Mediocracia, teletiranía: el poder de los medios

Posted on 22 enero, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , |

Domingo Medina / Caracas

                

La semana pasada vi un programa en la TV titulado La otra mirada. Trataba el mismo acerca de cómo nos vemos los latinoamericanos, lo que generalmente es, en opinión del presentador –un profesor universitario de sociología- y yo diría que no le falta razón, con los ojos de los dominadores: ayer españoles (europeos en general) y hoy gringos. Casi en realidad no sabemos cómo nos vemos nosotros mismos, a partir de nosotros mismos. No quiero entrar a detallar mucho el programa, pero si diré que me gustó bastante.

Cuando lo veía también recordé un libro que leí hace poco: América Latina a través del espejo mediático español: el caso de Venezuela 2002- 2004. Se trata de un estudio –muy serio, en mi opinión- de un profesor de la Universidad Complutense de Madrid, en el que se detalla cómo la prensa española cubrió algunos de los eventos de mayor impacto en la política venezolana de esos años: el golpe del 2002, el paro patronal y sabotaje petrolero, y el referéndum revocatorio del 2004. Casi ni tengo que decir que siempre se justificó el golpe (o el paro o el referéndum) y se criticó al gobierno. Tampoco lo voy a resumir aquí, porque en realidad lo que me interesa destacar es una cita que hace el autor de un artículo Pablo Antillano titulado “Mediocracia”. Entre otras cosas, el artículo decía cosas como estas:

  • En la democracia, los líderes son construidos a punta de obras y valores, en la mediocracia son construidos por asesores de imagen.
  • En la democracia, los líderes van a las comunidades; en la mediocracia, van a los programas de opinión.
  • En la democracia, los medios dicen lo que los ciudadanos piensan; en la mediocracia, los ciudadanos dicen lo que los medios piensan.

 […]

  • En la democracia se valoran los contenidos; en la mediocracia, los titulares.
  • En la democracia la información es una cosa, la opinión es otra, y la propaganda es otra; en la mediocracia no hay fronteras (Manipulación y controles globales. Antonio Pasquali).

[…]

  • Para la democracia, una masacre es un hecho luctuoso; para la mediocracia, es un espectáculo iterativo, una telenovela por entregas.

[…]

  • En las democracias litigan los abogados y los diputados; en la mediocracia litigan los entrevistadores.
  • En la democracia, los periodistas van tras los personajes; en la mediocracia, los personajes persiguen a los periodistas.

[…]

  • En la democracia se respeta la palabra de los militares; en la mediocracia, se graban.
  • En las guerras y en golpes de la democracia, los militares se disparan; en los de la mediocracia se filman y se editan. (La Guerra mediática del Golfo. Baudrillard).
  • En la democracia, un golpe toma Miraflores [Palacio de Gobierno de Venezuela]; en la mediocracia, toma una señal de televisión.
  • En la democracia, un golpe puede ser incruento; en la mediocracia, es televisivo…

Esto me llevó a un documental que también vi la semana pasada, titulado Teletiranía: la dictadura de la televisión en México, realizado por el Canal Seis de Julio (México) y transmitido estos días muy a propósito del caso de Aristegui. Dos cosas me llamaron profundamente la atención: unas cifras que indican que nueve de cada diez mexicanos ve Televisa (seis) y TV Azteca (tres). No he podido contrastar esas cifras, pero si entre los dos canales se repartieran el 70 % de la audiencia mexicana aún me parecería muchísimo, especialmente considerando que no hay otros canales o cadenas que le puedan hacer competencia.

Lo otro que me llamó la atención fueron las declaraciones de los dueños de ambas cadenas, creo recordar que a propósito del asesinato de Paco Stanley. Ambos exigían de manera muy vehemente la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas, Jefe de Gobierno del DF de México en ese entonces. ¿Por qué estos dos señores, a quien nadie eligió, hacían tal exigencia a un hombre que, les gustara o no, había sido electo con el voto mayoritario de los mexicanos del DF? Sencillamente porque en la mediocracia los dueños de los medios tienen poder.

El mismo poder que exhibieron estos días al echar de Televisa Radio a Carmen Aristegui. Yo repudio ese hecho, como estoy seguro de que lo hace todo Mundo Abierto. Pero me alegra que vayamos entendiendo que las limitaciones a la libertad de expresión no vienen sólo de los gobiernos, sino del interior mismo de los medios de comunicación. Es un debate que no solemos dar, pero que nunca es tarde para comenzar.

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¿Medios de comunicación o partidos políticos?

Posted on 30 noviembre, 2007. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , |

Por Domingo Medina / Caracas

Los medios de comunicación de masas cumplen con la importantísima función de intermediación entre los pueblos y sus gobernantes. A los primeros hace conocer las políticas y decisiones que afectan sus vidas y a los otros las preferencias e inquietudes de los primeros. Eso es, como gustan decir los abogados, el deber ser. Pero como no siempre es así, desde hace algún tiempo para acá parece haber algún consenso en torno a ciertos límites para esa intermediación (por ejemplo, la mayoría está de acuerdo en que no se puede hacer apología del terrorismo), lo que ha generado un debate en torno al papel de los medios de comunicación en las sociedades democráticas.

El problema es que este debate lleva aparejado el de la libertad de expresión y las más de las veces los medios se las arreglan para diluir la discusión en este último punto. De ese modo, la discusión sobre los medios o las críticas que se le puedan hacer generalmente son presentadas como un ataque a la libertad de expresión. No vamos a afirmar aquí que los medios creen estar por encima de cualquier ley, constitución o normativa, que para ellos la libertad de expresión –su libertad de expresión- es absoluta y que en nombre de ella cometen algunos excesos, pero es bueno analizar algunos casos en los que los medios convierten la información en un arma política, para atacar sin pudor a quienes no gozan de su simpatía.

Como aquél que en la misa le dice al Cristo que una palabra suya bastará para sanarlo, a mí me basta reseñar el caso de El País, de España, analizado por Pascual Serrano:

“El recuento es abrumador, la edición de El País, del domingo 18 de noviembre dedicó a combatir a Chávez –todos los textos eran críticos contra el presidente venezolano-, tres llamadas en primera página, un artículo de análisis en Internacional, un reportaje a dos página completas en España, un artículo a cuatro columnas en Economía firmado en Teherán, uno de los dos editoriales, uno de los dos textos seleccionados entre la prensa extranjera, una página entera de Opinión de la firma más prestigiosa de su plantel y tres reportajes, desde tres países distintos, que ocupan un total de seis páginas completas del suplemento Domingo. Un ejemplo muy claro de dos cosas: de utilizar todos los hierros para enfrentar al presidente latinoamericano que más elecciones ha ganado y más apoyo electoral tiene del continente, y de que existe una impecable coherencia, coordinación y disciplina entre las diferentes secciones para y actuar a las órdenes que la dirección del diario marca.”

Un aspecto interesante de crítica de Serrano ha puesto de manifiesto que los medios no sólo se preocupan por su libertad de expresión; ahora han dado un paso adelante: lo del periodista español es también un ataque a la propiedad: le han exigido que pague por derechos de autor por usar una cita de Vargas Llosa. Claro, a El País le importa una mierda la libertad de expresión de Serrano. Ellos a lo suyo: atacar y cobrar.

Si eso es fuera de Venezuela, se pueden dar una idea de lo que sucede aquí con “nuestros medios”. Uno se sus momentos más sublimes fue durante el golpe de Estado de 2002 y los meses que lo precedieron. El papel de los medios estuvo muy alejado de esa intermediación de la que hablamos al principio. Joaquín Villalobos, profesor del Saint Antony’s College de Oxford y citado por Luis Britto García en uno de sus ensayos señala que aquí en Venezuela “la contradicción entre medios de comunicación y partidos, que es universal, se convirtió prácticamente en sustitución. Una emisora, periódico o canal de televisión es más importante que cualquier partido y los periodistas y reporteros sustituyeron a los activistas y a los políticos”.

Los medios no sólo instigaron a la población a rebelarse contra el gobierno de Chávez, haciendo pasar “suposiciones, opiniones o deseos por noticias” (Britto García), sino que auparon a los líderes, partidos y militares a actuar contra la constitución. Hoy atacan incesantemente al gobierno, acusándolo de actuar contra la democracia y de suprimir las libertades. Sin embargo, una vez consumado el golpe de 2002 y destituidos de sus cargos todos los magistrados del Tribunal Supremo, gobernadores de estado, diputados y demás representantes electos por voto popular, no tuvieron empacho en afirmar que “ha hecho bien el nuevo presidente Pedro Carmona Estanga en prescindir, de un plumazo, de estos esperpentos institucionales, devaluados ética y moralmente por la escasa gallardía con que sus representantes ejercieron el cargo” (Editorial del diario El Nacional del 13 de abril de 2002, citado por Britto García. Negritas y subrayado míos).

Yo estoy muy de acuerdo con que los ciudadanos pregunten y los gobernantes respondan, por muy fuertes que puedan ser las críticas y cuestionamientos. Con lo que no estoy de acuerdo es con que la democracia se convierta en excusa para actuar al margen de toda responsabilidad. La democracia y la libertad llevan implícitos, desde mi punto de vista, unos valores que de ningún modo pueden transgredirse sólo para satisfacer intereses muy particulares y concretos. Que Chávez no le guste a los dueños (y digamos que tampoco a los periodistas) de El País y de El Nacional, para poner sólo dos ejemplos, vaya y pase. Que estos medios utilicen su influencia –política, económica, mediática- para imponer sus preferencias políticas a la población sí que no. Menos aún si las vías que se escogen están reñidas con la democracia y las libertades que dicen defender.

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