Selva o Mercado: El Conflicto Amazónico Peruano.

Posted on 4 agosto, 2009. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , |

Por Javier Távara / Madrid.

Me quedé sorprendido por la explicación de la Presidencia del Perú, sobre los terribles hechos acaecidos hace dos meses en Bagua. Se gastaron un dinerito en publicar su versión en la prensa española, aunque no debieron pagar lo suficiente o no dieron las instrucciones oportunas, por que la nota de prensa se publicó en la sección de deportes, junto al culebrón de los fichajes del Real Madrid…

Lo sucedido a comienzos de Junio en el norte del Perú, es otro episodio más en el extenso historial de masacres que han padecido las poblaciones indígenas del país. Se veía venir. Aún así, no deja de ser chocante que 24 policías y un número indeterminado de nativos hayan resultado muertos durante el patético intento del Gobierno de Alan García de desbloquear una carretera e imponer el orden en una zona que arrastraba un conflicto que ya duraba meses.

Como es de suponer, el gobierno de Lima traslada toda la responsabilidad de las muertes violentas a unos indígenas exaltados. Lo que más me llama la atención de la versión oficial, es que Lima relata un conflicto entre policías y “pobladores”. La palabra “ciudadanos” brilla por su ausencia en el comunicado oficial, de modo que para el gobierno de Lima los indígenas amazónicos dejan de ser sujetos políticos y se limitan a formar parte del paisaje.

El conflicto viene de largo. Año 1974: una Ley de comunidades nativas declaraba inalienables los territorios de los pueblos de la amazonía peruana. En los años 90 la corriente neoliberal llega al Perú de la mano de Fujimori, quien se saca de la manga una nueva Constitución allá por 1993, que suprime la inalienabilidad de estos territorios para ponerlos en el mercado. Allá por el 2006, el entonces presidente Alejandro Toledo firmaba un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Ese año, un Alan García reconvertido a la causa del libre mercado, llega al poder y entre los ejes de su gobierno está impulsar el TLC. Para ello se necesita adecuar la legislación peruana al contenido del tratado, por lo que Alan García solicita al Congreso que le autorice para legislar sobre la adecuación al TLC (Al igual que en otros países, la Constitución peruana permite al Presidente de la República emitir normas con rango de Ley. Éste debe contar con la autorización del Congreso, el cual pone límites de tiempo y de contenido a las normas que puede emitir el Presidente. Son los llamados Decretos Legislativos). El Congreso concede la autorización y Alan García se pone a legislar. Él ya tenía sus planes para la amazonía a la que considera un “recurso” que el país está desperdiciando. El presidente ya había publicado un artículo en el diario El Comercio:

“El primer recurso es la Amazonía. Tiene 63 millones de hectáreas y lluvia abundante. En ella, se puede hacer forestación maderera especialmente en los 8 millones de hectáreas destruidas, pero para eso se necesita propiedad, es decir un terreno seguro sobre 5.000, 10.000 o 20.000 hectáreas, pues en menos terreno no hay inversión formal de largo plazo y de alta tecnología.”

“Ahora solo existen las concesiones que dependen de la voluntad del Gobierno y del funcionario que puede modificarlas. Por eso nadie invierte ni crea un puesto de trabajo por cada dos hectáreas como debería ser; ni hay elaboración de la madera y exportación de muebles. En su mayoría, esas concesiones rapiña solo han servido para sacar la madera más fina, deforestar y abandonar el terreno.”

(…)

“Los que se oponen dicen que no se puede dar propiedad en la Amazonía (¿y por que sí en la costa y en la sierra?). Dicen también que dar propiedad de grandes lotes daría ganancia a grandes empresas, claro, pero también crearía cientos de miles de empleos formales para peruanos que viven en las zonas más pobres. Es el perro del hortelano.”

El Presidente peruano recurre a Lope de Vega para fustigar a quienes se oponen a que la selva amazónica peruana se convierta en una fábrica de maderas.

Y como no procede consultarle nada al perro del hortelano, Alan García lanzó en Junio de 2008 diez decretos legislativos que cambiaban el estatus protegido de la selva peruana para convertir esas tierras en objeto de explotación mercantil sin consultárselo a los ciudadanos que iban a ver trastocadas sus vidas. ¿Para qué? Se diría García. ¿Qué sentido tendría consultarle algo a unos “pobladores” que andan semidesnudos por el bosque? Algo así pensarían los políticos de Lima. No le importó a García que contravenir los convenios internacionales suscritos por el Estado peruano, que obliga a consultar a los pueblos nativos. Total, si la constitucionalidad de estos decretos es dudosa, qué más da ir en contra de los tratados internacionales. Se dirían.

Las comunidades amazónicas, que han preservado los bosques que permiten respirar a este planeta, son además gente organizada y rechazaron en masa unos decretos que a su entender ponían en peligro su forma de vida. Se sucedieron en la selva manifestaciones y huelgas, cortes de carretera y en la lejana Lima se enteraron de que los “pobladores” amazónicos estaban armando un lío del carajo y se habían atrevido incluso a ocupar los yacimientos de gas y petróleo, amenazando con cortar el suministro a la costa. Las organizaciones de la amazonía se hicieron escuchar a través de su representante, el maestro Alberto Pizango y el Congreso accedió en Agosto de 2008 a derogar dos de los decretos que facilitaban la venta a empresas de los territorios de los indígenas.

Las protestas se reinician en Abril de 2009, seis decretos son cuestionados por las comunidades por facilitar la explotación de sus bosques a multinacionales. El gobierno de Lima se ve obligado a negociar y Pizango se reúne con un gabinete desbordado por varios frentes: a comienzos de Junio, la Defensora del Pueblo presenta al Tribunal Constitucional una demanda de inconstitucionalidad contra los decretos. Hay que restaurar el orden, se dijo el gobierno. Y ya se sabe lo que eso conlleva: meter bala. En ese contexto se produjeron las terribles muertes de policías y “pobladores” en Bagua. Ese mes, otros dos decretos son derogados por el Congreso.

Pizango es señalado como el responsable de este brote violento y pide asilo en Nicaragua. Desde Lima se señala al bloque Chávez-Morales-Correa-Ortega como instigadores de las protestas indígenas. Evo Morales lanza duros alegatos contra el gobierno de Lima por la matanza de indígenas.

Pero independientemente de las razones que asistan a unos y otros, lo que resulta innegable es la fragilidad de los bosques primarios amazónicos y la extraordinaria trascendencia de estos bosques para la vida de la tierra. Se trata de una región vital para un planeta ya castigado por el cambio climático, que genera buena parte del oxígeno que respiramos. Los nativos amazónicos han preservado estos bosques a lo largo de los siglos y no puede decirse lo mismo de las multinacionales que pretenden explotarlos. Defendiendo sus tierras, los nativos amazónicos peruanos están defendiendo el pulmón del mundo.

Las protestas en la selva continúan.

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“La Gran Reunión” hace revivir la vieja música de Lima.

Posted on 27 abril, 2009. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , |

Por Javier Távara / Madrid, España.

Permítanme ustedes que hoy les hable de la música de Lima. Y es que andaba yo revisando las noticias en Internet y me encontré un tráiler musical que me llenó de emoción. Se trata del disco “La Gran Reunión” y es una de esas ediciones que se hacen raramente. 19 veteranos cantantes de los barrios más antiguos de Lima interpretan canciones que parecían condenadas al olvido y con ello recuperan las esencias de la música criolla, que como otras, es una música maltratada y herida por la voracidad del mercado discográfico. Pero de todas formas, pido disculpas por la publicidad gratuita.

¿Qué tengo yo que ver con esto? Les canto y les cuento:

Si la reina de España muriera
Carlos V quisiera reinar
correría la sangre española
como corren las olas del mar.

Esta vieja copla española de tiempos de las guerras carlistas y que se cantaba en el segundo tercio del siglo XIX, se perpetuó en el repertorio limeño. Los Troveros Criollos la inmortalizaron allá por los años 60 y quizá por eso fue la primera canción que aprendí a tocar con la guitarra. Andaba yo por los siete añitos y Lucho, mi hermano mayor, decidió que mi oído era lo suficientemente bueno para enseñarme acordes y ritmos. Las primeras canciones que aprendí fueron anacrónicas y graciosas composiciones del repertorio criollo:

Cuando Cristóbal Colón pasó por Lima bendita
Se encontró una jaranita que en Bajo el Puente se dio.
Dijo “tierra americana he de pisar primero
pero palabra que quiero conocer a las peruanas”
Y Cristóbal se coló en la jarana
al compás de guitarra y castañuelas
se enamoró de una morena bien de Triana
y para quedarse en Lima quemó sus tres carabelas.

Durante el Virreinato (1542 -1824) los españoles llevaron la guitarra a Lima. La inquisición prohibió a los esclavos negros que fabricaran tambores, se creía que con ellos invocaban a los demonios, así que los afroperuanos se inventaron el cajón. Con la base de estos dos instrumentos se creó la canción criolla. Las guerras con España se extendieron hasta 1866, los limeños no estaban para coplas, buscaron otras músicas y se quedaron prendados del vals y la polka centroeuropeos. Estas músicas de lejana Europa llegaron a embajadas y palacios para después saltar a los barrios de Lima. Allí los bardos comienzan a inventarles letras y nace la canción criolla. Una mezcla de cante andaluz, compás vienés, ritmo africano y melodía andina.

Con todos estos elementos, el valsesito se institucionalizó en las celebraciones familiares de los limeños de principios del siglo XX. Aquellas fiestas eran cosa seria. Se cerraba la puerta principal de la casa con dos vueltas de cerrojo y la llave se guardaba dentro de una damajuana de pisco. Hasta que no se consumiera la última gota del bendito aguardiente de uva, ninguno de los invitados podía marcharse de la fiesta… La cosa terminaba al alba con un suculento caldo de gallina mientras algunos seguían con canciones a ritmo de guitarra, cajón, castañuelas y palmas. Los músicos criollos -personajes populares en sus barrios- eran requeridos permanentemente para las celebraciones. A veces, cogían el tranvía para ir a otros barrios donde intercambiaban canciones. Cada barrio de la vieja Lima tenía su toque y su ritmo particular. El puerto de El Callao tenía también sus propias formas de interpretar esta música.

El vals criollo empieza a evolucionar cuando la radio y el cine traen otras músicas a Lima. El fox-trot, el tango, la ranchera y el bolero influencian a los compositores, al tiempo que las letras se adentran en la problemática social del país. Los compositores se hacen populares y su extenso repertorio llega hasta nuestros días con el nombre de “La Vieja Guardia”. Entre ellos destaca sobre todos Felipe Pinglo, (1899 – 1936) cuyas canciones han permanecido vivas en la memoria colectiva de los limeños. Por desgracia, la desigualdad de la sociedad peruana ha hecho que “El Plebeyo”, la canción más popular de Pinglo, mantenga su actualidad y sea cantada con fervor en las peñas criollas:

Así en duelo mortal abolengo y pasión
en silenciosa lucha condenarnos suelen a grande dolor
al ver que un querer porque plebeyo es,
delinque si pretende la enguantada mano de fina mujer
El corazón que ve destruido su ideal
reacciona y se refleja en franca rebeldía que cambia su humilde faz.
El plebeyo de ayer es el rebelde de hoy
que por doquier pregona la igualdad en el amor.

En los años cincuenta, una señora divorciada, dotada de una sensibilidad extraordinaria para inventar letras y melodías, se rodeó de músicos criollos y compuso canciones que recorrerían los países hispanohablantes. A pesar de su limitada voz, las grabaciones de María Isabel Granda y Larco (1920 -1983) dieron a la canción criolla una proyección internacional que no había tenido hasta entonces. “La flor de la canela” y “Fina Estampa” se incorporaron al repertorio mundial de los cantantes en castellano. Chabuca Granda también escribió auténticas joyas desconocidas, incluso en el Perú, como “Rosas y Azahar”:

¿Qué más he de entregar?
todo, todo te di,
en una flor de azahar,
que se murió al prender flor.
Mi amor escondido,
mi angustia, mi tristeza,
mi dimensión, mi estrella
y mi silencio herido.

Al igual que la de otros países latinoamericanos, la historia política peruana ha sufrido extensos periodos de gobiernos militares. Sin ser la peor de las muchas desgracias que traen los golpes de Estado, todavía se recuerda el penoso espectáculo de los militares exteriorizando su rol de salvadores de la patria a ritmo de música criolla. Músicos criollos y generales de juntas militares entablaron un matrimonio de conveniencia. Por si fuera poco, los instrumentos eléctricos empezaron a colarse en una música tradicionalmente acústica. La música criolla se convertiría en show que continúa hasta hoy y los éxitos de venta los graban divas como Eva Ayllón que recurren a las mezcolanzas mientras atruenan con voces sin pausas ni matices.

Por todo esto, en mis años de estudiante universitario, andaba yo mucho más interesado en las canciones de Pink Floyd, Silvio Rodríguez y Chico Buarque que en el repertorio de Pinglo y Chabuca. Poco después, en el madrileño barrio de Lavapiés, desempolvé el repertorio criollo para cantárselo a los castizos en tabernas donde los parroquianos aún se animan con guitarras. ¡Qué noches más buenas me dieron las viejas canciones de Lima!

Los años y la lejanía del Perú me hicieron ver la grandeza de la canción criolla, que ahora vuelve a sus raíces con “La Gran Reunión”. He aquí el tráiler de presentación:

El disco recupera el criollismo como una forma de vida. Se trata de un largo proyecto para el cual, los productores seleccionaron a los intérpretes en los centros sociales musicales de los viejos barrios de Lima. Allí encontraron a artistas como Sudapisco, Cabeza de Piedra o Chiquito Rodríguez. Respetados cantores que no graban discos pero que atesoran las esencias más puras de esta música. Los Guardianes de la Música Criolla, una peña de 19 cantantes entrados en años -algunos no llegaron a vivir para ver terminado el disco- dieron lo mejor de sí, interpretando al compás de virtuosas guitarras, añejas canciones que como casi siempre, hablan de amores, de desamores, de placeres y de diversiones… Pero sobre todo, hablan de sus barrios antiguos, añorando los tiempos en los que la canción criolla era lo que alegraba las fiestas en Lima. Aquí van tres pedacitos, a modo de resumen:

Por qué soy uno de ellos con gran amor les canto
¡Vivan mis Barrios Altos! Mi barrio sin par.

Barrio de Mercedarias hoy siento gran nostalgia
Al ver que ya no vienen tus grandes criollos de ayer.

Tuve artísticos afanes, pulsé la guitarra
en complicidad con ella me atrajo la farra.
Dueño de una joven voz en el barrio apreciada
fui trovador obligado de la muchachada.
Hoy que atravieso el invierno de mi edad madura
es mi anhelo retornar pues mi ilusión perdura.

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Los Modernos Predicadores del Capital Español y su Nuevo Intérprete Peruano

Posted on 27 febrero, 2008. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , |

Por Javier Távara / Madrid. En estos tiempos en que las grandes fortunas españolas vuelven a tener una importante participación en bienes y servicios de Latinoamérica, parece que reaparecen dos personajes que invariablemente acompañaron a los soldados españoles que invadieron América hace cinco siglos: los frailes predicadores y los intérpretes.

Los frailes participaron directamente en el diseño de las campañas y los intérpretes de lenguas indígenas fueron decisivos para llevar a los invasores a los centros de poder del Nuevo Mundo. La dominación española de las civilizaciones americanas no hubiese sido posible sin su participación. Malinche en México y Felipillo en el Perú, fueron personajes fundamentales para que las tierras regidas por Aztecas e Incas pasaran a manos españolas en el primer tercio del siglo XVI. Los frailes fueron bien recompensados. Los intérpretes hicieron un pésimo negocio. Derrotados Moctezuma y Atahualpa, los más poderosos soberanos americanos, los aliados indígenas fueron igualmente relegados a la condición de siervos.

Los grandes propietarios de España de nuestros tiempos, como los de antaño, también tienen sus predicadores. Los de ahora han estudiado la carrera de Periodismo o de Derecho y lanzan sus soflamas desde la radio de los obispos y desde portales de internet. Ya no son los fanáticos frailes obsesionados con la extirpación de idolatrías. Los predicadores de ahora van con el dogma de que no hay salvación fuera de Occidente y la globalización. Su más destacado representante es el ex presidente español, José María Aznar, quien recientemente ha hecho profesión de fe en Israel: “Yo creo en Occidente“, argumentó. “No hay ninguna alternativa mejor. No quiero ser protegido por los chinos, ni controlado por los rusos, ni dominado por el islam. Y creo que Israel es parte integrante de Occidente. Los que no piensan así o están simplemente equivocados o son derrotistas“.

Y para cerrar el círculo de esta historia, el Perú tiene un nuevo Felipillo. El presidente Alan García ha soltado una frase para la posteridad, con ocasión de su visita a Madrid, a mediados del pasado mes de Enero. Nada más ser recibido en el Aeropuerto de Barajas, pidió a los políticos y empresarios españoles “el regreso de Colón en forma de inversiones“.

Dicha por el Presidente de los peruanos, la ‘perla’ del Colón inversor y sus carabelas españolas no tiene desperdicio, tomando en cuenta que tras tres siglos de dominación española la población indígena del antiguo Perú pasó de 10 millones a alrededor de un millón.

Tras el estrepitoso fracaso del primer gobierno de un jovencísimo Alan García de retórica antiimperialista, hoy en día el presidente peruano ha hecho las paces con Mario Vargas Llosa y se empeña en parecer -por si alguien lo duda- el más concienciado seguidor de la ortodoxia económica. García se ufana de haber firmado un TLC con Estados Unidos y ahora propone que el Perú negocie otros tratados de libre comercio con la Unión Europea, al margen de sus socios de la Comunidad Andina. Afirma que sus vecinos ecuatorianos y bolivianos son unos ‘belicosos’ y ‘desordenados’ que no creen en el libre comercio. El presidente peruano pretende la explotación por inversores extranjeros de todos los recursos naturales del país, selva amazónica incluida, al tiempo que critica duramente a todos los que se oponen a su explotación por razones ecológicas o socioeconómicas, diciendo que son comunistas desfasados que actúan como el perro del hortelano.

Sin entrar en el debate de qué modelo de desarrollo es el mejor, lo que resulta irritante de Aznar y de García, es su forma de exponer su política económica como si fuera dogma y su desprecio absoluto a los que no comparten su ideario.

Y el problema principal es que la cruda realidad se empeña en llevarles la contraria. Solo hace falta darse una vuelta por Lima para ver las tremendas contradicciones del modelo económico ortodoxo y globalizado que nos están vendiendo. Pocas ciudades del mundo ofrecen tantos contrastes. En los barrios ricos se concentran edificios vanguardistas, hoteles de lujo, restaurantes de diseño que sorprenden a los visitantes con la espléndida gastronomía peruana y centros comerciales de estética hollywoodense. Subiendo hacia los cerros, la pobreza enseña su cara más brutal. Allí se aglomeran millones de limeños sin servicios esenciales como agua corriente o electricidad. Y la pobreza en las zonas rurales del país es mucho más severa.

Los indicadores macroeconómicos indican que el Perú crece de forma boyante con un índice tan alto que los más optimistas hablan del milagro peruano. La realidad es más complicada y el último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, indica que el Perú retrocede algunos puestos en el índice de desarrollo humano. ¿Qué ocurre? La economía crece, pero también se acrecienta la desigualdad, aumenta la brecha entre ricos y pobres.

Y es que aunque los actuales predicadores e intérpretes digan que la economía de mercado es la panacea, la realidad se empeña en contradecirles. Esto les pasa por no predicar el paraíso extraterreno.

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Viajeros: Esas calurosas navidades que pasaba en Lima.

Posted on 29 diciembre, 2007. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , |

Por Javier Távara – Madrid.

 

El verano no termina de llegar. Los clásicos nubarrones que dan a Lima su característico cielo de panza de burro y que no descargan ni una gota, cubren todavía la ciudad pese a que ya está bien entrado el mes de diciembre. Pienso que cuando era niño esto no ocurría y que las navidades llegaban con el luminoso verano de estas latitudes. Se me ocurre que a lo mejor es culpa del cambio climático. Hace bochorno. No es que haga mucho calor, pero la humedad da una sensación pegajosa y uno nunca deja de compadecerse de los tipos disfrazados de Papa Noel, con esa gruesa tela roja y esa larga barba postiza. Llegan las Navidades y como en muchas partes, toca lidiar con las compras a contra-reloj para tener los regalos listos para la cena de Nochebuena y darle a cada miembro de la familia un paquete envuelto en papel rojo con dibujos de campanitas y pinos.

Por estas tierras, donde los antiguos peruanos adoraban al Inti Sol, a Wiracocha y a los Apus, la navidad fue traída con la invasión española iniciada por la hueste de Francisco Pizarro, aunque con el tiempo adquirió tintes locales. Si los españoles trajeron la navidad al Perú, eso se nota en los villancicos que se escuchan y en los belenes, que los limeños llaman nacimientos. Eso sí: todavía impera por estos lares el gusto barroco que abunda en las muchas iglesias construidas durante el Virreinato, el que pervive en las prendas y que fue impuesto por Carlos III por el susto que le entró a la Corona tras la sublevación de Tupac Amarú II allá por 1780. Tras la derrota de la rebelión indígena se decretó que los hombres y mujeres del Perú dejaran de usar las ropas que habían utilizado durante milenios y se les obligó a vestir como españoles, que por aquel entonces lucían estas prendas de estilo recargado con motivos florales. El barroco perdura en las vestimentas andinas y se traslada también a los personajes de los nacimientos. Así San José puede lucir poncho y la Virgen puede estar tocada con un colorido sombrero cuzqueño. Tampoco es raro ver que se cuelen en los nacimientos llamas, alpacas y vicuñas; animales tan queridos por los peruanos.

A partir del siglo XVI, muchas gentes llegaron a estas tierras e hicieron aportes a la navidad peruana. Las decenas de miles de españoles que emigraron al Perú desde la expedición de Pizarro de 1532 hasta la independencia de 1821; trajeron consigo sus recetarios dulces y salados, así como gran cantidad productos de la península y de la América española. De ellos, el pavo de Centro y Norteamérica se implantó con notable éxito en la costa peruana y terminó por convertirse en tiempos más recientes, quizá por cosas del cine y la televisión, en el plato estrella de la Navidad. Los africanos, traídos como esclavos a trabajar en haciendas aportaron sus ritmos y una maravillosa música navideña, muy poco conocida, rescatada de cuando en cuando por eruditos de conservatorio. Los chinos, llegados a finales del siglo XIX trajeron sus fuegos artificiales, que se hicieron muy populares en las fiestas de fin año, hasta el horroroso incendio de 2001. Ese fin de año 300 personas murieron en el mercado limeño en el que se vendía toda clase de fuegos de artificio y el gobierno terminó por prohibirlos. Algún petardo adquirido clandestinamente aún resuena en Navidades, no obstante Lima ha dejado de ser la estruendosa ciudad que era por estas fechas. Los italianos hicieron un aporte más inofensivo y duradero: el panetón. Infaltable en la mesa de todos los limeños. Algunos años atrás, un anuncio de televisión mostraba una negociación colectiva en el que los representantes sindicales exigían a sus patrones, como primer punto de su pliego de reclamos, el panetón. Y la verdad es que este bollo es omnipresente en las cestas navideñas como regalo de empresa.

Ahora ya casi no hay ni negociaciones colectivas ni representantes sindicales. La última década del siglo XX trajo al Cono Sur, otras recetas: las de los economistas del FMI y el Banco Mundial con sus privatizaciones y sus liberalizaciones. Ello no podía hacerse sin quitar de en medio a las otrora poderosas organizaciones sindicales. Vinieron entonces las multinacionales a ocupar el lugar que tenían las empresas públicas y a muchas de ellas les dio por poner todo en inglés y por imponer el gusto del mundo globalizado que se están inventando. Así las cosas, Papa Noel es el rey de la navidad y ha desplazado al Niño Dios al que yo le pedía de niño que me trajera los juguetes. A pesar de que, como decía al inicio, en Lima comienza el verano por esas fechas; toda la iconografía navideña del hemisferio Norte se impone por todas partes. Sucedáneos de abetos nórdicos que no existen en el Perú son plantados para la ocasión, en jardines públicos y privados. La nieve que la gran mayoría de los limeños sólo ha visto en televisión o a lo lejos, en las altas cumbres de la Cordillera Andina, es representada artificialmente en toda clase de adornos, con renos incluidos. La globalización ha traído a buen precio multitud de lucecillas ‘made in China’ que adornan las ventanas de casi todas las casas limeñas. Los más ricos y ostentosos, montan tal cantidad de juegos de luces, que sus ventanas tienen un aspecto que evoca más a Las Vegas que al portal de Belén. Los pobres, mayoría, colocan al menos alguna lucecilla que indique que también en esa casa se celebra la Navidad.

Ir a Lima por estas fechas supone el quebranto de encontrarse centenares de niños vendiendo golosinas en los semáforos y pidiendo el aguinaldo. En los barrios ricos, la cosa no parece ir con ellos y la Navidad se vive con la gran fiebre consumista de estas fechas, como quien está en Nueva Jersey o Florida; donde por cierto, viven millares de peruanos. Tanto trasiego de peruanos en los Estados Unidos y tanta multinacional estadounidense metida en el Perú ha hecho que la estética Hollywood esté por todos lados. Hasta las multinacionales españolas se apuntaron a las formas anglosajonas y si la Telefónica vende en España la conexión a internet, con las siglas ADSL a los peruanos se la vende con el nombre de Speedy. Con todo, el Perú es un país antiguo y sus gentes resisten a la globalización con buenas costumbres ancestrales. La navidad se vive en familia y son las personas mayores las que convocan a hijos y nietos a la cena de Noche Buena. El respeto a los mayores es aún vigente.

Por contra, la celebración del fin de año, es menos familiar y más abocada a la juerga. La fiesta ruidosa, con exceso de comida y de bebida es la pauta a seguir. Los limeños solventes, elitistas donde los haya, buscan tranquilidad o exclusividad en las playas del sur, donde a lo largo de 100 kilómetros, los más pudientes de Lima han conseguido hacerse con una casa de playa. Allí, con el verano ya entrado, las fiestas son en bermuda y se puede terminar bailando descalzo en la arena de la orilla del mar. La cerveza corre a raudales y la salsa impera para el baile. En eso sí que se han puesto de acuerdo los limeños de toda condición: en la música y la bebida.

Si bien, Pizarro fundó Lima en el antiguo asentamiento del cacique indígena Taulichusco y la bautizó con el ostentoso nombre de Ciudad de los Reyes (esto en honor a la festividad de la reciente epifanía, ya que la fundación española se efectuó un 18 de enero de 1535) la Bajada de Reyes, como aún la llaman los criollos, es una fiesta que ha ido perdiendo fuste. Primeramente, por que el 6 de enero salió del calendario festivo y pasó a ser un día laborable; y segundamente por que en el Perú, al igual que en buena parte del planeta, la cultura estadounidense marca sus pautas de consumo, trabajo y fiestas. Y ya se sabe que a Hollywood sólo le interesan las películas de Papa Noel y no se han molestado en pensar en las enormes posibilidades cinematográficas de Melchor, Gaspar y Baltasar. Una pena, la verdad. Pese a ello, a las contradicciones de pasar navidades en el hemisferio austral, con la estética del hemisferio boreal (y es que el sur del planeta es tan pequeño) con la pobreza de muchos entremezclada con la fiebre consumista de otros; uno disfruta la Navidad limeña además de por el buen tiempo, por ese enorme baño de cariño que supone el reencuentro con la familia y con los amigos. ¿Cómo estás pues compadre? ¡Qué gustazo tenerte por aquí!, ¡Vamos a zamparnos un cevichazo con sus chelas!

Tanto afecto me trae a la mente una canción de Piazzola:

Vuelvo al Sur, como se vuelve siempre al amor. Vuelvo al Sur, como un destino del corazón.

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