La paz en Colombia: un anhelo, muchos caminos

Posted on 21 febrero, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , |

Domingo Medina / Caracas

El ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Kouchner Bernard, se encuentra de visita por tierras colombianas y venezolanas. Su objetivo es insistir en la necesidad de de una solución humanitaria en el tema de la liberación de los rehenes en manos de las FARC, contando siempre ‘con la importante mediación del presidente Chávez y la senadora colombiana, Piedad Córdoba’, según ha dicho, insistiendo en la posición francesa de considerar a Chávez y Córdova como actores de primer orden para alcanzar una solución al conflicto colombiano.

Lo mismo piensan las FARC, que hace varias semanas anunciaron la liberación de otros tres secuestrados. Claro, siempre y cuando intervengan Chávez y Córdova. Ese proceso de liberación, según ha anunciado el presidente venezolano, se desarrolla “sin prisa, pero sin pausa”.

Luego de la liberación de Clara Rojas y Consuelo González el presidente Chávez pidió que a las FARC se las sacaran de las listas de organizaciones terroristas y se le reconociera estatus de beligerancia. En su opinión, ello contribuiría grandemente a la negociación de la paz. La petición no fue secundada por ningún otro gobierno, si bien el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha declarado que su país nunca ha considerado a las FARC como grupo terrorista. Es de esperar, entonces, que una vez finalizada la liberación de los otros tres secuestrados Chávez insista en su tesis.

Por supuesto, también es de suponer que el gobierno colombiano rechace nuevamente la petición. Entre otras cosas, porque hacerlo implicaría ceñirse a los tratados que rigen los conflictos armados, tanto internacionales como internos. El Derecho Internacional Humanitario (DIH) establece que la calidad de beligerante se reconoce a ejércitos, milicias y cuerpos de voluntarios que: 1) tengan a la cabeza una persona responsable por sus subalternos; 2) tengan una señal como distintivo fijo y reconocible a distancia; 3) lleven las armas ostensiblemente; y 4) se sujeten en sus operaciones a las leyes y costumbres de la guerra.

Es decir, el reconocimiento del estatus de beligerancia a las FARC obligaría al Estado colombiano a sujetarse a las normas del DIH, que entre otras cosas regula lo relativo al trato que se debe dar a los prisioneros de guerra, a los heridos y enfermos, los medios de hacer daño al enemigo, y las condiciones para la negociación de armisticios y/o acuerdos de paz. Y es allí donde Colombia no quiere llegar.

Por supuesto, el reconocimiento de beligerancia a un grupo implica que dicho grupo es sujeto de derecho internacional y podría entablar relaciones digamos semidiplomáticas con los gobiernos que lo reconozcan. Muchos analistas han insistido en que ese grupo –las FARC, por ejemplo- debe controlar parte del territorio y ejercer autoridad en él. Ser una especie de gobierno de facto sobre una parte del territorio. Sin embargo, no es lo que señala el DIH, al menos expresamente; lo que si establece el DIH es que el grupo armado ejerza control sobre una parte del territorio de manera que le permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas.

Otro camino es la Ley 782 de 2002, “por medio de la cual se prorroga la vigencia de la Ley 418 de 1997,  prorrogada y modificada por la Ley 548 de 1999 y que contiene, según su artículo 2º, “disposiciones para facilitar el diálogo y la suscripción de acuerdos con grupos armados organizados al margen de la ley para su desmovilización, reconciliación entre los colombianos y la convivencia pacífica”. Esta ley le otorga al presidente de Colombia la dirección de todo proceso de paz.

Los dos caminos –el reconocimiento de beligerancia a las FARC y la Ley 782 de 2002- son opciones muy válidas para buscar la paz. Las FARC apuestan por una y el Estado colombiano por otra porque en ambos casos hay mayores garantías para ellos. La ley, como se he mencionado, le otorga al presidente la dirección del proceso, de la cual no gozaría si se viese envuelto en una negociación producto del reconocimiento de la beligerancia de las FARC. Esto último implicaría una participación internacional que Colombia, según ha demostrado, no está dispuesta a tolerar más allá de una facilitación.

Claro que también queda el camino militar, pero salvo algunos furibundos defensores de esta postura en el seno del ejército y el gobierno colombiano –incluyendo al presidente-, no es una opción muy bien valorada ni garantiza resultados a corto plazo, aparte de dejar un saldo de devastación y muerte que nadie podría desear.

Anuncios
Leer entrada completa | Make a Comment ( 1 so far )

El duro pulso por la paz en Colombia

Posted on 11 enero, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , , |

Domingo Medina / Caracas

Finalmente Clara Rojas y Consuelo González se encuentran libres, después de haber pasado más de cinco años en poder de las FARC. Se dice rápido, pero todo ese tiempo en la selva colombiana de seguro no es nada fácil. Su liberación se produce gracias a una “agitada mediación” del presidente venezolano Hugo Chávez y la senadora colombiana Piedad Córdova, tal como reseña la revista Semana (Colombia).

La operación de rescate iniciada a finales del año pasado rindió sus frutos a pesar de dos intensas semanas en las que incluso se temió que fracasara definitivamente. De hecho, no fueron pocos los medios, venezolanos, colombianos y también de otros lados, que se apresuraron a calificar como un fracaso la operación luego de que el gobierno colombiano planteara la hipótesis, confirmada más tarde, de que las FARC no tenían en su poder al niño Emmanuel.  Sin embargo, los tres se encuentran hoy en plena libertad.

El desarrollo de la operación y este desenlace tiene varios aspectos que conviene analizar. Veamos:

Con la presentación de la operación y la conformación de una comisión internacional, el presidente Hugo Chávez intentó arrinconar a Uribe y obligarlo a aceptar no sólo la misión humanitaria de rescate de los secuestrados, sino para iniciar las gestiones para la negociación de un acuerdo con las FARC. La presencia de los delegados y el compromiso de los distintos gobiernos parecían darle solidez a esta posición, ejerciendo una fuerte presión internacional sobre el gobierno colombiano, por un lado, y fungiendo como observadores y garantes de ese eventual acuerdo.

La estrategia de Uribe, que deja muy bien parados a sus servicios de inteligencia, sin duda demuestra que las cosas no son tan fáciles. El gobierno colombiano ha demostrado que el tema de la guerrilla se lo toma muy en serio y que en su lucha –tanto en el plano militar como en el político- no lo van a agarrar descuidado. De hecho, la primera impresión –al mismo tiempo que los grandes medios señalaban el “fracaso” de la operación de rescate- fue que el gobierno colombiano había salido más que fortalecido.

Así lo entendieron en el seno del mismo gobierno. Los primeros anuncios de los voceros más calificados –el canciller, el comisionado para la paz y el ministro de la defensa- señalaban que el gobierno colombiano no toleraría más intervenciones internacionales –mensaje dirigido especialmente al presidente venezolano-, que se incrementarían los operativos militares y que de ninguna manera se permitirían entregas clandestinas (como se pensó que podía ocurrir con Clara Rojas y Consuelo González después de las declaraciones de Uribe el 31 de diciembre pasado).

Las posiciones se fueron moderando y haciendo concesiones cada uno de los actores involucrados finalmente se pudo concretar la liberación de las secuestradas: las FARC reconocieron que el niño que estaba en poder del gobierno era Emmanuel –aunque avanzaron la “hipótesis” de que le gobierno colombiano lo había secuestrado- e insistieron en la entrega de las otras dos rehenes; el gobierno colombiano permitió el ingreso de los helicópteros venezolanos y la misión humanitaria encabezada por el ministro venezolano Ramón Rodríguez Chacín, el embajador de Cuba en Venezuela, Germán Sánchez Otero, y los delgados del CICR, y cesó sus operaciones militares en el área en la que se iba a concretar la entrega; y gobierno venezolano cumplió las condiciones de confidencialidad, prudencia y respeto que solicitó el gobierno colombiano.

Como se ha dicho muchas veces, este quizás sea el primer paso para alcanzar un acuerdo duradero. Insistimos en que no es fácil, pero tampoco imposible. Vale la pena citar aquí unas palabras del ministro venezolano Rodríguez Chacín:

“Vendrán otras liberaciones que son canjes, canje quiere decir intercambio, también saldrán guerrilleros que se encuentran cautivos en las cárceles como presos políticos y saldrán presos políticos también que estén cautivos por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia”.

Quizás es muy temprano para hacer interpretaciones, pero podríamos especular en varios sentidos: 1) el ministro posee información de que las FARC van a proceder a liberar a otros rehenes, especialmente si se considera que su credibilidad ha quedado en duda por lo del niño; 2) podría estar insinuando el ministro que el gobierno colombiano estaría dispuesto a negociar el acuerdo humanitario siempre que se cumpla con las condiciones de confidencialidad, prudencia y respeto; 3) también podría estar insinuando que las FARC y el gobierno venezolano, pese a que la operación no se llevó tal como inicialmente fue planeada, tienen fuerza suficiente como para imponer al gobierno de Uribe esos canjes.

Como dije antes, es muy pronto para hacer interpretaciones. Los próximos días tendremos un panorama un poco más claro y veremos cómo y hacia dónde se puede avanzar en la solución del conflicto colombiano 

Leer entrada completa | Make a Comment ( 6 so far )

Liked it here?
Why not try sites on the blogroll...