La desnuda ilustrada de Hidalgo y la derrota de la moralINAH

Posted on 8 junio, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

Es que a la ultraderecha le cuesta tanto trabajo entender que los tiempos son otros. Están anclados mentalmente a sus abuelitos que usaban sábanas con hoyitos y rezaban “No es por vicio no por fornicio, es por hacer un hijo en tu santo servicio” antes de emprender un breve metesaca que tenía que acabar en eyaculación precoz (y preñez, ¡te lo ruego Santísima!) antes de que pudiera aparecer la sombra pecadora del placer. Y son víctimas graves del síndrome obsesivo-compulsivo Soledad Orozco de tapar partes pudendas.

Uno de los organismos más importantes y valiosos de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dirigido por Alfonso de María y Campos Castelló, acaba de dar una lección de moralINAH propia de la señora Soledad Orozco, esposa del presidente Ávila Camacho, quien en los años 40 se quejó de la desnudez de la estatua de la Diana Cazadora, que en pleno Paseo de la Reforma nos mostraba con qué hermosas curvas idealizaban los escultores mexicanos a las deidades griegas. El resultado fue que le pusieron calzoncitos a la amazona, para que la doña y sus amigas de la Liga de la Decencia pudieran pasar por la avenida sin acordarse de los pecados que cometían (o soñaban cometer) con sus políticos maridos cuando ellos les hacían caso. En los sesenta, le quitaron el indigno taparrabos a la diosa, que desde entonces se ha portado bien en su sólida inmovilidad y no ha causado escándalos.

A principios de junio, el gobierno del Estado de Hidalgo lanzó una campaña para promover sus atractivos turísticos. Pusieron una actriz muy guapa (Irán Castillo) a modelar, le tomaron unas fotos en estudio con bikini, con photoshop montaron sobre su cuerpo imágenes de los monumentos que querían mostrar, y luego colocaron esos mismos monumentos de fondo, de manera que la actriz parecía mimetizar su cuerpo desnudo con ellos. No es el tipo de publicidad que yo prefiero (efectivamente, uno se fija más en la chica que en lo que promociona), pero ése es mi problema.

El INAH censuró la campaña. En sus primeras declaraciones, el vocero del INAH, Benito Taibo, salió a decir que no podían aparecer personas tapando los monumentos. Y después se quedó contento con un pequeño cambio en la campaña hidalguense, que fue simplemente que los senos de la muchacha, que no se veían tanto, quedaran ocultos. O sea, como ponerle el calzoncito a la Diana.

Busqué en la página web del INAH si Jorge Serrano Limón, el líder pro vida que además es autodesignado gran vigilante de la moral, tiene un puesto ahí, es asesor honoris causa del Instituto o tal vez representante plenipotenciario de los cardenales Rivera Carrera, Sandoval Iñiguez y Cepeda para supervisión de lo que las ovejas del rebaño nacional hagan con su patrimonio histórico, pero al menos ahí, no lo mencionan.

Es el gobierno del PAN, que no ha logrado controlar los afanes moralistas de sus ultras ni su tendencia a comprar el acceso al paraíso (y a las pantallas de tele) con dinero de nuestros impuestos, como hace el gobernador de Jalisco. El síndrome Soledad Orozco que no los deja abrir la mente. Antecedentes hay muchísimos. Pero esos mismos antecedentes ilustran cómo los mexicanos han cambiado, mientras que los ultras siguen pensando que viven en otros siglos. Unos poquitos ejemplos:

En enero de 1988, Serrano Limón y el cardenal Corripio mezclaron a alumnas de escuelas de monjas con antiguos líderes pro-nazis (que en 1940 promovieron un golpe de Estado fallido para alinear a México con Alemania), como Salvador Abascal Infante y Celerino Salmerón, en una protesta frente al Museo de Arte Moderno contra una exposición artística: lograron cerrarla y de paso, renunciaron al director. Ese mismo año impidieron que se exhibiera en México “La última tentación de Cristo”. El gobierno de Salinas de Gortari que entró en diciembre de 1988 les permitió darse vuelo censurando y atacando y agraviando, los mismo exposiciones que obras de teatro y lo que no les gustara. En Guadalajara y Monterrey, incluso, los ayuntamientos panistas prohibieron unos anuncios de sostenes de Wonderbra. Y cuando entró Fox, en 2000, quien había hecho campaña con la Virgen de Guadalupe y había prometido los oros de Moctezuma a los obispos, pensaron “ahora sí, es la nuestra”.

Así lanzaron en 2002 su poderosa campaña de anatemas y condenas (e incluso antisemitismo) contra la película mexicana “El crimen del Padre Amaro”, sobre un cura que llega a un pueblo, seduce una menor de edad, la embaraza y la hace abortar, a consecuencias de lo cual ella muere. A la jerarquía católica y su infantería, conducida por Serrano Limón, le cayó muy mal que pusieran en las pantallas lo que ocurre en la vida real. Y pensaron que iban a poder asustar a todo el mundo con sus manazos en el púlpito. Incluso, ya encarrerados, adelantaron que censurarían también dos películas de las que no sabían nada, más que el nombre “La virgen de la lujuria” (donde apenas sale un actor que besa los pies de la imagen de una virgen que no tiene nada de lujuriosa) y “El rescate del Santísima Trinidad” (la historia de un buque naufragado que tenía ese nombre).

Y como siempre, justifican sus violencia censora con el argumento de que representan al pueblo de México, que es católico. Pero el pueblo de México les respondió de forma muy elocuente: “El crimen del Padre Amaro” batió en 50% el récord como la más taquillera en la historia del país. El secretario de Gobernación había rechazado las demandas de prohibirla (“la censura se fue de este país y esperamos que nunca regrese”, dijo Santiago Creel). Y a partir de ahí se abusó del chiste de solicitar, para cada peli, obra de teatro, novela y presentación de payasos, la asistencia de Serrano Limón para condenarlos y generar así enorme publicidad gratuita. Hace poco, la Arquidiócesis de México dio a conocer un estudio propio en el que afirma que sólo entre el 6% y el 8% de los católicos bautizados van a misa regularmente.

Este país ya no es el de sus culpables sueños húmedos, es lo que el tipo del apellido virreinal, Taibo y Serrano Limón no consiguen entender. ¿Qué es lo que pasó con su torpe censura de la campaña hidalguense?

Para empezar, que alguien lo filtró a los medios. Nada tontos. Así, las fotos de la campaña censurada y de la nueva ocuparon ni más ni menos que la mitad de la portada de El Universal, ocuparon amplios espacios en muchos diarios y llegaron a las planas de The New York Times. Más que ofendido por la censura, el publicista que ideó la campaña, Roberto Gaudelli, está dando brincos de gusto por su inesperada fama nacional e internacional. Véanlo en su blog. Y mucha gente se está enterando ahora de que en Hidalgo también hay cosas hermosas qué ver (aunque cuando van a descubrir, decepcionados, que Irán Castillo no está allí luciendo su ilustrada desnudez).

Da vergüenza que todavía se den estos gestos de moralINAH entre las autoridades de este país, que no han superado el síndrome Soledad Orozco. Además, da pena ajena, porque ponen en evidencia su atraso intelectual y su torpeza en relaciones públicas. Y a final de cuentas, da gusto, porque los mexicanos ya no se tragan estas tonterías. ¡Veamos la campaña completa aquí!

Como cantaba Joaquín Sabina: “A mí, las moralINAHs me hacen vomitar”.

¿Qué van a hacer el próximo fin de semana? ¡Vámonos a Hidalgo!

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Las Aristeguis que nos faltan y la lágrima de Hillary

Posted on 14 enero, 2008. Filed under: Makieze Medina -D.F., Témoris Grecko | Etiquetas: , , , , , |

Por Témoris Grecko / Alice Springs, Australia

El noticiero radiofónico mexicano más importante de los últimos años se terminó. Algo con el mismo nombre ocupa su espacio, pero el proyecto que nos tuvo a muchos sintonizados cada mañana estaba ligado a una voz, a una persona, que logró la rara combinación de inteligencia, valentía, ética y buen humor. “Hoy por hoy” con Carmen Aristegui fue a lo largo de este tiempo la mejor manera que tuvimos de enterarnos qué pasaba realmente en el país, de conocer a los protagonistas de todos los sectores, de ponernos al tanto de los sucesos cotidianos y de los de fondo.

Se acabó porque dos de las más importantes empresas de comunicación del mundo de habla hispana, la mexicana Televisa y la española Prisa, decidieron deshacerse de Aristegui mediante la no renovación de su contrato. Su trabajo puso en aprietos a muchos en la política, los negocios y la sociedad, e incomodaba a importantes compañías (entre ellas, directamente, a Televisa, porque Aristegui tuvo el sorprendente e inestimable valor de denunciar los abusos que ésta –dueña de las emisoras para las que ella trabajaba– y otras megaempresas de la comunicación trataron de cometer con la imposición a través del chantaje de leyes con las que prácticamente sometían al sistema político), a gobiernos estatales y al del presidente Calderón.

La periodista aceptó el cese con calma y sin estridencias, imagino que consciente del peligro de que el asunto se politizara. Como ocurrió: otros realizaron manifestaciones públicas, del tipo de las que sólo benefician a sus organizadores, quienes se montaron en la supuesta causa de Aristegui para impulsar las propias. Simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador armaron sus protestas (ignoro si tuvieron la delicadeza de consultar la opinión de Aristegui, pero ella no participó ni envió un saludo) en donde convocaron a actos de la “Presidencia Legítima”, llamaron a oponerse al Tratado de Libre Comercio y vincularon lo sucedido con Aristegui con el movimiento estudiantil de hace 40 años.

O no entienden o –lo que yo creo– no les preocupa confundir política con información. Tienen otros objetivos que creen más importantes.

En un escenario informativo tan cargado hacia un lado, como es el de México, cualquier cosa que esté más centrada en un periodismo ético es interpretada como favorable por los del lado contrario. Por ejemplo, como tendría que haber hecho todo espacio noticioso honesto, el de Aristegui les dio voz a López Obrador y sus seguidores. Es increíble que alguien les haya cerrado los micrófonos, sobre todo cuando su opción política era la preferida por al menos la tercera parte de los ciudadanos, pero una mayoría lo hizo, ya que tales eran las directrices del boicot ordenado por el gobierno de Vicente Fox y las grandes cámaras empresariales. Aristegui se apegó a principios elementales del periodismo y eso hizo que los lopezobradoristas comenzaran a considerarla como propia. Y los antilopezobradoristas, como enemiga. Por supuesto, cuando son los primeros quienes se encargan de organizar demostraciones de “apoyo”, lo que hacen es justificar la histeria y las campañas de descrédito de los segundos. ¿Acaso creen que le hacen un favor a Aristegui al ponerle la etiqueta de pro-López Obrador?

Este tipo de irresponsabilidad estuvo a punto de afectar el movimiento ciudadano contra la decisión judicial sobre el caso Lydia Cacho, en el cual Mundo Abierto ha tenido participación. Durante la Marcha de los Niños, se hizo presente Gerardo Fernández Noroña, un funcionario partidista sumamente conocido por la espectacularidad de sus actos y declaraciones e identificado también con López Obrador. Los reporteros lo buscaron de inmediato para consignarlo en sus notas. Fernández Noroña puso al evento en riesgo de que se los despojara en los medios de sus sustancia civil y se lo redujera a una escaramuza más de la batalla política. Para sorpresa de muchos (y frustración de algunos), Fernández Noroña fue prudente y no abrió la boca, lo que es de agradecerse.

Aristegui es una de las periodistas más importantes del mundo hispano y su trabajo tiene una gran trascendencia para la sociedad, más allá de toda secta política. Existen poderes políticos y económicos dispuestos a hacer lo necesario para cancelar opciones informativas como la de ella, y también los hay que se las quieren apropiar. Tenemos que defenderlas de unos y de otros. En América Latina nos hacen falta más Aristeguis. Y, claro está, conseguir que esas y esos Aristeguis tengan espacios para hacer su trabajo. Hace falta abrirlos.

(Nota: Aristegui continúa en el programa que lleva su nombre en CNN en Español, media hora cada noche.)

La fuerza de las Hillary’s Sisters
A Aristegui la callaron y Hillary Clinton casi soltó una lágrima. No por Aristegui, por supuesto, no creo que tenga idea de quién es. Sino por su campaña. La reacción de molestia a causa de eso me pareció sorprendente: en la tele ni siquiera se ve la tal lágrima, sólo se escucha un quiebre de la voz. Para un latinoamericano, no tiene nada de dramático: que escuchen una canción de tango, de flamenco o una ranchera pa’que vean la que podemos armar. Por eso sentí que abusaban con las críticas.

Pero ellos sabían lo que yo no sospeché en el momento: una lagrimita anunciada, no vertida, puede cambiar la historia contemporánea si acierta en lugar, momento y tono. Las encuestas tenían a Hillary 15 puntos porcentuales de Barack Obama y daban por hecho que él la vencería de calle en las primarias de New Hampshire e iría de ahí, como se dice en México, en caballo de hacienda a conquistar la candidatura demócrata y la Presidencia. A raíz de la lágrima que no cayó, hubo una movilización general: “Sisters act to put Hillary back in the race” (las hermanas actúan para volver a poner a Hillary en la carrera –lo de “hermanas” se refiere a la “sisterhood” o hermandad femenina, la solidaridad entre mujeres), tituló un diario australiano, y miles de mujeres salieron a votar por su compañera de género. Algunas estaban indecisas, otras pensaban en Obama, cuando Hillary habló de las presiones que ella, como mujer, sentía al enfrentar una competencia feroz como ésta. Sus rivales hombres viven algo similar. Pero Hillary, que durante muchos años se había comportado con profesionalismo de jugadora de póker (lo mismo cuando desecharon su proyecto de reforma de salud que durante el largo escándalo por el adulterio de su esposo), habló en esta ocasión como mujer, a las mujeres. Ellas la escucharon. La comprendieron. Y votaron por ella.

¿Truco sucio? Sí. Cuidadosamente calculado. El lugar, el momento y –lo que resalta la precisión histriónica de la candidata– el tono exactos: ni llorona, ni insensible, sino una mujer muy capaz que, sin embargo, tiene sentimientos como cualquier otra. El montaje y la ejecución fueron, simplemente, admirables. Y lo de truco sucio, pues, como sabemos, esto es así: todos están sacando lo que tienen en la guantera. Lo que molestaba a quienes la criticaron es que ella tomó ventaja en una competencia que no es de ideas ni de grandes proyectos, sino de emociones y simpatías. Obama no sería lo que es si no fuera un tipo atractivo y carismático, ¡que hagan candidato a Don King, a ver si sube del -100% de popularidad! Y las emociones y las simpatías tienen un intermediario, la televisión, todo es sound-bytes y catchy-phrases, así que gana el que sepa explotarla mejor y pierde el que enseña su mal lado. Hace cuatro años, Howard Dean iba viento en popa para ganar la candidatura demócrata, pero se le fue por otro quiebre de voz, uno que le llegó en mal momento, mal lugar y en mal tono: un grito de júbilo destinado a motivar a sus simpatizantes se convirtió en aullido de heavy metal, y ese solo sound-byte, repetido cientos de veces en millones de pantallas, acabó con sus aspiraciones.

Así es el electorado de Estados Unidos. Así son las democracias mediáticas de ahora: competencias en technicolor. Y así es posible que una lágrima que no vimos haya cambiado la historia.

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LOS DAÑOS DE LA CENSURA EN EL CASO ARISTEGUI

Por Makieze Medina / Ciudad de México

Cuando compartimos y después perdemos la palabra que revela, reconoce, libera y que lleva a la comunicación racional perdemos todos. Los que escuchábamos el programa de radio de Carmen Aristegui “Hoy por hoy” sabemos que perdimos una de las mejores opciones para informarnos. Con su fin se fue un buen trabajo periodístico, una agenda plural, casos fundamentales, investigación de fondo, Sus seguidores sabemos que privilegiaba los contenidos y no las inconveniencias políticas. Carmen es una profesional para saber comunicar y saber escuchar. Era evidente el trabajo de un equipo para abundar, esclarecer y ofrecer fuentes. Siempre tuvo una política con derecho a réplica de contrapartes, puertas abiertas al ciudadano y de las cosas que más me gustaban: las entrevistas a profundidad que en muy pocas estaciones he encontrado.

“Hoy por hoy” ahora es un ayer. La incompatibilidad editorial que usaron para justificar su salida es –como muchos y la propia Carmen lo comentan- inaceptable. La nueva oferta a grandes rasgos fue que PRISA -al ser la responsable de los contenidos informativos- tuviera injerencia en las funciones disminuyéndole autoridad editorial. La injerencia de la empresa española está por contestarse, resulta contradictorio y cuestionable que le haya retirado su apoyo cuando en el pasado decidió mantenerla en los momentos en que diversos sucesos y discusiones en la opinión pública incomodaban a Televisa y a grupos en el poder.

¿Presión de Televisa, incompatibilidad con el modelo editorial o censura? Ninguna se excluye, y juntas, si las vemos con cuidado, arman la estrategia de acoso que le fueron tejiendo a Carmen desde el 2006 cuando la sacaron de la transmisión en televisión. Los motivos apuntan a incomodidades de Televisa frente a una postura ética y profesional de Carmen que privilegió contenidos en casos contundentes y de extrema importancia política en el país, tocó intereses económicos, políticos, militares y eclesiásticos inconvenientes para los actores en juego, y justo fue esta posición incuestionable de priorizar el derecho de saber de las audiencias la que la dejó fuera.

La falta de renovación del contrato queda en el imaginario, o al menos en el mío, y en el de muchos analistas, como un acto de censura disimulada, como un ajuste de cuentas de una empresa que se tomó el tiempo para hacerse justicia, digamos que difirió su revancha y se está adelantando a no ponerse en aprietos con posturas críticas en temas que vendrán en el futuro próximo, por ejemplo: la discusión de la ley de medios.

La salida de Carmen no debería estacionarnos en la protesta. Una de las grandes inconsistencias que podría llevar a que se repitiera es permanecer en el estado de indefensión en el que se encuentran los periodistas. El término de “incompatibilidad editorial”, al derivarse de un cambio en la postura editorial de W Radio, deja al desnudo varias carencias: los periodistas a pesar de gozar en lo formal de su derecho de libertad de expresión, en la práctica no cuentan con normas y garantías mínimas indispensables que garanticen esta libertad y el ejercicio del periodismo profesional.

Sería bienvenido conocer de manera expresa los principios editoriales, los códigos de ética, la línea ideológica de Televisa Radio y de otros medios para evitarse sorpresas. PRISA ha hecho su trabajo en España, allá promovió que en el diario El País existieran criterios y normas de ética profesional como el Estatuto de la Redacción que reconoció en 1980 los derechos de los periodistas dentro de la empresa y delimitó el poder de ésta en el trabajo profesional; otro más es la cláusula de conciencia que permite al periodista rescindir el contrato cuando el medio de comunicación cambie su orientación informativa o su línea editorial sin perder el derecho a recibir una indemnización, una norma que le hubiese sido útil a Carmen.

Falta pensar también en los derechos de las audiencias, hecho que al parecer ni Televisa ni PRISA consideraron. El programa de Carmen tenía el segundo lugar de audiencia en noticiarios de en la mañana y el primero en la cadena W Radio, y les tuvo sin cuidado. El daño que hicieron con la censura a Carmen, a mi parecer la supera. La alianza Televisa-PRISA no sale bien librada. Televisa no se salva de ser señalada como autora intelectual y PRISA como la parte benevolente que terminó cediendo pero que mantiene incongruencias entre sus políticas y principios orientadores que funcionan bien en España pero no son exportados a México. Dañó a Carmen y puede ser extensivo para cualquier otro periodista que véelimitado su derecho fundamental a la libertad de expresión al no contar con normas que la regulen y que sean coercitivas en caso de violarla. No se salvaron del daño los medios de comunicación porque perdieron un espacio de pluralidad informativa en contextos coyunturales muy criticables, ni tampoco la sociedad que tiene derecho a la información y a elegir entre diferentes espacios, y no a la censura de éstos.

¡Esperamos escucharte pronto Carmen! Un abrazo de solidaridad para ti. .

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