Archive for 29 abril 2009

La Piratería en Somalia

Posted on 29 abril, 2009. Filed under: Invitados | Etiquetas: |

Por Pedro Elizalde Monteagudo* / Barcelona, España

Los medios de comunicación de los Estados Unidos comenzaron a enfocar su atención hacia los actos de piratería de las Costas de Somalia, a partir del secuestro del capitán estadounidense Richard Phillips, en abril de 2009. Sin embargo, la comunidad internacional ya había adoptado medidas para combatir los actos de piratería en los mares frente a las costas de Somalia.

Desde el año 2005, la Organización Marítima Internacional alertó a los Estados y las Naciones Unidas sobre el problema de piratería en Somalia. El mar frente a las costas de Somalia ha sido escenario de varios actos de piratería contra embarcaciones de recreo y buques mercantes. Los buques piratas somalíes han afectado la seguridad en las rutas comerciales marítimas, dañado la economía de la región y dificultado el suministro de ayuda humanitaria destinada a millones de somalíes. Durante el año 2008 se registraron un total de 120 ataques, de los cuales 35 finalizaron en la captura de buque y/o su tripulación.

La piratería en Somalia tiene sus antecedentes en el vacío de poder presentado por Somalia en 1991. La falta de gobierno en Somalia, permitió la explotación abusiva de los recursos marítimos somalíes, por parte de barcos extranjeros. Los pescadores locales comenzaron a detener o ahuyentar a los pesqueros foráneos, con apoyo del armamento bélico procedente de las milicias locales. Las confrontaciones entre pescadores locales y buques extranjeros hicieron evidente la vulnerabilidad de los pesqueros foráneos, lo cual fue aprovechado por los atacantes somalíes para comenzar a secuestrar los buques pesqueros con el fin de negociar un rescate por ellos.

Además, Somalia ha sufrido décadas de poder autocrático, conflictos internos étnicos y religiosos, falta de desarrollo económico y la presencia de pobreza extrema. El Gobierno Federal de Transición no tiene la capacidad de gobernar en el territorio somalí, lo cual es aprovechado por los piratas para establecer sus bases en las costas de ese país y actuar libremente en las aguas colindantes. Esta vacío de gobernabilidad ha sido bautizado por la comunidad internacional como los “mares fallidos” de Somalia.

Los acontecimientos violentos suscitados en la costa de Somalia no son los únicos actos de piratería perpetrados en la actualidad. El estrecho de Malaca y los mares del sur de China han sido escenario de actos de piratería desde la década de los ochenta. Sin embargo, los Estados ribereños han implementado operaciones navales conjuntas, con el fin de prevenir y reprimir la piratería en la zona. Estas acciones militares han logrado reducir considerablemente el bandalaje en la zona.

Los piratas africanos persiguen otros fines en relación a sus antecesores, ya que no están interesados en robar la mercancía del buque, sino en negociar rescates con las empresas navieras, los consignatarios de la carga o los países interesados. Además, los piratas modernos presentan un nuevo modus operandi, en virtud de los siguientes factores: los ataques son más agresivos y violentos; los piratas utilizan armamento más sofisticado; los atacantes pueden permanecer en el buque durante días; y los pitaras cuentan con un respaldo marítimo y terrestre.

Los piratas han modificado barcos pesqueros para que sirvan como naves nodrizas. Estas naves se emplean para transportar el armamento y las lanchas rápidas hasta aguas profundas. Algunos capitanes secuestrados han señalado que existe un lapso de 15 minutos, entre el avistamiento de los atacantes y la toma y control del buque por parte de ellos.

Una vez capturado el buque, los piratas negocia el rescata a través de llamadas realizadas por teléfono satelital o por medio de mensajes de texto SMS. Posteriormente, los propietarios de los buques o países afectados realizan el pago del rescate por medio de transferencias bancarias electrónicas.

El Gobierno Federal de Transición de Somalia no puede reprimir la piratería. Por tal motivo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha aprobado varias resoluciones, por las cuales ha autorizado a los Estados afectados la utilización de buques de guerra y aeronaves militares dentro de las aguas territoriales de Somalia. Estas naves militares tienen la misión de escoltar los suministros de ayuda humanitaria, evitar más actos de piratería y confiscar el armamento o barcos utilizados por los piratas.

Las acciones del Consejo de Seguridad han sido criticadas por las organizaciones humanitas desplegadas en Somalia, ya que este organismo internacional actúo con rapidez para asegurar los intereses comerciales, dejando de lado la crisis humanitaria somalí.

Los atentados terroristas del 2001 hicieron evidente la vulnerabilidad presentada por el sistema de transporte mundial. Los Estados Unidos encabezaron los esfuerzos para la creación de un nuevo marco normativo internacional en materia de seguridad del transporte marítimo. Asimismo, el presidente estadounidense en turno, declaró la guerra contra el terrorismo, desencadenando las consecuencias ya conocidas. Actualmente, la comunidad internacional se ha concienciado de las nuevas amenazas en contra del transporte marítimo. Sin embargo, los países han concentrado sus esfuerzos en acciones militares, las cuales no solucionan el problema de fondo, el “Estado fallido” de Somalia.

* Maestro en Derecho Internacional por el Tecnológico de Monterrey. Becario MAE de la AECID.
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“La Gran Reunión” hace revivir la vieja música de Lima.

Posted on 27 abril, 2009. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , |

Por Javier Távara / Madrid, España.

Permítanme ustedes que hoy les hable de la música de Lima. Y es que andaba yo revisando las noticias en Internet y me encontré un tráiler musical que me llenó de emoción. Se trata del disco “La Gran Reunión” y es una de esas ediciones que se hacen raramente. 19 veteranos cantantes de los barrios más antiguos de Lima interpretan canciones que parecían condenadas al olvido y con ello recuperan las esencias de la música criolla, que como otras, es una música maltratada y herida por la voracidad del mercado discográfico. Pero de todas formas, pido disculpas por la publicidad gratuita.

¿Qué tengo yo que ver con esto? Les canto y les cuento:

Si la reina de España muriera
Carlos V quisiera reinar
correría la sangre española
como corren las olas del mar.

Esta vieja copla española de tiempos de las guerras carlistas y que se cantaba en el segundo tercio del siglo XIX, se perpetuó en el repertorio limeño. Los Troveros Criollos la inmortalizaron allá por los años 60 y quizá por eso fue la primera canción que aprendí a tocar con la guitarra. Andaba yo por los siete añitos y Lucho, mi hermano mayor, decidió que mi oído era lo suficientemente bueno para enseñarme acordes y ritmos. Las primeras canciones que aprendí fueron anacrónicas y graciosas composiciones del repertorio criollo:

Cuando Cristóbal Colón pasó por Lima bendita
Se encontró una jaranita que en Bajo el Puente se dio.
Dijo “tierra americana he de pisar primero
pero palabra que quiero conocer a las peruanas”
Y Cristóbal se coló en la jarana
al compás de guitarra y castañuelas
se enamoró de una morena bien de Triana
y para quedarse en Lima quemó sus tres carabelas.

Durante el Virreinato (1542 -1824) los españoles llevaron la guitarra a Lima. La inquisición prohibió a los esclavos negros que fabricaran tambores, se creía que con ellos invocaban a los demonios, así que los afroperuanos se inventaron el cajón. Con la base de estos dos instrumentos se creó la canción criolla. Las guerras con España se extendieron hasta 1866, los limeños no estaban para coplas, buscaron otras músicas y se quedaron prendados del vals y la polka centroeuropeos. Estas músicas de lejana Europa llegaron a embajadas y palacios para después saltar a los barrios de Lima. Allí los bardos comienzan a inventarles letras y nace la canción criolla. Una mezcla de cante andaluz, compás vienés, ritmo africano y melodía andina.

Con todos estos elementos, el valsesito se institucionalizó en las celebraciones familiares de los limeños de principios del siglo XX. Aquellas fiestas eran cosa seria. Se cerraba la puerta principal de la casa con dos vueltas de cerrojo y la llave se guardaba dentro de una damajuana de pisco. Hasta que no se consumiera la última gota del bendito aguardiente de uva, ninguno de los invitados podía marcharse de la fiesta… La cosa terminaba al alba con un suculento caldo de gallina mientras algunos seguían con canciones a ritmo de guitarra, cajón, castañuelas y palmas. Los músicos criollos -personajes populares en sus barrios- eran requeridos permanentemente para las celebraciones. A veces, cogían el tranvía para ir a otros barrios donde intercambiaban canciones. Cada barrio de la vieja Lima tenía su toque y su ritmo particular. El puerto de El Callao tenía también sus propias formas de interpretar esta música.

El vals criollo empieza a evolucionar cuando la radio y el cine traen otras músicas a Lima. El fox-trot, el tango, la ranchera y el bolero influencian a los compositores, al tiempo que las letras se adentran en la problemática social del país. Los compositores se hacen populares y su extenso repertorio llega hasta nuestros días con el nombre de “La Vieja Guardia”. Entre ellos destaca sobre todos Felipe Pinglo, (1899 – 1936) cuyas canciones han permanecido vivas en la memoria colectiva de los limeños. Por desgracia, la desigualdad de la sociedad peruana ha hecho que “El Plebeyo”, la canción más popular de Pinglo, mantenga su actualidad y sea cantada con fervor en las peñas criollas:

Así en duelo mortal abolengo y pasión
en silenciosa lucha condenarnos suelen a grande dolor
al ver que un querer porque plebeyo es,
delinque si pretende la enguantada mano de fina mujer
El corazón que ve destruido su ideal
reacciona y se refleja en franca rebeldía que cambia su humilde faz.
El plebeyo de ayer es el rebelde de hoy
que por doquier pregona la igualdad en el amor.

En los años cincuenta, una señora divorciada, dotada de una sensibilidad extraordinaria para inventar letras y melodías, se rodeó de músicos criollos y compuso canciones que recorrerían los países hispanohablantes. A pesar de su limitada voz, las grabaciones de María Isabel Granda y Larco (1920 -1983) dieron a la canción criolla una proyección internacional que no había tenido hasta entonces. “La flor de la canela” y “Fina Estampa” se incorporaron al repertorio mundial de los cantantes en castellano. Chabuca Granda también escribió auténticas joyas desconocidas, incluso en el Perú, como “Rosas y Azahar”:

¿Qué más he de entregar?
todo, todo te di,
en una flor de azahar,
que se murió al prender flor.
Mi amor escondido,
mi angustia, mi tristeza,
mi dimensión, mi estrella
y mi silencio herido.

Al igual que la de otros países latinoamericanos, la historia política peruana ha sufrido extensos periodos de gobiernos militares. Sin ser la peor de las muchas desgracias que traen los golpes de Estado, todavía se recuerda el penoso espectáculo de los militares exteriorizando su rol de salvadores de la patria a ritmo de música criolla. Músicos criollos y generales de juntas militares entablaron un matrimonio de conveniencia. Por si fuera poco, los instrumentos eléctricos empezaron a colarse en una música tradicionalmente acústica. La música criolla se convertiría en show que continúa hasta hoy y los éxitos de venta los graban divas como Eva Ayllón que recurren a las mezcolanzas mientras atruenan con voces sin pausas ni matices.

Por todo esto, en mis años de estudiante universitario, andaba yo mucho más interesado en las canciones de Pink Floyd, Silvio Rodríguez y Chico Buarque que en el repertorio de Pinglo y Chabuca. Poco después, en el madrileño barrio de Lavapiés, desempolvé el repertorio criollo para cantárselo a los castizos en tabernas donde los parroquianos aún se animan con guitarras. ¡Qué noches más buenas me dieron las viejas canciones de Lima!

Los años y la lejanía del Perú me hicieron ver la grandeza de la canción criolla, que ahora vuelve a sus raíces con “La Gran Reunión”. He aquí el tráiler de presentación:

El disco recupera el criollismo como una forma de vida. Se trata de un largo proyecto para el cual, los productores seleccionaron a los intérpretes en los centros sociales musicales de los viejos barrios de Lima. Allí encontraron a artistas como Sudapisco, Cabeza de Piedra o Chiquito Rodríguez. Respetados cantores que no graban discos pero que atesoran las esencias más puras de esta música. Los Guardianes de la Música Criolla, una peña de 19 cantantes entrados en años -algunos no llegaron a vivir para ver terminado el disco- dieron lo mejor de sí, interpretando al compás de virtuosas guitarras, añejas canciones que como casi siempre, hablan de amores, de desamores, de placeres y de diversiones… Pero sobre todo, hablan de sus barrios antiguos, añorando los tiempos en los que la canción criolla era lo que alegraba las fiestas en Lima. Aquí van tres pedacitos, a modo de resumen:

Por qué soy uno de ellos con gran amor les canto
¡Vivan mis Barrios Altos! Mi barrio sin par.

Barrio de Mercedarias hoy siento gran nostalgia
Al ver que ya no vienen tus grandes criollos de ayer.

Tuve artísticos afanes, pulsé la guitarra
en complicidad con ella me atrajo la farra.
Dueño de una joven voz en el barrio apreciada
fui trovador obligado de la muchachada.
Hoy que atravieso el invierno de mi edad madura
es mi anhelo retornar pues mi ilusión perdura.

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Pequeños ciudadanos de dos clases

Posted on 24 abril, 2009. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

 

Conmovedora, la imagen: los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de México, Felipe Calderón, caminaban por una alfombra roja en Los Pinos durante la visita del primero a México el pasado 16 de abril, mientras decenas de niños agitaban banderitas de ambos países y aplaudían, y saludaban al visitante.

Un poco más tarde, mientras Obama daba su discurso, se supo que los niños elegidos para presenciar la llegada del mandatario eran alumnos del Colegio Americano y del Westhill Institute, ambos en la Ciudad de México. Muchos de estos niños son nacidos en Estados Unidos o hijos de padres estadounidenses, por lo cual cuentan con esta ciudadanía. Durante el evento, los niños escucharon el Himno Nacional de Estados Unidos con la mano colocada sobre el pecho, como es la costumbre en este país.

Sin embargo otros niños, también estadounidenses, no tuvieron un sitio de honor durante la visita de Obama. Fueron aquellos que participan en el movimiento encabezado por la activista migrante Elvira Arellano, deportada en 2007, y su hijo Saúl, ciudadano estadounidense; niños y jóvenes en la misma situación, hijos de padres deportados, quienes realizaron una protesta frente a la Embajada de Estados Unidos en México mientras Obama visitaba Los Pinos. 

El grupo, conformado por integrantes de las organizaciones Familia Latina Unida sin Fronteras, Movimiento Migrante Centroamericano, y Nuestros Lazos de Sangre, entregó una carta dirigida a Obama en la cual los niños pidieron que, en nombre de la unidad familiar, cesen las redadas y las deportaciones en Estados Unidos mientras llega el momento de que el Congreso discuta una posible reforma legislativa en materia de inmigración, ofrecida por la propia Casa Blanca hace apenas unos días. 

Un reporte del Pew Hispanic Center dio a conocer a principio de este año que más de 112 mil padres de familia migrantes han sido deportados desde Estados Unidos hacia sus países de origen durante la última década, lo que ha dejado sin un padre, o sin los dos, a más de medio millón de niños estadounidenses.

De acuerdo con datos del Departamento de Seguridad Interna (DHS), 37% de estos padres de familia ya habían sido deportados alguna vez, pero habían reingresado al país ilegalmente para poder estar con sus hijos. Otro reporte, éste realizado en 2007 por The Urban Institute, indica que los niños cuyos padres han sido arrestados durante redadas en centros de trabajo, quedando abandonados en guarderías y escuelas, o al cuidado de familiares y amigos, presentan daños psicológicos y emocionales irreversibles.

El tema de los derechos de los niños nacidos en Estados Unidos a vivir en su nación en compañía de sus padres ha sido largamente debatido. En aras de mantener la unidad familiar, los grupos activistas han exigido que se instauren mecanismos que permitan a los padres indocumentados permanecer en el país, para que los niños que tienen el derecho a vivir en él por nacimiento, no queden fuera del núcleo familiar. Como respuesta, los grupos conservadores han impulsado medidas radicales en el sentido opuesto, buscando que se elimine el derecho a la ciudadanía estadounidense para los hijos de inmigrantes indocumentados nacidos en Estados Unidos.

Mientras los jaloneos políticos y legislativos siguen su curso, como lo han hecho durante años, estos chicos continúan siendo los afectados. Sus opciones son dos: o permanecer en el país que los vio nacer y crecer, el único que conocen, el que les puede brindar la estabilidad y seguridad a la cual tienen derecho, o renunciar a éste para ir a vivir al lado de sus padres en los países que los obligaron a migrar un día por la falta de oportunidades, y en los cuales, en la mayoría de las ocasiones, la situación es igual o peor que cuando decidieron abandonarlo.

Este último es el caso de la familia Arellano. Tras haber vivido durante 11 años en Chicago, y permanecido durante un año en Santuario, esto es, viviendo en un templo de esa ciudad para evitar ser detenida por los agentes de inmigración una vez girada su orden de deportación, Elvira Arellano decidió salir y fue entonces que la detuvieron. El arresto se hizo en Los Ángeles, en presencia de su hijo; Elvira fue llevada a Tijuana, en donde las cámaras de los medios mexicanos captaron la imagen de esta mujer saliendo sola, en medio de la noche y sólo con lo puesto, por la puerta trasera del país en el que dejó el trabajo de sus años productivos.

Hoy Saúl Arellano, de once años de edad, vive en Michoacán, en donde va a la escuela y trata de adaptarse a un país que lo ha acogido con cariño pero que aún le resulta extraño. Como los otros niños en su situación, Saúl no es bienvenido en las ceremonias oficiales estadounidenses, ni es invitado a agitar banderitas cuando llega Obama.

A diferencia de esos niños de los colegios para hijos de estadounidenses, si Saúl regresa a su país, no puede hacerlo con su madre. Y a diferencia de quienes aplauden a los presidentes caminando sobre alfombras rojas, lo que Saúl y los otros niños presentaron ante ambos gobiernos no fue un aplauso, sino un reclamo de que cualquier negociación entre naciones considere primero el bienestar de todos los niños con doble nacionalidad, independientemente del estatus migratorio de sus padres. Porque en las democracias, se supone, no existen ciudadanos de dos clases.

 

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Sarkozy en México : ¿Entre « Midnight Express » y « Scarface» ?

Posted on 22 abril, 2009. Filed under: Manuel Ulloa -París | Etiquetas: , |

Por Manuel Ulloa Colonia / París, Francia

La reciente visita del presidente francés a México provocó en ambos países fuertes polémicas y apasionadas coberturas en los medios de comunicación. Sin embargo, lo que llamó la atención en uno y otro lado del Atlántico no fue exactamente lo mismo, ni fue tratado desde el mismo ángulo.

Dos caminos, una mujer.
Desde luego, el affaire Florence Cassez se convirtió en un tema central de la visita oficial. Tiempo antes del viaje, diversas filtraciones en la prensa y una serie de reportajes con alto rating en la televisión gala, lograron hacer de Florence una suerte de Ingrid Betancourt bis, generando con ello la percepción de que la repatriación de Cassez representaba el principal tema a tratar de Sarkozy. Tan fue así, que nadie se enteró de ningún otro tema de la agenda. Desde la perspectiva del Eliseo, la repatriación de Cassez tenía el potencial necesario para « levantar » la imagen del presidente, venida a menos tras más de un año de conflictos sociales que por entonces tenían en las calles (y los siguen teniendo) a todos los sindicatos, a los universitarios, al sector salud y a la sociedad civil que rechaza el acoso gubernamental a los indocumentados, por citar los más sectores visibles. Un golpe como el de las enfermeras búlgaras rescatadas de « las garras de Kadhafi » no podía ser más que bienvenido en tales circunstancias.

En esos días el tema se discutía por todo París. La Feria del libro de esta ciudad había invitado a una cuarentena de escritores mexicanos y en la efervescencia de una cobertura mediática extraordinariamente volcada a temas mexicanos, no faltaban las discusiones acaloradas en los pasillos oficinas, restaurantes o bares. Invariablemente, los franceses eximían a la carísmática Florence alegando la disfuncionalidad crónica del sistema judicial mexicano (caray, ¿cómo desmentirlos ?) y la ilegalidad del montaje de García Luna-Televisa (no, pues no hay manera). Además de un vago sentimiento de solidaridad con su compatriota, cuyo caso se parecía endemoniadamente al del protagonista de la película « Midnight Express ».

Los mexicanos (aquí me incluyo) argumentábamos con nuestra suspicacia congénita a todo lo que salga de un aparato televisor, que Florence no era la encarnación de la inocencia que la tele francesa se empeñaba en presentar, que habían testimonios de sus víctimas y que siendo la novia de un secuestrador confeso, difícilmente se le puede créer que nunca supo a qué se dedicaba.

Dice Daniel Sada en el título de una de sus novelas : « Porque parece mentira, la verdad nunca se sabe ». El comentario más equilibrado que escuché por esos días fue : « Nadie, ni en Francia ni en México, sabe quién es realmente Florence Cassez ni lo hizo o dejó de hacer ». Sin embargo, la opinión pública de cada país parece haber dado su veredicto. Lo que sí se sabe, es que Genaro García Luna cometió un delito al fabricar parte de las pruebas que tienen a Cassez encerrada por 64 años y él goza de la confianza del presidente y de total impunidad.

Para Cassez se presentan dos caminos : Aceptar su culpabilidad para poder acogerse al Tratado de Estrasburgo o seguir clamando su inocencia contra todo el sistema judicial mexicano y Genaro García Luna. Florence tendrá que tomar pronto una decisión. La comisión binacional que se inventó para el caso está por dar su dictamen en estos días.

Mi casa es tu casa.
No obstante, el tema que en Francia resultó más espinozo del viaje de Sarkozy, en México apenas se mencionó en el país anfitrión. Aquí las diferentes coberturas son muy reveladoras. Me refiero a la estancia de Sarkozy en casa de Roberto Hernández. Un perfecto desconocido para los franceses, quien fue identificado por algunos diarios y cierta prensa en internet como un narcotraficante. « Merde ! » Conociendo el perfil « bling-bling » que con ahínco y esfuerzo se ha labrado Nicolas Sarkozy, de inmediato apareció en el imaginario colectivo la imagen del « Président de la République » pasándoselo bomba con Carla Bruni en una (o varias) de las terrazas de la mansión del « Scarface » local. Con base en información del periodista Al Giordano y su boletín « Narco News », los medios independientes no dejaron de fustigar la desenvoltura de Sarkozy al dejarse invitar por un narcotraficante. En México, al contrario, nada se dice sobre Hernández a este respecto, por lo que se pasea tan respetado y tan campante.

El asunto se complicó cuando el portavoz del Eliseo dijo, acosado por los periodistas, que su gobierno no había pagado un quinto por la estancia de Sarkozy y su esposa en dicha mansión (que cuesta 3,500 USD por noche) ya que fue invitado por Calderón. Para mayores informes, dirijánse al gobierno de México, concluyó. Luego en México, la oposición pregunta al gobierno porque Roberto Hernández anda prestando su casa en una visita oficial y, si la había rentado, con qué dinero se le pagó. La pelotita va y viene y nada se aclara en ningún lado.

Al final, con tanta polémica, el francés promedio retuvo dos cosas del viaje de Sarkozy a México. Por un lado, trató de rescatar a una conciudadana acusada injustamente de secuestro, por el otro, aprovecho el viaje para pasar unos días a toda madre en casa de un narco mexicano.

En Francia, obviamente, nadie le reprocha lo primero. Tuvo razón cuando dijo que « su misión es defender a los franceses en dificultad en el extranjero, sean delincuentes o no ». Dicho sea de paso, a Calderón debe haberle dado vergüenza (es un cálculo optimista) al escuchar lo anterior si recordamos su cobarde actuación en caso de Lucia Morett. Pero volviendo a Sarkozy, lo que sin duda no contribuyó a pulir su imagen fueron sus « narco-vacaciones », lo más mediatizado de su viaje en lo que tocó a su persona.

Epílogo
Franck Berton, el abogado francés de Florence Cassez amenzó, hace apenas unos días, con llevar a Genaro García Luna a la Corte Penal Internacional para que responda por el montaje mediático del que se sirvió para encerrar a su cliente. Si esto ocurre, ¿cuánto tiempo más podrá sostener Calderón a su Secretario de Seguridad Pública ?

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Semana Santa en Hungría

Posted on 19 abril, 2009. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

De sus orígenes paganos, los húngaros, un pueblo proveniente del área de los Urales, se convierten al cristianismo hace ya más de un milenio cuando en el año 1000 fue coronado su rey Esteban. Desde entonces, y con unas que otras viscisitudes, el cristianismo ha estado siempre presente en la historia de este pueblo que habita en la Cuenca de los Cárpatos. De allí que la Semana Santa sea una de las conmemoraciones religiosas que gozan de mayor prestigio. Como en la mayoría de los casos, en las generaciones más viejas se siente la devoción, mientras que en las más jóvenes, la tradición.

Sin embargo, y a pesar del origen común de esta festividad religiosa, en Hungría hay unas particularidades respecto a la Semana Santa, por razones propias o resultado de su mestizaje cultural. Por ejemplo, en Hungría la Semana Santa no es santa, sino “grande o mayor”. En húngaro, la Semana Santa (del latin Septimana Sancta) pasó a ser Nagyhét (también del latín Septimana maior). A diferencia de nuestro (en la República Dominicana) Viernes Santo de recogimiento, en Hungría el Viernes Mayor es un día laboral, siendo verdaderamente los festivos el Domingo de Pascua y el siguiente lunes.

El Domingo de Pascua (o Domingo de Resurrección) es el esperado gran día tanto por los niños como por los adultos. Ese domingo, los pequeños reciben los chocolates que trae el conejito (costumbre de origen alemán) o los huevos coloreados que trae tan querido animal. Los chocolates y los huevos se esconden en el patio (si se vive en casa con jardín), en lugares estratégicos. La finalidad es que los niños los encuentren y con ello se sientan felices. Todavía hoy muchas familias compran conejos para darle mayor colorido a esta tradición, lo que trae suficiente problemas ya que muchos parques zoológicos o casas de acogida de animales rehúsan recibirlos en plan de regalo tras finalizar la festividad. Con ello intentan concientizar a los padres, promoviendo las visitas a los parques zoológicos para que los niños vean in situ a estos animalitos. Con esta medida, los parques zoológicos promueven y contribuyen a que la gente les visite.

Los adultos también esperan con impaciencia el Domingo de Pascua. Y no por los chocolates o huevos coloreados, sino por el festín que han de darse (aunque nada comparado a la pésaj descrita por Walter). El esperado festín consiste en jamón, huevos duros y torma, un rábano picante con forma de zanahoria que para su consumo es rallado con unos días de antelación y dejado reposar para que pierda un poco su picante sabor. Aún así lo conserva. Generalmente se consumen con pan, pero hay algunos que los consumen con kalács, una especie de panettone. Alrededor de la mesa y frente a una pierna de jamón o ya éste troceado, un montón de huevos duros más la torma se sienta la familia.

El lunes siguiente es día festivo en Hungría y es cuando tiene lugar una de las tradiciones populares húngaras de la Semana Mayor: la tradición de la locsolás, que consiste en echar agua a las chicas acompañado de un verso declamado por los chicos. Según la leyenda, los judíos o los soldados que cuidaban la tumba de Cristo querían hacer callar a la mujeres que pregonaban la resurrección de Cristo arrojándole agua. La otra explicación a tal tradición, más antropológica cultural, es la del carácter de procreación y fertilidad que encierra tal acto. Naturalmente, el ingenio humano no tiene límite y ya es tradición de que al abrir la puerta la chica en cuestión se encuentre con un camión/coche de bomberos y con varios de ellos listo para cumplir su tarea con la ayuda de una manguera.

Para mí, además de todas las sensaciones arriba descritas, la Semana Mayor significa la llegada de la primavera, el renacer de los árboles y arbustos y, un poco menos religioso o tradicional, el final del semestre.

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La Pascua en Alemania o… ¿por qué el conejo esconde los huevos?

Posted on 17 abril, 2009. Filed under: Yaotzin Botello -Berlín |

Por Yaotzin Botello / Berlín

Al principio no fue el huevo.

Al menos no, en lo que a religión se refiere.

Un día de una Pascua no muy lejana, un amigo alemán me invitó a celebrar en su casa. Era la primera vez que yo celebraba una Pascua en Alemania y quería ver cuán diferente era de mi Semana Santa mexicana. Me llevó a una orilla del río que pasaba por su casa, a las afueras de Berlín. Ahí había una fogata enorme, como de unos 3 metros de altura y en su derredor gente. Algunos asaban bombones, pero la mayoría estaba más bien haciendo una especie de pic-nic, charlando o escuchando música de grabadora. Todos tomando cerveza o Glühwein, vino caliente. En realidad la actividad no era muy diferente de otras que he vivido al aire libre en Alemania.

El Fuego de Pascua empero, llamado Osterfeuer en alemán, Easter Fire en inglés, tiene una explicación romántica: quemar el invierno. La gente se pone a su derredor para calentarse y tratar de dejar el frío del invierno atrás, creer que ahora es tiempo de la época de frutos, de la creación, de la procreación. Como la fogata es grande, hecha con troncos de árbol apilados los unos con los otros, calienta varias horas. Pero entre el calor del fuego y de las cervezas, cualquiera olvida el invierno.

El fuego es pagano. La Pascua también. Ya Walter Duer lo mencionó en su post del lunes con la tradición judía, el Pésaj. Esa palabra es uno de los orígenes etimológicos de la Pascua, que se realiza por fechas semejantes. En alemán e inglés, Ostern, Easter, es porque cuando se descubrió la resurrección de Jesús fue con los primeros rayos del sol, que sale del Este. En el caso del Fuego de Pascua tiene orígenes que se remontan a la época de Bronce, cuando se organizaban fuegos en forma de ofrenda para tener comida, para tener calor, y huellas de esto se pueden ver en Dinamarca. La religión toma el fuego en el Siglo 16, algo que a la fecha se puede ver de dos formas: hoy en día hay pequeños pebeteros en las iglesias católicas que, durante la Semana Santa, dan fuego para que cada quien prenda sus velas; además, este fuego de Pascua es también el fuego de la quema de Judas. Pobre. Se hizo de mala fama. En el Evangelio de Judas se dice que Jesús le pidió el favor de traicionarlo. Eran grandes cuates.

Y en los Fuegos de Pascua alemanes también se materializa de alguna forma el Judas porque hasta arriba de la gran fogata se coloca una figurita de bruja hecha de paja, pero no siempre. Como no siempre el fuego de Pascua se hace el Sábado Santo. Antes de la Pascua de este año presencié una pequeña discusión entre alemanes que no se ponían de acuerdo cuando era el Fuego de Pascua. “En mi pueblo es sábado”, dijo uno. “En el mío desde el viernes y cada día hasta el lunes”, dijo otra. “Yo lo conozco de los domingos”, añadió otro.

Qué más da. Yo sólo pensaba en una noticia que había salido ese día. Lugar: una localidad del Estado de México. Jesús se había pegado en la cabeza en la escenificación que se hacía de la crucifixión y Judas lo suplantó. Judas fue crucificado. De nuevo, pobre Judas.

Regreso a Alemania.

La semana pasada se dio el resultado de un estudio: uno de cada cinco alemanes no tiene idea del significado litúrgico original de la Pascua (yo tampoco). Sin embargo, casi todos conocían al conejillo de Pascua (yo también. De hecho, cada vez que voy a México le llevo a mi familia conejillos de chocolate, de Pascua, pero ni se han molestado en preguntarme y yo tampoco en explicarles). Y el conejillo, sí, es el que esconde los huevos.

De acuerdo con la tradición alemana, se cree que el conejillo apareció en lo que ahora es la frontera de Francia con Alemania. Apareció como una forma de hacer felices a los niños. Un conejo pueril. Para los niños católicos la Pascua tenía el significado de volver a comer huevos, de volver a comer los productos que se habían dejado de lado durante la época de Cuaresma. Pero los niños protestantes no hacían Cuaresma y no se les podía decir así nomás que ya se podían comer huevos. Todo el tiempo los hubieron comido. Así que los protestantes, dice la tradición, inventaron que un conejillo traía huevos a las familias religiosas. El conejillo, claro, como todo un símbolo de la fertilidad.

Y hoy el huevo es en toda Alemania un símbolo de la Pascua. Se lo decora, se lo vende, se lo come, para la semana previa a la Pascua y hasta el domingo de Pascua). Los más bonitos son los que hacen los Sorbios, una minoría alemana de origen eslavo que, al parecer, heredó la artesanía de los rusos. Aquí abajo un ejemplo.

 

Huevos de Pascua de los Sorbios

Huevos de Pascua de los Sorbios

 

Pero el huevo no se podía quedar atrás. No fue lo primero pero sí recoge también una tradición milenaria. Simboliza el corazón duro que tenía el faraón egipcio, en aquella época Ramsés II, por haber tenido esclavos judíos que no quería liberar. Los soltó en una época que se conoce justamente como Pésaj, o sea, la Pascua Judía.

También es símbolo de fertilidad. Y el conejillo que viene en la época de Pascua llega y los esconde. Por si no fuera ya poco que tenemos que encontrar el símbolo de la tradición, además esconde los huevos. Es una forma de entretener más a los niños. De darles regalos por encontrarlos. Algo comercial, pues, así como hacen San Nicolás y Santa Clos (son primos), y los Reyes Magos. La verdad es que nunca he visto a niños haciendo un rally para encontrar huevos (ni tampoco a otros persiguiendo a un dulce conejillo para darle una tunda por haberlos escondido).

Y llego al final de esta paganidad con la última variación de la tradición: unos días antes de la Pascua me fui a pasear por un pueblo playero del Este de Alemania. Hacía sol y una temperatura agradable, pero no la suficiente para calentarse: en las tiendas de playa vendían chamarras y suéteres en lugar de bikinis. Así son las playas del Mar del Norte alemán. Después de comer un pescado que estaba de oferta, más por ser un pueblo playero que por ser Semana Santa, vi este árbol:

Huevos de Pascua de plástico en Usedom, playa del Este alemán.

 

Es un árbol adornado con huevos de Pascua, o que eso quieren representar, pero en realidad son huevos de plástico. El verdadero huevo de Pascua, incluso el que está bien decoradito, es uno de gallina madura y está cocido. Estos son como empaques del Kinder Sorpresa que cuelgan, vacíos, inertes, simples en los árboles y arbustos del Este alemán.

¿Será que no hay suficientes niños en el Este para que el conejillo juegue con ellos?

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Regresar las bendiciones

Posted on 15 abril, 2009. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , |

Eileen Truax/Los Ángeles

Y usted, ¿le lavaría los pies a un perfecto desconocido? De acuerdo con la tradición cristiana, Jesús le lavó los pies a sus discípulos antes de iniciar su calvario. En algunos países, sobre todo de América Latina, esta escena se reproduce durante la Semana Santa: sacerdotes en las iglesias lavan los pies de los feligreses, y de pronto algún político osado se atreve a subirse las mangas y mojarse las manos para tocar las extremidades de un votante previamente esterilizado. Mucho de eso se ha visto, y a estas alturas ya nada sorprende; hasta el viernes pasado.

Los Ángeles es la capital estadounidense de los homeless, las personas que no tienen hogar. Como alguna vez lo relaté en este blog, casi 90 mil de ellos deambulan por las calles de la ciudad abandonados, buscando comida y un lugar para dormir. Muchos van empujando carritos de supermercado en los que recogen cosas que se convierten en su patrimonio. Algunos ya son viejos y vagan porque la familia los abandonó, porque no tienen a dónde ir o por padecer algún tipo de demencia senil; también hay otros muy jóvenes, relativamente saludables, que desperdician sus años productivos caminando por la ciudad con una adicción corriendo por la sangre y con la miseria humana a cuestas. Algunos son veteranos de guerra lisiados físicamente o con algún trastorno mental producto de los meses en el campo de batalla, que no logran reincorporarse a la vida “normal”.

Uno de los barrios angelinos donde se concentran las personas en esta situación es conocido con el nombre de Skid Row. En las calles del área se ubican varios albergues para homeless, en donde durante el día reciben comida y en ocasiones alguna donación, ropa o una revisión médica. Por las noches es común verlos en las calles, hechos un ovillo en algún portal, durmiendo entre cartones.

El viernes pasado uno de estos albergues, la Misión de Los Ángeles, organizó un evento de Semana Santa para los homeless: las personas podían pasar a recibir un plato con comida caliente y obsequios, como un par de zapatos. La fila de gente esperando por la comida daba la vuelta a la esquina, y así descubrí una carpa en donde se daba otro servicio: el lavado de pies.

Frente a una línea de sillas, enfermeras y jóvenes voluntarios esperaban para lavar los pies de quienes llegaban. La figura romántica del lavado de pies como muestra de humildad tenía una función adicional: revisar la condición médica de los pies de estas personas que en ocasiones llevan años en la calle, sin visitar a un médico, en condiciones de higiene deplorables. Ahí no había una fila de espera, porque muchos homeless son desconfiados; pero poco a poco empezaron a llegar.

Centré mi atención en Steven, un joven de 16 años que, después me dijo, escuchó sobre el programa en su escuela y decidió ofrecerse como voluntario. Y le tocó su turno. Un hombre sucio, cubierto de una capa de cochambre desde la punta del pelo hasta los pies, llegó a la carpa; nadie pudo dejar de notarlo. Los evidentes meses viviendo en la calle hacían que de su cuerpo emanara un fuerte olor. Se sentó con dificultad, acomodando unas bolsas que llevaba. Cuando se quitó lentamente los zapatos, y luego los calcetines, unos pies de uñas largas, lastimados, cubiertos con callosidades, quedaron a la vista acompañados de un fuerte, concentrado, denso hedor. A distancia, mis ojos se clavaron en los pies y en el rostro del jovencísimo Steven.

Con gesto amable el chico tomó uno de los pies, lo sumergió en un recipiente con agua y jabón, y empezó a tallar a conciencia. Supongo que el agua estaba calientita, porque el rostro del hombre se suavizó. Después de un rato de tallar los pies, empezó a limarlos frotando los callos y retirando las células muertas con una toallita. Se tardó una eternidad. Sin poder retirar del todo la mugre, empezó a cortar las uñas con mucha dificultad y siendo muy cuidadoso, para después llamar a una de las enfermeras para que revisara las heridas. Mientras la enfermera curó algunas llagas, el joven estuvo atento. Al final le puso crema a los pies, les puso unos calcetines y unos zapatos nuevos.

“Yo creo que ésta es la verdadera manera de demostrar que los demás te importan”, me dijo más tarde el chico, como si nada. Me contó también que no comparte la cultura cristiana pero que considera que este ritual es una oportunidad de regresar un poco de las bendiciones que uno ha recibido. “Tal vez al principio sí titubeas un poco, pero cuando empiezas a hacerlo te sientes bien; y te das cuenta de cuánto lo aprecia la otra persona”, me dijo con una sonrisa bien honesta.

No lo dudo; pero con todo y la pila de bendiciones que me ha regalado a mí la vida, hasta hoy sigo preguntándome si yo sería capaz.

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Ojalá que se repita pronto

Posted on 13 abril, 2009. Filed under: Walter Duer -Buenos Aires |

Por Walter Duer / Buenos Aires, Argentina

Las familias judías suelen ser, salvo raras excepciones, numerosas. Y las que no lo son, se esfuerzan por serlo, incluyendo en la categoría de “pariente” a amigos de muchos años, primos segundos, tíos abuelos y familias políticas (incluso, en casos extremos, correspondientes a ex parejas de los presentes). Así es como el tránsito de entrada en la casa anfitriona del séder de pésaj, la reunión que se hace las primeras dos noches para celebrar el fin de la esclavitud de los judíos en Egipto, hace más de 3.000 años, es incesante.

Aparecen el tío que usa un peluquín obvio y que se comporta como si fuese su melena natural de toda la vida y la tía hipocondríaca que sufrió un desmayo al menos una vez durante las últimas mil reuniones familiares. Tampoco falta el amigo de la familia cincuentón, mujeriego y probablemente alcohólico, al que si se le hace un análisis se descubre que nadie puede determinar cómo apareció ese tipo un día por ahí, hace ya una cantidad indefinida de tiempo y el tío que cuenta siempre los mismos dos o tres chistes y que se mata de risa él mismo después de contarlos.

Todos traen alguna bandeja. No importa que en la cocina de la persona que invitó (en líneas generales, la abuela y, si esta ya falleció, la tía más buena, esa que todos quieren) se vislumbren no menos de ochenta ollas con niños envueltos en hojas de parra, cebollas rellenas, mahúde (como un guiso de papa y carne al que se le inyectó un kilo adicional de colesterol), zapallitos rellenos… De más está decir que todos esos son los “platos fuertes”, porque si uno mira la mesa ya están instalados unos cincuenta platitos, con aceitunas, morrones, tomates secos, berenjenas asadas, ensaladas diversas y porque, además, hay dos bandejas grandes, con matambres, lenguas, kipes (una empanada cilíndrica con masa de harina de matzá y rellena de carne picada y cebolla, todo bien pero bien frito) y otras delicias que harán el juego de entrada.

Pero, como decíamos, no obstante eso, cada invitado decidió, antes de venir y aún sabiendo el exceso gastronómico que lo esperaba en destino (porque estos invitados son los mismos de todos los años), traer algo para probar, en general dulces porque, en el lenguaje no hablado de los judíos, llevar una alternativa salada a una casa cuando no fue pedida específiamente por la anfitriona significa “no me gusta tu comida” y críticas hacia la ofensora hasta que se muera ella o quien la critica, lo que ocurra primero.

Sólo un alimento habitual falta en la mesa: el pan. Es que esos judíos de la antigüedad que se vieron ante la disyuntiva de libertad o muerte salieron tan a las apuradas que no tuvieron tiempo de que levara y les quedó algo así como una galletita de agua gigante. Como recuerdo de eso es que hoy se come la matzá, pan ácimo, y están estrictamente prohibidos durante los ocho días que dura la festividad todos los alimentos realizados a base de trigo, centeno, cebada, avena y escanda, por explicaciones rabínicas complejas que no vienen al caso. En el medio de todo, la kehará, un plato que alberga diversos tipos de alimentos que tienen que ver con los rituales de la celebración, y tres trozos de matzá, uno encima del otro, que se usarán para las bendiciones.

Cuando todos están presentes (menos el primo Marcelo, que siempre llega tarde) se da comienzo al séder (con la autorización de la madre de Marcelo, que todos los años dice “este chico está cada día más loco”), palabra de origen hebrea que significa “orden”. Es que se trata precisamente de un esquema de catorce pasos que tiene como primer escalón la recitación de una bendición, el Kaddish, que es además el principio de la mejor excusa que un hombre puede tener para volver borracho a casa. En efecto, es una mitzvá, es decir, un acto pío, de pésaj consumir cuatro copas completas de vino. Es en este momento cuando la primera comienza a instalarse en el organismo y cuando las tías que no toman nunca comienzan a sonrojarse y a reírse de los chistes soeces del tío viejo verde.

El segundo paso es un lavado de manos ritual, Urjatz. Luego viene el momento de comer un trozo de apio, karpás, uno de los alimentos que se aloja en la kehará, al que se debe mojar con agua salada. Seguidamente, se toma la matzá del medio de las tres que están separadas y se la parte en dos. Uno de los trozos, llamado afikomán, se guarda envuelto en una servilleta para degustar al final de todo el banquete. En muchas casas se estila esconderlo para que los más chiquitos puedan encontrarlo después de cenar. Pero como la mayoría de los menores a esas alturas de la ceremonia ya están o dormidos o jugando a la Playstation a escondidas de los adultos (en los hogares más observantes no se pueden manipular aparatos eléctricos, ni siquiera prender la luz), lo más probable es que la anfitriona encuentre el afikomán a mediados de diciembre, cuando esté sacando la ropa de invierno de los armarios y colocando la de verano en su reemplazo, escondido en el medio de un conjunto de poleras de manga larga.

El cuarto paso, maguid, suele ser el más controversial. Consiste en la lectura de la hagadá, el relato de la salida de los judíos de Egipto. Es una historia muy poética, con cánticos y participación de los chicos, pero tiene un único inconveniente: que es un tanto larga y que la gente aún no ha cenado. Así es como se desata la “guerra santa”. Esto es así. En toda familia numerosa que se precie de tal aparecen personas que tienen diferentes maneras de acercarse a la religión. Digamos, en términos generales, que hay tíos y primos más religiosos (en adelante, “la corriente religiosa”) y tíos y primos menos religiosos (en adelante, “la corriente laica”). Los integrantes de la corriente religiosa recordar la tortuosa salida de Egipto minuto a minuto, mientras que los integrantes de la corriente laica, en cambio, quieren que la ceremonia sea lo más breve posible (cosa de pasar de inmediato a la comida propiamente dicha).

En general, lo que sucede es que quienes pertenecen a la corriente religiosa siguen adelante con la lectura haciendo caso omiso a los chistes y las interrupciones de los miembros de la corriente laica, que continúan a su vez interrumpiendo y haciendo chistes, mientras hacen caso omiso de la lectura. El tío Samuel, que nunca estuvo muy identificado con la corriente laica ni con la corriente religiosa, se limitará a decir: “es increíble, todos los años discuten por lo mismo, si hasta parecen chicos”.

De todas formas, dos horas después, van a estar todos (laicos, religiosos, ni tan tan ni muy muy) tirados en sus sillas, con la panza bien acomodada hacia arriba y los botones de los pantalones desabrochados, soplando al viento el producto de sus erupciones, en una situación de verdadera camaradería, dispuestos a compartir el segundo plato. Pero todavía faltan unos minutos para comer: un segundo lavado ritual de manos (rajtzá), las bendiciones a la matzá (motzí matzá), a las hierbas amargas (maror, que simboliza los difíciles tiempos vividos por los judíos) y a un sandwich de lechuga con dos tapas de matzá (korej, representa la destrucción del Gran Templo, una de cuyas paredes es hoy el Muro de los Lamentos).

Ahora sí, llega el décimo paso, shulján orej, o, dicho de otra manera… ¡a comer! La idea no es satisfacerse, ni llenarse y ni siquiera descomponerse. Es ir más allá, a un límite desconocido. Primero, la panza ya siente el rigor de todas estos bocaditos que se fueron ingiriendo entre rezo y rezo. Segundo, apenas se da la señal de “ahora”, miles de manos arrasan con todo lo que hay sobre los platitos. Y cuando todos están bien llenos, empizan a aparecer los platos de fondo, con más calorías y con más colesterol que los de entrada. Y desfilarán una, dos, tres… tantas ollas como comensales haya en la mesa. En un primer momento, todos se quejan (“eh, hubieran avisado que seguía la comida, así me cuidaba un poco con las entradas”) pero, acto seguido, las mandíbulas retoman su triturador trabajo.

Y cuando parece que no hay más nada que hacer que internarse en un sanatorio especializado en problemas gástricos, aparecen los postres y las masitas. Y como cada invitado trajo algo (esto ya lo mencionamos), habrá millones de cada cosa. De nuevo vuelven los quejidos de ocasión (“qué lástima, me hubiera encantado probar lo dulce, pero no puedo más”) y de nuevo se retoma la masticación generalizada. Y cuando todos los comensales tienen los ojos a punto de salir de sus órbitas, llega la ensalada de frutas. Todos se miran desorientados, pero la Tía Sara tiene las palabras justas: “esto es digestivo”. Por lo tanto, todos piden un poco. Por supuesto, luego llega el café, para disfrutar de una charla de sobremesa. Es ahí cuando el primo Jorge pregunta si no quedó un pedazo de esa chocotorta hecha con harina de matzá, pero una porción bien chiquita, como para probar, nomás… y todo vuelve a empezar casi desde el principio.

Quedan algunos pasos, todavía, como la búsqueda del afikomán (tzafún), una bendición para agradecer los alimentos (barej), una nueva lectura de hechos relacionados con la salida de Egipto (Halel) y una oración final de alabanza a Dios (Nirtzá). Pero la realidad es que entre la comida y el vino, la mayoría de la audiencia está lo suficientemente aturdida como para comprender que la festividad siguió más allá después del cuarto plato de mahúde.

Al final, todos se reparten besos y abrazos, incluyendo los hijos de esos dos tíos que tuvieron problemas de negocios hace treinta años y que todavía no se hablan, todos al grito de “ojalá que se repita pronto” y “ojalá que siempre nos veamos en fiestas”. En ese momento, el tío Samuel, que tiene 70 años y al que el médico le tiene prohibido todo lo que no sea vegetales desde que tuvo ese ataque masivo de presión, diabetes y colesterol en 1972, aparece con los ojos rojos y todo transpirado y dice: “eso sí, el año que viene me voy a cuidar un poco, porque comer así es una locura”. Todos se muestran de acuerdo, con la complicidad de saber que esta misma promesa se pronuncia hace 20 años y que nunca, pero nunca, nadie amagó siquiera a cumplirla.

(Aclaración del autor: esta descripción es fiel en el marco de una familia sefardí, es decir, descendientes de los antiguos judíos españoles, dispersos durante cinco siglos por todo Oriente Medio e inmigrados a América Latina a principios del siglo XX. Pueden variar muchos detalles cuando se trata de asquenazíes, provenientes de las familias de Europa del Este, aunque la esencia es básicamente la misma).

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Imágenes del Salvaje Oeste Chino

Posted on 8 abril, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Kashgar, Xinjiang, China.

 

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Los arbustos del desierto del Taklamakan son ajenos a él: con ellos, cables y redes, los ingenieros tratan de impedir que la arena devore la delgada carretera que lo cruza.

 

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Los autobuses cubren hoy en 24 horas lo que las antiguas caravanas recorrían en uno o dos meses.

 

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Esta técnica, en la que se coloca un delgado papel sobre una estela para reproducir su contenido, es el antecedente de la imprenta. Xi’an, Shaanxi.

 

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En los monasterios budistas, la modernidad se cuelga, pero llega. Kumbum, Qinghai.

 

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La Gran Muralla serpentea por los terrenos más inhóspitos, incluidos desiertos y  montañas. Jiayuguan, Gansu.

 

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Dunas de Dunhuang.

 

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Las esculturas de las cuevas de Mogao representan un momento climático del arte budista y de la humanidad.

 

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Ninguno de nosotros había caminado antes sobre un lago helado (aunque Alessandro y Yann vienen de los Alpes) y nunca se nos quitó la sensación de que algo se podría romper. Tian Chi, Xinjiang.

 

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Murmullos que no escuché pero que imaginaba haciendo eco entre las ruinas de Jiaohe (Xinjiang).

 

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Las miradas siempre son inquietantes… (taller de tapetes, Hotan, Xinjiang.)

 

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…aunque sólo nos mire un ojo…

 

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…o estén tras la carne… (bazaar de Hotan)

 

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…o tengas los ojos de muchas personas sobre ti…

 

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Mujer kirguís en el lago Kara, en la cordillera del Karakoram.

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Fantasmas de Asia Central

Posted on 3 abril, 2009. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Urumqi, Xinjiang, China.

 Si Juan Rulfo hubiera sido uigur, su obra Pedro Páramo hubiese tenido por escenario el desértico Jiaohe: no es que las arideces de Xinjiang sean idénticas a las del sur de Jalisco, pero en algo las recuerdan y aún bajo el sol más brillante y salvaje, entre las ruinas adoloridas de esta ciudad deshabitada por 600 años parecen asomarse sombras de murmullos, lamentos que tienen forma pero no densidad, antiguas tristezas encerradas en habitaciones abiertas cuya salida al desahogo nunca supieron encontrar.

Jiaohe. Mi galería de fotos de Jiaohe y Turfan está aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157616228670684/show/

Jiaohe. Mi galería de fotos de Jiaohe y Turfan está aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157616228670684/show/

 

Esto ya es Asia Central, la gran porción continental siempre disputada por pueblos nómadas y por los chinos, hoy bajo control de estos últimos. Es una región trágica del mundo, donde la tranquilidad siempre fue pasajera y la prosperidad se pagaba de manera terrible: después de un milenio de existencia continua, Jiaohe fue barrida por los mongoles. Quedaron allí sus casas, templos, monasterios y edificios administrativos –semiderruidos– para que en el siglo XXI pudiéramos pasear entre ellos, por sus secas callejuelas, preguntándonos cómo habrá sido su vida cotidiana, cómo podían sobrevivir con temperaturas que alcanzan 45 grados en verano y menos 45 grados en invierno, sin tierras de cultivo, sin agua…

Pero entonces descubrimos el secreto –casi caemos por él–, nada oculto, más bien ancho y abrupto: los fundadores de Jiaohe la construyeron en un sitio estratégico por sus posibilidades de defensa militar y por su capacidad de sostener una población sedentaria, en una meseta. Pero no es como las que embellecen el norte de México y el sudoeste de Estados Unidos, también aprovechadas por las culturas de aquellas regiones: en realidad, alguna vez todo esto fue una planicie, abierta como por tajos de cimitarra. Dos ríos por los que baja el agua de las montañas horadaron pacientemente por siglos hasta formar dos cañones alrededor de lo que eventualmente se convirtió en la meseta de Jiaohe y cuyas paredes se alzan unos 60 metros, como una fortaleza. Abajo, junto a la corriente, están las plantaciones que le dieron viabilidad al pueblo, entre los siglos IV y XIV.

Uno de los cañones cultivados de Jiaohe

Uno de los cañones cultivados de Jiaohe

 

Jiaohe está a 9 kilómetros de Turfan, una ciudad como tantas en China, atrapada entre una modernización desordenada y violenta, impulsada por la etnia dominante en el país –los han–, y las zonas donde lo bello y tradicional se conjunta con el atraso económico y el conservadurismo islámico, las de la cultura en resistencia de los uigures. A 150 metros bajo el nivel del mar, Turfan es la segunda depresión más profunda del planeta, después del Mar Muerto.

Aquí, sin embargo, los uigures todavía son mayoría. Ocurre lo contrario en la capital de la provincia, Urumqi, donde los han ya superaron a todas las demás etnias (en total, el gobierno reconoce 13 “nacionalidades” en Xinjiang, incluidos también kazajos, tayikos y kirguises). Los uigures habitan las partes más interesantes y empobrecidas, en tanto que los han viven en barrios más modernos, un poquito más limpios e idénticos a los de tantas ciudades del resto del país.

Nevada en Urumqi

Nevada en Urumqi

 

No es un sitio donde uno se quedaría mucho tiempo: sirve para hacer conexiones de transporte, extender la visa china u obtener las de Kirguistán y Kazajastán en los consulados de esos países. A sólo 12 horas de Urumqi (lo cual es poco para las dimensiones de China), está la frontera con los países del Asia Central hoy independiente, que antes era soviética y que no se ha desprendido de muchos de los rasgos burocráticos, ineficientes y autoritarios de ese régimen desaparecido.

Fuera del Sudeste de Asia, que es una región en general amigable y sencilla para los visitantes, el resto del continente es una pesadilla logística: fronteras, aduanas, visas, requisitos, extorsión oficializada, extorsión amateur, en fin. Y esto provocó el primer inconveniente de importancia en mi viaje.

Todos esos países con apellido “stan” (Tayikistán, Uzbekistán, Kirguistán, Kazajastán y Turkmenistán) y otros, establecen como requisito para otorgar la visa que una compañía local le dé al solicitante una “carta de invitación” (LOI, en inglés), que no es más que forzar al viajero a pagar por el control paranoico que el gobierno quiere tener sobre él: hay que decir en qué consulado la va a pedir, cuándo va a entrar uno al país, por qué lugar, qué sitios visitará y cuándo y por dónde saldrá, entre otros muchos datos. Gracias a la internet, se puede obtener online, pero hay que pagar unos 40 dólares por cada LOI (además de los 50 a 140 que puede costar la visa). Y esperar: oficialmente, entre 10 y 14 días. Pero conmigo, los tayikos se tardaron seis semanas.

Originalmente, yo había pensado iniciar mi viaje en abril. Pero el 21 de marzo se celebra el Navruz, el año nuevo persa, que es la festividad más importante de Asia Central, y lo más espectacular ocurre en Tayikistán. A mí se me metió entre los ojos que quería presenciarlo y adelanté un mes la salida, recorrí China como rayo para llegar a Urumqi, de donde sale un vuelo a Dushanbe, capital de Tayikistán, sólo dos veces por semana: miércoles y sábado. Pensé tomar el del sábado 14 de marzo para tener tiempo de ubicarme en Tayikistán antes del evento. Pero los tayikos sólo autorizaron la LOI el viernes 20 de marzo por la noche, cuando ya era imposible comprar el boleto aéreo para el 21.

El camino a Tian Chi.

El camino a Tian Chi.

 

Las consecuencias fueron pésimas porque, con tantos requisitos, yo había pasado semanas planeando al detalle cada movimiento y las LOI para los demás países de mi recorrido estaba cuidadosamente sincronizadas: obtener visa en ciudad X, entrar tal día, pasar por aquí, conseguir otra visa en ese país para el siguiente, salir por acá, tal día, etcétera. Obviamente, la negligencia de un burócrata tayiko, que puede haber tenido mi LOI cinco semanas en un cajón esperando que dejara de perder el tiempo y la firmara, destrozó el mecanismo de relojería que era mi itinerario, y me hizo perder además las LOI de los demás países, que no permiten modificaciones: si no la puedes obtener en el consulado que dijiste, o cambiaron tus fechas o rutas, a pedir otra y pagar de nuevo, colega.

Así pasé casi dos semanas en Urumqi, donde no pensaba estar más de una o dos noches, haciendo esfuerzos para reconstruir el viaje y gastando dinero. Al final, he debido dejar fuera Tayikistán (_______ -ése es el espacio para garabatear lo que pienso de ese país) y Pakistán. Y ya de paso, estoy tratando de crear no sólo un plan B para cuando vuelva a ocurrir algo parecido, sino C, D, E y todo el alfabeto.

Yann, Alessandro y Daniel caminan sobre el lago congelado de Tian Chi. Mi galería de fotos está aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157616136903621/show/

Yann, Alessandro y Daniel caminan sobre el lago congelado de Tian Chi. Mi galería de fotos está aquí: http://www.flickr.com/photos/temoris/sets/72157616136903621/show/

 

Esto tuvo un lado positivo, no obstante: a través de Facebook, contacté con Alessandro, un chico italiano que estudia mandarín en Urumqi, y él me presentó a sus amigos, todos muy simpáticos y con proyectos interesantes que los tienen en esta región del mundo. Con ellos fui a Tian Chi, un lago congelado (nunca había caminado sobre hielo) de la fabulosa cordillera del Tian Shan (montañas celestiales). Y en mi hostal (¡por fin, un sitio con gente agradable y amistosa con la que puedo comunicarme!), conocí a José Luis, un madrileño genial que viene a documentar en fotografías la vida de los kazajos nómadas (no quedan muchos).

Lamento no haber podido ir al Navruz, pero no pasé mal el tiempo. Ahora escribo desde Kashgar, en el sur de Xinjiang, una parte del itinerario que estaba planeada para mayo (iba a regresar a China) pero ahora la he tenido que adelantar. En muchos aspectos, esto es como regresar al siglo XVIII. Es una historia que contaré más adelante. Por el momento, les dejo a ustedes mis galerías de fotos, de acalorados pueblos fantasma y gélidos lagos en las montañas.

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