Archive for 31 diciembre 2007

Australia, Tabaco y Alcohol

Posted on 31 diciembre, 2007. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Perth, Australia

Dos queridos colegas de Mundo Abierto, Salvador Frausto y Manuel Ulloa, han escrito en este espacio para oponerse a lo que ven como regulaciones abusivas y discriminatorias contra los fumadores. Han sostenido dos líneas de argumentación: la primera es que no está plenamente demostrado el daño que los fumadores producen en los no fumadores que los rodean (o que, si lo hay, en todo caso es poca cosa en relación con el impacto de vivir en ciudades afectadas por contaminación del aire) y la segunda es que existe en Occidente una peligrosa tendencia a establecer controles excesivos sobre la vida de la gente y que lo del tabaco no es más que un ejemplo.

En el curso de estos debates, varios hemos replicado con vehemencia, como es normal en Mundo Abierto, sobre los aspectos en los que discordamos con nuestros compañeros. Nuestra posición ha sido confundida con la de quienes apoyan el prohibicionismo (y nos pusieron en la bolsa de los histéricos). Se trata de una confusión derivada de lo que no dudo en señalar como un error táctico del partido pro-tabaco, ya que en sus razonamientos muchos leímos una negación de la evidencia de que el humo de tabaco en efecto provoca daños a la gente, aunque no fume, además de una negación de nuestro derecho a respirar sin el humo de los fumadores.

Y hay que ponerlo muy claro: podemos tener simpatía por nuestros amigos fumadores, incluso criticar lo que parecen excesos represivos que podrían ser sustituidos por medidas educativas o de otro tipo, pero de ninguna manera podemos permitir que se desconozca un principio fundamental: tu libertad de fumar debe primero y antes que nada respetar mi derecho a respirar.

Si estamos de acuerdo en eso, vamos al segundo argumento, que es el que creo que ellos deberían haber seguido en exclusiva (y así no hubiéramos tenido que confrontarnos): sí, resulta descuidado, torpe, abusivo y acaso contraproducente este exceso de celo en la protección de los no fumadores. Es conservador y anacrónico tras un siglo, el XX, en el que vimos cómo los prohibicionismos no acabaron con los vicios, sino que le dieron incentivos a sus traficantes y un plus de morbo a sus practicantes.

Y todo esto viene al caso de algunas observaciones sobre el control del consumo de alcohol en Australia Occidental, donde me encuentro desde hace un mes.

El argumento básico es tan impoluto como el que justifica los controles al tabaco, y mucho más dramático: tu libertad de ponerte hasta atrás se acaba cuando vas a ponerte al volante de un vehículo y a amenazar el derecho de vivir (o simplemente de transitar sin problemas) de los demás. Los accidentes mortales causados por la ebriedad del conductor son tragedias increíbles, evitables, difíciles de explicar. Aquí, si te detienen borracho mientras manejas, te cancelan la licencia y te ponen un multón bárbaro. Podemos discutir sobre el nivel de alcohol en la sangre considerado como excesivo (0.05; algunos creen que es demasiado bajo), pero me parece que las sanciones son correctas.

En consecuencia: la gente se toma muy en serio de designar un conductor que se mantenga sobrio o de plano toma taxi. (Adición curiosa: me platicaron de un chico al que llamabas si venías en conche y te sentías muy ebrio, él venía en una pequeña motoneta, la guardaba en el maletero, manejaba tu coche hasta tu casa, te dejaba recargado en la puerta y después se regresaba en la motito a su casa, pero por alguna razón el negocio no avanzó.)

Todo bien, hasta ahí. Un problema es que los taxis son ca-rí-si-mos. Bueno, pero no importa, habrá que pagarlos. No, el verdadero problema es que no hay taxis suficientes. Es una queja ya antigua. Las autoridades de Perth y de su puerto conurbado, el bohemio Fremantle, aseguran que han ampliado el número de unidades, pero los periódicos de los lunes (aquí no los publican en domingo) muestran fotos de cientos de personas varadas en las calles en la madrugada tras salir de los bares y en busca desesperanzada de un taxi. Lo normal es vagar dos horas antes de conseguir uno, dice la prensa. Y la gente tiene que escoger entre tres opciones, todas malas: llevarse el coche a la borrachera, que es sin duda la peor; asumir la molestia de disputar un taxi por horas (y meterse en un par de peleas a causa de ello); no beber.

Desde mi punto de vista, evitar que haya conductores borrachos es la responsabilidad de las autoridades y por ello deberían asegurar la disponibilidad de alternativas de transporte. Ése es el tema de interés público. Pero sospecho que hay una voluntad en ciertos sectores de la sociedad –que se refleja en la actitud de las autoridades– de meterse en ámbitos de la vida privada y forzar a la gente a cambiar de hábitos. Si pagara impuestos aquí, levantaría la voz para manifestar mi oposición a que los usen para financiar la intromisión del Estado en asuntos de las personas y que además los distraigan de los temas que sí debe atender. Pero esta tendencia represiva se siente también en otros niveles (amistades, familiares, compañeros) y la gente, que normalmente es muy respetuosa de los asuntos de los demás, se cree con derecho –o acaso obligación– a meterse en la bebida del prójimo, opinar, expresar su desagrado. Aunque el prójimo no se meta con ellos.

Esta actitud represiva tiene otra expresión en una multitud de cartelitos que están pegados en todos los pubs: “La ley prohibe servir bebidas a la persona que se haya emborrachado” (mmmh… entonces deberían cerrar los pubs). La multa por servirle bebidas a alguien calificado de borracho (no se establecen criterios de definición) es: 5,000 dólares para el gerente, 2,000 para el mesero y 1,000 para el “intermediario” (¿quién será éste?, ¿el amigo que invitó chelas a todos?). Otro: “No se le dará servicio a quien tenga un comportamiento: 1- violento; 2- desagradable; 3- argumentativo”. O sea, si le caíste gordo al mesero y te dejaron de servir, ni siquiera puedes manifestar tu desacuerdo.

Con todos estos avisos, a uno se le quitan las ganas de beber. Todo es parte de esta tendencia de intolerancia que ahora expulsará a nuestros amigos fumadores de los bares y que probablemente no se detendrá ni en Perth ni en este nivel represivo. Pero al rato se le olvida a uno, pide sus cervecitas y le entra al juego, pues las penas se van cheleando.

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Sociedad Zombi: Romper el silencio: una de cada cuatro niñas y uno de cada siete niños en España son abusados por un familiar

Posted on 30 diciembre, 2007. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , , |

Por Catalina Gayà -Barcelona

Regreso al tema de los abusos sexuales. Leo Los demonios del Edén y no puedo más que sentir nauseas. Hay redes de pornografía, hay abusos sexuales a menores, pederastas poderosos. Me doy cuenta de que en estas semanas hemos hablado mucho de ello, ya lo sé, pero por las crónicas que habéis escrito en esta web, leo el caso de una madre que durante la marcha agarró un megáfono y denunció que a su hija la había abusado su propio padre. Entonces me doy cuenta de que no hemos dicho nada sobre el abuso sexual intrafamiliar. El más común; el más secreto; el tabú de muchas sociedades. En España, una de cada cuatro niñas –un 23%– que sufren abusos sexuales antes de los 17 años. Para los hombres, la situación también es terrorífica: uno de cada siete niños. Nadie dice nada. Cuando sabes esto, no puedes dejar de pensarlo. Vas en el metro y piensas aquí en este vagón donde hay veinte mujeres hay cuatro a las que les han destrozado la vida. Los hombres, lo mismo. Las consecuencias de un abuso pueden romperte la vida y entrevistando a gente que ha sufrido abusos os aseguro que no es una exageración. Hice un reportaje para El Periódico de Catalunya hace dos años en el que relataba los casos de varias personas que se atrevieron a romper el silencio. No les fue fácil, guardaron muchos años un secreto que les destrozó la infancia, la adolescencia y del que aún padecen secuelas. Dicen que no son víctimas, si no supervivientes. El abuso sexual infantil intrafamiliar sigue siendo un tabú y eso hace que su situación sea aún más difícil. Cuando publiqué el reportaje, recibí algunos mails anónimos en los que personas me explicaban que ellos habían pasado por lo mismo. Eran eso: anónimos; el tabú aún es muy fuerte. Aquí están algunos de los relatos:

“Decirlo era ensuciar el buen nombre de mi familia”

Mar tiene 32 años y vive en una ciudad en la que pasó un solo año de tregua durante la infancia. Ese año estuvo lejos de su abuelo, lejos de las tardes sucias en las que iba a recoger el dinero del que vivían su madre y sus hermanas desde que su padre se fue de casa. Esas tardes las recuerda con asco, con miedo y rabia porque era en ese momento cuando debía aguantar los juegos de un hombre que la tocaba. Era la hora en la que el abuelo se transformaba y dejaba de ser un viejito amoroso que le contaba cuentos y se convertía en un manipulador que le proponía un juego sutil que ella no entendía y que se prolongó durante 14 años. Mar explica que ella creía que era lo que hacían todos los niños porque se lo había ofrecido alguien de la familia que la quería. Claro que el juego tenía un pacto: no decírselo a nadie. Con los años, el secreto se volvióun chantaje. Si ella lo contaba, encarcelarían a su abuelo. Ella le fue leal 26 años. Mar dice que se convirtió en cómplice por miedo a perderlo y a que no la creyeran: “Decirlo era ensuciarel buen nombre de mi familia”. Mar no tuvo fuerzas para explicarlo hasta hace dos años. Ni su esposo lo sabía ni su madre, ni sus hermanas. Ahora lo sabe su terapeuta, su madre, su marido y dos miembros de la familia. Todos la creen y la apoyan. Mar recuerda que a los 10 años suabuelo intentó penetrarla y ella no accedió. No lo hizo nunca, como tampoco lo hizo con los chicos con los que salía. “Les ponía el mismo límite que a él”. A los 18 años se fue de casa. Era una adolescente educada para guardar silencio, para ser complaciente y no sentir ni odio nirabia: “Él me convirtió en alguien que no sabía poner límites. Yo no sabía ni quién era”.Recuerda el día en que le dijo a su abusador que todo había terminado. “Él se hizo la víctima y me dijo que yo lo abandonaba”. Mar tiene claro que ella no es víctima de nada. Es superviviente: “Durante muchos años tuve una habitación sucia en mi propio cuerpo. No quería recordar, lo borré. Ahora sé que tengo que limpiarla y seguir viviendo”.

“Mi madre no cree lo que pasó”

Él es el abusador, él es el sacerdote que abusó de Manel cuando éste tenía 16 años y al que acudió buscando consuelo porque sus padres se habían separado. Ese sacerdote, que dice Manel con rabia sigue predicando moral desde el púlpito, es el hombre que se aprovechó de él y le puso en contra a su familia, a sus amigos. Por él tuvo que abandonar su casa y su pueblo: “Hizo que me marginaran, me desacreditó ante mi familia, me coaccionó”. Manel, de 41 años, se atreve ahora a explicarlo en voz alta. A los 16 años, sólo se lo confió a una persona“a uno de sus superiores”– y éste le calló la boca y le destrozó la autoestima. Manel pensó que nunca nadie lo creería hasta que llegó a Fada –Asociación para el Asesoramiento, la Prevención de los Abusos Sexuales a Menores que tiene sede en Barcelona– por casualidad. Ahí pudo descargar una mochila de dudas, de tristeza, de dolor y de rabia. Explica que de él abusaron sexualmente, pero que con el abuso perdió la confianza en los que más quería y en todo lo que creía. Eso es lo peor. Por el abuso y por decirlo ahora sólo recibe cartas en las que su madre lo acusa de ser mentiroso, de saltarse la moral y de mancillar el honor de la familia. Ella no lo quiere ver, no quiere saber nada de su hijo ni de su dolor. «Esto duele más que la vejación. Desde hace ocho años mi familia no me habla. Hace poco supe que él había abusado de otros compañeros, pero nunca nos lo habíamos contado. Yo sólo quiero que pague por lo que ha hecho y recuperar a mi familia. Él es un cáncer y es a mi madre a la que he perdido». Las lágrimas salen y Manel pide perdón. Dice que en las mañanas le da miedo abrir el buzón. Una carta de su madre puede destrozarle una semana, paralizarlo, sentir que el mundo se acaba y ser la causa de otra noche en vela. Otra de tantas.

“He rehecho mi vida”

“De mis padres heredé la fuerza con la que encaro las cosas. Eso se lo debo a ellos”. Anna roza los 40 años y dice ya que ha conseguido “ser normal de verdad”. Eso la obsesionó durante toda la adolescencia: dejar de ser la niña a la que su padre “pagaba los servicios”.Tocamientos malignos y, a cambio, regalos en la mesilla. Fueron ocho largos años, desdelos 6 a los 14: “Él se fue, pensó que lo denunciaría. Nunca me penetró, así no dejaba huellas. Ojalá me hubiera pegado porque así quizá me hubiera quejado”. Anna siempre quiso entender por qué había sido una adolescente rebelde. Su padre la había tocado, pero él le había explicado que era “lo normal”. Ella no entendía nada y no encontraba las causas desu tristeza ni los motivos de su rebelión. Quería descifrar por qué había caído, a los 18 años, en el pozo de la adicción y la prostitución. A los 24 años consiguió entender, ser normal. Se casó, tuvo un niño y, al fin, pudo tejer lo que había sucedido. Habló y gritó cuando siguió una terapia y fue consciente de lo sucedido. Rompió el pacto con su abusador, pero el juego al que él la sometió dejó heridas que aún duelen: “Era una persona aislada, buscaba relaciones deabuso. Tengo recaídas de autoestima, pero he rehecho mi vida”. Cuando lo dijo, habían pasado 18 años. A los 32, explicó a su madre lo que había pasado en una habitación de su casa. Ella dudó y no comentó nada. Hasta hace poco no han podido volver a hablar de ello: “Entender que fui objeto de abusos me ayuda a explicar lo que ha pasado en mi vida”.

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Viajeros: Esas calurosas navidades que pasaba en Lima.

Posted on 29 diciembre, 2007. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , |

Por Javier Távara – Madrid.

 

El verano no termina de llegar. Los clásicos nubarrones que dan a Lima su característico cielo de panza de burro y que no descargan ni una gota, cubren todavía la ciudad pese a que ya está bien entrado el mes de diciembre. Pienso que cuando era niño esto no ocurría y que las navidades llegaban con el luminoso verano de estas latitudes. Se me ocurre que a lo mejor es culpa del cambio climático. Hace bochorno. No es que haga mucho calor, pero la humedad da una sensación pegajosa y uno nunca deja de compadecerse de los tipos disfrazados de Papa Noel, con esa gruesa tela roja y esa larga barba postiza. Llegan las Navidades y como en muchas partes, toca lidiar con las compras a contra-reloj para tener los regalos listos para la cena de Nochebuena y darle a cada miembro de la familia un paquete envuelto en papel rojo con dibujos de campanitas y pinos.

Por estas tierras, donde los antiguos peruanos adoraban al Inti Sol, a Wiracocha y a los Apus, la navidad fue traída con la invasión española iniciada por la hueste de Francisco Pizarro, aunque con el tiempo adquirió tintes locales. Si los españoles trajeron la navidad al Perú, eso se nota en los villancicos que se escuchan y en los belenes, que los limeños llaman nacimientos. Eso sí: todavía impera por estos lares el gusto barroco que abunda en las muchas iglesias construidas durante el Virreinato, el que pervive en las prendas y que fue impuesto por Carlos III por el susto que le entró a la Corona tras la sublevación de Tupac Amarú II allá por 1780. Tras la derrota de la rebelión indígena se decretó que los hombres y mujeres del Perú dejaran de usar las ropas que habían utilizado durante milenios y se les obligó a vestir como españoles, que por aquel entonces lucían estas prendas de estilo recargado con motivos florales. El barroco perdura en las vestimentas andinas y se traslada también a los personajes de los nacimientos. Así San José puede lucir poncho y la Virgen puede estar tocada con un colorido sombrero cuzqueño. Tampoco es raro ver que se cuelen en los nacimientos llamas, alpacas y vicuñas; animales tan queridos por los peruanos.

A partir del siglo XVI, muchas gentes llegaron a estas tierras e hicieron aportes a la navidad peruana. Las decenas de miles de españoles que emigraron al Perú desde la expedición de Pizarro de 1532 hasta la independencia de 1821; trajeron consigo sus recetarios dulces y salados, así como gran cantidad productos de la península y de la América española. De ellos, el pavo de Centro y Norteamérica se implantó con notable éxito en la costa peruana y terminó por convertirse en tiempos más recientes, quizá por cosas del cine y la televisión, en el plato estrella de la Navidad. Los africanos, traídos como esclavos a trabajar en haciendas aportaron sus ritmos y una maravillosa música navideña, muy poco conocida, rescatada de cuando en cuando por eruditos de conservatorio. Los chinos, llegados a finales del siglo XIX trajeron sus fuegos artificiales, que se hicieron muy populares en las fiestas de fin año, hasta el horroroso incendio de 2001. Ese fin de año 300 personas murieron en el mercado limeño en el que se vendía toda clase de fuegos de artificio y el gobierno terminó por prohibirlos. Algún petardo adquirido clandestinamente aún resuena en Navidades, no obstante Lima ha dejado de ser la estruendosa ciudad que era por estas fechas. Los italianos hicieron un aporte más inofensivo y duradero: el panetón. Infaltable en la mesa de todos los limeños. Algunos años atrás, un anuncio de televisión mostraba una negociación colectiva en el que los representantes sindicales exigían a sus patrones, como primer punto de su pliego de reclamos, el panetón. Y la verdad es que este bollo es omnipresente en las cestas navideñas como regalo de empresa.

Ahora ya casi no hay ni negociaciones colectivas ni representantes sindicales. La última década del siglo XX trajo al Cono Sur, otras recetas: las de los economistas del FMI y el Banco Mundial con sus privatizaciones y sus liberalizaciones. Ello no podía hacerse sin quitar de en medio a las otrora poderosas organizaciones sindicales. Vinieron entonces las multinacionales a ocupar el lugar que tenían las empresas públicas y a muchas de ellas les dio por poner todo en inglés y por imponer el gusto del mundo globalizado que se están inventando. Así las cosas, Papa Noel es el rey de la navidad y ha desplazado al Niño Dios al que yo le pedía de niño que me trajera los juguetes. A pesar de que, como decía al inicio, en Lima comienza el verano por esas fechas; toda la iconografía navideña del hemisferio Norte se impone por todas partes. Sucedáneos de abetos nórdicos que no existen en el Perú son plantados para la ocasión, en jardines públicos y privados. La nieve que la gran mayoría de los limeños sólo ha visto en televisión o a lo lejos, en las altas cumbres de la Cordillera Andina, es representada artificialmente en toda clase de adornos, con renos incluidos. La globalización ha traído a buen precio multitud de lucecillas ‘made in China’ que adornan las ventanas de casi todas las casas limeñas. Los más ricos y ostentosos, montan tal cantidad de juegos de luces, que sus ventanas tienen un aspecto que evoca más a Las Vegas que al portal de Belén. Los pobres, mayoría, colocan al menos alguna lucecilla que indique que también en esa casa se celebra la Navidad.

Ir a Lima por estas fechas supone el quebranto de encontrarse centenares de niños vendiendo golosinas en los semáforos y pidiendo el aguinaldo. En los barrios ricos, la cosa no parece ir con ellos y la Navidad se vive con la gran fiebre consumista de estas fechas, como quien está en Nueva Jersey o Florida; donde por cierto, viven millares de peruanos. Tanto trasiego de peruanos en los Estados Unidos y tanta multinacional estadounidense metida en el Perú ha hecho que la estética Hollywood esté por todos lados. Hasta las multinacionales españolas se apuntaron a las formas anglosajonas y si la Telefónica vende en España la conexión a internet, con las siglas ADSL a los peruanos se la vende con el nombre de Speedy. Con todo, el Perú es un país antiguo y sus gentes resisten a la globalización con buenas costumbres ancestrales. La navidad se vive en familia y son las personas mayores las que convocan a hijos y nietos a la cena de Noche Buena. El respeto a los mayores es aún vigente.

Por contra, la celebración del fin de año, es menos familiar y más abocada a la juerga. La fiesta ruidosa, con exceso de comida y de bebida es la pauta a seguir. Los limeños solventes, elitistas donde los haya, buscan tranquilidad o exclusividad en las playas del sur, donde a lo largo de 100 kilómetros, los más pudientes de Lima han conseguido hacerse con una casa de playa. Allí, con el verano ya entrado, las fiestas son en bermuda y se puede terminar bailando descalzo en la arena de la orilla del mar. La cerveza corre a raudales y la salsa impera para el baile. En eso sí que se han puesto de acuerdo los limeños de toda condición: en la música y la bebida.

Si bien, Pizarro fundó Lima en el antiguo asentamiento del cacique indígena Taulichusco y la bautizó con el ostentoso nombre de Ciudad de los Reyes (esto en honor a la festividad de la reciente epifanía, ya que la fundación española se efectuó un 18 de enero de 1535) la Bajada de Reyes, como aún la llaman los criollos, es una fiesta que ha ido perdiendo fuste. Primeramente, por que el 6 de enero salió del calendario festivo y pasó a ser un día laborable; y segundamente por que en el Perú, al igual que en buena parte del planeta, la cultura estadounidense marca sus pautas de consumo, trabajo y fiestas. Y ya se sabe que a Hollywood sólo le interesan las películas de Papa Noel y no se han molestado en pensar en las enormes posibilidades cinematográficas de Melchor, Gaspar y Baltasar. Una pena, la verdad. Pese a ello, a las contradicciones de pasar navidades en el hemisferio austral, con la estética del hemisferio boreal (y es que el sur del planeta es tan pequeño) con la pobreza de muchos entremezclada con la fiebre consumista de otros; uno disfruta la Navidad limeña además de por el buen tiempo, por ese enorme baño de cariño que supone el reencuentro con la familia y con los amigos. ¿Cómo estás pues compadre? ¡Qué gustazo tenerte por aquí!, ¡Vamos a zamparnos un cevichazo con sus chelas!

Tanto afecto me trae a la mente una canción de Piazzola:

Vuelvo al Sur, como se vuelve siempre al amor. Vuelvo al Sur, como un destino del corazón.

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EtosTV: El negocio con los muertos

Posted on 28 diciembre, 2007. Filed under: Yaotzin Botello -Berlín | Etiquetas: , , |

Por Yaotzin Botello / Berlín

En las calles de Berlín sólo hay jóvenes. Esto se ve ahora en invierno y, en verano, uyuyuy, ni se diga, en los parques las chicas y chicos desnudos son el más puro ejemplo de la vida.

Pero eso es Berlín.

En realidad me he enterado que Alemania desfallece, y que desfallece por viejo. Las cifras dicen que hay dos millones de personas que requieren de estar en un asilo. Para el 2010 se calcula que serían tres millones.

Estas personas son las que podrían estar ahí regadas en el resto del país.

Y por su inminente muerte, el gobierno federal ya puso en marcha el retiro a los 67 años. Como en Alemania se producen pocos niños, con una pensión a los 65 años pronto no habrá quien financie al país.

Pero también con la inminente muerte de estos viejos a un empresario se le ocurrió hacer un canal de televisión, EtosTV.

EtosTV será un espacio dedicado enteramente a los muertos. Nada de 1 o 2 de noviembre ni de Halloween, aquí serán los 365 días al año con la muerte en digital y a todo color.

Se prevé que el canal saldrá al aire en algún momento del 2008. No se sabe exactamente cuándo, ni si es pronto o más tarde. Pero eso sí, el concepto viene del empresario mediático Wolf Tilmann junto con la Asociación Alemana de Funerarias.

“No es un canal de muertos”, se defiende Tilmann, tratando de salvar la imagen de su creación ante los alemanes. Hay que ver que los alemanes no se llevan con la muerte como nosotros los mexicanos. A nosotros nos gusta bailar en su tumba cuando se mueren, pero a los alemanes les gusta pensar quién financiará al país.

De hecho, para no verlo como un “canal de muertos” o como un negocio con los muertos, Tilmann explica que en primer lugar EtosTV se dedicará a presentar reportajes sobre cementerios como lugares para pasear: “¿quién no va a un cementerio por hacer turismo, como en Montmartre, París?”, se pregunta en voz alta el empresario.

Claro, sí.

En segundo lugar, EtosTV presentará obituarios. Aquí es donde seguramente a Tilmann se le dibujan las eses del dinero en sus ojos. Tres millones de viejos en edad terminal en el 2010… por mmmm tantos euros… por mmmm tantos minutos de transmisión… es igual a… Tilmann dice que al año en la prensa alemana se publican 485 mil obituarios pero que en ellos no se da nada de información sobre los muertos. Dice también que sólo los famosos que se mueren reciben una atención mediática exagerada. “¿Por qué los seres normales como nosotros no?“, se pregunta.

Así que los obituarios televisados serán un video con imágenes de cielos, nubes, cementerios (pero no puestos de forma turística) y fotos o videos de la persona que se fue al más allá. Aquí abajo pongo una muestra que viene en la página de EtosTV pero, ojo, la empresa se dice que el contenido es protegido. Yo aclaro que me lo encontré en el dominio público, particularmente en YouTube:

Y, bueno, finalmente, el tercer rubro del canal será anunciar servicios para la comunidad, como donación de órganos o funerarias, entre otras cosas.

El concepto de la muerte vive mientras Alemania desfallece, ahora sólo queda la duda de qué más se podría transmitir en un canal que se dedica a ello.

¡Asústame panteón!

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Operación transparencia: la vuelta a la senda de la paz en Colombia

Posted on 27 diciembre, 2007. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , |

Domingo Medina / Caracas

Para el momento en que este post sea leído probablemente ya se encuentren liberados los tres secuestrados que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) decidieron liberar de manera unilateral y como gesto de desagravio a la senadora colombiana Piedad Córdova y el presidente Hugo Chávez, facilitadora y mediador, respectivamente, en el abortado acuerdo humanitario que negociaban con el gobierno colombiano. Ellos son Clara Rojas, compañera de fórmula de la excandidata Ingrid Betancourt (quien permanece en poder de las FARC), su hijo Enmanuel (nacido durante el cautiverio e hijo de un guerrillero) y la excongresista Consuelo González de Perdomo.

Los familiares de los secuestrados, como era de esperar, han reaccionado con mucha alegría, como también lo ha hecho, por demás, toda la sociedad colombiana. Por supuesto, también hay mucha cautela por lo que esto significa, especialmente luego de que el presidente Uribe diera por finalizadas las gestiones de Córdova y Chávez hace apenas un mes. Este gesto unilateral –y esto es bueno recalcarlo: UNILATERAL- de las FARC no significa necesariamente que se retomen las negociaciones para alcanzar el acuerdo humanitario (canje de rehenes en poder de las FARC por guerrilleros presos) ni mucho menos que la paz en Colombia esté a la vuelta de la esquina. Pero es un paso gigantesco.

La logística para hacer posible la entrega ha incluido algunos elementos que conviene no perder de vista, porque van mucho más allá de la simple logística. En primer lugar la exigencia de que Consuelo de Perdomo, Clara Rojas y su hijo Enmanuel sean entregados al presidente Chávez o quien él designara, es decir, al gobierno de Venezuela. La lectura es sencilla: las FARC consideran que la mediación del gobierno venezolano es necesaria para alcanzar el acuerdo humanitario; las FARC parecieran estar diciendo que sólo volverán a la mesa de negociación si Chávez sigue ejerciendo su rol de mediador. Juzgan ellos, probablemente, que las gestiones del presidente venezolano había alcanzado algunos avances para el momento en que Uribe decidió que las mismas cesaran.

En segundo lugar, el plan presentado por Chávez ha incluido la presencia de comisionados de gobiernos de otros seis países además de Colombia y Venezuela: Cuba, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil y Francia. Es una decisión hábil y seguramente muy bien conversada con los presidentes de estos países: su presencia puede ser una garantía de que las eventuales negociaciones del acuerdo humanitario y de paz sigan adelante, aun cuando el gobierno de Colombia tenga reservas con respecto al gobierno venezolano y especialmente con respecto a Hugo Chávez. Abortar las negociaciones por la vía de acusar a Chávez de tener un proyecto expansionista y de colaboracionista con la guerrilla puede ser fácil, pero no se podría utilizar el mismo argumento para los otros casos.

Otro de los aspectos de primer orden ha sido la decisión del gobierno de Hugo Chávez de no proceder a recibir a los secuestrados en una operación clandestina. Chávez ha señalado los riesgos que para los propios secuestrados implicaría su traslado por tierra a territorio venezolano (más de 500 kms. por zonas de muy difícil tránsito y en muy duras condiciones), incluyendo los operativos militares del gobierno colombiano. La operación de rescate debía contar con la autorización expresa del gobierno colombiano, como de hecho ha sido (con la única exigencia de que las aeronaves –aviones y helicópteros de las fuerzas armadas venezolanas- lleven el emblema de la Cruz Roja Internacional). Todo esto significaba preguntarle al gobierno de Uribe por su voluntad primero para retomar las negociaciones y luego para alcanzar el acuerdo humanitario. Con su decisión de autorizar la operación del gobierno venezolano parece haber dicho que sí está dispuesto a continuar por la vía negociada.

Cómo se van a desarrollar los acontecimientos de ahora en adelante es muy difícil precisarlo con detalle. Las FARC han anunciado la liberación de un segundo grupo, entre los que estaría la excandidata Ingrid Betancourt, pero de seguro van a esperar algún movimiento del gobierno colombiano, más allá de autorizar las operaciones de rescate. Uno también podría especular que la liberación de Betancourt se producirá sólo si se consigue el compromiso firme del gobierno francés –Betancourt tiene nacionalidad francesa, por lo que tanto Chirac como Sarkozy se han interesado especialmente por su caso- de seguir cooperando para alcanzar el acuerdo.

Si Chávez y Córdova regresan a sus gestiones quizás sea un tema muy sensible, especialmente para los sectores conservadores de Colombia que ejercen una gran presión y tienen gran influencia sobre el gobierno de Colombia (sea quien sea el presidente, vale decir). Tampoco parece probable que el gobierno de los Estados Unidos –con presencia militar muy importante en el país andino con el Plan Colombia- acepte de muy buena gana la presencia de Chávez y Córdova.

Sin embargo, la liberación de los rehenes por parte de las FARC pareciera indicar (y tal vez es lo que quiere recalcar la guerrilla colombiana) que la solución al conflicto colombiano no llegará por la vía militar, sino por la vía negociada. No es un camino fácil, aunque nadie ha dicho tampoco que sea imposible.

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Un regalo de Navidad: la boda de los que no tenían nada

Posted on 25 diciembre, 2007. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , |

Por Eileen Truax / Los Ángeles

A mí la Navidad no me gusta. Me parece una fecha triste, prefabricada y en muchos casos hipócrita. La mayoría de la gente olvida lo que se supone que celebra y en cambio anda por la calle estresada y apurada, empujando a todos y a las carreras para llegar con su familia a pasar la noche de paz en la que reparten regalos que compraron en oferta y que en ocasiones dan por obligación.

Cuando llegué a vivir a Los Ángeles me cambió un poco el humor -sólo un poco.

Los Ángeles es la capital de los homeless (personas sin hogar) en Estados Unidos; casi 90 mil de ellos deambulan por las calles abandonados, buscando comida y un lugar para dormir. Muchos de ellos van empujando carritos de supermercado en los que van recogiendo cosas que se convierten en su patrimonio. Algunos ya son viejos y vagan porque la familia los abandonó, porque no tienen a dónde ir o por padecer algún tipo de demencia senil; también hay otros muy jóvenes, relativamente saludables, que desperdician sus años productivos caminando por la ciudad con una adicción corriendo por la sangre y con la miseria humana a cuestas. Algunos son veteranos de guerra lisiados físicamente o con algún trastorno mental producto de los meses en el campo de batalla, que no logran reincorporarse a la vida “normal”.

Hay decenas de organizaciones que reparten alimento y otro tipo de apoyos para estas personas durante el año; esas mismas organizaciones, en Navidad, hacen eventos en los que sirven una cena especial y regalan una despensa, cobijas, alguna otra cosita, a estas personas desamparadas. Me conmueve mucho ver a la gente en fila esperando un regalito que viene de las manos de voluntarios desconocidos, en medio del frío.

De uno de estos eventos salió una historia que ya he contado antes, pero que siempre siento que vale la pena volver a contar. Resulta que el año pasado, en plena Navidad, me tocó trabajar. Fui a cubrir un evento de una organización llamada Food on Foot que se dedica a promover la cultura del trabajo entre los homeless en lugar de la cultura del asistencialismo. Si un homeless desea recibir comida, debe trabajar un par de horas en las actividades de la fundación; por ejemplo, recolectando basura. Por dos horas de trabajo, la persona recibe 10 dólares en vales de comida. Algunos acuden al programa una vez a la semana, otros de plano lo hacen diario. Y a quienes muestran responsabilidad y constancia, se les da otro tipo de apoyo.

Entre esos, estaban Kim y Ken. Después de seis años de conocerse, Kim y Ken, ambos menores de 40 años, enfrentaron una serie de problemas de pareja y personales que los llevaron a vivir en la calle y a sentir que sus vidas ya no tenían sentido. El problema se agravó porque Kim es mamá de 2 niñas, una de 9 y otra de 11 años. Un día Ken encontró Food on Foot y trabajó un día, luego dos, y luego llevó a Kim y juntos empezaron a trabajar diario. Tres semanas después de acudir con constancia, los consejeros que trabajan de manera voluntaria en el programa dieron el siguiente paso y los llevaron a vivir a un hotel en donde alojan a aquellos homeless que desean dar un cambio a su vida.

Dos meses más tarde, Ken consiguió un empleo como guardia de seguridad y Kim buscaba trabajar como asistente contable. De acuerdo con las reglas de la fundación, una vez que ambos tienen empleo se les apoya durante tres meses con la renta de un apartamento hasta que logran estabilizarse.

En ese punto, Kim y Ken decidieron casarse. Eligieron como fecha el día de Navidad y como escenario un estacionamiento en donde se repartía comida a decenas de homeless como lo eran ellos hasta unas semanas antes. Él se puso un traje con una rosa amarilla en la solapa; ella se puso un vestido dorado, como de princesa. Sus hijas, con vestidos de terciopelo, entregaron a su mamá. No hubo alguien alrededor que no tuviera un nudo en la garganta.

La ministra que ofició la misa recordó que el matrimonio implica estar juntos en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza. Pero ellos ya lo sabían; sufrieron juntos y se dieron una oportunidad de ser felices juntos también.

Food on Foot les dio un regalo de bodas: cupones por 150 dólares para ir a cenar y una tarjeta de regalo para ir al cine. Cine y cena para dos que poco antes no tenían nada, y que en el día en que la tradición cristiana celebra el nacimiento de Jesucristo, quien trajo esperanza al mundo, encontraron la manera de salir del fondo de una espiral y construir su propia esperanza.

Hoy me enteré de que Kim y Ken siguen juntos; ambos tienen empleo y viven en un apartamento. Entre todos los renos y santacloses que abundan en esta ciudad, esta es la que hasta la fecha me ha parecido la más linda y honesta imagen de la Navidad.

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¡Santa Claus se adelantó! (o tío Gadafi visita a Sarkozy)

Posted on 24 diciembre, 2007. Filed under: Manuel Ulloa -París | Etiquetas: , , , , , |

Por Manuel Ulloa / París

En la semana del 10 al 16 de diciembre se generó un gran debate por la visita muy oficial y con todos los honores que hiciera a Francia el presidente libio Muammar Al Gadafi. La crónica de la semana no tiene desperdicio. Desde su llegada el lunes se desata la controversia con la frase de bienvenida de la joven y bella Secretaria de Estado para los Derechos Humanos, Rama Yade, única voz dentro del gobierno que tuvo la dignidad suficiente para declarar que Francia « no es un tapete sobre el cual un dirigente, terrorista o no, puede venir a limpiarse los pies de la sangre de sus fechorías ». ¡Tómala barbón ! La frase opacó todo lo que pudieron decir desde la oposición y hasta hizo quedar en ridículo al ministro de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, otrora militante del Partido Socialista, quien prefirió tragarse la culebra sin chistar (renunciar por dignidad, definitivamente, no está de moda).

Así pues, lejos del estereotipo escandinavo, el barbón en cuestión se presentó con barba de tres días y un aspecto negligé que le daba a toda la escena de su llegada al Eliseo y a su recibimiento por Sarkozy un toque ubuesco. Pero este Santa Clos mal rasurado no llegó con las manos vacías, pues le trajo de regalo al otro Nicolás el poder de su firma : contratos comerciales y militares por 10 mil millones de euros. ¡Así sí baila mi hija Marianne con el señor ! Poco importó que la cifra fuera desmentida por los periódicos, que sacaron la calculadora y demostraron que nomás llegaban a 3 mil millones, lo importante era justificar lo injustificable. Y el show apenas comenzaba.

En su anuncio de la firma, Sarkozy dijo que habló con Gadafi de la necesidad de avanzar en el tema de los Derechos Humanos, pero el martes en una entrevista en el noticiero, Gadafi desmiente a su anfitrión en cadena nacional y dice que nunca se habló de Derchos Humanos en sus reuniones. ¡Zaz ! Desde entonces Sarkozy se vio relegado a un papel de espectador de la semana más larga que le ha tocado vivir desde que llegó al poder. Siguieron el discurso del dictador libio en la Asamblea Nacional reprobando la intervención de la comunidad internacional en el conflicto de Darfur, proyecto en el que Francia tiene un papel central ; las divertidas declaraciones en las que invita a los franceses a respetar los derechos de los inmigrantes antes de llenarse la boca con los Derechos Humanos ; el discurso en la Unesco con admiradores convencidos del dictador previamente pagados para echarle porras : una verdadera pesadilla.

El miércoles Sarkozy vuelve a ver a su huesped y le pide que, porfa, diga que condena los atentados de Argelia. « Bueeeeno, está bien. Sólo para que veas que soy buena onda », le debe haber dicho Gadafi antes de acceder. Esta vez Nicolás no lo acompañó a su limusina, probablemente porque al día siguiente tenía que recibir a los familiares de las victimas del atentado de Lockerby (en el que agentes de Gadafi hicieron estallar un avión en vuelo y asesinaron a centenares de personas). El jueves toca turismo y shopping en la agenda del « huésped distinguido », quien tiene el privilegio de visitar el Louvre sin gente para ver la Venus de Milo y la Gioconda, siempre enmarcado por su guardia pretoriana constituida exclusivamente por mujeres. Y el viernes… más turismo, esta vez a Versalles para ver el trono de Luis XIV y la sala dedicada a Napoleón, dos franceses dignos de su admiración.

Finalmente, el sábado llega a su fin el ‘sátrapatour’ y con él culmina también la peor semana de Sarkozy. Así asistimos al colofón de la saga del rescate de las enfermeras búlgaras, protagonizado por la ex pareja presidencial, que tanto se presumió en su momento. La cruda realpolitik en su esplendor. Todo había sido y sigue siendo un asunto de contratos y de dinero ; de fric, como se dice acá.

The fric, c’est chic ! ¿Derechos Humanos ? ¿Para qué ? Vive la Répufric !

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De Laos a Irak: Las bestialidades secretas

Posted on 21 diciembre, 2007. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Perth, Australia
No sorprende que el verdadero costo de la guerra de Irak haya sido ocultado y que ascienda al doble de lo que el gobierno de George W. Bush había declarado. Se trata de una costumbre muy arraigada en los presidentes de Estados Unidos, quienes incluso cada año lanzan decenas de operaciones clandestinas que, por su naturaleza, no son fiscalizadas por nadie y son gastos de los que no se rinden cuentas. Bestialidades ocultas.

El año pasado visité Laos, un pequeño y encantador país sudasiático en el que la gente me mostraba los daños de una guerra secreta que duró de 1964 a 1973: todavía se puede ver ruinas de edificios destruidos, diques y puentes para cuya reconstrucción jamás alcanzó el presupuesto, y lo peor, grandes áreas de selva arrasada por herbicidas, defoliantes y armas químicas prohibidas: las sustancias que arrojaron permanecen en la tierra y no sólo afectan a las plantas, sino que provocan malformaciones en los bebés y hoy abundan los jóvenes y adultos inválidos a causa de ello. El ejército de EU destrozó Laos durante casi diez años y a los contribuyentes de ese país jamás les dijeron lo que se hacía con su dinero.

Hace unos días, los representantes demócratas en el Congreso de EU dieron a conocer un informe que revela que a pesar de que Bush y sus funcionarios afirman haber gastado “sólo” 804 mil millones de dólares en cuatro años y medio de guerra (casi 14 mil millones de dólares por mes), en realidad el monto asciende a un billón y medio de dólares, a lo que poco le faltó para ser el doble (26 mil millones mensuales).

Como es natural, los legisladores lo colocan en el contexto de su nación y denuncian que cada familia estadounidense ha pagado 20,900 dólares (220 mil pesos) para hacer pedazos Irak, esté de acuerdo o no. Ya que Bush no se quiere salir de ahí y el próximo presidente, aunque quiera salir de inmediato, tendrá que organizar una retirada gradual, el reporte estima que los gastos pueden elevarse hasta 3 billones y medio, es decir, 46,400 dólares (487 mil pesos) por familia. Más costos indirectos, como lo que esto significa para la economía de EU (lo que se refleja en una deuda pública histórica y la caída del dólar) y el impacto del conflicto en los precios del petróleo.

Pero hay otra manera de evaluar la dimensión de estos gastos y es considerar lo que se podría haber hecho con ese dinero. También lo vimos en Laos: la guerra secreta fue tan intensa que la fuerza aérea de EU hizo casi el doble de vuelos que los que realizó en Vietnam. Los gastos fueron enormes, naturalmente, desde combustible hasta las inhumanas armas químicas que usaron. Pero si sólo consideramos el peso del metal que arrojaron sobre el paisito lao (no pensemos en las bombas como carísimos y complicados ingenios destructivos, sino sólo como si fueran cascajo), veremos que EU dejó caer 1.9 millones de toneladas, el equivalente a media tonelada por cada niño, mujer y hombre que en ese entonces vivía allí. El objetivo de Washington era cerrar el “camino de Ho Chi Minh”, que usaban los norvietnamitas para infiltrarse en el sur, e impedir que la guerrilla comunista lao tomara el poder. ¿Qué tal que esa media tonelada de metal, en lugar de que la hubieran usaran como instrumento destructivo, se hubiese convertido en inversión productiva? ¿En fábricas en lugar de fuego? ¿En casas en vez de explosiones?

¿Y qué tal que ese billón y medio de dólares con el que no han podido conquistar Irak, lo hubieran empleado de una forma inteligente para ganar el apoyo de los iraquíes? Ellos son unos 25 millones, por lo que hubiera sido como gastar 60 mil dólares (660 mil pesos) por cada habitante, desde los tataranietos hasta los tatarabuelos, en dar empleos, hogares, educación y salud.

La lógica de los violentos afirma que lo primero es la victoria militar. Pero en Laos los derrotaron, de todos modos. Y aunque Bush lo niegue, en Irak también, ya lo que queda es ver cuándo se van y cuánta gente muere mientras lo hacen. ¡Ah!, y ver cuánto odio dejan, cuántos nuevos reclutas para los terroristas. Si hubieran invertido constructivamente lo que gastaron en destruir, tal vez hubiesen podido ganar. Y tal vez no. Pero la gente que vive allí, en Laos y en Irak, tendría una imagen infinitamente más positiva de Estados Unidos, sus valores y su gente, y muchas menos ganas de poner bombas y convertirse en atacantes suicidas. De hecho, todos veríamos a EU con mejores ojos. Sus bestialidades pueden ser secretas. Pero no lo bestias que son.

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Navidad, ¡qué cosa!

Posted on 20 diciembre, 2007. Filed under: Yolanda Yebra -Buenos Aires | Etiquetas: , |

Por Yolanda Yebra / Buenos Aires

Tengo tres pesos en el bolsillo. Estoy pelada. Sin pelas, digo. No me tenga lástima. Hace tiempo que aprendí a desprenderme de las cosas, cositas, cosillas. El dinero es eso, una cosa, la más volátil de todas después de la pólvora.

No fue fácil alcanzar esta situación tan desprendida. Tuve que instalarme en la Argentina de la crisis y repetir mil veces la palabra “cosa” para que perdiera el sentido. La palabra, no yo, se entiende. Aunque casi perezco en el empeño.

Tan apegada estaba yo a las cosas, que no me cabía en la cabeza que una de las primeras películas que vi sobre extraterrestres pérfidos y chupa vidas se llamara “La Cosa”. Precisamente, a las cosas se les tiene cariño porque nos ayudan a conservar la memoria: tal y cual cosa la compré en aquel sitio, ese día, a equis hora; o me la regaló Mengano o Citana en determinada ocasión.

Hoy, después de veinte mudanzas en toda regla y en plena batalla por pertenecer a la clase media argentina (a lo que queda de ella) veo que mi reconversión no tiene mucho mérito. Son las cosas las que han ido desprendiéndose de mí. ¡Qué desgarro! Perder la memoria es algo terrible. ¡Lástima no ser caracol!

Por si fuera poco admitir que el logro no es mío, sino de mi peregrinaje y de mi asentamiento en estas pampas, inflacionarias y tacañas en oportunidades, ahora corre peligro todo mi afán por conservar el Nirvana “anticosa”, inducido por mi relativa pobreza. Relativa porque depende desde qué punto se la mida, y no necesito que un melón me golpee en la cabeza para darme cuenta de lo afortunada que soy.

Corre peligro porque Papá Noel y los Reyes Magos me clavan sus miradas en los centros comerciales de Buenos Aires, abarrotados durante las veinticuatro horas que permanecen abiertos antes de que estos personajes irrumpan en la intimidad agnosta de mi departamento. A esos barbudos les importa un comino que me queden tres pesos en el bolsillo. Claro, son de cartón piedra.

Es Navidad y hay que echar la casa por la ventana para dar muchas cosas, porque uno sabe, intuye al menos, que recibirá otras tantas. Matizo: hay que comprar muchas cosas para hacernos a la idea de que ya podemos consumir gracias a que las cosas en Argentina están mejor. Y no me juzgue por dejar de lado el espíritu navideño e imaginar que soy el Grinch, que en Hollywood se atrevió a ser verde antes que Shreck.

Aunque faltan un par de vidas para llegar a la versión local del grandilocuente “España va bien”, la clase media argentina necesita sosegar su ego adquisitivo, dolorido desde 2001, cuando un peso dejó de ser un dólar.

Para eso, nada mejor que ser parte de la marabunta que recorre los mil escaparates de la comercial avenida Santa Fe. Nada mejor que zambullirse en los 685 locales insomnes que acumulan el Abasto Shopping, el Alto Palermo Shopping, las Galerías Pacífico Shopping, el Patio Bullrich Shopping y el Paseo Alcorta Shopping. Shopping, shopping, shopping.

Pasmado con tanta oferta, el espíritu navideño nos lleva a gastar lo poco que nos queda. Muchos optimistas incluso dilapidan lo que no tienen, ordeñando a la tarjeta de crédito. Antes muertos que sencillos.

Camaleónica yo, hago mío el refrán “allí donde fueres haz lo que vieres”. Así -después de desdoblarme en dos y de admitir mi envidia a los caracoles mientras me congratulo por ser tan desprendida-, sucumbo en la medida de mis posibilidades al delirio consumista de la época, agravando, en estas latitudes por juntarse con las vacaciones de verano. Playita, hotelito, comiditas…, esas cosas, cositas, cosillas que una necesita propinarse para creer que es feliz.

Para justificarme, deberé rumiar un: “¡Ala, venga, que la vida son dos días!”. O esta otra frase, tan publicitaria ella: “Me lo merezco; para eso trabajé como una burra”.

No sé; tal vez si repito la palabra “consumismo” la suficiente cantidad de veces, también pierda el sentido y se anestesie mi sentimiento de culpa. ¿O acaso creía que iba a redimirme como si tal cosa?

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Tabacofobia global

Posted on 19 diciembre, 2007. Filed under: Manuel Ulloa -París | Etiquetas: , , |

Por Manuel Ulloa / París

El proximo año traerá a los franceses una nueva prohibición: la de fumar en lugares públicos. La medida no es nada popular en una buena parte de la sociedad. Mucho menos (se entiende) entre los dueños de establecimientos donde se venden cigarrillos, porque se trata de bistrots donde también se toma el cafecito, el trago y se juega todo tipo de loterías y raspaditos viendo un partido de futbol o las carreras de caballos. Estos comerciantes no están dispuestos permitir que se imponga una ley que puede comprometer su supervivencia.

A principios de este año entró en vigor la prohibición de fumar en lugares de trabajo y la medida fue aceptada mayoritariamente. Desde entonces se hizo de lo más común ver grupos más o menos grandes de fumadores, fuertemente abrigados, en las entradas de los edificios de París, enfrentando valerosamente y cigarro en boca el ingrato clima invernal. Hubo quejas de algunos patrones que, reloj en mano, se lamentaban de las pérdidas que representaba el desfile de fumadores y no fumadores (que básicamente iban a echar chorcha) rumbo a la banqueta. Algunas empresas (las menos) invirtieron en la instalación de extractores de humo que evitaban la segregación de los empleados, pero la gran mayoría tuvo que hacer frente al miniéxodo de empleados cada hora y al aumento de enfermos por resfriado desde el otoño. Con todo, la medida se venía respetando y todo el mundo estaba más o menos satisfecho. Hasta ahora.

El pasado 21 de noviembre fue mi cumpleaños (y el de Mara Muñoz, me acabo de enterar), pero esto no tendría nada que ver de no ser porque ese día fui a festejarme al centro y me tocó ver pasar por las calles parisinas la manifestación de la honorable Confederación nacional de expendios de tabaco y anexas. Eran muchísimos (después leí que eran más de 10 mil) y pedían audiencia. La gente por lo general les mostraba su simpatía. No rechazan del todo la nueva ley. Lo que tratan de impedir es que se apruebe como está y piden que se flexibilize. Respuesta del gobierno: «Estamos estudiando la posibilidad de ajustar la ley para permitir que se fume en las terrazas cubiertas exteriores, siempre y cuando estén abiertas de un lado». El chiste no hizo reir mucho a los manifestantes. «El gobierno está demostrando una gran apertura en este tema», ironizó el dirigente de la Confederación, un tipo que parece primo de José Bové. Algunos diputados de la derecha están incluso con los manifestantes, concediendo que valdría la pena permitir que se fume donde se venden cigarros o que sean los dueños de establecimientos de menos de 100m2 los que decidan libremente si se puede o no fumar en ellos como lo sugiere la legislación española. Ya veremos si los escuchan.

En todo caso, resulta interesante observar la expansión desde Estados Unidos de esta fobia global antitabaco, constatar cómo la posición dominante en los legisladores de muchos países es la versión gringa de la prohibición, que tanto Francia como México y seguramente otros países de Latinoamérica caen uno tras otro en el discurso histérico y tremendista de los « expertos » norteamericanos. ¿Por qué tenemos que ajustarnos irreflexivamente a las normas anglosajonas ? En el caso de México me queda claro que es mucho pedir, pero los legisladores deberían defender las libertades en vez de restringirlas, podrían preservar la diversidad en vez de normalizar las conductas, harían bien mostrándose más inventivos para conciliar los derechos de unos y otros en vez de esgrimir el espantajos pseudocientíficos para asustar a la gente. Es más, cabría preguntarse por qué el discurso prohibicionista gana tantos adeptos. Yo creo que la clave está en el factor miedo.

Ustedes me dirán si exagero, pero creo que vivimos en sociedades muy aceleradas, donde el cambio constante es lo único permanente y la mayor parte de lo que afecta nuestras vidas está fuera de nuestro control. Está condición no es exclusiva de periodistas, escritores o artistas, cada vez hay más gente que enfrenta la precariedad y la incertidumbre respecto del futuro más próximo y esto genera angustia y temor. Como las problemas más serios que enfrentamos (contaminación, hipercapitalismo, desigualdad e injusticia) escapan a casi todo el mundo y no se pueden atacar sin replantear todo el sistema que nos gobierna, resulta más fácil enfocar las baterías hacia objetivos de sustitución accesibles para evacuar el excedente de miedo que cargamos encima. De ahí que tengan éxito, aquí y allá, los discursos prohibicionistas.

En Francia por lo menos hay gente organizada que rechaza ese discurso, pero en México parece que la ley está asumida como una fatalidad. Y como van las cosas, quizá lo sea. Quizá estemos viendo los últimos meses de tolerancia. Habría que ir pensando en pedir que algunos establecimientos adopten una certificación « smoker friendly » para evitar que los fumadores seamos rechazados como pescados podridos del entorno social.

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