Témoris Grecko

El Oscurantismo en Clase: Religión y Fracaso

Posted on 27 octubre, 2009. Filed under: Témoris Grecko |

Por Témoris Grecko / Damasco, Siria.

En tiempos en los que los países cristianos de Europa Central y Occidental atravesaban el periodo que llamamos “oscurantismo” (caracterizado entre otras cosas porque el espíritu científico fue anulado por los dogmas de la religión), en el mundo árabe brillaban las luces de las matemáticas, la medicina, la astronomía y otras disciplinas, desde ciudades como Samarcanda y Esfaján en el Este hasta Córdoba en el oeste, pasando por Bagdad, Damasco y El Cairo.

Hoy, los árabes debaten por qué han sido dejados atrás por todos. Primero, por Occidente, y resultaba sencillo atribuir los males a su dominación, que terminaría cuando el pueblo árabe se uniera en contra del colonialismo. Después los superaron otras naciones supuestamente sojuzgadas: China, India y, lo que duele todavía más, una a la que los árabes dominaron alguna vez y le dieron religión: los turcos. Incluso los persas de Irán, a pesar de sus tribulaciones, están un poco más adelantados.

No son solamente Osama bin Laden y sus secuaces quienes piensan que el problema está en una falta de religiosidad entre los árabes: muchos imanes, monarcas y líderes lo creen así, aunque rechacen los métodos de Al Qaeda. Y por eso celebraron el reciente descubrimiento de “Ardi”, el Ardipithecus ramidus, un homínido de 4.4 millones de años que sugiere que la rama evolutiva a la que pertenecemos los seres humanos se separó de la de los chimpancés antes de lo que se pensaba.

Dos de los medios de comunicación árabes más serios, al-Masry al-Youm, el principal diario egipcio, y la famosa cadena de televisión al-Jazeera, presentaron el asunto así: “Científicos estadounidenses acaban con Darwin”, dijo el primero; “Ardi refuta la teoría de Darwin”, afirmó la segunda en su website. No debería sorprender si en los medios más sensacionalistas o religiosos fueron todavía más terminantes en su festejo de lo que consideran una victoria del Islam sobre el materialismo occidental.

Es claro que la teoría de la evolución de las especies mediante la selección natural no depende del momento en que la rama del homo sapiens (que al fin y al cabo no es más que una entre tantos millones de especies) se desprende de otra, esto es sólo un fenómeno más –y perfectamente normal– de un largo proceso. Estos medios de comunicación han preferido hacer pensar a sus audiencias, sin embargo, que la totalidad del pensamiento darwiniano (y los fundamentos de la ciencia, por extensión) depende del vínculo entre el ser humano y el chimpancé.

¿O es que en realidad los redactores, editores y directivos de esos medios creen que es así? Encuestas recientes indican que sólo un 8% de los egipcios considera que hay evidencia que respalda la teoría de Darwin. Entre profesores, el porcentaje es el mismo, a pesar de que Egipto es uno de los pocos países árabes donde ellos tienen que enseñar la evolución. En una universidad de los Emiratos Árabes Unidos, sólo un 15% de la planta académica comparte esa idea.

En Arabia Saudí, la materia de religión es obligatoria en todos los niveles educativos, incluido el universitario. Hasta que se introdujeron reformas recientemente, en la primaria la religión ocupaba el 31% del tiempo de estudio, comparado con un 20% para matemáticas y ciencias. Todavía hoy, el primer año en todas las carreras profesionales se dedica principalmente a religión, más que el conjunto de ingeniería, medicina y ciencias.

Diversos estudios internacionales han encontrado que, a pesar de que los países árabes gastan en educación una parte de su PIB mayor que el promedio mundial, el desempeño de los estudiantes es inferior, debido a la mala calidad de la enseñanza. Por ejemplo, uno de 2007, que evaluó a alumnos de 12 a 13 años de 48 países, encontró que sólo el 1% de ellos tenían un nivel avanzado en los 12 países árabes incluidos, contra un 10% de Estados Unidos y un 32% de Singapur. Otro: en el listado de las 500 mejores universidades del mundo que realiza la Shanghai Jiao Toong University, no hay ni una sola árabe, aunque sí las hay africanas, latinoamericanas e israelíes. El Foro Económico Mundial ubica la calidad de la educación primaria egipcia en el número 124 de un total de 133 países, y la de Libia, que tiene un PIB anual per cápita de 16,000 dólares, en el 128, inferior que Burkina Faso, cuyo PIB es de 577 dólares.

Turquía está despegando, en cambio. A pesar de que el país es musulmán, el Estado turco es eminentemente laico y su sistema educativo también. Como gran parte de su sociedad. En Irán, el líder supremo ha llamado a suprimir la enseñanza de ciencias sociales en las universidades, ya que las ve como parte del origen del cuestionamiento que está haciendo la gente contra su régimen religioso. Hasta ahora, sectores sociales que se hicieron laicos antes de la revolución islámica y que han sobrevivido, habían logrado mantener esos espacios en las universidades, lo que en parte explica que ciudades como Teherán y Esfaján sean tan abiertas y cosmopolitas, a pesar del yugo religioso.

Los datos no indican que el énfasis religioso sea la única causa de la mala calidad de la educación árabe. Sin duda hay muchos otros elementos que deberán atender para mejorarla. Pero es evidente que la enseñanza de las ciencias difícilmente puede desarrollarse en libertad cuando se la coloca por debajo de los dogmas que las niegan.

El descubrimiento de Ardi no pone en cuestión nada de la teoría darwiniana. La reacción que provocó en el mundo árabe, en cambio, confirma que el lugar de la evolución está en la escuela y el de la religión, en el templo. En España ha tomado muchos años convertir la asignatura obligatoria de religión –una herencia de la dictadura fundamentalista de Franco– en una materia más general. En América Latina, por lo contrario, muchos hombres y mujeres de Iglesia no sueñan con mejorar la calidad de la educación, sino con introducir la religión en el aula. En México, su campo preferido de ataque es la educación sexual, a la que quieren despojar de todo enfoque científico para convertirla en un catálogo de moralinas. Quisieran devolvernos al oscurantismo medieval.

En nuestro libro “El vocero de Dios”, Salvador Frausto y yo señalamos que esta actitud es una evidencia de su fracaso. En su página web, la arquidiócesis de México se quejó en 2007 de que sólo entre un 6 y un 9% de los bautizados acuden a la iglesia. Una visita a los templos revela una mayoría de personas de edad entre la audiencia. Cada vez son menos los jóvenes que toman doctrina con los curas. ¿Por qué? Discernirlo es tarea de los obispos. Pero si ellos no consiguen atraer a los estudiantes, es abusivo que pretendan que el Estado les haga la tarea. Los padres siempre tienen la opción de llevar a sus hijos a misa, pero enseñar religión en la escuela es una imposición injustificable que además atenta contra el principio de igualdad entre los fieles de distintas religiones y los de ninguna. Y que además es contradictoria: ¿Cómo explicarle a un alumno que a las diez debe aprender que todos provenimos de una relación sexual y que la Tierra tiene miles de millones de años, y a las once hacerlo escuchar que María dio a luz siendo virgen y que dios creó el universo en seis días hace menos de seis mil años?

Si siguiéramos pensando esto último, tendríamos que dejar que chinos, indios y turcos se suban al carro del desarrollo y nos dejen allá atrás, entre el polvo de la carretera, releyendo mil veces las mitologías bíblicas. Por suerte, somos mayoría los que estamos muy contentos con la adición de Ardi a nuestra familia de ancestros. Y queremos dejar por fin el oscurantismo, guiados por las luces de Darwin, Descartes y san Mario Molina, patrón de la ciencia mexicana.

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Un país de locos y la Revolución de 2010

Posted on 21 septiembre, 2009. Filed under: Témoris Grecko |

Por Témoris Grecko / Şanliurfa, Kurdistán, Turquía Oriental

Hace una hora vi que la televisión turca exhibía –y repetía– el video del asesinato de dos personas en el metro de la Ciudad de México. Estaba sentado en el suelo al lado de un kurdo de 62 años, un hombre que pasó casi una década preso en horribles cárceles, a causa de sus actividades en el movimiento armado que todavía hoy enfrenta al ejército turco en su lucha por la independencia del Kurdistán. Estoy en Şanliurfa, cerca de donde surgió el PKK, Partido de los Trabajadores Kurdos, la guerrilla separatista. Estos son días de fiesta porque celebran el fin del Ramadán. Los niños se persiguen por las calles agitando sus juguetes, todos de un mismo tipo: armas. Imitaciones en plástico de pistolas, fusiles Uzi, Kalashnikov Ak-47, M-1 y otros que no identifico. No hay pelotas de fútbol, bates de béisbol, carritos ni mucho menos muñecas. Alguien me explica que en todas las casas los padres guardan armas de verdad y los chamacos sólo repiten lo que ven.

Las imágenes, sin embargo, no sólo me dejaron estupefacto a mí: el exguerrillero también se quedó con la boca abierta. “¿Por qué pasa eso en México?”, preguntó. La siguiente noticia mostraba a madres turcas que visitaban las tumbas de sus hijos, muertos en la guerra. Pero la insensatez de ver a un hombre que disparaba contra otro, desarmado, frente a cientos de personas en el transporte masivo de una gran ciudad, lo afectó más.

¿Qué respuesta darle? ¿Que nos estamos volviendo locos todos? ¿Que ya hace mucho tiempo desde que lo que ocurre en nuestro país es demasiado? ¿Que nuestro pueblo, a diferencia del kurdo, tiene Estado propio, territorio, libertades, una democracia en funciones, una economía integrada a la mayor del mundo, que está libre de centenarios enfrentamientos étnicos y religiosos, y que de todos modos nos hemos vuelto locos y secuestramos aviones por indicación de Jesucristo y matamos porque lo dice la Biblia?

Hace dos años le mostraba mi país a mi pareja de entonces, de origen extranjero. Aunque había muchas cosas que ya estaban mal, en general parecían haber razones para pensar que el país mejoraba, de manera lenta y con desagradables altibajos, es cierto, pero se sentía optimismo entre la gente. Todavía en octubre de 2008, cuando estuve en Barcelona, los españoles se “paniqueaban” por una crisis económica que los mexicanos esperábamos (queríamos desesperadamente creer) que no nos golpearía de lleno.

2009 es el peor año de la historia de México desde que yo estoy en este mundo.

La sucesión de crisis es apabullante: económica, claro está; de seguridad pública, también; y además de salud pública (sazonada con temblores), de agua –inundaciones, sequías y agotamiento–, de decisiones incompetentes (por más que he querido pensar y decirles a todos en el extranjero que los mexicanos fueron muy valientes al ponerse en cuarentena, no deja de llamarme la atención que en el resto del mundo, ahora que la influenza se extendió y provoca estragos en todos lados, a nadie –a nadie– se le ha ocurrido que es necesaria una medida así); y de fin final por fin de toda alternativa política: entre el fracaso del PAN, la imensidad del cinismo de los autollamados verdes, la autofagia socialdemócrata y el tragicómico harakiri de López Obrador, el PRD y los petero-convergentes –inesperadamente protagonizado por “Juanito”–, el gran beneficiario de nuestra destrucción social es el PRI… ¡vaya jugada de la historia!

Para redondear, crisis de salud mental. Al momento de escribir esto, sábado 19, no se sabía que el asesino del metro tuviera más motivaciones que un acceso de locura religiosa. Lo mismo que el secuestrador áereo. Era algo que tenía que ocurrir: ¿cómo no nos vamos a volver locos con esta situación? Y esto es sólo lo visible, lo más aparatoso, porque un caso ocurrió en un avión y porque el otro nos lo trajeron a todo color las cámaras del Metro. ¿Cuántas cosas están pasando todos los días, en las ciudades, en las montañas? ¿Cuántas a nivel individual? ¿Y cuánto falta para que la desesperación por el agua, por el desastre económico, por los impuestos (aplicados masivamente porque no se quieren meter con los que más deberían pagar y nunca lo hacen), por los despidos, y tantos etcéteras, opten por alternativas violentas que no resolverán nada pero le darán salida a sus resentimientos?

Hace unos días, en su página de Facebook, un autor invitó a leer su nuevo libro y adelantó su conclusión: “el proyecto México fracasó”. A mí me supo muy, muy mal, y dejé mi opinión en un comentario que más tarde retiré porque en realidad no sé qué dice en el libro, sólo lo que dijo él. Tal vez propone algo bueno, ¿cómo saber? Pero en estas condiciones de desmadre nacional, me viene muy muy mal que alguien tenga la ocurrencia de promover su libro de esta forma. No nos hace falta, muchas gracias, señor. Es como quienes decían que México es un Estado fallido: que viajen un poco para ver los auténticos estados fallidos o fracasados, y se darán cuenta de que todavía nos falta para llegar a eso. México tiene un sentido muy fuerte de identidad, algo poderoso que podría perderse por los peligrosos vericuetos del chauvinismo nacionalista, pero que también es la materia prima de una recuperación nacional.

Tenemos que hacer algo. Con urgencia. Y viene la coyuntura de 2010. A muchos les da miedo: hay que ver un poco del caldo de cultivo de las revoluciones de cada siglo, el México de 1809 y el de 1909, y el caos que vino después, para entenderlo. Esclaro, sin embargo, que una rebelión armada está totalmente fuera de lugar. Ejemplos actuales se pueden encontrar en Camboya, China, Cuba, Irán, Mozambique, Vietnam, Zimbabue, países donde he podido constatar personalmente que las revoluciones devoran a sus hijos y se vuelven contra el pueblo al que debían elevar. Algo que ya habían descubierto los franceses de 1789, pero que nos gusta olvidar.

Las revoluciones, no obstante, pueden ser de otra forma: intelectual, emocional, ética, incluso visceral. Hemos llegado o lo estamos haciendo a un momento climático de nuestras crisis, en el que por la dureza de lo que padecemos tenemos que darnos cuenta de que ya no podemos seguir así. Nos vamos a matar unos a otros y los que queden no habrán ganado nada, porque nuestra tierra estará destruida. Es hora de cambiar la nación entera, el pueblo, cada uno de nosotros. Hacer en 2010 una revolución mexicana por la salud mental, que erradique para siempre todos esos pequeños abusos que solemos cometer, tirar basura, dejar la luz encendida, gastar agua sin necesidad, dejar sucias las cosas que alguien tendrá que usar después, agredir al peatón, mentarle la madre al de enfrente, dar y recibir mordida, ser tan inconscientes de quienes están a nuestro lado. Tenemos que recuperar la amabilidad, ¡dar la mano! Si no cambiamos eso, desde abajo, no podemos esperar que cambien las estructuras profundamente corruptas que están arriba.

¿Cómo esperar que Salinas de Gortari se deje de truculencias, que Slim compita con lealtad, que Manlio Fabio actúe honestamente, que Salinas Pliego deje de ser un golpeador, que al niño de oro de Atlacomulco no se le olvide de qué murió su esposa, que el góber precioso deje de proteger pederastas, que López Obrador se vuelva humilde, que Bejarano rechace la lana, que Sodi no acepte entrevistas truqueadas, que Madrazo corra los maratones completos, que Martita se dé cuenta que que su esposo ya no es presidente, que a Espino se le quite lo bravucón, que Elba Esther deje de ser el mayor obstáculo para la educación, que el jefe Diego deje el tráfico de influencias, que 500 diputados y 128 senadores que presumen de ser representantes del pueblo renuncien a las transas y legislen bien, que a Calderón y sus secres se les prenda el foco, que dejen de ser todos una bola de Juanitos con un poquitín más de estilo (salvo Elba Esther, aunque se vista de seda), si en el fondo nadie puede estar seguro de que otro mexicano haría algo diferente si estuviera en el lugar de ellos?

2010 es un año con enorme peso psicológico para los mexicanos. Es un año en el que nos podemos tirar a la lona antes de que suene la campana, sentirnos perdidos, darnos a la derrota y cumplir la profecía del autor que comentaba. También nos podemos movilizar para reconstruirnos, si tenemos claro que queremos hacerlo, si buscamos y encontramos un camino viable y si aparece una persona o un grupo capaz de organizar todo este enorme deseo nacional de despertar.

Necesitamos liderazgos, eso es claro. Hace 8 años, los argentinos tomaron las calles al grito de “¡que se vayan todos!”, pero no tenían a nadie que pudiera reemplazar a los que debían irse, éstos se quedaron y en vez de ellos, miles de ciudadanos tuvieron que emigrar, y hoy tienen a sus Kirchner y sus Macri y todas esas bandas de vagos en diversas instancias del poder.

Atravesamos de noche un desierto extremadamente árido de liderazgos. Necesitamos crearlos. ¡Con mucho cuidado! Semanas atrás, en Irán, lo pude ver: el deseo popular, la masa crítica, estaba ahí en espera de ese algo para movilizarse, y el desierto se convirtió en una gran ola verde cuando pareció que había llegado la señal. ¡Ojo! No era el liderazgo que necesitaban, uno que realmente quisiera y pudiera llevarlos a la transformación del país, y su profundo deseo los confundió.

Debemos actuar con decisión pero también con cuidado. Tenemos que generar la alternativa, superar las barreras sociales e ideológicas, dejar de buscar mensajes alucinados en la Biblia y usar los libros de ciencia, salvar este barco de todos. Necesitamos actuar con buen juicio, aprovechar la coyuntura histórica y volcarnos por el cambio. Para que en 2010 haya una verdadera revolución, constructiva, pacífica y definitiva.

Una que nos devuelva la salud mental.

(Y salir de una situación en la que hasta un exguerrillero kurdo, sentado en su ciudad de pistolas, voltea a mirarnos con ojos de, caray, ¡qué mal están en su país!)

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Irán: Poemas de la Azotea

Posted on 13 septiembre, 2009. Filed under: Témoris Grecko |

Por Témoris Grecko / Barcelona

Me han dicho que los iraníes siguen saliendo por las noches a gritar “¡Alá u akbar!”. El gobierno los puede apalear en las calles, pero no puede expulsar su clamor de la atmósfera en la oscuridad. Ni acallar la potente vehemencia de la poesía, tan importante como es para el alma iraní.

Cada noche, desde el fraude electoral del 12 de junio, la gente sale a gritar a las azoteas “¡Alá u akbar!”, dios es el más grande. Se te pone la piel de gallina cuando vas caminando por las calles, en la semioscuridad, y de pronto escuchas una voz que muy cerca, en lo alto, emite ese sonoro llamado. Y si no está cerca, muy pronto lo estará, porque son muchos los noctívagos que los escuchan y salen a sus balcones a responderlo, como un eco poderoso que se acrecienta y multiplica con ritmo, llega junto a ti, te rodea con sus ondas sonoras, patra después alejarse y volver, alejarse y volver.

Si a ti te pone la piel de gallina, a los hombres que dominan Irán los espanta y preocupa. Porque no son religiosos conservadores quienes lo emiten, no es el grito del Islam jameneísta que amenaza al infiel y al traidor. Ese aullido místico-combativo es una paradoja y a la vez una conquista. Una paradoja porque quienes tratan de ponerles límite a las imposiciones religiosas son los que gritan dios es el más grande. Y una conquista porque es una contraseña arrebatada, el lema que usaron los jóvenes revolucionarios de 1979 para advertirle al sha Rezá Pajleví que venían a buscarlo, es el que ahora sirve para recordarles a los envejecidos revolucionarios de 2009 que el poder corrompe y los ha destruido por dentro, que no es para siempre y tendrán que rendir cuentas de lo que han hecho con él.

Ojalá en este momento, cuando lees este texto, estés en un lugar silencioso y oscuro. Si no es así, cierra los ojos. Ahora, aprieta el botón de reproducción. Y escucha:

La mujer que grabó este video te está hablando.

Hay un mensaje, ¿qué te dice?

Es poesía. Los iraníes son un pueblo para el que la poesía tiene un lugar superior. La religión los ha enseñado a peregrinar a los lugares santos. Pero ellos acuden con igual devoción a venerar a sus poetas: a los jardines donde enamoraron mujeres, a los salones donde se embriagaron, a sus tumbas. En Shiraz, por ejemplo, la gente no me preguntaba si ya había visitado las mezquitas y los seminarios, ni siquiera si había ido a la milenaria ciudad de Persépolis: “¿Fuiste a ver a Jafez (Hafez)?”, se intrigaban, orgullosos del gran poeta local. “No puedes irte sin ver el mausoleo de Jafez”.

No es raro que sus conversaciones cotidianas tengan resonancias poéticas. Cuando hablan de algo grave, casi inconscientemente acuden a metáforas y fórmulas literarias. Es parte de su ser. La mujer iraní que te habla, anónima, estaba enviando un mensaje al mundo en su lengua, el farsí. Y lo hizo a través de cuatro poemas, en días diferentes, siempre con el fondo de las voces de las azoteas de Teherán. Alguien más hizo su parte al ponerles subtítulos en inglés a estos videos caseros. Yo hago la mía al explicarte el contexto de cada uno, traducirlos al castellano y ponerlos aquí, para ti.

.

GENTE INDEFENSA

Es el que ya escuchaste. Puedes volver a hacerlo. Lo grabó el 16 de junio, al concluir el cuarto día de protestas y luchas callejeras a raíz del fraude electoral. El gobierno había censurado o interrumpido las comunicaciones en diversos momentos, los mensajes de texto de manera permanente, y otros servicios de forma intermitente. Los perros de la represión ya atacaban gente en las calles.

Los llamados de ‘Alá u akbar’ se elevan de nuevo.

Una de las maneras más simples y efectivas de convocar a la gente a unirse.

Nos pueden quitar nuestros mensajes de texto.

Se pueden llevar nuestro internet.

Se pueden llevar incluso nuestros teléfonos.

Pero con nuestros llamados de ‘Alá u akbar’ les mostraremos

que todavía podemos unirnos.

La gente llama a dios con todo su corazón.

Acaso sus voces harán estremecer el reino de dios.

Gente indefensa que ha sido tildada de maleantes y vagos.

Gente indefensa que ha sido llamada mugre y polvo.

Gente indefensa que se ha expresado mediante la protesta silenciosa y pacífica.

Ahora, de noche,

hasta el reino de dios,

pide ayuda.

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¿DÓNDE ESTÁ ESTE LUGAR?

El 19 de junio, el líder supremo de la República Islámica de Irán, ayatolá Seiyed Alí Jameneí, descrito en la Constitución como representante de dios sobre la Tierra, encargado de ser un sabio juez que custodia benévolamente a su pueblo, salió a dar un sermón solemne en el que convalidó el fraude electoral y advirtió a quienes no acataran su dicho que ellos serían responsables de la tragedia.

Viernes, 19 de junio de 2009.

Mañana es sábado.

Mañana es un día del destino.

Está noche, los llamados de ‘Alá u akbar’

se escuchan más y más poderosos que las noches anteriores.

¿Dónde está este lugar?

¿Dónde está este lugar en el que cada puerta está cerrada?

¿Dónde está este lugar

en el que la gente está simplemente llamando a dios?

¿Dónde está este lugar

en el que el sonido de Alá u akbar se hace más y más poderoso?

Espero cada noche para ver si los sonidos

de Alá u akbar crecen y se hacen más numerosos.

Me estremecen.

Me pregunto si a dios también.

¿Dónde está este lugar en el que tanta gente inocente está atrapada?

¿Dónde está este lugar al que nadie viene en nuestra ayuda?

¿Dónde está este lugar en el que, sólo con nuestro silencio,

estamos enviándole nuestras voces al mundo?

¿Dónde está este lugar en el que los jóvenes derraman sangre

y después la gente va y reza,

de pie sobre esa misma sangre,

y reza?

¿Dónde está este lugar en el que los ciudadanos son llamados vagos?

¿Dónde está este lugar? ¿Me quieres decir?

Este lugar es Irán.

Tu patria. Y la mía.

Este lugar es Irán.

.

ESCUCHA CON ATENCIÓN

Una vez que el líder supremo consumó su traición, los milicianos basiyíes y la policía se sintieron libres de ir por sus presas. Ese sábado 20, fui testigo en primerísimo plano de la proeza formidable de algunas miles de personas que intentaron recorrer los cuatro kilómetros que hay entre las plazas Revolución y Libertad. Los vi enfrentar los garrotazos, las ofensivas de golpeadores en motocicletas, los gases lacrimógenos, y avanzar casi, casi hasta la plaza Libertad. Pero el gobierno no los iba a dejar llegar a ella. Humillado, superado por gente desarmada en la batalla callejera, ahí se atrincheró y no hubo manera de moverlo.

La lucha dejó saldos. En Irán, como en otros países islámicos, la televisión gubernamental dedica mucho tiempo a exhibir el abuso de las fuerzas isralíes, armadas con lo mejor, contra los palestinos y sus cohetes artesanales. Mucha gente afirma en Irán que lo mismo pasa ahí. La gente sale desarmada y cuando no le queda más alternativa, busca piedras. Los represores usan armas de fuego. Ese sábado 20, por lo menos diez personas murieron a manos de los agentes del “orden”. Entre ellos una chica cuya agonía llegaría a todo el mundo a través de YouTube. Un miliciano que pasaba en moto la mató de un tiro en el pecho, cuando ella estaba parada hablando por teléfono. Con toda su piedad religiosa, el gobierno dijo que los fallecidos eran “terroristas”. Lo que no explicó nunca fue la extraña situación de que los muertos estuvieran todos de un mismo lado.

Las cárceles se estaban llenando de personas inocentes. Y mediante torturas, les sacaban confesiones inventadas. El representante de dios sobre la Tierra había dejado salir los demonios.

20 de junio de 2009, sábado.

Dios todopoderoso, ¡anoche te llamamos tanto!

Gritamos tanto tu nombre.

¿Por qué el de hoy no fue el día?

No he perdido la esperanza aún.

Pero ya no estoy tan esperanzada, tampoco.

¡Escucha! ¡Los gritos son más fuertes!

¡Mucho más fuertes!

¿Por qué estás durmiendo?

¿Por què no dices algo?

¿Por qué no reaccionas de alguna forma?

Hemos puesto nuestras vidas en las palmas de tus manos.

¿Por qué no te muestras?

Estamos todos haciendo lo mejor que podemos.

¡Escucha!

Ésta es nuestra voz.

Una voz que no tiene otro lugar donde expresarse.

Escucha.

Ésta es nuestra voz y viene desde el fondo de nuestras almas.

¡Oh dios!, ¿por qué no has dejado tan indefensos?

Alá u akbar…

¡Oh dios! ¡Te están llamando! ¡Escucha!

¡Escucha! ¡Te están llamando!

Si estás durmiendo, ¡levántate!

No es hora de dormir.

¡Esta vez tienes que escuchar!

Escucha con atención.

¡Escucha y así no tendrás excusa alguna

cuando nos encontremos en el otro mundo!

¡Así no dirás: ‘no escuché sus voces”!

¡No digas que no gritamos tu nombre para que nos escucharas!

¡Escucha con atención!

¡Todos ellos te llaman!

.

NO OLVIDEMOS

El domingo 21 fue el día del desconcierto, de la desazón, del desespero. Amanecimos en un Estado de sitio no declarado, con reglas que nadie había establecido y que se tenían que aprender mediante ensayo y error. El error, que mejor fuera de otros porque el castigo era una golpìza, un arresto y después, no podías saber: con suerte serías liberado tras un par de días de torturas; también podías pasar semanas o meses en prisión, ser sometido a juicio, condenado injustamente; o podías morir.

Las noches eran de terror. La policía tenía listas de gente cuyas puertas tiraba y a quienes capturaba en piyama, frente a sus familias. Iban contra todo tipo de personas: estudiantes comprometidas y chicos desafortunados; antiguos ministros del gobierno y empleados de cuarto nivel; periodistas, intelectuales, artistas, vendedores de diarios, demostradores de ropa, obreros, informáticos. El gobierno no suele dar detalles de sus actividades represivas, pero aunque quisiera, no los podría dar: lo hizo de manera tan masiva y desorganizada que dudo que tuviera control sobre todos los datos. Así era en Teherán. ¿Cómo habrá sido en las ciudadades más pequeñas y alejadas? ¿Y en los áres rurales, donde las etnias minoritarias se había volcado por la oposición?

Domingo, 21 de junio de 2009.

Los ‘Alá u akbar’ acaban de empezar.

No sé cuánto tiempo seguirá esto,

por cuánto tiempo más persistirá la gente con sus ‘Alá u akbar’.

Sólo sé que desde anoche, han estado tocando a las puertas de la gente

para advertir que quien grite ‘Alá u akbar’ será identificado.

¡Ahora han amenazado a la gente para que no llame a dios!

Muchos de nosotros ni siquiera somos musulmanes.

Muchos de nosotros ni siquiera creemos en dios.

Pero ‘Alá u akbar’ ya no tiene que ver con ser musulmán.

Se ha convertido en un llamado a la unidad.

Podemos ser musulmanes, judíos, zoroastrianos,

fieles o sin fe.

Muchos de nosotros ni siquiera creemos en dios.

Pero cada noche venimos a llamar a dios.

Por los otros.

Por los que han muerto.

Por mí.

Por ti.

Por Irán.

Las voces vienen desde lejos.

Te dejan estremecida.

Te dan esperanza.

Pero al mismo tiempo muestran la indefensión.

Muestran que todavía hay gente en busca de justicia.

Y muestran qué tan indefensa está,

que todo lo que le queda es gritar ‘Alá u akbar’.

No olvidemos estas voces.

No olvidemos esta llamada.

Se ha derramado demasiada sangre

para que pudiera elevarse este ‘Alá o akbar’.

Hay demasiados padres que no abrazarán a sus hijos esta noche.

Tú o yo podríamos haber sido

uno de los no destinados a regresar a casa esta noche,

Así es que no olvidemos,

no olvidemos nunca estos días.

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Neda y su video como bandera

Posted on 26 junio, 2009. Filed under: Témoris Grecko |

Por Témoris Grecko / Teherán

Publicado en La Nación, de Buenos Aires, el 24 de junio.

Neda tenía 26 años. Su nombre es una palabra árabe que en farsi sólo se usa en el lenguaje poético. Y significa “voz” o “llamada”. Su apellido era Agha-Soltan. Era una joven teheraní normal, como tantas que están tomando las riendas de su vida pero se estrellan con las restricciones impuestas por los fanáticos religiosos. Con lo que Mir Hossein Mousavi explicó como “querer llevar al cielo a la gente por la fuerza”. Involuntariamente, estaba describiendo lo que hicieron con Neda.

Era una joven con sensibilidad. Le gustaba la música, especialmente el pop persa, y tomaba clases de piano. Cantaba muy bien. Se vestía a la usanza moderna, con la pañoleta para el cabello un poco atrasada para poder lucirlo, y usaba jeans. Estaba aprendiendo turco porque quería convertirse en guía de turismo y llevar grupos a la ciudad milenaria de Estambul. El mundo la fascinaba y, como pudo, se pagó viajes al extranjero: Turquía, obviamente, Dubai, Tailandia.

Pertenecer al siglo XXI no impedía que Neda valorara la tradición musulmana de su gente. Estudiaba filosofía islámica en la Universidad Azadi (Libertad), una institución privada. Tampoco se sentía ajena a los problemas que atravesaba su país.

Sus amigos han explicado cómo es que se sentía indignada por las mentiras y el fraude, por los ataques contra personas inocentes, los asesinatos. No era una activista. No tenía la vocación de organizar a los demás y promover acciones. Pero estaba consciente de la importancia de hacer una llamada a los demás, de levantar la voz para corregir los abusos y buscar la justicia.

Por eso trató de ir el sábado pasado, viva y bella, a la manifestación de protesta. Con su profesor de música, Hamid Panahi, y dos amigos más. Iba tarde y la combinación de la marcha con la incompetencia de las autoridades, que simplemente dejan desatendido el tráfico, generó un atasco que detuvo su marcha. Ella y Panahi salieron del coche un momento, para tomar el aire. Cuando Neda hablaba con alguien por teléfono, su plexo solar fue destrozado por una bala. Una sola. Disparada por un francotirador basiji. Uno de aquéllos que salieron a imponer la decisión del representante de Dios sobre la Tierra, de los que quieren llevar a la gente al cielo por la fuerza.

“Era una persona llena de alegría”, la describiría Panahi más tarde. “Era un rayo de luz. Me duele tanto. ¡Tenía tantas esperanzas por ella!”

La imagen tiene la baja definición de un teléfono móvil y las sacudidas de un videoasta amateur sorprendido por hechos demasiado veloces. Pero nos deja ver bien lo que pasa. Corremos con la cámara hacia donde está Neda en el suelo. Hay gritos, la gente está asustada y se acerca a ayudar. Ella no parece darse cuenta de lo que ocurre. O no lo cree. O ya casi se ha ido. Dice Panahi que ella musitó “me estoy quemando, me estoy quemando”. Él y un médico presente tratan de tapar la herida con las manos. La sangre ya sale por la boca y la nariz. Otro hombre llega y toma su cabeza, entre lamentos, no quiere dejarla. “No tengas miedo”.

¿Miedo a qué? ¿Qué hay del otro lado?

Tal vez una voz. Una llamada.

Neda fue asesinada un día después de que el ayatolá Ali Khamenei saliera a convalidar el fraude electoral, y a ordenar la ofensiva de represión que segó la vida de la joven. Él no entiende de los cambios sociales ni tecnológicos, pero ahora un extraño milpiés de bits y bytes le ha dado la vuelta al mundo con las últimas imágenes de Neda. En Irán, todos estos autodesignados defensores de Dios actúan con mezquindad suprema: así como el gran líder negó las condolencias el viernes, así como han llamado terroristas a quienes ellos mismos mataron el sábado –Neda es una–, ahora pusieron a sus vergonzosos amanuenses a escribir insultos contra Neda en Twitter y YouTube, y aseguran que el video es un montaje.

Peor todavía: a la familia le prohibieron celebrar un funeral y le exigieron retirar los tradicionales carteles de duelo en su casa. Tuvieron que enterrarla en secreto y bajo vigilancia. Porque el ayatolá puede no tener idea de en qué clase de mundo vivimos ahora, pero sabe bien del poder de transformación política que tienen los muertos –los mártires—en la tradición islámica chií.

Lo sabe porque él lo ha aprovechado antes. Como en 1978, con el ayatolá Khomeini, cuando los días de duelo (el tercero, el séptimo, el cuadragésimo) por los estudiantes asesinados por otro tirano, el shah de entonces, sirvieron para catalizar la revolución que creó la presente República Islámica. La Revolución que está devorando a sus hijos.

Al menos, la desaparición física –y renacimiento simbólico– de Neda va a ayudar a transmitir un mensaje que tantos jóvenes iraníes piden a los periodistas enviar: No somos terroristas. No somos fanáticos. Somos chicos normales, nos gustan la música y los viajes y aprender idiomas. Somos amigables y tenemos un gran sentido de la hospitalidad. Los religiosos megalómanos que nos gobiernan no nos representan. Hablamos por la voz de Neda. Hacemos la llamada de Neda.

 

NOTA ACLARATORIA: La difusión de este video sangriento ha generado dudas éticas en muchas personas, que lo ven como innecesario. Desde dentro de Irán, la perspectiva es muy diferente. Está en marcha un descarado aplastamiento mediático contra la oposición. Muchas veces al día, la televisión presenta a los muertos del sábado (Neda es una de ellos, pero su nombre no existe para la tele) como terroristas armados. Varias veces al día, sacan “confesiones” de chicos que dicen que tenían armas, que robaban, que ni siquiera fueron a votar, que protestan porque se inspiraron en las mentiras de los medios extranjeros.

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Imágenes del Salvaje Oeste Chino

Posted on 8 abril, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Kashgar, Xinjiang, China.

 

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Los arbustos del desierto del Taklamakan son ajenos a él: con ellos, cables y redes, los ingenieros tratan de impedir que la arena devore la delgada carretera que lo cruza.

 

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Los autobuses cubren hoy en 24 horas lo que las antiguas caravanas recorrían en uno o dos meses.

 

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Esta técnica, en la que se coloca un delgado papel sobre una estela para reproducir su contenido, es el antecedente de la imprenta. Xi’an, Shaanxi.

 

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En los monasterios budistas, la modernidad se cuelga, pero llega. Kumbum, Qinghai.

 

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La Gran Muralla serpentea por los terrenos más inhóspitos, incluidos desiertos y  montañas. Jiayuguan, Gansu.

 

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Dunas de Dunhuang.

 

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Las esculturas de las cuevas de Mogao representan un momento climático del arte budista y de la humanidad.

 

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Ninguno de nosotros había caminado antes sobre un lago helado (aunque Alessandro y Yann vienen de los Alpes) y nunca se nos quitó la sensación de que algo se podría romper. Tian Chi, Xinjiang.

 

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Murmullos que no escuché pero que imaginaba haciendo eco entre las ruinas de Jiaohe (Xinjiang).

 

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Las miradas siempre son inquietantes… (taller de tapetes, Hotan, Xinjiang.)

 

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…aunque sólo nos mire un ojo…

 

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…o estén tras la carne… (bazaar de Hotan)

 

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…o tengas los ojos de muchas personas sobre ti…

 

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Mujer kirguís en el lago Kara, en la cordillera del Karakoram.

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Fantasmas de Asia Central

Posted on 3 abril, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Urumqi, Xinjiang, China.

 Si Juan Rulfo hubiera sido uigur, su obra Pedro Páramo hubiese tenido por escenario el desértico Jiaohe: no es que las arideces de Xinjiang sean idénticas a las del sur de Jalisco, pero en algo las recuerdan y aún bajo el sol más brillante y salvaje, entre las ruinas adoloridas de esta ciudad deshabitada por 600 años parecen asomarse sombras de murmullos, lamentos que tienen forma pero no densidad, antiguas tristezas encerradas en habitaciones abiertas cuya salida al desahogo nunca supieron encontrar.

Jiaohe. Mi galería de fotos de Jiaohe y Turfan está aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157616228670684/show/

Jiaohe. Mi galería de fotos de Jiaohe y Turfan está aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157616228670684/show/

 

Esto ya es Asia Central, la gran porción continental siempre disputada por pueblos nómadas y por los chinos, hoy bajo control de estos últimos. Es una región trágica del mundo, donde la tranquilidad siempre fue pasajera y la prosperidad se pagaba de manera terrible: después de un milenio de existencia continua, Jiaohe fue barrida por los mongoles. Quedaron allí sus casas, templos, monasterios y edificios administrativos –semiderruidos– para que en el siglo XXI pudiéramos pasear entre ellos, por sus secas callejuelas, preguntándonos cómo habrá sido su vida cotidiana, cómo podían sobrevivir con temperaturas que alcanzan 45 grados en verano y menos 45 grados en invierno, sin tierras de cultivo, sin agua…

Pero entonces descubrimos el secreto –casi caemos por él–, nada oculto, más bien ancho y abrupto: los fundadores de Jiaohe la construyeron en un sitio estratégico por sus posibilidades de defensa militar y por su capacidad de sostener una población sedentaria, en una meseta. Pero no es como las que embellecen el norte de México y el sudoeste de Estados Unidos, también aprovechadas por las culturas de aquellas regiones: en realidad, alguna vez todo esto fue una planicie, abierta como por tajos de cimitarra. Dos ríos por los que baja el agua de las montañas horadaron pacientemente por siglos hasta formar dos cañones alrededor de lo que eventualmente se convirtió en la meseta de Jiaohe y cuyas paredes se alzan unos 60 metros, como una fortaleza. Abajo, junto a la corriente, están las plantaciones que le dieron viabilidad al pueblo, entre los siglos IV y XIV.

Uno de los cañones cultivados de Jiaohe

Uno de los cañones cultivados de Jiaohe

 

Jiaohe está a 9 kilómetros de Turfan, una ciudad como tantas en China, atrapada entre una modernización desordenada y violenta, impulsada por la etnia dominante en el país –los han–, y las zonas donde lo bello y tradicional se conjunta con el atraso económico y el conservadurismo islámico, las de la cultura en resistencia de los uigures. A 150 metros bajo el nivel del mar, Turfan es la segunda depresión más profunda del planeta, después del Mar Muerto.

Aquí, sin embargo, los uigures todavía son mayoría. Ocurre lo contrario en la capital de la provincia, Urumqi, donde los han ya superaron a todas las demás etnias (en total, el gobierno reconoce 13 “nacionalidades” en Xinjiang, incluidos también kazajos, tayikos y kirguises). Los uigures habitan las partes más interesantes y empobrecidas, en tanto que los han viven en barrios más modernos, un poquito más limpios e idénticos a los de tantas ciudades del resto del país.

Nevada en Urumqi

Nevada en Urumqi

 

No es un sitio donde uno se quedaría mucho tiempo: sirve para hacer conexiones de transporte, extender la visa china u obtener las de Kirguistán y Kazajastán en los consulados de esos países. A sólo 12 horas de Urumqi (lo cual es poco para las dimensiones de China), está la frontera con los países del Asia Central hoy independiente, que antes era soviética y que no se ha desprendido de muchos de los rasgos burocráticos, ineficientes y autoritarios de ese régimen desaparecido.

Fuera del Sudeste de Asia, que es una región en general amigable y sencilla para los visitantes, el resto del continente es una pesadilla logística: fronteras, aduanas, visas, requisitos, extorsión oficializada, extorsión amateur, en fin. Y esto provocó el primer inconveniente de importancia en mi viaje.

Todos esos países con apellido “stan” (Tayikistán, Uzbekistán, Kirguistán, Kazajastán y Turkmenistán) y otros, establecen como requisito para otorgar la visa que una compañía local le dé al solicitante una “carta de invitación” (LOI, en inglés), que no es más que forzar al viajero a pagar por el control paranoico que el gobierno quiere tener sobre él: hay que decir en qué consulado la va a pedir, cuándo va a entrar uno al país, por qué lugar, qué sitios visitará y cuándo y por dónde saldrá, entre otros muchos datos. Gracias a la internet, se puede obtener online, pero hay que pagar unos 40 dólares por cada LOI (además de los 50 a 140 que puede costar la visa). Y esperar: oficialmente, entre 10 y 14 días. Pero conmigo, los tayikos se tardaron seis semanas.

Originalmente, yo había pensado iniciar mi viaje en abril. Pero el 21 de marzo se celebra el Navruz, el año nuevo persa, que es la festividad más importante de Asia Central, y lo más espectacular ocurre en Tayikistán. A mí se me metió entre los ojos que quería presenciarlo y adelanté un mes la salida, recorrí China como rayo para llegar a Urumqi, de donde sale un vuelo a Dushanbe, capital de Tayikistán, sólo dos veces por semana: miércoles y sábado. Pensé tomar el del sábado 14 de marzo para tener tiempo de ubicarme en Tayikistán antes del evento. Pero los tayikos sólo autorizaron la LOI el viernes 20 de marzo por la noche, cuando ya era imposible comprar el boleto aéreo para el 21.

El camino a Tian Chi.

El camino a Tian Chi.

 

Las consecuencias fueron pésimas porque, con tantos requisitos, yo había pasado semanas planeando al detalle cada movimiento y las LOI para los demás países de mi recorrido estaba cuidadosamente sincronizadas: obtener visa en ciudad X, entrar tal día, pasar por aquí, conseguir otra visa en ese país para el siguiente, salir por acá, tal día, etcétera. Obviamente, la negligencia de un burócrata tayiko, que puede haber tenido mi LOI cinco semanas en un cajón esperando que dejara de perder el tiempo y la firmara, destrozó el mecanismo de relojería que era mi itinerario, y me hizo perder además las LOI de los demás países, que no permiten modificaciones: si no la puedes obtener en el consulado que dijiste, o cambiaron tus fechas o rutas, a pedir otra y pagar de nuevo, colega.

Así pasé casi dos semanas en Urumqi, donde no pensaba estar más de una o dos noches, haciendo esfuerzos para reconstruir el viaje y gastando dinero. Al final, he debido dejar fuera Tayikistán (_______ -ése es el espacio para garabatear lo que pienso de ese país) y Pakistán. Y ya de paso, estoy tratando de crear no sólo un plan B para cuando vuelva a ocurrir algo parecido, sino C, D, E y todo el alfabeto.

Yann, Alessandro y Daniel caminan sobre el lago congelado de Tian Chi. Mi galería de fotos está aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157616136903621/show/

Yann, Alessandro y Daniel caminan sobre el lago congelado de Tian Chi. Mi galería de fotos está aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157616136903621/show/

 

Esto tuvo un lado positivo, no obstante: a través de Facebook, contacté con Alessandro, un chico italiano que estudia mandarín en Urumqi, y él me presentó a sus amigos, todos muy simpáticos y con proyectos interesantes que los tienen en esta región del mundo. Con ellos fui a Tian Chi, un lago congelado (nunca había caminado sobre hielo) de la fabulosa cordillera del Tian Shan (montañas celestiales). Y en mi hostal (¡por fin, un sitio con gente agradable y amistosa con la que puedo comunicarme!), conocí a José Luis, un madrileño genial que viene a documentar en fotografías la vida de los kazajos nómadas (no quedan muchos).

Lamento no haber podido ir al Navruz, pero no pasé mal el tiempo. Ahora escribo desde Kashgar, en el sur de Xinjiang, una parte del itinerario que estaba planeada para mayo (iba a regresar a China) pero ahora la he tenido que adelantar. En muchos aspectos, esto es como regresar al siglo XVIII. Es una historia que contaré más adelante. Por el momento, les dejo a ustedes mis galerías de fotos, de acalorados pueblos fantasma y gélidos lagos en las montañas.

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Jiayuguan y Dunhuang: Un Caballo Celestial

Posted on 26 marzo, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Dunhuang, Gansu, China.

Hace más de dos mil años, en algún momento entre 120 y 113 antes de Cristo, un caballo excepcional, de belleza extraña y maravillosa, emergió de un pequeño lago de un solo salto y se puso a disposición de un hombre. El sitio, por sí solo ya era extraordinario: impresionantes macizos de dunas, que se elevaban 300 y 400 metros, súbitamente se abrían para permitir que esa bella laguna, llamada Wuwa, existiera. ¿Cómo era que no se dejaban mover por el viento para sepultarla y borrar toda huella?

El hombre era Bao Lizhang, un funcionario del gobierno chino que corrió la suerte de los exiliados: una falta o un error habían servido para que lo condenaran a servir en tierras salvajes, en los límites occidentales del imperio. Muchos como él, al cruzar la última puerta del fuerte del paso Jiayuguan, tras la cual se encontraba lo incierto y lo inhóspito, arrojaban entre lamentos una piedrecilla contra la pared: si no rebotaba de regreso, su viaje estaba destinado a terminar en tragedia.

Gran Muralla en Jiayuguan. Galería de fotos de Jiayuguan aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157615022967457/show/

Gran Muralla en Jiayuguan. Galería de fotos de Jiayuguan aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157615022967457/show/

 Cuando vemos el mapa de China, nos parece un territorio macizo, bien concentrado, estático por siglos. Pero en realidad, la China milenaria está en el este del país, entre Xi’an, Beijing y Hangzhou. Lo demás son conquistas: Sichuan, el sur, Manchuria. Y hacia el oeste, el Tíbet y la provincia de Xinjiang. En particular este último: al observar sus transformaciones a lo largo de la historia, ese mapa de China se ha extendido sobre los “territorios del oeste”, como eran conocidos, y los ha abandonado muchas veces, como saldo de las guerras y a la manera de un hombre que infla y desinfla una bota de vino.

El punto de comunicación entre Xinjiang y China, como la boquilla de la bota, es un largo corredor llamado Hexi, la salida más viable hacia occidente porque al sur se alza la gélida meseta del Tíbet y al norte, se extiende el infame desierto de Gobi. Una serie de oasis permitían subsistir a quienes avanzaban por el corredor. Y el punto clave, donde era más estrecho, era el paso Jiayuguan, que en los mitos chinos tiene una connotación parecida a la de Siberia en tiempos de Stalin: al régimen le urgía colonizar esas zonas para afirmar su control y para ello enviaba a sus súbditos al exilio: criminales, en principio, pero también funcionarios de bajo rango como Bao Lizhang, fugitivos, mercaderes. Su misión era convertirse en campesinos que produjeran alimentos para mantener a las guarniciones militares. Como el corredor de Hexi (hoy convertido en provincia de Gansu) semeja también una larga garganta, la expulsión era llamada kow wai o “sin la boca”, que representa la noción de que China los estaba escupiendo.

El fuerte está ahí, como nuevo. Su poderosa solidez me impresionó cuando lo vi desde la orilla opuesta de un lago congelado. Sus murallas son gruesas y uno no acaba de llegar nunca a los edificios principales, pasa una puerta y otra y otra, porque los arquitectos crearon espacios ciegos donde encerrar al enemigo cuando éste pensara que había vencido un nuevo muro. Tres altas torres permiten controlar el escenario. En la última puerta solía haber inscripciones de exiliados que lamentaban su suerte. Y a cada lado, norte y sur, salen los últimos extremos de la Gran Muralla china, destinados a bloquear el paso, forzar a los viajeros a someterse a la inspección en el fuerte y asegurarse de que nadie pretenda invadir el territorio.

Unos kilómetros más al norte, otra sección de la Gran Muralla está restaurada. La inmensa mayoría de las personas que la han visitado, lo hicieron en su parte más cercana a Beijing, junto con grupos inmensos de turistas que recorren sus anchos pasillos superiores, en donde pelotones enteros podían concentrarse para contener los ataques. Aquí, en donde termina esa obra construida y reconstruida durante siglos, es mucho más estrecha, su anchura admite a no más de dos personas juntas, y sube precipitadamente hacia las montañas. Subí y llegué exhausto a la primera cima, imaginando a los soldados que corrían arriba y abajo en el afán de contener a los invasores, que se protegían de las flechas y tropezaban unos con otros para desplomarse en caídas mortales.

El oasis de Jiayuguan termina ahí, con claridad: las tierras cultivadas a un lado, la aridez de Gobi por el otro, incapaz de admitir un arbusto, una raíz. Los restauradores colocaron aquí la réplica de una caravana de la Ruta de la Seda en tamaño real: camellos, mercaderes, servidumbre. Los hombres que deben haber sentido temor al abandonar la seguridad de China y cruzar el paso rumbo a territorios salvajes: para ellos, la Gran Muralla y el fuerte debe haberles despertado la angustia, también. Pero en el sentido inverso, tras haber superado el desierto y escapado de los nómadas, ver levantarse de entre la arena el perfil de los muros y de las torres debe haberles causado una enorme sensación de alivio y alegría, lo peor estaba por terminar.

A ocho horas en autobús desde Jiayuguan, o a semanas de viaje para las antiguas caravanas, hay otro oasis, el de Dunhuang. Este sitio es la base para visitar uno de los atractivos más importantes de China, que por la distancia no es suficientemente conocido: Mogao Ku, o cuevas de Mogao, uno de los puntos climáticos en la historia artística de la humanidad. Son llamadas también “cuevas de los mil budas”: a lo largo de mil años, entre los siglos IV y XIV, humildes monjes esculpieron, labraron o pintaron imágenes religiosas. La aridez, el frío, la resistencia budista y la suerte preservaron medio millar de cuevas del tiempo y las persecuciones imperiales (además de los rusos blancos: tras su derrota a manos de los soviéticos en la guerra civil rusa, a principios de los años 1920, muchos de ellos escaparon a china y las cuevas fueron usadas como cárcel para ellos, que destrozaron muchas obras de arte). El trabajo sostenido a lo largo de tanto tiempo dejó estatuas y pinturas con diversas influencias artísticas: greco-budistas (lo griego llegó hasta acá a raíz de que Alejandro Magno y sus tropas invadieron territorios de Asia Central, del otro lado de los grandes desiertos), chinas y mongol-lamaístas, que se mezclaron gradualmente.

Con el objeto de evitar sus deterioro, no hay iluminación artificial (ni se pueden tomar fotos) y las visitas son forzosamente guiadas. Así, a media luz, uno puede darle una ojeada a la vida en estos territorios de frontera, de reyes y ricos donantes (que financiaban a los monjes para aparecer en las escenas), grupos étnicos de todos los países centroasiáticos, mercaderes, peregrinos, bandidos, caravanas, los dos parísos del budismo mahayana, occidental y oriental, y feitian o apsaras, que son seres divinos que vuelan a lo largo del cielo budista.

Ya era marzo y las temperaturas seguían bajo cero, el arroyo cercano estaba congelado. ¿Cómo podían sobrevivir estos humildes monjes de hace mil años en túnica, que vivían en gélidas cuevas y estaban dedicados exclusivamente a multiplicar por millares las imágenes de Buda? La guía dijo que en febrero es normal estar 20 grados bajo cero.

Del otro lado de Dunhuang, fui a buscar el lago de la Luna Creciente. Me quedé maravillado desde mucho antes de llegar: al final de la carretera, se levantaban dunas gigantescas, como no había visto antes. Brillaban en el sol del atardecer, en parte doradas y en parte blancas y cegadoras, porque en la mañana había nevado y persistía la capa helada. Me subí a un camello para recorrerlas, llegué hasta la cima de una de ellas, pero era sólo la primera: otras mucho más altas se extendían hacia el horizonte.

 Dunas de Dunhuang. Galería de fotos aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157615062431247/show/

Dunas de Dunhuang. Galería de fotos aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157615062431247/show/

Después caminé hacia el lago, al lado del cual se levantan algunos edificios tradicionales. Parece una media luna, en efecto. Y alrededor, las enormes dunas. La existencia de este lago, llamado Wuwa miles de años atrás, parece efectivamente sobrenatural: ¿por qué se abren aquí las poderosas dunas, empinadas y difíciles de escalar, qué ha impedido por tanto tiempo que avance sólo un poco y lo hagan desaparecer? Invaden campos de cultivo, acaban con pueblos, cambian de forma y posición durante la noche y sorprenden a las personas en la mañana… pero el lago sigue ahí.

La tarea del exiliado Bao Lizhang era cuidar Wuwa para que los caballos salvajes pudieran beber. Un día observó a ese caballo portentoso. Para poder acercarse a él, creó una figura humana de barro que vistió con sus ropas y le colocó un lazo en las manos. Al principio, el animal receló, pero tras varias semanas se acostumbró. Cuando Bao lo estimó prudente, se colocó en lugar de la estatua, con esas ropas y el lazo, y sorprendió al caballo. Después lo domó y se lo ofreció al emperador.

Bao esperaba conseguir con esto que le quitaran el castigo y poder atravesar el fuerte del paso Jiayuguan de regreso a su hogar en China. Para asegurarse de que esto ocurrieran, planeó asociar al caballo con un evento divino y auspicioso e inventó la historia del salto fuera del lago. El emperador, que tenía una debilidad por las manifestaciones de lo sobrenatural y había bañado en regalos a un mago que no había hecho nada más que engañarlo, interpretó el cuento como un regalo de dios, un favor personal de la divinidad, y escribió una oda llamada “Canción del Caballo Celestial”. Bao Lizhang pudo volver a casa.

Wuwa, hoy lago de la Luna Creciente.

Wuwa, hoy lago de la Luna Creciente.

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Buda, Echame una Lengua!

Posted on 19 marzo, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Jiayuguan, Gansu, China

 

El occidente de China está mucho menos modernizado que las zonas costeras del oriente. Cuando llegué a Xining, capital de Qinghai, en el norte de la meseta tibetana, además del intenso frío, me estremeció comprobar que estaba profundamente solo, rodeado de gente: no encontré una sola persona que hablara inglés y mis habilidades con el mandarín y el tibetano estaban como la temperatura, bajo cero.

 

Esta ciudad fue mi base para ir al monasterio de Kumbum, donde pasó su infancia Tenzin Gyatso, el dalai lama (quien nació cerca de aquí). Fundado en 1560, este gran complejo de templos, edificios residenciales y administrativos es el principal centro de peregrinación fuera de Lhasa, la capital del Tíbet. Sólo habíamos otro extranjero y yo. Además de visitantes chinos urbanos, que lucían gafas de sol Armani, bolsos Louis Vuitton y abrigos de piel; de campesinos tibetanos con trajes tradicionales de ásperas lanas negras y telas ligeras de tonos vivos (en sus rostros estaban bien marcados los rasgos de la exposición al frío viento de la alta montaña, mientras que los de los citadinos parecían cuidados con cremas faciales; éstos rezaban con compostura y de pie, aquellos repetían infinitamente un procedimiento de alzar las manos con las palmas unidas, inclinar la espalda, tirarse al piso y golpearlo con las manos); y monjes, muchos jóvenes y algunos mayores, protegidos de la helada por ligeras túnicas de colores rojo oscuro y amarillo.

 

El templo principal del monasterio es más grande, su techo es completamente dorado, destaca desde que uno entra al complejo y es el más popular. Frente a él había docenas de personas. Un joven tibetano de rasgos marcados y cabello largo y negro, vestido a la usanza occidental, realizaba las exhaustivas postraciones que demanda la religión. Familias completas hacían lo mismo, incluidas preciosas niñitas de tres o cuatro años. Otros sostenían collares de cuentas, como rosarios, mientras daban interminablemente vueltas al edificio. Hacer girar cilindros de buenos auspicios divertía a grupos de escolares dirigidos por dos o tres adultos. Pero ellos se cuidaban de interrumpir a quienes estaban en oración, al contrario de los budistas Hugo Boss, que llegaban y se iban en manadas saltando entre los devotos postrados.

 

Los riachuelos y las fuentes de agua no se descongelaban, pero algunas personas se echaban en la sombra, sobre el suelo helado. Cuando vi un espacio en una pequeña banca al sol, no lo desaproveché. Me recibió el rostro amable de una mujer mayor que estaba sentada a un lado y me dijo algo. Respondí con el gesto que en China practico más o menos cien veces al día, levantar los hombros y sonreír con cara de inútil. Ella me siguió hablando hasta que un joven monje, que había estado circunnavegando el templo, también quiso buscar el calor de la luz y se acomodó en medio de nosotros. Los dos intercambiaron frases por unos minutos. Me di cuenta de que ambos tenían la misma actitud que yo, hombros levantados y sonrisa inútil… ¡no se comprendían! ¿Podría ser que la señora hablase tibetano y el chico, mandarín? ¿O uigur? ¿O manejaban dos dialectos del tibetano mutuamente ininteligibles? De algún lugar de su túnica, el monje sacó un tosco lápiz, un pedazo de papel y una campanita, y empezó a escribir algo. Se lo mostró a la mujer, hizo sonar la campanita y ella soltó una breve carcajada. Hizo otra anotación, volvió a hacer tin tin y la dama rio más fuerte. Entonces se volteó hacia mí, me enseñó sus trazos con mirada bondadosa, y agitó la campanita. Pero yo sólo pude ver caracteres chinos que se negaron a revelarme el secreto de la risa. Levanté los hombros y sonreí como inútil.

 

Al llegar a esta zona, ingresé en el reino de la incomunicación. Hay personas que son muy simpáticas y tratan de ayudarme a pesar de la barrera idiomática. Otras muestran molestia por tener que tratar con un bárbaro que no habla la lengua común. En varias ocasiones, al descubrir que no entiendo lo que dice, mi interlocutor recurre a anotar el asunto, como el nombre de un lugar o las instrucciones para llegar a un sitio. Una chica me escribió una larga pregunta. Todo en caracteres chinos. Mi primera reacción fue: ¿qué no se dan cuenta de que no entiendo mandarín? La segunda: ¿no saben que el resto del mundo no usa estos ideogramas?

Pero la escena del monje y la señora me dio la clave de algo más. Las películas chinas en la tele están subtituladas con caracteres chinos. ¿Para qué? ¿Para los sordos? En realidad, en un país de 1,300 millones de habitantes, la unidad lingüística es frágil. La televisión utiliza el dialecto mandarín que se usa en Beijing y es incomprensible en otras regiones del país, donde hay variantes muy distintas. Y existen más idiomas, como el cantonés y los de las minorías étnicas: tibetano, uigur, miao y más. Para todos los chinos, sin embargo, los ideogramas tienen un mismo significado. No son fonéticos, es decir, no representan sonidos, sino ideas (como “casa” o “sol naciente”) que se pueden pronunciar de cualquier forma (por eso suena raro llamarlo “alfabeto” o “abecedario”, que es algo propio de lenguas occidentales que tienen alfa, beta, C y D). El tibetano y el uigur tienen grafías propias, pero todos los niños aprenden a usar los ideogramas. Por eso, cuando alguien se topa con una persona que no comprende lo que se le dice, lo natural es escribírselo en chino (aunque siguen sin darse cuenta de que los demás no los usamos).

 

Por fortuna para mí y el resto de los viajeros, China ha adoptado los números arábigos. Durante la época de Mao, el gobierno trató infructuosamente de abandonar los caracteres antiguos y reemplazarlos por un alfabeto basado en el latino, el pinyin, que sólo prevaleció como forma oficial de romanización del mandarín (por eso, Beijing no es más Pekín y Guanzhou ya no es Cantón). Lo único que la gente conservó fueron los números arábigos: no sólo es más práctico hacer cuentas con esos trazos simples que con los complejos gráficos tradicionales, sino que, a fin de cuentas, esos números se adaptaban muy bien a la mentalidad china por, a fin de cuentas, también son ideogramas: en Occidente, uno ve un 4 y puede pronunciarlo como se le antoje, quattro, vier o four, pero al final todos entendemos bien qué es. Y así los visitantes podemos al menos captar cuál es el precio de las cosas o a qué hora tenemos que correr para que no nos deje el tren.

 

Yo estaba sentado ahí, con el monje, su papel y su campanita. Él seguía haciendo tilín tilín en busca de mi risa. Se la di lo mejor que pude, me sentí falso, pero él pareció darse por satisfecho. Me dio gusto descubrir la respuesta al enigma. Pero comprendí que, ante los ojos de la gente menos educada, no sólo soy un bárbaro que habla cosas sin sentido, sino un iliterato incapaz de leer la escritura común. Y me dieron ganas de sumarme a los devotos que realizaban postraciones, o de darle unas mil vueltas al templo: por esta vez, mis razonamientos no me prodigaban ningún consuelo. Mejor pedírselo al Buda.

 



 

Kumbum

FOTO: Tibetanos llevan a un pariente al templo de un bodisatva (equivalente budista de un santo).

 

***

 

Breve paréntesis político:

 

El día que me salí de Xining rumbo a la ciudad de Lanzhou, en la provincia de Gansu, y retomar la vertiente principal de la Ruta de la Seda (Xining fue un bracito de la misma, en el camino a Golmud, desde donde se seguía hacia Khotan, la vía meridional de la Ruta, por la parte sur del Taklamakan),  en la estación había tres filtros de policías que tuve que cruzar, algo que no había visto antes. Todos me pidieron mostrarles el boleto. En el último me detuvieron a pesar de que mi documento indicaba claramente que iba al norte, a Lanzhou: querían asegurarse de que no iba a tomar el tren al sur, rumbo a Golmud y luego Lhasa, capital del Tíbet.

 

Cada mes de marzo es trágico en esa región “autónoma”. El 10 de marzo de 1959, nueve años después de que China invadió el Tíbet, se produjo un alzamiento popular que terminó con una sangrienta represión. Cada vez que los tibetanos salen a las calles para protestar por aquella matanza, los atacan las autoridades, hay encarcelados, a veces muertos y así, nuevos motivos para protestar en marzo.

 

Ahora era 8 de marzo y el gobierno no quería extranjeros en Tíbet. Una amiga me escribió en Facebook que tuviera cuidado, pues estaban deteniendo periodistas allá. Los policías de la estación pusieron a un guardia que me siguió a distancia hasta que subí al tren a Lanzhou. Me despedí de él con un gesto.

 

Siento que la situación en Tíbet no tiene esperanza. Su población es de 5 millones de habitantes y enfrenta un monstruo de 1,300 millones de habitantes, que además ha convencido a todos los ciudadanos de que el Tíbet es legítimamente chino y que además ser parte de China es lo mejor que les puede pasar a los tibetanos, ya que se acabó con el sistema de servidumbre feudal. En esto tienen razón: hasta la imposición del comunismo, en Tíbet persistían formas de trabajo similares a la esclavitud. Pero lo que hace China en Tíbet no es una liberación, sino una remodelación demográfica y cultural. La línea de tren por la que los policías no querían que yo viajara, que conecta Golmud con Lhasa, fue terminada apenas en 2006, cuando yo estaba en Yangshuo, en la provincia de Guanxi. Todos los días nos bombardeaban con mensajes televisivos, presumiendo lo que fue un éxito de ingeniería casi milagroso: la primera línea que atraviesa zonas de permafrost. Y celebraban que así, finalmente, el país quedaba plena y fácilmente comunicado por tren. Organizaciones vinculadas al Tíbet hicieron notar, sin embargo, que la consecuencia demográfica de esto iba a ser una mayor migración de chinos de la etnia han, la dominante en el país (92% de la población), que eventualmente convertirán en minoría a los tibetanos. La “hanización” del Tíbet, su homogeneización cultural con el resto de China, es un pilar de la estrategia gubernamental para asegurarse de que la región no se escape más de su control político.

 

El año pasado, por estas fechas y con vistas a los Juegos Olímpicos, miles de tibetanos lanzaron motines contra habitantes de etnia han, contra sus comercios y negocios, y asesinaron a algunos. Después vino la represión. El dalai lama insiste todavía en que la violencia es la vía equivocada y sigue proponiendo su “tercer camino”, ni la independencia (que sabe bien que nunca será concedida) ni la situación actual de indefensión de los tibetanos, sino una autonomía real (y no formal) dentro de China. Para hacer relaciones públicas y quedar bien en el extranjero, Beijing hace como que se sienta a negociar con el dalai lama. Todos saben que no va a conceder nada, jamás, pues no hay ninguna presión considerable que le haga sentir que hay que hacerlo. El año pasado, varios países europeos hicieron gestos diplomáticos que indican que no quieren más problemas con China por el Tíbet y que aceptan en status quo. Los jóvenes tibetanos, por su lado, manifiestan su cansancio y convicción de que las tácticas pacifistas del dalai lama no van a llevar a ningún lado y se inclinan por acciones violentas, lo que, a todas luces, sólo va a provocar más sufrimiento para su pueblo. El propio dalai lama muestra signos de desesperación: en su discurso de este 10 de marzo, aunque repitió sus ofertas de amistad hacia Beijing, habló con amargura: dijo que los tibetanos “viven con miedo constante, y las autoridades chinas los tratan como sospechosos todo el tiempo. El pueblo tibetano es visto como criminales que merecen la pena de muerte”.

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Regreso A La Gran Chang’an

Posted on 13 marzo, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , |

Por Témoris Grecko / Chang’an

En el octavo día del primer mes del año 645, la calle del Pájaro Rojo de Chang’an estaba repleta de gente. “Todos los monasterios competían entre sí para preparar sus mejores estandartes, tapetes, sombrillas, mesas preciosas y palanquines”, dejó escrito Hui Li, el cronista del suceso. Cantaban oraciones, quemaban incienso, soplaban conchas y sonaban címbalos. La gran procesión transcurrió lentamente, con 657 grandes libros, reliquias del Buda y siete imágenes de oro, plata y sándalo. “¡Es el evento más espléndido desde la muerte del Buda!”, dijo Hui Li. Y todo en honor de un humilde monje que 18 años antes había salido clandestinamente de esa misma ciudad, capital imperial de China, en violación del edicto del emperador, para emprender en solitario el peligrosísimo viaje a India.

Leí sobre la proeza de Xuanzang cuando estaba en ese último país. El personaje me fascinó: sabio y valiente, intrépido y sosegado. Y a través de él me sedujo Chang’an, hoy llamada Xi’an, toda una Nueva York del siglo VII: aunque se había marchado de un país destrozado por la guerra civil (habían perecido dos terceras partes de la población) y en desobediencia al emperador Taizong, que acababa de tomar el trono con sangre, Xuanzang fue recibido con gloria porque el monarca quería su ayuda para conquistar las regiones del oeste. Ya no había huellas del desastre: la primera impresión del monje debe haber sido la del carácter cosmopolita de esa urbe inmensa, cuya población era de un millón de habitantes, incluida una cuarta parte de ellos que había nacido en otros reinos, algo totalmente fuera de lo común en la historia china. “Desde tiempos antiguos, siempre nos hemos amado demasiado a nosotros mismos y despreciado a los extranjeros”, declaró Taizong ante sus oficiales. “Pero yo amo a unos y a otros por igual”. Un proverbio chino dice que el océano es vasto porque ha bebido todos los ríos. El emperador tenía confianza en que la influencia exterior sólo le daría más esplendor a la cultura china.

Chang’an era el inicio de la ruta de la seda, la conexión entre Oriente y Occidente, y todo el mundo quería estar allí. “Desde cada país de Asia, tan lejos como Siria, llegaba gente”, me dijo Vera Zhang, una guía de turistas con seriedad de historiadora. 

“Todos en busca de algo: los embajadores, de alianzas; los mercaderes, de fortuna; los misioneros, de conversos; los aventureros, de fama. Muchos se marchaban con historias de la sofisticación y la opulencia de Chang’an. Pero otros eran bienvenidos al servicio del emperador, que premiaba la aptitud y la lealtad. Cuando la corte sesionaba, todos los funcionarios vestían sus trajes nacionales”.

1400 años después, la calle del Pájaro Rojo, que era un boulevard de 150 metros de ancho, se ha encogido a la mitad, flanqueada por edificios de oficinas. En esa zona, la única huella de su antigua gloria es la Puerta del Pájaro Rojo, un arco que domina anacrónicamente el flujo de coches, autobuses y bicicletas en la hora pico. Aunque tiene un ambiente atractivo: las casas tradicionales han sido convertidas en tiendas de antigüedades, restaurantes y casas de té, como si fuera un set de cine. Esta impresión se hace más fuerte porque los encargados, que son en su mayoría ancianos vestidos con chaquetas típicas o camisas tipo Mao, se sientan en taburetes y a través de sus anteojos de arillo negro se pierden en periódicos que parece que les toma todo el día leer.

El cosmopolitismo de Chang’an también se expresó en sus riquezas espirituales. Hay templos que erigieron los cristianos nestorianos y los creyentes en Zoroastro, el fascinante mercado antiguo está presidido por una gran mezquita –muchos de los vendedores son musulmanes– y no falta un par de sinagogas, me hablaron de una monja francesa en un recinto taoísta y, por supuesto, tenía que visitar la soberbia Gran Pagoda del Ganso Salvaje, erigida por orden de Taizong para albergar los tesoros que había traído Xuanzang: los grandes libros contenían sutras, las enseñanzas del Buda, que en China eran conocidas mal y de segunda mano hasta que el monje arriesgó su vida para traerlas. Curiosamente, la pagoda está en la zona de la ciudad moderna, más allá de las sólidas murallas (de una anchura que va de 15 a 18 metros y una altura de 12: ¡era imposible abrirlas en brecha!) que encerraban la urbe original. Desde la cima de la pagoda, a 64 metros de altura, se podía ver toda Xi’an, pero ya no: en los alrededores crecen grandes bloques de apartamentos como matas fuera de control. La Pagoda preside sobre un gran complejo de templos y escuelas, y en la explanada que da acceso a él, hay una estatua del bravo monje.

La vez pasada que estuve en Xi’an era septiembre. Tengo mala suerte porque ahora en marzo, como entonces, predominaban los cielos grises y el clima frío. Además, esta vez, un anciano me echó de la Gran Mezquita (construido en los tiempos de Xuanzang, en 742, es un recinto magnífico, dividido en cinco patios con pabellones y salones, que mezcla los estilos chino e islámico) porque consideró que era irrespetuoso que yo hiciera fotos durante el servicio religioso del viernes. Yo tenía especial interés en volver a visitar el barrio mahometano de Xi’an porque sus habitantes, los hui, están especialmente ligados con la Ruta de la Seda: son comerciantes y descienden de quienes vinieron hace muchos siglos en las caravanas cargadas de productos, desde las regiones musulmanas de Asia. Xi’an es, de hecho, la puerta a la China musulmana, ésa que muchos no se imaginan que existe. A partir de aquí, y hasta el Mediterráneo, estaré en tierras donde se adora a Alá. Sólo haré una pausa en el monasterio budista de Taer Si, en Xining, en la meseta tibetana.

Con una amiga alemana, Elli, fuimos al museo del “Bosque de las Estelas”: miles de lozas grabadas con textos de todo tipo, desde históricos y filosóficas hasta documentos legales e inventarios, incluidos algunos escritos de Confucio y de Xuanzang. Me impresionó que se tratara de un museo de casi 1000 años de antigüedad, fue fundado en 1087. También visitamos el Museo de Historia de Shaanxi, la provincia de Xi’an. Esperaba que fuera más grande porque esta zona es el corazón de la China antigua, Chang’an fue su capital por centurias. De todos modos, tiene piezas magníficas, muchas desenterradas en el sitio de los guerreros de terracota. Visité el recinto que los alberga hace dos años y medio: 10,000 figuras de soldados (se cree que hay más sin descubrir) y caballos de arcilla en tamaño natural, que originalmente sostenían arcos, espadas y armaduras verdaderas. El hallazgo casual de estos ejércitos de lodo, por campesinos en 1976, es calificado por algunos como el mayor hito arqueológico del siglo XX. Tienen la inusual característica de que nos permiten ver cómo eran los hombres de clase baja de la época, cómo se vestían los guerreros de a pie, qué armas usaban, cuáles eran sus rasgos físicos. Normalmente, la información que nos llega de la antigüedad proviene de las tumbas y palacios de los monarcas, nobles y grandes sacerdotes; de los pobres, sólo quedan entierros sencillos y sus cuerpos y humildes ropajes están destinados a convertirse en tierra fértil.

Sin embargo, no dejó de hacerme sentir incómodo su historia: cientos de miles de personas se vieron afectadas de una u otra forma (muertes, hambre, enfermedades) por la cobardía de un déspota enfermo, el emperador Qin Shi Hung, un gran asesino que en tiempos de Xuanzang ya era una centenaria referencia de despotismo. Él mandó a hacer los guerreros hace 2000 años porque tenía miedo de lo que le pudiera ocurrir en su paso a la otra vida y creía que las figuras de terracota lo podían proteger. Como es natural, la gente guardó grandes rencores y en la primera rebelión, apenas muerto Qin, atacaron varias de las enormes tumbas. Los que nos presentan ahora son los sobrevivientes del motín, ocres e impávidos.

Chang'an

Pagoda del Gran Ganso Salvaje

Hacer click aquí para ver más fotos de Xi’an

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NOTAS PERSONALES (POR SI A ALGUIEN LE INTERESAN)

Me senté en la sala de espera, frente a la puerta por donde pasaría al avión. Y me di cuenta, de golpe: todavía me encontraba en México, en ese espacio tan familiar de demostradoras que ofrecen tequila frente a las tiendas de duty free y voces femeninas que anuncian vuelos a Chihuahua. Pero yo ya me sentía fuera. Me dio la impresión de que, súbitamente, había vuelto a ser el de casi dos años atrás, cuando regresé de mi primera vuelta al mundo. Sólo cinco minutos antes me había despedido de mis padres, de mi hermano, de mi amiga Brisa. Pero ya estaba otra vez muy solo, dependiente de mí mismo en este salto voluntario y de cabeza hacia el océano de otros pueblos, idiomas y alfabetos desconocidos, costumbres insospechadas y oficiales de migración. Solo, con mi hogar dentro de una mochila. Y demasiado peso en libros y equipo.

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El viaje fue muy bueno, aunque duró casi 24 horas en tres vuelos y dos escalas (Los Ángeles y Beijing), y además en Xi’an tuve un aterrizaje “suave”, ideal para aclimatarme a la nueva dinámica. De L.A. a Beijing, tuve una compañera muy agradable, una china que estudia en Texas, Yezi Jin, que se preocupó porque no traigo ropa adecuada para el frío invernal de su país. Compró un chocolate a bordo para que lo pueda comer si un día tengo hambre y frío. Imbuido de misticismo chino, lo consideré como un evento auspicioso. Después, en Xi’an llegué al hostal Siete Sabios (Qixian), donde me alojé cuando vine en septiembre de 2006. La gente se acordó de mí, de México, y me mostró una pared donde hay muchas fotos, varias de ellas con mi carota. Para coronar, coincidió que Elli, una encantadora chica alemana que conocí aquí en aquellos días, está de visita e hicimos varios paseos juntos. O sea que gran inicio.

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Asia-África 2009-2010: la Ruta de la Seda, el Nilo y el Congo

Posted on 2 marzo, 2009. Filed under: Témoris Grecko |

Haz clic en el mapa para verlo con detalle

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La Ruta de la Seda, Oriente Medio y el Nilo hasta los Grandes Lagos del Centro de África y el Congo: este lunes 2 de marzo inicio una segunda vuelta al mundo, con duración estimada de un año.

La primera parte del viaje será seguir la Ruta de la Seda, desde Xi’an (China) hasta Estambul y Jerusalén, por tierra siempre que sea posible. Atravesaré varios de los “stans” de Asia Central que antaño pertenecieron a la Unión Soviética, después Pakistán, Afganistán, Irán y los países del Cáucaso. De Estambul regreso a Siria, Jordania, Líbano e Israel.

Durante 1800 años, la Ruta de la Seda fue la vía de comunicación más importante de la humanidad, entre China y el Mediterráneo. Aunque el nombre sugiere que lo que se movía a través de ella solamente era la seda y otros productos, de hecho se transportaban invenciones e ideas. Alejandro Magno, Gengis Khan, Ibn Batutta, Marco Polo, Xuan Zang: guerreros, monjes, mercaderes, exploradores y diplomáticos se encargaban de ello. Ciudades fascinantes que para los europeos parecían un mito, grandes sucesos militares y políticos, aventuras, romances y traiciones: éste fue el escenario fabuloso de eventos nunca bien conocidos en Occidente. Hoy, la ruta está sumamente dividida. El caos de la implosión del imperio soviético, las guerras en Afganistán e Irak, la animadversión entre vecinos, rebeliones civiles y religiosas, fronteras caóticas y mal trazadas, pésima infraestructura de transporte, una locura burocrática para obtener visas: recorrerla hoy no sólo es buscar las huellas del pasado, sino experimentar la fragmentación política y cultural del presente.

No conozco registros literarios de latinoamericanos que la hayan emprendido.

Desde ahí seguiré el Nilo hasta los Grandes Lagos, pasando por Egipto, Sudán, Etiopía, Kenia, Uganda y Ruanda. Hasta el momento, el itinerario sólo llega al Congo (RD), donde iré a las reservas de gorilas de montaña. Después, ya se verá.

Para poder estar en contacto con ustedes, estaré publicando posts sobre la aventura aquí, en Mundo Abierto. También habrá algunos otros contenidos que reuniré en mi blog personal. Y además los invito a suscribirse también al grupo que abrí en Facebook.

Por lo pronto, les dejo los audios del programa de Fernando Rivera Calderón, La Noche W, del martes 24 de febrero, donde  conversamos sobre este proyecto.

Parte uno

Parte dos

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