La Piratería en Somalia

Posted on 29 abril, 2009. Filed under: Invitados | Etiquetas: |

Por Pedro Elizalde Monteagudo* / Barcelona, España

Los medios de comunicación de los Estados Unidos comenzaron a enfocar su atención hacia los actos de piratería de las Costas de Somalia, a partir del secuestro del capitán estadounidense Richard Phillips, en abril de 2009. Sin embargo, la comunidad internacional ya había adoptado medidas para combatir los actos de piratería en los mares frente a las costas de Somalia.

Desde el año 2005, la Organización Marítima Internacional alertó a los Estados y las Naciones Unidas sobre el problema de piratería en Somalia. El mar frente a las costas de Somalia ha sido escenario de varios actos de piratería contra embarcaciones de recreo y buques mercantes. Los buques piratas somalíes han afectado la seguridad en las rutas comerciales marítimas, dañado la economía de la región y dificultado el suministro de ayuda humanitaria destinada a millones de somalíes. Durante el año 2008 se registraron un total de 120 ataques, de los cuales 35 finalizaron en la captura de buque y/o su tripulación.

La piratería en Somalia tiene sus antecedentes en el vacío de poder presentado por Somalia en 1991. La falta de gobierno en Somalia, permitió la explotación abusiva de los recursos marítimos somalíes, por parte de barcos extranjeros. Los pescadores locales comenzaron a detener o ahuyentar a los pesqueros foráneos, con apoyo del armamento bélico procedente de las milicias locales. Las confrontaciones entre pescadores locales y buques extranjeros hicieron evidente la vulnerabilidad de los pesqueros foráneos, lo cual fue aprovechado por los atacantes somalíes para comenzar a secuestrar los buques pesqueros con el fin de negociar un rescate por ellos.

Además, Somalia ha sufrido décadas de poder autocrático, conflictos internos étnicos y religiosos, falta de desarrollo económico y la presencia de pobreza extrema. El Gobierno Federal de Transición no tiene la capacidad de gobernar en el territorio somalí, lo cual es aprovechado por los piratas para establecer sus bases en las costas de ese país y actuar libremente en las aguas colindantes. Esta vacío de gobernabilidad ha sido bautizado por la comunidad internacional como los “mares fallidos” de Somalia.

Los acontecimientos violentos suscitados en la costa de Somalia no son los únicos actos de piratería perpetrados en la actualidad. El estrecho de Malaca y los mares del sur de China han sido escenario de actos de piratería desde la década de los ochenta. Sin embargo, los Estados ribereños han implementado operaciones navales conjuntas, con el fin de prevenir y reprimir la piratería en la zona. Estas acciones militares han logrado reducir considerablemente el bandalaje en la zona.

Los piratas africanos persiguen otros fines en relación a sus antecesores, ya que no están interesados en robar la mercancía del buque, sino en negociar rescates con las empresas navieras, los consignatarios de la carga o los países interesados. Además, los piratas modernos presentan un nuevo modus operandi, en virtud de los siguientes factores: los ataques son más agresivos y violentos; los piratas utilizan armamento más sofisticado; los atacantes pueden permanecer en el buque durante días; y los pitaras cuentan con un respaldo marítimo y terrestre.

Los piratas han modificado barcos pesqueros para que sirvan como naves nodrizas. Estas naves se emplean para transportar el armamento y las lanchas rápidas hasta aguas profundas. Algunos capitanes secuestrados han señalado que existe un lapso de 15 minutos, entre el avistamiento de los atacantes y la toma y control del buque por parte de ellos.

Una vez capturado el buque, los piratas negocia el rescata a través de llamadas realizadas por teléfono satelital o por medio de mensajes de texto SMS. Posteriormente, los propietarios de los buques o países afectados realizan el pago del rescate por medio de transferencias bancarias electrónicas.

El Gobierno Federal de Transición de Somalia no puede reprimir la piratería. Por tal motivo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha aprobado varias resoluciones, por las cuales ha autorizado a los Estados afectados la utilización de buques de guerra y aeronaves militares dentro de las aguas territoriales de Somalia. Estas naves militares tienen la misión de escoltar los suministros de ayuda humanitaria, evitar más actos de piratería y confiscar el armamento o barcos utilizados por los piratas.

Las acciones del Consejo de Seguridad han sido criticadas por las organizaciones humanitas desplegadas en Somalia, ya que este organismo internacional actúo con rapidez para asegurar los intereses comerciales, dejando de lado la crisis humanitaria somalí.

Los atentados terroristas del 2001 hicieron evidente la vulnerabilidad presentada por el sistema de transporte mundial. Los Estados Unidos encabezaron los esfuerzos para la creación de un nuevo marco normativo internacional en materia de seguridad del transporte marítimo. Asimismo, el presidente estadounidense en turno, declaró la guerra contra el terrorismo, desencadenando las consecuencias ya conocidas. Actualmente, la comunidad internacional se ha concienciado de las nuevas amenazas en contra del transporte marítimo. Sin embargo, los países han concentrado sus esfuerzos en acciones militares, las cuales no solucionan el problema de fondo, el “Estado fallido” de Somalia.

* Maestro en Derecho Internacional por el Tecnológico de Monterrey. Becario MAE de la AECID.
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Sudáfrica: Feminismo en Minifalda

Posted on 10 marzo, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

El 4 de marzo, cientos de mujeres sudafricanas salieron a protestar por las calles del centro de Johannesburgo. Días antes, un grupo de taxistas y vendedores ambulantes se abalanzaron sobre una joven, la manosearon y le arrancaron las ropas. El “motivo” fue que ella venía vestida de forma “demasiado provocativa”. Le pudo haber ido peor: una violación no sería algo raro. O, como ocurrió cuando yo estaba en Nairobi, Kenia, que los atacantes la arrojaran al aire desnuda, con el pretexto de que era así como ella quería ser vista.

Las mujeres pensaron que, para reivindicar sus derechos además de mostrar su indignación, había que enseñar pierna. Cerca del sitio de taxis donde ocurrió el abuso, todas marcharon vestidas muy guapas, con faldas muy cortas. Sostuvieron letreros que decían: “Nos encantan nuestras minifaldas”, “No somos señales de tráfico. ¡Respétennos!” (lo que además era una declaración sobre la manera de conducir de los taxistas). Mpumi Ngidi, de 26 años, dijo a AFP que suele ser acosada en la calle: “Si te atrapan entre el puesto de un vendedor y la acera, y viene un grupo de hombres, al menos uno de cada tres trata de tocarte los senos, las nalgas. Por eso no uso minifaldas ni me visto sexy, es un mecanismo de defensa”.

Los taxistas, sin embargo, no se quedaron muy impresionados. Uno de ellos, Thulani Nhlapho, también de 26 años, afirmó: “Si usas minifalda, da la impresión de que quieres que te violen. Tú te respetas a ti misma cuando usas faldas largas. Nosotros respetamos a mujeres que se respetan”. Edwin Ndlovu, de 29, miraba la marcha muy divertido: “Nos reímos porque están desnudas. Como persona, tienes que controlar tus emocionas. Es difícil cuando las mujeres van desnudas. Por eso algunos hombres terminan violándolas”.

Esta idea de que la víctima es la culpable es extendida en la sociedad sudafricana, aunque resulta difícil de sostener cuando las violaciones, que ascienden a 50,000 cada año, afectan a personas de todo tipo. Redi Direko, una conocida comentarista de radio que fue violada en un taxi, dijo a AFP: “Tenemos bebés que son violados, abuelas que son violadas. Cuando me atacaron, tenía 13 años y el uniforme de la escuela. La expresión de la sexualidad masculina con frecuencia es violenta y las mujeres no tenemos poder de negociación”.

No lo tienen allá. Tampoco en mi ciudad, el defe, donde las mujeres simplemente ya olvidaron como vestir ligeras (o nunca tuvieron oportunidad de aprenderlo), aunque haga calor, porque quienes se atreven a mostrar un poco por la calle se arriesgan a ser manoseadas y, por lo menos, insultadas por los patanes que tenemos en generosa abundancia (si se pudiera exportarlos…). Alguien tendría que organizar una marcha similar aquí. Sería importante. Y lucidor.

Foto de AFP

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Kenia: Crisis de la Complicidad

Posted on 7 enero, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Perth, Australia

La crisis electoral que está derivando en humanitaria en Kenia no puede ser vista como un conflicto más en África. Hace un par de años pasé dos meses y medio allí: con sus problemas y atrasos, era como el borrador del modelo de desarrollo para los países africanos. Además, era un oasis de estabilidad en un área conflictiva: alrededor se encuentran Somalia, Etiopía, Sudán, Congo y Ruanda, estados marcados por sangrientas guerras, y en Kenia se ubicaron las agencias de la ONU y las organizaciones no gubernamentales de asistencia que la utilizan como base de operaciones. Buena parte de la economía de Nairobi depende de los gastos del personal de esas entidades, y de los miles de trabajadores humanitarios que van ahí a descansar después de pasar semanas en áreas de catástrofe.

Nadie esperaba que se dieran imágenes como las de ahora en Kenia. Mi querida amiga Waringa Njonjo, una exitosa abogada que estudió en Gran Bretaña, vive en el barrio nairobino de Hurlingham, apenas adelante del Hospital de la Mujer que ahora está saturado de adultas, niñas y niños violados en los disturbios. Por su preparación, Waringa realiza decisiones políticas que no dependen de la tribu a la que pertenece sino de lo que considera que es mejor para el país. Así escogió apoyar al Movimiento Democrático Naranja del opositor Raila Odinga, que según parece ganó las elecciones presidenciales pero ahora enfrenta el fraude armado por el presidente Mwai Kibaki. No obstante, el resto de Kenia no ha llegado a ese nivel de sofisticación y se mantiene en la lógica tribal: Kibaki pertenece a la kikuyu, la tribu más grande (22% de la población), cuya élite controla el poder político y económico y hará lo posible por no perderlo, en tanto que Odinga es un lúo coaligado con otras tribus, como la kalenjin (de la que forman parte los kenianos que corren maratones), todas interesadas en terminar con la hegemonía kikuyu. Waringa, aunque simpatizante de Odinga, es kikuyu y podría estar en peligro de ser atacada en la calle por una de esas turbas enfurecidas que torturan y matan sólo por pertenecer a un grupo distinto.

Esto, se suponía, no pasaba en Kenia, y Occidente ponía al país como ejemplo a seguir para otros en el continente. Pero Estados Unidos y Gran Bretaña, el antiguo poder colonial, han sido cómplices en la perpetuación del dominio de un grupo de corruptos, que han robado cientos de millones de dólares y que no por primera vez cometen fraudes electorales. La justificación era que de esa forma la democracia se consolidaría poco a poco y mientras habría un país estable. En lugar de ello, se acostumbró a cierto grupo de corruptos a monopolizar el poder mientras que en las demás tribus se acumularon enormes tensiones que ahora están explotando en forma de violencia étnica.

La primera reacción de Washington fue convalidar el resultado fraudulento y tardó en adoptar una posición más distante. Los observadores de la Unión Europea sí denunciaron que el proceso había carecido de legitimidad. Kibaki y su grupo tratan de aferrarse al poder, pero los motines ya han dejado 350 muertos y al menos un cuarto de millón de desplazados, en tanto que la ONU anuncia medidas extraordinarias para atender la crisis humanitaria. Kibaki, protector de corruptos, empieza a ver cómo salir del aprieto y habla de un “gobierno de unidad nacional”. Odinga se quiere proclamar “presidente del pueblo” (algo que recuerda a López Obrador, pero con una diferencia: los naranjas tuvieron una eficacia y un respaldo que el PRD ni sueña, y demostraron su triunfo en 95 de los 122 distritos electorales, con lo que dominarán tres cuartas partes del parlamento).

El escenario es de crisis de un modelo de estabilidad para África, en el que Occidente se hacía cómplice de corruptelas y fraudes bajo el supuesto de que eso daba paz social y crecimiento económico. El objetivo de la democracia es que las diferencias de los distintos grupos se puedan tratar y canalizar pacíficamente, pero esta adulteración tolerada del sistema condujo a un rompimiento. Ya vemos que es hora de cambiar el esquema.

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Entre activistas del vegetarianismo e inmigrantes africanos.

Posted on 18 diciembre, 2007. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , , |

Por Javier Távara – Madrid

 

Me van a disculpar ustedes que escriba estas líneas destilando mala leche, pero lo que vi el otro domingo, terminó enfadándome. Atravesaba con prisas la madrileña Plaza de Tirso de Molina -llegaba tarde a mi cita dominical con los amigos para tomar el vermú- cuando el mitin de unos chavales megáfono en mano me hizo detenerme. No eran los habituales anarquistas ni los comunistas de viejo cuño que llevan años defendiendo sus ideas en esa plaza: eran unos activistas por los ‘derechos de los animales’. Vegetarianos militantes profesando su fe altavoz en mano.

Los muchachos defendían la ‘dignidad’ de los animales ‘humillados’ y sacrificados diariamente por las industrias agroalimentaria y peletera, que sólo piensan en sus beneficios y no tienen ninguna consideración por los ‘deseos, temores y necesidades’ de los animales. Denunciaban que la ‘falsa necesidad’ de alimentarse y vestirse de animales hace que millones de ellos sean ‘asesinados innecesariamente’ en las granjas. Denunciaban también, la privación de la libertad de los animales de circos, zoológicos y jaulas domésticas; la ‘innecesaria’ experimentación científica en seres vivos, etc, etc.

Yendo al grano: la propuesta de desarrollar legalmente los ‘derechos de los animales’ es un contrasentido jurídico, con tanta validez como los derechos de las hojas de los árboles o de las piedras de los ríos. Sus defensores –vegetarianos con la panza llena- pretenden atribuirse la tutela de los animales como si estos fueran menores o discapacitados. Las leyes no obligan ni a perros ni a gatos, así que al final siempre termina habiendo personas de por medio y en puridad, habría que hablar de los derechos de esas personas a demandar el bienestar animal. Mi enfado viene por el mitin y por el escenario escogido.

El discurso de los activistas por la defensa de los animales, pretende que sean sujetos de ‘derechos’ equiparándolos a los más desfavorecidos de la sociedad, de modo que se ponen en un mismo plano de igualdad los pretendidos ‘derechos de los animales’ y los Derechos Humanos. Echando un vistazo al vecindario de la Plaza de Tirso de Molina y sus bancos de piedra ocupados por indigentes, oír estas cosas resulta chirriante. Todavía hay más.

A pocos pasos de los activistas vegetarianos y de su pancarta con dibujos de vaquitas, chimpancés y pollos, se formaban varios grupos de africanos. Varones casi todos. Les oigo hablar en sus sonoros idiomas y tal como está el percal, puede deducirse que más de unos cuantos no tienen autorización legal para trabajar ni residir en España, de modo que carecen por completo de Derechos Laborales y Sociales. Los que tengan la suerte de tener un empleo precario -en la construcción por ejemplo- trabajarán más horas por menos dinero y podrán ser explotados al antojo del patrón de turno. De condiciones de seguridad y salubridad en el trabajo mejor ni hablamos. Y si enferman no podrán recibir tratamiento médico en la sanidad pública. Los menos afortunados malviven vendiendo cositas por las calles de Madrid. Todos los sin papeles están a la espera de que se ejecute su orden de expulsión de España y de que un día se atraviese en su camino la policía para meterles en un avión y devolverles a África. Pienso también en la forma en la que pueden haber llegado algunos de los africanos a la Plaza de Tirso de Molina. El viaje hasta allí pudo durar meses, atravesando el océano de arena que es el desierto del Sahara. Muchos se quedan el camino, así que alguno habrá enterrado allí a sus compañeros de ruta. En su mayoría son hombres y si son mujeres, lo habitual es que tengan que prostituirse para pagar los tres mil euros que suele costar el viaje. Tras alcanzar el mar, todavía les queda subirse a una precaria embarcación para alcanzar las costas españolas, arrojando por la borda los cadáveres de los que no resisten la travesía. Diariamente llegan cayucos a España, con decenas de africanos que son trasladados directamente a un hospital de campaña. Muchos llegan con un hilo de vida y los más débiles no llegan vivos. Una vez atendidos, reciben de las autoridades españolas un papel que les identifica como irregulares y la notificación del proceso de expulsión en curso.

No se crean ustedes de que los chicos vegetarianos del megáfono son un caso raro. Es un activismo que va en aumento y sus protestas salen con frecuencia en la televisión y en los diarios. Me pregunto cómo pueden estos chavales tener la desfachatez de hablar de los ‘derechos’ de los pollos de granja justo al lado de personas sin derechos. Su propuesta que nos volvamos todos vegetarianos, además de involutiva, es una idea que no resiste el paso del Estrecho de Gibraltar. No muy lejos de España, en el África subsahariana se encuentran los países más pobres de la Tierra, donde no hay agricultura que les pueda alimentar. Allí la esperanza de vida ronda los cuarenta años. No extraña entonces que intenten desesperadamente llegar a Europa.

Tampoco es que yo tenga demasiada simpatía por la industria agroalimentaria. Sus reglas de comercio, las patentes, los aranceles y subvenciones de la Unión Europea, hacen que a una pequeña parte del planeta le sobren los alimentos y a la mayor parte le falte lo necesario para subsistir. Los africanos de Tirso de Molina han escapado de la miseria causada por varios factores, entre ellos, las desiguales reglas del comercio agroalimentario. Pero una cosa es defender el comercio justo y otra muy distinta atribuirle a todo bicho viviente los mismos derechos que a una persona, pretendiendo que llenar la panza con ellos sea considerado un asesinato.

Y mientras los chavales denuncian que se asesinan animales en granjas, me entran ganas de mandarles a hacer puñetas, pero recuerdo que he quedado con los amigos para el aperitivo y me voy corriendo a tomar el vermú en ‘La Mancha’, una buena taberna, donde los parroquianos son recibidos al mediodía con tapeo de salchichón, chorizo y morcilla. ¡Y qué bueno que está todo eso!

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África: el exterminio de los gorilas de montaña

Posted on 12 noviembre, 2007. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

A fines de febrero, recibí un e mail lleno de entusiasmo de parte de los voluntarios de Wildlife Direct (WLD), una organización de conservacionistas que trabaja en una de las zonas más peligrosas del mundo, el parque Virunga en el este de la República Democrática del Congo, para proteger a los gorilas de montaña. Ellos están en peligro de extinción: sólo hay 680 ejemplares, de los que 380 están en Virunga. Gracias al esfuerzo de sus defensores, se han recuperado lentamente desde los años 70, cuando eran 240. Por eso, el nacimiento de Ndeze, una gorilita preciosa representó un motivo de celebración. La hijita de Safari hizo crecer a 12 el número de miembros de la familia Rugendo, un grupo de “habituados”: con el objeto de que la atención a los gorilas pueda sostenerse con medios locales (y dejar de depender de donaciones extranjeras), se acostumbra a los primates a la presencia humana, para que los turistas puedan verlos y generar ingresos para las comunidades. Los Rugendo tenían todavía más buenas noticias: otra hembra, Mburanumwe, se había embarazado. Cuando su hijito naciera, él o ella, y su media hermana, la recién nacida Ndeze, debían formar parte de una nueva generación amigable que confiara en sus primos humanos, raros (en lugar de pelo se cubren con algodón) pero simpáticos.

Por la mañana del 23 de julio, tres hembras de la familia Rugendo fueron encontradas muertas a balazos: Neeza, madre de un bebé de dos años que desapareció; Mburanumwe, que estaba embarazada, fue asesinada y además le prendieron fuego a su pelaje; también Safari, que apenas cinco meses antes había sido mamá… ¿y la pequeña Ndeze? ¿Qué pasó con la bebita?

No había rastro de ella al día siguiente, pero hallaron el cadáver de su padre, Senkekwe, un macho lomo plateado. Estaba en posición de ejecutado. 200 campesinos cargaron los cuatro cuerpos hasta la aldea de Bukima en lo que se convirtió en una auténtica procesión funeraria. La amenaza contra la supervivencia de los gorilas de montaña es inmensa. Su hábitat natural está en una región turbulenta, conocida sobre todo por la matanza de 800,000 tutsis por extremistas hutus en Ruanda, en 1994. Cuando los genocidas fueron derrotados, sus milicias huyeron al Congo y se refugiaron en Virunga. El ejército ruandés hace incursiones en el parque para perseguirlos. Ocurre lo mismo con los militares de Uganda y sus propios rebeldes del Ejército de Liberación del Señor, que creen que su líder es Cristo reencarnado. ¿Parece suficiente caos? Pues éstos sólo son los elementos foráneos. En el Congo hay un estado de guerra civil que se enciende y se apaga. Abundan los grupos guerrilleros, los generales renegados, como Laurent Nkunda, y las tribus insurrectas, como la de los mai-mai, varios de los cuales usan Virunga como base.

Además (todavía hay un “además”), se trata de un área rica en recursos: oro, coltan, zinc, madera. Las distintas facciones luchan por apoderarse de ellos, y como es necesario alimentar a los miles de hombres que trabajan en los campos de explotación, compran toda la carne que les puedan llevar. A principios de año, los mai-mai llegaron a una laguna donde decenas de hipopótamos se refrescaban tranquilamente: entre bostezo y bostezo, sus grandes cuerpos fueron el blanco más fácil para los rifles automáticos.

Como allí no hay petróleo, el principal combustible es el carbón vegetal, que se produce al quemar madera bajo altas temperaturas. La destrucción de grandes áreas de selva en Ruanda obligó al gobierno a prohibir el negocio, por lo que la mafia del carbón vegetal se trasladó a Virunga y ahora está acabando con los bosques de los gorilas de montaña.

De ese tamaño son los retos que enfrentan los voluntarios de WLD y otras organizaciones, cuya valentía es admirable. Por ejemplo, en marzo, soldados de Laurent Nkunda mataron a un gorila y lo descuartizaron. Los conservacionistas encontraron su cabeza, sus manos y pies en una letrina. Como los guardaparques son sólo 600 y los hombres de Nkunda, 8,000, la única forma de arreglar el asunto era por las buenas. Con una ayudadita: primero, WLD envió información sobre la responsabilidad de Nkunda, que fue publicada por importantes diarios de Europa y Estados Unidos. Después, Emmanuelle de Merode y Samantha Newport, de WLD, fueron a darle una visita de cortesía al general. Debe ser estremecedor estar en la selva del Congo y pasar junto a los rebeldes para meterse al cuartel de un general africano que está furioso contigo. Pero cuando Samantha me lo contó en un e mail, lo pintó como una aventura muy divertida. Más porque lograron obtener un compromiso de respeto.

De parte de Nkunda, no de los mai-mai, que el 20 de mayo atacaron un puesto de vigilancia, mataron a un guardaparque (ya son 120 los que han muerto desde 1996) e hirieron a tres. La situación de inseguridad forzó una evacuación de los voluntarios extranjeros, que sólo pudieron regresar en junio.

Y luego vino la masacre. ¿Quién hizo eso? ¿Por qué? A falta de evidencias, WLD no hace acusaciones. Llama la atención que los cadáveres estaban completos: No los mataron por su carne, su piel ni sus órganos internos. Con Mburanumwe, a pesar de su estado de embarazo, o tal vez a causa de eso, actuaron con saña. Lo de Senkekwe fue como un ajusticiamiento. Todo esto pareció un mensaje con la intención de expulsar a los conservacionistas de Virunga. En meses anteriores, los aldeanos han sido intimidados por gente de la mafia del carbón vegetal, una industria que genera 30 millones de dólares al año. Paulin Ngobobo, un guardaparque de 43 años, ha recibido golpizas por oponerse a ella, y a raíz de la matanza fue arrestado bajo la acusación de negligencia, porque los gorilas estaban a su cargo. Esto parece muy conveniente para los mafiosos.

Desde entonces, las cosas se han puesto mucho peor. La gente de Nkunda ha roto el compromiso y ataca a los guardaparques, saquea sus puestos de vigilancia para robar víveres y armas, trata de forzarlos a unirse a sus huestes. Los mai mai mataron a un guardia e hirieron a otro el 28 de octubre. El saldo de gorilas asesinados se ha incrementado a 9 en lo que va del año. Los esfuerzos de protección de la especie se enfrentan con la imposibilidad de hacer las patrullas de reconocimiento para verificar el buen estado de las familias. Nkunda, quien afirma representar a los tutsis congoleses, parece tener el respaldo de Ruanda, que además amenaza con lanzar una intervención masiva y abierta en persecución de las milicias hutus. Y el gobierno congolés está interesado en combatir a sus enemigos sin preocuparse por la población local ni los gorilas. La última vez que hubo una guerra así, entre 1997 y 2001, dejó cuatro millones de muertos: la matanza de Ruanda y la catástrofe de Darfur son minucias en comparación.

El trabajo de WLD y los guardaparques (que no reciben el salario del gobierno congolés, que carece recursos, sino de WLD) es vital para garantizar que los seres humanos no exterminemos a los gorilas. A través de su página web informa día a día lo que ocurre y recibe donaciones (uno puede elegir lo que se va a pagar con ellas: comida, botas, sueldos).

Los gorilas “habituados” son los más fáciles de matar. Precisamente porque confían en los hombres y no huyen cuando nos aproximamos. La trágica ironía es que su habituación es igualmente clave para su supervivencia. En medio del desastre, brilló un rayo de luz: el 26 de julio, encontraron a Ndeze, a quien había estado cuidando su hermano mayor. La falta de leche materna casi la mató por deshidratación, pero los guardaparques ya la están atendiendo. Es un esfuerzo por darle amor y tratar de que olvide el trauma, que se desvanezca la memoria de los asesinos, que nos pueda volver a ver con confianza y reviva la amistad. Para que los gorilas tengan futuro.

Notas: Este artículo es una actualización del original que publiqué en El Universal, el 19 de agosto.

Video y foto propiedad de Wildlife Direct.

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