coaches
Sorrow has taken you
Angels have no thoughts
Of ever returning you
Wouldnt they be angry

If I thought of joining you?

Gloomy sunday Gloomy is sunday,
With shadows I spend it all
My heart and i
Have decided to end it all
Soon therell be candles
And prayers that are said I know
But let them not weep
Let them know that Im glad to go
Death is no dream
For in death Im caressin you
With the last breath of my soul
Ill be blessin you

Gloomy sunday

Dreaming, I was only dreaming
I wake and I find you asleep
In the deep of my heart here
Darling I hope
That my dream never haunted you
My heart is tellin you
How much I wanted you
Gloomy sunday

Y, por último, la traducción libre mía de la versión original en húngaro (Seress-Jávor), cuyas letras presentan la crudeza y la fuerza que, a lo mejor, motivó tantos suicidios:

Un domingo triste te espero amada mía
con cien flores blancas
con una oración.
Una mañana de domingo,
mientras sueños buscaba
regresó sin ti la carroza de mis penas.
Desde entonces todos los domingos son tristes.
Las lágrimas son mi única bebida,
la pena es mi pan.
Triste domingo.

Último domingo, ven amada mía,
habrá catafalco, ataúd, velo mortuorio y un cura,
también te esperan flores, flores y ataúd.
Mi último camino es bajo un árbol florido.
Mis ojos estarán abiertos para verte una última vez.
No tengas miedo de mis ojos, que muerto también te bendigo.
Último domingo.

Cuentan que en su vejez, solo, sin dinero y amigos, Rezső Seress se pasaba horas y horas escuchando las diferentes versiones de Domingo triste. Hasta que un día, un 11 de enero de 1968, decidió suicidarse saltando desde su balcón.

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¿Neocolonialismo del siglo XXI?

Posted on 25 marzo, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Recientemente los medios de comunicación han informado sobre la disposición del nuevo presidente de Madagascar, Andry Rajoelina, de dar marcha atrás al acuerdo del anterior gobierno del país con la empresa sudcoreana Daewoo Logistics Corporation y que consistía en el arrendamiento durante 99 años de 1,300,000 hectáreas, la mitad de las tierras cultivables de Madagascar, a la empresa sudcoreana. Para tener una idea del territorio aquí mencionado hay que tener en cuenta que éste representa más de 11,000 km², un poco más de la mitad de la superficie de El Salvador. Con el arrendamiento de la tierra, Daewoo Logistics Corporation quería iniciar el cultivo de maíz y de aceite de palma, entre otros, y así garantizar el abastecimiento de esos productos en unas condiciones de inestabilidad y aumento de los productos alimenticios, tanto para fines de consumo, como para la producción de biocombustibles.

Esta nueva política “neocolonialista”, que muchas organizaciones denominan de The Last Land Grab (la última apropiación de la tierra), es una práctica que va tomando cada vez más fuerza, motivada por las crisis económica y financiera, así como por el aumento de los precios de los productos alimenticios en los mercados internacionales. Pero también causada por la creciente demanda de los productos agrícolas por parte de nuevos grandes consumidores como China, Japón, Corea del Sur y países del Golfo de Arabia. Y también por empresas transnacionales, como la mencionada Daewoo Logistics Corporation, con miras a hacer inversiones en tierra en una época de crisis.

Esta política muestra muy bien la actual situación de los nuevos países ricos respecto a los más desafortunados. Mientras que los primeros tratan de asegurarse reservas de alimentos o adquisición de materias primas para la fabricación de biocombustibles mediante la compra o alquiler de tierras, los segundos tratan mediante estos acuerdos resolver algunos de sus problemas. Mas dicha práctica no está exenta de complicaciones y problemas ya que la aplicación de cultivos intensivos afecta no sólo a los agricultores o a tribus indígenas, sino también al medio ambiente debido a los pesticidas o herbicidas utilizados.

Nuevas (y viejas) economías como China, Corea del Sur, Japón, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, la India, etc., son los principales países que están adquiriendo tierras en países o regiones más pobres, a través de la compra o el alquiler. Por ejemplo, según varias fuentes (“Main basse sur les terres agricoles en pleine crise alimentaire et financière”/ http://www.grain.org/front_files/landgrab-2008-fr-annex.pdf; El País, 10 de diciembre de 2008), Corea del Sur ha adquirido 2.306.796 de hectáreas en países como Indonesia, Mongolia, Sudán y Argentina (aquí han adquirido 21.000 hectáreas). Corea del Sur es un gran importador de maíz (el tercer mayor comprador mundial) y arroz. Entre sus planes actuales se vislumbra el cultivo de arroz en Rusia.

China ha adquirido 2.090.796 de hectáreas, principalmente en Asia (Filipinas, Laos), pero especialmente en África, continente en donde se perfila como una gran potencia. En América Latina, China está presente en Cuba y México a través de Suntime International Techno-Economic Cooperation Group, la cual como empresa mixta se dedica al cultivo del arroz. El caso de China es muy ilustrativo: con un aumento de su población, con una industrialización en detrimento de la agricultura, pero que demanda enorme cantidad de productos agrícolas (arroz, soja, maíz) para abastecer su mercado interno, ha visto como salida a este problema la adquisición de tierra, especialmente en África. A cambio de ello, China ofrece a los países africanos tecnología, ayuda al desarrollo y, naturalmente, productos (textiles, calzados) de bajo costo y de muy fácil adquisición por los habitantes de allí.

Otro grupo de países que han recurrido a dicha práctica son los del Golfo de Arabia (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, etc.). Su causa es más que obvia dadas las condiciones geográficas y climatológicas con las que cuentan.

América Latina y el Caribe, así como el África subsahariana son las principales regiones en donde invertir mediante la compra o el alquiler de tierra. La causa radica en la cantidad de tierra disponible que hay. Por ejemplo, según la fuente citada anteriormente (El País, 10 de diciembre de 2008), América Latina y el Caribe cuentan con 1.066 millones de hectáreas de tierra disponible, de las cuales sólo 203 millones de hectáreas hay en producción. África subsahariana dispone de 1.031 millones de hectáreas de las cuales hay en producción sólo 228 millones de hectáreas. Al contrario, los países del sur de Asia cuentan con 220 millones de hectáreas de las cuales 207 millones de ellas hay en producción. Los países industrializados cuentan con 874 millones de hectáreas de tierra disponible de las cuales utilizan sólo 387 millones de hectáreas.

Durante mucho tiempo, desde la época de los grandes imperios como el Imperio romano hasta el Imperio soviético, pasando por el Imperio español o el británico, entre otros, la política imperial se llevaba a cabo mediante el colonialismo. A través de éste, los imperios se apoderaban de los recursos naturales, imponían sus leyes, idiomas o costumbres. Hoy día, tras la caída de los grandes imperios, sigue existiendo esa enorme brecha entre países ricos y pobres y, hoy como ayer, existen nuevas formas de relaciones entre éstos. Entre ellas, este nuevo “neocolonialismo”.

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México en Hungría

Posted on 21 febrero, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Entre agosto y septiembre de 2005, mi colega y amigo húngaro Gyula Horváth, profesor titular de la Universidad Pannon de Veszprém y yo pasamos un tiempo en Morelia, en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, invitados por los colegas y amigos que tenemos allí. Para ambos fue muy agradable identificar el ambiente festivo que se respiraba en México en aquel septiembre (y todos los septiembres) con los colores patrios mexicanos (verde, blanco, rojo), los mismos que los húngaros (rojo, blanco, verde). Para mí, dominicano, el espectáculo era doble, dada la enorme influencia cultural mexicana de la que fui objeto durante mi niñez y  mi juventud: yo crecí viendo las películas de Jorge Negrete y de Santo, el enmascarado de plata (aunque al final mi ídolo fuera Tinieblas), escuchando las canciones de Javier Solís y leyendo las tiras cómicas de Aniceto y Hermelinda Linda.

Y a pesar de que la distancia entre México y Hungría es enorme, siempre ha habido temas, acontecimientos históricos o personajes que de una forma u otra los interrelacionan. Aquí en Hungría se destaca mucho el origen húngaro del apellido Kahlo (o Miklos, del joven escritor mexicano David Miklos), o el origen húngaro de la escritora Susana Wein (“En tiempo mexicano… cuentos húngaros”, 1985; “La abuela me encargó a sus muertos”, 2001). Un tema de investigación aquí en Hungría ha sido el imperio de Maximiliano, ya que entonces Hungría estaba ligada a Austria, la tierra de los Habsburgo. Pero también motivo de investigación ha sido la participación de músicos (por ejemplo, el Cuarteto Léner; algunos de ellos profesores de música, como József Smilovits o Imre Hartmann); arquitectos, como Géza Maróti, muy ligado al Palacio de Bellas Artes de México, y futbolistas o entrenadores de fútbol húngaros en México, como Árpád Fekete, el de mayor éxito y popularidad. Estos temas han sido investigados por Mónika Szente Varga, ella misma muy ligada a este país (un esposo mexicano y dos niños húngaro-mexicanos) y muy bien documentados en su libro “Migración húngara a México entre 1901 y 1950” (México, 2007).

Por su parte, varios han sido los húngaros que han contribuido a divulgar la imagen de México aquí en el país. Entre éstos cabe destacar a Pál Rosti (1830-1874), un fotógrafo y etnógrafo que recorrió Cuba, Venezuela y México entre 1857-1858. Tras su retorno a Hungría escribió un libro titulado “Memorias de un viaje por América” (1861), que le abrió las puertas a la Academia Húngara de Ciencias. Sus impresiones sobre México acerca de diferentes temas abarcan 19 capítulos de su obra.

Pero quien sin duda alguna ha sido uno de los principales contribuyentes en la difusión del interés sobre México aquí en Hungría, y en otros lugares, ha sido el escritor László Passuth (1900-1979), quien en 1939 escribió la novela histórica “El dios de la lluvia llora por México”, un best-seller que aún hoy día se sigue editando (la última edición es de 2008). La novela narra la conquista de México. Lo interesante de ésto es que Passuth no era historiador, pero tampoco dominaba la lengua española. Estudió derecho y una gran parte de su vida trabajó como funcionario bancario. Su interés hacia México, y más tarde hacia todo lo hispano, tiene su origen en la adquisición de los libros de Willian Prescott (“Historia de la conquista de Perú” e “Historia de la conquista de México”) que compró en Londres. Tras su lectura empezó a estudiar español, así como a interesarse por la historia de España y América Latina. Su ansia de saber le llevó a investigar no sólo en bibliotecas de Hungría, sino en Austria también, en donde tuvo acceso a varias fuentes primarias. A pesar del éxito obtenido, tanto en Hungría como en el extranjero, y reflejo de los cambios políticos ocurridos en Hungría después de finalizada la II Guerra Mundial, no sería hasta 1970 cuando László Passuth pudo visitar México mediante invitación del Gobierno mexicano. Como él mismo diría más tarde “hasta 1970, México era para mí más bien una tierra imaginaria que un verdadero lugar geográfico” (citado por Salvador Bueno, “Cinco siglos de relaciones entre Hungría y América Latina”, Budapest, 1977, p. 222). Resultado de esta visita a México fue la redacción del libro de viajes “Mi encuentro con el dios de la lluvia” (1972), cuya versión al español apareció en 1976.

En el centro de Budapest se encuentra la calle México, que, a la vez, es una parada de la línea M1 del metro. Esta línea M1, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, es una de las dos más viejas de Europa, contemporánea del metro de Londres, y cuya construcción se inició en 1860. Para 1863 ya estaba funcionando en superficie, siendo la primera línea de metro subterráneo de la Europa continental, cuyo funcionamiento data de 1896 en conmemoración de las festividades húngaras del Milenio. Y, por último, no hay ciudad grande en Hungría que no tenga uno, o más, restaurante o bar mexicanos, con sus peculiaridades, pero mexicanos. México en Hungría.

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1989-2009: ¿Qué veinte años no es nada?

Posted on 30 enero, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Si echamos un vistazo a los acontecimientos tenidos lugar en las dos últimas décadas transcurridas llegaríamos a cuestionar la frase de aquel tango cantado por Gardel de que “veinte años no es nada”, porque durante estos veinte años han transcurrido muchas cosas, positivas y negativas al mismo tiempo.

Desde donde escribo este post, Europa Central para unos, Europa Oriental para otros, Europa Centro-Oriental para terceros, los cambios han sido tan rápidos que para mi hijo mayor, nacido precisamente en 1989, todo lo anterior a esa fecha suena a prehistoria. Y, quizá, muchas veces con razón: ¿Se acuerdan de aquella primera versión de teléfono móvil que más bien parecía un maletín de ejecutivo? ¿O de aquellos ordenadores con un floppy que abarcaba casi medio PC? Pero también le suenan extrañas aquellas historias que les contamos su madre y yo de que los húngaros de entonces podían salir al extranjero (léase a Occidente) cada tres años con 50 dólares oficiales para ello. Y los húngaros eran afortunados, porque podían salir, aunque fuese cada tres años (de allí que le llamaran “la barraca más alegre del socialismo”). Otros (soviéticos, alemanes de la RDA) no podían soñar con tanto. Entonces todos envidiaban a los yugoslavos, porque éstos podían trabajar (y lo hacían) en ese Occidente de ensueño como lo era Italia, Austria o Alemania, ganar buen dinero, comprar buenas ropas y joyas, coches, sin tener que desprenderse de su ciudadanía yugoslava. Simplemente, entraban y salían. Hoy día, la gran mayoría de aquella Europa de “segunda clase” es socia de un club selecto (la UE), y aunque las diferencias entre unos y otros son (sobre lo que recientemente ha escrito Yaotzin para el caso alemán), a veces, abismales, ser miembro del club da cierta categoría. Y, al contrario de dos décadas atrás, parte de la ex-Yugoslavia es quien quisiera estar en el lugar de sus antiguos camaradas de sistema. En este corto trayecto (y aquí sí hay que estar de acuerdo con Gardel en que “veinte años no es nada”), hemos visto desintegrarse a la URSS y ver nacer nuevos viejos Estados, otrora “camaradas” y hoy verdaderos enemigos. Hemos visto la desintegración de Checoslovaquia y de Yugoslavia, la fusión de las dos Alemania, y para algunos, como Eslovaquia, pasar de una moneda como “el rublo convertible” al euro. Para mí, testigo presencial de estos cambios, ha sido algo indescriptible. Para mi hijo, algo de lo más normal.

Los cambios ocurridos en América Latina han sido también vertiginosos. Tras la llamada “década perdida”, y después de superar crisis económicas como la mexicana, brasileña y, principalmente la argentina, el siglo XXI latinoamericano se encamina, parece ser, hacia buen puerto gracias a sus recursos naturales o a su producción de alimentos, aunque la crisis actual persista en jugarle una mala pasada (recién acabo de leer las espectativas del FMI sobre el crecimiento económico para la región para el 2009, un 1,1% debido, principalmente al “colapso” de los precios de las materias primas). Naturalmente, la región, en general, mantiene muchos problemas socioeconómicos aún sin resolver, problemas de salud, educación, pobreza, inclusión social, son temas que están a la orden del día. Pero vemos la intención de sus líderes de buscar soluciones en conjunto. De allí la aparición de nuevas organizaciones internacionales de carácter regional (UNASUR, por ejemplo), cuyas finalidades son la búsqueda de soluciones a los problemas latinoamericanos. Otros problemas, como el narcotráfico y la violencia, están minando la calidad de vida en países como Colombia y México. El atraso tecnológico, sector puntero en las nuevas “sociedades del conocimiento”, la baja competitividad de la producción, unidas a una mano de obra poco cualificada, entre otras, hacen que América Latina, en muchos aspectos, continúe siendo países productores sólo de materias primas. De allí que una de las tareas primordiales del próximo siglo XXI ha de ser la de una mayor dedicación y atención al factor humano, a su educación y preparación, tanto a nivel primario, secundario y, especialmente, universitario.

Pero de todos los cambios ocurridos en estas dos últimas décadas en el continente americano quizá el de mayor relevancia ha sido la llegada al poder de una nueva élite mestiza, representante de los colores del continente. La juramentación de Barack Obama como presidente de los EE UU viene a cerrar un ciclo muy interesante en el escenario político americano y mundial. ¿Hubiéramos, acaso, pensado que transcurridas dos décadas desde el final de aquel “siglo XX corto”, como lo llamara Eric Howbsban, que gobiernos de América estarían hoy liderados por un indígena (la Bolivia del presidente Evo Morales), por un mulato (Leonel Fernández) en un país (la República Dominicana) en donde la alternancia en el poder estuvo siempre (con sólo algunas excepciones) en manos de los “blancos”, que un líder sindical (Lula) gobierne el país (Brasil) con mayores perspectivas, regional e internacional, en América Latina, que Chile, un país tan conservador, esté gobernado por una mujer, víctima de la dictadura reciente de su país? Creo que lo que hoy es una realidad, en 1989 parecía algo imposible de lograr. A lo mejor hasta mi propio hijo así lo piensa.

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Escenarios de la “guerra fría”: insurgencia y contrainsurgencia

Posted on 12 diciembre, 2008. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría | Etiquetas: , , |

Por Domingo Lilón / Pécs

¿Volveremos a una nueva “guerra fría” en un sistema de relaciones internacionales que intenta ser multilateral, en donde nuevos agentes están ocupando lugares y roles claves? Es difícil predecirlo. De algo sí podemos estar seguro: las nuevas relaciones internacionales, marcadas por las grandes y las nuevas y emergentes potencias, están exentas del factor ideológico que caracterizó al mundo bipolar. Y, sin embargo, en estos nuevos escenarios internacionales vemos algunos elementos “cíclicos” que dejaron su huella durante la casi mitad de siglo de la “guerra fría”. Unos de estos elementos son las “guerras de insurgencia y contrainsurgencia”, características de las décadas de los 60 y 70 del siglo XX.

A pesar de ser un fenómeno tan antiguo (Espartaco, inmortalizado por Kirk Douglas, fue uno de los primeros) sería el siglo XX, principalmente su segunda mitad, la que mitificaría la insurgencia (levantamiento, sublevación) más conocida como guerra de partizanos o guerrilleros, o como la popularizaría Mao y el Che Guevara, guerra de guerrillas. Durante la II Guerra Mundial, la guerrilla partizana soviética, los partizanos yugoslavos de Tito o la guerrilla albanesa de Enver Hoxha (tres países en donde luego se implantaría la dictadura), jugaron, entre otros, un enorme papel en la guerra contra los ocupantes, nazis alemanes o fascistas italianos. En Yugoslavia serían ellos quienes liberaran al país de la ocupación. Unos años más tarde, el triunfo de la guerrilla de Mao conllevaría a la creación de la República Popular China. Igual importante papel jugaría la guerrilla en Vietnam tanto en su lucha contra el colonialismo francés como contra los EE UU. A partir de la década de los 60 del siglo XX se inicia la descolonización de África en cuyo proceso y lucha de liberación nacional un papel importantísimo lo jugarían los movimientos insurgentes en aquellos países en que la lucha armada fue la vía tomada. Entre ellos destacan la guerra de independencia de Argelia contra Francia y las guerras de las entonces colonias portuguesas contra Lisboa.

La guerra de Argelia (1954-1962) fue, como otras, una guerra muy sangrienta, que dejó un saldo de unos 300.000 argelinos muertos. Unos 24.000 soldados franceses perdieron la vida, así como unos 6.000 colonos franceses. Además, la guerra de Argelia provocó un éxodo masivo, tanto de la población argelina a otros países del área, como el retorno a Francia de más de un millón de colonos, principalmente los llamados Pieds-Noirs (Pies negros), colonos franceses y judíos. El Frente de Liberación Nacional (FLN) fue el órgano que aglutinó y dirigió la guerra de guerrilla de los independentistas argelinos contra el Ejército francés y la Organisation de l’Armée Secrète (OAS) que se dedicaba a la guerra sucia contra la insurgencia. En esta guerra, los militares franceses se destacaron por el uso de la violencia y la tortura no sólo contra los insurgentes argelinos, sino contra la población civil también, provocando con ello el odio de éstos hacia el ocupante francés. Y en ese ambiente de violencia y odio emerge la figura del teniente coronel francés David Galula y su teoría de guerra contrainsurgente.

David Galula (1919-1967) era un militar francés de origen tunecino. Se había graduado en la Academia Militar Francesa de Saint-Cyr en 1940, habiendo servido durante la II Guerra Mundial en el norte de África, Francia y Alemania. Entre 1945-1948 sirvió en la Embajada de Francia en China como Attaché Militar Asistente y entre 1949-1950 como observador militar de la Comisión Especial de la ONU en los Balcanes (UNSCOB) durante la guerra civil en Grecia (1946-1949), guerra librada entre el Gobierno griego, monárquico y conservador, apoyado por EE UU y Gran Bretaña de un lado, y las fuerzas guerrilleras del Ejército Nacional de Liberación Popular (ELAS) dirigido por el Partido Comunista Griego y apoyado por las entonces Unión Soviética y Yugoslavia. Por haber tenido lugar este acontecimiento histórico inmediatamente tras la II Guerra Mundial y en el que indirectamente participaron países que formarían más tarde parte de los dos grandes bloques militares del mundo bipolar, muchos lo consideran como el inicio de la “guerra fría”. Tras la derrota de los comunistas griegos, Grecia ingresa en la OTAN en 1951. Hasta 1956, David Galula era el Attaché Militar de Francia en Hong Kong. Ese año de 1956, marcado por la Guerra de Suez y la rebelión de Hungría, Galula es destinado a la Kabila argelina en donde implementaría nuevas tácticas y estrategias en la guerra contrainsurgente adquiridas de sus experiencias en la China durante la guerra de guerrilla de Mao y la Grecia de 1946-1949. La teoría de Galula, hoy día, era más que sencilla: 1) ganarse a los militares franceses para que no siguieran cometiendo actos de violencia contra la población civil y lograr, de esta forma, de que los argelinos no los vieran como enemigos, 2) ganarse a parte de la población civil para que ésta no sea fuente y base de apoyo a la insurgencia. Con estos métodos no logró Galula que Francia saliera victoriosa en Argelia. El 5 de julio de 1962 se proclamó la independencia de Argelia. Sin embargo, Galula demostró que las guerras contrainsurgentes, por ser guerras irregulares, no se ganan solamente mediante el enfrentamiento bélico, sino que las ideas y la propaganda surten mucho efecto en la población y juegan un papel primordial.

Durante los días 16-20 de abril de 1962, la Rand Corporation organizó un simposio sobre contrainsurgencia al cual David Galula fue invitado como conferencista. Como resultado de esta colaboración la Rand Corporation publicó en 1963 la obra de Galula Pacification in Algeria, 1956-1958, mientras que The Center for International Affairs de la Universidad de Harvard auspiciaba la publicación en 1964 de la obra de Galula Counter-Insurgency Warfare. Theory and Practice, institución a la que estuvo ligada como investigador. Transcurrió el tiempo, la insurgencia o guerrilla se fue haciendo más fuerte y popular, principalmente en América Latina tras el triunfo de las revoluciones cubana y nicaragüense y sobre la cual fueron apareciendo varias obras, entre ellas a destacar, La guerra de guerrilla (1960) de Ernesto Che Guevara o el Manual del guerrillero urbano (1969) de Carlos Marighella. Hasta que, de nuevo, Galula, o mejor dicho, su tesis, es recuperada, ahora con relación a la guerra en Afganistán y en Iraq. Esta vez de la mano del teniente general estadounidense David H. Petraeus, comandante de la Fuerza Multinacional en Iraq, en su manual Counterinsurgency (2006) y en el ensayo de Arthur Herman, profesor de la Universidad de Georgetown, titulado “How to Win in Iraq – and How to Lose”, publicado en la revista Commentary en abril de 2007, dadas las dificultades de enfrentarse a un enemigo que hace uso de la guerra no convencional o guerra de insurgencia.

¿Será aplicable la tesis de David Galula a Afganistán o Iraq? ¿Logrará el Gobierno de Obama y sus aliados derrotar a la insurgencia en Afganistán o Iraq? Hoy como ayer, nos enfrentamos a “escenarios de la guerra fría”, aunque, naturalmente, en nuevas condiciones.

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