Sociedad Zombi: Romper el silencio: una de cada cuatro niñas y uno de cada siete niños en España son abusados por un familiar

Posted on 30 diciembre, 2007. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , , |

Por Catalina Gayà -Barcelona

Regreso al tema de los abusos sexuales. Leo Los demonios del Edén y no puedo más que sentir nauseas. Hay redes de pornografía, hay abusos sexuales a menores, pederastas poderosos. Me doy cuenta de que en estas semanas hemos hablado mucho de ello, ya lo sé, pero por las crónicas que habéis escrito en esta web, leo el caso de una madre que durante la marcha agarró un megáfono y denunció que a su hija la había abusado su propio padre. Entonces me doy cuenta de que no hemos dicho nada sobre el abuso sexual intrafamiliar. El más común; el más secreto; el tabú de muchas sociedades. En España, una de cada cuatro niñas –un 23%– que sufren abusos sexuales antes de los 17 años. Para los hombres, la situación también es terrorífica: uno de cada siete niños. Nadie dice nada. Cuando sabes esto, no puedes dejar de pensarlo. Vas en el metro y piensas aquí en este vagón donde hay veinte mujeres hay cuatro a las que les han destrozado la vida. Los hombres, lo mismo. Las consecuencias de un abuso pueden romperte la vida y entrevistando a gente que ha sufrido abusos os aseguro que no es una exageración. Hice un reportaje para El Periódico de Catalunya hace dos años en el que relataba los casos de varias personas que se atrevieron a romper el silencio. No les fue fácil, guardaron muchos años un secreto que les destrozó la infancia, la adolescencia y del que aún padecen secuelas. Dicen que no son víctimas, si no supervivientes. El abuso sexual infantil intrafamiliar sigue siendo un tabú y eso hace que su situación sea aún más difícil. Cuando publiqué el reportaje, recibí algunos mails anónimos en los que personas me explicaban que ellos habían pasado por lo mismo. Eran eso: anónimos; el tabú aún es muy fuerte. Aquí están algunos de los relatos:

“Decirlo era ensuciar el buen nombre de mi familia”

Mar tiene 32 años y vive en una ciudad en la que pasó un solo año de tregua durante la infancia. Ese año estuvo lejos de su abuelo, lejos de las tardes sucias en las que iba a recoger el dinero del que vivían su madre y sus hermanas desde que su padre se fue de casa. Esas tardes las recuerda con asco, con miedo y rabia porque era en ese momento cuando debía aguantar los juegos de un hombre que la tocaba. Era la hora en la que el abuelo se transformaba y dejaba de ser un viejito amoroso que le contaba cuentos y se convertía en un manipulador que le proponía un juego sutil que ella no entendía y que se prolongó durante 14 años. Mar explica que ella creía que era lo que hacían todos los niños porque se lo había ofrecido alguien de la familia que la quería. Claro que el juego tenía un pacto: no decírselo a nadie. Con los años, el secreto se volvióun chantaje. Si ella lo contaba, encarcelarían a su abuelo. Ella le fue leal 26 años. Mar dice que se convirtió en cómplice por miedo a perderlo y a que no la creyeran: “Decirlo era ensuciarel buen nombre de mi familia”. Mar no tuvo fuerzas para explicarlo hasta hace dos años. Ni su esposo lo sabía ni su madre, ni sus hermanas. Ahora lo sabe su terapeuta, su madre, su marido y dos miembros de la familia. Todos la creen y la apoyan. Mar recuerda que a los 10 años suabuelo intentó penetrarla y ella no accedió. No lo hizo nunca, como tampoco lo hizo con los chicos con los que salía. “Les ponía el mismo límite que a él”. A los 18 años se fue de casa. Era una adolescente educada para guardar silencio, para ser complaciente y no sentir ni odio nirabia: “Él me convirtió en alguien que no sabía poner límites. Yo no sabía ni quién era”.Recuerda el día en que le dijo a su abusador que todo había terminado. “Él se hizo la víctima y me dijo que yo lo abandonaba”. Mar tiene claro que ella no es víctima de nada. Es superviviente: “Durante muchos años tuve una habitación sucia en mi propio cuerpo. No quería recordar, lo borré. Ahora sé que tengo que limpiarla y seguir viviendo”.

“Mi madre no cree lo que pasó”

Él es el abusador, él es el sacerdote que abusó de Manel cuando éste tenía 16 años y al que acudió buscando consuelo porque sus padres se habían separado. Ese sacerdote, que dice Manel con rabia sigue predicando moral desde el púlpito, es el hombre que se aprovechó de él y le puso en contra a su familia, a sus amigos. Por él tuvo que abandonar su casa y su pueblo: “Hizo que me marginaran, me desacreditó ante mi familia, me coaccionó”. Manel, de 41 años, se atreve ahora a explicarlo en voz alta. A los 16 años, sólo se lo confió a una persona“a uno de sus superiores”– y éste le calló la boca y le destrozó la autoestima. Manel pensó que nunca nadie lo creería hasta que llegó a Fada –Asociación para el Asesoramiento, la Prevención de los Abusos Sexuales a Menores que tiene sede en Barcelona– por casualidad. Ahí pudo descargar una mochila de dudas, de tristeza, de dolor y de rabia. Explica que de él abusaron sexualmente, pero que con el abuso perdió la confianza en los que más quería y en todo lo que creía. Eso es lo peor. Por el abuso y por decirlo ahora sólo recibe cartas en las que su madre lo acusa de ser mentiroso, de saltarse la moral y de mancillar el honor de la familia. Ella no lo quiere ver, no quiere saber nada de su hijo ni de su dolor. «Esto duele más que la vejación. Desde hace ocho años mi familia no me habla. Hace poco supe que él había abusado de otros compañeros, pero nunca nos lo habíamos contado. Yo sólo quiero que pague por lo que ha hecho y recuperar a mi familia. Él es un cáncer y es a mi madre a la que he perdido». Las lágrimas salen y Manel pide perdón. Dice que en las mañanas le da miedo abrir el buzón. Una carta de su madre puede destrozarle una semana, paralizarlo, sentir que el mundo se acaba y ser la causa de otra noche en vela. Otra de tantas.

“He rehecho mi vida”

“De mis padres heredé la fuerza con la que encaro las cosas. Eso se lo debo a ellos”. Anna roza los 40 años y dice ya que ha conseguido “ser normal de verdad”. Eso la obsesionó durante toda la adolescencia: dejar de ser la niña a la que su padre “pagaba los servicios”.Tocamientos malignos y, a cambio, regalos en la mesilla. Fueron ocho largos años, desdelos 6 a los 14: “Él se fue, pensó que lo denunciaría. Nunca me penetró, así no dejaba huellas. Ojalá me hubiera pegado porque así quizá me hubiera quejado”. Anna siempre quiso entender por qué había sido una adolescente rebelde. Su padre la había tocado, pero él le había explicado que era “lo normal”. Ella no entendía nada y no encontraba las causas desu tristeza ni los motivos de su rebelión. Quería descifrar por qué había caído, a los 18 años, en el pozo de la adicción y la prostitución. A los 24 años consiguió entender, ser normal. Se casó, tuvo un niño y, al fin, pudo tejer lo que había sucedido. Habló y gritó cuando siguió una terapia y fue consciente de lo sucedido. Rompió el pacto con su abusador, pero el juego al que él la sometió dejó heridas que aún duelen: “Era una persona aislada, buscaba relaciones deabuso. Tengo recaídas de autoestima, pero he rehecho mi vida”. Cuando lo dijo, habían pasado 18 años. A los 32, explicó a su madre lo que había pasado en una habitación de su casa. Ella dudó y no comentó nada. Hasta hace poco no han podido volver a hablar de ello: “Entender que fui objeto de abusos me ayuda a explicar lo que ha pasado en mi vida”.

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Sociedad Zombi: El Arca de Zoë y de cómo no salvar el mundo

Posted on 17 noviembre, 2007. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , , , , |

Por Catalina Gayà / Barcelona

¿Qúe hay detrás del Arca de Zoë? Nadie lo sabe con certeza. El 25 de octubre Europa se levantó horrorizada porque 17 ciudadanos europeos quedaban retenidos en Chad. Esa fue la primera reacción: Chad, el segundo país más corrupto del mundo, y siete españoles –la tripulación del avión de la compañía Girjet que tenía que trasladar a los pequeños–, siete franceses (los miembros del Arca de Zoé), tres periodistas franceses y un piloto belga atrapados en África. La reacción eurocentrista pronto se convirtió en indignación cuando se supo que Arca de Zoë había fletado un avión con 103 niños huérfanos del conflicto de Darfur y que estos niños ni eran huérfanos ni estaban enfermos. Todo era un fiasco. Hasta ese momento la oenegé había alegado, y lo había publicado a bombo y platillo, que la operación era un “rescate humanitario”.

En Francia, se abrió un debate sobre la actuación de ciertas organizaciones humanitarias que actúan de forma exaltada. El creador de Arca de Zoë es un bombero voluntario que colaboró en tareas humanitarias durante el tsunami. De regreso a Francia, se volcó en el conflicto de Darfur, muy de moda en Francia. Mientras estas informaciones salían a la luz pública y media Europa cuestionaba la colonización de países del llamado Tercer Mundo por parte de las oenegés, las diplomacias francesa y española tomaban caminos muy distintos en este conflicto. La española se volcaba en intentar liberar a los tripulantes mientras el presidente francés Sarkozy daba la espalda a los miembros de la oenegé y los dejaba en manos de la justicia chadiana. La retención coincidía con la firma por parte del presidente del Chad, Idriss Déby, de un acuerdo con los líderes de cuatro grupos rebeldes de ese país. El acuerdo ponía fin a dos años de enfrentamiento en el este del Chad, donde la oenegé francesa actuaba desde hacía meses, y que ha convertido refugiadas a 300.000 personas. Pese a que las autoridades francesas lo negaran, a nadie se le escapa que Francia empezaba a temer que Chad aprovecharía este conflicto para impedir el despliegue de la fuerza de paz europea en la zona fronteriza con la región sudanesa de Darfur. En lo que parecía una maniobra de conciliación, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, daba la espalda a los miembros de la oenegé y advertía que no pediría su repatriación, ya que la operación era, según el Elíseo, “ilegal e inaceptable”.

Lo extraño del caso, si es que hay algo claro, es que tanto Francia como Chad estaban al tanto de la operación de la oenegé. Hacía meses que Arca de Zoë trabajaba para llevar a cabo la operación de rescate humanitario, como lo califica en su página web, de los niños y que había hecho pública desde el 28 de abril. Las autoridades francesas ya habían advertido a la oenegé de que la evacuación de los niños podría infringir las leyes internacionales, pero no la habían impedido y en Francia numerosas familias esperaban acoger a los niños y habían pagado por ello.

La cronología del caso es más que inquietante: 25 de octubre, a punto de fletar e avión con los niños, las autoridades chadianas detienen a la tripulación a los miembros de la oenegé y trasladan a los pequeños a un refugio. Hay que tener claro que todo pasa en Darfur, zona que está inmersa en un sangriento conflicto y que tiene declarado toque de queda. El 28 de octubre Idriss Déby se encara con la tripulación española. El 29 de octubre las autoridades chadianas acusan a los españoles de complicidad en el tráfico de niños. Los seis miembros de la oenegé son imputados por secuestro de menores. El destino de los tres periodistas franceses que se habían unido a la operación es incierto. Ese mismo día la ONU certifica que los menores no estaban enfermos ni eran huérfanos, tal y como sostenían los miembros de la onegé. Un comunicado difundido en Ginebra por la Cruz Roja y la ONU demuestra que 91 de los 103 menores, de entre 1 y 10 años, tienen algún familiar vivo y no están enfermos, tal y como aseguraban desde Arca De Zoë. Lo único cierto: los menores proceden de pueblos chadianos de la frontera con Sudán.

La situación se agravaba a cada hora y Europa empezaba a dudar de todo. El presidente de Chad calienta los ánimos en África al calificar la operación robo de niños y hasta apunta que podría tratarse de tráfico de órganos. Las manifestaciones se apoderaban de las calles de Chad y Déby promete un castigo ejemplar para los europeos. En África, se levantan voces de que los europeos se creen amos del continente negro. El 4 de noviembre Nicolas Sarkozy aparece a escena y en una maniobra populista y espectacular viaja a Chad y consigue la liberación de los tres periodistas franceses y de las cuatro azafatas españolas. Sarkozy detiene su avión en España para que las cuatro azafatas puedan, literalmente, apearse. Quedan tres miembros de la tripulación española en Chad, siete franceses, y un belga. El 9 de noviembre la tripulación española es liberada y el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero afirma que se pagará la escolarización de los 103 pequeños. Tras 22 días de conflicto, nadie tiene muy claro qué hay detrás de Arca de Zoë. ¿Una oenegé con dinero que vio en este caso una oportunidad para ganar más dinero? ¿Un caso de imposición del modo de vida y valores europeos? Muchos se decantan por esta opción: de nuevo unos europeos miraron a África horrorizados y quisieron hacer “algo”. Ese algo no hizo más que empeorar la situación.

Muchos hablan del síndrome del acueducto: eso que hace que europeos con dinero se dediquen a montar proyectos sin darse cuenta realmente de qué pasa y cómo está el lugar que colonizan. Quizá no hay agua, pero ellos se empeñan en crear un acueducto y tienen presupuesto para ello. Es un ejemplo. El caso de Chad es extremadamente grave: hay 103 niños de por medio en una zona que lleva años en conflicto. Ayer los miembros de la oenegé seguían en Chad y Francia y ahora, cambiando su postura, luchaban por ser juzgados en Francia. Los 103 pequeños seguían en un orfanato y según ACNUR su situación se alargará unas semanas. Nadie sabe qué ha pasado en Chad ni qué es realmente Arca de Zoë, pero muchos reflexionan sobre el papel de los salvadores del el mundo.

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