Archive for 26 marzo 2009

Jiayuguan y Dunhuang: Un Caballo Celestial

Posted on 26 marzo, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Dunhuang, Gansu, China.

Hace más de dos mil años, en algún momento entre 120 y 113 antes de Cristo, un caballo excepcional, de belleza extraña y maravillosa, emergió de un pequeño lago de un solo salto y se puso a disposición de un hombre. El sitio, por sí solo ya era extraordinario: impresionantes macizos de dunas, que se elevaban 300 y 400 metros, súbitamente se abrían para permitir que esa bella laguna, llamada Wuwa, existiera. ¿Cómo era que no se dejaban mover por el viento para sepultarla y borrar toda huella?

El hombre era Bao Lizhang, un funcionario del gobierno chino que corrió la suerte de los exiliados: una falta o un error habían servido para que lo condenaran a servir en tierras salvajes, en los límites occidentales del imperio. Muchos como él, al cruzar la última puerta del fuerte del paso Jiayuguan, tras la cual se encontraba lo incierto y lo inhóspito, arrojaban entre lamentos una piedrecilla contra la pared: si no rebotaba de regreso, su viaje estaba destinado a terminar en tragedia.

Gran Muralla en Jiayuguan. Galería de fotos de Jiayuguan aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157615022967457/show/

Gran Muralla en Jiayuguan. Galería de fotos de Jiayuguan aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157615022967457/show/

 Cuando vemos el mapa de China, nos parece un territorio macizo, bien concentrado, estático por siglos. Pero en realidad, la China milenaria está en el este del país, entre Xi’an, Beijing y Hangzhou. Lo demás son conquistas: Sichuan, el sur, Manchuria. Y hacia el oeste, el Tíbet y la provincia de Xinjiang. En particular este último: al observar sus transformaciones a lo largo de la historia, ese mapa de China se ha extendido sobre los “territorios del oeste”, como eran conocidos, y los ha abandonado muchas veces, como saldo de las guerras y a la manera de un hombre que infla y desinfla una bota de vino.

El punto de comunicación entre Xinjiang y China, como la boquilla de la bota, es un largo corredor llamado Hexi, la salida más viable hacia occidente porque al sur se alza la gélida meseta del Tíbet y al norte, se extiende el infame desierto de Gobi. Una serie de oasis permitían subsistir a quienes avanzaban por el corredor. Y el punto clave, donde era más estrecho, era el paso Jiayuguan, que en los mitos chinos tiene una connotación parecida a la de Siberia en tiempos de Stalin: al régimen le urgía colonizar esas zonas para afirmar su control y para ello enviaba a sus súbditos al exilio: criminales, en principio, pero también funcionarios de bajo rango como Bao Lizhang, fugitivos, mercaderes. Su misión era convertirse en campesinos que produjeran alimentos para mantener a las guarniciones militares. Como el corredor de Hexi (hoy convertido en provincia de Gansu) semeja también una larga garganta, la expulsión era llamada kow wai o “sin la boca”, que representa la noción de que China los estaba escupiendo.

El fuerte está ahí, como nuevo. Su poderosa solidez me impresionó cuando lo vi desde la orilla opuesta de un lago congelado. Sus murallas son gruesas y uno no acaba de llegar nunca a los edificios principales, pasa una puerta y otra y otra, porque los arquitectos crearon espacios ciegos donde encerrar al enemigo cuando éste pensara que había vencido un nuevo muro. Tres altas torres permiten controlar el escenario. En la última puerta solía haber inscripciones de exiliados que lamentaban su suerte. Y a cada lado, norte y sur, salen los últimos extremos de la Gran Muralla china, destinados a bloquear el paso, forzar a los viajeros a someterse a la inspección en el fuerte y asegurarse de que nadie pretenda invadir el territorio.

Unos kilómetros más al norte, otra sección de la Gran Muralla está restaurada. La inmensa mayoría de las personas que la han visitado, lo hicieron en su parte más cercana a Beijing, junto con grupos inmensos de turistas que recorren sus anchos pasillos superiores, en donde pelotones enteros podían concentrarse para contener los ataques. Aquí, en donde termina esa obra construida y reconstruida durante siglos, es mucho más estrecha, su anchura admite a no más de dos personas juntas, y sube precipitadamente hacia las montañas. Subí y llegué exhausto a la primera cima, imaginando a los soldados que corrían arriba y abajo en el afán de contener a los invasores, que se protegían de las flechas y tropezaban unos con otros para desplomarse en caídas mortales.

El oasis de Jiayuguan termina ahí, con claridad: las tierras cultivadas a un lado, la aridez de Gobi por el otro, incapaz de admitir un arbusto, una raíz. Los restauradores colocaron aquí la réplica de una caravana de la Ruta de la Seda en tamaño real: camellos, mercaderes, servidumbre. Los hombres que deben haber sentido temor al abandonar la seguridad de China y cruzar el paso rumbo a territorios salvajes: para ellos, la Gran Muralla y el fuerte debe haberles despertado la angustia, también. Pero en el sentido inverso, tras haber superado el desierto y escapado de los nómadas, ver levantarse de entre la arena el perfil de los muros y de las torres debe haberles causado una enorme sensación de alivio y alegría, lo peor estaba por terminar.

A ocho horas en autobús desde Jiayuguan, o a semanas de viaje para las antiguas caravanas, hay otro oasis, el de Dunhuang. Este sitio es la base para visitar uno de los atractivos más importantes de China, que por la distancia no es suficientemente conocido: Mogao Ku, o cuevas de Mogao, uno de los puntos climáticos en la historia artística de la humanidad. Son llamadas también “cuevas de los mil budas”: a lo largo de mil años, entre los siglos IV y XIV, humildes monjes esculpieron, labraron o pintaron imágenes religiosas. La aridez, el frío, la resistencia budista y la suerte preservaron medio millar de cuevas del tiempo y las persecuciones imperiales (además de los rusos blancos: tras su derrota a manos de los soviéticos en la guerra civil rusa, a principios de los años 1920, muchos de ellos escaparon a china y las cuevas fueron usadas como cárcel para ellos, que destrozaron muchas obras de arte). El trabajo sostenido a lo largo de tanto tiempo dejó estatuas y pinturas con diversas influencias artísticas: greco-budistas (lo griego llegó hasta acá a raíz de que Alejandro Magno y sus tropas invadieron territorios de Asia Central, del otro lado de los grandes desiertos), chinas y mongol-lamaístas, que se mezclaron gradualmente.

Con el objeto de evitar sus deterioro, no hay iluminación artificial (ni se pueden tomar fotos) y las visitas son forzosamente guiadas. Así, a media luz, uno puede darle una ojeada a la vida en estos territorios de frontera, de reyes y ricos donantes (que financiaban a los monjes para aparecer en las escenas), grupos étnicos de todos los países centroasiáticos, mercaderes, peregrinos, bandidos, caravanas, los dos parísos del budismo mahayana, occidental y oriental, y feitian o apsaras, que son seres divinos que vuelan a lo largo del cielo budista.

Ya era marzo y las temperaturas seguían bajo cero, el arroyo cercano estaba congelado. ¿Cómo podían sobrevivir estos humildes monjes de hace mil años en túnica, que vivían en gélidas cuevas y estaban dedicados exclusivamente a multiplicar por millares las imágenes de Buda? La guía dijo que en febrero es normal estar 20 grados bajo cero.

Del otro lado de Dunhuang, fui a buscar el lago de la Luna Creciente. Me quedé maravillado desde mucho antes de llegar: al final de la carretera, se levantaban dunas gigantescas, como no había visto antes. Brillaban en el sol del atardecer, en parte doradas y en parte blancas y cegadoras, porque en la mañana había nevado y persistía la capa helada. Me subí a un camello para recorrerlas, llegué hasta la cima de una de ellas, pero era sólo la primera: otras mucho más altas se extendían hacia el horizonte.

 Dunas de Dunhuang. Galería de fotos aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157615062431247/show/

Dunas de Dunhuang. Galería de fotos aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157615062431247/show/

Después caminé hacia el lago, al lado del cual se levantan algunos edificios tradicionales. Parece una media luna, en efecto. Y alrededor, las enormes dunas. La existencia de este lago, llamado Wuwa miles de años atrás, parece efectivamente sobrenatural: ¿por qué se abren aquí las poderosas dunas, empinadas y difíciles de escalar, qué ha impedido por tanto tiempo que avance sólo un poco y lo hagan desaparecer? Invaden campos de cultivo, acaban con pueblos, cambian de forma y posición durante la noche y sorprenden a las personas en la mañana… pero el lago sigue ahí.

La tarea del exiliado Bao Lizhang era cuidar Wuwa para que los caballos salvajes pudieran beber. Un día observó a ese caballo portentoso. Para poder acercarse a él, creó una figura humana de barro que vistió con sus ropas y le colocó un lazo en las manos. Al principio, el animal receló, pero tras varias semanas se acostumbró. Cuando Bao lo estimó prudente, se colocó en lugar de la estatua, con esas ropas y el lazo, y sorprendió al caballo. Después lo domó y se lo ofreció al emperador.

Bao esperaba conseguir con esto que le quitaran el castigo y poder atravesar el fuerte del paso Jiayuguan de regreso a su hogar en China. Para asegurarse de que esto ocurrieran, planeó asociar al caballo con un evento divino y auspicioso e inventó la historia del salto fuera del lago. El emperador, que tenía una debilidad por las manifestaciones de lo sobrenatural y había bañado en regalos a un mago que no había hecho nada más que engañarlo, interpretó el cuento como un regalo de dios, un favor personal de la divinidad, y escribió una oda llamada “Canción del Caballo Celestial”. Bao Lizhang pudo volver a casa.

Wuwa, hoy lago de la Luna Creciente.

Wuwa, hoy lago de la Luna Creciente.

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¿Neocolonialismo del siglo XXI?

Posted on 25 marzo, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Recientemente los medios de comunicación han informado sobre la disposición del nuevo presidente de Madagascar, Andry Rajoelina, de dar marcha atrás al acuerdo del anterior gobierno del país con la empresa sudcoreana Daewoo Logistics Corporation y que consistía en el arrendamiento durante 99 años de 1,300,000 hectáreas, la mitad de las tierras cultivables de Madagascar, a la empresa sudcoreana. Para tener una idea del territorio aquí mencionado hay que tener en cuenta que éste representa más de 11,000 km², un poco más de la mitad de la superficie de El Salvador. Con el arrendamiento de la tierra, Daewoo Logistics Corporation quería iniciar el cultivo de maíz y de aceite de palma, entre otros, y así garantizar el abastecimiento de esos productos en unas condiciones de inestabilidad y aumento de los productos alimenticios, tanto para fines de consumo, como para la producción de biocombustibles.

Esta nueva política “neocolonialista”, que muchas organizaciones denominan de The Last Land Grab (la última apropiación de la tierra), es una práctica que va tomando cada vez más fuerza, motivada por las crisis económica y financiera, así como por el aumento de los precios de los productos alimenticios en los mercados internacionales. Pero también causada por la creciente demanda de los productos agrícolas por parte de nuevos grandes consumidores como China, Japón, Corea del Sur y países del Golfo de Arabia. Y también por empresas transnacionales, como la mencionada Daewoo Logistics Corporation, con miras a hacer inversiones en tierra en una época de crisis.

Esta política muestra muy bien la actual situación de los nuevos países ricos respecto a los más desafortunados. Mientras que los primeros tratan de asegurarse reservas de alimentos o adquisición de materias primas para la fabricación de biocombustibles mediante la compra o alquiler de tierras, los segundos tratan mediante estos acuerdos resolver algunos de sus problemas. Mas dicha práctica no está exenta de complicaciones y problemas ya que la aplicación de cultivos intensivos afecta no sólo a los agricultores o a tribus indígenas, sino también al medio ambiente debido a los pesticidas o herbicidas utilizados.

Nuevas (y viejas) economías como China, Corea del Sur, Japón, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, la India, etc., son los principales países que están adquiriendo tierras en países o regiones más pobres, a través de la compra o el alquiler. Por ejemplo, según varias fuentes (“Main basse sur les terres agricoles en pleine crise alimentaire et financière”/ http://www.grain.org/front_files/landgrab-2008-fr-annex.pdf; El País, 10 de diciembre de 2008), Corea del Sur ha adquirido 2.306.796 de hectáreas en países como Indonesia, Mongolia, Sudán y Argentina (aquí han adquirido 21.000 hectáreas). Corea del Sur es un gran importador de maíz (el tercer mayor comprador mundial) y arroz. Entre sus planes actuales se vislumbra el cultivo de arroz en Rusia.

China ha adquirido 2.090.796 de hectáreas, principalmente en Asia (Filipinas, Laos), pero especialmente en África, continente en donde se perfila como una gran potencia. En América Latina, China está presente en Cuba y México a través de Suntime International Techno-Economic Cooperation Group, la cual como empresa mixta se dedica al cultivo del arroz. El caso de China es muy ilustrativo: con un aumento de su población, con una industrialización en detrimento de la agricultura, pero que demanda enorme cantidad de productos agrícolas (arroz, soja, maíz) para abastecer su mercado interno, ha visto como salida a este problema la adquisición de tierra, especialmente en África. A cambio de ello, China ofrece a los países africanos tecnología, ayuda al desarrollo y, naturalmente, productos (textiles, calzados) de bajo costo y de muy fácil adquisición por los habitantes de allí.

Otro grupo de países que han recurrido a dicha práctica son los del Golfo de Arabia (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, etc.). Su causa es más que obvia dadas las condiciones geográficas y climatológicas con las que cuentan.

América Latina y el Caribe, así como el África subsahariana son las principales regiones en donde invertir mediante la compra o el alquiler de tierra. La causa radica en la cantidad de tierra disponible que hay. Por ejemplo, según la fuente citada anteriormente (El País, 10 de diciembre de 2008), América Latina y el Caribe cuentan con 1.066 millones de hectáreas de tierra disponible, de las cuales sólo 203 millones de hectáreas hay en producción. África subsahariana dispone de 1.031 millones de hectáreas de las cuales hay en producción sólo 228 millones de hectáreas. Al contrario, los países del sur de Asia cuentan con 220 millones de hectáreas de las cuales 207 millones de ellas hay en producción. Los países industrializados cuentan con 874 millones de hectáreas de tierra disponible de las cuales utilizan sólo 387 millones de hectáreas.

Durante mucho tiempo, desde la época de los grandes imperios como el Imperio romano hasta el Imperio soviético, pasando por el Imperio español o el británico, entre otros, la política imperial se llevaba a cabo mediante el colonialismo. A través de éste, los imperios se apoderaban de los recursos naturales, imponían sus leyes, idiomas o costumbres. Hoy día, tras la caída de los grandes imperios, sigue existiendo esa enorme brecha entre países ricos y pobres y, hoy como ayer, existen nuevas formas de relaciones entre éstos. Entre ellas, este nuevo “neocolonialismo”.

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Buda, Echame una Lengua!

Posted on 19 marzo, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Jiayuguan, Gansu, China

 

El occidente de China está mucho menos modernizado que las zonas costeras del oriente. Cuando llegué a Xining, capital de Qinghai, en el norte de la meseta tibetana, además del intenso frío, me estremeció comprobar que estaba profundamente solo, rodeado de gente: no encontré una sola persona que hablara inglés y mis habilidades con el mandarín y el tibetano estaban como la temperatura, bajo cero.

 

Esta ciudad fue mi base para ir al monasterio de Kumbum, donde pasó su infancia Tenzin Gyatso, el dalai lama (quien nació cerca de aquí). Fundado en 1560, este gran complejo de templos, edificios residenciales y administrativos es el principal centro de peregrinación fuera de Lhasa, la capital del Tíbet. Sólo habíamos otro extranjero y yo. Además de visitantes chinos urbanos, que lucían gafas de sol Armani, bolsos Louis Vuitton y abrigos de piel; de campesinos tibetanos con trajes tradicionales de ásperas lanas negras y telas ligeras de tonos vivos (en sus rostros estaban bien marcados los rasgos de la exposición al frío viento de la alta montaña, mientras que los de los citadinos parecían cuidados con cremas faciales; éstos rezaban con compostura y de pie, aquellos repetían infinitamente un procedimiento de alzar las manos con las palmas unidas, inclinar la espalda, tirarse al piso y golpearlo con las manos); y monjes, muchos jóvenes y algunos mayores, protegidos de la helada por ligeras túnicas de colores rojo oscuro y amarillo.

 

El templo principal del monasterio es más grande, su techo es completamente dorado, destaca desde que uno entra al complejo y es el más popular. Frente a él había docenas de personas. Un joven tibetano de rasgos marcados y cabello largo y negro, vestido a la usanza occidental, realizaba las exhaustivas postraciones que demanda la religión. Familias completas hacían lo mismo, incluidas preciosas niñitas de tres o cuatro años. Otros sostenían collares de cuentas, como rosarios, mientras daban interminablemente vueltas al edificio. Hacer girar cilindros de buenos auspicios divertía a grupos de escolares dirigidos por dos o tres adultos. Pero ellos se cuidaban de interrumpir a quienes estaban en oración, al contrario de los budistas Hugo Boss, que llegaban y se iban en manadas saltando entre los devotos postrados.

 

Los riachuelos y las fuentes de agua no se descongelaban, pero algunas personas se echaban en la sombra, sobre el suelo helado. Cuando vi un espacio en una pequeña banca al sol, no lo desaproveché. Me recibió el rostro amable de una mujer mayor que estaba sentada a un lado y me dijo algo. Respondí con el gesto que en China practico más o menos cien veces al día, levantar los hombros y sonreír con cara de inútil. Ella me siguió hablando hasta que un joven monje, que había estado circunnavegando el templo, también quiso buscar el calor de la luz y se acomodó en medio de nosotros. Los dos intercambiaron frases por unos minutos. Me di cuenta de que ambos tenían la misma actitud que yo, hombros levantados y sonrisa inútil… ¡no se comprendían! ¿Podría ser que la señora hablase tibetano y el chico, mandarín? ¿O uigur? ¿O manejaban dos dialectos del tibetano mutuamente ininteligibles? De algún lugar de su túnica, el monje sacó un tosco lápiz, un pedazo de papel y una campanita, y empezó a escribir algo. Se lo mostró a la mujer, hizo sonar la campanita y ella soltó una breve carcajada. Hizo otra anotación, volvió a hacer tin tin y la dama rio más fuerte. Entonces se volteó hacia mí, me enseñó sus trazos con mirada bondadosa, y agitó la campanita. Pero yo sólo pude ver caracteres chinos que se negaron a revelarme el secreto de la risa. Levanté los hombros y sonreí como inútil.

 

Al llegar a esta zona, ingresé en el reino de la incomunicación. Hay personas que son muy simpáticas y tratan de ayudarme a pesar de la barrera idiomática. Otras muestran molestia por tener que tratar con un bárbaro que no habla la lengua común. En varias ocasiones, al descubrir que no entiendo lo que dice, mi interlocutor recurre a anotar el asunto, como el nombre de un lugar o las instrucciones para llegar a un sitio. Una chica me escribió una larga pregunta. Todo en caracteres chinos. Mi primera reacción fue: ¿qué no se dan cuenta de que no entiendo mandarín? La segunda: ¿no saben que el resto del mundo no usa estos ideogramas?

Pero la escena del monje y la señora me dio la clave de algo más. Las películas chinas en la tele están subtituladas con caracteres chinos. ¿Para qué? ¿Para los sordos? En realidad, en un país de 1,300 millones de habitantes, la unidad lingüística es frágil. La televisión utiliza el dialecto mandarín que se usa en Beijing y es incomprensible en otras regiones del país, donde hay variantes muy distintas. Y existen más idiomas, como el cantonés y los de las minorías étnicas: tibetano, uigur, miao y más. Para todos los chinos, sin embargo, los ideogramas tienen un mismo significado. No son fonéticos, es decir, no representan sonidos, sino ideas (como “casa” o “sol naciente”) que se pueden pronunciar de cualquier forma (por eso suena raro llamarlo “alfabeto” o “abecedario”, que es algo propio de lenguas occidentales que tienen alfa, beta, C y D). El tibetano y el uigur tienen grafías propias, pero todos los niños aprenden a usar los ideogramas. Por eso, cuando alguien se topa con una persona que no comprende lo que se le dice, lo natural es escribírselo en chino (aunque siguen sin darse cuenta de que los demás no los usamos).

 

Por fortuna para mí y el resto de los viajeros, China ha adoptado los números arábigos. Durante la época de Mao, el gobierno trató infructuosamente de abandonar los caracteres antiguos y reemplazarlos por un alfabeto basado en el latino, el pinyin, que sólo prevaleció como forma oficial de romanización del mandarín (por eso, Beijing no es más Pekín y Guanzhou ya no es Cantón). Lo único que la gente conservó fueron los números arábigos: no sólo es más práctico hacer cuentas con esos trazos simples que con los complejos gráficos tradicionales, sino que, a fin de cuentas, esos números se adaptaban muy bien a la mentalidad china por, a fin de cuentas, también son ideogramas: en Occidente, uno ve un 4 y puede pronunciarlo como se le antoje, quattro, vier o four, pero al final todos entendemos bien qué es. Y así los visitantes podemos al menos captar cuál es el precio de las cosas o a qué hora tenemos que correr para que no nos deje el tren.

 

Yo estaba sentado ahí, con el monje, su papel y su campanita. Él seguía haciendo tilín tilín en busca de mi risa. Se la di lo mejor que pude, me sentí falso, pero él pareció darse por satisfecho. Me dio gusto descubrir la respuesta al enigma. Pero comprendí que, ante los ojos de la gente menos educada, no sólo soy un bárbaro que habla cosas sin sentido, sino un iliterato incapaz de leer la escritura común. Y me dieron ganas de sumarme a los devotos que realizaban postraciones, o de darle unas mil vueltas al templo: por esta vez, mis razonamientos no me prodigaban ningún consuelo. Mejor pedírselo al Buda.

 



 

Kumbum

FOTO: Tibetanos llevan a un pariente al templo de un bodisatva (equivalente budista de un santo).

 

***

 

Breve paréntesis político:

 

El día que me salí de Xining rumbo a la ciudad de Lanzhou, en la provincia de Gansu, y retomar la vertiente principal de la Ruta de la Seda (Xining fue un bracito de la misma, en el camino a Golmud, desde donde se seguía hacia Khotan, la vía meridional de la Ruta, por la parte sur del Taklamakan),  en la estación había tres filtros de policías que tuve que cruzar, algo que no había visto antes. Todos me pidieron mostrarles el boleto. En el último me detuvieron a pesar de que mi documento indicaba claramente que iba al norte, a Lanzhou: querían asegurarse de que no iba a tomar el tren al sur, rumbo a Golmud y luego Lhasa, capital del Tíbet.

 

Cada mes de marzo es trágico en esa región “autónoma”. El 10 de marzo de 1959, nueve años después de que China invadió el Tíbet, se produjo un alzamiento popular que terminó con una sangrienta represión. Cada vez que los tibetanos salen a las calles para protestar por aquella matanza, los atacan las autoridades, hay encarcelados, a veces muertos y así, nuevos motivos para protestar en marzo.

 

Ahora era 8 de marzo y el gobierno no quería extranjeros en Tíbet. Una amiga me escribió en Facebook que tuviera cuidado, pues estaban deteniendo periodistas allá. Los policías de la estación pusieron a un guardia que me siguió a distancia hasta que subí al tren a Lanzhou. Me despedí de él con un gesto.

 

Siento que la situación en Tíbet no tiene esperanza. Su población es de 5 millones de habitantes y enfrenta un monstruo de 1,300 millones de habitantes, que además ha convencido a todos los ciudadanos de que el Tíbet es legítimamente chino y que además ser parte de China es lo mejor que les puede pasar a los tibetanos, ya que se acabó con el sistema de servidumbre feudal. En esto tienen razón: hasta la imposición del comunismo, en Tíbet persistían formas de trabajo similares a la esclavitud. Pero lo que hace China en Tíbet no es una liberación, sino una remodelación demográfica y cultural. La línea de tren por la que los policías no querían que yo viajara, que conecta Golmud con Lhasa, fue terminada apenas en 2006, cuando yo estaba en Yangshuo, en la provincia de Guanxi. Todos los días nos bombardeaban con mensajes televisivos, presumiendo lo que fue un éxito de ingeniería casi milagroso: la primera línea que atraviesa zonas de permafrost. Y celebraban que así, finalmente, el país quedaba plena y fácilmente comunicado por tren. Organizaciones vinculadas al Tíbet hicieron notar, sin embargo, que la consecuencia demográfica de esto iba a ser una mayor migración de chinos de la etnia han, la dominante en el país (92% de la población), que eventualmente convertirán en minoría a los tibetanos. La “hanización” del Tíbet, su homogeneización cultural con el resto de China, es un pilar de la estrategia gubernamental para asegurarse de que la región no se escape más de su control político.

 

El año pasado, por estas fechas y con vistas a los Juegos Olímpicos, miles de tibetanos lanzaron motines contra habitantes de etnia han, contra sus comercios y negocios, y asesinaron a algunos. Después vino la represión. El dalai lama insiste todavía en que la violencia es la vía equivocada y sigue proponiendo su “tercer camino”, ni la independencia (que sabe bien que nunca será concedida) ni la situación actual de indefensión de los tibetanos, sino una autonomía real (y no formal) dentro de China. Para hacer relaciones públicas y quedar bien en el extranjero, Beijing hace como que se sienta a negociar con el dalai lama. Todos saben que no va a conceder nada, jamás, pues no hay ninguna presión considerable que le haga sentir que hay que hacerlo. El año pasado, varios países europeos hicieron gestos diplomáticos que indican que no quieren más problemas con China por el Tíbet y que aceptan en status quo. Los jóvenes tibetanos, por su lado, manifiestan su cansancio y convicción de que las tácticas pacifistas del dalai lama no van a llevar a ningún lado y se inclinan por acciones violentas, lo que, a todas luces, sólo va a provocar más sufrimiento para su pueblo. El propio dalai lama muestra signos de desesperación: en su discurso de este 10 de marzo, aunque repitió sus ofertas de amistad hacia Beijing, habló con amargura: dijo que los tibetanos “viven con miedo constante, y las autoridades chinas los tratan como sospechosos todo el tiempo. El pueblo tibetano es visto como criminales que merecen la pena de muerte”.

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Regreso A La Gran Chang’an

Posted on 13 marzo, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , |

Por Témoris Grecko / Chang’an

En el octavo día del primer mes del año 645, la calle del Pájaro Rojo de Chang’an estaba repleta de gente. “Todos los monasterios competían entre sí para preparar sus mejores estandartes, tapetes, sombrillas, mesas preciosas y palanquines”, dejó escrito Hui Li, el cronista del suceso. Cantaban oraciones, quemaban incienso, soplaban conchas y sonaban címbalos. La gran procesión transcurrió lentamente, con 657 grandes libros, reliquias del Buda y siete imágenes de oro, plata y sándalo. “¡Es el evento más espléndido desde la muerte del Buda!”, dijo Hui Li. Y todo en honor de un humilde monje que 18 años antes había salido clandestinamente de esa misma ciudad, capital imperial de China, en violación del edicto del emperador, para emprender en solitario el peligrosísimo viaje a India.

Leí sobre la proeza de Xuanzang cuando estaba en ese último país. El personaje me fascinó: sabio y valiente, intrépido y sosegado. Y a través de él me sedujo Chang’an, hoy llamada Xi’an, toda una Nueva York del siglo VII: aunque se había marchado de un país destrozado por la guerra civil (habían perecido dos terceras partes de la población) y en desobediencia al emperador Taizong, que acababa de tomar el trono con sangre, Xuanzang fue recibido con gloria porque el monarca quería su ayuda para conquistar las regiones del oeste. Ya no había huellas del desastre: la primera impresión del monje debe haber sido la del carácter cosmopolita de esa urbe inmensa, cuya población era de un millón de habitantes, incluida una cuarta parte de ellos que había nacido en otros reinos, algo totalmente fuera de lo común en la historia china. “Desde tiempos antiguos, siempre nos hemos amado demasiado a nosotros mismos y despreciado a los extranjeros”, declaró Taizong ante sus oficiales. “Pero yo amo a unos y a otros por igual”. Un proverbio chino dice que el océano es vasto porque ha bebido todos los ríos. El emperador tenía confianza en que la influencia exterior sólo le daría más esplendor a la cultura china.

Chang’an era el inicio de la ruta de la seda, la conexión entre Oriente y Occidente, y todo el mundo quería estar allí. “Desde cada país de Asia, tan lejos como Siria, llegaba gente”, me dijo Vera Zhang, una guía de turistas con seriedad de historiadora. 

“Todos en busca de algo: los embajadores, de alianzas; los mercaderes, de fortuna; los misioneros, de conversos; los aventureros, de fama. Muchos se marchaban con historias de la sofisticación y la opulencia de Chang’an. Pero otros eran bienvenidos al servicio del emperador, que premiaba la aptitud y la lealtad. Cuando la corte sesionaba, todos los funcionarios vestían sus trajes nacionales”.

1400 años después, la calle del Pájaro Rojo, que era un boulevard de 150 metros de ancho, se ha encogido a la mitad, flanqueada por edificios de oficinas. En esa zona, la única huella de su antigua gloria es la Puerta del Pájaro Rojo, un arco que domina anacrónicamente el flujo de coches, autobuses y bicicletas en la hora pico. Aunque tiene un ambiente atractivo: las casas tradicionales han sido convertidas en tiendas de antigüedades, restaurantes y casas de té, como si fuera un set de cine. Esta impresión se hace más fuerte porque los encargados, que son en su mayoría ancianos vestidos con chaquetas típicas o camisas tipo Mao, se sientan en taburetes y a través de sus anteojos de arillo negro se pierden en periódicos que parece que les toma todo el día leer.

El cosmopolitismo de Chang’an también se expresó en sus riquezas espirituales. Hay templos que erigieron los cristianos nestorianos y los creyentes en Zoroastro, el fascinante mercado antiguo está presidido por una gran mezquita –muchos de los vendedores son musulmanes– y no falta un par de sinagogas, me hablaron de una monja francesa en un recinto taoísta y, por supuesto, tenía que visitar la soberbia Gran Pagoda del Ganso Salvaje, erigida por orden de Taizong para albergar los tesoros que había traído Xuanzang: los grandes libros contenían sutras, las enseñanzas del Buda, que en China eran conocidas mal y de segunda mano hasta que el monje arriesgó su vida para traerlas. Curiosamente, la pagoda está en la zona de la ciudad moderna, más allá de las sólidas murallas (de una anchura que va de 15 a 18 metros y una altura de 12: ¡era imposible abrirlas en brecha!) que encerraban la urbe original. Desde la cima de la pagoda, a 64 metros de altura, se podía ver toda Xi’an, pero ya no: en los alrededores crecen grandes bloques de apartamentos como matas fuera de control. La Pagoda preside sobre un gran complejo de templos y escuelas, y en la explanada que da acceso a él, hay una estatua del bravo monje.

La vez pasada que estuve en Xi’an era septiembre. Tengo mala suerte porque ahora en marzo, como entonces, predominaban los cielos grises y el clima frío. Además, esta vez, un anciano me echó de la Gran Mezquita (construido en los tiempos de Xuanzang, en 742, es un recinto magnífico, dividido en cinco patios con pabellones y salones, que mezcla los estilos chino e islámico) porque consideró que era irrespetuoso que yo hiciera fotos durante el servicio religioso del viernes. Yo tenía especial interés en volver a visitar el barrio mahometano de Xi’an porque sus habitantes, los hui, están especialmente ligados con la Ruta de la Seda: son comerciantes y descienden de quienes vinieron hace muchos siglos en las caravanas cargadas de productos, desde las regiones musulmanas de Asia. Xi’an es, de hecho, la puerta a la China musulmana, ésa que muchos no se imaginan que existe. A partir de aquí, y hasta el Mediterráneo, estaré en tierras donde se adora a Alá. Sólo haré una pausa en el monasterio budista de Taer Si, en Xining, en la meseta tibetana.

Con una amiga alemana, Elli, fuimos al museo del “Bosque de las Estelas”: miles de lozas grabadas con textos de todo tipo, desde históricos y filosóficas hasta documentos legales e inventarios, incluidos algunos escritos de Confucio y de Xuanzang. Me impresionó que se tratara de un museo de casi 1000 años de antigüedad, fue fundado en 1087. También visitamos el Museo de Historia de Shaanxi, la provincia de Xi’an. Esperaba que fuera más grande porque esta zona es el corazón de la China antigua, Chang’an fue su capital por centurias. De todos modos, tiene piezas magníficas, muchas desenterradas en el sitio de los guerreros de terracota. Visité el recinto que los alberga hace dos años y medio: 10,000 figuras de soldados (se cree que hay más sin descubrir) y caballos de arcilla en tamaño natural, que originalmente sostenían arcos, espadas y armaduras verdaderas. El hallazgo casual de estos ejércitos de lodo, por campesinos en 1976, es calificado por algunos como el mayor hito arqueológico del siglo XX. Tienen la inusual característica de que nos permiten ver cómo eran los hombres de clase baja de la época, cómo se vestían los guerreros de a pie, qué armas usaban, cuáles eran sus rasgos físicos. Normalmente, la información que nos llega de la antigüedad proviene de las tumbas y palacios de los monarcas, nobles y grandes sacerdotes; de los pobres, sólo quedan entierros sencillos y sus cuerpos y humildes ropajes están destinados a convertirse en tierra fértil.

Sin embargo, no dejó de hacerme sentir incómodo su historia: cientos de miles de personas se vieron afectadas de una u otra forma (muertes, hambre, enfermedades) por la cobardía de un déspota enfermo, el emperador Qin Shi Hung, un gran asesino que en tiempos de Xuanzang ya era una centenaria referencia de despotismo. Él mandó a hacer los guerreros hace 2000 años porque tenía miedo de lo que le pudiera ocurrir en su paso a la otra vida y creía que las figuras de terracota lo podían proteger. Como es natural, la gente guardó grandes rencores y en la primera rebelión, apenas muerto Qin, atacaron varias de las enormes tumbas. Los que nos presentan ahora son los sobrevivientes del motín, ocres e impávidos.

Chang'an

Pagoda del Gran Ganso Salvaje

Hacer click aquí para ver más fotos de Xi’an

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NOTAS PERSONALES (POR SI A ALGUIEN LE INTERESAN)

Me senté en la sala de espera, frente a la puerta por donde pasaría al avión. Y me di cuenta, de golpe: todavía me encontraba en México, en ese espacio tan familiar de demostradoras que ofrecen tequila frente a las tiendas de duty free y voces femeninas que anuncian vuelos a Chihuahua. Pero yo ya me sentía fuera. Me dio la impresión de que, súbitamente, había vuelto a ser el de casi dos años atrás, cuando regresé de mi primera vuelta al mundo. Sólo cinco minutos antes me había despedido de mis padres, de mi hermano, de mi amiga Brisa. Pero ya estaba otra vez muy solo, dependiente de mí mismo en este salto voluntario y de cabeza hacia el océano de otros pueblos, idiomas y alfabetos desconocidos, costumbres insospechadas y oficiales de migración. Solo, con mi hogar dentro de una mochila. Y demasiado peso en libros y equipo.

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El viaje fue muy bueno, aunque duró casi 24 horas en tres vuelos y dos escalas (Los Ángeles y Beijing), y además en Xi’an tuve un aterrizaje “suave”, ideal para aclimatarme a la nueva dinámica. De L.A. a Beijing, tuve una compañera muy agradable, una china que estudia en Texas, Yezi Jin, que se preocupó porque no traigo ropa adecuada para el frío invernal de su país. Compró un chocolate a bordo para que lo pueda comer si un día tengo hambre y frío. Imbuido de misticismo chino, lo consideré como un evento auspicioso. Después, en Xi’an llegué al hostal Siete Sabios (Qixian), donde me alojé cuando vine en septiembre de 2006. La gente se acordó de mí, de México, y me mostró una pared donde hay muchas fotos, varias de ellas con mi carota. Para coronar, coincidió que Elli, una encantadora chica alemana que conocí aquí en aquellos días, está de visita e hicimos varios paseos juntos. O sea que gran inicio.

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Si orina usted en la calle, váyase de mi país

Posted on 11 marzo, 2009. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

 

Tras la publicación en este espacio del caso del traslado de detenidos portando cadenas dirigido por el sheriff de Maricopa, Arizona, Joe Arpaio, algunas personas me preguntaron si esto era legal. Aunque las condiciones en las que el sheriff opera son cuestionables y por ello enfrenta cientos de demandas, legalmente Arpaio cuenta con las facultades para detener inmigrantes sospechosos de ser indocumentados, aun cuando esta actividad corresponde al ámbito federal.

La posibilidad de que las autoridades locales en Estados Unidos detengan a personas realizando estas tareas que son de competencia exclusiva de los agentes  de inmigración, se debe a un programa establecido durante la administración de George W. Bush conocido como el 287g. El objetivo de dicho programa era dar facultades a los departamentos de policía de los condados y las ciudades para detener y llevar a juicio a inmigrantes indocumentados que estuvieran bajo sospecha de haber cometido crímenes serios.

Escudándose en esta medida, comisarios, jefes de policía, alcaldes de derecha, e incluso algunas autoridades con tendencias claramente antiinmigrantes, como es el caso de Arpaio, se dedicaron a aterrorizar a la población indocumentada, particularmente a la latina, deteniéndolos con cualquier pretexto para revisar sus documentos y con ello llevarlos a un proceso de deportación, en medio de las airadas protestas de las organizaciones activistas y de defensa de los derechos humanos.

Sin embargo la semana pasada el propio gobierno federal, a través de su Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) reconoció lo que era un secreto a voces: que el Departamento de Seguridad Interna (DHS) no ha sido capaz de vigilar la correcta aplicación del 287g, lo que ha resultado en el arresto de miles de personas por faltas menores, tales como llevar un faro del auto fundido, conducir a exceso de velocidad u orinar en la calle. Estas acciones le han costado la deportación a miles de indocumentados.

Los autores del estudio realizado por la GAO a solicitud del Congreso, contactaron a 29 de las 67 agencias gubernamentales que participan en este programa. Los resultados señalan que durante el 2008 fueron arrestados 43 mil inmigrantes indocumentados, incluyendo a 34 mil que quedaron bajo custodia de las oficinas de inmigración. De ellos, 41% enfrentó procesos legales de deportación (es decir, quedaron detenidos o libres bajo fianza, según el caso particular, mientras un juez decide su caso; algunos de los detenidos de Arpaio están en esta situación); 44% aceptó su salida voluntaria del país, y 15% fueron liberados por razones humanitarias, que incluían factores como “la naturaleza menor del crimen cometido”.

Desde enero de 2006 el 287g ha arrestado a más de 79 mil individuos sospechosos de estar en el país sin documentos. Sin embargo el reporte, aduciendo a falta de información en la recolección de los datos, no señala cuántos de ellos efectivamente habrían sido sospechosos de cometer un delito grave. De las 29 agencias entrevistadas, la mitad reportó algún tipo de preocupación por parte de los miembros de la comunidad en torno a que el programa estaría resultando en intimidación y discriminación racial.

Con la publicación del reporte y la presión realizada por los grupos activistas, existe una posibilidad de que el 287g sea suspendido de manera definitiva o al menos temporal. Esto obedecería en parte a la citada presión, pero también al contexto económico: para el gobierno federal ha llegado el momento de evaluar el costo de detener a miles de personas que en realidad no constituyen un peligro para la sociedad, sumado al de las miles de demandas reproduciéndose por todo el país.

Más de 950 agentes estatales y locales, incluidos agentes de la Patrulla de Caminos y de los departamentos de policía y del Sheriff, han sido entrenados y certificados a través de este programa en 67 jurisdicciones que incluyen los estados de Alabama, Florida, Arizona y California. Para el año fiscal en curso, el Congreso destinó 54 millones de dólares para su operación.

Por cualquiera de estas razones, o por la suma de todas, la titular del DHS, Janet Napolitano, se encuentra realizando una “exhaustiva” revisión del programa. Pero mientras eso ocurre, las escenas de acoso y discriminación racial continúan repitiéndose. Para muestra, un reciente botón del “héroe” Arpaio. 

 

 

Actualización, 12 de marzo: Ayer el Departamento de Justicia estadounidense anunció que realiza una investigación federal en contra de Arpaio. Tras el anuncio conversé por teléfono con el sheriff, quien me dijo que está tan seguro de que está haciendo las cosas bien, que tras recibir la notificación del DOJ, arrestó a otros 25 inmigrantes indocumentados. 

La nota completa se puede leer haciendo click AQUÍ.

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Berlín, la ciudad inmune a la crisis

Posted on 10 marzo, 2009. Filed under: Yaotzin Botello -Berlín | Etiquetas: , , , , |

Por Yaotzin Botello / Berlín

La otra vez fui a la Oficina de Empleo de Berlín. Me puse a buscar desempleados que hubieran dejado su trabajo por la crisis financiera. Así que me lancé a una de las oficinas de la ciudad. Llegué ahí atrás de la Friedrichstrasse, una calle conocida por sus lujosos comercios y por ser casi el único lugar por donde andan personas con traje y corbata. El resto de Berlín es muy relajado.

Atrás de esa calle está algo que parece una zona de empleo. Está el Job Center, así, en inglés, donde los berlineses solicitan sus ayudas sociales; están unas agencias que lo orientan a uno a comenzar un negocio, y está la Agentur für Arbeit, u Oficina de Empleo. Pasé primero a los primeros dos y la gente me dijo que ahí no podría encontrar personas que hayan sufrido los estragos de la crisis. Todos me señalaron la Oficina de Empleo, porque ahí se presentaban las personas que acaban de perder su empleo y las que están buscando nuevos empleos.

Adentro hay salones donde se organizan seminarios para enseñar a las personas a buscar el empleo correcto, hay libros y folletos sobre el mismo asunto, e incluso internet para checar otro tipo de bolsas de trabajo. La gente que entra ahí entra apurada y sale más apurada e incluso enojada.

Yo estaba en la puerta de la Oficina de Empleo. Ahí estuve parando a casi cada cristiano que salía. Mujer, hombre, alto, chico, apresurada, con varios folders, enojadas, en pareja, con cara de esperanza, y resignados. A esas personas les pregunté si habían perdido su empleo a causa de la crisis económica que generó la crisis financiera. Nadie. También si tenían dificultades de encontrar un nuevo trabajo por la crisis. Tampoco nadie.

Estuve un día. Regresé al siguiente. Pasé uno más y, como empleado que buscaba no ser una víctima de la crisis por no conseguir el testimonio que requería, fui un cuarto día.

Tampoco nada.

Mientras estaba en la puerta hice llamadas de teléfono a otras Oficinas de Empleo. Me entrevisté con expertos. Hablé a todos mis colegas periodistas corresponsales extranjeros. Nadie tenía un caso que presentarme. Nadie podía ayudarme. Yo estaba en crisis.

Ya en mi enfermedad, desde la cama, por correo electrónico estuve en contacto con una amabilísima chica de Fráncfort, una mujer que trabajaba para la Oficina de Empleo ahí. Y ella fue concreta: “Aquí tenemos 120 personas que buscan trabajo porque lo perdieron por la crisis. Son del área de bancos. Pero desgraciadamente no le puedo poner en contacto con ninguno”, me dijo.

Fráncfort del Meno es la ciudad de los bancos. Ahí era claro que había desempleados. Pero no tenía yo presupuesto para viajar, ni la salud o el tiempo suficientes.

¿Dónde carajos se habían metido las víctimas de la crisis en Berlín, la capital de una Alemania que sufría por la contracción económica?¿acaso las cifras de desempleados mentían? ¿la caída del PIB? ¿acaso no había crisis?

La actual tasa de desempleo de Berlín, según me explicaron los expertos, es normal. Siempre hay contratos que terminan en diciembre o enero y eso genera un aumento “natural” en las cifras de desempleo. El invierno ha sido particularmente fuerte, así que la industria de la construcción paró. Y si en algún momento se presentan problemas por la crisis económica, éstos se dejarían sentir hasta dentro de varios meses.

Y a nivel nacional, las empresas realmente afectadas por la crisis han recurrido hasta ahora a paros técnicos y a reducción de horas laborales para evitar cortar empleos.

Todavía medio enfermo salí a las calles de Berlín y hablé con gente que tenía negocios. Me encontré a un tipo que tiene una tienda de vinos. Él me dijo que su negocio va como siempre, que no tenía cancelaciones de pedidos y que, al contrario, el vino era un artículo que formaba casi parte de la canasta básica del alemán, como agua para beber. “No es un artículo de lujo, y sólo los artículos de lujo se vieron afectados ¿no? Sólo la gente con dinero”, me dijo. Después agregó que Berlín es una ciudad en una eterna crisis. Que lleva ya 50 años así y que una crisis más no podría reflejarse mucho más fuerte que las anteriores. Una guerra que destruyó la ciudad. Un gobierno comunista que la dejó sin mantenimiento. Un muro que la dividió.

Berlín es una ciudad donde hay poca industria. Los bancos no se habrían ido a Fráncfort ni los medios a Hamburgo, o Siemens a Múnich, si no hubiera existido la división del Muro. Ahora los servicios es lo principal, quedan algunos medios de información, industria de la construcción, y algo de industria química. Y artistas, muchos artistas.

“Es una ciudad pobre, pero sexy”, como dice el lema instaurado por el actual alcalde de Berlín, Klaus Wowereit. Yo le agregaría “e inmune a la crisis”.

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Democracia a la Mexicana

Posted on 6 marzo, 2009. Filed under: Mara Muñoz -Londres |

 

 

Existen mexicanos que intentan ser paladines de la democracia mundial. Aunque la heroica batalla ideológica que libran contra decisiones que afectan las libertades democráticas en países como Venezuela, los desvían de la inexistencia de la democracia en México. Sí, de la inexistencia, sostengo, pues la idea de democracia no es única, como la idea de libertad tampoco lo es. Habrá para quienes los restos del IFE, de aquel que fue constituido como emblema de una nueva ética pública en el país, y las funciones electorales y reguladoras que ejerce -de manera controvertida- sea muestra de democracia. También están los que opinan que los partidos políticos mexicanos son los pilares de nuestra democracia. Pero habemos quienes nos amparamos en el pensamiento de personajes de la democracia como Richard Tawney, para quien la democracia es un tipo de sociedad, mas allá de un sistema político. Sociedad entendida como un grupo que se forma con base en valores compartidos, e intereses protegidos de maneras diversas, a fin de garantizar la sobrevivencia de sus miembros.  La mexicana es, pues, una plutocracia con piel de democracia.

 La tensión entre igualdad y libertad es fundamental para la constitución de un estado democrático. México ha perdido lastimosamente la batalla en contra de la desigualdad: somos parte de la región mas inequitativa del planeta, y en los clubs que insertaron al país en la élite mundial, como la OECD, ocupamos el ultimo lugar en este indicador. La libertad, incluso entendida como aquella que se logra a través del mercado, es imposible con los niveles de desigualdad que existen en México. El dinero ya no sirve, los millonarios se están yendo a vivir fuera del país, la clase media alta tiene que esconder su dinero por temor a robos, secuestros, etc. Entonces, ¿cuál es el saldo de la tensión entre igualdad y libertad- valores fundamentales para la democracia?

 Saldo negativo, por el resultado de un estado que ha optado por el desarrollo de un sistema económico que no ha contribuido a abatir aquellos privilegios de pocos que oprimen a la mayoría. Saldo negativo, por utilizar a los sindicatos para pauperizar a las clases medias y precarizar las condiciones de trabajo en pos de un dogma económico inoperante en el origen de su aplicación basada en la corrupción y los intereses particulares. Saldo negativo por haber vendido la idea de democracia y aceptar que los monopolios, los sindicalistas charros, las mafias políticas y demás paguen con un cheque sin fondos. Saldo negativo, por seguir regalando el país para la explotación de recursos naturales a cambio de trabajos mal pagados para los mexicanos. Saldo negativo, por haber dejado impune cada delito cometido por las élites políticas posrevolucionarias. Saldo negativo, por utilizar la ignorancia de las personas como criterio para diseñar las estrategias de campañas electorales. Saldo negativo, por querer juzgar si existe democracia en países como Venezuela, cuando no se garantizan las necesidades e intereses mínimos de aquellos que, dicen, somos ciudadanos.

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Asia-África 2009-2010: la Ruta de la Seda, el Nilo y el Congo

Posted on 2 marzo, 2009. Filed under: Témoris Grecko |

Haz clic en el mapa para verlo con detalle

Haz clic en el mapa para verlo con detalle

La Ruta de la Seda, Oriente Medio y el Nilo hasta los Grandes Lagos del Centro de África y el Congo: este lunes 2 de marzo inicio una segunda vuelta al mundo, con duración estimada de un año.

La primera parte del viaje será seguir la Ruta de la Seda, desde Xi’an (China) hasta Estambul y Jerusalén, por tierra siempre que sea posible. Atravesaré varios de los “stans” de Asia Central que antaño pertenecieron a la Unión Soviética, después Pakistán, Afganistán, Irán y los países del Cáucaso. De Estambul regreso a Siria, Jordania, Líbano e Israel.

Durante 1800 años, la Ruta de la Seda fue la vía de comunicación más importante de la humanidad, entre China y el Mediterráneo. Aunque el nombre sugiere que lo que se movía a través de ella solamente era la seda y otros productos, de hecho se transportaban invenciones e ideas. Alejandro Magno, Gengis Khan, Ibn Batutta, Marco Polo, Xuan Zang: guerreros, monjes, mercaderes, exploradores y diplomáticos se encargaban de ello. Ciudades fascinantes que para los europeos parecían un mito, grandes sucesos militares y políticos, aventuras, romances y traiciones: éste fue el escenario fabuloso de eventos nunca bien conocidos en Occidente. Hoy, la ruta está sumamente dividida. El caos de la implosión del imperio soviético, las guerras en Afganistán e Irak, la animadversión entre vecinos, rebeliones civiles y religiosas, fronteras caóticas y mal trazadas, pésima infraestructura de transporte, una locura burocrática para obtener visas: recorrerla hoy no sólo es buscar las huellas del pasado, sino experimentar la fragmentación política y cultural del presente.

No conozco registros literarios de latinoamericanos que la hayan emprendido.

Desde ahí seguiré el Nilo hasta los Grandes Lagos, pasando por Egipto, Sudán, Etiopía, Kenia, Uganda y Ruanda. Hasta el momento, el itinerario sólo llega al Congo (RD), donde iré a las reservas de gorilas de montaña. Después, ya se verá.

Para poder estar en contacto con ustedes, estaré publicando posts sobre la aventura aquí, en Mundo Abierto. También habrá algunos otros contenidos que reuniré en mi blog personal. Y además los invito a suscribirse también al grupo que abrí en Facebook.

Por lo pronto, les dejo los audios del programa de Fernando Rivera Calderón, La Noche W, del martes 24 de febrero, donde  conversamos sobre este proyecto.

Parte uno

Parte dos

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