Vivencias de un fumador en la nueva Berlín Antitabaco

Posted on 10 enero, 2008. Filed under: Yaotzin Botello -Berlín | Etiquetas: , , |

Por Yaotzin Botello / Berlín

Primero, digo que soy fumador porque me fumo involuntariamente el humo de otros aficionados al tabaco.

Y segundo, sí, también porque después de tres cervezas yo me echo un cigarrito… que le he pedido al primer cristiano que se me cruzó.

Lo importante: Berlín se declaró ciudad antitabaco.

El contexto: la salud pública paga muchos millones de euros para tratar enfermedades relacionadas con el cáncer supuestamente provocado por el humo del tabaco, inhalado voluntaria o involuntariamente.

El contexto 2: otras ciudades han entrado con leyes antitabaco y una capital europea como Berlín no podía quedarse atrás.

Personajes: el bueno es el Estado, que quiere salvar a todos los inocentes de enfermarse de cáncer pulmonar y de gastar miles de euros en cajetillas de cigarros; los malos son los fumadores, quienes tienen un vicio incontrolable; y los más malos son los dueños de restaurantes, quienes quieren demandar al Estado por crear semejantes leyes abusadoras.

Posibles consecuencias: asepsia total, aire limpio y puro en una ciudad donde los restaurantes –según los dueños de restaurantes– estarían vacíos y en quiebra por falta de clientes.

En fin, aquí estoy yo, paseándome por la Berlin Antitabaco desde el 1 de enero que entró en vigor la Ley. Entro a mi primer bar. Llevaba puesto el suéter que me regaló Santa Clos porque estaba seguro que no habría humo de cigarro que lo ensuciaría. Pero inmediatamente me di cuenta que la gente fumaba. Me sorprendió pero no me enojé. Aún así pasé porque yo quería conocer ese bar nuevo. En Berlín cada nuevo bar es un proyecto artístico y vale la pena el golpe, así sea entre borrachos de cerveza de trigo, fumadores de cigarro o competencias de Jägermeister. Algún día tendré que escribir del Gallo Dorado en Kreuzberg.

Después de un rato me percaté que no era broma y que la gente de verdad encendía un cigarrillo tras otro. Había cenciceros en cada mesa y ningún apartado para no fumadores. Le pregunté al dueño y me dijo que las revisiones entrarían en vigor seis meses después. Y con las revisiones vienen las multas, así que cualquiera podía fumar.

Eso sí, la Ley está en vigor y si yo me hubiera querido enojar, habría podido hacerlo y pedir a modo de berrinches que saquen a los no fumadores. Pero yo crecí en una sociedad y en una ciudad donde siempre ha sido normal ir a un bar o restaurante lleno de humo. Quitarse la costumbre de oler humo y oler luego a humo no es tan fácil.

Fui a otro bar un día después. Nadie fumaba hasta que el dueño encendió un cigarro. Entonces una compañera mía se ajustó su cinturón, agarró un encededor y encendió el suyo. No había ceniceros en las mesas pero no importó. Después las otras mesas comenzaron a fumar y todos cantaron al unísono que las multas comienzan seis meses después.

Un par de dueños de cafés sin embargo sí se han amparado en la ley y han prohibido terminantemente fumar en sus negocios. Y dicen que sus clientes lo respetan y que se han estado acostumbrando.

“Hoy puedes fumar pero en seis meses yo pago mil euros y tú 100 euros”, me dijo el dueño turco del último bar que visité y que para entonces creará zonas de fumadores y no fumadores para satisfacer a sus clientes.

Mientras tanto Berlín está de prueba. Esta idea de que los chicos todavía más malos de la historia, los ponedores de multas, se presentan hasta seis meses después, es uno de los huecos de la Ley que al menos están permitiendo experimentar sobre el funcionamiento de la misma.

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Tabacofobia global

Posted on 19 diciembre, 2007. Filed under: Manuel Ulloa -París | Etiquetas: , , |

Por Manuel Ulloa / París

El proximo año traerá a los franceses una nueva prohibición: la de fumar en lugares públicos. La medida no es nada popular en una buena parte de la sociedad. Mucho menos (se entiende) entre los dueños de establecimientos donde se venden cigarrillos, porque se trata de bistrots donde también se toma el cafecito, el trago y se juega todo tipo de loterías y raspaditos viendo un partido de futbol o las carreras de caballos. Estos comerciantes no están dispuestos permitir que se imponga una ley que puede comprometer su supervivencia.

A principios de este año entró en vigor la prohibición de fumar en lugares de trabajo y la medida fue aceptada mayoritariamente. Desde entonces se hizo de lo más común ver grupos más o menos grandes de fumadores, fuertemente abrigados, en las entradas de los edificios de París, enfrentando valerosamente y cigarro en boca el ingrato clima invernal. Hubo quejas de algunos patrones que, reloj en mano, se lamentaban de las pérdidas que representaba el desfile de fumadores y no fumadores (que básicamente iban a echar chorcha) rumbo a la banqueta. Algunas empresas (las menos) invirtieron en la instalación de extractores de humo que evitaban la segregación de los empleados, pero la gran mayoría tuvo que hacer frente al miniéxodo de empleados cada hora y al aumento de enfermos por resfriado desde el otoño. Con todo, la medida se venía respetando y todo el mundo estaba más o menos satisfecho. Hasta ahora.

El pasado 21 de noviembre fue mi cumpleaños (y el de Mara Muñoz, me acabo de enterar), pero esto no tendría nada que ver de no ser porque ese día fui a festejarme al centro y me tocó ver pasar por las calles parisinas la manifestación de la honorable Confederación nacional de expendios de tabaco y anexas. Eran muchísimos (después leí que eran más de 10 mil) y pedían audiencia. La gente por lo general les mostraba su simpatía. No rechazan del todo la nueva ley. Lo que tratan de impedir es que se apruebe como está y piden que se flexibilize. Respuesta del gobierno: «Estamos estudiando la posibilidad de ajustar la ley para permitir que se fume en las terrazas cubiertas exteriores, siempre y cuando estén abiertas de un lado». El chiste no hizo reir mucho a los manifestantes. «El gobierno está demostrando una gran apertura en este tema», ironizó el dirigente de la Confederación, un tipo que parece primo de José Bové. Algunos diputados de la derecha están incluso con los manifestantes, concediendo que valdría la pena permitir que se fume donde se venden cigarros o que sean los dueños de establecimientos de menos de 100m2 los que decidan libremente si se puede o no fumar en ellos como lo sugiere la legislación española. Ya veremos si los escuchan.

En todo caso, resulta interesante observar la expansión desde Estados Unidos de esta fobia global antitabaco, constatar cómo la posición dominante en los legisladores de muchos países es la versión gringa de la prohibición, que tanto Francia como México y seguramente otros países de Latinoamérica caen uno tras otro en el discurso histérico y tremendista de los « expertos » norteamericanos. ¿Por qué tenemos que ajustarnos irreflexivamente a las normas anglosajonas ? En el caso de México me queda claro que es mucho pedir, pero los legisladores deberían defender las libertades en vez de restringirlas, podrían preservar la diversidad en vez de normalizar las conductas, harían bien mostrándose más inventivos para conciliar los derechos de unos y otros en vez de esgrimir el espantajos pseudocientíficos para asustar a la gente. Es más, cabría preguntarse por qué el discurso prohibicionista gana tantos adeptos. Yo creo que la clave está en el factor miedo.

Ustedes me dirán si exagero, pero creo que vivimos en sociedades muy aceleradas, donde el cambio constante es lo único permanente y la mayor parte de lo que afecta nuestras vidas está fuera de nuestro control. Está condición no es exclusiva de periodistas, escritores o artistas, cada vez hay más gente que enfrenta la precariedad y la incertidumbre respecto del futuro más próximo y esto genera angustia y temor. Como las problemas más serios que enfrentamos (contaminación, hipercapitalismo, desigualdad e injusticia) escapan a casi todo el mundo y no se pueden atacar sin replantear todo el sistema que nos gobierna, resulta más fácil enfocar las baterías hacia objetivos de sustitución accesibles para evacuar el excedente de miedo que cargamos encima. De ahí que tengan éxito, aquí y allá, los discursos prohibicionistas.

En Francia por lo menos hay gente organizada que rechaza ese discurso, pero en México parece que la ley está asumida como una fatalidad. Y como van las cosas, quizá lo sea. Quizá estemos viendo los últimos meses de tolerancia. Habría que ir pensando en pedir que algunos establecimientos adopten una certificación « smoker friendly » para evitar que los fumadores seamos rechazados como pescados podridos del entorno social.

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Ley Antitabaco: ¡No se metan con mis venenos!

Posted on 14 noviembre, 2007. Filed under: Salvador Frausto -D.F. | Etiquetas: , , |

Por Salvador Frausto Crotte / Ciudad de México

Me inquieta la gana desatada de los que desenfadadamente deciden que emprenderán una cruzada para prohibirle algo a los demás. Entiendo y respeto la decisión personal de aquellos que deciden un buen día -o uno malo- dejar de fumar, moderar su manera de beber o volverse vegetarianos, pero no comprendo por qué alguien puede levantarse una mañana cualquiera con la idea de promover una serie de acciones restrictivas para salvar a Los Otros de supuestos infiernos.

¿Qué habrá pasado por la mente del diputado Xiuh Tenorio, del partido Nueva Alianza, cuando comenzó a elucubrar esa iniciativa de ley que pretende prohibir que los chilangos echemos humo a placer en los bares, restaurantes y cafeterías? Lo imagino como un moderno Moisés, retirándose cuarenta días y cuarenta noches a un Sinaí solitario, reflexionando cómo puede salvar a la humanidad. Lo pienso hablando con el Espíritu Santo, ese alter ego que le dictó a Moisés las diez reglas que rigen o deberían regir el comportamiento cristiano. Lo veo recibiendo el consejo de ese ente etéreo. Lo miro emocionado luego de sentir la iluminación. Y luego redactando una propuesta legislativa para que en los establecimientos públicos se erijan muros que dividan a los fumadores de los no fumadores. Y añadiendo que en tales sitios se prohíba la venta de cigarros.

Feliz, lo imagino feliz. “Xiuh, qué ideota”, le habrá dicho su mamá.

La gana desbocada de los prohibicionistas ha estado presente desde siempre. Estuvo antes de Moisés y existirá después de Xiuh. ¿Pero por qué debo regirme por las reglas inventadas por quienes se asumen como ordenadores del universo? ¿Por qué tengo que amar a Dios sobre todas las cosas? ¿Por qué no puedo jurar el nombre de Dios en vano? ¿Por qué debo santificar las fiestas religiosas yendo a misa? ¿Cómo le hago para no desear a la mujer de mi prójimo?

Por eso no entiendo a Xiuh-Moisés. ¿Por qué deben los restauranteros construir una celda para puros y otra para impuros? Ya están delimitadas en bares y cafeterías las zonas donde podemos acomodarnos los fumadores. Eso está bien, muy bien. ¿Pero por qué los dueños de los establecimientos públicos tienen que pagar por la ideota de Xiuh? La propuesta de este diputado prohibicionista camina vestida de señora buena, de dama protectora de la salud, pero, si se aprueba, meterá a los restauranteros en un tremendo lío logístico, y a los chilangos nos orillará a modificar nuestras costumbres. Y todo por un moderno Moisés.

Sí, ya sé que en el mundo mueren, cada año, cinco millones de personas a causa de enfermedades provocadas por el consumo de tabaco, pero también sé que, también cada año, mueren 17 millones de personas en el mundo a causa de males producidos por el consumo excesivo de grasas. Colesterol mata nicotina, según las estadísticas.

Xiuh debería entonces, luego de dimensionar ambos problemas, proponer una ley para retirar de las calles los puestos de tacos, garnachas y hamburguesas. O bien podría promover un decreto para que expulsen del país a McDonald’s, Kentucky Fried Chicken, Burger King, Pizza Hut y Domino’s Pizza, por el daño que causan a la salud de los mexicanos.

Pero no, mejor no hay que darle ideas a los tantos Xiuhs prohibicionistas que están regados por este y otros países. Los consumidores de tacos de suadero, tripa y longaniza tienen el derecho de inyectarse grasa en la sangre. Son sus venas y de nadie más. Los asiduos a las hamburguesas y a las pizzas tienen la libertad de alimentarse como se les dé la gana. Es su vida.

Todos tenemos derecho de elegir nuestros propios venenos, así sea el tabaco, la grasa o el azúcar. Es un asunto de libertad, de poder optar, elegir, decidir. Por eso no estoy de acuerdo con esta moda californiana de prohibir, prohibir, prohibir.

Una taza de café sin cigarro no es vida.

Un whisky sin tabaco es la muerte.

Si se aprueba la ley Xiuh los capitalinos tendremos que decidir de qué lado del muro nos colocamos. Yo me iré a donde haya humo, y no aceptaré visitar los restaurantes que opten por abrir sus puertas sólo a los no fumadores. No acudiré a los bares que me discriminen por consumir cigarros. Sacaré de mi agenda a las cafeterías que atropellen mi derecho a meterme nicotina en los pulmones.

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