Regresar las bendiciones

Posted on 15 abril, 2009. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , |

Eileen Truax/Los Ángeles

Y usted, ¿le lavaría los pies a un perfecto desconocido? De acuerdo con la tradición cristiana, Jesús le lavó los pies a sus discípulos antes de iniciar su calvario. En algunos países, sobre todo de América Latina, esta escena se reproduce durante la Semana Santa: sacerdotes en las iglesias lavan los pies de los feligreses, y de pronto algún político osado se atreve a subirse las mangas y mojarse las manos para tocar las extremidades de un votante previamente esterilizado. Mucho de eso se ha visto, y a estas alturas ya nada sorprende; hasta el viernes pasado.

Los Ángeles es la capital estadounidense de los homeless, las personas que no tienen hogar. Como alguna vez lo relaté en este blog, casi 90 mil de ellos deambulan por las calles de la ciudad abandonados, buscando comida y un lugar para dormir. Muchos van empujando carritos de supermercado en los que recogen cosas que se convierten en su patrimonio. Algunos ya son viejos y vagan porque la familia los abandonó, porque no tienen a dónde ir o por padecer algún tipo de demencia senil; también hay otros muy jóvenes, relativamente saludables, que desperdician sus años productivos caminando por la ciudad con una adicción corriendo por la sangre y con la miseria humana a cuestas. Algunos son veteranos de guerra lisiados físicamente o con algún trastorno mental producto de los meses en el campo de batalla, que no logran reincorporarse a la vida “normal”.

Uno de los barrios angelinos donde se concentran las personas en esta situación es conocido con el nombre de Skid Row. En las calles del área se ubican varios albergues para homeless, en donde durante el día reciben comida y en ocasiones alguna donación, ropa o una revisión médica. Por las noches es común verlos en las calles, hechos un ovillo en algún portal, durmiendo entre cartones.

El viernes pasado uno de estos albergues, la Misión de Los Ángeles, organizó un evento de Semana Santa para los homeless: las personas podían pasar a recibir un plato con comida caliente y obsequios, como un par de zapatos. La fila de gente esperando por la comida daba la vuelta a la esquina, y así descubrí una carpa en donde se daba otro servicio: el lavado de pies.

Frente a una línea de sillas, enfermeras y jóvenes voluntarios esperaban para lavar los pies de quienes llegaban. La figura romántica del lavado de pies como muestra de humildad tenía una función adicional: revisar la condición médica de los pies de estas personas que en ocasiones llevan años en la calle, sin visitar a un médico, en condiciones de higiene deplorables. Ahí no había una fila de espera, porque muchos homeless son desconfiados; pero poco a poco empezaron a llegar.

Centré mi atención en Steven, un joven de 16 años que, después me dijo, escuchó sobre el programa en su escuela y decidió ofrecerse como voluntario. Y le tocó su turno. Un hombre sucio, cubierto de una capa de cochambre desde la punta del pelo hasta los pies, llegó a la carpa; nadie pudo dejar de notarlo. Los evidentes meses viviendo en la calle hacían que de su cuerpo emanara un fuerte olor. Se sentó con dificultad, acomodando unas bolsas que llevaba. Cuando se quitó lentamente los zapatos, y luego los calcetines, unos pies de uñas largas, lastimados, cubiertos con callosidades, quedaron a la vista acompañados de un fuerte, concentrado, denso hedor. A distancia, mis ojos se clavaron en los pies y en el rostro del jovencísimo Steven.

Con gesto amable el chico tomó uno de los pies, lo sumergió en un recipiente con agua y jabón, y empezó a tallar a conciencia. Supongo que el agua estaba calientita, porque el rostro del hombre se suavizó. Después de un rato de tallar los pies, empezó a limarlos frotando los callos y retirando las células muertas con una toallita. Se tardó una eternidad. Sin poder retirar del todo la mugre, empezó a cortar las uñas con mucha dificultad y siendo muy cuidadoso, para después llamar a una de las enfermeras para que revisara las heridas. Mientras la enfermera curó algunas llagas, el joven estuvo atento. Al final le puso crema a los pies, les puso unos calcetines y unos zapatos nuevos.

“Yo creo que ésta es la verdadera manera de demostrar que los demás te importan”, me dijo más tarde el chico, como si nada. Me contó también que no comparte la cultura cristiana pero que considera que este ritual es una oportunidad de regresar un poco de las bendiciones que uno ha recibido. “Tal vez al principio sí titubeas un poco, pero cuando empiezas a hacerlo te sientes bien; y te das cuenta de cuánto lo aprecia la otra persona”, me dijo con una sonrisa bien honesta.

No lo dudo; pero con todo y la pila de bendiciones que me ha regalado a mí la vida, hasta hoy sigo preguntándome si yo sería capaz.

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Muere un gato por bombas israelíes

Posted on 13 enero, 2009. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

 

Una sirena empieza a ulular: es el aviso de que un bombardeo se aproxima. Unos treinta segundos después, el sonido de las bombas: un silbidito casi imperceptible, seguido de un estruendo ensordecedor; y otro; y otro. El ruido se prolonga por un minuto, dos, cuatro; la ansiedad empieza a crecer. Uno a uno, los cuerpos van cayendo al piso y se quedan ahí, amontonados.

 

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El audio, con duración de casi diez minutos, corresponde a una grabación realizada durante un bombardeo real en la franja de Gaza. Durante la protesta realizada en el barrio de Westwood en Los Ángeles, el pasado 10 de enero, los organizadores reprodujeron la grabación a través de unas enormes bocinas que hacían que se cimbrara el templete.

La multitud, que minutos antes gritaba consignas iracundas, ahora permanecía callada. Algunas lágrimas asomaban a los ojos, mezcla de rabia y dolor. Un grupo de jóvenes preparados para el momento caía al piso tal como ocurre con las personas que son víctimas de un bombardeo. Bajo la ropa portaban camisetas blancas manchadas de pintura roja, para recordar la sangre derramada; ahí quedaban, tirados en el suelo. Momentos después otros asistentes seguían su ejemplo.

 

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La marcha, organizada por la Coalición A.N.S.W.E.R. y organizaciones palestinas y árabe-americanas, fue una de las diversas movilizaciones realizadas en varias ciudades de Estados Unidos como parte del Día Nacional de Acción Masiva de Emergencia, un llamado para unificar las protestas en contra de la invasión judía a Gaza.

 

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Abdul, padre de familia originario de Jordania, llevó a sus dos hijos a la marcha. El más pequeño, Ahmad, de seis años, hace preguntas mientras ve las fotos de cuerpos lacerados. Abdul le explica que en Gaza están matando a niños como él, que incluso violaron la inmunidad de una escuela con la bandera de Naciones Unidas.

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“Mis hijos no se enteran de gran cosa porque sólo están viendo lo que dice la televisión estadounidense. Ellos nacieron aquí, su mamá es de Nebraska, su visión es muy limitada. Pero es importante que sepan que esto ocurre, que en otro país están matando a seres humanos”, comenta Abdul convencido.


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Como en todas las marchas de este tipo, lo más interesante son los carteles, los que la gente hace a mano, y las reacciones a ellos.


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Uno de los que sin duda refleja de manera tangible la rabia, la impotencia ante el silencio cómplice de los medios, es sostenido por una joven entre la multitud: “Muere un gato por bombas israelíes. ¿Ahora sí te importa, Estados Unidos?”. No es posible ser más crudo ni más elocuente. 

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Las imágenes se multiplican. Por una tarde, todos somos palestinos. 

 

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La Proposición 8: El derecho a eliminar un derecho

Posted on 14 noviembre, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , , |

Eileen Truax/Los Ángeles


“¿Debe ser modificada la Constitución de California para eliminar el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse, estableciendo que sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer es válido o reconocido en California?”.

Este es el texto en español de la Proposición 8, una de las iniciativas que aparecieron en la boleta electoral de los votantes de California el pasado 4 de noviembre, y que fue aprobada por un 52% de quienes sufragaron, revirtiendo los esfuerzos de años por parte de las organizaciones de defensa de los derechos civiles.

Hay desde luego absurdos e ironías en esta aprobación. El primero se encuentra en el texto de la propia proposición: “eliminar el derecho” es una frase que a estas alturas del partido no debería aparecer por escrito en ningún lugar, mucho menos en una iniciativa electoral, mucho menos en uno de los estados más progresistas de Estados Unidos, como se jacta de serlo California.

Después, la manera en la que se desglosa el voto. De acuerdo con los resultados de la votación, fueron dos minorías étnicas las que mayoritariamente votaron por el “sí” a la iniciativa: 70% de los votantes afroamericanos y 53% de los hispanos estuvieron de acuerdo con la eliminación del derecho; esta cifra se redujo al 49% de los blancos y 49% de los asiáticos.

El conservadurismo, y desde luego la religión, jugaron un rol importante en esta decisión. Durante los días previos a la elección diversas organizaciones conservadoras invirtieron grandes cantidades de dinero para desplegar publicidad en español, asegurando a los padres de familia que si la Proposición 8 no pasaba, a los niños se les empezaría a enseñar en las escuelas que el matrimonio podía ser integrado por un hombre y una mujer, o por miembros del mismo sexo. Las imágenes mostraban a niños latinos sentados en pupitres, viendo a dos figuras masculinas tomadas de la mano. “¿Es esto lo que quieres que aprendan tus hijos?”, decía la publicidad.

La ironía es que la iniciativa fue votada justo el mismo día en que los votantes californianos mayoritariamente eligieron a un candidato proveniente de una minoría étnica como presidente de su país: 76% de los californianos votaron por Barack Obama, contra un 19% que votó por John McCain. En el desglose por grupo étnico, 97% de los afroamericanos y 67% de los latinos votaron por Obama. El mismo día en que se dio un paso adelante en el reconocimiento de los derechos de una minoría racial, se dio un paso atrás en lo referente a los derechos de una minoría sexual.

En las grandes ciudades del estado los grupos activistas, las comunidades LGTB, académicos, artistas y opositores a la Proposición 8 realizaron manifestaciones durante los dos días posteriores a la elección y el fin de semana pasado. Con carteles, con mantas, con gritos, pero sobre todo con incredulidad, hacían un llamado para que se detuviera la decisión que podría dar marcha atrás al largamente acariciado reconocimiento al derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo que fue aprobado por la Suprema Corte de California apenas hace un año, a finales de 2007.

Pero no sólo la gente “común y corriente” ha manifestado su rechazo a la aprobación. A la oposición se han sumado concejales, legisladores y políticos de la talla de los alcaldes de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa; de San Francisco, Gavin Newsoom, y sorprendentemente el propio gobernador Arnold Schwarzenegger, así como varias organizaciones de peso, como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y el Fondo Mexicoamericano para la Defensa Legal y la Educación (MALDEF). Todos, excepto el gobernador, han presentado acciones legales que buscan invalidar la aplicación de la iniciativa aprobada bajo el argumento de violación a los derechos civiles.

En los próximos días la Suprema Corte de California deberá declarar la validez de la aprobación de la propuesta, y también deberá determinar si los matrimonios celebrados durante el año anterior conservarán su validez legal. Es decir, la corte determinará si la mayoría votante que aprobó la medida, efectivamente tiene el derecho de eliminar el derecho de una minoría.

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López Obrador en Los Ángeles, o de cómo la lealtad de las bases se mide vendiendo DVDs.

Posted on 8 octubre, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

En el año 2005, cuando el proceso de desafuero en contra de Andrés Manuel López Obrador estaba a todo lo que daba, un grupo de mexicanos en California simpatizantes del político se organizó para apoyarlo desde acá. De pronto aparecieron en las defensas de algunos autos estampas que decían “No al desafuero”, financiadas por miembros de la comunidad, líderes, empresarios y hasta un cura. Desde Sacramento y San José hasta Los Ángeles se fue tejiendo una red que organizó protestas afuera de los consulados mexicanos para llamar la atención de los medios locales sobre lo que ocurría en México.

Una vez superado el episodio del desafuero, y con la popularidad de AMLO viento en popa, el siguiente paso para esta comunidad fue organizarse para participar en las elecciones presidenciales. Por primera vez en la historia, la elección de 2006 ofreció a los mexicanos viviendo fuera de su país la oportunidad de votar por el presidente. A pesar de las absurdas restricciones que puso el Congreso Mexicano al Instituto Federal Electoral (entre ellas contar con una credencial de elector que sólo se expide en México y a la cual, por razones obvias, no puede acceder la población migrante indocumentada), los mexicanos en California participaron activamente en el proceso haciendo campaña por López Obrador. Como hubo gente que quería votar por él y sí podía salir del país, pero no tenía credencial, algunos se organizaron para ir en caravanas hasta Tijuana a hacer la solicitud, y luego a recoger la credencial. Se armaron brigadas informativas que una o dos veces por semana se paraban afuera de los consulados para hablar del proyecto de López Obrador.

Por supuesto, en estas circunstancias, el acontecimiento más esperado era la visita del candidato. Los Ángeles es la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo, sólo después de la Ciudad de México –sí, más que Guadalajara o Monterrey. Pero a pesar de las cifras, tradicionalmente la clase política mexicana siente cierto desprecio por los migrantes. No los toman en cuenta para la creación de políticas públicas, ni siquiera en el diseño de programas que supuestamente beneficiarán a los propios migrantes. Eso sí, el migrante existe en tiempos de crisis, cuando se le pide su apoyo económico, y en tiempos electorales, cuando se le pide su voto. En los últimos años algunos gobernadores han empezado a venir con frecuencia y a acercarse a sus migrantes; tal es el caso de la gobernadora de Zacatecas, Amalia García, quien visita el sur de California en promedio una vez al mes; pero esta es la excepción, no la regla.

Cuando López Obrador fue jefe de gobierno del Distrito Federal nunca se le ocurrió acercarse a los migrantes. En los cinco años que ocupó el cargo, ni una sola vez hubo el intento de hacer una visita a este México del norte, a pesar de que en el mismo periodo el D.F. llegó al quinto lugar entre los estados receptores de remesas.

En septiembre de 2005 empezó a correr el rumor de que López Obrador vendría a dar “El Grito” de independencia a Los Ángeles, presidiendo la tradicional ceremonia conmemorativa de la Independencia de México que se celebra en la ciudad de Huntington Park, en el condado de Los Ángeles, cuya población es 99% mexicana. Los integrantes de la red de apoyo de AMLO le mandaron a hacer una chamarra de mezclilla y piel con sus iniciales bordadas; ese sería su obsequio cuando llegara.

La visita se canceló debido a que en esas fechas se establecieron normas en la contienda electoral que impedían que los aspirantes a la presidencia hicieran proselitismo fuera de México. Aunque la visita de AMLO no sería un evento de campaña, sus asesores le recomendaron no viajar para evitar nuevos conflictos con la autoridad. La gente de este lado comprendió, y entonces empezó a organizar una caravana para ir a un acto de campaña que tendría López Obrador en Tijuana, el siguiente noviembre.

Manejando hasta 14 horas continuas, automóviles provenientes de San José, en el norte del estado, se sumaron a otros que partieron del Valle Central, y a los que viajaron desde Los Ángeles. Un grupo de unas 40 personas llegó hasta Tijuana con el entusiasmo a cuestas, y con la chamarra del obsequio. Explicaron a la gente del candidato quienes eran, asumiendo que los recordarían. El candidato no los pudo recibir. El equipo sólo permitió a uno de ellos que subiera durante un par de minutos al escenario a entregarle la chamarra. Aún así, los seguidores de Andrés Manuel no cabían en sí de la emoción por haber visto a su candidato.

Después del 2 julio, los mismos grupos armaron infinidad de eventos, protestas, reuniones informativas, denunciando las irregularidades registradas durante la elección. Dos años han pasado y estos grupos continúan difundiendo las actividades de López Obrador, quien a partir de su nombramiento como “presidente legítimo” recorre el país con el objetivo de visitar todos los lugares donde haya un mexicano. Todos excepto Los Ángeles, en donde hay un millón y medio de ellos.

De pronto un día se dio la noticia: López Obrador estaría en la ciudad. Con bombo y platillo se anunció que vendría un par de días acompañando al cineasta Luis Mandoki, quien presentó el documental “Fraude” en el festival de cine latino local. Las redes de apoyo a Andrés Manuel enviaron correos electrónicos y prepararon la recepción. A su llegada al aeropuerto lo estaban esperando para demostrarle su afecto, para tomarse la foto con él.

Los dos días siguientes López Obrador se dedicó a recorrer los medios de comunicación. El objetivo de su visita, dijo, era ayudar a Mandoki a promover el estreno comercial de “Fraude” a mediados de octubre, y la venta del mismo en DVD. El excandidato no se reunió con ningún grupo comunitario.

Durante su visita a las oficinas del periódico en el cual trabajo le pregunté las razones de su ausencia, lo cuestioné sobre su lejanía de la gente que lo ha apoyado, su falta de sensibilidad hacia este México que, además de dinero, manda su solidaridad y sus esperanzas a alguien como él. Me respondió que él nunca sale. Que durante el tiempo que fue jefe de gobierno no había podido venir porque estaba “ocupado”. Que a él no le gusta viajar al extranjero. Con gran decepción, lo vi no conmoverse ni un ápice cuando le conté fragmentos de lo que he relatado en este texto. Me dijo, viéndome a los ojos: “y esta vez, a lo que vine fue a promover la película, y espero que mucha gente la vea”.

Lo curioso es que sí, la gente la va a ver. Platiqué con algunos de quienes lo recibieron; los mismos que dos años después siguen coreando al interior del cine donde se proyecta “Fraude”: “Es un honor estar con Obrador”. Los mismos que, segura estoy, comprarán el DVD tan pronto salga a la venta.

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El absurdo del impasse presupuestal en California

Posted on 19 septiembre, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: |

Eileen Truax/Los Ángeles

Delgadita, morena, con gesto serio y marcadas ojeras, Berenice da la impresión de ser una persona triste; pero cuando empieza a relatar su historia aparece una jovencita decidida a salir adelante, gracias al apoyo que ha recibido en el Women’s Transitional Living Center (WTLC).

Esta organización, ubicada en el sur de California, ofrece albergue a mujeres víctimas de violencia doméstica y tráfico de personas. Durante 31 años ha operado con financiamiento público, en su mayoría proveniente del estado. Sin embargo en unos cuantos días, el centro podría cerrar dejando en la calle a jóvenes como Berenice.

En junio pasado, la Asamblea de California –de mayoría demócrata- y el gobernador republicano Arnold Schwarzenegger, iniciaron un absurdo juego de vencidas en torno a la aprobación del presupuesto estatal. Reconociendo ambas partes la necesidad de tomar medidas drásticas para subsanar el déficit presupuestal que asciende a 15 mil millones de dólares, la disputa ha girado en torno al mecanismo idóneo para lograr este objetivo: las posturas de ambos bandos han ido como péndulo, de medidas que podrían desembocar en un endeudamiento aún mayor a largo plazo, a recortes en programas vinculados con áreas tan sensibles como la salud y la educación; la última, proveniente de la mesa del gobernador, ha sido tan absurda como presupuestar por adelantado los impuestos a recibirse durante el próximo año fiscal.

Sin entrar en los detalles del debate, me limito a sintetizarlo en que durante tres meses el congreso local ha rechazado las propuestas de Schwarzenegger, y éste ha ejercido su derecho al veto en las iniciativas aprobadas por los legisladores. El año fiscal, que inicia en julio, llegó sin presupuesto aprobado y las semanas empezaron a transcurrir. Y ya vamos para tres meses.

Las agencias que dependen completamente o en gran medida del dinero público, como clínicas de atención gratuitas o de bajo costo; centros de cuidado infantil para padres que trabajan; centros de apoyo psicológico, y refugios como el WTLC, primero echaron mano del dinero que tenían ahorrado; después empezaron a pedir dinero prestado, y hace dos semanas,algunos empezaron a cerrar.

Cada día se escuchan decenas de historias: padres que están indecisos entre seguir trabajando o quedarse en casa con los hijos porque no pueden pagar una guardería privada; personas que deben cesar un tratamiento médico, y que probablemente terminarán yendo en algún momento a la sala de emergencias de un hospital público, a recibir un servicio que le costará cinco veces más al propio estado; personas desempleadas que han dejado de recibir el seguro de desempleo, porque el dinero está ahí, pero sin presupuesto no fluye.

Pero de todas las historias, la del WTLC es la que más me ha impactado, por la enorme vulnerabilidad de quienes ahí son atendidas.

Berenice, joven mamá de un niño de 2 años y otro de 7 meses, llegó al centro en medio de una crisis personal que incluía violencia doméstica, consumo de drogas y el riesgo de perder la custodia de sus dos hijos.

“Iba a ser arrestada y me iban a quitar a los niños si no entraba a un programa, y no quería perderlos”, dice sobre el motivo que la llevó a buscar ayuda. Cuatro meses después, Berenice atiende a sus hijos; el más grande la conoce poco, ya que desde los tres meses de edad lo cuidaron por ella. El tiempo que ha estado en WTLC ha servido para crear un lazo con él, lo cual, dice, la hace sentir que está haciendo bien las cosas.

“Mucha gente me dijo que tenía mucho que probar, pero tan sólo en los últimos dos días siento que lo he hecho; no estoy en la cárcel, no estoy usando drogas, y mi niño ahora ya me dice mamá”, dice con una paz que contagia.

En el sitio viven 61 mujeres y 61 niños, 23 de los cuales son menores de 5 años; la mayoría de los ahí refugiados son hispanos. Además de los casos de violencia doméstica, el albergue aloja a mujeres que han sido víctimas de tráfico de personas con fines de explotación sexual o laboral, muchas de las cuales tienen necesidades especiales de seguridad debido a que han aceptado testificar en contra de los traficantes. Si el albergue cierra sus puertas, las mujeres indocumentadas sólo tienen dos opciones: o regresar a sus países, donde los traficantes las tienen ubicadas, al igual que a sus familias, o quedar en custodia de las autoridades de inmigración.

Para quienes son víctimas de violencia el asunto tampoco es sencillo; podrían enfrentar la situación de tener que ir a la calle, o en un caso peor, de regresar con la persona que abusa de ellas. Para alguien como Cora, otra de las mujeres refugiadas ahí, este sería el peor escenario. A sus 48 años de edad, y en medio de una crisis por uso de drogas, Cora tuvo que recurrir al programa de WTLC para escapar de quien abusaba de ella. Hoy está a punto de finalizar la primera etapa del programa de rehabilitacieon y aspira a, en dos años, estar completamente reincorporada a su vida, sin dependencias, con un empleo y un ingreso sólido.

“Yo pienso que ellos tendrían que pensar en las consecuencias que tiene para las personas el que no nos den recursos”, dice Cora sobre los legisladores estatales y el gobernador. “No somos números; en algunos casos, como el mío, estar aquí es cuestión de vida o muerte”.

 

* Este texto es una adaptación de una historia publicada originalmente en el diario La Opinión de Los Ángeles. Los nombres de las entrevistadas fueron cambiados por motivos de seguridad.

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Héroes de película y política ficción

Posted on 29 agosto, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

Tal vez ustedes vieron la foto. Se publicó el 14 de agosto, durante la 26 Conferencia de Gobernadores Fronterizos que se celebró en Hollywood, California. Cinco de los seis gobernadores mexicanos (Baja California, Sonora, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas), y tres de los cuatro estadounidenses (California, Arizona y Texas) que participaron en la reunión, decidieron olvidar el sentido del ridículo y se vistieron como Terminator, el personaje de película del gobernador anfitrión.

 

 

Este evento se celebra una vez por año y la sede se va alternando: un año toca en un lado de la frontera, al siguiente en el otro. Cada año también esta agrupación, cuyo objetivo es trabajar en propuestas integrales para resolver los principales problemas que enfrenta la región, nombra a un nuevo presidente; el estado del presidente electo es el que recibe a la Conferencia al año siguiente.

Así que el goberneitor de Califonia, Arnold Schwarzenegger, tuvo todo un año para decidir cómo iba a celebrar su reunión. ¿Qué tal el Getty Center, uno de los espacios arquitectónicos más hermosos de Los Ángeles? ¿O el LACMA, el museo de arte del condado que justo ahora presenta una muestra de arte chicano? ¿Qué tal, ya de perdida, el tradicional Hotel Biltmore, en el corazón de la ciudad, en donde John F. Kennedy estableció su centro de operaciones durante la Convención del Partido Demócrata en 1960? (de acuerdo, tal vez esto era mucho pedir al republicano goberneitor).

Es possible que Schwarzenegger haya considerado todas estas opciones, evaluado las condiciones de seguridad, la imagen que quería proyectar al mundo, la importancia de los temas a tratar. Y al final, decidió llevar a sus contrapartes mexicanos a los Estudios Universal.

Vestido con el atuendo de Terminator, Schwarzenegger recibió a sus invitados con el espectáculo Terminator 2, una de las principales atracciones del parque de diversiones en la que se recrea una aventura de la serie con efectos especiales en tercera dimensión. Al finalizar el número, un hombre vestido como el personaje sale literalmente de la pantalla sobre una moto; solo que en esta ocasión, quien salió fue el goberneitor en persona.

¿Puede el lector imaginar la euforia de Eduardo Bours, el gobernador de Sonora, o de Natividad González Parás, de Nuevo León, al ver aparecer al personaje? Pues duplíquela, porque Terminator traía consigo chamarras obscuras, lentes, y un fotógrafo para captar el momento. Tiempo habría de sobra para hablar del tráfico de niños con fines de explotación sexual y laboral, sobre el Plan Mérida o sobre las ejecuciones del lado mexicano que empiezan a tener impacto al norte del Río Bravo.

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Mientras esta escena se desarrollaba en las montañas de Hollywood, el secretario de gobernación mexicano, Juan Camilo Mouriño, se preparaba para viajar y asistir a la reunión. Momentos antes del viaje, en entrevista con Gardenia Mendoza, del diario La Opinión, el secretario hizo un llamado a los migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos para que continúen enviando su dinero a México a fin de que éste sea invertido en proyectos productivos en sus comunidades. Al ser cuestionado sobre lo que más le desagrada de su cargo en el gobierno, Mouriño respondió que el tiempo que tiene que pasar alejado de su familia. Acto seguido se dirigió al aeropuerto y tomó un vuelo hacia Los Ángeles, en donde cientos de miles de mexicanos indocumentados, muchos de ellos con cinco, diez, quince años sin ver a su familia, continúan enviando dólares no para proyectos productivos, sino para que los suyos puedan susbsistir día a día.

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Mouriño y Schwarzenegger se encontraron esa tarde en la recepción que ofreció el mandatario a sus invitados. A nombre de su jefe Felipe Calderón, el secretario de gobernación mexicano se pronunció por que las fronteras “tengan un rostro humano, sean dignas y amigables para quien transita por ellas”.

Difícil, muy difícil en estos tiempos, saber dónde termina la política y dónde empieza la ficción.

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Fe Migrante

Posted on 31 julio, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , |

Eileen Truax/Los Ángeles

 

A lo largo de varias cuadras de la Avenida 56, en la ciudad de Maywood, California, se podía ver el rastro de pétalos de rosas rojas y blancas. Era viernes en la tarde y decenas de familias mexicanas llevando ramos de flores, rosarios, la foto de algún hijo o de un hermano, acompañaban en su llegada a su más notable visitante venido de Tlacotepec, Puebla: El Señor del Calvario, la imagen religiosa que se venera en esa comunidad y a la cual se encomiendan los migrantes antes de partir.

 

Cuenta la historia religiosa que el Señor del Calvario, la imagen de un Cristo negro no crucificado, sino yaciente, se apareció encima del cerro del Calvario, junto al pueblo de Tlacotepec de Benito Juárez, en el siglo XVII. Al ser descubierto los habitantes lo llevaron a la población para colocarlo en el templo local, pero al día siguiente la imagen había desaparecido: la encontraron nuevamente sobre el cerro. Al interpretar que ese era el sitio donde el Cristo quería permanecer, decidieron erigir un templo en el lugar.

 

Hasta ahí siguen llegando hoy los habitantes de Tlacotepec y de los poblados aledaños, lo mismo para pedir un milagro, para cumplir una manda o para dar gracias por los favores recibidos. Y hasta ahí llegan también las madres que despiden a sus hijos cuando éstos se van para el norte, hacia Estados Unidos. Entonces la plegaria es siempre una: que llegue con bien, que el cruce no se complique, que el pollero no se pierda, que la migra no lo agarre, que no le toque duro el sol, que le alcance el agua, que llegue, que llegue con bien, que llegue con bien.

 

“Yo sentí que me moría”, cuenta Luis Torres a todo el que se lo pregunta. “Me hubiera muerto de hambre en el desierto, porque el coyote se perdió, la migra nos fue orillando, orillando, y ya llevábamos tres días caminando”. Luis está seguro que es el Señor del Calvario quien le permitió llegar; por eso se hace cargo de la organización: el transporte de la imagen desde Puebla hasta Los Ángeles; la recepción en las distintas ciudades que visita, la celebración de misas, el contacto con los medios.

 

El 17 de julio por la noche la imagen del Señor del Calvario cruzó la frontera entre México y Estados Unidos. Los agentes de inmigración estadounidenses miraban sorprendidos y se volteaban a ver entre sí. “¿Y cómo sabemos que sí es un santo? ¿Y cómo sabemos que usted es sacerdote? ¿Y qué tal que lleva droga ahí adentro?”, son algunas de las preguntas que le hicieron al padre Adolfo Torres, párroco de Tlacotepec. “Revísenlo”, respondió el padre. La imagen pasó la frontera sin revisión alguna.

 

Al día siguiente el Este de Los Ángeles estaba de fiesta. Saliendo de trabajar, recién bañados y llevando a sus hijos pequeños, decenas de poblanos recibieron la imagen e inició el recorrido: Maywood, Van Nuys, Pacoima, Pomona, Ontario, Riverside, una decena de ciudades alojarán al santo en su visita de tres semanas, misma que finaliza este 10 de agosto. Hasta ahí, hasta las casas de poblanos que lo alojan por una noche, llegan los devotos: la madre que llora recargada en el cristal, recordando el diagnóstico de leucemia de su hija; la niña, en tanto, corre por un patio más saludable que nunca. La mujer que recuerda un embarazo complicado: el médico dijo que sólo una de las dos, madre o hija, se podrían salvar; hoy ambas besan la urna que contiene al Cristo. El hombre que llora en silencio, inmóvil, a unos centímetros de la imagen; llegó hace cuatro años, y dice que llegó gracias a él. 

 

Pero no sólo la fe lleva a la gente a ver al Señor del Calvario. Para Humberto Merino, uno de los organizadores, se trata también de una cuestión de identidad cultural: de que los hijos lo conozcan, que sepan cuál es su origen, que conozcan un pedacito de la historia familiar. Armando, un hombre que no ha regresado a su pueblo desde hace más de 10 años, se conmueve particularmente mientras toca el marco de madera de la urna: esa misma madera, la que está tocando él, es la que toca su mamá cuando va al templo, allá en Puebla. De alguna manera, el contacto con el objeto lo hace sentir cerca, con una nueva energía.

 

Luego está la otra parte, la del negocio. Porque el Señor del Calvario no sólo ayuda a pasar o en cuestiones de salud; ayuda a la estabilidad económica. Así, dentro de la urna en donde la gente deposita flores y billetes de un dólar, de cinco, de veinte, como limosna, empiezan a aparecer las tarjetas de los negocios encomendados: uno de mantenimiento, otro de servicios de limpieza. El integrante del mariachi que toca en la misa, antes de retirarse, desliza por el cristal de la urna su propia tarjeta de presentación; así “el santito” los tiene en cuenta.

 

Lo más conmovedor tal vez son las fotos. Las de la familia, las de pareja, la de un bebé. La mayoría tiene algo escrito a mano: “Señor del Calvario, cuídame a mi familia en Puebla”. Algunas, con letra infantil y en inglés, emocionan a cualquiera: “Please help my brother to stop drinking”.

 

Cada tarde, cerca de las seis, la imagen sale de una casa y se traslada a otra, y en ésta se celebra una misa. Hace tres años los migrantes le mandaron a hacer una urna en el que lo nombran el Señor de los Inmigrantes; ahí está la leyenda, grabada en el cristal, siempre junto al altar

 

“El Señor viene para darnos esperanza a aquellos que no podemos regresar a Tlacotepec”, dice un sacerdote mientras oficia. “Vivimos en un ambiente que no favorece a los migrantes, donde estamos perseguidos, acosados, por buscar una vida mejor. El señor nos viene a decir que aunque algunos nos deseen el mal, nosotros debemos continuar con fuerza”.

 

La gente que está ahí sabe de eso. Cuando a alguien le toca hablar por la comunidad, el mensaje es claro. “Vamos a pedirle a nuestro Señor del Calvario, nuestro señor de los inmigrantes, que así como ha venido a vernos, ayude a las autoridades a entender que somos gente buena, que trabajamos duro y no hacemos mal a nadie. Vamos a pedirle que nos haga el milagro de que todos nos legalicemos, que podamos vivir tranquilos en este lugar que tanto nos ha dado a nosotros y a nuestros hijos”.

 

Cuando vuelven a trasladar la imagen, la cargan entre varios hombres y parece que pesa más. Tal vez tanta petición, tanto encargo. Tal vez porque lleva a cuestas la esperanza en ese milagro, el que todos esperan, uno tan difícil de cumplir.

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Políticos negros: entre el entusiasmo y el temor

Posted on 18 junio, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

Se les podía ver desde varias cuadras atrás: ellas, con el mejor atuendo, zapatos altos, bolsas y accesorios vistosos; ellos con traje, corbata, alguno más con un chaleco brillante y varios con sombrero y pañuelo en el bolsillo. Era fácil adivinar a dónde iban. En el sur de Los Ángeles, la comunidad afroamericana estaba de fiesta desde hacía algunas semanas, cuando Karen Bass, activista, política y ahora representante de este barrio ante la Asamblea estatal de California, asumió la presidencia de este organismo el pasado 13 de mayo.

Bass es la primera mujer afroamericana en ocupar el cargo. Durante la ceremonia de toma de protesta realizada en Sacramento, la capital del estado, la asambleísta hizo alusión al peso de la Historia claramente colocado sobre sus hombros y al compromiso de cumplir dignamente en la representación de su comunidad: la angelina, por supuesto, pero específicamente la afroamericana.

Sin embargo dicha ceremonia no bastó y Bass decidió venir a Los Ángeles, caminar por su barrio, visitar un colegio comunitario en la zona y ahí repetir la ceremonia simbólicamente en su distrito, con su gente. A cargo de la toma de protesta estuvo el alcalde Antonio Villaraigosa; al habla varias mujeres líderes, y a cada momento los discursos que hicieron alusión a la profunda desigualdad que sufren las minorías, sean éstas conformadas por negros o por latinos.

Cada vez que se mencionó el nombre de un personaje de la comunidad negra, el auditorio vibró. Aplaudieron rabiosos cuando se mencionó a Martin Luther King, lloraron cuando Bass levantó la mano derecha, y gritaron eufóricos en todas las ocasiones –varias- en las que fue mencionado el otro gran “primer” de la comunidad: el candidato demócrata Barack Obama.

De pronto tanta emoción me pareció extraña. En un estado como California, en donde la manera de hacer política es predominantemente progresista –sí, a pesar de estar gobernado por el Terminator-, sentí que esto no tendría que ser un “logro”. ¿No es que desde hace mucho era tiempo de que una mujer negra llegara a ese sitio? ¿No es que el candidato negro tendría que ser algo común, como uno alto, como uno calvo, como uno del sur? ¿No será que esta comunidad se había tardado?

Cuando comenté el asunto con un colega, éste me respondió con los números. En California apenas el 7% de la población es negra; en ciudades como Los Ángeles esta cifra se eleva al 11% y, a nivel nacional, los afroamericanos conforman apenas un 13% del censo (los latinos, por ejemplo, representamos el 15% a nivel nacional y el 47% en ciudades como Los Ángeles). Numéricamente, pues, se podría decir que no tienen un peso importante. Es comprensible entonces, me dijo, que los espacios apenas se vayan abriendo. Es comprensible el miedo de algunos. Y es comprensible, por tanto, la euforia de todo un grupo cuando uno logra marcar un parteaguas.

Justo al día siguiente de que sostuve esta conversación, me llegó un correo electrónico. Earl Ofari Hutchinson, un conocido líder de la comunidad negra angelina, escribió un artículo sobre el temor de un posible asesinato de Barack Obama. Comparándolo con los hermanos Robert y John F. Kennedy, y con el propio Martin Luther King, hablaba de la esperanza de justicia racial representada en el candidato; un candidato con una posibilidad real de convertirse en el presidente del país más poderoso del mundo.

Según Hutchinson, existe evidencia de que tan pronto Obama anunció su deseo de competir por la candidatura, las amenazas de muerte comenzaron a aparecer, lo que llevó a que tempranamente le fuera asignada la protección del Servicio Secreto en sus recorridos de campaña. Conforme los eventos fueron creciendo en el número de seguidores, también lo hicieron el número de elementos de seguridad y la cantidad de denuncias sobre ataques de tipo racial en contra de los simpatizantes del candidato. El temor está ahí.

Pensé en las ocasiones en las que he podido ver a Obama, o a su esposa, dominando la escena. Pensé en Karen Bass, caminando muy confiada entre su gente, en su barrio. Imaginé el miedo corriendo por sus venas. Me recordaron a mi propia gente, a la minoría latina que cada día sale a poner su cara de valiente aunque por dentro se muera de miedo.

Entendí la euforia, los rostros de orgullo, los ojos llenos de lágrimas de la gente que fue recibir a Bass. Recordé las palabras que me dijo al finalizar su evento en el sur de Los Ángeles: “Ciertamente es un momento importante; pero será maravilloso cuando llegue el día en que esto no sea un parteaguas, sino algo que se da de manera natural. Cuando el hecho de que una mujer pueda aspirar a ser presidenta de la Asamblea, o un afroamericano a ser presidente del país, como parte de la normalidad, no de la excepción”.

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Morir bajo el rayo del sol

Posted on 11 junio, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

Bajo el rayo del sol de los campos de California y contando con sólo 17 años de edad, María Isabel Vásquez Jiménez, una joven indígena oaxaqueña que trabajaba podando los viñedos, cayó desmayada el pasado 14 de mayo. Dos días después murió en un hospital. El diagnóstico indicó muerte por deshidratación.

Según cifras del Sindicato de Campesinos (UFW), en los últimos cuatro años han muerto al menos 10 trabajadores en los campos de este estado debido a las altas temperaturas y a la exposición al sol. Sin embargo el caso de María Isabel ha llamado la atención por dos motivos: el primero, porque su muerte se dio a unos días de la Cumbre de Gobernadores Fronterizos celebrada en la residencia oficial de Los Pinos, presidida por el presidente mexicano Felipe Calderón, y a la cual asistió el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. El segundo, porque María Isabel estaba embarazada.

El día que murió María Isabel el termómetro registró 95 grados Farenheit, unos 35 centígrados, en la zona cercana a Sacramento, la capital estatal, donde trabajaba la joven al lado de su pareja, Florentino Bautista. La chica había llegado unas semanas antes con el fin de ganar dinero para ayudar a su madre viuda, quien se quedó en Oaxaca.

De acuerdo con una nota publicada por Araceli Martínez, reportera del diario La Opinión, María Isabel trabajó en los viñedos desde las 10:30 de la mañana hasta las 4:30 de la tarde. A esa hora se empezó a sentir mareada, se desmayó y su novio alcanzó a sostenerla. La chica fue colocada en el asiento trasero de la camioneta que lleva a los trabajadores del campo a sus casas, un vehículo sin aire acondicionado, donde el calor era aún más sofocante. La joven permanecía inconsciente, pero no podían llevarla a su casa porque tenían que esperar a que la cuadrilla terminara de trabajar. Finalmente, cuando decidieron llevarla al hospital, el “mayordomo”, como le llaman en estos campos a la persona que dirige a los trabajadores, le llamó por teléfono a Florentino para decirle que no mencionara el hecho de que María Isabel se había desmayado trabajando, debido a que al ser menor de edad podrían tener problemas. Le sugirió que dijera que se había desvanecido cuando corría para “mantenerse en forma”.

La chica llegó a la clínica 90 minutos después del desmayo, con una temperatura corporal de 108.4 grados Farenheit, unos 42 centígrados. Murió dos días después. En el intento por revivirla, los doctores detectaron que tenía dos meses de embarazo.

Tan pronto se dio a conocer el caso inició el ritual de rasgarse las vestiduras. Schwarzenegger se presentó en la ceremonia fúnebre para dar el pésame a la familia, reconociendo abiertamente que las regulaciones que puso en marcha en 2005 para que los contratistas proporcionen agua y sombra a los campesinos no son cumplidas; de acuerdo con el gobernador, más del 35% de los empleadores inspeccionados en 2007 por las agencias correspondientes no cumplían con estas normas.

Sin embargo durante su reunión con Calderón unos días después, cuando ambos mandatarios lamentaron la muerte de la joven, nada se mencionó sobre el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC), cuyas políticas de competencia desigual han llevado al éxodo de mexicanos hacia Estados Unidos debido a la crisis en la que se encuentra sumido el campo mexicano.

María, cosechando mandarinas en un campo de cítricos en Tulare

A partir de la entrada en vigor del TLC, la migración de mano de obra campesina proveniente de los estados del sur de México como Oaxaca o Chiapas se ha disparado de manera exorbitante. Aunque no hay datos exactos se estima que en California podría haber unos 200 mil oaxaqueños, y sólo en el Valle Central, corazón agrícola del estado, entre 45 mil y 70 mil. El asunto es que en México muy poco se hace para detener esa migración, porque ni siquiera se reconoce. Durante su reciente visita a Los Ángeles, Calderón defendió a capa y espada al TLC; aseguró que el campo está en mejor situación que antes de su entrada en vigor y que los índices de migración no son tan altos como se señala. Pero hace unos meses, mientras hacíamos un recorrido por un campo de fresas, un activista me comentó que a partir del año 2000 empezaron a llegar cada vez más oaxaqueños a la región: entre 50 y 100 personas diarias tan sólo en la ciudad de Oxnard, en donde nos encontrábamos. En Oaxaca, es bien sabido, los pueblos se están quedando solos; pero el gobierno mexicano se niega a aceptarlo.

Según estimaciones del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB), hay entre 40 y 50 mil trabajadores agrícolas en el Valle de San Joaquín, de los cuales 98% sería latino. Entre ellos, 35% es de origen indígena.

Trabajadora mexicana en un campo de lechugas en Fresno

Y a pesar de las leyes o de la fuerte sanción finalmente aplicada por el gobierno de California a la empresa que contrató a María Isabel, las condiciones de trabajo para estos campesinos siguen siendo deficientes. Recorriendo los campos de cítricos de Tulare, o los de cebollas y lechugas en Fresno, las imágenes son muy parecidas a las de hace diez, veinte años: trabajan con la espalda doblada, bajo el rayo del sol, entre químicos y fertilizantes. Cuando te saludan extienden una mano blanca, llena del polvo producido por un pesticida.

El miedo a perder el empleo o a la deportación; la falta de dominio del inglés, y en el caso de los indígenas, del español, favorecen que estos campesinos no se quejen; que sigan trabajando a brazo partido, enviando dinero a los viejos y a algunos niños que se quedaron en su lugar de origen, anhelando que gracias a su esfuerzo la siguiente generación no tenga que trabajar en estos campos; hasta que un día, alguno de ellos muere deshidratado bajo el rayo del sol.

Campo de lechugas en Fresno

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Libros sin la letra eñe

Posted on 22 mayo, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

Hace un par de semanas una noticia sacudió a los medios locales en el sur de California: Rueben Martínez, propietario de la Librería Martínez, con sucursales en los condados de Los Ángeles y Orange, anunciaba el posible cierre de su negocio por estar al borde de la quiebra.

Supongo que en el resto del mundo el cierre de una librería pequeña no causaría tanto revuelo, de no ser por una razón: aquí, Librería Martínez es conocida por ser el único lugar en donde se pueden conseguir buenos libros en español.

El condado de Los Ángeles cuenta con más de 10 millones de habitantes; uno de cada cuatro personas que viven en California residen ahí. De esos 10 millones, 45% es hispano.

El cambio demográfico de los últimos años, que ha llevado a esa composición, se ve reflejado en todos los productos y servicios de la zona. Las grandes compañías han abierto áreas de atención en español en sus departamentos de telemercadeo. Las empresas que venden autos, electrodomésticos, seguros, juguetes, ropa, muebles, servicios legales, alimentos, todas se anuncian en español; ni qué decir de la proliferación de negocios específicamente abiertos para este mercado: locales de envío de dinero a México, El Salvador, Guatemala, Honduras; puestos que venden “tortas estilo D.F.”, pupuserías (la pupusa, para quien aún no ha tenido el placer de comer una, es el equivalente salvadoreño del taco mexicano), carnitas estilo Michoacán, la música, la ropa típica, las bebidas, los enlatados traídos después de cruzar dos y tres fronteras para que la gente se sienta como en casa. Pero libros, esos no hay.

Librería Martínez inició sus operaciones en 1993 vendiendo sólo libros en inglés. Dos años más tarde, Martínez decidió dar el giro e incursionar en el mercado en español. Funcionó, aunque, como toda librería pequeña, nunca fue el gran negocio; pero daba para pagar la renta. Con el  boom del mercado hispano, las grandes cadenas de librerías como Borders y Barnes & Noble incluyeron algunas publicaciones en español, las que consideraron “de cajón”: García Márquez, Vargas Llosa, Isabel Allende, Carlos Fuentes. En una librería de tres pisos, con cantidades enormes de anaqueles, un sólo librero en un rincón muestra los libros en español. Si uno pide un título en específico, los empleados no saben de qué se trata. Ni hablar de pedir una recomendación. Esto genera un círculo vicioso: la gente no se siente bienvenida, no siente suya la librería cuando va por un libro en español, así que deja de ir. Las ventas bajan y el rincón de los libros con eñe se reduce cada vez más.

El caso de Martínez es distinto. Los grupos conservadores que promueven que en Estados Unidos se hable sólo en inglés, y que cuestionan las tendencias del mercado para hacer promoción en español, no han tenido argumentos suficientes en contra de Martínez, cuya familia es originaria de Sonora, México, porque la librería vende libros en ambos idiomas: el más reciente de Barack Obama, en español; los de Carlos Fuentes, en inglés. Pero de acuerdo con las vendedoras, de cada 10 libros que se venden, 9 son en español.

Por esta razón, Martínez, de 68 años, considera que el problema en su negocio no es la falta de interés en los libros en español, sino una crisis económica que afecta al mercado en general, y que golpea particularmente a la población hispana. Esto, como en el caso de toda la industria editorial, se ha sumado a la llegada del internet.

“Hay una señora que normalmente viene una vez al mes. Trabaja limpiando casas, pero cuando viene se lleva tres libros, siempre”, me contó. “La última vez que vino le pregunté qué se iba a llevar. Con pena me mostró sólo uno, me dijo que no podía llevarse más. La verdad es que le dije que mejor releyera los que ya tiene, que los libros son para leerse muchas veces, y que vuelva cuando mejore la situación. ¿Qué otra cosa puedo hacer?”.

Óscar Benítez, propietario de la Librería El Quijote –vaya nombre más apropiado-, al norte de Los Ángeles, asegura que es difícil que alguien invierta en libros sólo por negocio. “Actualmente, si usted hace un plan de negocios para abrir una librería, necesita el mismo capital que se requiere para abrir una licorería. Haga el cálculo”, me dijo.

En las bibliotecas públicas la cosa no mejora mucho. El sistema de Bibliotecas Públicas de Los Ángeles (LAPL) cuenta con secciones en español que ofrecen materiales de buena calidad, pero poco actualizados. Si alguien quiere leer lo último que escribió Pérez-Reverte posiblemente lo encuentre, pero dentro de dos años. “Hacemos lo que podemos dentro de nuestras restricciones presupuestales”, me dijo una representante de LAPL justo dos días después de que se anunciara un recorte en los recursos para este sistema.

Saraí Ferrer, una editora independiente, me dijo que ella ha buscado apoyo para editar libros en español para su distribución en las escuelas. “El problema es que las leyes en California especifican que si vas a hacer libros para niños, primero deben ser escritos en inglés, aprobados por un comité, y luego traducidos. Dime, ¿quién le va a entrar?”.

Pero si los gobiernos estadounidenses atienden lo que pueden, y los particulares simplemente no quieren, ¿no sería preciso que entrara en juego una tercera parte en la ecuación?

Hace unos meses tuve oportunidad de platicar con un alto funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México (SRE) y le preguntaba si el gobierno mexicano, cuya obligación es velar por todos los mexicanos, estén en donde estén, no tendría que hacer algo para acercar publicaciones en español a sus paisanos en Estados Unidos.

Por ejemplo Los Ángeles, le dije. Los Ángeles es la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo; más que Guadalajara o Monterrey. ¿No podría la SRE poner una librería pequeñita, unos diez metros cuadrados, en las instalaciones del Consulado? ¿No podrían llevar los libros que edita Conaculta, o los hermosos libros para niños del Fondo de Cultura Económica? No digo regalarlos; venderlos, darle la opción a nuestra gente, le pregunté.

“Eso es difícil por la cuestión del presupuesto”, me respondió. “Tendríamos que hacer un estudio de mercado y ver si la gente en verdad va a leer”.

Le conté la anécdota a Martínez. Sonrió sin sorpresa, se paró del sillón donde estábamos y me llevó a su oficina. Me mostró una pila de sobres. “Mira, desde que se supo la noticia me han estado llegando. No sé qué hacer”. De uno de los sobres saco un cheque por 500 dólares con una nota escrita a mano por una vecina de la comunidad. “Sr. Martínez, su librería nos ha dado tanto, es tiempo de regresarle un poco. Deje su orgullo a un lado y tenga un poco de fe”.

Eso, ni las grandes empresas, ni los gobiernos de aquí o de allá, lo podrían entender.

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