¿Mate a las FARC?

Posted on 4 julio, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , |

Domingo Medina / Caracas

Quiero comenzar agradeciendo a nuestra compañera Eileen Truax por ceder gentilmente su espacio de este viernes para analizar la que sin duda alguna es la noticia más importante de la semana: la liberación de Ingrid Betancourt, excandidata presidencial colombiana, y otras catorce personas que las FARC mantenían secuestradas desde hacía varios años. La “Operación Jaque”, como la denominó el gobierno colombiano, permitió el rescate de los secuestrados mediante operaciones de inteligencia y según se ha revelado hasta ahora sin disparar un tiro. Por muchas razones, es un duro golpe para la guerrilla colombiana, que se une a la muerte de algunos de sus principales líderes (Marulanda, Reyes, Ríos) o la entrega de otros (Karina). En Colombia la opinión se divide entre quienes ya se atreven a anunciar el fin de las FARC y los que piden cautela.

Desde el punto de vista interno, la situación en Colombia parece ganada para la paz, aunque no con las condiciones que la guerrilla demandaba. El gobierno, con este golpe, está ahora en capacidad de hacer exigencias. De hecho, el intercambio humanitario, como había venido insistiendo el grupo guerrillero pudiera decirse que ve su final. Y pudiera ser por dos razones:

La primera, alegada por la mayoría de quienes se han atrevido a analizar la situación en caliente, apuntaría a la debilidad de las FARC, lo que la llevaría a negociar solamente su pacificación. Es decir, el rescate de Betancourt y los otros secuestrados habrían puesto de manifiesto la poca capacidad operativa, logística y comunicacional de la guerrilla. Esto llevaría al Secretariado de las FARC a plantearse su rendición o, en el mejor de los casos para ellos, una negociación para dejar las armas que pasaría por la liberación incondicional de todos los secuestrados, sin garantías de que el gobierno haga lo propio con los guerrilleros que actualmente están en prisión.

La otra razón que atenta contra el intercambio humanitario va por la vía contraria: las FARC intentarían demostrar que no están tan débiles como se piensa y podrían radicalizar el conflicto, intentando algunas acciones más de secuestros o incluso de atentados. Aunque esta opción no se puede descartar del todo, lo cierto es que desde la incursión colombiana en Ecuador –en la que murió Raúl Reyes- se esperaba este tipo de respuesta por parte de la guerrilla y, al menos hasta ahora, no se ha producido.

En todo caso, tal vez sea muy pronto para predecir alguna respuesta por parte de las FARC.

Mientras tanto, también en plano interno, la operación de rescate ha sido un éxito militar y político, fortaleciendo a Uribe y a su ministro Santos. Desde ya se habla de un tercer mandato para el presidente colombiano, avalado incluso por Betancourt, quien al ser interrogada al respecto respondió “¿Por qué no?” De no ser posible ese tercer mandato, el mejor posicionado para suceder a Uribe sería Santos, el más exitoso ministro de la defensa considerando la lucha contra la guerrilla. Gustavo Petro, senador del Polo Democrático Alternativo –opositor a Uribe- consciente del éxito del operativo ha señalado que Uribe “puede escoger entre dos caminos: o perpetuarse en el poder, porque no va a tener contradictor, o terminar su segundo período y quedar en la historia como el hombre que pudo doblegar a las FARC”.

Considerando otros factores, el gobierno de Uribe también ha logrado, con este rescate, alejar a los países que de alguna manera venían manteniendo cierto grado de implicación en las negociaciones con las FARC, especialmente Venezuela y Francia, que sostenían una posición más condescendiente hacia el grupo guerrillero.

Esta es, sin embargo, una noticia positiva, por cuanto significa circunscribir el conflicto colombiano exclusivamente a sus fronteras. Venezuela, Brasil y Ecuador, como vecinos, son los países que más agradecerían el fin del conflicto en Colombia, aunque podrían temer el incremento de la intervención gringa en la región con la excusa del éxito del Plan Colombia.

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¿Quiso Colombia Asesinar Mexicanos en Ecuador? ¿Y qué hace el Gobierno Mexicano?

Posted on 17 marzo, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

El gobierno colombiano sabía que cinco mexicanos desarmados simpatizantes de las FARC estaban en el campamento guerrillero que atacó con fuerzas y táctica destinados a matar a todo el mundo, sin tomar prisioneros ni dejar heridos masculinos. Si esto no es correcto y no lo sabía, el presidente Álvaro Uribe tendría que pedir algunas renuncias en su servicios de inteligencia, porque sus agentes habían estado espiando las actividades de estas personas tanto en México como en Ecuador. En cambio, si esto es correcto y Uribe escogió dar el golpe en el momento en que los mexicanos estaban en el campamento, indica que además de asesinar al líder guerrillero Raúl Reyes, entre los objetivos secundarios estaba el de matar a los mexicanos, tal vez como castigo y lección para los jóvenes que simpatizan con el movimiento insurreccional en América Latina, en general, y en México, en particular, y que los padres de Lucía Morett, la mexicana sobreviviente, y de sus connacionales muertos en el operativo, tienen razón cuando acusan al gobierno colombiano de haber cometido un “crimen de Estado”.

En cualquiera de los casos posibles, las autoridades mexicanas tendrían que enviar una misión investigadora propia y exigir responsabilidades al gobierno colombiano, antes que cualquier otra cosa. En lugar de esto, han permitido que Uribe las arrincone, han contribuido a la justificación de la muerte de sus ciudadanos y a que se cree en México un ambiente de cuestionamiento contra la Universidad Nacional, a la que se pretende linchar retóricamente por las actividades políticas que, en ejercicio de sus libertades, realizan unos pocos de sus 300,000 alumnos. Ante el desprecio y el cinismo del ministro colombiano de defensa, Juan Manuel Santos, quien justificó los asesinatos con el argumento de que “no era precisamente unos angelitos”, la Cancillería mexicana contribuye a la justificación.

Los mexicanos que estaban presentes en el campamento de las FARC cuando éste fue atacado estaban desarmados, vestidos de civil y, según la evidencia disponible, lo que realizaban no eran acciones ofensivas contra el ejército colombiano, sno turismo revolucionario. Pertenecían a la Cátedra Simón Bolívar, una agrupación extra-académica que, como muchos otros grupos estudiantiles, utiliza un cubículo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Desde hace años, el gobierno de ese país había exigido al de México que actuara contra los grupos relacionados con las organizaciones guerrilleras colombianas en su territorio. En respuesta a ello, en 2002, el presidente Vicente Fox ordenó el cierre de la oficina que tenían en Ciudad de México.

Álvaro Uribe y sus ministros, sin embargo, no quedaron satisfechos. Identifican a la Cátedra como uno de los grupos que simpatizan con las FARC y, a la par que mantenían la presión diplomática sobre México para que los desmantelara, realizaron labores de espionaje contra ellos. Esto fue reconocido públicamente por el embajador colombiano quien aseguró además que se trataba de tareas autorizadas por el gobierno mexicano. Al respecto, la cancillería mexicana dijo que no era cierto. Pero, increíblemente, nadie en el gobierno mexicano dijo nada de hacer algo para impedir que el gobierno colombiano siga espiando: ni notas diplomáticas, ni revisión de acuerdos, ni investigaciones, ya no digamos la expulsión de los espías.

Bogotá tenía vigilados a los miembros de la Cátedra. Y, al igual que otros servicios de inteligencia latinoamericanos, realizaba espionaje en el segundo congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana, el encuentro de seguidores de la izquierda insurgente que tuvo lugar en Quito y al que acudieron los mexicanos de la Cátedra. ¿Supo Uribe que también tenían pensado visitar el campamento de las FARC? Eso es muy posible, ya que además de espiar en el Congreso, estaban vigilando el campamento guerrillero para asegurarse de que Raúl Reyes se encontrara ahí en el momento del ataque. Si entre sus objetivos secundarios no hubiera estado eliminar a los mexicanos, el gobierno colombiano, como cualquier otro, hubiera optado por evitar las complicaciones diplomáticas extra que conlleva matar a civiles desarmados de terceros países.

Los miembros de la Cátedra cometieron un error fatal: fueron a Quito, luego al campamento, regresaron a Quito y volvieron e internarse en la selva para ir al sitio donde morirían. Es dable pensar que si a los colombianos se les había escapado la primera oportunidad, no ocurriría lo mismo en la segunda. El ejército colombiano tenía en la mira el campamento y escogió el momento para dar el golpe. No parece casualidad.

Además de ilegal, la operación militar del ejército colombiano es comparable a una masacre. Quien siga de vez en cuando los saldos de enfrentamientos como éste, verá que la cantidad de heridos suele multiplicar a la de muertos, y a la vez, la de prisioneros a la de heridos. Y además, lo más común es que haya bajas de los dos lados. Aquí no. Los colombianos no tuvieron ni un rasguño. No tomaron prisioneros porque la fuerza que emplearon (armas, efectivos y táctica) estaba diseñada para matar a todo el mundo sin dar oportunidad de nada. Fue una lección de brutalidad. Hubo 25 muertos. Y sólo tres heridos. O heridas: parece improbable que la casualidad haya permitido que quienes escaparon a la muerte hayan sido sólo mujeres. ¿La caballerosidad del soldado colombiano? Hay denuncias de que algunos de los muertos recibieron el tiro de gracia, y son creíbles precisamente porque resulta extraño que sólo las mujeres sobrevivieran. Es decir, fueron asesinados, y eso pudo incluir a alguno de los mexicanos.

¿A quiénes les querían dar esa lección? ¿Sólo a las FARC? ¿Al gobierno ecuatoriano? ¿A los mexicanos simpatizantes de la insurgencia colombiana? ¿Quisieron hacerles en Ecuador lo que no pueden en México?

No extrañaría. El gobierno de Álvaro Uribe, y el propio presidente, suelen actuar como matones y no como representantes democráticos. Ahora mismo están a punto de pagarle dos millones y medio de dólares a un asesino a sangre fría, al guardaespaldas que mató a otro líder guerrillero, a quien debía proteger. Dada la calaña del tipo, ya lo podemos imaginar invirtiendo el dinero de los impuestos en matar más gente, traficar drogas u otro tipo de actos criminales. El propio cinismo de su intervención bélica en un país extranjero indica el estado de su calidad moral. Y por si quedaban dudas, el ministro Santos viene a decir que los mexicanos desarmados que mataron bajo sus órdenes no eran “angelitos”: o sea que debemos aplaudirle, él puede decir quiénes se portan bien y quienes mal y deben morir.

¿Reclamó el gobierno de México a Santos por trivializar y justificar de esta forma la muerte de sus ciudadanos? No. La respuesta oficial de la Cancillería fue: “Es preocupación del gobierno federal que ciudadanos mexicanos estén relacionados con una organización como las FARC, conocida por su ilegalidad y naturaleza violenta; por ser autora de múltiples secuestros, actos de sabotaje, extorsiones y actividades de narcotráfico”. O sea, hace a los muertos culpables sin pruebas, ayuda a desvíar la atención: del acto homicida a la simpleza de que no eran “angelitos”.

¿De quién es abogado el gobierno mexicano? ¿De sus ciudadanos? ¿O del de Colombia? ¿Por qué adelanta juicios sin haber investigado? Es como un papá a cuyo hijo otro padre golpeó y que, sin haber ido a ver qué pasó, se apresura a decir: “Me preocupa que esté rompiendo ventanas”.

¿Qué quiere hacer para averiguar las circunstancias de la muerte de sus ciudadanos? La Cancillería le pidió a Colombia “que proporcione a nuestro país cualquier información derivada de las investigaciones que en relación con estos hechos se llevan a cabo”. ¡Quiere que el asesino le cuente cómo mató al niño!

Ya tendría que hacer investigaciones propias (a lo que el gobierno ecuatoriano probablemente accedería, pero México no lo ha sugerido ni por asomo) y exigirle responsabilidades a Colombia con una fuerza sólo menor a la de Ecuador. Pero ni siquiera les proporciona un respaldo eficaz a Lucía Morett, internada en un hospital de Quito, y los padres de los muertos, quienes han dicho que se han sentido mucho mejor atendidos por las autoridades ecuatorianas (el PRD mexicano, un partido de oposición, es el único que se está movilizando para repatriar los cadáveres). No investiga, permite que los colombianos espíen ilegalmente en su territorio y que maten impune y cínicamente a sus cudadanos, y además, por si faltara algo, se deja poner contra las cuerdas: Bogotá está cuestionando con firmeza a Ciudad de México por la presencia de mexicanos en Ecuador y le exige reprimir a los simpatizantes de las FARC, aún sin demostrar que están violando leyes mexicanas.

Extra: el gobierno mexicano, por pasiva y por activa, facilita una operación de linchamiento contra la UNAM: en pasiva porque su inacción diplomática ha creado el vacío en el que los medios mexicanos miran hacia el interior para denunciar a los simpatizantes de las FARC como si fueran delincuentes, y en activa porque sus órganos de seguridad han entregado información a esos mismos medios –información que no viene acompañada de prueba alguna– con la que identificaron a ciudadanos mexicanos como supuestos representantes de las FARC en México –lo cual fue negado por los señalados–.

Es patético el escenario diplomático. Las cumbres de la OEA y del Grupo de Rio permitieron que Colombia se saliera con la suya, apenas con un llamado de atención, sin condena explícita, y con una declaración de Uribe en la que afirmó que se siente con derecho a intervenir en cualquier país en persecución de las FARC, en otro despliegue de cinismo y bravuconería. Esto recuerda a la “ley de invasión de La Haya”, con la que Estados Unidos anuncia que atacará a las naciones que pretendan juzgar a estadounidenses.

Pero es más patética la actitud del gobierno mexicano. Tiene razón al preocuparse por la posibilidad de que sus ciudadanos se enreden en acciones ilegales, sobre todo contra otro país. Pero antes tiene que investigar si eso es cierto. Y todavía antes de investigar y declarar cualquier cosa por el estilo, tiene que protegerlos y, en este caso, asegurar que se juzgue a quienes los mataron, empezando por quienes dieron las órdenes. ¿Acaso cree que Uribe y su ministro Santos sí son “angelitos”? ¿Está dispuesto a desproteger a sus ciudadanos porque un gorila colombiano dice que no son “angelitos”? ¿Para qué tenemos gobierno, entonces? ¿Para qué le pagamos al “chico súper poderoso”, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño? ¿Para que haga negocios familiares con Pemex? ¿Y a los secretarios de Exteriores, Defensa, Seguridad Pública y al procurador general?

Bueno, para ser más concreto: Si no le interesa representar a sus ciudadanos, ¿para qué quería Felipe Calderón ser presidente?

ACLARACIÓN NECESARIA: Considero que los dirigentes de las FARC son criminales peligrosos. Pero lo importante en esta nota no es ese grupo, sino las víctimas del ataque.

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La paz en Colombia: un anhelo, muchos caminos

Posted on 21 febrero, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , |

Domingo Medina / Caracas

El ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Kouchner Bernard, se encuentra de visita por tierras colombianas y venezolanas. Su objetivo es insistir en la necesidad de de una solución humanitaria en el tema de la liberación de los rehenes en manos de las FARC, contando siempre ‘con la importante mediación del presidente Chávez y la senadora colombiana, Piedad Córdoba’, según ha dicho, insistiendo en la posición francesa de considerar a Chávez y Córdova como actores de primer orden para alcanzar una solución al conflicto colombiano.

Lo mismo piensan las FARC, que hace varias semanas anunciaron la liberación de otros tres secuestrados. Claro, siempre y cuando intervengan Chávez y Córdova. Ese proceso de liberación, según ha anunciado el presidente venezolano, se desarrolla “sin prisa, pero sin pausa”.

Luego de la liberación de Clara Rojas y Consuelo González el presidente Chávez pidió que a las FARC se las sacaran de las listas de organizaciones terroristas y se le reconociera estatus de beligerancia. En su opinión, ello contribuiría grandemente a la negociación de la paz. La petición no fue secundada por ningún otro gobierno, si bien el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha declarado que su país nunca ha considerado a las FARC como grupo terrorista. Es de esperar, entonces, que una vez finalizada la liberación de los otros tres secuestrados Chávez insista en su tesis.

Por supuesto, también es de suponer que el gobierno colombiano rechace nuevamente la petición. Entre otras cosas, porque hacerlo implicaría ceñirse a los tratados que rigen los conflictos armados, tanto internacionales como internos. El Derecho Internacional Humanitario (DIH) establece que la calidad de beligerante se reconoce a ejércitos, milicias y cuerpos de voluntarios que: 1) tengan a la cabeza una persona responsable por sus subalternos; 2) tengan una señal como distintivo fijo y reconocible a distancia; 3) lleven las armas ostensiblemente; y 4) se sujeten en sus operaciones a las leyes y costumbres de la guerra.

Es decir, el reconocimiento del estatus de beligerancia a las FARC obligaría al Estado colombiano a sujetarse a las normas del DIH, que entre otras cosas regula lo relativo al trato que se debe dar a los prisioneros de guerra, a los heridos y enfermos, los medios de hacer daño al enemigo, y las condiciones para la negociación de armisticios y/o acuerdos de paz. Y es allí donde Colombia no quiere llegar.

Por supuesto, el reconocimiento de beligerancia a un grupo implica que dicho grupo es sujeto de derecho internacional y podría entablar relaciones digamos semidiplomáticas con los gobiernos que lo reconozcan. Muchos analistas han insistido en que ese grupo –las FARC, por ejemplo- debe controlar parte del territorio y ejercer autoridad en él. Ser una especie de gobierno de facto sobre una parte del territorio. Sin embargo, no es lo que señala el DIH, al menos expresamente; lo que si establece el DIH es que el grupo armado ejerza control sobre una parte del territorio de manera que le permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas.

Otro camino es la Ley 782 de 2002, “por medio de la cual se prorroga la vigencia de la Ley 418 de 1997,  prorrogada y modificada por la Ley 548 de 1999 y que contiene, según su artículo 2º, “disposiciones para facilitar el diálogo y la suscripción de acuerdos con grupos armados organizados al margen de la ley para su desmovilización, reconciliación entre los colombianos y la convivencia pacífica”. Esta ley le otorga al presidente de Colombia la dirección de todo proceso de paz.

Los dos caminos –el reconocimiento de beligerancia a las FARC y la Ley 782 de 2002- son opciones muy válidas para buscar la paz. Las FARC apuestan por una y el Estado colombiano por otra porque en ambos casos hay mayores garantías para ellos. La ley, como se he mencionado, le otorga al presidente la dirección del proceso, de la cual no gozaría si se viese envuelto en una negociación producto del reconocimiento de la beligerancia de las FARC. Esto último implicaría una participación internacional que Colombia, según ha demostrado, no está dispuesta a tolerar más allá de una facilitación.

Claro que también queda el camino militar, pero salvo algunos furibundos defensores de esta postura en el seno del ejército y el gobierno colombiano –incluyendo al presidente-, no es una opción muy bien valorada ni garantiza resultados a corto plazo, aparte de dejar un saldo de devastación y muerte que nadie podría desear.

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El duro pulso por la paz en Colombia

Posted on 11 enero, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , , |

Domingo Medina / Caracas

Finalmente Clara Rojas y Consuelo González se encuentran libres, después de haber pasado más de cinco años en poder de las FARC. Se dice rápido, pero todo ese tiempo en la selva colombiana de seguro no es nada fácil. Su liberación se produce gracias a una “agitada mediación” del presidente venezolano Hugo Chávez y la senadora colombiana Piedad Córdova, tal como reseña la revista Semana (Colombia).

La operación de rescate iniciada a finales del año pasado rindió sus frutos a pesar de dos intensas semanas en las que incluso se temió que fracasara definitivamente. De hecho, no fueron pocos los medios, venezolanos, colombianos y también de otros lados, que se apresuraron a calificar como un fracaso la operación luego de que el gobierno colombiano planteara la hipótesis, confirmada más tarde, de que las FARC no tenían en su poder al niño Emmanuel.  Sin embargo, los tres se encuentran hoy en plena libertad.

El desarrollo de la operación y este desenlace tiene varios aspectos que conviene analizar. Veamos:

Con la presentación de la operación y la conformación de una comisión internacional, el presidente Hugo Chávez intentó arrinconar a Uribe y obligarlo a aceptar no sólo la misión humanitaria de rescate de los secuestrados, sino para iniciar las gestiones para la negociación de un acuerdo con las FARC. La presencia de los delegados y el compromiso de los distintos gobiernos parecían darle solidez a esta posición, ejerciendo una fuerte presión internacional sobre el gobierno colombiano, por un lado, y fungiendo como observadores y garantes de ese eventual acuerdo.

La estrategia de Uribe, que deja muy bien parados a sus servicios de inteligencia, sin duda demuestra que las cosas no son tan fáciles. El gobierno colombiano ha demostrado que el tema de la guerrilla se lo toma muy en serio y que en su lucha –tanto en el plano militar como en el político- no lo van a agarrar descuidado. De hecho, la primera impresión –al mismo tiempo que los grandes medios señalaban el “fracaso” de la operación de rescate- fue que el gobierno colombiano había salido más que fortalecido.

Así lo entendieron en el seno del mismo gobierno. Los primeros anuncios de los voceros más calificados –el canciller, el comisionado para la paz y el ministro de la defensa- señalaban que el gobierno colombiano no toleraría más intervenciones internacionales –mensaje dirigido especialmente al presidente venezolano-, que se incrementarían los operativos militares y que de ninguna manera se permitirían entregas clandestinas (como se pensó que podía ocurrir con Clara Rojas y Consuelo González después de las declaraciones de Uribe el 31 de diciembre pasado).

Las posiciones se fueron moderando y haciendo concesiones cada uno de los actores involucrados finalmente se pudo concretar la liberación de las secuestradas: las FARC reconocieron que el niño que estaba en poder del gobierno era Emmanuel –aunque avanzaron la “hipótesis” de que le gobierno colombiano lo había secuestrado- e insistieron en la entrega de las otras dos rehenes; el gobierno colombiano permitió el ingreso de los helicópteros venezolanos y la misión humanitaria encabezada por el ministro venezolano Ramón Rodríguez Chacín, el embajador de Cuba en Venezuela, Germán Sánchez Otero, y los delgados del CICR, y cesó sus operaciones militares en el área en la que se iba a concretar la entrega; y gobierno venezolano cumplió las condiciones de confidencialidad, prudencia y respeto que solicitó el gobierno colombiano.

Como se ha dicho muchas veces, este quizás sea el primer paso para alcanzar un acuerdo duradero. Insistimos en que no es fácil, pero tampoco imposible. Vale la pena citar aquí unas palabras del ministro venezolano Rodríguez Chacín:

“Vendrán otras liberaciones que son canjes, canje quiere decir intercambio, también saldrán guerrilleros que se encuentran cautivos en las cárceles como presos políticos y saldrán presos políticos también que estén cautivos por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia”.

Quizás es muy temprano para hacer interpretaciones, pero podríamos especular en varios sentidos: 1) el ministro posee información de que las FARC van a proceder a liberar a otros rehenes, especialmente si se considera que su credibilidad ha quedado en duda por lo del niño; 2) podría estar insinuando el ministro que el gobierno colombiano estaría dispuesto a negociar el acuerdo humanitario siempre que se cumpla con las condiciones de confidencialidad, prudencia y respeto; 3) también podría estar insinuando que las FARC y el gobierno venezolano, pese a que la operación no se llevó tal como inicialmente fue planeada, tienen fuerza suficiente como para imponer al gobierno de Uribe esos canjes.

Como dije antes, es muy pronto para hacer interpretaciones. Los próximos días tendremos un panorama un poco más claro y veremos cómo y hacia dónde se puede avanzar en la solución del conflicto colombiano 

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Operación transparencia: la vuelta a la senda de la paz en Colombia

Posted on 27 diciembre, 2007. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , |

Domingo Medina / Caracas

Para el momento en que este post sea leído probablemente ya se encuentren liberados los tres secuestrados que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) decidieron liberar de manera unilateral y como gesto de desagravio a la senadora colombiana Piedad Córdova y el presidente Hugo Chávez, facilitadora y mediador, respectivamente, en el abortado acuerdo humanitario que negociaban con el gobierno colombiano. Ellos son Clara Rojas, compañera de fórmula de la excandidata Ingrid Betancourt (quien permanece en poder de las FARC), su hijo Enmanuel (nacido durante el cautiverio e hijo de un guerrillero) y la excongresista Consuelo González de Perdomo.

Los familiares de los secuestrados, como era de esperar, han reaccionado con mucha alegría, como también lo ha hecho, por demás, toda la sociedad colombiana. Por supuesto, también hay mucha cautela por lo que esto significa, especialmente luego de que el presidente Uribe diera por finalizadas las gestiones de Córdova y Chávez hace apenas un mes. Este gesto unilateral –y esto es bueno recalcarlo: UNILATERAL- de las FARC no significa necesariamente que se retomen las negociaciones para alcanzar el acuerdo humanitario (canje de rehenes en poder de las FARC por guerrilleros presos) ni mucho menos que la paz en Colombia esté a la vuelta de la esquina. Pero es un paso gigantesco.

La logística para hacer posible la entrega ha incluido algunos elementos que conviene no perder de vista, porque van mucho más allá de la simple logística. En primer lugar la exigencia de que Consuelo de Perdomo, Clara Rojas y su hijo Enmanuel sean entregados al presidente Chávez o quien él designara, es decir, al gobierno de Venezuela. La lectura es sencilla: las FARC consideran que la mediación del gobierno venezolano es necesaria para alcanzar el acuerdo humanitario; las FARC parecieran estar diciendo que sólo volverán a la mesa de negociación si Chávez sigue ejerciendo su rol de mediador. Juzgan ellos, probablemente, que las gestiones del presidente venezolano había alcanzado algunos avances para el momento en que Uribe decidió que las mismas cesaran.

En segundo lugar, el plan presentado por Chávez ha incluido la presencia de comisionados de gobiernos de otros seis países además de Colombia y Venezuela: Cuba, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil y Francia. Es una decisión hábil y seguramente muy bien conversada con los presidentes de estos países: su presencia puede ser una garantía de que las eventuales negociaciones del acuerdo humanitario y de paz sigan adelante, aun cuando el gobierno de Colombia tenga reservas con respecto al gobierno venezolano y especialmente con respecto a Hugo Chávez. Abortar las negociaciones por la vía de acusar a Chávez de tener un proyecto expansionista y de colaboracionista con la guerrilla puede ser fácil, pero no se podría utilizar el mismo argumento para los otros casos.

Otro de los aspectos de primer orden ha sido la decisión del gobierno de Hugo Chávez de no proceder a recibir a los secuestrados en una operación clandestina. Chávez ha señalado los riesgos que para los propios secuestrados implicaría su traslado por tierra a territorio venezolano (más de 500 kms. por zonas de muy difícil tránsito y en muy duras condiciones), incluyendo los operativos militares del gobierno colombiano. La operación de rescate debía contar con la autorización expresa del gobierno colombiano, como de hecho ha sido (con la única exigencia de que las aeronaves –aviones y helicópteros de las fuerzas armadas venezolanas- lleven el emblema de la Cruz Roja Internacional). Todo esto significaba preguntarle al gobierno de Uribe por su voluntad primero para retomar las negociaciones y luego para alcanzar el acuerdo humanitario. Con su decisión de autorizar la operación del gobierno venezolano parece haber dicho que sí está dispuesto a continuar por la vía negociada.

Cómo se van a desarrollar los acontecimientos de ahora en adelante es muy difícil precisarlo con detalle. Las FARC han anunciado la liberación de un segundo grupo, entre los que estaría la excandidata Ingrid Betancourt, pero de seguro van a esperar algún movimiento del gobierno colombiano, más allá de autorizar las operaciones de rescate. Uno también podría especular que la liberación de Betancourt se producirá sólo si se consigue el compromiso firme del gobierno francés –Betancourt tiene nacionalidad francesa, por lo que tanto Chirac como Sarkozy se han interesado especialmente por su caso- de seguir cooperando para alcanzar el acuerdo.

Si Chávez y Córdova regresan a sus gestiones quizás sea un tema muy sensible, especialmente para los sectores conservadores de Colombia que ejercen una gran presión y tienen gran influencia sobre el gobierno de Colombia (sea quien sea el presidente, vale decir). Tampoco parece probable que el gobierno de los Estados Unidos –con presencia militar muy importante en el país andino con el Plan Colombia- acepte de muy buena gana la presencia de Chávez y Córdova.

Sin embargo, la liberación de los rehenes por parte de las FARC pareciera indicar (y tal vez es lo que quiere recalcar la guerrilla colombiana) que la solución al conflicto colombiano no llegará por la vía militar, sino por la vía negociada. No es un camino fácil, aunque nadie ha dicho tampoco que sea imposible.

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Debate Colombia: ¿Adiós al canje humanitario?

Posted on 27 noviembre, 2007. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , , , , |

La semana pasada, luego de una llamada de la senadora colombiana Piedad Córdova a un general del Alto Mando de Colombia, en la que éste conversó por breves instantes con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, el gobierno de Álvaro Uribe dio por finalizadas las gestiones de la senadora y del presidente venezolano para alcanzar un canje humanitario con la guerrilla de las FARC. Chávez ha acusado a Uribe de no querer el acuerdo humanitario y éste ha respondido que lo único que habría logrado el presidente venezolano es legitimar a un “grupo terrorista”.

Desde el inicio se sabía que no era una tarea fácil. De hecho, el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, en más de una ocasión hizo saber sus dudas acerca de las posibilidades que tendrían Chávez y Córdova, que así como antes muchos mediadores y facilitadotes había fracasado, también la senadora y el presidente lo harían. ¿Fracasaron realmente Chávez y Piedad Córdova? ¿Qué podían hacer y qué hicieron? ¿Hasta dónde podían llegar y hasta dónde llegaron?

Algunos analistas sostienen que Uribe se precipitó, que antes pudo conversar con el presidente Chávez y solucionar el impasse causado por la llamada. Otros sostienen que las presiones que habría recibido Uribe de diversos sectores de la política y la economía de su país fue lo que provocó el rompimiento. ¿Es todo esto cierto? ¿Cuáles fueron las verdaderas razones de Uribe? ¿Había alguien más, en Colombia o fuera de ella, como algunos han asomado, detrás de su decisión?

La decisión del gobierno colombiano, por otra parte, no sólo tuve efectos directos sobre las gestiones para el canje humanitario, por lo que es posible preguntar si con esto se cierran definitivamente las vías para alcanzar un acuerdo de paz en Colombia. Por otra parte, ¿cómo ayuda o cómo entorpece el proceso el hecho de que el gobierno califique a las FARC como “grupo terrorista”? ¿Se privilegiará de ahora en adelante la solución militar antes que la negociada? ¿Qué implicaciones tiene esto para el resto del continente, especialmente cuando el gobierno de Venezuela anuncia que “congela” sus relaciones con Colombia?

(Domingo Medina)

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