Escenarios de la “guerra fría”: Chile 1973 – Polonia 1981

Posted on 29 mayo, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs

“Aquí no puede pasar. Hace treinta años atrás, eso era lo que coreábamos, lo que cantábamos, en las calles de Santiago de Chile. Aquí sí que eso no puede pasar. Una dictadura jamás podrá encarnizarse en este país, proclamábamos a los furiosos vientos de la historia que estaban a punto de descender sobre nosotros; nuestra democracia es demasiado sólida, nuestras Fuerzas Armadas definitivamente comprometidas con la soberanía popular, nuestro pueblo enamorado en forma inclaudicable de la libertad. Y, sin embargo, sucedió aquello que no podíamos concebir.” Con estas palabras se refería el escritor Ariel Dorfman a los acontecimientos de Chile de aquel septiembre de 1973 que instalaría la dictadura de Pinochet por más de tres lustros en un escrito suyo publicado en el 2003 (http://www.carbonell.com.ar/treintaanosdelgolpeenchile.htm).

“Y sucedió lo que sucedió. Los chilenos izquierdistas debían poner la misma cara por la mañana de un bonito día de 1973. Aunque todos sabíamos que podía ocurrir, aunque parecía que la tensión iba creciendo, que la izquierda presionaba cada vez más y los círculos locales de “sensatez” volvían a repetir sus advertencias… Sin embargo, cuando al final ocurrió, el principal sentimiento que nos invadió a todos fue el asombro. Nos sorprendió el hecho mismo, tanto como el avanzado grado de su preparación. El asombro polaco fue más grande que el chileno, si soy capaz de imaginarme acertadamente aquella situación. La toma de poder por parte de los militares podía tener lugar en aquellas tierras lejanas, así pensábamos en Polonia, en Chile, Brasil, o en África. ¡Pero jamás en nuestra parte del mundo, en un país civilizado (sic)! El hombre siempre tiende a creer que “el protagonista de este cuento será alguien distinto a él mismo”. Sí, es cierto que a veces hay accidentes de tráfico, pero a nosotros no nos van a pasar, nosotros conducimos con prudencia… Lo mismo pasa con los robos – sí, ocurren, y los diarios lo comentan. Y de repente, un día resulta que las leyes de la historia no hacen excepciones con respecto a determinados individuos o grupos de personas.” De esta forma describe el profesor polaco Marcin Kula (América Latina. Interpretaciones a inicios del siglo XXI. Varsovia, 2009) la introducción en Polonia de la Ley Marcial del 13 de diciembre de 1981 que conllevaría al régimen dirigido por el general Jaruzelski. En ambos casos la primera reacción sería la del asombro, la del “¿cómo es posible en este país?” Y, sin embargo…

Chile 1973 – Polonia 1981

En la víspera del golpe de Estado de Pinochet al Gobierno democrático de Salvador Allende, Chile vivía lo que el historiador chileno Armando de Ramón denomina “la cara visible de la contrarrevolución”, es decir, “violencia, huelga y atentados” (Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días (1500-2000). Santiago de Chile, 2006). Detrás de estos actos que desestabilizaron el país se encontraban los representantes de los grupos de derecha, en su mayoría, aunque varias organizaciones de izquierda, en su afán de llevar medidas revolucionarias más rápidas, contribuyeron también a ese ambiente de inestabilidad económica, política y social. Era el precio a pagar de un experimento que hacía “camino al andar” como dice el poema de Machado.

En 1981, Polonia presentaba un cuadro semejante al chileno. Desde el punto de vista económico, la situación polaca se caracterizaba por una quiebra casi total: en 1976, Polonia no podía pagar a sus acreedores. A ello se le unía un ciclo de malas cosechas que provocarían la importación de cereales y productos básicos. Aumentó también el precio de la carne y los envíos de la URSS y de otros países de la Europa del Este no eran suficientes para abastecer el mercado interno. Tampoco los miles de millones de dólares que los soviéticos “inyectaron” con tal de mantener el régimen y, de paso, evitar el contagio polaco, cuyos síntomas se estaban dando en la zona soviética del Báltico o en Bielorrusia.

Desde el punto de vista político, la situación era tan complicada como la arriba mencionada. El principal problema era Solidaridad, un movimiento sindical que promovía una serie de huelgas, entre ellas, la de los astilleros de Gdansk, de entre cuyos líderes destacaría un electricista llamado Lech Walesa, más tarde presidente de Polonia. Desde el punto de vista internacional, la crisis polaca, a su vez, crisis dentro del mundo comunista europeo, estaría íntimamente relacionada con la figura de Karol Wojtyla, polaco él, que bajo el nombre de Juan Pablo II ocuparía la silla de San Pedro.

Escenarios de la “guerra fría”

El Chile de 1973 venía condicionado por una serie de acontecimientos regionales e internacionales característicos de la guerra fría. Muy frescos estaban aún los ecos de los acontecimientos cubanos de 1961 y 1962, los de la invasión norteamericana a la República Dominicana de 1965, los del Che Guevara en Bolivia, el Gobierno de Velasco Alvarado en Perú, etc., pero también Vietnam, entre otros. De allí que la Administración norteamericana de Nixon intentara socavar el Gobierno de Allende. Una buena ilustración de esto son las conocidas palabras de su entonces secretario de Estado, Henry Kissinger: “No veo por qué tenemos que mantenernos al margen y observar a un país convertirse en comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”. Y no se quedaron al margen. Para nadie es un secreto la participación de los EE UU en el derrocamiento del Gobierno de Allende. Ilustrativas son también las palabras de Kissinger respecto a esto último: “Los militares chilenos habían salvado a Chile de un régimen totalitario y a los Estados Unidos de un enemigo”.

Castro y Jaruzelski, mayo de 1972

El caso polaco presenta también ciertas similitudes con el chileno, dentro del concepto de “escenarios de la guerra fría”. A la Polonia de 1981 le precedía Praga de 1968, pero mucho más la intervención soviética a Afganistán de 1979, que, según palabras del historiador soviético Vladislav M. Zubok (Un imperio fallido. La Unión Soviética durante la Guerra Fría, Crítica/Barcelona 2008), provocaría un “el cupo de intervenciones en el extranjero se ha agotado”, palabras de Yuri Andropov, jefe del KGB, entonces uno de los tres hombres fuertes (junto a Ustinov, ministro de Defensa, y Gromiko, ministro de Exteriores) ante la desaparición e inercia del secretario Brezhnev. A esto habría que agregarle otros factores como la llegada de Reagan a la Casa Blanca, la participación de Zbigniew Brzezinski, polaco él, como consejero de Seguridad Nacional del presidente Carter y, principalmente, la elección del también polaco Karol Wojtyla, quien como Juan Pablo II despegó una intensa labor en aras de provocar los cambios políticos, económicos y sociales no sólo en Polonia, sino en toda la entonces denominada Europa del Este.

En una entrevista (www.colpisa.es), el general Jaruzelski declaró que introdujo la Ley Marcial del 13 de diciembre de 1981 para evitar la intervención soviética y con ello “La guerra. Una intervención de la URSS en Polonia hubiera desencadenado una guerra. Las consecuencias hubieran sido mucho más graves que lo que pasó en Checoslovaquia en 1968 y en Hungría en 1956. Decreté la ley marcial para acabar con el caos social, económico y político y evitar una guerra con la URSS.” (Aunque varios autores coincidan más bien con el punto de vista de que Jaruzelski fue presionado por los líderes soviéticos para dar tal paso, evitando con ello cualquier compromiso o participación soviética, aunque difícil fuera no ver allí la política del Kremlin.)

Semejante conclusión era la del general Pinochet: “yo no soy ni fui un militar golpista. Pero cuando en 1973 vi las posibilidades de guerra civil, el armamento ilegal que llegaba secretamente al país, el acta de Chillán, las disertaciones que hacía el señor Allende en Cuba, la destrucción de todo aparato productivo del país, y la tentativa de marxismo de infiltrarse en las Fuerzas Armadas, tuve que decidir si debía ser más leal con la patria o con el presidente. Y el país estaba primero, porque además, en caso contrario, se produciría la destrucción de Chile como nación soberana.” (María Eugenia Oryazún, Augusto Pinochet: Diálogos con su historia. Conversaciones Inéditas. Santiago, Editorial Sudamericana, 1999.)

Al fin y al cabo, escenarios de la guerra fría.

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4 comentarios to “Escenarios de la “guerra fría”: Chile 1973 – Polonia 1981”

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Muy interesante la manera de engarzar las historias, hoy puedo estar tranquila porque aprendí algo nuevo, muchas gracias Domingo, abrazos.

fome la gueaaa

esto se una porquería no sale lo que yo busco¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

esto es una mierda no sale la guea que yo busco


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