Un país de locos y la Revolución de 2010

Posted on 21 septiembre, 2009. Filed under: Témoris Grecko |

Por Témoris Grecko / Şanliurfa, Kurdistán, Turquía Oriental

Hace una hora vi que la televisión turca exhibía –y repetía– el video del asesinato de dos personas en el metro de la Ciudad de México. Estaba sentado en el suelo al lado de un kurdo de 62 años, un hombre que pasó casi una década preso en horribles cárceles, a causa de sus actividades en el movimiento armado que todavía hoy enfrenta al ejército turco en su lucha por la independencia del Kurdistán. Estoy en Şanliurfa, cerca de donde surgió el PKK, Partido de los Trabajadores Kurdos, la guerrilla separatista. Estos son días de fiesta porque celebran el fin del Ramadán. Los niños se persiguen por las calles agitando sus juguetes, todos de un mismo tipo: armas. Imitaciones en plástico de pistolas, fusiles Uzi, Kalashnikov Ak-47, M-1 y otros que no identifico. No hay pelotas de fútbol, bates de béisbol, carritos ni mucho menos muñecas. Alguien me explica que en todas las casas los padres guardan armas de verdad y los chamacos sólo repiten lo que ven.

Las imágenes, sin embargo, no sólo me dejaron estupefacto a mí: el exguerrillero también se quedó con la boca abierta. “¿Por qué pasa eso en México?”, preguntó. La siguiente noticia mostraba a madres turcas que visitaban las tumbas de sus hijos, muertos en la guerra. Pero la insensatez de ver a un hombre que disparaba contra otro, desarmado, frente a cientos de personas en el transporte masivo de una gran ciudad, lo afectó más.

¿Qué respuesta darle? ¿Que nos estamos volviendo locos todos? ¿Que ya hace mucho tiempo desde que lo que ocurre en nuestro país es demasiado? ¿Que nuestro pueblo, a diferencia del kurdo, tiene Estado propio, territorio, libertades, una democracia en funciones, una economía integrada a la mayor del mundo, que está libre de centenarios enfrentamientos étnicos y religiosos, y que de todos modos nos hemos vuelto locos y secuestramos aviones por indicación de Jesucristo y matamos porque lo dice la Biblia?

Hace dos años le mostraba mi país a mi pareja de entonces, de origen extranjero. Aunque había muchas cosas que ya estaban mal, en general parecían haber razones para pensar que el país mejoraba, de manera lenta y con desagradables altibajos, es cierto, pero se sentía optimismo entre la gente. Todavía en octubre de 2008, cuando estuve en Barcelona, los españoles se “paniqueaban” por una crisis económica que los mexicanos esperábamos (queríamos desesperadamente creer) que no nos golpearía de lleno.

2009 es el peor año de la historia de México desde que yo estoy en este mundo.

La sucesión de crisis es apabullante: económica, claro está; de seguridad pública, también; y además de salud pública (sazonada con temblores), de agua –inundaciones, sequías y agotamiento–, de decisiones incompetentes (por más que he querido pensar y decirles a todos en el extranjero que los mexicanos fueron muy valientes al ponerse en cuarentena, no deja de llamarme la atención que en el resto del mundo, ahora que la influenza se extendió y provoca estragos en todos lados, a nadie –a nadie– se le ha ocurrido que es necesaria una medida así); y de fin final por fin de toda alternativa política: entre el fracaso del PAN, la imensidad del cinismo de los autollamados verdes, la autofagia socialdemócrata y el tragicómico harakiri de López Obrador, el PRD y los petero-convergentes –inesperadamente protagonizado por “Juanito”–, el gran beneficiario de nuestra destrucción social es el PRI… ¡vaya jugada de la historia!

Para redondear, crisis de salud mental. Al momento de escribir esto, sábado 19, no se sabía que el asesino del metro tuviera más motivaciones que un acceso de locura religiosa. Lo mismo que el secuestrador áereo. Era algo que tenía que ocurrir: ¿cómo no nos vamos a volver locos con esta situación? Y esto es sólo lo visible, lo más aparatoso, porque un caso ocurrió en un avión y porque el otro nos lo trajeron a todo color las cámaras del Metro. ¿Cuántas cosas están pasando todos los días, en las ciudades, en las montañas? ¿Cuántas a nivel individual? ¿Y cuánto falta para que la desesperación por el agua, por el desastre económico, por los impuestos (aplicados masivamente porque no se quieren meter con los que más deberían pagar y nunca lo hacen), por los despidos, y tantos etcéteras, opten por alternativas violentas que no resolverán nada pero le darán salida a sus resentimientos?

Hace unos días, en su página de Facebook, un autor invitó a leer su nuevo libro y adelantó su conclusión: “el proyecto México fracasó”. A mí me supo muy, muy mal, y dejé mi opinión en un comentario que más tarde retiré porque en realidad no sé qué dice en el libro, sólo lo que dijo él. Tal vez propone algo bueno, ¿cómo saber? Pero en estas condiciones de desmadre nacional, me viene muy muy mal que alguien tenga la ocurrencia de promover su libro de esta forma. No nos hace falta, muchas gracias, señor. Es como quienes decían que México es un Estado fallido: que viajen un poco para ver los auténticos estados fallidos o fracasados, y se darán cuenta de que todavía nos falta para llegar a eso. México tiene un sentido muy fuerte de identidad, algo poderoso que podría perderse por los peligrosos vericuetos del chauvinismo nacionalista, pero que también es la materia prima de una recuperación nacional.

Tenemos que hacer algo. Con urgencia. Y viene la coyuntura de 2010. A muchos les da miedo: hay que ver un poco del caldo de cultivo de las revoluciones de cada siglo, el México de 1809 y el de 1909, y el caos que vino después, para entenderlo. Esclaro, sin embargo, que una rebelión armada está totalmente fuera de lugar. Ejemplos actuales se pueden encontrar en Camboya, China, Cuba, Irán, Mozambique, Vietnam, Zimbabue, países donde he podido constatar personalmente que las revoluciones devoran a sus hijos y se vuelven contra el pueblo al que debían elevar. Algo que ya habían descubierto los franceses de 1789, pero que nos gusta olvidar.

Las revoluciones, no obstante, pueden ser de otra forma: intelectual, emocional, ética, incluso visceral. Hemos llegado o lo estamos haciendo a un momento climático de nuestras crisis, en el que por la dureza de lo que padecemos tenemos que darnos cuenta de que ya no podemos seguir así. Nos vamos a matar unos a otros y los que queden no habrán ganado nada, porque nuestra tierra estará destruida. Es hora de cambiar la nación entera, el pueblo, cada uno de nosotros. Hacer en 2010 una revolución mexicana por la salud mental, que erradique para siempre todos esos pequeños abusos que solemos cometer, tirar basura, dejar la luz encendida, gastar agua sin necesidad, dejar sucias las cosas que alguien tendrá que usar después, agredir al peatón, mentarle la madre al de enfrente, dar y recibir mordida, ser tan inconscientes de quienes están a nuestro lado. Tenemos que recuperar la amabilidad, ¡dar la mano! Si no cambiamos eso, desde abajo, no podemos esperar que cambien las estructuras profundamente corruptas que están arriba.

¿Cómo esperar que Salinas de Gortari se deje de truculencias, que Slim compita con lealtad, que Manlio Fabio actúe honestamente, que Salinas Pliego deje de ser un golpeador, que al niño de oro de Atlacomulco no se le olvide de qué murió su esposa, que el góber precioso deje de proteger pederastas, que López Obrador se vuelva humilde, que Bejarano rechace la lana, que Sodi no acepte entrevistas truqueadas, que Madrazo corra los maratones completos, que Martita se dé cuenta que que su esposo ya no es presidente, que a Espino se le quite lo bravucón, que Elba Esther deje de ser el mayor obstáculo para la educación, que el jefe Diego deje el tráfico de influencias, que 500 diputados y 128 senadores que presumen de ser representantes del pueblo renuncien a las transas y legislen bien, que a Calderón y sus secres se les prenda el foco, que dejen de ser todos una bola de Juanitos con un poquitín más de estilo (salvo Elba Esther, aunque se vista de seda), si en el fondo nadie puede estar seguro de que otro mexicano haría algo diferente si estuviera en el lugar de ellos?

2010 es un año con enorme peso psicológico para los mexicanos. Es un año en el que nos podemos tirar a la lona antes de que suene la campana, sentirnos perdidos, darnos a la derrota y cumplir la profecía del autor que comentaba. También nos podemos movilizar para reconstruirnos, si tenemos claro que queremos hacerlo, si buscamos y encontramos un camino viable y si aparece una persona o un grupo capaz de organizar todo este enorme deseo nacional de despertar.

Necesitamos liderazgos, eso es claro. Hace 8 años, los argentinos tomaron las calles al grito de “¡que se vayan todos!”, pero no tenían a nadie que pudiera reemplazar a los que debían irse, éstos se quedaron y en vez de ellos, miles de ciudadanos tuvieron que emigrar, y hoy tienen a sus Kirchner y sus Macri y todas esas bandas de vagos en diversas instancias del poder.

Atravesamos de noche un desierto extremadamente árido de liderazgos. Necesitamos crearlos. ¡Con mucho cuidado! Semanas atrás, en Irán, lo pude ver: el deseo popular, la masa crítica, estaba ahí en espera de ese algo para movilizarse, y el desierto se convirtió en una gran ola verde cuando pareció que había llegado la señal. ¡Ojo! No era el liderazgo que necesitaban, uno que realmente quisiera y pudiera llevarlos a la transformación del país, y su profundo deseo los confundió.

Debemos actuar con decisión pero también con cuidado. Tenemos que generar la alternativa, superar las barreras sociales e ideológicas, dejar de buscar mensajes alucinados en la Biblia y usar los libros de ciencia, salvar este barco de todos. Necesitamos actuar con buen juicio, aprovechar la coyuntura histórica y volcarnos por el cambio. Para que en 2010 haya una verdadera revolución, constructiva, pacífica y definitiva.

Una que nos devuelva la salud mental.

(Y salir de una situación en la que hasta un exguerrillero kurdo, sentado en su ciudad de pistolas, voltea a mirarnos con ojos de, caray, ¡qué mal están en su país!)

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16 comentarios to “Un país de locos y la Revolución de 2010”

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Tal vez los ex guerrileros kurdos nos ven así, en parte, porque algunos ex guerrileros de acá ahora usan trajes de 3 mil dólares y reciben reembolsos de a millón de pesos de boletos de avión no utilizados cada que se les acaba la diputación.

Soberbio el post. Como siempre.

Pues para mí el peor año como mexicano fue 1994 y luego 1995, mataron a un candidato presidencial, un grupo revolucionario indígnea le declaró la guerra al gobierno, al año siguiente una crisis más fuerte que la actual ocasionó que 30% de la gente pasara de clase media a pobre otra vez, muchos perdieron sus casas, hubo muchos suicidios, etc. Este año ha sido difícil pero ahora veo que nos preocupa más el que dirán los extranjeros y el cuidar nuestra “imagen” internacional. Para la nueva generación que nada mas sabe bailar como Michael Jackson en el zócalo claro que es un año muy malo, para las generaciones anteriores es uno más de una serie de muchos años malos. Yo me pregunto quien nos vendió la idea de que México esta destinado a grandes cosas, si nuestra realidad es contundente.

Yo también pasé por ahí, Marco, y por 82 y por 87. Y sigo pensando que esta acumulación de crisis es extraordinaria. No pertenezco a la generación que tú describes como la que baila MJ en el Zócalo. Ni creo que la muerte de un candidato presidencial en 1994 sea algo más grave que las de 6 mil y más mexicanos en 2008.

Y me parece que de alguna manera no se entendió la referencia al kurdo: no tiene que ver con nuestra imagen internacional, ¿dónde lo sugerí? Tiene que ver con que incluso vistas desde una realidad tan dura como la del lugar donde escribo ahora, imágenes como las del metro resultan impresionantes.

Tampoco recupero aquí la idea de que México está destinado a grandes cosas. Aspirar a reconstruir el propio país no son sueños de gloria. Es una innata reacción de supervivencia. Si a ti te parece demasiado, eres libre de dejar que todo se vaya al diablo.

Alex, y échales un ojo a los exguerrilleros de Daniel Ortega. Un abrazo!

Hola amigo.

Hace ya mucho tiempo que medito esa irrefutable verdad que pones en tus letras y q la historia no hace más que confirmar de tiempo en tiempo, nada es eterno y llegará el día que despertemos del letargo somnoliento en nuestra cómoda ventana para reaccionar y dejar de permitir que trastornados hagan exhibiciones en los aviones y el metro y… mejor aun entendamos que el cambio comienza aquí cuando no extienda la mano para ofrecer “mordida” al poli con tal que no se lleve mi carro (porque dicho sea de paso vivo muy lejos).

Abrazos

Temoris, quizas lo mejor que te he leido, quizas no y solo sea que me llegaste muy muy adentro del corazon. Te felicito por este post, tan cierto, tan llegador, tan motivador. Estoy completamente de acuerdo contigo, yo tambien creo que este ha sido el peor año desde que vine al mundo, al mismo tiempo como miles y miles de mexicanos me siento desilusionada y desesperanzada, pero al leerte me cambia el animo.
Te mando un abrazo fuerte lleno de agradecimiento por estas palabras que nos compartes.

Cuando en este pais amanece, lei lo de los poemas de la noche, y aunque con la piel chinita me sobrecogio el relato, me dejo tambien una esperanza, cabalgar por los confines del alma es complicado porque el desasosiego, la angustia, se vuelven mas duros e insuperables cuando no tienes el animo y la fuerza para continuar luchando y tal vez a este tu pais le pase lo que en mi alma, tiene este sinfin de inumerables historias que cuentas de aqui y de alla y en fin, creo que por fin te entiendo despues de tanto tiempo.
Martin

Mientras leía la alusión a aquel viejo guerrillero kurdo recordé una historia que me contó un gran amigo y colega húngaro sobre su conversación con un viejo guerrillero yugoslavo a finales de los ochenta. Estaban veraneando en un camping yugoslavo y el viejo guerrillero decía que tras la II Guerra Mundial no había cambiado nada. Mi colega, historiador, trataba de explicarle que sí, que habían ocurrido muchos cambios. Pero el ex-guerrillero seguía en su no con la siguiente, más o menos, explicación: decía el guerrillero que durante la II GM los alemanes nazis ocupaban Yugoslavia y también los hoteles de lujo mientras que ellos, los partizanos de Tito dormían en el bosque. Igual que mientras el viejo guerrillero conversaba con mi amigo: mientras los ricos turistas alemanes ocupaban cómodas habitaciones en los hoteles de lujos yugoslavos, ellos, los ex-combatientes seguían en el bosque (camping). De allí que en todos esos anyos no hubiera cambio alguno.
Un saludo a tod@s.

well spoken

Una vez le oí decir a una amiga que la gran falacia del neoliberalismo es la de reducir los procesos sociales a procesos individuales: cosas como “el cambio empieza por uno”. No es ella la única que lo ha dicho, pero tiene razón.

Nos estamos volviendo locos: sí y no. El problema de Mexico no está en las psiques individuales, y aunque el cambio ético, el del comportamiento de todos los días, es necesario, no es ni mucho menos, suficiente. Hay algo más estructural y profundo: nuestro país se parece cada vez más a Estados Unidos, y en muchos aspectos es una caricatura de lo peor de aquella sociedad. En unos pocos años los igualamos en número de gordos, de locos y de gente armada. ¿Coincidencia? ¿O imposición-remedo de sus hábitos de consumo (de alimentos, de drogas, de armas)?
Hace 8 años los argentinos tomaron las calles. La situación actual en Argentina no será el paraíso, pero es mucho mejor que la de México en estos días. Hoy en México están a punto de incrementar un 2% a los impuestos, y reducir todavía más el magrísimo poder adquisitivo de la clase trabajadora: ¿dónde están las protestas, el sonido de las cazuelas, las amas de casa organizadas que en otros países por menos salen a la calle? Durmiendo el sueño de los justos. Lo siento, pero México no es sólo un estado fallido: es un pueblo fallido, también. 2009 ha sido el peor año que hemos visto, pero los siguientes no serán mejores nunca más.

Uy Violeta, pues con pesimismo no vamos a hacer nada de verdad, eh?

No sé qué es lo que has visto en tus viajes a la hermosa República Argentina pero, en mi impresión, no están mejor. No sé si te parece que el movimiento de 2001 logró algún resultado, yo no veo ninguno. Siguen presos de los mismos políticos, ¿o ves a algún otro? ¿Te parece que los Kirchner son novedosos campeones de la sociedad que salieron a poner en su lugar a los corruptos? La pobreza crece, es mucho más difícil hallar trabajo allá que en México –y por eso muchos argentinos emigran a Mx–, y el campo, que siempre fue mucho más activo que el mexicano y es el pilar más fuerte de su economía, se está yendo al carajo. Hace un siglo eran uno de los países más ricos del mundo y ahora su PIB per cápita es inferior al mexicano e igual al de Brasil. Y los narcos ya se les están trepando a las estructuras de poder. Por suerte, están fuera de las principales rutas de narcotráfico, porque están muy lejos, y eso de alguna forma hace que la presión sea menor.

No se trata de competir a ver quién está peor, sin embargo. Un poco de perspectiva histórica nos permite ver que estas cosas pasan, la fortuna de los pueblos sube y baja como rueda. ¿No crees que anunciar el fracaso del pueblo mexicano, así puesto, es una tarea muy grande para cualquiera? ¿No habría hecho lo mismo alguien que viera México bajo la dictadura de Santa Ana, en 1853? ¿No les pareció a Marx y a Engels que lo mejor que le podía pasar a México era ser invadido y despojado por Estados Unidos? ¿Y qué tal el México de 1915? Ya Francis Fukuyama se tuvo que tragar su declaración de victoria, Viole. ¿Qué tal que en 20 o 30 años nos vemos para atrás y nos encontramos una historia de éxito en Mx?

Mira Brasil, ése es mejor ejemplo que Argentina: hace sólo diez años, todavía con Cardoso, todo el mundo lo seguía viendo para abajo, más que como gigante dormido, como panzón hamaquero. Y lo que me da curiosidad del ejemplo brasileño es que ellos no renovaron su clase política, todavía la padecen, pero sí encontraron un liderazgo brillante.

Les falta mucho todavía, no es suficiente, porque la sociedad brasileña sigue siendo corrupta.

Necesitamos un cambio político de grandes dimensiones. Pero ese cambio, si lo logramos hacer, tiene que consolidarse y eso sólo se hará si nos convertimos en un pueblo más consciente y solidario. Eso son cambios individuales, y no tiene que venir el neoliberalismo ni nadie más a enseñárnoslo. Algo que me encanta de los australianos es esa gran conciencia que tienen de los demás y aunque no sepan quién va a venir a sentarse en esta banca del parque al rato, se aseguran de dejarla limpia para que la encuentre bien.

El problema de México TAMBIÉN está en las psiques individuales. En nuestra corrupción personal. Es de ahí de donde viene nuestra aceptación de la corrupción a nivel macro. Un pueblo que no es corrupto no acepta corruptos en el poder. Por eso hace falta poco para que un ministro alemán tenga que renunciar. Nosotros los aceptamos porque, pues, al fin y al cabo, pensamos que así somos. Para exigir hay que sentirse seguro de lo que uno es.

Y no, Violeta, lo que sí no puedes decir es que México es un estado fallido. Rigor científico, plis.Ahí sólo te haces eco de la ultraderecha yanqui. ¿Quieres estados fallidos? Ve a Somalia. En México funcionan las estructuras del Estado. Y son esas estructuras de las que tenemos que valernos para cambiar el sistema.

Ustedes perdonen, cuates, que me meta en su discusión, pero ésta también involucra a otros ciudadanos, ya que algunos de los problemas principales de México son consecuencia de su vecindario. El país se ha convertido en una plataforma logística donde la cocaína producida en el área andina se prepara para llegar a sus consumidores finales en EE.UU. Hasta allí llegan también los más pobres del continente a engrosar los ingresos de los traficantes de personas. Difícil que México se pueda convertir en un país con una normalidad democrática teniendo una industria delincuencial multinacional. Para serte franco, cuate Témoris, me pareció mucho más impactante la noticia de 1600 asesinatos en Juárez en lo que va de año, que la del pistolero del metro. Son cifras espeluznantes. La solución tiene que ser también multinacional. O se empieza a perseguir la demanda o se legaliza la oferta, pero la guerra contra el narco tiene que cambiar de orientación. Y eso necesita un consenso regional.

Lejos está México de ser un Estado fallido. Además de que su estructura política hace impensable un desguace del país, México tiene un poderoso pasado que está presente en la mente de sus ciudadanos. Al igual que el Perú, México es una nación histórica donde hace miles de años la gente ya hacía ciudades estado para organizar cosechas. La conexión entre el esplendor del pasado precolombino y el presente no resulta evidente, pero da consistencia al país. Ni México ni Perú son países creados por tratados entre potencias a consecuencias de una guerra. Son realidades políticas que llevan mucho tiempo funcionando de forma unitaria. El riesgo de balcanización, que algunos agoreros pregonan, resulta poco creíble.

Como comentaba en un post de Alex, hace unos días, yo soy de los que creen en el enorme potencial de México. Quizá requiera una gran reforma de la organización estatal y ayuda multinacional para pacificar el país. Pero México tiene los recursos para encarar el siglo vigorosamente. Quizá el bicentenario sea un buen momento para replantearse las estructuras políticas, remozar el edificio del Estado y volver a arrancar el carro del México lindo y querido.

Voy a aprovechar que Javier “metiera la cuchara” para yo “meter la mía”:-) Es que en una discusión con tanta autoridad de mexicanos, pues me inhibía dado que no soy mexicano y tampoco gran conocedor de su realidad.

Yo me uno también al coro de opiniones de que México no es un Estado fallido. Sus problemas, económicos, políticos, institucionales, sociales, etc., no difieren de otros países vecinos y no tan vecinos. Y tanto como Javier, yo creo también en el potencial de México como país, como nación. Aún más, siempre he pensado que México tiene que ocupar un lugar más alto y destacado no sólo en las relaciones internacionales, sino en las regionales, en América Latina. Argentina ha estado siempre un tanto distante de América Latina, Brasil, aunque nos entendemos muy bien, no es de cultura hispana. Sin embargo, México…, es otra cosa. Esta percepción mía puede ser debido a la gran influencia cultural que México ejerce en mí (al principio mis hijos hablaban un castellano con un gran acento mexicano: claro, así aprendieron a hablar tras horas y horas de ver la tele en República Dominicana durante sus vacaciones, ya que la mayoría de las producciones extranjeras que se proyectan en la RD son sincronizadas en México).

México es una gran nación, con una identidad nacional muy fuerte, con un gran potencial económico y humano. Yo también estoy seguro que México cumplirá un gran papel. Y esta podría ser la ocasión…

Un saludo a tod@s.

Javi, es que lo que tú dices es complementario a lo que yo he tratado de expresar en este post. Claro que tenemos que resolver el problema de la guerra del narco. Y hay muchos factores involucrados, entre ellos el de nuestra posición geográfica. Pero uno muy importante vuelve a ser el tema de la ética individual y colectiva de los mexicanos: los políticos corruptos, los narcos y muchas otras alimañas proliferan porque hay una tolerancia social hacia ellos. Una tolerancia que con enorme frecuencia es complicidad. Y que deriva del hecho de que la corrupción está metida en todos nosotros, salvo alguna excepción.

Cuando los integrantes de una sociedad no son corruptos, y son amables y solidarios con el desconocido, simplemente no toleran a los corruptos y a los desconsiderados. Nosotros los toleramos porque son parte de nosotros mismos. Tenemos que cambiar.

Desafortunadamente las revoluciones “pacificas” no resuelven de fondo los problemas, como siempre pasa con todas las marchas, se hara caso omiso del pueblo. Lo que funciona y siempre ha funcionado en la historia son las armas, no hay de otra. Asi se podra sacar a toda la escoria burocratica y pasarla por las armas por traidores a la patria.

[…] (Publicado originalmente en Mundo Abierto.) […]


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