El cuartito del horror y Murphy es colombiano y trabaja en migraciones

Posted on 15 octubre, 2008. Filed under: Walter Duer -Buenos Aires | Etiquetas: , , |

Por Walter Duer / Buenos Aires

EL CUARTITO DEL HORROR

Recuerdo la primera vez que viajé como invitado en calidad de periodista: fue en mayo de 1998, yo tenía sólo 23 añitos y me tuve que tomar un avión con unos cuantos colegas con destino a Nueva York. Recuerdo también que otro de los invitados, el más veterano del grupo y el que más millas había acumulado hasta ese momento sin necesidad de pagar ningún pasaje, me dio un consejo de esos que sólo el maestro Yoda puede dar, de esos que no deben olvidarse jamás: “en migraciones, no digas que sos periodista”, me dijo. No pasaron muchos años antes de que deba arrepentirme de no haber honrado sus palabras al pie de la letra.

A ver… este bueno señor me habló cual padre que intenta explicar a su hijo los misterios de la vida en una época en que las Torres Gemelas estaban erguidas, en que aquí un dólar se conseguía oblando un peso y en que, tal vez como consecuencia de los dos ítems anteriores, los argentinos ingresábamos a Estados Unidos sin visa.

Precisamente en mi primer viaje a la parte de Norteamérica que no es México ni Canadá luego del ataque al World Trade Center fue que tuve la mala idea de ser sincero con las autoridades aeroportuarias. Como descargo, puedo decir que la entrevista en la embajada me había dejado muy paranoico. No sé cuántos pasaron la experiencia justo en la época de la crisis, pero obtener la visa al reino de Bush en 2002 era, al menos, traumático. Es que casi todos los argentinos que aún guardaban algunos billetes tenían la fantasía de mandarse a mudar a cualquier lugar fuera de nuestros límites geográficos y los buenos funcionarios consulares yanquis (que, por otra parte, consideran desde siempre que su país es el mejor del universos y que todos, absolutamente todos, queremos vivir allí) no podían tomarse de tiempo de distinguir quién viajaba por trabajo (como era mi caso), quién a visitar a una madre en su lecho de muerte y quién con destino de ser lavacopas indocumentado ni bien venciera el período de vigencia de la visa.

Dentro de los límites de la embajada, debo reconocer, no había ni un atisbo de discriminación: nos trataban a todos como iguales. Es decir, como potenciales lavacopas. Por eso, debíamos responder un cuestionario (en mi caso, ante un funcionario que ni siquiera hablaba bien español, por lo que si me bochaba, tal vez lo hacía por las razones equivocadas) que en muchas preguntas rozaba cuestiones más que personales, delante de unas 200 personas que esperaban su turno detrás de nosotros. Porque uno tenía que decir cuánto ganaba, por qué había decidido dejar a su marido, cómo había descubierto que su hijo se drogaba o dónde había aprendido a armar bombas Molotov frente a una ventanilla símil banco en un cuartito de tres por tres atestado de personas ávidas de obtener el tan preciado documento.

Con ese bagaje a cuestas, pasé las 11 horas de un vuelo a San Francisco pensando sólo en qué poner en el papel de migraciones. ¿“Periodista” y faltar al consejo que me había dado años atrás una persona que de entrar en los Estados Unidos sabía mucho? ¿“Docente” y mentirles a esas personas que tal vez habían investigado mis antecedentes gracias a los miembros de la CIA que operaban en Buenos Aires, para ser descubierto y devuelto a mi país de origen? Ya con el avión aterrizando, no tuve alternativa que poner algo. Y puse la opción equivocada, por supuesto. Porque además de todo, vale la aclaración, había una visa específica para periodistas y otra genérica para viajeros de turismo y negocios. Yo había solicitado esta última, porque para obtener la primera era imprescindible trabajar en relación de dependencia con algún medio. Y yo era freelance.

Al oficial de migraciones que me recibió no le tembló el pulso. Apenas miró la tarjeta y detectó las letras que formaban la palabra “journalist” me señaló un cuartito y me dijo (en inglés, claro, el hombre no iba a aprender español sólo para mí): “espere allí por favor”.

Entré. Era un lugar muy pequeño, pintado del amarillo típico que toman las paredes cuando no han sido pintadas por años y con una iluminación muy blanca. Por alguna razón, no me sorprendió ver que todas las personas que estaban allí esperando su potencial deportación eran latinos. Entonces descubrí que la luz blanquísima tenía su objetivo, porque todos miraban las lámparas como hipnotizados. Me senté en un asiento vacío a esperar mi sentencia. Durante largos cuarenta minutos yo también miré la luz del techo. Tenía conmigo un libro interesante y todo, pero no podía dejar de ver la luz. Cuando ya estaba lo suficientemente atontado, apareció una señora rubia y gorda detrás de un mostrador y me llamó. Pero no como lo haría un funcionario de migraciones que está a punto de patear el culo de un sudaca, sino como una mamá que quiere que su hijo se acerque a comer a la mesa. Incluso usó mi nombre de pila, y le dio cierta musicalidad: “Wooooolter”.

Me acerqué y mantuvimos esta conversación en inglés:

– ¿Por qué tiene visa de turista si usted es periodista?

– Porque trabajo de periodista, pero aquí no estoy como periodista.

– Pero si usted es periodista, tiene que venir con visa de periodista.

– Pero para sacar la visa de periodista tengo que trabajar interno en un medio y yo soy freelance, por lo que si hubiera aplicado para la visa de periodista no me la hubiesen dado.

Me miró con desconfianza, como si por fijarme los ojos durante unos segundos yo terminara desarmándome y confesando que en realidad era un terrorista musulmán disfrazado de periodista argentino. “Espere que tengo que llamar a mi supervisora”, me dijo.

Fueron otros cuarenta larguísimos minutos, al cabo de los cuales, justo en el momento en que mi retina estaba a punto de estallar por la maldita luz, apareció la supervisora. No puedo describirla porque cuando pestañeaba el recuerdo de la luz generaba una película violeta en el aire que me impedía verla. Se dio más o menos la siguiente conversación.

– ¿Por qué tiene visa de turista si usted es periodista?

– Porque trabajo de periodista, pero aquí no estoy como periodista.

– Pero si usted es periodista, tiene que venir con visa de periodista.

– Pero para sacar la visa de periodista tengo que trabajar interno en un medio y yo soy freelance, por lo que si hubiera aplicado para la visa de periodista no me la hubiesen dado.

También me escrutó con detenimiento. Evidentemente, era algo que les habían enseñado en algún curso de defensa contra las artes oscuras, obligatorio para todo e personal. Al cabo de un rato, me despidió con una verdad de Perogrullo: “ahora vaya, pero la próxima vez que venga a Estados Unidos, si trabaja en relación de dependencia con algún medio, saque la visa periodista”.

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Murphy es colombiano y trabaja en migraciones

Llegada a el aeropuerto de El Dorado, en Bogotá. Una especie de escenario ochentoso, como si se tratara de un decorado de película de Olmedo y Porcel que nadie desmanteló. Había dos puestos de migraciones abiertos: uno, atendido por un joven, tenía unas tres personas en la cola; el otro, a cargo de una señorita, estaba vacío. La lógica me garantizaba que tenía que dirigirme al de la niña, aunque una fea sensación me acompañó todo el recorrido hasta que llegué a su lado y le entregué mi pasaporte y mis papeles de ingreso al país.

No sé cómo estarán las cosas ahora en migraciones colombianas. Esta anécdota es de 2004 y, en ese momento, todavía los funcionarios cargaban los datos de cada uno de los que llegaban en un formulario del viejo y querido DOS, con pantalla de fondo azul y recuadros grises en los que se completaba la información.

La joven tomó mi pasaporte, lo abrió en la página donde estaban mis señas particulares, lo acercó y lo alejó de sus ojos para finalmente ubicarlo en un punto en el que el foco visual le quedaba cómodo. En ese momento comenzó el baile.

Lo que sigue es la descripción de la carga de datos en tiempo real. La voz pertenece a la funcionaria de migraciones: A ver… nombre… W (mirada rápida por todo el teclado tratando de identificar la “W”)… A (ídem)… L (ídem)… T (ídem)…

Y así con todas y cada una de las letras. Recuerdo que una de las cosas que más me sorprendió fue que cuando tuvo que ubicar por segunda vez la “E” o la “R” volvió a recorrer todo el teclado, como si además de ausencia de talento para el tipeo tuviese la memoria obstruida.

Con lentitud exasperante cargó apellido, estado civil, sexo, dirección en Buenos Aires, hotel en el que iba a parar en Bogotá, razones de mi viaje, fecha de llegada, fecha de salida, número de vuelo y aerolínea. La cola del otro puesto parecía la largada de los 100 metros llanos olímpicos: la velocidad con que la gente llegaba, presentaba sus papeles y salía al bochornoso clima bogotano me despeinaba el flequillo. Comencé a observar las esquinas que formaban las columnas con el techo, para detectar alguna cámara oculta y confirmar si se me estaba haciendo algún tipo de broma televisiva, pero no di con nada.

De repente, para romper el clima, se me ocurrió tirar una broma: “mire que sólo vengo por tres días”. Ese chiste mal ubicado me hizo perder otros dos o tres minutos, el tiempo que la niña tardó en soltar el teclado, levantar la vista, pensar qué le había dicho, evaluar si le causaba gracia, estimar que no le causaba gracia pero que debía hacerme pensar que sí, sonreír, bajar la vista al teclado, darse cuenta de que no recordaba por dónde iba, llevar la mirada al monitor, pensar qué letra seguía respecto de la última que ya estaba puesta y retomar la escritura.

Al cabo de un tiempo indefinible e infinito, pude ver que finalmente apareció un recuadro superpuesto a la pantalla con la leyenda “¿Están los datos correctos? Sí No”, en el cual la “S” del “Sí” y la “N” del “No” estaban subrayadas, indicando que si uno presionaba alguna de esas letras en su teclado estaba respondiendo la pregunta. La niña levantó su índice amenazador hacia el cielo y, por primera vez desde que yo estaba ahí, lo bajó sin dudar.

La paz interior me duró sólo un segundo. Porque justo después de apretar el botón que había elegido, la joven funcionaria (¿sería su primer día? ¿la gente que llega a Bogotá realmente tiene mucho tiempo libre? ¿me odiaba?) palideció y sólo atinó a decir “¡Ay!” al mismo tiempo en que utilizaba sus dos manos para cubrirse la cara y la pantalla azul volvía a mostrar todos sus cuadraditos grises vírgenes, ansiosos por darle la bienvenida a algún recién llegado a tierras colombianas.

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¿Mate a las FARC?

Posted on 4 julio, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , |

Domingo Medina / Caracas

Quiero comenzar agradeciendo a nuestra compañera Eileen Truax por ceder gentilmente su espacio de este viernes para analizar la que sin duda alguna es la noticia más importante de la semana: la liberación de Ingrid Betancourt, excandidata presidencial colombiana, y otras catorce personas que las FARC mantenían secuestradas desde hacía varios años. La “Operación Jaque”, como la denominó el gobierno colombiano, permitió el rescate de los secuestrados mediante operaciones de inteligencia y según se ha revelado hasta ahora sin disparar un tiro. Por muchas razones, es un duro golpe para la guerrilla colombiana, que se une a la muerte de algunos de sus principales líderes (Marulanda, Reyes, Ríos) o la entrega de otros (Karina). En Colombia la opinión se divide entre quienes ya se atreven a anunciar el fin de las FARC y los que piden cautela.

Desde el punto de vista interno, la situación en Colombia parece ganada para la paz, aunque no con las condiciones que la guerrilla demandaba. El gobierno, con este golpe, está ahora en capacidad de hacer exigencias. De hecho, el intercambio humanitario, como había venido insistiendo el grupo guerrillero pudiera decirse que ve su final. Y pudiera ser por dos razones:

La primera, alegada por la mayoría de quienes se han atrevido a analizar la situación en caliente, apuntaría a la debilidad de las FARC, lo que la llevaría a negociar solamente su pacificación. Es decir, el rescate de Betancourt y los otros secuestrados habrían puesto de manifiesto la poca capacidad operativa, logística y comunicacional de la guerrilla. Esto llevaría al Secretariado de las FARC a plantearse su rendición o, en el mejor de los casos para ellos, una negociación para dejar las armas que pasaría por la liberación incondicional de todos los secuestrados, sin garantías de que el gobierno haga lo propio con los guerrilleros que actualmente están en prisión.

La otra razón que atenta contra el intercambio humanitario va por la vía contraria: las FARC intentarían demostrar que no están tan débiles como se piensa y podrían radicalizar el conflicto, intentando algunas acciones más de secuestros o incluso de atentados. Aunque esta opción no se puede descartar del todo, lo cierto es que desde la incursión colombiana en Ecuador –en la que murió Raúl Reyes- se esperaba este tipo de respuesta por parte de la guerrilla y, al menos hasta ahora, no se ha producido.

En todo caso, tal vez sea muy pronto para predecir alguna respuesta por parte de las FARC.

Mientras tanto, también en plano interno, la operación de rescate ha sido un éxito militar y político, fortaleciendo a Uribe y a su ministro Santos. Desde ya se habla de un tercer mandato para el presidente colombiano, avalado incluso por Betancourt, quien al ser interrogada al respecto respondió “¿Por qué no?” De no ser posible ese tercer mandato, el mejor posicionado para suceder a Uribe sería Santos, el más exitoso ministro de la defensa considerando la lucha contra la guerrilla. Gustavo Petro, senador del Polo Democrático Alternativo –opositor a Uribe- consciente del éxito del operativo ha señalado que Uribe “puede escoger entre dos caminos: o perpetuarse en el poder, porque no va a tener contradictor, o terminar su segundo período y quedar en la historia como el hombre que pudo doblegar a las FARC”.

Considerando otros factores, el gobierno de Uribe también ha logrado, con este rescate, alejar a los países que de alguna manera venían manteniendo cierto grado de implicación en las negociaciones con las FARC, especialmente Venezuela y Francia, que sostenían una posición más condescendiente hacia el grupo guerrillero.

Esta es, sin embargo, una noticia positiva, por cuanto significa circunscribir el conflicto colombiano exclusivamente a sus fronteras. Venezuela, Brasil y Ecuador, como vecinos, son los países que más agradecerían el fin del conflicto en Colombia, aunque podrían temer el incremento de la intervención gringa en la región con la excusa del éxito del Plan Colombia.

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Historieta de dos Cínicos: el cardenal Rivera y el presidente Uribe

Posted on 21 abril, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

Cínico número 1: En 1987, Nicolás Aguilar, un párroco poblano fue acusado de abusar sexualmente de niños. Su jefe, el hoy cardenal y arzobispo primado de México Norberto Rivera Carrera, le pidió al cardenal Mahony, arzobispo de Los Ángeles, que se llevara a Aguilar a su diócesis. Éste lo hizo y Aguilar repitió sus maldades allá. Con los años, y tras las demandas de los niños que sufrieron abusos en Estados Unidos, esto se volvió un dime y direte judicial entre los dos jerarcas católicos: Mahony dice que nunca fue advertido del mal comportamiento de Aguilar. Rivera replica que envió una carta en la que le dijo a Mahony que Aguilar debía irse “por motivos familiares y por motivos de salud”, y que en la jerga eclesial esto significa que tiene “problemas de homosexualidad” (o sea, nos informa de que la iglesia usa eufemismos para desentenderse de sus vergüenzas). Mahony dice que nunca recibió esa misiva y que si hubiera sabido que ésa era la causa, obviamente no hubiera recibido a Aguilar.

Mahony aceptó que la diócesis de Los Ángeles pagara millones en indemnizaciones. Pero Rivera se salió con la suya porque las causas judiciales en contra de un obispo, pues en un país como éste, simplemente no van a ningún lado. No vale eso de la igualdad ante la ley. Es más, “casualmente”, agentes de migración, dependientes claro está del gobierno conservador de México, hostigaron al abogado gringo que representaba a las víctimas y le prohibieron entrar en el país. Bendita justicia. Rivera está muy a gusto porque, según él, cumplió con llevarse a Aguilar y avisarle a Mahony. Ajá. ¿Y las víctimas de aquí? ¿Los niños que sufrieron abusos en México? ¿Por qué no puso a Aguilar en manos de la policía, en lugar de enviarlo con engaños fuera del país, donde además siguió con sus tropelías? Pues el hombre sigue ahí con su buena conciencia, dice.

Todo esto viene al caso porque acabo de leer que Benedicto XVI visitó Estados Unidos y se reunió con las víctimas de los muchos abusos sexuales cometidos allá. Y no es que yo quiera traer al papa a México (juro de rodillas que no, cada una de las cinco veces que vino su predecesor causó efervescencia de fanáticos fundamentalistas y muchos problemas de tráfico), pero si lo hace, yo me pregunto: ¿Se reunirá también con las víctimas? ¿O las ignorará para verse con Rivera, príncipe de la iglesia mexicana? ¿O juntará a unas y a otro para que se den la mano y ‘ai muere?

Cínico número dos: Está de moda llamar a todo terrorista. Hay algunos que se emocionan abusando del término, como el presidente colombiano, Álvaro Uribe, que insiste en que los guerrilleros de las FARC son terroristas. Está claro que son secuestradores y criminales socios del narco (como mucha de la gente cercana a Uribe, e incluso él mismo fue colaborador del cártel de Medellín hasta los 90, según la inteligencia de estadounidense, citada en este reportaje de primera plana de El Universal), pero lo de terroristas es estirar mucho la palabra. Ya está mal que la utilice tan arbitrariamente allá de donde viene. Pero invadir ilegalmente otro país para hacer una operación militar, matar a ciudadanos de una tercera nación, ir a esa misma tercera nación a reunirse con su presidente y llamar terroristas –sin pruebas, sin generosidad para el fallecido, sin cortesía para su anfitrión, sin educación alguna– a los ciudadanos que mató y que ese presidente tenía que proteger, es imbécil y una grosería de alto calibre y mala precisión. Me pregunto por qué habrá creído que podía venir aquí a decir esas cosas, en un acto oficial con el presidente Calderón. Tal vez será porque el mismo Calderón había optado por nadar de muertito en el caso de sus compatriotas asesinados, evadir el bulto, bajarle el tono a las cosas y tratar de contentar a todos con un arreglo económico –lo que no aceptaron los padres de los caídos–. Uribe acaso pensó que podía venir a decir su batiburrillo de estupideces ante un Calderón calladito y regresarse a su país contento por su hazaña de justiciero de cártel . Pero Calderón, esta vez sí, tenía que decir algo, Uribe se pasó tres pueblos y era demasiado. El Congreso habló más alto y exigió al gobierno una protesta formal y la intervención de la OEA (El diputado que presentó la propuesta preguntó: “¿Qué hubiera pasado si en lugar de ciudadanos mexicanos hubieran sido ciudadanos estadounidenses?”). El rector de la Universidad Nacional, ése sí, le dijo las tres cosas que se merecía con toda claridad. Y aún así me quedo con la sensación de que no puede haber tanto cinismo, tanta exhibición de impunidad y desdén.

No digo que llevemos las tropas a la frontera (porque para empezar los guatemaltecos no tienen nada qué ver) ni que hagamos un show de autoconsumo que termine en sonrisas y apretón de manos, como ocurrió vergonzosamente en Dominicana. Pero exigir investigaciones serias con suficiente energía, presentar una protesta formal y demandar satisfacciones plenas, disculpas incluidas, es lo mínimo que hay que hacer ahora. Mientras no se demuestre que los mexicanos muertos (y la herida) empuñaron armas y atacaron a Colombia, no se les puede calificar ni siquiera de guerrilleros –mucho menos de terroristas–. Todo indica que no hacían más que turismo revolucionario, algo que está de moda en México desde 1994, que muchos hemos hecho y que no es ningún crimen. Y en todo caso, esos ciudadanos fueron asesinados en territorio en paz de otro nación, no en zona de combate colombiana.

La actitud del gobierno mexicano es muy distinta, lamentablemente. Fuera de la presión de los reflectores, Calderón volvió a su disciplina olímpica favorita, nadar de muertito, y su canciller, Patricia Espinosa, declaró al día siguiente que no problem, sir, no se pedirá recitificación alguna, y por si hubiera dudas de la firmeza de la posición nacional, agradeció a Uribe “que reconociera que el reclamo del presidente Calderón es muy legítimo”… ¿Así nomás? ¿Y el insulto? ¿Y los asesinatos? ¿No quieren da paso invitar a Uribe a comer a la UNAM, la universidad donde estudiaban los muertos?

No lo corrimos ni lo declaramos persona non grata, pero algo sí se llevó Uribe de México: la segunda mayor rechifla del año (ta-ta-ta-tata), después de la de Hugo Sánchez (aunque tal vez pronto será la tercera, porque la del PRD aún no termina y va in crescendo).

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Hemos estado tratando el conflicto entre Colombia, Ecuador, Venezuela y, ¡oh!, México también, en los siguientes posts:

¿Guerra en la Gran Colombia?

¿Quiso Colombia asesinar mexicanos en Ecuador? ¿Y qué hace el gobierno mexicano?

¿La OEA arrinconada?

Uribe y su ministro de la Defensa: Santos, pero no mucho

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Uribe y su ministro de la defensa: santos, pero no mucho

Posted on 11 abril, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , |

Por Domingo Medina / Caracas

Esta semana se conmemoraron 60 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, hecho que dio lugar a lo que se conoció y se conoce como el Bogotazo. Desde entonces Colombia se encuentra sumida en un terrible conflicto armado que parece no tener fin y que recientemente ha involucrado a otros países, no solamente vecinos: la incursión de unidades de la policía nacional y el ejército de Colombia en territorio ecuatoriano el pasado 1° de abril creó una difícil situación con el mismo Ecuador, Venezuela, Nicaragua y México.

En el desarrollo de todo esta crisis regional se ha destacado Juan Manuel Santos, ministro de la defensa de Colombia, primero por el morbo con el que anunció el ataque (en el que murió el número dos de las FARC), y después por el cinismo con el que justificó la operación misma y la muerte de ciudadanos mexicanos y de uno ecuatoriano. En más de una ocasión el presidente Uribe salió a enmendarle la plana, a tratar de componer lo que su ministro parece gozar con destruir a patadas. No es la primera vez que Uribe tiene que salir a desdecirlo, especialmente en lo que toca a sus relaciones con los vecinos.

Tanto en medios colombianos como internacionales se especuló acerca de un enfrentamiento entre los dos políticos colombianos. Se ha dicho que incluso Uribe se habría molestado muchísimo por la utilización de paramilitares en operaciones contra la guerrilla y por el supuesto desvío de fondos hacia actividades no precisamente relacionadas con su despacho; aparte de ello, Santos se habría reunido con John Negroponte y funcionarios de la CIA a espaldas del presidente. ¿Por qué se mantiene entonces en el gobierno?

Algunos analistas señalan que la reunión con Negroponte puede dar luz sobre el asunto: Santos sería el gallo de los gringos en las próximas elecciones. Como se sabe, los aportes y la participación de los Estados Unidos en Colombia en materia militar gracias al Plan Patriota (antes Plan Victoria, antes Plan Colombia) no son nada desdeñables. Y Uribe no se puede lanzar nuevamente: aunque hay un movimiento para reformar la constitución y permitirle presentarse a las elecciones, esto le daría argumentos a Hugo Chávez en el país vecino y le restaría fuerzas.

El enfrentamiento entre Uribe y su ministro estaría buscando sería posicionar a este último. Parece que los regaños del presidente sólo logran hacerlo subir algunos puntos en las encuestas. Tal como el gobierno colombiano ha manejado el asunto de la operación militar en territorio de Ecuador –desde la misma planificación- hace pensar que no es descabellado creer que todo es una componenda y que Uribe y Santos actúan muy concertadamente. La política guerrerista y la visión de una solución militarista al conflicto en Colombia no sólo tendrían continuidad, sino que de seguro se profundizarían más. Los halcones de Washington celebrarían, pero los cincuenta años de violencia que vaticinó Gaitán si lo asesinaban quizás se extiendan por unos cincuenta años más.

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¿Quiso Colombia Asesinar Mexicanos en Ecuador? ¿Y qué hace el Gobierno Mexicano?

Posted on 17 marzo, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

El gobierno colombiano sabía que cinco mexicanos desarmados simpatizantes de las FARC estaban en el campamento guerrillero que atacó con fuerzas y táctica destinados a matar a todo el mundo, sin tomar prisioneros ni dejar heridos masculinos. Si esto no es correcto y no lo sabía, el presidente Álvaro Uribe tendría que pedir algunas renuncias en su servicios de inteligencia, porque sus agentes habían estado espiando las actividades de estas personas tanto en México como en Ecuador. En cambio, si esto es correcto y Uribe escogió dar el golpe en el momento en que los mexicanos estaban en el campamento, indica que además de asesinar al líder guerrillero Raúl Reyes, entre los objetivos secundarios estaba el de matar a los mexicanos, tal vez como castigo y lección para los jóvenes que simpatizan con el movimiento insurreccional en América Latina, en general, y en México, en particular, y que los padres de Lucía Morett, la mexicana sobreviviente, y de sus connacionales muertos en el operativo, tienen razón cuando acusan al gobierno colombiano de haber cometido un “crimen de Estado”.

En cualquiera de los casos posibles, las autoridades mexicanas tendrían que enviar una misión investigadora propia y exigir responsabilidades al gobierno colombiano, antes que cualquier otra cosa. En lugar de esto, han permitido que Uribe las arrincone, han contribuido a la justificación de la muerte de sus ciudadanos y a que se cree en México un ambiente de cuestionamiento contra la Universidad Nacional, a la que se pretende linchar retóricamente por las actividades políticas que, en ejercicio de sus libertades, realizan unos pocos de sus 300,000 alumnos. Ante el desprecio y el cinismo del ministro colombiano de defensa, Juan Manuel Santos, quien justificó los asesinatos con el argumento de que “no era precisamente unos angelitos”, la Cancillería mexicana contribuye a la justificación.

Los mexicanos que estaban presentes en el campamento de las FARC cuando éste fue atacado estaban desarmados, vestidos de civil y, según la evidencia disponible, lo que realizaban no eran acciones ofensivas contra el ejército colombiano, sno turismo revolucionario. Pertenecían a la Cátedra Simón Bolívar, una agrupación extra-académica que, como muchos otros grupos estudiantiles, utiliza un cubículo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Desde hace años, el gobierno de ese país había exigido al de México que actuara contra los grupos relacionados con las organizaciones guerrilleras colombianas en su territorio. En respuesta a ello, en 2002, el presidente Vicente Fox ordenó el cierre de la oficina que tenían en Ciudad de México.

Álvaro Uribe y sus ministros, sin embargo, no quedaron satisfechos. Identifican a la Cátedra como uno de los grupos que simpatizan con las FARC y, a la par que mantenían la presión diplomática sobre México para que los desmantelara, realizaron labores de espionaje contra ellos. Esto fue reconocido públicamente por el embajador colombiano quien aseguró además que se trataba de tareas autorizadas por el gobierno mexicano. Al respecto, la cancillería mexicana dijo que no era cierto. Pero, increíblemente, nadie en el gobierno mexicano dijo nada de hacer algo para impedir que el gobierno colombiano siga espiando: ni notas diplomáticas, ni revisión de acuerdos, ni investigaciones, ya no digamos la expulsión de los espías.

Bogotá tenía vigilados a los miembros de la Cátedra. Y, al igual que otros servicios de inteligencia latinoamericanos, realizaba espionaje en el segundo congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana, el encuentro de seguidores de la izquierda insurgente que tuvo lugar en Quito y al que acudieron los mexicanos de la Cátedra. ¿Supo Uribe que también tenían pensado visitar el campamento de las FARC? Eso es muy posible, ya que además de espiar en el Congreso, estaban vigilando el campamento guerrillero para asegurarse de que Raúl Reyes se encontrara ahí en el momento del ataque. Si entre sus objetivos secundarios no hubiera estado eliminar a los mexicanos, el gobierno colombiano, como cualquier otro, hubiera optado por evitar las complicaciones diplomáticas extra que conlleva matar a civiles desarmados de terceros países.

Los miembros de la Cátedra cometieron un error fatal: fueron a Quito, luego al campamento, regresaron a Quito y volvieron e internarse en la selva para ir al sitio donde morirían. Es dable pensar que si a los colombianos se les había escapado la primera oportunidad, no ocurriría lo mismo en la segunda. El ejército colombiano tenía en la mira el campamento y escogió el momento para dar el golpe. No parece casualidad.

Además de ilegal, la operación militar del ejército colombiano es comparable a una masacre. Quien siga de vez en cuando los saldos de enfrentamientos como éste, verá que la cantidad de heridos suele multiplicar a la de muertos, y a la vez, la de prisioneros a la de heridos. Y además, lo más común es que haya bajas de los dos lados. Aquí no. Los colombianos no tuvieron ni un rasguño. No tomaron prisioneros porque la fuerza que emplearon (armas, efectivos y táctica) estaba diseñada para matar a todo el mundo sin dar oportunidad de nada. Fue una lección de brutalidad. Hubo 25 muertos. Y sólo tres heridos. O heridas: parece improbable que la casualidad haya permitido que quienes escaparon a la muerte hayan sido sólo mujeres. ¿La caballerosidad del soldado colombiano? Hay denuncias de que algunos de los muertos recibieron el tiro de gracia, y son creíbles precisamente porque resulta extraño que sólo las mujeres sobrevivieran. Es decir, fueron asesinados, y eso pudo incluir a alguno de los mexicanos.

¿A quiénes les querían dar esa lección? ¿Sólo a las FARC? ¿Al gobierno ecuatoriano? ¿A los mexicanos simpatizantes de la insurgencia colombiana? ¿Quisieron hacerles en Ecuador lo que no pueden en México?

No extrañaría. El gobierno de Álvaro Uribe, y el propio presidente, suelen actuar como matones y no como representantes democráticos. Ahora mismo están a punto de pagarle dos millones y medio de dólares a un asesino a sangre fría, al guardaespaldas que mató a otro líder guerrillero, a quien debía proteger. Dada la calaña del tipo, ya lo podemos imaginar invirtiendo el dinero de los impuestos en matar más gente, traficar drogas u otro tipo de actos criminales. El propio cinismo de su intervención bélica en un país extranjero indica el estado de su calidad moral. Y por si quedaban dudas, el ministro Santos viene a decir que los mexicanos desarmados que mataron bajo sus órdenes no eran “angelitos”: o sea que debemos aplaudirle, él puede decir quiénes se portan bien y quienes mal y deben morir.

¿Reclamó el gobierno de México a Santos por trivializar y justificar de esta forma la muerte de sus ciudadanos? No. La respuesta oficial de la Cancillería fue: “Es preocupación del gobierno federal que ciudadanos mexicanos estén relacionados con una organización como las FARC, conocida por su ilegalidad y naturaleza violenta; por ser autora de múltiples secuestros, actos de sabotaje, extorsiones y actividades de narcotráfico”. O sea, hace a los muertos culpables sin pruebas, ayuda a desvíar la atención: del acto homicida a la simpleza de que no eran “angelitos”.

¿De quién es abogado el gobierno mexicano? ¿De sus ciudadanos? ¿O del de Colombia? ¿Por qué adelanta juicios sin haber investigado? Es como un papá a cuyo hijo otro padre golpeó y que, sin haber ido a ver qué pasó, se apresura a decir: “Me preocupa que esté rompiendo ventanas”.

¿Qué quiere hacer para averiguar las circunstancias de la muerte de sus ciudadanos? La Cancillería le pidió a Colombia “que proporcione a nuestro país cualquier información derivada de las investigaciones que en relación con estos hechos se llevan a cabo”. ¡Quiere que el asesino le cuente cómo mató al niño!

Ya tendría que hacer investigaciones propias (a lo que el gobierno ecuatoriano probablemente accedería, pero México no lo ha sugerido ni por asomo) y exigirle responsabilidades a Colombia con una fuerza sólo menor a la de Ecuador. Pero ni siquiera les proporciona un respaldo eficaz a Lucía Morett, internada en un hospital de Quito, y los padres de los muertos, quienes han dicho que se han sentido mucho mejor atendidos por las autoridades ecuatorianas (el PRD mexicano, un partido de oposición, es el único que se está movilizando para repatriar los cadáveres). No investiga, permite que los colombianos espíen ilegalmente en su territorio y que maten impune y cínicamente a sus cudadanos, y además, por si faltara algo, se deja poner contra las cuerdas: Bogotá está cuestionando con firmeza a Ciudad de México por la presencia de mexicanos en Ecuador y le exige reprimir a los simpatizantes de las FARC, aún sin demostrar que están violando leyes mexicanas.

Extra: el gobierno mexicano, por pasiva y por activa, facilita una operación de linchamiento contra la UNAM: en pasiva porque su inacción diplomática ha creado el vacío en el que los medios mexicanos miran hacia el interior para denunciar a los simpatizantes de las FARC como si fueran delincuentes, y en activa porque sus órganos de seguridad han entregado información a esos mismos medios –información que no viene acompañada de prueba alguna– con la que identificaron a ciudadanos mexicanos como supuestos representantes de las FARC en México –lo cual fue negado por los señalados–.

Es patético el escenario diplomático. Las cumbres de la OEA y del Grupo de Rio permitieron que Colombia se saliera con la suya, apenas con un llamado de atención, sin condena explícita, y con una declaración de Uribe en la que afirmó que se siente con derecho a intervenir en cualquier país en persecución de las FARC, en otro despliegue de cinismo y bravuconería. Esto recuerda a la “ley de invasión de La Haya”, con la que Estados Unidos anuncia que atacará a las naciones que pretendan juzgar a estadounidenses.

Pero es más patética la actitud del gobierno mexicano. Tiene razón al preocuparse por la posibilidad de que sus ciudadanos se enreden en acciones ilegales, sobre todo contra otro país. Pero antes tiene que investigar si eso es cierto. Y todavía antes de investigar y declarar cualquier cosa por el estilo, tiene que protegerlos y, en este caso, asegurar que se juzgue a quienes los mataron, empezando por quienes dieron las órdenes. ¿Acaso cree que Uribe y su ministro Santos sí son “angelitos”? ¿Está dispuesto a desproteger a sus ciudadanos porque un gorila colombiano dice que no son “angelitos”? ¿Para qué tenemos gobierno, entonces? ¿Para qué le pagamos al “chico súper poderoso”, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño? ¿Para que haga negocios familiares con Pemex? ¿Y a los secretarios de Exteriores, Defensa, Seguridad Pública y al procurador general?

Bueno, para ser más concreto: Si no le interesa representar a sus ciudadanos, ¿para qué quería Felipe Calderón ser presidente?

ACLARACIÓN NECESARIA: Considero que los dirigentes de las FARC son criminales peligrosos. Pero lo importante en esta nota no es ese grupo, sino las víctimas del ataque.

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¿Guerra en la Gran Colombia?

Posted on 6 marzo, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

“Señor ministro de Defensa, envíe 10 batallones a la frontera con Colombia de inmediato. Batallones de tanques, la aviación militar que se despliegue”. Una de las cosas que molesta de Hugo Chávez es la frivolidad con la que frecuentemente habla de asuntos serios y aun graves. Así, en un programa de televisión, con una de las cámaras enfocando un ministro que asiente con toda obediencia, y como si estuviera hablando de las fichas de plástico de un juego de mesa y no de soldados de carne y hueso que podrían morir por miles, y llevarse consigo a la población civil.

Si excusamos las formas, hay que decir que su acción tiene sentido. Porque lo que es inexcusable es la decisión premeditada del gobierno de Álvaro Uribe de invadir el territorio del vecino Ecuador para realizar un acto de guerra, y además mentir reiteradamente y con todo el cinismo. Uribe dijo que sus fuerzas habían sido atacadas por los guerrilleros de las FARC y que sólo habían respondido al fuego sin entrar en Ecuador, mientras que en realidad penetraron en él de manera deliberada, prepararon un ataque sorpresa contra el campamento guerrillero y aniquilaron a casi todos los que estaban allí, durmiendo. Siguiendo la táctica de que la mejor defensa es el ataque, Uribe no sólo no aceptó que había violado flagrantemente principios internacionales elementales, sino que se sacó cartas de debajo de la manga para acusar a los gobiernos de Venezuela y del agredido Ecuador de estar confabulados con las FARC, e incluso montó el espectáculo de anunciar una demanda contra Chávez por eso mismo.

¿Qué fueron a hacer las tropas de Uribe a Ecuador? Eliminaron al número dos de la guerrilla. Lo cual sería un objetivo militar natural si no supiera todo el mundo que ese personaje estaba encargado de negociar la liberación de más rehenes en poder de las FARC (una organización cuyos postulados políticos han sido desdibujados por su relación con el narco y su imperdonable práctica del secuestro de inocentes, ha caído de insurgente a criminal). El hecho de que estuviera en contactos con el gobierno ecuatoriano, para el propósito de negociar dicha liberación, fue usado abusivamente por Uribe como supuesta evidencia de la confabulación. Más aún, según las FARC, ese dirigente estaba a punto de reunirse con el presidente francés, Nicolás Sarkozy, para anunciar la liberación de Ingrid Betancourt, la legisladora colombiana enferma por quien se ha creado una campaña internacional. Y además, de acuerdo con una versión atribuida a fuentes de inteligencia por la radio colombiana, el líder fue localizado gracias a una llamada de Chávez motivada por el éxito de la liberación anterior, que no le dio ninguna alegría a Uribe, pero sí a los familiares y el pueblo colombiano.

Hace mucho tiempo que Uribe perdió la iniciativa política. Los colombianos dejaron de verlo a él para mirar a Chávez, en primer lugar, y a Sarkozy como quienes sí pueden obtener avances en el tema de los secuestrados. En dos años, además, hay elecciones presidenciales para las que Uribe no se debería presentar (va en su segundo mandato), pero un buen golpe a la guerrilla podría justificar que sus lambiscones le rueguen que se “sacrifique” por el pueblo. La respuesta venezolana y ecuatoriana ha sorprendido a muchos y, parece, al mismo Uribe. Pero uno se pregunta: ¿vale la pena para Uribe generar una crisis internacional, aunque no imaginara que alcanzaría este nivel, con tal de recuperar la iniciativa? Yo no estoy tan convencido.

Y menos Chávez y Correa, el presidente ecuatoriano. El tamaño de su reacción hace pensar que creen que el objetivo no era destruir un campamento, matar a un importante líder guerrillero ni descarrilar las pláticas para liberar a los rehenes, sino provocar una desestabilización política en Ecuador, y que podría repetirse en Venezuela, con intenciones parecidas. Con el respaldo, of course, de Washington. George Bush es el único líder del continente que no ha mostrado su alarma por la violación a la soberanía ecuatoriana y que de inmediato dio su respaldo incondicional a Uribe. En 2002, cuando un golpe de Estado fracasó en su intento de romper el orden democrático venezolano, la embajada estadounidense estuvo involucrada en la planeación y Bush apoyó a los golpistas mientras el resto de los gobernantes americanos lo condenaban. No hay duda, por mi parte, de que este ataque contó con el conocimiento de la Casa Blanca, la misma que destina miles de millones de dólares anuales en asistencia militar a Colombia y que mantiene ahí personal y aviones de sus fuerzas armadas.

El ejército colombiano, mayor y bien fogueado en décadas de guerra civil, es claramente superior al ecuatoriano. La lógica del movimiento de Chávez y Correa es presentar dos frentes potenciales al colombiano, que además tiene que enfrentar a guerrilleros y narcotraficantes en el interior. Pero se trata de presionar, no de ir a la guerra. A lo largo de diez años de bravuconadas, Chávez ha demostrado que ladra más que muerde. Y Uribe no se lo puede permitir, contra dos enemigos y con el país revuelto. Obviamente a nadie le conviene irse a las manos.

Lo que sigue preocupando es: ¿Qué tipo de objetivos de fondo tenía la operación contra el campamento de las FARC, tan importantes como para arriesgar esta crisis? Me parece improbable que fuera tan solo acabar con las negociaciones sobre los secuestrados. ¿Por qué actuaron de manera tan burda? ¿En verdad han decidido desestabilizar al gobierno de Ecuador (y acaso al de Venezuela también)? ¿Le hace falta a Bush inventarse una crisis en el patio trasero para distraer de sus fracasos en Medio Oriente, ahora que vienen sus últimas elecciones?

Recitaba el personaje argentino Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean los devoran los de ajuera”. Entre las naciones latinoamericanas que se proclaman hermanas, Venezuela, Colombia y Ecuador lo son más porque juntas eran la patria de Bolívar, la nación que él creó, la Gran Colombia. A veces, sin embargo, el odio entre hermanos es el peor de todos. Y alguno de ellos puede venir asociado con los de “ajuera”.

Aunque Chávez y Correa no quieran la guerra, ni Uribe tampoco, entre insultos y manotazos los niños se tropiezan. Muchas guerras comenzaron por imprudencias y errores. Diez batallones de tanques en el cuartel no representan el mismo peligro de equivocarse que diez batallones en la línea fronteriza y frente al enemigo. Nada más estúpido que colombianos, venezolanos y ecuatorianos matándose entre sí. No es, sin duda, lo que hubiera deseado Bolívar. Pero tampoco quiso que la Gran Colombia se dividiera en estos mismos tres países, y ya ven lo que pasó.

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Exxon vs Chávez

Posted on 26 febrero, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

La “maldición de los recursos” o “paradoja de la abundancia” explica el extraño fenómeno de que muchos países que son ricos en recursos naturales tienden a tener menor crecimiento que otros países similares que son pobres en recursos. Entre 1965 y 1988, por ejemplo, el producto interno bruto per capita en los países miembros de la OPEP decreció en 1.3%, mientras que el promedio del resto del Tercer Mundo fue de un crecimiento de 2.2%. El problema es que la disponibilidad de tales riquezas suele generar un conjunto de efectos que termina por provocar pobreza y conflictos sociales. Para efectos de este artículo, sólo mencionaré dos.

Bajos impuestos y mala democracia: El control de las riquezas le da al gobierno una fuente de ingresos que: a) le permite no depender de los impuestos de los ciudadanos, por lo que los impuestos son bajos; b) los ciudadanos tienen poca influencia en el gobierno porque pagan pocos impuestos y el gobierno se torna autoritario; c) el gobierno tiene, además, recursos para dilapidar y comprar personas y grupos sociales; d) los ciudadanos y las empresas se acostumbran a pagar bajos impuestos y a evadirlos (como hemos visto con la reacción que generó en México –un país con tasas tributarias bajas y alta evasión– la decisión de crear un nuevo impuesto, motivada por la drástica caída de sus reservas petroleras).

Daño a la moneda y a la competitividad: grandes flujos de divisa extranjera (dólar) sobrevalúan la moneda; esto hace que otras exportaciones pierdan competitividad; los productos nacionales se vuelven muy caros y aumentan las importaciones; las industrias locales pierden mercados y muchas desaparecen; al gobierno no le importa, porque sus ingresos parecen garantizados; en general, la nación confía en que la abundancia del recurso natural es una garantía de por vida; hasta que la situación cambia y la economía en general se desploma. Esto le ocurrió a América Latina en los años ochenta y causó las tremendas crisis que bien conocemos.

Esto es precisamente lo que está pasando en Venezuela, un país que depende del petróleo, como sabemos. Durante los 80, con la crisis, en México se abrió un intenso debate sobre la despetrolización de la economía, o sea, generar actividades alternativas que eliminen la dependencia de un solo recurso. Esto condujo a que el peso del petróleo en las exportaciones bajara del 61.6% que representaba en 1980 al 7.3% de 2000 (aunque los ingresos fiscales siguen siendo petroleros en un 40%). Los gobiernos venezolanos nunca se han preocupado por despetrolizar su economía. El petróleo representa el 80% de sus exportaciones. Las industrias venezolanas son insignificantes. Los venezolanos están demasiado acomodados a la situación y pagan medio dólar por litro de gasolina. Un académico de la Universidad Central con el que hablé descartó de plano que la gallina de los huevos de oro se les pudiera enfermar y no cree que sea necesario hacer nada para darle alternativas a la economía. Creo que ésa es la opinión general. Como lo era en México en los 70.

Chávez tampoco va a hacer nada por la economía. En lugar de eso, la sigue estrangulando con controles de precios que revientan a los productores y generan escasez. Y mete a la gallina en problemas con una mala gestión del recurso (la deuda de Petróleos de Venezuela -PDVSA- aumentó cuatro veces durante su gestión, mientras que las políticas de la compañía abaratan precios a cambio de pronto pago –hace falta cash) y expropiaciones mal hechas. Tanto que ExxonMobil, a la que se le quitó importantes concesiones, obtuvo recientemente la congelación de 12 mil millones de dólares de PDVSA. El gobierno afirma que está bombeando 3 millones de barriles diarios, pero la OPEP dice que son 2.5 millones, mientras el consumo energético de los venezolanos aumenta.

Desde mi punto de vista, no es sólo Chávez el que tendría que darse cuenta de la manera de poner en peligro el recurso básico de su país y de la necesidad de crear un sector económico no petrolero. También los venezolanos que lo votan. Y los que no, además, porque él sólo está continuando lo que quienes están ahora en la oposición hicieron cuando tenían el poder. La gran oferta de campaña del último candidato único opositor, Manuel Rosales, en 2006, fue darles a los venezolanos una tarjeta de débito que se llenaría mensualmente con recursos provenientes de la venta de petróleo. (Y aún así acusan a Chávez de populista.) Ya veríamos cómo convencerían entonces a la gente de que hay que trabajar.

Lo que sí está haciendo Chávez de manera diferente es violar los acuerdos con las compañías extranjeras y lanzar amenazas estúpidas de que va a dejar de venderle a Estados Unidos (¿cuántas veces lo ha dicho ya?; si pudiera hacerlo, lo habría hecho, pero sabe que eso es estrangular a la gallina y perder el poder). Si algo le demostró el referéndum que perdió, es que hay límites y hay formas, ya no puede hacer y deshacer con el desparpajo y la agresividad con que actuaba antes. Y ahora, con la congelación de esos 12 mil millones, ya está viendo que tiene que irse con más cuidado. Por muchos votos que se tenga, uno no puede estarse saltando las leyes así como así. Supongo que algo aprenderá.

Pero aquí vamos a la segunda parte de este artículo: ¿quién es la pobre víctima?

ExxonMobil, la compañía petrolera más grande del mundo (400 mil millones de dólares en ventas en 2007) y también una de las empresas más brutales y deshonestas que hay. Fue formada en 1999 por la fusión de Mobil y Exxon, que a su vez son herederas de la Standard Oil, una compañía que fue dividida por un juez hace un siglo, como resultado de sus abusos. O sea, ni cambiaron ni aprendieron.

Las prácticas nefastas de estas compañías no han cesado jamás. Pero vamos a dar unos pocos ejemplos recientes de la empresa fusionada.

Está asociada con varios de los regímenes más sangrientos del mundo. De poco sirve lo que hace Occidente para promover la democracia y los derechos humanos si permite que sus grandes compañías financien a los dictadores y a los torturadores. En Nigeria, financia al ejército y a los grupos paramilitares que masacran a los pobladores del Delta del Níger. En Guinea Ecuatorial, el temible asesino y caníbal Teodoro Obiang se embolsa los ingresos de las concesiones que da a ExxonMobil y otras empresas y lo que sobra lo usa para reprimir a su gente. La revista Forbes expuso cómo dio cientos de millones de dólares al corrupto presidente angoleño José Eduardo dos Santos. En Asia Central también va por ahí y dio sobornos millonarios al dictador de Kazajstán. En Irak, por supuesto, ExxonMobil fue uno de los cabilderos más activos para promover la invasión y así apoderarse de una parte del petróleo iraquí. Desde 2001, esta empresa está en juicio en EU acusada de complicidad en violaciones de derechos humanos (tortura, asesinato y abuso sexual) cometidos por el ejército indonesia contra la población de Aceh (la región que sería después devastada por el tsunami de 2004). Entre muchas otras perlas por el estilo.

En cuanto al calentamiento global, mientras otras firmas por lo menos hacen relaciones públicas para demostrar su preocupación por el problema, ExxonMobil ha donado millones de dólares a organizaciones dedicadas a financiar la negación del asunto. En Estados Unidos, durante casi todo el gobierno de Bush, la gente que ha tratado de generar conciencia sobre el impacto humano en el cambio climático fue ridiculizada y marginada por gente como la que pagó ExxonMobil, hasta que la razón por fin se impuso. Pero todos ésos son años perdidos.

Otra de las gracias de esta empresa tiene que ver con la ecología. Por ejemplo, el terrible accidente del buque-tanque Exxon Valdez en 1989, que derramó 11 millones de galones de combustible (el mayor derrame del mundo) en Alaska y por lo que ExxonMobil todavía se niega a pagar compensaciones.

En fin. Son sólo algunos ejemplos. Por supuesto, dado el enorme cinismo con que se maneja, no debe sorprendernos que ExxonMobil se haga la víctima en su pleito con Chávez. Y probablemente tenga una base legal sólida para su demanda. Lo curioso es que, una vez más, quienes se quejan por haber padecido los abusos de Chávez son nada menos que los pandilleros del barrio: ExxonMobil, todos sus directores actuales y los pasados tendrían que ser llevados a juicio por una larga lista de violaciones; RCTV, la televisora venezolana a la que Chávez sacó del aire, fue cómplice activa de un intento de golpe de Estado que costó vidas humanas y que habría tenido consecuencias mucho más graves si no hubiera sido detenido; mientras que el presidente colombiano Álvaro Uribe, que acusa a Chávez de ser amigo de la guerrilla, promovió un proceso de paz con los grupos paramilitares que han dejado a miles de torturadores y asesinos impunes, que estaban asociados a gente cercana a él y que posiblemente tenían vínculos con él mismo.

No podemos dejar de señalar que Chávez se pasa de la raya. Pero tampoco que sigue contando con una legitimidad democrática, mientras que RCTV y ExxonMobil carecen de la legitimidad ética a la que se aspira en democracia. O Chávez sabe escoger a sus enemigos o los pandilleros en verdad le tienen ganas a Chávez.

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La paz en Colombia: un anhelo, muchos caminos

Posted on 21 febrero, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , |

Domingo Medina / Caracas

El ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Kouchner Bernard, se encuentra de visita por tierras colombianas y venezolanas. Su objetivo es insistir en la necesidad de de una solución humanitaria en el tema de la liberación de los rehenes en manos de las FARC, contando siempre ‘con la importante mediación del presidente Chávez y la senadora colombiana, Piedad Córdoba’, según ha dicho, insistiendo en la posición francesa de considerar a Chávez y Córdova como actores de primer orden para alcanzar una solución al conflicto colombiano.

Lo mismo piensan las FARC, que hace varias semanas anunciaron la liberación de otros tres secuestrados. Claro, siempre y cuando intervengan Chávez y Córdova. Ese proceso de liberación, según ha anunciado el presidente venezolano, se desarrolla “sin prisa, pero sin pausa”.

Luego de la liberación de Clara Rojas y Consuelo González el presidente Chávez pidió que a las FARC se las sacaran de las listas de organizaciones terroristas y se le reconociera estatus de beligerancia. En su opinión, ello contribuiría grandemente a la negociación de la paz. La petición no fue secundada por ningún otro gobierno, si bien el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha declarado que su país nunca ha considerado a las FARC como grupo terrorista. Es de esperar, entonces, que una vez finalizada la liberación de los otros tres secuestrados Chávez insista en su tesis.

Por supuesto, también es de suponer que el gobierno colombiano rechace nuevamente la petición. Entre otras cosas, porque hacerlo implicaría ceñirse a los tratados que rigen los conflictos armados, tanto internacionales como internos. El Derecho Internacional Humanitario (DIH) establece que la calidad de beligerante se reconoce a ejércitos, milicias y cuerpos de voluntarios que: 1) tengan a la cabeza una persona responsable por sus subalternos; 2) tengan una señal como distintivo fijo y reconocible a distancia; 3) lleven las armas ostensiblemente; y 4) se sujeten en sus operaciones a las leyes y costumbres de la guerra.

Es decir, el reconocimiento del estatus de beligerancia a las FARC obligaría al Estado colombiano a sujetarse a las normas del DIH, que entre otras cosas regula lo relativo al trato que se debe dar a los prisioneros de guerra, a los heridos y enfermos, los medios de hacer daño al enemigo, y las condiciones para la negociación de armisticios y/o acuerdos de paz. Y es allí donde Colombia no quiere llegar.

Por supuesto, el reconocimiento de beligerancia a un grupo implica que dicho grupo es sujeto de derecho internacional y podría entablar relaciones digamos semidiplomáticas con los gobiernos que lo reconozcan. Muchos analistas han insistido en que ese grupo –las FARC, por ejemplo- debe controlar parte del territorio y ejercer autoridad en él. Ser una especie de gobierno de facto sobre una parte del territorio. Sin embargo, no es lo que señala el DIH, al menos expresamente; lo que si establece el DIH es que el grupo armado ejerza control sobre una parte del territorio de manera que le permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas.

Otro camino es la Ley 782 de 2002, “por medio de la cual se prorroga la vigencia de la Ley 418 de 1997,  prorrogada y modificada por la Ley 548 de 1999 y que contiene, según su artículo 2º, “disposiciones para facilitar el diálogo y la suscripción de acuerdos con grupos armados organizados al margen de la ley para su desmovilización, reconciliación entre los colombianos y la convivencia pacífica”. Esta ley le otorga al presidente de Colombia la dirección de todo proceso de paz.

Los dos caminos –el reconocimiento de beligerancia a las FARC y la Ley 782 de 2002- son opciones muy válidas para buscar la paz. Las FARC apuestan por una y el Estado colombiano por otra porque en ambos casos hay mayores garantías para ellos. La ley, como se he mencionado, le otorga al presidente la dirección del proceso, de la cual no gozaría si se viese envuelto en una negociación producto del reconocimiento de la beligerancia de las FARC. Esto último implicaría una participación internacional que Colombia, según ha demostrado, no está dispuesta a tolerar más allá de una facilitación.

Claro que también queda el camino militar, pero salvo algunos furibundos defensores de esta postura en el seno del ejército y el gobierno colombiano –incluyendo al presidente-, no es una opción muy bien valorada ni garantiza resultados a corto plazo, aparte de dejar un saldo de devastación y muerte que nadie podría desear.

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El duro pulso por la paz en Colombia

Posted on 11 enero, 2008. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , , |

Domingo Medina / Caracas

Finalmente Clara Rojas y Consuelo González se encuentran libres, después de haber pasado más de cinco años en poder de las FARC. Se dice rápido, pero todo ese tiempo en la selva colombiana de seguro no es nada fácil. Su liberación se produce gracias a una “agitada mediación” del presidente venezolano Hugo Chávez y la senadora colombiana Piedad Córdova, tal como reseña la revista Semana (Colombia).

La operación de rescate iniciada a finales del año pasado rindió sus frutos a pesar de dos intensas semanas en las que incluso se temió que fracasara definitivamente. De hecho, no fueron pocos los medios, venezolanos, colombianos y también de otros lados, que se apresuraron a calificar como un fracaso la operación luego de que el gobierno colombiano planteara la hipótesis, confirmada más tarde, de que las FARC no tenían en su poder al niño Emmanuel.  Sin embargo, los tres se encuentran hoy en plena libertad.

El desarrollo de la operación y este desenlace tiene varios aspectos que conviene analizar. Veamos:

Con la presentación de la operación y la conformación de una comisión internacional, el presidente Hugo Chávez intentó arrinconar a Uribe y obligarlo a aceptar no sólo la misión humanitaria de rescate de los secuestrados, sino para iniciar las gestiones para la negociación de un acuerdo con las FARC. La presencia de los delegados y el compromiso de los distintos gobiernos parecían darle solidez a esta posición, ejerciendo una fuerte presión internacional sobre el gobierno colombiano, por un lado, y fungiendo como observadores y garantes de ese eventual acuerdo.

La estrategia de Uribe, que deja muy bien parados a sus servicios de inteligencia, sin duda demuestra que las cosas no son tan fáciles. El gobierno colombiano ha demostrado que el tema de la guerrilla se lo toma muy en serio y que en su lucha –tanto en el plano militar como en el político- no lo van a agarrar descuidado. De hecho, la primera impresión –al mismo tiempo que los grandes medios señalaban el “fracaso” de la operación de rescate- fue que el gobierno colombiano había salido más que fortalecido.

Así lo entendieron en el seno del mismo gobierno. Los primeros anuncios de los voceros más calificados –el canciller, el comisionado para la paz y el ministro de la defensa- señalaban que el gobierno colombiano no toleraría más intervenciones internacionales –mensaje dirigido especialmente al presidente venezolano-, que se incrementarían los operativos militares y que de ninguna manera se permitirían entregas clandestinas (como se pensó que podía ocurrir con Clara Rojas y Consuelo González después de las declaraciones de Uribe el 31 de diciembre pasado).

Las posiciones se fueron moderando y haciendo concesiones cada uno de los actores involucrados finalmente se pudo concretar la liberación de las secuestradas: las FARC reconocieron que el niño que estaba en poder del gobierno era Emmanuel –aunque avanzaron la “hipótesis” de que le gobierno colombiano lo había secuestrado- e insistieron en la entrega de las otras dos rehenes; el gobierno colombiano permitió el ingreso de los helicópteros venezolanos y la misión humanitaria encabezada por el ministro venezolano Ramón Rodríguez Chacín, el embajador de Cuba en Venezuela, Germán Sánchez Otero, y los delgados del CICR, y cesó sus operaciones militares en el área en la que se iba a concretar la entrega; y gobierno venezolano cumplió las condiciones de confidencialidad, prudencia y respeto que solicitó el gobierno colombiano.

Como se ha dicho muchas veces, este quizás sea el primer paso para alcanzar un acuerdo duradero. Insistimos en que no es fácil, pero tampoco imposible. Vale la pena citar aquí unas palabras del ministro venezolano Rodríguez Chacín:

“Vendrán otras liberaciones que son canjes, canje quiere decir intercambio, también saldrán guerrilleros que se encuentran cautivos en las cárceles como presos políticos y saldrán presos políticos también que estén cautivos por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia”.

Quizás es muy temprano para hacer interpretaciones, pero podríamos especular en varios sentidos: 1) el ministro posee información de que las FARC van a proceder a liberar a otros rehenes, especialmente si se considera que su credibilidad ha quedado en duda por lo del niño; 2) podría estar insinuando el ministro que el gobierno colombiano estaría dispuesto a negociar el acuerdo humanitario siempre que se cumpla con las condiciones de confidencialidad, prudencia y respeto; 3) también podría estar insinuando que las FARC y el gobierno venezolano, pese a que la operación no se llevó tal como inicialmente fue planeada, tienen fuerza suficiente como para imponer al gobierno de Uribe esos canjes.

Como dije antes, es muy pronto para hacer interpretaciones. Los próximos días tendremos un panorama un poco más claro y veremos cómo y hacia dónde se puede avanzar en la solución del conflicto colombiano 

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Operación transparencia: la vuelta a la senda de la paz en Colombia

Posted on 27 diciembre, 2007. Filed under: Domingo Medina -Caracas | Etiquetas: , , , |

Domingo Medina / Caracas

Para el momento en que este post sea leído probablemente ya se encuentren liberados los tres secuestrados que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) decidieron liberar de manera unilateral y como gesto de desagravio a la senadora colombiana Piedad Córdova y el presidente Hugo Chávez, facilitadora y mediador, respectivamente, en el abortado acuerdo humanitario que negociaban con el gobierno colombiano. Ellos son Clara Rojas, compañera de fórmula de la excandidata Ingrid Betancourt (quien permanece en poder de las FARC), su hijo Enmanuel (nacido durante el cautiverio e hijo de un guerrillero) y la excongresista Consuelo González de Perdomo.

Los familiares de los secuestrados, como era de esperar, han reaccionado con mucha alegría, como también lo ha hecho, por demás, toda la sociedad colombiana. Por supuesto, también hay mucha cautela por lo que esto significa, especialmente luego de que el presidente Uribe diera por finalizadas las gestiones de Córdova y Chávez hace apenas un mes. Este gesto unilateral –y esto es bueno recalcarlo: UNILATERAL- de las FARC no significa necesariamente que se retomen las negociaciones para alcanzar el acuerdo humanitario (canje de rehenes en poder de las FARC por guerrilleros presos) ni mucho menos que la paz en Colombia esté a la vuelta de la esquina. Pero es un paso gigantesco.

La logística para hacer posible la entrega ha incluido algunos elementos que conviene no perder de vista, porque van mucho más allá de la simple logística. En primer lugar la exigencia de que Consuelo de Perdomo, Clara Rojas y su hijo Enmanuel sean entregados al presidente Chávez o quien él designara, es decir, al gobierno de Venezuela. La lectura es sencilla: las FARC consideran que la mediación del gobierno venezolano es necesaria para alcanzar el acuerdo humanitario; las FARC parecieran estar diciendo que sólo volverán a la mesa de negociación si Chávez sigue ejerciendo su rol de mediador. Juzgan ellos, probablemente, que las gestiones del presidente venezolano había alcanzado algunos avances para el momento en que Uribe decidió que las mismas cesaran.

En segundo lugar, el plan presentado por Chávez ha incluido la presencia de comisionados de gobiernos de otros seis países además de Colombia y Venezuela: Cuba, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil y Francia. Es una decisión hábil y seguramente muy bien conversada con los presidentes de estos países: su presencia puede ser una garantía de que las eventuales negociaciones del acuerdo humanitario y de paz sigan adelante, aun cuando el gobierno de Colombia tenga reservas con respecto al gobierno venezolano y especialmente con respecto a Hugo Chávez. Abortar las negociaciones por la vía de acusar a Chávez de tener un proyecto expansionista y de colaboracionista con la guerrilla puede ser fácil, pero no se podría utilizar el mismo argumento para los otros casos.

Otro de los aspectos de primer orden ha sido la decisión del gobierno de Hugo Chávez de no proceder a recibir a los secuestrados en una operación clandestina. Chávez ha señalado los riesgos que para los propios secuestrados implicaría su traslado por tierra a territorio venezolano (más de 500 kms. por zonas de muy difícil tránsito y en muy duras condiciones), incluyendo los operativos militares del gobierno colombiano. La operación de rescate debía contar con la autorización expresa del gobierno colombiano, como de hecho ha sido (con la única exigencia de que las aeronaves –aviones y helicópteros de las fuerzas armadas venezolanas- lleven el emblema de la Cruz Roja Internacional). Todo esto significaba preguntarle al gobierno de Uribe por su voluntad primero para retomar las negociaciones y luego para alcanzar el acuerdo humanitario. Con su decisión de autorizar la operación del gobierno venezolano parece haber dicho que sí está dispuesto a continuar por la vía negociada.

Cómo se van a desarrollar los acontecimientos de ahora en adelante es muy difícil precisarlo con detalle. Las FARC han anunciado la liberación de un segundo grupo, entre los que estaría la excandidata Ingrid Betancourt, pero de seguro van a esperar algún movimiento del gobierno colombiano, más allá de autorizar las operaciones de rescate. Uno también podría especular que la liberación de Betancourt se producirá sólo si se consigue el compromiso firme del gobierno francés –Betancourt tiene nacionalidad francesa, por lo que tanto Chirac como Sarkozy se han interesado especialmente por su caso- de seguir cooperando para alcanzar el acuerdo.

Si Chávez y Córdova regresan a sus gestiones quizás sea un tema muy sensible, especialmente para los sectores conservadores de Colombia que ejercen una gran presión y tienen gran influencia sobre el gobierno de Colombia (sea quien sea el presidente, vale decir). Tampoco parece probable que el gobierno de los Estados Unidos –con presencia militar muy importante en el país andino con el Plan Colombia- acepte de muy buena gana la presencia de Chávez y Córdova.

Sin embargo, la liberación de los rehenes por parte de las FARC pareciera indicar (y tal vez es lo que quiere recalcar la guerrilla colombiana) que la solución al conflicto colombiano no llegará por la vía militar, sino por la vía negociada. No es un camino fácil, aunque nadie ha dicho tampoco que sea imposible.

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