Tabaco: un debate nada ingenuo

Posted on 18 enero, 2008. Filed under: Invitados | Etiquetas: , , |

Morelos Torres /  San Cristóbal de las Casas

La base del argumento de las leyes antitabaco en todo el mundo parte de cuatro principios:

a) El derecho de los no fumadores a respirar un aire libre de humo de tabaco.

b) El derecho de los no fumadores a preservar su salud, al evitar ser convertidos en fumadores pasivos.

c) El enorme costo que tiene que pagar la sociedad entera (no sólo los fumadores) por el tratamiento de enfermedades provocadas por el cigarrillo en los centros de salud del gobierno.

d) La relación científicamente probada entre el consumo de tabaco y numerosas enfermedades mortales. Con esto último se pretende disuadir el consumo de tabaco, que en diversos países ha tenido un considerable aumento, sobre todo en el rango de la población ubicada entre los 14 y los 20 años.

Ahora bien, la aprobación de las leyes antitabaco no ha sido sencilla. En realidad los legisladores no han tenido que combatir contra ciudadanos que defienden su derecho a fumar, sino contra poderosísimas compañías tabacaleras que han intervenido en numerosas ocasiones, por medio de amenazas y sobornos, en las decisiones jurídicas y políticas. Esto ya ha sido denunciado en numerosas ocasiones. ¿Quieren ver una película basada en hechos reales, titulada El Informante (The Insider), protagonizada por Russell Crowe y Al Pacino?

En México, un diputado denunció que las grandes tabacaleras habían sobornado a un buen grupo de legisladores cuando se revisaba el tema. Así que la discusión sobre el tema del cigarrillo no puede ser ingenua. Tras la posición legítima de los fumadores que defienden su derecho a insuflar humo, está una voz poderosa, que maneja miles de millones de dólares, y que por supuesto no tiene cara ni nombre; es una voz sin rostro, pero con muchísimo dinero, la de compañías tabacaleras a las cuales lo único que les importa es enriquecerse, sin importar las consecuencias de su negocio. ¿Creen ustedes que estas compañías tienen algún código de ética? Si a éstas compañías se les garantizara que podían ganar más introduciendo veneno en sus productos lo harían sin pensarlo dos veces. De hecho, esto sucede así, pues la nicotina es un estimulante, pero también un veneno poderosísimo.
Una última observación. Algunos dirán: “Bueno, un fumador adinerado, si enferma de cáncer, por ejemplo, no ocasiona gastos a la sociedad, porque se atiende en un hospital privado”. Las estadísticas indican lo contrario. Un fumador adinerado comienza su tratamiento en un hospital privado, pero en la mayoría de los casos, al poco tiempo, ingresa a uno público, debido a que los costos de los tratamientos son elevadísimos, y por ello muy pocas personas pueden pagarlos de su bolsillo. Así que la sociedad termina pagando por las enfermedades evitables de los fumadores activos y los fumadores pasivos, cuando ese enorme presupuesto podría ser invertido en infraestructura o en obras sociales, para las que nunca hay presupuesto suficiente en los gobiernos.

Recomiendo observar las siguientes ligas:
http://www.netdoctor.es/XML/verArticuloMenu.jsp?XML=000392
http://www.metacafe.com/fplayer/914475/still_smoking__watch_this.swf/MEDIA
http://www.wipo.int/pctdb/en/wo.jsp?wo=2004034825&IA=WO2004034825&DISPLAY=DESC

En las siguientes ligas, Philip Morris, una importante tabacalera, admite tanto los resultados de las investigaciones de las autoridades sanitarias, como la regulación del consumo de tabaco en lugares públicos, para evitar el humo de tabaco en el ambiente. “Fumar mata y crea adicción”, se afirma allí.
http://www.philipmorrisinternational.com/ES/pages/spa_ES/smoking/Secondhand_smoke.asp
http://www.philipmorrisinternational.com/ES/pages/spa_ES/smoking/S_and_H.asp

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Vivencias de un fumador en la nueva Berlín Antitabaco

Posted on 10 enero, 2008. Filed under: Yaotzin Botello -Berlín | Etiquetas: , , |

Por Yaotzin Botello / Berlín

Primero, digo que soy fumador porque me fumo involuntariamente el humo de otros aficionados al tabaco.

Y segundo, sí, también porque después de tres cervezas yo me echo un cigarrito… que le he pedido al primer cristiano que se me cruzó.

Lo importante: Berlín se declaró ciudad antitabaco.

El contexto: la salud pública paga muchos millones de euros para tratar enfermedades relacionadas con el cáncer supuestamente provocado por el humo del tabaco, inhalado voluntaria o involuntariamente.

El contexto 2: otras ciudades han entrado con leyes antitabaco y una capital europea como Berlín no podía quedarse atrás.

Personajes: el bueno es el Estado, que quiere salvar a todos los inocentes de enfermarse de cáncer pulmonar y de gastar miles de euros en cajetillas de cigarros; los malos son los fumadores, quienes tienen un vicio incontrolable; y los más malos son los dueños de restaurantes, quienes quieren demandar al Estado por crear semejantes leyes abusadoras.

Posibles consecuencias: asepsia total, aire limpio y puro en una ciudad donde los restaurantes –según los dueños de restaurantes– estarían vacíos y en quiebra por falta de clientes.

En fin, aquí estoy yo, paseándome por la Berlin Antitabaco desde el 1 de enero que entró en vigor la Ley. Entro a mi primer bar. Llevaba puesto el suéter que me regaló Santa Clos porque estaba seguro que no habría humo de cigarro que lo ensuciaría. Pero inmediatamente me di cuenta que la gente fumaba. Me sorprendió pero no me enojé. Aún así pasé porque yo quería conocer ese bar nuevo. En Berlín cada nuevo bar es un proyecto artístico y vale la pena el golpe, así sea entre borrachos de cerveza de trigo, fumadores de cigarro o competencias de Jägermeister. Algún día tendré que escribir del Gallo Dorado en Kreuzberg.

Después de un rato me percaté que no era broma y que la gente de verdad encendía un cigarrillo tras otro. Había cenciceros en cada mesa y ningún apartado para no fumadores. Le pregunté al dueño y me dijo que las revisiones entrarían en vigor seis meses después. Y con las revisiones vienen las multas, así que cualquiera podía fumar.

Eso sí, la Ley está en vigor y si yo me hubiera querido enojar, habría podido hacerlo y pedir a modo de berrinches que saquen a los no fumadores. Pero yo crecí en una sociedad y en una ciudad donde siempre ha sido normal ir a un bar o restaurante lleno de humo. Quitarse la costumbre de oler humo y oler luego a humo no es tan fácil.

Fui a otro bar un día después. Nadie fumaba hasta que el dueño encendió un cigarro. Entonces una compañera mía se ajustó su cinturón, agarró un encededor y encendió el suyo. No había ceniceros en las mesas pero no importó. Después las otras mesas comenzaron a fumar y todos cantaron al unísono que las multas comienzan seis meses después.

Un par de dueños de cafés sin embargo sí se han amparado en la ley y han prohibido terminantemente fumar en sus negocios. Y dicen que sus clientes lo respetan y que se han estado acostumbrando.

“Hoy puedes fumar pero en seis meses yo pago mil euros y tú 100 euros”, me dijo el dueño turco del último bar que visité y que para entonces creará zonas de fumadores y no fumadores para satisfacer a sus clientes.

Mientras tanto Berlín está de prueba. Esta idea de que los chicos todavía más malos de la historia, los ponedores de multas, se presentan hasta seis meses después, es uno de los huecos de la Ley que al menos están permitiendo experimentar sobre el funcionamiento de la misma.

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