Catalina Gayà -Barcelona

Corrupción 19.41

Posted on 2 noviembre, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , |

Por Catalina Gayà / Barcelona

 

Escribo este artículo el día que sale publicado que en España que cada día entran 2.400 españoles en las colas del paro y que la cifra de parados ya es de 2.598.800 personas. La cifra contrasta con el boom económico que había vivido España en los últimos años. Entre julio del 2007 y julio de este año, se terminaron en España más de 640.000 viviendas. Ahora la cifra de nuevas construcciones ha caído en picado (48,4%) y muchas viviendas de nueva obra exhiben el cartel de “Se vende” durante meses y sin que aparezcan compradores. España está en crisis. Ya es un hecho.  Hace solo dos semanas estaba en Mallorca reporteando varios escándalos de corrupción de exaltos cargos del Partido Popular. Quizá la frase que más me horrorizó fue la que me dijeron explicó una de las imputadas. Justificó el robo de 1,5 millones de euros con la siguiente afirmación: “Ya pasamos mucha hambre”. Me quedé helada. Por supuesto, nunca pude comprobar si la frase era cierta, pero la fuente que me lo dijo me parece del todo fiable. En Mallorca, mediterráneos e isleños, hasta hay chistes en los que la moraleja es “a ellos no les afectará la crisis”.

 

Entre la frase de la imputada y los chistes me quedé pensando que quizá haya una relación entre los casos de corrupción política y las crisis económicas. Aviso que solo lo apunto; no tengo una respuesta clara.

 

Primero los hechos.

 

Hace dos semanas en Mallorca…

 

En Mallorca, tienen claro que hay un antes y un después de que la Fiscalía Anticorrupción  –en realidad dos únicos fiscales, Juan Carau y Pedro Horrach–  actuara en la isla. “La Fiscalía acabó con la Mallorca siciliana y el respaldo de jueces y tribunales sensibilizados tras décadas de abulia”, explica un conocido periodista de la isla. “Ahora sí se va a hacer justicia”, confía otro político del Govern del Pacte de Progrés que también prefiere no dar su nombre.

 

Lo cierto es que el cobro de comisiones ilegales, fraude público, creación de empresas ficticias y desviación de fondos fueron prácticas habituales entre exaltos cargos del Partido Popular durante los cuatro años del Gobierno de Jaume Matas, presidente del Gobierno balear entre 1996 y 1999 y entre 2003 y 2007 y ministros de Medio Ambiente del Gobierno de José María Aznar, entre 2000 y 2003. Jaume Matas estrenó su segunda presidencia prometiendo “una acción de orden moral” y resumió su acción de gobierno en un “aviat i sense por (deprisa y sin miedo)”. Tras perder las elecciones, en el 2007, huyó, dicen muchos, a Washington y sigue ahí sin dar señales de vida.

 

Mallorca tiene una larga historia de casos de corrupción que quedaron en agua de borrajas. El  más sonado: el Túnel de Soller.  “El caso del Túnel de Sóller no se pudo juzgar a Cañellas porque el delito había prescrito”, dice el mismo político. Otro, el Caso Rasputín, en el que el gerente de Instituto Balear de Turismo, Juan Carlos Alia, cargó a Hacienda los gastos hechos en un puticlub de Moscú y que se descubrió por casualidad. Entonces, la Fiscalía no consideró que el caso fuera punible penalmente porque podía tratarse de un error. Luego, vendría el caso Bitel –espionaje del correo electrónico del político socialista Francesc Quetglas por parte del PP. “Jaume Matas se sacó de la manga a un perito que convenció al juez para que no lo imputara”, dice el político. “Con el caso Andratx, las cosas cambiaron”, explica la misma fuente.

 

Noviembre del 2006. El exalcalde de Andratx, Eugenio Hidalgo, fue condenado a cuatro años de prisión por prevaricación administrativa y un delito contra la ordenación del territorio. Hidalgo convirtió un almacén agrícola ubicado en suelo rústico en una vivienda unifamiliar. Tuvo la ayuda del exdirector general de Ordenación del Territorio, Jaume Massot, sentenciado a tres años y medio de cárcel y del excelador del Ayuntamiento Jaume Gibert, al que le cayeron cuatro meses de prisión. El ingreso de Hidalgo y Massot en prisión supuso un antes y un después en la historia de la isla. Primero, porque era la primera vez que la Guardia Civil registraba un despacho del Govern (el de Massot) y, segundo, porque un cargo cercano al presidente –Jaume Massot ocupaba el cargo de director autonómico de Ordenación del Territorio—acababa entre rejas. Otro cambio: Gibert empezaría a confesar, a hablar y a señalar a otros imputados. Eso rompería la unidad de discurso que hasta ese momento había habido en el Partido Popular. 

 

Marzo del 2008. Una auditoría detectó la malversación de unos 50.000 euros con una tarjeta de crédito utilizada por el exconcejal de Urbanismo, Javier Rodrigo de Santos. Al parecer, el exedil hacía el gasto en clubes de alterne, en procurarse servicios sexuales y en consumo de estupefacientes. Rodrigo de Santos se enfrenta a un delito de abusos sexuales a menores que le han confinado en prisión. Durante la investigación también salió a la luz que el exedil presuntamente habría cometido prevaricación en la compra de un equipamiento infantil por el valor de 1,5 millones de euros.

 

En abril, el virus de la corrupción se colaba de lleno en la empresa informática del Govern Balear, Bitel. Su exgerente, Damià Vidal, desvió 700.000 euros para cubrir gastos personales. Vidal pagó una fianza de 200.000 euros y salió en libertad con cargos. Vidal era un hombre de confianza de Matas y, como perito informático, le había cubierto en el  Caso Bitel.

 

En agosto, la Fiscalía Anticorrupción actuaba de nuevo con contundencia. La detención de 11 personas  –entre ellas a Juan Francisco Gozálbez, el exjefe de servicios de Turismo, Damián Amengual, exgerente de Turismo Joven, y Juan Francisco Gálvez, exdirector de Juventud–, de las que tres presuntamente están involucradas en malversación de fondos públicos y el cobro de comisiones ilegales por servicios y por obra que se cifra en unos tres millones de euros en el Consorcio de Turismo Joven, puso de relieve una nueva trama de corruptelas. Era el primer caso que no solo afectaba a políticos si no también a empresarios.

 

En octubre, saltó a la luz el caso que ha logrado acabar con la tolerancia mallorquina hacia la corrupción política. La imagen de Antónia Ordinas, exdirectora y gerente del Consorcio para el Desarrollo Económico de las Islas Baleares (CDEIB) durante la legislatura de Matas, mientras señala el lugar en su jardín donde tenía escondidos parte del botín –unos 240.000 euros– que había acumulado manipulando las cuentas del consorcio del que era gerente fue la gota que colmó el vaso para la sociedad mallorquina.

 

Desde abril, los servicios jurídicos de la consejería de Comercio, Industria y Energía investigaban una presunta malversación de fondos del CDEIB por parte de Ordinas, y del exdirector general de Promoción Industrial, Kurt Viaene. Ordinas, junto con su esposa Isabel Rosselló, había logrado acumular más de un millón y medio de euros manipulando las cuentas del consorcio público. Además, Ordinas dejó en el consorcio un agujero de impagados de 3, 5 millones y un déficit de ocho millones sobre un presupuesto de 13.

 

¿Cómo lo hizo? Falsificando facturas en chino (literalmente). Para promocionar los productos de las islas Ordinas viajaba constantemente a china, entonces presentaba facturas que ella misma falsificaba. Por si esto fuera poco, presentaba facturas en las que su pareja –la soprano Isabel Rosselló—cobraba cifras estrafalarias.

 

La portavoz del PP, Catalina Soler, imputada en el Caso Cavallistes, me insistía durante una entrevista que la opinión pública sigue apoyando al PP. “Yo misma estoy imputada en un caso, pero lo cierto es que conseguí la mayoría absoluta en mi pueblo (Felanitx) en las pasadas elecciones”, declara  el viernes a este periódico. En el caso Cavallistes, 11 alcaldes del Partido Popular presuntamente falsificaron certificados municipales  para cubrir las irregularidades urbanísticas de uno de ellos.

 

A mediados del mes de octubre estallaba el caso Son Oms, en el que están implicados el portavoz de Unió Mallorquina en el Parlament, Bartomeu Vicens, y el expresidente del Parlament, Maximilià Morales (UM), escandalizaba de nuevo a la opinión pública.

 

Ya sé que el artículo es largo, pero no podía dejar de mencionar los casos. Lo cierto es que España –no sólo Mallorca— vivió un boom económico, urbanístico, dicen ahora, desmesurado. En septiembre, trabajé en un proyecto por el que me tocó repasar la historia de España y del mundo. Entonces vi que una crisis económica siempre iba acompañada por escándalos de corrupción política. Varios ejemplos. Entre 1990 y 1995, en las portadas de los periódicos españoles había dos noticias que se disputaban la foto: las colas frente a las oficinas del paro y los casos de corrupción de altos cargos políticos y empresarios que llegaron a hacer leyenda. Aquí solo expongo algunos:

 

Caso Kio. Suspensión de pagos por valor de de 1.803 millones de euros. El gerente Javier de la Rosa habría robado, según la acusación particular, 180 millones de euros.

 

Entre 1987 y 1983, el caso de los fondos reservados, es decir, el desvío de partidas destinadas a la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico por valor de 5 millones de euros para uso privado, enriquecimiento personal y pago de sobresueldos y gratificaciones a siete altos funcionarios del ministerio del Interior.

 

Caso Rumasa. Expropiación, venta y liquidación de este holding en una operación que supuso su quiebra total.

 

Entre 1988 y 1990, Caso Filesa. Financiación ilegal del PSOE a través de las empresas tapadera Filesa, Malesa, Time Export, que cobraron importantes cantidades de dinero en concepto de estudios de asesoramiento para destacados bancos y empresas de primera línea que nunca llegaron a realizarse. Entre las personas vinculadas a estas operaciones se encontraban el diputado socialista por Barcelona, Carlos Navarro, y el responsable de finanzas del PSOE, Guillermo Galeote.

 

Caso Guerra, llamado así por Juan Guerra, hermano del vicepresidente, Alfonso Guerra, procesado por los delitos de cohecho, fraude fiscal, tráfico de influencias, prevaricación, malversación de fondos y usurpación de funciones.

Caso Ibercorp. Especulación bursátil con valores bancarios por parte de Mariano Rubio, entonces gobernador del Banco de España.

 

¿Es coincidencia? Esta semana entrevistaré a un economista y a un sociólogo para que nos den la respuesta y será el tema de esta columna el próximo domingo. ¿Pasa en otros países? ¿A qué se debe?. Mientras cierro el artículo, consulto los periódicos mallorquines el caso de Son Oms comparte portada con la cifra de parados en Baleares.

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Sociedad Zombi: Hola, ¿Viajas solas?

Posted on 24 agosto, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona |

Catalina Gayà. Barcelona

Hace poco escribí un artículo sobre mujeres que viajan solas, es decir, que emprenden un viaje sin compañía alguna, ni de un hombre ni de otra mujer. Tras acabar el artículo, en el que básicamente se daban consejos a mujeres que emprenden viajes en solitario, no supe responder a la pregunta de por qué viajamos solas (lo pongo en plural porque me incluyo entre ellas). Entrevisté a mujeres que han dado la vuelta al mundo, que han vivido años en países tan alejados de España como Afganistán y la India, a mujeres que han hecho del viaje su vida.

Por supuesto, todas me dijeron que el mundo aún no está preparado para las mujeres que viajan solas, empezando por el propio: el de la familia. Aun así, todas me explicaron apasionadamente –y lo comparto totalmente—que tras el primer viaje en solitario hay un antes y un después. Se gana confianza, se gana en poder de decisión, se aprende a sobrevivir a cualquier adversidad o circunstancia y, sobre todo y aunque suene a topicazo, una se conoce mucho mejor . Tras publicar el artículo, la dichosita pregunta seguía rodando en mi cabeza: por qué viajamos solas.

¿Forma parte del proceso de liberación, ¿es una forma de cortar con las reglas patriarcales? ¿nos gusta?, ¿es por soledad?, ¿por egoísmo?… Una de las entrevistadas, tras más de dos horas de charla en la que me explicó mil y una aventuras, acabó diciendo que ella viajaría con más gente, pero que nunca había encontrado a nadie con el que poder compartir su pasión viajera y eso había hecho que cogiera la mochila en solitario.

Algo me quedó claro tras entrevistarlas: hay un momento decisivo en la vida en el que una mujer decide emprender un viaje y que este significa cortar con todo. La decisión suele ser inquebrantable y supone una lucha con una misma y con el entorno. Solo o sola es un adjetivo que, a veces, asusta y casi siempre provoca incertidumbre. Si se trata de viajar sola es decir, si es una mujer la que toma la iniciativa de irse sin compañía, la decisión suele generar una ola de inquietud entre los otros: los que se quedan aquí y los que se encuentra por el camino.

Una amiga me comentaba que estuvo más de una hora esperando a que un camarero se acercar a ella en El Cairo (Egipto) simplemente porque el hombre no sabía qué hacer con una mujer sola.

Aunque cada vez hay más mujeres que viajan solas, el mundo sigue sin entenderlas. Lo de: “Mamita, ¿por qué estás sola?” o ¿Sola?…es el hilo musical para cualquier viajera. El mercado de viajes sí ha encontrado todo un nicho en las viajeras. Hay guías, hoteles, taxis…todo un mundo preparado para mujeres que viajan solas. Y, aquí, la otra duda.¿Es necesario aislarse para viajar sola? ¿No es esta una forma más de perpetuar la llamémosle celda de cristal en la que, a veces, nos meten o nos metemos como mujeres?

Hasta hace solo 30 años las mujeres viajeras eran, como dice Ana María Briongos –viajera desde que en 1968 se fue a Afganistán y ahora una autoridad en el mundo musulmán del este– “bichos raros”. Tras 40 años de viajes, 10 años de trabajo y vivencias en Irán y Afganistán, la publicación de libros –Negro sobre negro. Irán, cuadernos de viaje (1996), Un invierno en Kandahar (2000), La cueva de Alí Babá. Irán día a día (2002), ¡Esto es Calcuta! (2006)–, Briongos dice con sinceridad que nunca ha tenido un problema por ser mujer en sus viajes. “Ni me lo he planteado, quizá tiene algún inconveniente, pero tiene atractivos como la complicidad de las mujeres del lugar”, dice.

Las palabras de Briongos fueron como luz para mi artículo y para mis preguntas. En el viaje, lo primero que aprendes es que las limitaciones están en la cabeza y quizá por eso es por lo que se emprende el viaje: para cortar con ellas. Aquí va una posible respuesta. Vivimos años y años con reglas que son impuestas –entre ellas las de: Cuídate por ser mujer—y el emprender una viaje SOLA es un modo de cortar con ese mundo impuesto. Con la rutina diaria, esas reglas funcionan para nosotras y para nuestro círculo (social, familiar…), lejos es cuando las ponemos en duda.

El año pasado me encontré con los libros de Cristina Morató, una periodista que ha escrito varios libros sobre mujeres viajeras en la historia, y, por supuesto, me zambullí en la vida de esas mujeres. Son mujeres que vivieron en el siglo XIX y sus dudas eran las mismas que las mías cuando acabé mi artículo. Ellas tampoco sabían por qué lo hacían, pero tenían una necesidad y habían tomado una decisión inquebrantable de viajar solas. Se movían por intuición y llegaban a todos lados. Lo mismo que decían mis entrevistadas del siglo XXI. Quizá ahora seamos más las que viajamos solas –antes eran mujeres burguesas o de la aristocracia–, pero seguimos dando miedo cuando decimos que viajamos solas.

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Sociedad Zombi. Miseria urbana

Posted on 1 junio, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: |

Por Catalina Gayà / Barcelona

Hace unos años una lectora me llamó para decirme pasara a las 21.00 frente a un súper de la calle de Provença, en casi pleno centro de Barcelona. Me dijo, muy molesta, que a esa hora ahí pasaba algo que era inconcebible en Barcelona. Lo primero que pensé era que las redes de prostitución se estaban extendiendo muchísimo si ya llegaban a la calle de Provença. Ella me dijo que no iba de eso el tema, que era otra cosa: “Más indigna”. “Hay ancianos que hurgan en los contenedores. Son ancianos del barrio, de toda la vida, pero la pensión no le llega para comprar comida y no les queda más remedio que ir a los contendores. Esta ciudad ya es demasiado cara para ellos”. ¿Perdón? “Ve y míralo”.

No recuerdo si esa misma noche o al día siguiente me di una vuelta. Lo que encontré es una de las hipocresías más grandes del Estado del Bienestar, del aquí –en Europa– todo funciona. Abuelos, abuelas, estudiantes –claro que estos últimos lo intelectualizan y hablan de reciclaje— acuden cada semana a buscar la comida que tiran en los supermercados. ¿Por qué la tuiran?. Porque caduca ese día, porque el envoltorio está mal, porque el pan al día siguiente está duro. Publiqué una crónica en El Periódico de Catalunya y varias teles lo sacaron. No sirvió de nada.

Esta semana volví a pasar frente a ese súper y seguía ocurriendo lo mismo. En cuatro años no ha cambiado nada. De hecho, ha empeorado: había más gente, más abuelos, más jóvenes. Otra vez la sensación de que las cosas no van bien me invadió el cuerpo de tristeza. Por si fuera poco, unas calles más adelante vi a unas chicas prostituyéndose.

“Voy al súper”, le dice María a su esposo y sale de casa con una bolsa de plástico en el bolsillo. La mujer llega al súper, pero no entra. Se queda en la acera, aguardando a que las dependientas saquen los desperdicios del día. Entonces, levanta la tapa del contenedor y hurga en busca de comida. María vive en el Eixample de Barcelona, donde los alquileres de los pisos no bajan de 900 euros y uno de los barrios más céntricos de Barcelona. En el contenedor, María halla las galletas con las que desayunará mañana. También la leche. Y, con un poco de suerte, algo podrá hacer con esas pechugas de pollo que caducan en el día.

Como ella, decenas, cientos de barceloneses buscan cada noche alimentos entre las sobras de los mercados. María tiene 22 años, un bebé, la primaria hecha en su país, Bolivia, y tres años de estancia en Barcelona. No trabaja y el sueldo de su marido no les da para mantener al niño, pagar el alquiler del piso y comer.

Por eso, espera dos veces por semana en la acera del supermercado, en la calle de Provença, a 200 metros escasos de la Sagrada Familia. Poco antes de las nueve de la noche llega el momento. Una dependienta apaga las luces. Otras tres sacan el primer contenedor, el de la leche, la carne y el pescado. Son alimentos que la empresa tira cada día porque están a punto de caducar o tienen algún daño en el envoltorio.

Las dependientas pasan y trajinan sin decir nada. No miran a María. Ni a una mujer que pasa de los 70 y que aguarda carrito en mano mientras se queja de que su pensión es casi inexistente. Tampoco miran a un hombre al que se le murió la esposa, ni a Juan, que come habitualmente en las aceras. Las empleadas del súper dejan el contenedor, besan a los novios que las esperaban y se van. Al instante, otras dos dependientas sacan un segundo cajón, éste de verduras. Lo mismo, ni una mirada, ni una palabra. Es el idéntico ritual de cada noche.

Las personas que esperan en la acera vuelcan los contenedores y hurgan entre paquetes de galletas o de pan a punto de caducar, se llevan esa carne en el límite de lo comestible o esas cajas de leche a las que les cayó agua. A las dependientas no les está permitido coger nada. “Órdenes de arriba”, aclaran y miran al vacío conscientes de que no tiene sentido.

Inmigrantes, pensionistas y personas en apuros económicos rebuscan y cogen lo que pueden. En la Boqueria, en el corazón de Ciutat Vella, la mayoría de los buscadores de comida son estudiantes y okupas. Esta noche hay pocos inmigrantes y ningún pensionista.

Llegan cuando las persianas de las paradas empiezan a bajar. Los okupas y los estudiantes se cuidan mucho de poner en su boca las palabras hurgar o rebuscar.

Ellos prefieren definir su actividad como una acción de “reciclaje”. Reciclan, argumentan, porque es una lástima que las berenjenas y las lechugas que tiran los tenderos se pierdan. Quizá tienen razón. “La sociedad está mal acostumbrada –afirman George y Dafne–. Desperdicia comida en buen estado”. George, de 24 años, y Dafne, de 23, han estacionado sus bicicletas en la parte trasera de la Boqueria. Ahora, sacan dos bolsas de plástico y empiezan un paseo de media hora por los pasillos, ya en penumbra, del mercado.

Se acercan a los vendedores, piden permiso para “reciclar” y recogen tres tomates de una caja, un kilo de uvas, pimientos y una papaya de entre un montón de bolsas de fruta casi podrida. Unos amigos les explicaron que cada semana ahorraban más de 30 euros “con esto del reciclaje”. George empezó aquel mismo día. Dafne aún esperó un año: “Mi educación no me permitía buscar entre las cajas, pero es cierto: ahorras dinero”.

Los dos son de Menorca, los dos estudian –George, medicina china, y Dafne, psicología–, los dos viven con menos de 500 euros al mes y ni uno ni otro se acuerdan de cuánto gastaban en verdura cuando la compraban en la tienda. Una tendera, Francisca Rodríguez, les da unas alcachofas y les aconseja que les arranquen las hojas y asen los corazones. Y se lamenta de que los jóvenes “tengan que hacer estas cosas”.

Los desperdicios del súper de la calle de Provença ya están en la acera y cada cual coge lo que necesita. “Hoy no hay mucho que pillar”, se queja la señora de pensión exigua. Una mujer pasa por allí y les anima. A sus 74 años, aún friega escaleras. “Todo son maneras de buscarse el pan”, sentencia. En 15 minutos está todo repartido y la acera limpia de nuevo. María se aleja con su bolsa llena. A la misma hora, los recicladotes abandonan la Boqueria en sus bicicletas. Los carteles con los precios quedan borrados hasta mañana. Las naranjas iban a 1,41euros cada kilo.

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Sociedad Zombi: “Todos moriremos, tú te morirás, pero yo sé quién quiere deshacerse de mí”

Posted on 10 mayo, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: |

Catalina Gayà-Barcelona

Lydia Cacho llegó a Barcelona la semana pasada para recoger el premio a la Libertad de Expresión que otorga la Casa Amèrica Catalunya. Acaba de recoger, en Mozambique, el premio Mundial a la Libertad de Prensa UNESCO-Guillermo Cano 2008. Aquí está la entrevista que hice. Está toda, sin cortes y tal y como salió durante los 35 minutos que estuvimos hablando. Publiqué una parte en El Periódico de Catalunya, y por los mensajes de los lectores, y por las entrevistas que le hicieron en otros medios, se puede decir que todo el mundo se quedó perplejo ante lo que explicaba Lydia Cacho, tanto por los casos de pederastia como por toda la corrupción política. No había capacidad para entender a ese México corrupto en el que cada día son asesinadas cuatro mujeres y en el que las redes criminales no se diferencian del poder político. Insisto, en el exterior, o como mínimo en España, México aparece como un lugar maravilloso para ir de vacaciones o un país hermano que acogió a los exiliados.

— Cuando Emma la contactó, ¿pensó que se trataba de un red tan peligrosa?

— No, de ninguna manera. Cuando hago trabajo, como cuando entrevisto a una víctima, nunca hago proyecciones de futuro. Intuí que esta historia era peligrosa, pero no sabía qué tanto lo era para ella o para mí. Cuando me di cuenta de que estaba metida hasta el cuello y que había un compromiso personal ineludible por mi compromiso ético, fue cuando decidí publicar Los demonios del Edén.

–De dónde saca la fuerza para enfrentarse a un secuestro, dos atentados, amenazas de muerte y a toda la corrupción que rodea el caso.

— De mi personalidad, desde niña he sido una mujer de convicciones, en realidad podría decir que soy muy terca. Cuando creo que algo debe hacerse, lo hago. Entonces a veces me equivoco y otras, no. En este caso estoy segura de que no me equivoqué.

— ¿A qué se enfrenta?

— Mi caso es una buena radiografía de las disfunciones de mi país. Yo soy una periodista y al mismo tiempo una activista feminista que trabaja en una casa de acogida, escribo un libro sobre abuso sexual infantil y redes de pornografía infantil en México y, a raíz de haber escrito este libro, los personajes que aparecen en él y que son los que manejan la red se coluden con un Gobernador y con políticos más poderosos para encarcelarme y torturarme con la finalidad de que yo me retracte del contenido de mi libro y la historia se quede aplastada como millones de historias importantes en México. Lo que pasó fue que yo salí con más fuerza de la cárcel y el caso acabó llegando a la Suprema Corte de Justicia de México en buena medida por solidaridad de los movimientos sociales en diferentes lugares en el mundo y porque la Cámara de Diputados reaccionó ante unas llamadas escandalosas que se publicaron y evidenciaron como se coludieron el Gobernador y este mafioso, y como éste dio órdenes a otra persona para que yo fuera torturada y violada en la cárcel.

— Y México perdió una gran oportunidad para hacer Justicia.

— Mire, el caso llega a la Suprema Corte y un puñado de siete abogados logran cabildear para que seis ministros, entre ellos las dos únicas mujeres, se retracten y se vayan del lado de la protección del Gobernador. Perdemos el caso, seis ministros contra cuatro, y queda para la historia de México cómo pudieron haber sentado el primer caso de pornografía infantil y de turismo sexual y de trata de menores con todas las pruebas para poder juzgar un Gobernador, pero eligen fortalecer sus redes políticas para liberar a un Gobernador corrupto.

— ¿Cómo se sobrepuso?

— La verdad es que cuesta mucho trabajo poder explicarlo. El 27 de noviembre estaba con un grupo de amigos y amigas en la Feria del Libro de Guadalajara.. A las ocho sonó el móvil y era una de las niñas abusadas por Surcar que había estado siguiendo el caso por la tele. Me llamó y me quebré. Me decía: ‘Es que los jueces dijeron que lo que nos pasó no es cierto. Yo ya no quiero vivir’. Me parece soberbio decir que yo tenía la respuesta, lo único que se me ocurrió decirle fue que algo que me dijo mi madre: ‘Te quitaron ya mucho, no tejes que te arrebaten tu derecho de estar viva’.

— México supo que nada había cambiado.

— Hay una moraleja de todo esto. Son los casos de violación de los derechos humanos, de silenciamiento de libertad de expresión, los que nos muestran cómo funcionan las redes de poder político vinculadas con el poder criminal en México. En ese sentido, mi caso es ejemplar para decir en la medida que estos grupos de poder, que en realidad son un puñado de hombres cuyos nombres conocemos todos, sigan en el poder manejando el país muy poco se podrá hacer. Tú puedes cambiar leyes, crear refugios para mujeres y niñas, pero al final si no sale esta gente del poder público no hay mucho que hacer en México.

— ¿Qué pasará con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia?

— En Quintana Roo, logramos que pasara, ahora estamos en la batalla de que se le asigne presupuesto y reglamento. Lo que nos diferencia de España, en la medida que tengamos una ley muy parecida, es que el sistema en España funciona. En México, la maquinaria funciona para favorecer a un pequeño grupo de unos 300 poderosos que controlan el país.

— El periódico La Jornada publicó que hay una orden de aprehensión contra Kamel Nacif.

— Mira, la Procuraduría General de la República necesita deshacerse de mi caso. El Tribunal, en Cancún, estaba revisando 21 tomos simplemente para arrestar a los dos policías que me torturaron. En los 21 tomos no aparece nada contra Kamel Nacif, ni contra el Gobernador. Se demostró que había 40 servidores públicos implicados en la planeación de mi tortura y encarcelamiento. Nadie aparece en los 21 tomos. Desde enero del 2007, estaba todo listo para encarcelar a la juez, ala procuradora, a Kamel Nacif y a los judiciales que me torturaron, pero lo que hizo la Fiscalía de Periodistas fue desarticular toda esa consignación de delitos federales y desarticularla de tal manera que se convirtieran en simples delitos del fuero común, eso significa delitos menores. Con lo que hay ahora en el juzgado de Quintana Roo, sería por delitos tan menores que no pasaría nada más que entretenerme en un juicio de dos años contra los judiciales que me torturaron, que me amenazaron de muerte durante el año pasado y antepasado. Es una burla.

— ¿Por qué?

— La PGR hizo esto porque yo había anunciado que me iría a los tribunales internacionales. Así yo no me lo puedo llevar a los tribunales internacionales.

— ¿No le da miedo?

–He aprendido, no por valiente si no por mi altísimo sentido de supervivencia, a conocer el miedo de tal manera que ya no asusta. Después de dos años y medio de terapia, he podio procesar el dolor de la tortura y las implicaciones que tiene el hecho de saber que hay dos hombres que tienen un sentido de venganza contra mí. Ya no tengo pesadillas de que lleguen a mi casa. Sé que están ahí, no lo niego, y sé que mi cabeza tiene un precio. La única manera que he encontrado para seguir viviendo y gozando de la vida, sabiendo que en cualquier momento me pueden matar, es justamente disfrutando de la vida y no pensar mucho en ello. Todos nos vamos a morir; la diferencia es que yo sé quién quiere deshacerse de mí y que puede ser mañana o nunca.

— ¿No contempla la posibilidad de exiliarse?

— La verdad es que yo no me lo imagino. Me lo dices y algo se me mueve en la barriga. Ya me han arrebatado muchas cosas, mi libertad, me hicieron conocer el miedo que nunca imaginé conocer y no quiero que me arrebaten el derecho a vivir en mi país. Que se vayan los malos.

— ¿Son los premios una forma de blindarla?

— Yo creo que los premios no nos salvan de la muerte, no son un escudo. Le suben mucho el precio de la cabeza. Se convierte en un mayor peligro porque quedan evidenciados. Ana Politkowskaya ganó una serie de premios, además ha sido muy fuerte porque yo voy detrás de ella, un premio que me dan y todo el mundo me dice se lo dimos a Ana, y a ella la mataron. Los premios me permiten poner los temas sobre la mesa y eso es finalmente la tarea que a mí me interesa.

— ¿Se siente utilizada por el presidente Felipe Calderón?

— No me siento utilizada porque nunca tuve esperanza con ningún político. El que perdió más fue Calderón. La tarjeta roja que Felipe Calderón sacó a Mario Marín le fue muy útil para poder negociar mi caso. Abrió su acto de campaña y ahí Felipe Calderón me dijo: ‘Es una infamia lo que te hicieron, te doy mi palabra de que se hará justicia. Si no te cumplo, cuando sea presidente, vas y me devuelves mi palabra’. Ya hice mi cita para regresarle su palabra, pero no me recibe. Él se fue caminando y todos firmaron [el documento de apoyo] pero él fingió que firmaba. No está la firma.

— ¿Cree que esto le puede pasar factura a Calderón?

— Felipe Calderón podría haber hecho cosas muy importantes contra el abuso infantil y el turismo sexual. Podía haber dejado que funcionara adecuadamente el aparato de justicia y el sistema. Si él hubiera hecho esto, el gobernador Mario Marín estaría entrando a un juicio político.

— ¿Cómo pueden los mexicanos permitir tanta corrupción?

— Se consigue con el control de los medios. El 90% de los mexicanos se enteran de lo que parece que sucede en su país a través de Televisa y TV Azteca y estos tienen acuerdos directos con el PRI y con el Gobierno de Calderón. Cuentan una historia sesgada de lo que sucede en México y el 90% de los mexicanos creen que viven en un país que no existe. En ese contexto hay una esquizofrenia brutal: la historia falsa creada por el aparato de Estado y lo que viven en la vida cotidiana.

— ¿Cree que cada vez está peor?

— Ahora se está judicializando el activismo social. Se ha acusado a una activista de Chihuahua, una mujer que ha defendido por años los derechos de mujeres, con el narcotráfico. Esto es una muestra de lo que nos espera en México con la derecha gobernante. La derecha judicializa el activismo social.

— ¿Cómo definiría a la sociedad mexicana?

— La sociedad mexicana es como una mujer maltratada y estos 300 hombres que controlan México son el maltratador. Entonces, quien tiene el poder es el maltratador.

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Sociedad Zombi. “Nada es fácil ni tampoco difícil”

Posted on 27 abril, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: |

Por Catalina Gayà / Dajla, Sahara Occidental

Acabo de aterrizar de los campamentos de refugiados saharauis en el desierto del Sahara. Acabo de ver cómo la desidia de la ONU y de los gobiernos occidentales ha marcado la historia de un pueblo, de más de 200.000 personas exiliadas, que llevan 33 años en un desierto (en una hamada) porque los expulsaron de su tierra, el Sahara Occidental. Unas 80.000 siguen resistiendo en su país. Hacía años que escuchaba hablar sobre ese pueblo, sobre ese conflicto y la verdad era siempre de pasadita. “Ah, sí, claro los saharauis”, pero no sabía nada. Solo que en verano los niños son acogidos por familias españolas.

Me dijeron que viajar a los campamentos era una lección de humildad y con toda la arrogancia del mundo pensé: “No será peor que Irak o que ciertas zonas de México”.

Para mí, lo es. La historia de los saharauis es la historia de la desidia de los políticos, de la espera sin fin, del secuestro por intereses de los poderosos, del capitalismo.

Hace dos jueves, el 17 de abril, cumplí 33 años y lo celebré en una haima. Los saharauis llevan 33 años viviendo de la ayuda humanitaria y fuera de su tierra. ¡Los mismos que tengo yo!

Hay un dicho saharaui que me persiguió todo el viaje: “Nada es fácil ni tampoco difícil”. Creo que ese dicho resume su manera de enfrentar la vida. No sé si sea anterior a la persecución contra los que se han visto sometidos o si nació precisamente entre 1974 y 1975, cuando Hasan II, rey de Marruecos, manifestó la intención de incorporar el Sahara Occidental, hasta ese momento colonia española, a su reinado y en contra de la opinión internacional.

La muerte de Franco, la desidia o incertidumbre del futuro del Gobierno español y las ansias colonialistas de Marruecos –que veía mermar sus ingresos por los fosfatos y la pesca que explotaba España en la zona– acabaron con la independencia del Sahara Occidental y con la forma de vida de los saharauis.

Los saharauis se levantaron y pidieron un referendo. Llevan esperando 33 años y la semana pasada la ONU se pronunció desfavorable a este. Decían en los campamentos que si no hay referendo habrá guerra.

El 16 de octubre de 1975, Marruecos inició la llamada Marcha Verde y centenares de niños y mujeres marroquíes marcharon sobre el Sahara. Empezó la represión contra el pueblo saharaui, los bombardearon, torturaron a los que se resistían. Los saharauis que pudieron se exiliaron en Mauritania y en la hamada (desierto de piedras) argelina. Ahí siguen todavía.

Ésa, más o menos, era la historia que conocía antes de aterrizar en Tindouf y coger un todoterreno que me llevara a Dajla, uno de los campamentos, el más alejado.

Sin luz, con agua pero contaminada, con comida humanitaria y con un pueblo que sigue proclamando y luchando por su dignidad.

Vivir en la hamada es vivir en el infierno, dice otro dicho. Hay uno peor. “Que Dios te mande a la hamada”, es el peor insulto que puede hacerte un saharaui. Ahora ellos están allí. Muchos han nacido en esa no-tierra de arena, calor, polvo.

Ese no lugar ha hecho que como pueblo hayan desarrollado una capacidad de supervivencia y solidaridad insospechables. Desde 1976 hasta 1989, los saharauis lucharon. Ellos en el frente y en los llamados territorios liberados y ellas en los campamentos. En 1989 se firmó un Plan de Paz. Ahora está a punto de romperse y, a pesar que las mujeres recuerdan que hubo viudas, huérfanos, todos están hartos.

“Nada es fácil ni tampoco difícil”. En Dajla, en estos días aprendí que ese pueblo había sobrevivido gracias a ese dicho. Crean huertos, hacen escuelas, viven con la tuisa –trabajo comunitario—como norma. En algún momento, me sonrojé pensando que me había dado “síndrome de Estocolmo”. Ver cómo viven y que sigan luchando me pareció casi heroico. Es más: los que han estudiado en Argelia o en Cuba regresan porque creen en su causa.

La verdad no sé si yo regresaría por una causa y se lo planteé a un saharaui. Me miró extrañado. “¿Y si invadieran Mallorca qué harías?”, me preguntó. Era el día que cumplía 33 años. Visité una escuela para niños con síndrome de down que una mujer saharaui había creado de la nada, comí en una pizzería creada por un italiano que enseñó a unas muchachas a hacer masa, visité un huerto en el desierto y acabé en una matanza de camellos a la que fui en un todoterreno sin luces. No acabó ahí. El fotógrafo necesitaba luces para ver algo y un amigo, de un amigo del de la tienda, no se sabe cómo arregló las luces del todoterreno. “Nada es fácil ni tampoco difícil”.

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“Una bici, una play, una wii, mamá”: Madres Migrantes en Españ

Posted on 20 abril, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , |

Por Catalina Gayà / Barcelona

Me topé con el eslabón más triste, o mejor dicho viví este reportaje como uno de los más tristes que he escrito sobre inmigración. Ya sé que algunos dirán que peor es cruzar Centroamérica y México con 10 pesos o con nada en el bolsillo. Que más jodido es emprender una caminata suicida atravesando África y embarcarse en una patera para llegar a una sociedad hostil. Lo son; lo sé.

Aun así, confieso que yo viví las historias de las madres que tienen a sus hijos en su país y ellas trabajan en países ricos con muchísima tristeza. Mujeres rotas: con el corazón a un lado del mundo y con el cuerpo en el otro, en el mundo rico. Mujeres que con los años se sienten sólo cuentas corrientes para sus familias y unas desconocidas para unos hijos que sólo les reclaman cosas materiales: “Una bici, una play, una wii, mamá”, y lo de mamá por costumbre.

Estuve una semana recorriendo locutorios en Barcelona. Siempre era lo mismo: una mujer con una tristeza que no le cabía en el cuerpo, mirada triste y marcas de haber llorado dentro de la cabina. Era una madre. Luego, el desahogo cuando empezaban a hablar conmigo. Más lágrimas y una historia de miedos, fuerza y pobreza.

En todo el mundo dos millones de mujeres emigran cada año dejando a sus hijos en sus países de origen. En España, residen 1.700.000 mujeres inmigrantes, con una media de 34 años, el 80% de ellas empleadas en servicio doméstico, el comercio y la hostelería y muchísimas sin papeles. Los expertos explican que en ciudades como Madrid y Barcelona las extranjeras se emplean en sectores rechazados por las autóctonas como, por ejemplo, en el sistema del servicio doméstico como internas (de planta). “Es la respuesta del estado-nación a una prospectiva de demanda laboral que siempre ha supuesto que dicha ocupación es un trabajo de mujeres”, se lee en un artículo de Natalia Ribas, doctora en sociología y especialista en migración femenina.

El peso empieza en sus países. Su viaje fue acordado por consenso familiar: ellas trabajarían afuera porque para las mujeres es más fácil encontrar trabajo en la economía sumergida, los familiares (esposo, madre, hermanas) se quedarían con sus hijos y los criarían. Estarían tantos años fuera como hiciera falta para arreglar la casa y para que los hijos estudiaran o hasta que uno de sus hijas (siempre mujeres) las remplazara.

Estas mujeres acaban ocupando el papel que las mujeres han tenido tradicionalmente y que si no hubieran emigrado ocuparían, en parte, en sus países: cuidan a niños y a abuelos. “Yo me agarré a las dos niñitas que cuidaba como si fueran mi hijo. Lo acababa de dejar en Guayaquil con mis padres”, explica Nancy. “Salimos para cuidar a niños y nosotros dejamos a los nuestros en nuestro país”, dice Lybia María.

Contradicciones: la mujer en Europa busca espacios y esos lugares los ocupan otras mujeres que se encuentran en situación, la mayoría de las veces, de explotación. La sociedad o el Estado del Bienestar no es capaz de generar sustitutos sin tener que explotar a otros, a otras mujeres.

Aquí hay parte de las historias que publiqué en El Periódico de Catalunya. Salió un domingo y durante la semana siguiente, recorrí los locutorios para dejar ejemplares. Los que me conocen saben que yo soy bien vaga para eso, pero esta vez no pude no hacerlo.

UNA HISTORIA, UNA CABINA. En la cabina 5 está Nancy Ramos enganchada a un teléfono del locutorio desde hace 20 minutos y discutiendo con su madre el tiempo que el hijo de Nancy, Simon Jesús, debe jugar con la playstation ahora que está de vacaciones. Su madre, Dora, y su hijo están en Ecuador; Nancy vive en L’Hospitalet y lleva físicamente separada de su hijo dos años. A su lado, en la cabina 6, una mujer boliviana intenta explicarle a alguien que los 50 dólares que envió eran para comprar un regalo para su hijo y no para malgastarlos. “¡Es su cumpleaños!”, grita al auricular. La mujer de la cabina 6 empieza a llorar con desespero. En la 5, a Nancy también le resbalan las lágrimas. Simon Jesús hoy no está muy hablador. Tiene 5 años y le dice a su mamá que quiere jugar a la play. Nancy sabe que “es normal”, pero eso no quita lo triste. Hoy le ha dicho: que se portara bien, que hiciera caso a la abuela, que si se tomaba las vitaminas de naranja, que lo llamaba mañana. El niño ya se había escapado. El locutorio de L’Hospitalet se llena poco a poco de mujeres que acuden a hablar con sus hijos. En España, son las 20.00 horas, en Ecuador, las 13.00. En Bolivia y Paraguay, las 14.00. En Colombia, las 13.00.

Lo primero que mira Lybia María cada vez que cambia de trabajo -y ya ha pasado por varias casas cuidando ancianos y niños– es si en el barrio hay locutorios. Desde el martes, trabaja interna en una casa cuidando a un anciano en la zona de Sant Adrià. Está contenta: hay locutorios cerca de la casa porque es un barrio más popular. Hace unos meses trabajaba en La Bonanova -un barrio de clase alta– y buscar cada noche un locutorio desde donde poder llamar a sus dos hijas en Colombia era una larga excursión. Claro que no dejaba de llamar religiosamente entre las 19.00 y las 20.00 horas. Escuchar a Daniela, de 11 años, y Alejandra, de 15, le da fuerza para seguir en España. Por ellas está aquí; es a ellas a las que manda el dinero para que “no les falte de nada y puedan tener una buena educación en Colombia”.

Nancy Ramos y María Lybia son madres transoceánicas. Trabajan en España, pero tienen sus hijos al otro lado, en sus países natales. Esa hora, media hora, a veces 15 minutos y otras veces hasta dos horas que pasan en el locutorio les permite seguir ejerciendo de madres a la distancia. Algunas como Argentina, de Santo Domingo, dejaron a sus bebés hace nueve años; otras como Gloria, de Paraguay, hace solo ocho meses. Todas están convencidas de que ellas tienen que estar aquí, en Europa, para darles una mejor educación a sus hijos allá. Aseguran que eso solo se consigue enviando dinero a sus países y aunque consideran la posibilidad de traerlos lo ven como algo lejano, muy lejano. Mantener el contacto con los suyos es la única manera de seguir presentes y eso lo hacen a través de los locutorios. El mensaje electrónico es frío; el teléfono es la mejor vía y el locutorio, lo más barato.

Lybia María tiene 42 años y cada mes manda entre 600 y 700 euros a Colombia. Así mantiene a su esposo, que gana el equivalente a 6 euros por cada jornada de 16 horas de trabajo, y puede educar a sus dos hijas. Nancy tuvo a su niño en España, pero aquí no podía educarlo. Madre soltera y extranjera no le daban ni el sueldo ni las horas para poder estar con su hijo. Lo llevó con su madre, pero habla de él como si supiera que hace cinco minutos hubiera bostezado. En Guayaquil, pusieron una foto enorme de ella en el salón. Simón Jesús sabe que la de la foto es su mamá que está en España trabajando.

Nora Rodríguez, pedagoga y autora de Educar desde el locutorio. Ayuda a tus hijos que sigan creciendo contigo, explica que lo primero que la sociedad y estas madres deben aprender es que “no hay un único modo de vivir en familia”. “La madre sigue educando desde la distancia y ellas mismas sacan unas fortalezas que desconocían y que por haber dejado a sus hijos se elevan”, explica. Para Rodríguez, lo más importante es que no pierdan ni el vínculo ni el apego y que no se conviertan en papá Noel, es decir, ni solo les envíen regalos ni les pinten un panorama en el aquí todo es un paraíso. Lybia María lo tiene claro. “Durante los dos años que llevo aquí, yo les soy sincera les digo que trabajo muchas horas y que no es fácil. A veces, me gustaría que mi marido me dijera que me necesita a su lado, pero eso no es posible”, dicen.

“Me pierdo el ver crecer a mis hijas. La pequeña me dice que está creciendo y eso yo no lo veo. No sé si vale la pena”, dice.

EL DESAHOGO. La voz ha corrido. Al empezar el reportaje, acudí a varias asociaciones de mujeres inmigrantes para que nos pusieran en contacto con madres transoceánicas. Desde las asociaciones, pasaron el reclamo. Mi teléfono empezó a sonar. Algunas mujeres solo llamaban para decir que ellas también han tenido que venir a España sin sus hijos y que no se sienten bien por ello, pero que no han tenido más remedio y que esto no las hace “malas madres”. “Lo hago por mis hijos para que tengan una mejor educación”, dicen. Una mujer anónima explicaba que sus hijos solo la ven como una fuente de dinero y que solo le piden cosas. Otra decía que ella no se podría haber ido sin sus hijos. Nada más.

En los locutorios, si una mujer hablaba, las otras empezaban. En algún momento, todas lloraban. Argentina es de Santo Domingo hace tres años que no viaja a su país, donde dejó a tres hijos. Ahora ya es abuela y acude a hablar con su familia desde un locutorio cercano al mercado de Santa Caterina Está convencida que allá estaba mejor que acá, pero no sabe cómo arreglarlo porque la familia necesita el dinero. Llama cada semana y dice casi no puede hablar con sus hijos porque cuando se ponen al auricular no para de llorar. “Les digo que los quiero mucho y que se cuiden. Ellos están con su papá y con su abuela paterna. Quizá si hubiera estada allá, ahora no sería abuela, ¿quién sabe?”, se pregunta.

Gloria es paraguaya y saca la foto de su niña de seis años muy bien guardada en un sobre blanco dentro de su bolsa. La dejó hace ocho meses y no puede hablar porque las lágrimas le tapan las palabras. “Lo hice por ella. Ella no quería, pero qué remedio tenía. La dejé con mis padres. Ella está bien”, afirma. Su hermana la consuela. En cada cabina se vive una historia. “La mayoría vienen los fines de semana. Muchas salen llorando por eso se nota que tienen hijos allá”, dice el dueño de un locutorio en la calle de Sant Pau, en el Raval. De lejos, detecta a las madres. Sabe quién entra a hablar con sus hijos y quién no y hasta las conoce. Nancy ha pasado tantas horas en el locutorio que en uno de tantos conoció a su pareja. “A veces me gustaría que mi marido me dijera que me necesita a su lado, pero no se puede. Vas a escribir una historia triste, pero es que nuestra historia es triste”, dice Lybia mientras chatea con su hija y su marido.

El reportaje acabó. Unos días después Lybia me dijo que era la primera vez que les daban voz y que así la gente sabría que no solo sirven para trabajar. Una de las presentadoras de una emisora latina en Barcelona me dijo que ahora faltaba la otra parte: la de los hijos que se quedan allá. Los mayores, como era su caso, se asumen como adultos y crían a sus hermanos.

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Sociedad Zombi: La niña de Rajoy no nació el 9 de marzo

Posted on 16 marzo, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , |

Por Catalina Gayà

Con retraso, ya lo sé, aquí va la historia de la niña que no nació. El líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, hizo alusión al final del primer debate con el actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y en ese momento candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), a una niña, que es la que él esperaba que naciera en España si él ganaba las elecciones. La niña, por supuesto, tenía unos padres (hombre-mujer) que trabajarían, tendrían una casa, serían honrados y ella tendría las mejores oportunidades de estudio (inglés perfecto, claro), trabajo y luego de matrimonio. Las 13 millones de personas que seguíamos el debate nos quedamos sin habla. A algunos, los simpatizantes y militantes del PP, les entró la niñamanía y se hicieron camisetas que ponían: “Yo soy la niña de Rajoy” y que lucían en los mítines del PP. A otros, entre los que yo me cuento, nos pareció demagogia y un horror, fuera de la realidad la posibilidad de plantear a una niña con ese futuro. Rápidamente en Internet salieron vídeos con la niña de Rajoy: algunos emulaban a la niña del exorcista, otros recuperaban las palabras que la hija de Franco, el dictador, había pronunciado para todos los niños y niñas de esa España triste y destrozada que mandaba Franco. Los políticos tampoco se callaron: Joan Herrera, el candidato de Iniciativa per Catalunya-Verds, un partido catalán que se define como de izquierdas, solidario y verde, dijo en un discurso que él trabajaba por si la niña de Rajoy era lesbiana.

En fin, media España se rio o se vanaglorió de la posible-futura existencia de esa pequeñaja. Algunos articulistas le auguraban un final muy negro: psicoanálisis o terapias varias durante años y años o adicciones varias. En esos días, yo andaba, como dicen en México del tingo al tango, o sea, entrevistando a especialistas en diferentes temas para una sección que titularon “Tome nota, presidente”. Ninguno de mis entrevistados me habló de la niña. Me explicaron cómo estábamos en materia de igualdad, inmigración, islamismo, investigación-desarrollo-innovación, ley de dependencia, cultura, cambio climático… Debo confesar que para mi sorpresa –y os aseguro que no pretendo defender el mandato socialista ni mucho menos—hemos avanzado y, mejor todavía, hemos cambiado el sistema legislativo en muchísimos aspectos como maltrato a las mujeres, se ha aprobado la ley de dependencia aunque las ayudas todavía no han llegado….. ¿Qué pasaba entonces? ¿Por qué todo el mundo andaba con el ánimo por los suelos y tenía miedo de que la niña de Rajoy al final naciera?

Una llamada. Una mujer muy querida, a la que he prometido que no la citaría, me llamó en uno de esos días en los que yo andaba con estas nubes grises sobre mi cabeza y con un cansancio bastante evidente. Y, por primera vez en 18 años y tengo 32, no se preocupó por mi cansancio. Textualmente me dijo: “Trabaja para que la niña de Rajoy no nazca”. Al principio, me reí pero me hizo pensar mucho y me dio miedo el miedo que sentía la gente –por supuesto no los votantes del PP—ante la posibilidad de que la niña naciera.

Efectivamente, la niña de Rajoy no nació el 9 de marzo, pero lo pagaron los partidos minoritarios. Ganó el PSOE ergo ganó Zapatero, pero los analistas atribuyeron el aumento de votos del PP a las nuevas generaciones, a esas niñas que se habían puesto la camiseta y que habían salido a la calle para decir: “Yo soy la niña de Rajoy”. Los votantes de 18 años sí creyeron en esa niña.

El 10 de marzo, comentábamos con un colega que la gente estaba tranquila, pero no feliz. Los resultados electorales en España fueron una muestra de bipartidismo y , los que votamos con miedo, tenemos algo en el cuerpo que nos dice que hay que cambiar algo. Y no solo la niña.

P.S: Leímos también que Cristina Fernández, en Argentina, y Felipe Calderón, en México, hablaron de una niña. Fernández hasta le puso nombre Dolores Argentina, el sentido dramático de los argentinos es genial. El asesor de campaña de Rajoy, Fernández y Calderón era el mismo. ¿Qué les pareció en México y Argentina? ¿Hubo revuelo?

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Los Hilos del Poder. El terrorismo negado en Barcelona

Posted on 17 febrero, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , , |

Por Catalina Gayà / Barcelona

Las noticias en Barcelona no son precisamente para alegrarse. Hoy pensaba lanzar un artículo a Mundo Abierto sobre la fascinación por la moda en la ciudad, pero la verdad ese es un tema menor. El 19 de julio pudo haber habido un atentado islamista en la ciudad. ¿Por qué lo de pudo haber? Porque como me dijo un imán (autoridad islámica), todo el mundo es presuntamente inocente hasta que la justicia demuestre lo contrario. Tiene razón, pero hay cosas, muchas cosas que no se entienden. Resulta que el pastelero de toda la vida, lleva 34 años en Barcelona, ahora está implicado como el número dos del comando. Os prometo que hacía las mejores vaclavas de Barcelona y, de un día para otro, se descubre que presuntamente estaba planeando un atentado en el metro de Barcelona. Hace un año el periodista Antonio Baquero entrevistaba a un experto policial que anunciaba: “Barcelona tiene un 80% de posibilidades de padecer un atentado”.

Va la cronología de los hechos y también la geografía.

– También hace un año en una reunión celebrada en un campo de entrenamiento en la región paquistaní del Waziristán, la cúpula de Al Qaeda da la orden de cometer atentados suicidas en Barcelona. La Guardia Civil y la policía estrecharon la vigilancia a algunas de las mezquitas de la ciudad.

– La orden, proveniente de Paquistán, llega a 12 paquistaníes y a dos indios residentes en Barcelona, uno de ellos el pastelero. Ellos viajan a Paquistán, reciben entrenamiento y regresan a Barcelona. Varios detenidos eran simpatizantes de Lashkar e Toiba (LET, el Ejército de los Puros), un grupo terrorista paquistaní y al que se acusa atentados en la India. Otros formaban parte de Takfir ual Hiyra (Anatema y Exilio), una de las corrientes más violentas.

– El aviso del posible atentado por la llegada de un “planificador” de Al Qaeda fue enviado por los servicios secretos paquistaníes a sus homólogos españoles y franceses. Los servicios de espionaje de Pakistán detectaron el viaje de este extremista gracias al dispositivo de seguridad e inteligencia que desplegó para proteger al presidente paquistaní Perwez Musharraf durante su visita a Bélgica, Francia, Gran Bretaña y Suiza.

– El viernes 18 de enero la Guardia Civil irrumpía en una de las mezquitas y arrestaba a 14 hombres. Se dice que la célula empezaba a respirar, lo que traducido significa que varios de los hombres vigilados se estaban moviendo por Barcelona con mochilas.

– El miércoles 23 de enero el juez concluye que el comando pretendía atentar contra el transporte público de Barcelona y dejaba en libertad a cuatro de los arrestados. Además se supo que se encontró nitrocelulosa, que se usa en explosivos, y varios temporizadores. El FBI, Estados Unidos, alertó en el 2003 que Al Qaeda pretendía utilizar la nitrocelulosa, que tiene un aspecto similar al algodón y tampoco huele, para atentar contra aviones.

– El jueves 24 la INTERPOL empieza la búsqueda de otros tres suicidas vinculados con los 10 presuntos extremistas encarcelados el miércoles. Según fuentes judiciales, esos tres radicales “pretendían atentar fuera de España, probablemente en Francia y Alemania”.

– El sábado 26 de enero Francia se indignaba porque el infiltrado, que se hacía pasar por uno de los cuatro suicidas que debían actuar en Barcelona, resultaba ser un espía de los servicios franceses. Ahora debía presentarse como testigo protegido y, en consecuencia, “se quemaba”.

Por el momento, prosiguen las investigaciones. La misma semana que todo esto estaba sucediendo un compañero periodista, Marc Marginedas, especialista en conflictos y enviado a Irak, Argelia, Afganistán, hacía una conferencia sobre el conflicto de Afganistán y el desinterés por la reconstrucción del país. También esa semana -es difícil encontrar una semana que no haya atentados-había más muertos de civiles en Irak.

¿Qué está pasando? Las víctimas del tren de Madrid eran civiles, seguramente algunos participaron en las manifestaciones en contra de la guerra de Irak; los de Londres, igual, los de la India; los de Nueva York. Durante años he trabajado en la mesa de cierre de un periódico. Una vez llegó un teletipo de esos que sólo pueden entrar a las dos de la mañana. Decía así: el Eliseo francés pide al Mossad (Israel) que no intervenga en las periferias de París, donde estaban reunidos líderes de Hizbulá. Apareció de la nada. No se repitió. Fue de esos teletipos que te demuestran que hay cosas que la mente ni el cuerpo pueden procesar. Los hilos del poder son así: van, vienen, desaparecen, afectan, matan. El drama es que los muertos sean civiles afganos, paquistanís, estadounidenses, iraquíes, españoles.

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Sociedad Zombi: ¿Qué se oculta detrás del Año Internacional de la Papa? Los efectos de las importaciones masivas de soja transgénica

Posted on 13 enero, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona |

Catalina Gayà – Barcelona

¿Alguien sabía que este es el Año de la Papa¿’?o es: el 2008 es, según la ONU, el año en el que se reivindican que las patatas también existen Se trata, según explican, de destacar “los beneficios del cuarto alimento más consumido del mundo y su utilidad como herramienta para combatir el hambre en el planeta”. Hasta hace una semana yo no sabía nada de esta noticia. Me lo dijo una amiga a través de un correo electrónico y yo me reí. Nada más. A priori, a los que nos encantan las patatas esta noticia es motivo de diríamos gracia. Ahí se queda. Claro que hilando el rizo a nadie se le puede escapar la crisis mundial de los cereales por su aplicación ecoenergética. ¿Mal pensada? Quizás, sólo quizás.

Hace 11 años empecé a escuchar y a leer informaciones sobre la soja transgénica. De hecho, la mayoría de los informes que leía eran boletines de Greenpeace y de asociaciones ecologistas que denunciaban la siembra de esta soja. Empezó seguramente con un correo, igual que el del año de la papa y seguramente lo leí con la misma intención. Lo recibes, lo lees y ya está. Hace poco documentándome para escribir un artículo sobre cómo España contribuye al mercado global agresivo basado en importaciones masivas me topé de frente con esa soja transgénica (que yo recordaba como unas palabras) que describían los correos hace 11 años.

Me situé en Argentina porque España es el sexto país del mundo que más importa soja y la mayoría llega de ahí. Un documental, Hambre de soja, editado por Fundación Biodiversidad Argentina, me devastó el ánimo. No exagero. El cultivo masivo de soja y las importaciones no sólo generan efectos gravísimos en la ecología y en la producción, sino que, además, están acabando con la seguridad alimentaria. No es fácil asumir que ya no haya ni carne ni leche en el país que había sido la granja y el granero del mundo. Aquí van algunos datos:

Hace 11 años el cultivo de soja era casi inexistente en Argentina. Hoy en día Argentina es el tercer productor de soja del mundo por detrás de Brasil y EEUU. A mediados de los noventa, transnacionales como Monsanto presentaron el cultivo de soja como el motor de la recuperación de la agricultura. Entonces, los que pudieron se subieron al carro de la llamada revolución verde. Hoy en día, el campo argentino aparece cubierto por un gran manto verde de soja transgénica que ya alcanzaba, en el 2000, los 13 millones de hectáreas. Según la FAO, Argentina produce más de 24 millones de toneladas de soja y es el segundo país, tras EEUU, que más exporta este producto.En el 2003, España importó seis millones de toneladas de oleaginosas –una superficie equivalente a Catalunya, en la que viven 8 millones de personas–, la mayor parte, de Argentina. El 92% de esa soja se destinó al consumo animal.

Los efectos ecológicos de este mercado global son dramáticos. La soja transgénica provoca la deforestación y la erosión de la tierra, además el uso de semillas modificadas genéticamente, resistente al herbicida glifosato, aumenta la intensidad de los fertilizantes químicos y de los plaguicidas. El avance de este gran manto de soja ha hecho que Argentina haya perdido el 46% de sus bosques y tenga ecosistemas únicos en peligro. Cada año se borran del mapa 25.000 hectáreas. Se calcula que el bosque húmedo de Yungas desaparecerá antes del 2010. Entre 1990 y el 2002, desaparecieron 60.000 granjas en la Pampa. Esto genera desplazamientos de poblaciones del campo a la ciudad y la indigencia se multiplica.

No es todo. Y quizá lo que a mí más me afectó: la dieta de los agricultores –de hecho la mayoría en paro por falta de tierra– se ha convertido en un menú a base de soja, hasta la leche es de soja. Voy a mí nevera y saco una botella de leche de soja. Por el documental me entero que la soja tiene que pasar por un proceso muy fuerte de refinamiento para que sea comestible. En el campo argentino, por supuesto, sólo se hierve y directamente se cocina o se bebe. En el documental varios especialistas advierten de los problemas nutricionales y de desarrollo que este alimento conlleva cuando no es preparado de manera adecuada.

13 de enero del 2008: no sé si el Año de la Papa sea un simple reclamo comercial o esconda una expansión de la papa igual que pasó con la soja. Por si acaso, haré más caso a los boletines que me llegan.

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Sociedad Zombi: ¿Por qué el 25 de diciembre no es Año Nuevo?

Posted on 6 enero, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona |

Catalina Gayà – Barcelona

31 de diciembre, a unas horas del cambio de año y descubro que, como mínimo en Barcelona, la gente no es supersticiosa. O eso dicen ante la mirada escéptica de un fotógrafo y la mía que andamos trabajando en Portal de l’Àngel, un eje comercial de la ciudad para escribir un artículo que se me desmonta cada vez que alguien me dice: “¿Yo? No creo en nada”. Mi objetivo era escribir sobre todo aquello que hacemos las personas para ayudar al destino y al Año Nuevo para que sea mejor que el anterior. ¡Tantos años de decir: “Año Nuevo, Vida Nueva”! Por lo visto, aquí ni ropa interior roja para que el Año Nuevo venga junto al amor, ni nada de abrir las ventanas para que se vaya lo viejo ni entre lo nuevo, ni nada de salir a la calle con una maleta a cuestas para que el año traiga muchos viajes. Vaya que la gente aquí ya no cree en nada de nada. ¿Ganó la razón?. Nadie lo diría viendo los escaparates de las tiendas teñidas de bragas, calzoncillos y sujetadores rojos ni las fruterías abarrotadas de la uva más cara y mala del año. La gente sigue diciendo: “NO, no, en nada……” Dos preguntas más (no hay que darse por vencida) y sale la palabra: “Sí, claro las uvas sí las hago”. ¡Las uvas! La única excepción a esa apatía supersticiosa parece ser eso de comerse 12 uvas (dicen de la suerte) al son de las campanadas. Lo de las uvas parecería una costumbre milenaria que junta a todos los españoles (aquí sin excepciones ni nacionalismos) ensimismados frente a los campanarios o teles mientras suenan las campanadas de las 00.00 horas. Al redoble de esas campanadas hay que comerse las uvas, no atragantarse y formular deseos para el nuevo año. Toda una proeza. ¿Por qué? Al parecer, casi nadie lo sabe. Ante ese desconocimiento generalizado yo me pregunto: ¿De dónde viene esto de las uvas? ¿Qué es lo que hace que una superstición –-se les llama 12 uvas de la suerte– se convierta en tradición? Por el camino, viene la pregunta más extraña y que aunque no tenga que ver con supersticiones me parece históricamente ilógica: ¿Por qué el año no empieza el 25 de diciembre y sí lo hace el uno de enero? Mi artículo sobre las supersticiones va cambiando. Entrevisto a un teólogo para que me explique por qué esa llamémosle “descoordinación temporal o desincronización histórica”. En boca del teólogo, las explicaciones son confusas. No sé si es influencia de Phillip Pullmann, pero me siento ante un descubrimiento. Ato cabos de aquí y de allá. La historia nos lo explica y con esa respuesta también vienen las explicaciones a algunas de las supersticiones o tradiciones o costumbres que tenemos (aunque ni las confesemos o les quitemos eso de superstición).

25 de diciembre / 1 de enero. Fue Julio César, en 47 a. C, quien, siguiendo las indicaciones de un afamado matemático alejandrino, reestructuró el calendario e instauró el 1 de enero como el momento de inicio de un nuevo año en vez del 25 de marzo. El dios bifronte Janus suplantaba en funciones a Martius y el año pasaba a tener dos periodos de seis meses, de enero a junio (solsticio de verano) y de junio a diciembre (solsticio de invierno). Janus, en latín puerta, era el dios de los comienzos y el de las dos caras. Un viejo barbudo con una vara en la mano miraba hacia atrás mientras, del otro lado, un joven dirigía su mirada hacia delante con una llave en la mano.El 25 de diciembre, los romanos celebraban la fiesta del dios Sol, una de sus festividades más importantes. Aquí la explicación del teólogo es confusa. Los cristianos se apropiaron de esa fiesta o no se sabe qué día nació exactamente Jesús y por eso se escogió el 25.Aun así, el 31 de diciembre siguió siendo el último día del año. Ovidio narra en Fastos los regalos y los deseos que se hacían los romanos para recibir el Año Nuevo. No son tan diferentes a los de ahora y aquí entra el capítulo de las supersticiones. El dios Janus contesta a las preguntas de Ovidio y le explica que los higos, la miel y las pasas que se ofrecían los romanos eran para que el Año Nuevo fuera dulce. También se regalaban plantas medicinales para que les trajera salud.Sobre las monedas con las que también se obsequiaban los romanos, Ovidio pone en boca de Janus una respuesta irónica y muy actual: “¡Qué poco conoces tu siglo cuando crees que la miel resulta más dulce que una moneda que se recibe!”. Vaya que eso de juntarse, celebrar, formular buenos propósitos, esperar que el futuro sea mejor tiene miles de años. Claro que, según las respuestas de mis entrevistados, esto ya nadie lo hace y se inclinan por solo comerse las uvas.

Las uvas y el jarrón de agua fría. La historia de esta tradición tan popular es para mí como si te tiraran un jarrón de agua fría. Esperaba que salieran brujas, augurios, el azar. Nada de eso. Esta tradición que parece tan arraigada en España tiene menos de un siglo. En 1909, unos cosecheros de uvas, se dice que alicantinos, inventaron este ritual para sacarse de encima un excedente de uva. Desde entonces, todos los españoles siguen esta costumbre. Curioso. La campaña de marketing les funcionó.

El rojo de las brujas. En Portal de l’Àngel, estuve rodeada toda la mañana de ropa interior roja. Hasta yo sucumbí a esto que me parecía que venía de Italia y que me suena a excedente como las uvas. Busco y encuentro que los españoles lo atribuyen a los italianos y estos, a su vez, al reclamo comercial de los estadounidenses. Algunos remontan el origen de esta costumbre a la edad media. Aquí la historia empieza a ser interesante. No es un excedente. El rojo era un color prohibido por la iglesia, ya que se consideraba un símbolo del diablo. Aun así, el rojo era para el pueblo un símbolo de sangre y de vida. Con el solsticio de invierno y el nacimiento de la nueva luz, el pueblo transgredía la prohibición y se ponía algo rojo como señal de buena suerte y del inicio de la vida. No había más remedio que ponérselo en algún lugar escondido y a salvo de miradas reprobatorias que podían significar una condena por herejía. Vaya que lo que pensamos que es tradición resulta que es campaña comercial y lo que pensamos que es puro consumismo es superstición. Hecha casi un manual, yo me reuní con amigos (como los romanos), cenamos en casa (como los romanos), nos regalamos cosillas (como los romanos), comimos las uvas (el excedente!), improvisamos una nueva tradición y abrimos las ventanas para que se fuera lo viejo y entrara lo nuevo. ¡Me olvidé de sacar la maleta! Por si acaso, ya compré un boleto de avión. No creo que sea el último.

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