México a lo lejos

Posted on 24 septiembre, 2008. Filed under: Yaotzin Botello -Berlín | Etiquetas: , , , , , |

Por Yaotzin Botello / Berlín

Todos los que leemos o colaboramos en este blog estamos en una ciudad, como visitantes, residentes o nativos, y siempre que llega el momento de contestar la pregunta ¿cómo es la ciudad donde vives? cada quien da diferentes respuestas, cada quien habla dependiendo de su experiencia.

En Berlín me pasa lo mismo: una ciudad con cicatriz de Guerra Fría, con huellas nazistas, de reconstrucción disneylandesca, de palacios, con gente muy creativa, con playas en un río, a punto de irse a la quiebra, con movimientos ecológicos, en fin una ciudad que parece reinventarse cada día. Y fue aquí mismo donde me encontré un diálogo sobre México que me dejó pensando en esa ciudad, mi natal ciudad.

¿Puede uno definir la ciudad en la que vive?

¿Con qué ojo uno debe de definir la ciudad en la que vive?

¿Debe, de hecho, uno definir la ciudad en la que vive?

El colectivo mexicano Citámbulos fue quien presentó este diálogo a manera de exhibición en el Centro Alemán de Arquitectura. Se trata de una investigación de más de dos años en la que gente de este colectivo, una especie de sonámbulos citadinos, salió a recorrer la Ciudad de México para aspirar experiencias, fenómenos y formas. La idea de hacer estos recorridos es una lucha por romper con adjetivos que estereotipan a la ciudad basados en una mirada de lejos. “De cerca se identifica un orden dentro del caos. En formas que continuamente se renuevan, los habitantes encuentran respuestas creativas que les plantea su ciudad”, dice el colectivo. Entre esos Citámbulos hubo biólogos, matemáticos, artistas, literatos y arquitectos, entre otros, que crearon como resultado el diálogo “Viaje a la megalópolis mexicana”.

Ahí estaba yo, en Berlín, respondiéndome la pregunta de si en verdad uno puede o debe de identificarse con una ciudad por las definiciones de otros, objetivas o subjetivas. Y sin embargo me estaba identificando. Son fenómenos que como mexicano alguna vez interioricé y ahora son parte de mí. Quizás sólo porque los entiendo. La Santa Muerte, las casas que se construyen de acuerdo a modelos gringos, los secuestros, las disputas por el Centro Histórico, promesas políticas, niños de la calle, la escasez del agua… ¿cuál es la mejor definición? Es difícil, con todos estos fenómenos me identifico de alguna forma y no podría decir que uno solo es la Ciudad de México.

¿Se puede definir lo indefinible? ¿se tiene que hacer?

La Ciudad de México parece no tener salvación y a raíz de ello una de las actitudes más pertinentes de muchas personas es documentar lo que pasa, es mostrar al mundo cuánto se puede ahí torcer una regla. No por nada en los últimos 8 años aproximadamente ha crecido el movimiento artístico-literario-musical, Francis Alÿs, Teresa Margolles, Miguel Calderón, Diego Toledo, Alex Dorfsman, Guillermo Fadanelli, Amanditita. De esa cultura de torcer las reglas y prácticamente aceptarlas como se quedan, los berlineses me preguntan “¿de verdad la policía acepta sobornos?”, “¿de verdad secuestran a gente de pocos recursos?”, “¿a poco son policías los criminales?”.

Me gustó hacer este viaje a una ciudad hecha de diferentes conceptos. No son los que yo usaría para definirla, pero me ayudan a hacerme más preguntas sobre una ciudad que está estancada pero parece que se mueve, sobre una ciudad que al mismo tiempo es la más moderna y la más atrasada de las grandes capitales del mundo, sobre una ciudad que da miedo visitar pero más miedo ver de lejos.

¿Alguien tiene una mirada artística, urbana, artístico-urbana, científica o vivencial que compartir sobre la Ciudad de México o sobre su ciudad?

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Perra vida

Posted on 2 abril, 2008. Filed under: Invitados | Etiquetas: , |

Por Victoria Fernández / Caracas

Hace algún tiempo leí aquí en Mundo Abierto un post muy divertido y muy serio a la vez acerca de los protectores de los animales. Allí Javier Távara ponía al descubierto las incongruencias de esta gente, que quiere más a los animales que a los humanos. Más o menos lo mismo hizo el artista costarricense Guillermo Vargas, mejor conocido como Habacuc, aunque su método fue muy distinto.

Resulta que en agosto del año pasado Habacuc decidió agarrar un perro callejero y utilizarlo en su Exposición Nº 1, en Managua. Habacuc puso al perro, flaco, hambriento y enfermo, amarrado en una de las esquinas de la sala de exposiciones. La exposición incluía, entre otras cosas, la frase “Eres lo que lees”, que el artista había escrito con alimento de perro. Después de un día de exposición, el perro murió. Y a Habacuc le llovieron las acusaciones, especialmente de los amigos y protectores de los animales, que lo acusaban de crueldad y llamaban a boicotear las futuras exposiciones del particular artista.

“Me reservo decir si es cierto o no que el perro murió”, dijo Habacuc. “Lo importante para mí era la hipocresía de la gente: un animal así se convierte en foco de atención cuando lo pongo en un lugar blanco donde la gente va a ver arte pero no cuando está en la calle muerto de hambre. Igual pasó con Natividad Canda [un nicaragüense que murió luego de ser atacado por dos rottweilers], la gente se sensibilizó con él hasta que se lo comieron los perros”.

“Nadie llegó a liberar al perro ni le dio comida o llamó a la policía. Nadie hizo nada”, también dijo el artista. Cuando se le preguntó por qué no había usado otro medio para expresarse, respondió que el recogía lo que miraba y que el perro estaba más vivo que nunca porque seguía dando de qué hablar.

Vistas así las cosas, la verdad es que no le falta razón a Habacuc. Nadie se preocupa por los perros callejeros -ni por los indigentes- sino cuando estos se hacen visibles, es decir cuando se muestran –o los muestran- en los espacios que no les “corresponden”. Un indigente no molesta a nadie mientras sólo se dedique a hurgar entre la mierda y la basura; pero apenas se le ocurre aparecerse por alguna urbanización o por un centro comercial las alarmas de la sociedad saltan.

Los protectores de animales y los que han satanizado al artista costarricense se molestan no porque Habacuc sea cruel –y puede que lo sea-, sino porque les muestra lo miserables e hipócritas que son. Un perro callejero, flaco, hambriento y enfermo en una exposición hiere la sensibilidad, pero en la calle está bien. Un perro como el de Habacuc jode bastante, pero lo que más jode es la conciencia.

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