Mara Muñoz -Londres

Democracia a la Mexicana

Posted on 6 marzo, 2009. Filed under: Mara Muñoz -Londres |

 

 

Existen mexicanos que intentan ser paladines de la democracia mundial. Aunque la heroica batalla ideológica que libran contra decisiones que afectan las libertades democráticas en países como Venezuela, los desvían de la inexistencia de la democracia en México. Sí, de la inexistencia, sostengo, pues la idea de democracia no es única, como la idea de libertad tampoco lo es. Habrá para quienes los restos del IFE, de aquel que fue constituido como emblema de una nueva ética pública en el país, y las funciones electorales y reguladoras que ejerce -de manera controvertida- sea muestra de democracia. También están los que opinan que los partidos políticos mexicanos son los pilares de nuestra democracia. Pero habemos quienes nos amparamos en el pensamiento de personajes de la democracia como Richard Tawney, para quien la democracia es un tipo de sociedad, mas allá de un sistema político. Sociedad entendida como un grupo que se forma con base en valores compartidos, e intereses protegidos de maneras diversas, a fin de garantizar la sobrevivencia de sus miembros.  La mexicana es, pues, una plutocracia con piel de democracia.

 La tensión entre igualdad y libertad es fundamental para la constitución de un estado democrático. México ha perdido lastimosamente la batalla en contra de la desigualdad: somos parte de la región mas inequitativa del planeta, y en los clubs que insertaron al país en la élite mundial, como la OECD, ocupamos el ultimo lugar en este indicador. La libertad, incluso entendida como aquella que se logra a través del mercado, es imposible con los niveles de desigualdad que existen en México. El dinero ya no sirve, los millonarios se están yendo a vivir fuera del país, la clase media alta tiene que esconder su dinero por temor a robos, secuestros, etc. Entonces, ¿cuál es el saldo de la tensión entre igualdad y libertad- valores fundamentales para la democracia?

 Saldo negativo, por el resultado de un estado que ha optado por el desarrollo de un sistema económico que no ha contribuido a abatir aquellos privilegios de pocos que oprimen a la mayoría. Saldo negativo, por utilizar a los sindicatos para pauperizar a las clases medias y precarizar las condiciones de trabajo en pos de un dogma económico inoperante en el origen de su aplicación basada en la corrupción y los intereses particulares. Saldo negativo por haber vendido la idea de democracia y aceptar que los monopolios, los sindicalistas charros, las mafias políticas y demás paguen con un cheque sin fondos. Saldo negativo, por seguir regalando el país para la explotación de recursos naturales a cambio de trabajos mal pagados para los mexicanos. Saldo negativo, por haber dejado impune cada delito cometido por las élites políticas posrevolucionarias. Saldo negativo, por utilizar la ignorancia de las personas como criterio para diseñar las estrategias de campañas electorales. Saldo negativo, por querer juzgar si existe democracia en países como Venezuela, cuando no se garantizan las necesidades e intereses mínimos de aquellos que, dicen, somos ciudadanos.

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La pena de vida, en México

Posted on 19 febrero, 2009. Filed under: Mara Muñoz -Londres |

Por Mara Muñoz / Ciudad de México

“Dejamos la gloria por la comodidad”, decía el otro día un amigo. Era una tarde de sábado en que celebrábamos el amor y la amistad. El sol de la Ciudad de México podría haber sido aquel de Monterrey que Alfonso Reyes hiciera poesía con optimismo sobrado por las delicias del país. La conversación era entre amigos que se conocen de años, aunque por primera vez disfrutábamos de una tarde de ocio en el balcón del departamento, desde donde veíamos a una pareja asolearse en la terraza de los departamentos de enfrente. A través de los ventanales de los tres “lofts”, se podía ver casi a detalle el acabado de la cocina y la sala, y conversábamos sobre los incidentes al desnudo de su vecindad, sobre el alto costo de esas propiedades, sobre lo linda que era la tarde para asolearse.

Eran alrededor de las 6 y la resolana denunciaba que pronto llegaría el atardecer. “Tienen desde las diez de la mañana”, mencionó mi amigo, y pensé que se refería a los vecinos que se doraban en la terraza. “Les va a hacer mal el sol”, contesté. Noté cierto desprecio en la mirada de mi amigo, quien aclaró que se refería a los albañiles que trabajaban en la construcción al lado del edificio que, hace apenas unos minutos, había dado contenido a nuestras preocupaciones mas inmediatas.

Pregunté si creía que una pena o castigo físico como el encierro podía ser impuesto socialmente a seres humanos dispares. Lo importante es la dimensión social que tenga la pena: si la sociedad impone un castigo en beneficio de si misma, entonces no importa la valoración individual de la pena. En cierta forma, me pareció aterrador su razonamiento, como a todos los que queremos imaginar que la libertad individual existe. Sin embargo, y sobre todo, me pareció una reflexión provocadora, pues en una sociedad democrática se supone que los valores detrás de una medida de carácter social son reflejo de aquellos que predominan en la sociedad: una suma de juicios individuales con la suficiente fuerza para formar consenso.

La dimensión de la pena tiene que ver con la posición moral del que la vive, y con el valor dado a ésta por la sociedad que la impone, comenté con grandilocuencia para salvar al individuo, que el idealismo social de mi amigo negaba. Pero que pasa si la pena que se padece es impuesta por la sociedad, pero no como consecuencia del consenso, sino a falta de este. Es decir, pensar en la pena de muerte iría a tono con esa conclusión agregasionista de los juicios, podría ser el válido ejercicio de esa democracia liberal que damos por hecho como sistema político en México; aunque las consecuencias sean aterradoras, al final, sería reflejo institucional formal de los valores que predominan en nuestra sociedad.

Ahora, ¿qué pasa con las penas que la sociedad genera a la sazón de la sobrevivencia más inmediata?, esa sería otra dimensión de la pena. Si se supone que la reflexión y la discusión públicas son la base del consenso para la imposición de ciertos castigos que garanticen la vida social: ¿Será que la irreflexión y el mutismo cómplice originan penas que la sociedad no ha pedido para si, y que, sin embargo, también garantizan su sobrevivencia con base en las normas informales que en realidad la fundamentan?; normas que son sustento de sus prácticas cotidianas. Un ejemplo de esta dimensión de la pena sería el sobrevivir la economía, la explotación, la delincuencia, la contaminación, la misoginia, etc., en México. Esta dimensión de la pena no es la misma para todos, pues para muchos, ni si quiera existe como tal.

El atardecer llegó, y la noche anunciaba ser fresca, con una precisión deleitosa que sólo el valle de México puede dar. Pasamos al departamento y mi amigo cerró el ventanal detrás de nosotros. “Así se acabó el problema, matamos el ruido” comentó con amargura. Dejamos a los vecinos que antes se asoleaban en la terraza preparando la cena, los hombres seguían picando piedra en la construcción, justo al lado de ellos, y frente a nosotros.

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Los jueces de todas las virtudes

Posted on 1 febrero, 2009. Filed under: Mara Muñoz -Londres |

Por Mara Muñoz / Ciudad de México

La ventriloquia del México moderno ha llegado a la cacofonía de ecos inquisitoriales. El discurso que defienden nuestros políticos son resonancia de lo anacrónico, lo viejo, la autoritario, lo antihumano. La democracia llegó al México del siglo XXI para dictar preceptos del medioevo: no es de sorprenderse que la amenaza del regreso del PRI, uno de los orígenes de la mala semilla que nos corroe, esté germinando en el corazón de la patria. Así, ante la incapacidad de hacer respetar la tribuna del congreso, los legisladores se han propuesto convertirla en patíbulo.

El México que fue cuna de liberales adelantados a su tiempo, en discurso y acción de las libertades, hoy financia partidos que promueven su membrete con tucanes, mientras rezan frases contra la vida humana. El Partido Verde Ecologista se roba los colores de la naturaleza, para constituirse en máquina de hacer dinero –304 millones de pesos para el 2009-. Pretende librarse de la eterna sombra de superficialidad que le ha acompañado desde su inicio, cambiando la estrategia: de la lucha contra las corridas de toros, a la demanda de muerte para quienes llama criminales.

La maniobra del partido verde ecologista de México juega con la urgencia estéril, inmediata y mediática que construye la opinión pública de la nación. Juega con el desencanto tocando la flauta mágica de la revancha. Promueve la compasión hacia las víctimas fomentando su odio, y pidiendo solidaridad en ello. La reflexión es quimera, porque la revisión y el ejercicio de los valores que garantizan la básica unidad requerida para la coexistencia social, atentarían contra su propia existencia en la vida pública.  La ocurrencia electorera de la cúpula verde es la ideología que rige sus acciones como parte del sistema político mexicano.

El México bravo se manifiesta en las encuestas que piden sangre de delincuentes. Sin embargo, hemos tenido la capacidad de buscar el lado amable, desde la barrera, a múltiples violaciones a los derechos humanos, siempre y cuando las procure el estado. Si el ejercicio de la fuerza viene del estado podemos tolerar Tlatelolcos, Zongolicas, Atencos…Reclusorios en donde los internos sufren la pena de no haber podido pagar un buen abogado y se preparan para seguir delinquiendo. Jóvenes que por traficar con dos grapas de cocaína pasan 11 años en prisión. Esas cosas son mera anécdota, México quiere vivir bien, en paz. El trabajo debe rendir sus frutos, y todos tenemos muchas cuentas que pagar.

Los miembros del partido verde, no saben, y no entienden, que las naciones han avanzado en torno a ideas producto del pensamiento. La concepción del partido político, que comandan con arbitrariedad interna, véase la designación de mujeres para cumplir leyes de cuotas y su posterior remoción, es consecuencia de ideas. El presente del mundo occidental gira y se cuestiona en torno a las demandas de su pasado ideológico. Pone en la mesa la praxis económica, porque las consecuencias lo obligan a ello. El mundo revisa rumbos, porque las formas no funcionaron como se esperaba, y debe regresar al fondo humanista. Las discusiones de los derechos humanos, para no ir mas lejos, en Estados Unidos,  demandan la revisión de la pena de muerte, el cierre de Guantánamo, por citar lo más visible e inmediato del debate. En Estados Unidos se han asesinado alrededor de 1100 personas  en los últimos diez años. En México, desde 2007, ya se cuentan casi siete mil muertos por el crimen organizado. Sin embargo, si pasamos por la arbitrariedad de los números el grave problema de impunidad y falta de garantías mínimas de seguridad en México, demostramos una cierta vocación de limosneros: acostumbrados a recibir en cantidad pordiosera, lo que se nos niega como un derecho, en tanto nuestra cualidad humana y, dicen, ciudadana.

La pena de muerte en Estados Unidos ha sido marcada por la condición racial y económica de los condenados. Dejar la vida y muerte en manos del sistema judicial Mexicano, harto reconocido internacionalmente por su nivel de corrupción (i.e. Transparencia Internacional), nos convertiría en esclavos de la revancha. Porqué mejor no nos preguntamos que hemos perdido, qué deseamos restituir en la vida pública y social de México. Pero sobre todo, qué clase de individuos somos y si lo somos. La sociedad del desencanto de los mitos religiosos y revolucionarios nos llegó sin la mediación de la educación cívica y la tradición crítica. Pero esta herencia no es fortuita, hay responsables que siguen gobernando, y planean el retorno por la puerta grande. No todos los mexicanos tenemos vocación de victimas, ni de victimarios. Despojarnos de ambas cualidades de cara a una revisión histórica crítica, es fundamental para construir una sociedad en que la impunidad no sea la regla.

Pero cuando los actores políticos sólo miran a su ombligo, la pelusa se convierte en el polvo con el que han de crear lo fuerte, lo vigoroso, lo valiente. Los jueces de todas las virtudes en México practican la moral de la revancha, porque no conocen otra.

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Ilusiones londinenses

Posted on 21 julio, 2008. Filed under: Mara Muñoz -Londres | Etiquetas: , |

Mara Muñoz / Londres

 

En el mundo anglosajón londinense el nivel de idealismo es proporcional a las posibilidades de fracaso real, una realidad condicionada por el análisis del riesgo-beneficio. “Si alguien encuentra una mejor manera, que me la diga”, me dice Guillermo, un chico de 23 años, después de narrar el incidente de un stock broker que perdió los estribos y lanzó el teléfono contra el monitor de su computadora y de recordar con nostalgia vieja, decadente su pasado reciente en la universidad.  En el mercado financiero Londinense, pocas cosas son tan valiosas como la sangre nueva adoctrinada en el principio de la competencia. Jóvenes que se piensan con base en resultados objetivos que parecen materializarse hasta el punto de constituir una suerte de  experiencia de la apariencia de poseer éxito, de “ser” exitoso: una nueva esencia. Experiencia de formas sin contenidos en que el éxtasis del éxito disfraza lo irreal de la experiencia.  

 

En este mundo del baby boom financiero en Londres, a mayor nivel de ideales, pensamiento propio y crítica, menores réditos en la realidad. Una realidad que se limita a comilitonas de sábados en restaurantes de no menos de mil pesos, o, para los más osados, en copas después del trabajo, alrededor de las diez de la noche, pretensión de libertad y espontaneidad, para al día siguiente emprender jornadas que comienzan a las 7 de la mañana. Ganan sumas exorbitantes, y el miedo a no “ser”, en tanto no se tiene una lugar en la cúpula del gelatinoso mercado financiero, es más grande que cualquier ilusión de juventud.

 

Después de estudiar política social o desarrollo muchos jóvenes que llegan procedentes de países en “vías de desarrollo” se emplean en el mercado financiero. El ideal del desarrollo social se transforma en ambición económica real. De cualquier forma las ideas de desarrollo social impartidas en algunas universidades del Reino Unido no distan mucho de las del desarrollo corporativo; en la misma manera que la praxis de la democracia liberal se confunde con la del mercado. Es difícil distinguir en qué momento los sistemas democráticos en el mundo anglosajón, cuyos principios se expanden a las nuevas y viejas “democracias”, priorizan el bienestar de individuo sobre el funcionamiento del sistema en sí. Es complejo distinguir al individuo del que habla la democracia cuando las prácticas individuales son cada vez mas predecibles por replicables: consumo que determina la necesidad de ingreso para sobrevivir el presente y evitar el riesgo futuro; que conlleva el trabajo por el trabajo en sí, como medio para cumplir con las insaciables demandas del mercado; el círculo perfecto. En que consiste pues la individualidad en este sistema de cuya existencia depende la legitimidad del sistema en sí.

 

Los rostros de los individuos se adivinan en sus hábitos de consumo. La idea del progreso de los sistemas capitalistas anglosajones, que condiciona la idea del progreso mundial a través de los mercados financieros internacionales mismos que lideran y rigen, tiene que ver con la producción. El discurso del progreso y de la civilización occidental se basa en el sujeto, el individuo como centro y el control de la naturaleza, para garantizar el predominio del “hombre” sobre esa misma naturaleza que trata de controlar. Hay que producir para garantizar la sobre vivencia de la humanidad, para crear las condiciones materiales que protejan al “hombre” de los nocivos efectos de la naturaleza, que es vista como enemiga de la vida humana. Pero, ¿se puede confrontar y controlar el elemento constitutivo de la vida humana?

 

Los jóvenes del baby boom londinense parecen creer que sí. Viven para trabajar pensando que así vivirán mejor. El control sobre los riesgos de la vida, sobre su propia naturaleza, termina por controlar su vida. Mientras, trabajan para expandir mercados, para especular; así, esperan la manifestación absoluta de su ilusión productiva, la muerte.

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2666: la intriga de los números

Posted on 29 enero, 2008. Filed under: Mara Muñoz -Londres |

Mara Muñoz / Londres

El 2666 de Roberto Bolaño es la intriga de los números que descodifica en su transcurso  no lineal lo atemporal del horror, el valor cuantitativo del pensamiento que gobierna la modernidad. El ser humano objetivado por la cantidad del ser, que se expresa en la cifra negra, en los carpetazos de expedientes de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, México. El escritor reconoce que la matanza de mujeres no alcanza nivel de historia universal, y recurre a la segunda guerra mundial y sus campos de concentración para asentar que el salvajísimo humano lleva tiempo disfrazado de razón, para quebrar su historia como la humanidad quebró la suya.

A los cadáveres del mundo moderno ya no les va la idea socrática de mente sana en cuerpo sano. Menos testigos de fe para repetir los conceptos huecos que se reproducen masivamente, vaciando discursos, despojando a las palabras de su poética para convertirlas en conocimiento. La muerte corporal no es la única que Bolaño aborda en 2666: el ascetismo Europeo del siglo XXI, reflejado en el culto racional a un escritor cuya creación, motivos, origen y rostro son un misterio; cobra y da muerte en vida a la inteligencia de la cuna de la civilización. La locura, a todo esto, se pasea entre los personajes de diferentes épocas, como la única posibilidad de sentido.

En las páginas de Bolaños, la aristocracia europea se regodea de placer, resistente a todas las convulsiones. En su adolescencia se la describe paseando en castillos de campo, un campo sin lagos, poblados por árboles y flora común. Su juventud la vive loca de sexo salvaje, que desquita con un general rumano de la segunda guerra, para terminar sus días como heredera, por nupcias, de una editorial que sobrevivió a la mecanización del exterminio humano, para ver la mecanización del arte. Así, los lagos negados por el autor a la aristocracia europea en México se han secado. La Tenochtitlan fundada por los aztecas yace debajo de palacios coloniales, entre el lodo. En las construcciones señoriales habita una burocracia que alimenta a una camada de artistas, quienes sirven o servirán desde las instituciones mexicanas, igual que la revolución institucional.

El comercio sexual, la convertibilidad monetaria del ser humano proyectada en el sexo, cruza la historia de las mujeres de 2666. Lo que presenta Bolaño podría pasar desapercibido, pero el autor nombra ‘putas’ a las mujeres que se venden en las páginas de su historia, lo que podría ofender al lector, sin que sea necesario pensar en el ultraje provocado por una sociedad que traslada las ideas de la compraventa a todos los niveles de la existencia humana. Sin embargo, quizá el autor no las llama ‘putas’ a ellas, tal vez se refería a alguien más, en todo caso, Bolaño ha muerto, sólo nos dejó a Archimboldi, el escritor perdido de esta obra monumental.

La novela póstuma de Roberto Bolaño, publicada en 2004, a un año de su muerte que ocurrió mientras esperaba un transplante de riñón en un hospital de Barcelona; mira a las estrellas, como Teodoro Adorno lo hizo para crear una bella metáfora en su Tesis Contra el Ocultismo: “nada más alienígena que las estrellas” a las que el ser moderno observa en busca de conocimiento sobre sí. Nadie más temeroso de su propia naturaleza, de sus sentimientos, que el enfermo de cordura que habita nuestros tiempos: esta proposición, como otras, es punto de encuentro en ambos autores. 

Racionalismo clínico, laboral o político, al final, todos tendremos que producir, parece haber concluido Bolaño, cuando dejó la poesía para escribir novelas y hacer de su pasión un ingreso; la historia le da la razón, como nos la da a todos.

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El sexo expuesto

Posted on 14 diciembre, 2007. Filed under: Mara Muñoz -Londres | Etiquetas: , , , |

Por Mara Muñoz / Londres

Sobre quien expone al sexo, está por verse. La pretensión de exponer al sexo puede ser vista a través de algunos ejemplos que se expanden en analogías y análisis, que se subliman o denigran, dependiendo de los sentimientos que la sociedad asuma involucrados, y al valor social de éstos.

La exposición obscena es una forma, representada por la pornografía comercial, en la que el sexo hard-core es el tema, sin el cuestionamiento del poder en el acto, o la cursilería del amor. La médica, representada por la sexología, puro cuerpo, sin las complicaciones de los sentimientos, sin la fusión etérea que presume el amor. La reproductiva, el sexo como medio para perpetuar a la especie humana, sin la polémica del orgasmo –femenino primordialmente-, sin el debate del amor para toda la vida.

Exponemos al sexo, exponiendo el desamor que el propio acto conlleva. La exposiciones sociales del sexo tienen un claro componente de corporeidad, tan claro como que el sexo no se hace por telepatía, al menos que yo sepa –si alguien tiene información en contrario, favor de contactar a la mujer detrás de esta pluma-. Me refiero al desamor, porque el sexo en sí, no compromete nada más que a los cuerpos; sí, los cuerpos, no los órganos reproductivos – y menos uno femenino y otro masculino: engaño de los hogares, aulas y/o pulpitos-.

Sólo los cuerpos, cuyo sexo -en otra connotación- da lo mismo, excepto por la función reproductiva, claro. Montes de venus para el placer venéreo. Cisnes que sin serlo, como Zeus, deciden convertirse para enredarse en otros cuellos. Cómo un acto tan físico se ha impuesto como moral. Cómo un acto tan terrenal se ha elevado a mito.

El sexo se nos escapa de las manos, su control parece no depender de nosotros, pero su necesidad es tan real, que aún en la negación de la responsabilidad sobre el placer, cometemos el acto. En la culpa está el deleite, sino, qué sería de los católicos, entre otros. Es mejor dejarle la responsabilidad del placer a la moral, que asumirla en la esencia de la necesidad y del placer en sí; en esa que pasa por la razón, sin tener que llegar al sentimiento que compromete la voluntad y el cuerpo para siempre, al menos en teoría o teología.

El amor pues, no está en esta discusión. El sexo se envuelve en celofán de moral y mito, y el amor justifica, descalifica, anula, pero, ¿es este amor, o una arma de la moral? Es esa moral necesaria para frenar impulsos sexuales en contra de la integridad física de otras personas. Hasta que punto se puede crear una moral menos mistificada del sexo.

Volviendo al punto inicial, sigo en la idea de que el sexo es una acto corporal desprovisto en esencia de amor. El amor, lo acompaña o no, pero no lo justifica o desacredita.

Mi idea se ilumina al pensar que el sexo nunca ha estado censurado del arte. La sociedad ha censurado el arte que hace del sexo una manifestación artística, por el temor de ver plasmada una representación menos deformada del sexo. Menos deformada en términos de la moral impuesta; una representación más cercana al placer, a la locura, a los sentimientos, a la represión.

El Barbican en Londres, uno de los centros artísticos más importantes del Reino Unido, muestra en sus salas Seduced Art, Sex from antiquity to now, una exposición que muestra 300 obras de más de 70 artistas, creadas a lo largo de 2000 años. Maestros de la erótica o de la pornografía, como se le quiera llamar, -y si hay debate en el término favor de referirse al diccionario de la Real Academia Española: pornografía: carácter obsceno de las obras literarias o artísticas- como Francis Bacon, Gustav Klimt, Pablo Picasso y Auguste Rodin.

La dimensión física del sexo es transgredida por el arte; el único que es capaz de capturar para la posteridad, no sólo el acto sexual, sino toda la parafernalia –emocional o sentimental- involucrada. Apreciar la concentración de estas obras, es un deleite esperanzador y seductor. La esperanza llega por los alcances del arte para exhibir la incapacidad humana de asumir su placer sexual. La seducción evoca el peligro de cuán placentero puede ser el sexo, de tan sólo mirarlo.

*La exhibición estará montada hasta el 27 de Enero.

***

Invitación de Mundo Abierto:

¿Estás indignado por el fallo de la Suprema Corte de Justicia de México al respecto del caso de Lydia Cacho? ¿Te preocupa la desprotección en que esto deja a los ciudadanos en general y a los niños en particular?

Mira la convocatoria a la marcha de protesta del domingo 16 en esta misma página (busca en la barra de arriba).

Checa además el debate sobre el tema en este blog, ¡haz clic aquí!

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Finlandia: el éxito a través del bienestar social

Posted on 8 noviembre, 2007. Filed under: Mara Muñoz -Londres |

Por Mara Muñoz / Londres

El neoliberalismo se ha elevado a la calidad de fetiche en México. Así, se reproduce lo que Marx denominara “commodity fetichism”, cuando, en el discurso y en la práctica, el libre mercado cobra poder y vida propia, más allá de nuestras posibilidades de dominio. Sujetamos la esperanza o desesperanza sobre el futuro de nuestro país, a un ente que renunciamos, por ignorar u ocultar de la imaginación colectiva alternativas prácticas, a gobernar y dirigir según la conveniencia de los más.

Esta fetichisación, no sólo es propiciada por los defensores a ultranza del libre mercado, como brazo fuerte del neoliberalismo, sino por aquellos que están en contra de éste o que buscan formas efectivas de atacar sus efectos nocivos. Los poderes sobrenaturales de este sistema económico, se potencian al atacar como única causa de nuestros males la dirección económica que México ha tomado desde la década de los 80s, mirando con cierta melancolía caduca lo que pudo haber sido y no fue. Ignorando los males que desde esos “buenos tiempos” del modelo de sustitución de importaciones, y sus derivados, venimos arrastrando.

En México, el discurso está plagado de críticas al modelo “impuesto” o “copiado” desde los Estados Unidos. Se critican los intentos por desmantelar el Seguro Social, sin analizar de manera consistente, los daños que la evasión ha provocado a la institución. Se habla de la necesidad de expansión de los servicios de salud, sin analizar la importancia de incrementar los impuestos, e incluso, atacando cualquier incremento. Se habla de la necesidad de mejorar la condiciones laborales, pero los grupos de izquierda y derecha parecen tener un acuerdo tácito, aunque por diferentes razones, en que en estos momentos es mejor no llevar a cabo una reforma laboral, pues ambos ven la conveniencia de la existencia de los sindicatos charros y de los contratos de protección, mejor con ellos que sin ellos.

La incongruencia es tal, que hace algunos días que se llevó a cabo el aumento a la gasolina, las voces de inconformidad no se hicieron esperar, señalando que este aumento iba a perjudicar a los más pobres. Las cifras que señalan que en México una botella de agua cuesta más que un litro de gasolina, ni se mencionaron. El aumento finalmente se dio, pero la pregunta es, cuándo se tomarán pasos concisos para combatir la evasión fiscal no sólo de las grandes compañías, sino de los profesionistas, pequeñas y medianas empresas. Pero además, cuando los contribuyentes sentiremos confianza para pagar al estado por vivir en un mejor país, en donde la pobreza e inequidad no nos de una bofetada a cada paso. Cuándo los gobiernos estatales y locales, tomarán en sus manos la responsabilidad de implementar nuevas mediadas fiscales para recaudar e invertir en infraestructura y capital humano, en lugar de esperar a que el gobierno central asuma los costos políticos del cobro de impuestos.

El país y los asuntos públicos, se mueven en una ambigüedad discursiva, sin alternativas de largo alcance. Nadie quiere imaginar nuevas opciones, porque cualquier movimiento en falso, puede dar mas poderes sobrenaturales al libre mercado o restárselos. El matiz del temor, depende de que lado de la geometría política se esté, al menos en el discurso.

Hace algunos días en una conferencia en la London School of Economics and Political Science, la presidenta de Finlandia Tarja Halonen, declaró que “una globalización mas justa comienza a nivel nacional, en casa”. Este país Europeo, tiene los índices de corrupción más bajos, acorde a Transparencia Internacional.

En Finlandia el acceso público a la salud y educación, y el fomento a la ciencia y tecnología son temas de prioridad política, señaló la presidenta en cuyo gabinete 12 ministros son mujeres, de un total de 20.

Pero más allá del discurso de la primera mujer presidenta, y electa en dos ocasiones, Finlandia ocupa el primer lugar en calidad de la enseñanza entre los miembros de la OCDE. Este ranking considera indicadores como comprensión de lectura, conocimiento en matemáticas y ciencias de los estudiantes de primaria.

“La gente en Finlandia quiere pagar impuestos para mantener los servicios públicos”, declaró la presidenta, señalando que el combate a la corrupción es un elemento esencial para competir en un mundo globalizado.

Finlandia era uno de los países más pobres de Europa en la década de los 50s y 60s, de ahí, ha pasado a ser uno de los estados con mayor prosperidad económica y niveles de desarrollo entre sus habitantes, medido, por ejemplo, a través del Producto Interno Bruto e indicadores como la pobreza infantil.

Una de las razones para alcanzar estos altos niveles de desarrollo es la construcción de un estado de bienestar –welfare state- robusto y próspero. Pero, alto, porque si alguien propone esta medida en México, inmediatamente sería acusado (a) de paternalista, populista, entre otros calificativos asociados a la implementación de políticas sociales que gradualmente cubran al total de la población para abatir la inequidad existente. Sí, sería acusado (a) aunque injustamente, porque pocos se han preocupado en estudiar y visualizar como alternativa a los estados de bienestar.

Cuando se habla de un estado de bienestar, se tiene que hablar de una multiplicidad de políticas que van desde el cuidado a las personas de la tercera edad, cuidado infantil, seguro de desempleo, salud, educación, desarrollo tecnológico, científico, entre otras. Sin embargo, está claro que dado, las condiciones tributarias de México, el mercado informal y la pobreza, las posibilidades de implementar políticas sociales que cubran todos estos aspectos son más que reducidas. Sin embargo, sí se puede pensar en reformar de manera sistemática y evaluable el sistema de salud y educación, teniendo como prerrequisito la reforma del sistema fiscal.

La discusión sobre las prioridades puede ser muy amplia. Los problemas que nos hemos dedicado a crear durante décadas, son particulares y tienen demasiados intereses enquistados.

La población de México es 20 veces mayor que la de Finlandia. La población indígena mexicana representa más del 10 por ciento y demanda soluciones inmediatas y diferenciadas del resto de la población. La corrupción es rampante. Los monopolios son poderes reales. Los sindicatos son estafetas que actúan en contra de los intereses de los trabajadores. Todas estas, y más, son particularidades de México que no podemos ignorar. Sin embargo, no constituyen barreras invencibles, por estar apalancadas en los poderes sobrenaturales del libre mercado. Al contrario, son razones de peso para imaginar reformas que se inspiren en modelos exitosos de desarrollo, muy alejados del modelo norteamericano, modelos posibles que se están implementando actualmente, y que generan sociedades más equitativas y justas, en donde la población no es abandonada a su suerte, entre las fuerzas del libre mercado.

Aquellos que tenemos una pluma en la mano y que no rendimos nuestra imaginación al determinismo impuesto por el discurso hegemónico del neoliberalismo, podemos voltear a ver otras realidades que se reproducen y mantienen en el mundo. El imaginario colectivo de México debe nutrirse de nuevas formas, más allá de la retórica política y de la comodidad de las clases gobernantes, que han hecho del modelo neoliberal, el fetiche en donde se enconchan, para ocultar su conformismo y mediocridad.

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