Si orina usted en la calle, váyase de mi país

Posted on 11 marzo, 2009. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

 

Tras la publicación en este espacio del caso del traslado de detenidos portando cadenas dirigido por el sheriff de Maricopa, Arizona, Joe Arpaio, algunas personas me preguntaron si esto era legal. Aunque las condiciones en las que el sheriff opera son cuestionables y por ello enfrenta cientos de demandas, legalmente Arpaio cuenta con las facultades para detener inmigrantes sospechosos de ser indocumentados, aun cuando esta actividad corresponde al ámbito federal.

La posibilidad de que las autoridades locales en Estados Unidos detengan a personas realizando estas tareas que son de competencia exclusiva de los agentes  de inmigración, se debe a un programa establecido durante la administración de George W. Bush conocido como el 287g. El objetivo de dicho programa era dar facultades a los departamentos de policía de los condados y las ciudades para detener y llevar a juicio a inmigrantes indocumentados que estuvieran bajo sospecha de haber cometido crímenes serios.

Escudándose en esta medida, comisarios, jefes de policía, alcaldes de derecha, e incluso algunas autoridades con tendencias claramente antiinmigrantes, como es el caso de Arpaio, se dedicaron a aterrorizar a la población indocumentada, particularmente a la latina, deteniéndolos con cualquier pretexto para revisar sus documentos y con ello llevarlos a un proceso de deportación, en medio de las airadas protestas de las organizaciones activistas y de defensa de los derechos humanos.

Sin embargo la semana pasada el propio gobierno federal, a través de su Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) reconoció lo que era un secreto a voces: que el Departamento de Seguridad Interna (DHS) no ha sido capaz de vigilar la correcta aplicación del 287g, lo que ha resultado en el arresto de miles de personas por faltas menores, tales como llevar un faro del auto fundido, conducir a exceso de velocidad u orinar en la calle. Estas acciones le han costado la deportación a miles de indocumentados.

Los autores del estudio realizado por la GAO a solicitud del Congreso, contactaron a 29 de las 67 agencias gubernamentales que participan en este programa. Los resultados señalan que durante el 2008 fueron arrestados 43 mil inmigrantes indocumentados, incluyendo a 34 mil que quedaron bajo custodia de las oficinas de inmigración. De ellos, 41% enfrentó procesos legales de deportación (es decir, quedaron detenidos o libres bajo fianza, según el caso particular, mientras un juez decide su caso; algunos de los detenidos de Arpaio están en esta situación); 44% aceptó su salida voluntaria del país, y 15% fueron liberados por razones humanitarias, que incluían factores como “la naturaleza menor del crimen cometido”.

Desde enero de 2006 el 287g ha arrestado a más de 79 mil individuos sospechosos de estar en el país sin documentos. Sin embargo el reporte, aduciendo a falta de información en la recolección de los datos, no señala cuántos de ellos efectivamente habrían sido sospechosos de cometer un delito grave. De las 29 agencias entrevistadas, la mitad reportó algún tipo de preocupación por parte de los miembros de la comunidad en torno a que el programa estaría resultando en intimidación y discriminación racial.

Con la publicación del reporte y la presión realizada por los grupos activistas, existe una posibilidad de que el 287g sea suspendido de manera definitiva o al menos temporal. Esto obedecería en parte a la citada presión, pero también al contexto económico: para el gobierno federal ha llegado el momento de evaluar el costo de detener a miles de personas que en realidad no constituyen un peligro para la sociedad, sumado al de las miles de demandas reproduciéndose por todo el país.

Más de 950 agentes estatales y locales, incluidos agentes de la Patrulla de Caminos y de los departamentos de policía y del Sheriff, han sido entrenados y certificados a través de este programa en 67 jurisdicciones que incluyen los estados de Alabama, Florida, Arizona y California. Para el año fiscal en curso, el Congreso destinó 54 millones de dólares para su operación.

Por cualquiera de estas razones, o por la suma de todas, la titular del DHS, Janet Napolitano, se encuentra realizando una “exhaustiva” revisión del programa. Pero mientras eso ocurre, las escenas de acoso y discriminación racial continúan repitiéndose. Para muestra, un reciente botón del “héroe” Arpaio. 

 

 

Actualización, 12 de marzo: Ayer el Departamento de Justicia estadounidense anunció que realiza una investigación federal en contra de Arpaio. Tras el anuncio conversé por teléfono con el sheriff, quien me dijo que está tan seguro de que está haciendo las cosas bien, que tras recibir la notificación del DOJ, arrestó a otros 25 inmigrantes indocumentados. 

La nota completa se puede leer haciendo click AQUÍ.

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Maten al latino

Posted on 17 diciembre, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , |

Eileen Truax/Los Ángeles

 

A José Ovaldo Sucuzhañay lo mataron destrozándole el cráneo. Uno de sus atacantes lo golpeó con un bate; otro con una botella rota, mientras gritaban consignas anti-latinas y anti-gays. José Ovaldo, de origen ecuatoriano y quien vivía desde hace 10 años en Brooklyn, Nueva York, en donde ocurrió el ataque, fue diagnosticado con muerte cerebral. Tras una semana de vivir artificialmente, su familia accedió a desconectarlo.

La muerte de José Ovaldo se suma a la del también ecuatoriano Marcello Lucero, quien hace un mes fue golpeado y acuchillado en Long Island, Nueva York, por un grupo de jóvenes que, de acuerdo con la investigación, decidieron salir a la calle a buscar a un latino para golpearlo. Y Marcelo se “veía” latino.

Meses atrás, el 4 de julio, Luis Ramírez, un joven mexicano que vivía en Shenandoah, Pennsylvania, murió en las mismas condiciones: siendo golpeado brutalmente por jóvenes blancos que gritaban insultos raciales mientras lo pateaban en la cabeza.

Estos no son hechos aislados. En los últimos cinco años los crímenes de odio en contra de los latinos en Estados Unidos han aumentado el 40%, de acuerdo con estadísticas de la Oficina Federal de Investigación (FBI). En 2007 los departamentos de policía locales a lo largo del país reportaron al FBI la existencia de 830 víctimas de crímenes anti-hispanos en 595 incidentes. Ambas cifras representan un incremento notable con respecto al año previo, y un 40% con respecto a las cifras de 2003.

De acuerdo con el mismo reporte, los hispanos conformaron el 61.7% de las víctimas de crímenes motivados por el grupo étnico o el origen nacional del atacado. En 2004 la cifra en este rubro fue de 51.3%.

Esta semana un grupo de activistas de diversas organizaciones, encabezadas por el Fondo Mexicoamericano para la Defensa Legal y la Educación (MALDEF), viajaron a Washington para cabildear en el Congreso sobre la importancia de castigar estos crímenes que, de acuerdo con los propios activistas, no han tenido la resonancia ni la repercusión que se esperaría.

“Todos sabemos que ocurren, pero hay silencio. No deben ser sólo los latinos quienes hablen de ello, sino toda la sociedad”, me comentó John Trasviña, presidente de MALDEF. “Desafortunadamente nuestros funcionarios electos han fallado en reconocer y condenar esta crisis nacional; los medios de comunicación generalmente se han mantenido en silencio, y las familias no han actuado para proteger a sus hijos de ser infectados por este odio”.

El problema no es sólo el silencio cómplice de los medios de comunicación con mayor difusión; el problema es que los programas de radio y televisión –estos últimos transmitidos por cable- cuya línea es claramente anti-inmigrante, siguen operando en la más absoluta impunidad.

Incluso en espacios como la cadena CNN continúan transmitiéndose con gran éxito programas como el de Lou Dobbs, quien a diario difunde sus teorías sobre la pérdida de empleos, el gasto excesivo de impuestos en servicios sociales y el alza en los índices de criminalidad, y culpa de ello, sin argumentos, a los inmigrantes indocumentados de origen latino. La crisis económica por la que atraviesa Estados Unidos, y las cifras de desempleo arañando el 9% a nivel nacional, son el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de estas ideas, para la propagación del odio racial.

Además de esta ola de desinformación, las medidas antiinmigrantes que se han aprobado en decenas de condados contribuyen a empeorar la situación. En el condado de Maricopa, Arizona, por ejemplo, recientemente fue reelecto el sheriff Joe Arpaio, quien abiertamente ha manifestado su postura antiinmigrante y cuyos agentes hostigan e intimidan a los habitantes del lugar. El acoso es tal que en el barrio de Guadalupe, ubicado en dicho condado, los residentes de origen Yaqui son constantemente detenidos y cuestionados sobre su situación migratoria a pesar de que sus familias han vivido en el lugar durante siglos.

Por si esto fuera poco, un tercer elemento entra en la ecuación: durante la administración de George W. Bush se ha permitido que las autoridades locales ejerzan funciones de inmigración, lo que ha provocado que algunas víctimas y testigos de los crímenes de odio no presenten denuncias por temor a que se detecte su situación migratoria y puedan ser deportados. Por esta razón muchos de estos delitos están quedando sin castigar.

Recientemente el diario para el que trabajo hacía una comparación en su artículo editorial, mencionando que en estos tiempos hay más revuelo sobre el peso de la conductora de televisión Oprah Winfrey que sobre estos crímenes que se registran cada vez con mayor frecuencia. No sé si todas las esperanzas que Estados Unidos ha puesto en la próxima administración, cuya sola existencia es una muestra de que el racismo puede ser superado, alcancen para crear conciencia sobre la gravedad de los crímenes de odio en contra de la comunidad hispana; lo que sé es que sería una pena que en un país gobernado por primera vez por una minoría racial, más personas tuvieran que enfrentar la muerte por el simple hecho andar por la calle “viéndose” como latinos.

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¿Hay razas más inteligentes que otras? (última de tres partes)

Posted on 17 julio, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: |

Nota: ésta es la última parte de una serie de tres. Acceso a la primera,“las razas bobas”, y a la segunda, “los ambientalistas”, aquí.

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

Cada vez me gustaba menos lo que había leído en “30 años de investigación…”, el artículo que resume la argumentación de los hereditarios, y en de “The Bell Curve”, el best-seller que hace tan curiosas diferenciaciones raciales. Pero me daba curiosidad saber quiénes son sus autores. A fin de cuentas, han empleado muchísimo trabajo (obvio, inmensamente más que el que yo dediqué a leer sus textos y escribir este artículo) en el tema y me sentía incómodo por llegar con mis tontas preguntas a dar lata. Cuando averigüé sobre ellos, me acogió el alivio, aunque me di cuenta de que debía haber preguntado antes de tomármelos tan en serio y dejarme impresionar por sus CI. En particular porque, ya que estamos tratando una cuestión extremadamente delicada (hay muchos supremacistas hurgando en la discusión para demostrar que su raza es súper), sí es muy importante hacerlo con una motivación puramente científica y sin intereses escondidos.

Lo contrario de lo que hacen ellos, me parece. Es un poco como el cuento de la “teoría” del diseño inteligente –revestir prejuicios y mitos con falsa ciencia–. Además de los supremacistas, hay otros interesados en promover la idea de que los negros tienen un intelecto genéticamente inferior y que no hay nada que hacer, no hay por qué corregir los efectos devastadores de la esclavitud y el racismo y lo único que queda es tratarlos con benevolencia condescendiente. Esto es un debate que corresponde a Estados Unidos, pero también es de nuestro interés científico, social y humano, nos toca por los muchos latinos que viven allá y que quedarían pintados como segundos menos tontos si los hereditarios ganaran el debate (y no es una cuestión de orgullo, los tontos, por desgracia, son discriminados y se les niegan oportunidades), y también afecta a la estructura social latinoamericana, desigual y racista, que algunos querrán justificar con el argumento de que la raza genéticamente inteligente debe hacerse cargo de las demás.

Estos interesados tienen un enorme poder económico y político para promover “investigaciones” a modo y gente que las difunda. De hecho, están en este momento en el gobierno de EU: se trata de los famosos neoconservadores que llegaron con Bush a la presidencia, la derecha cristiana y los promotores de la diplomacia de la guerra que produjeron el “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano”, con ayuda del American Enterprise Institute. A él pertenece Charles Murray, coautor con el fallecido profesor Richard Herrnstein, de “The Bell Curve”. (Para horror de los “neocons”: al respecto del debate sobre si EU debía o no invadir Irak, de los 13 o 14 precandidatos que este año participaron en la carrera presidencial, sólo uno tenía razón: el negro.)

El artículo “30 años de investigación…” está firmado por J. Philippe Rushton, un psicólogo racista que encabeza el Pioneer Fund, la más dedicada organización que promueve y financia la investigación eugenésica (añadí más información sobre el Pioneer Fund aquí), y escribió el artículo en coautoría con Arthur Jensen, quien ha pasado los últimos 40 años torpedeando las políticas de “educación compensatoria” con las que se pretende ayudar a los negros a remontar su situación de desventaja. Él insiste en que no sirven de nada porque no hay manera de arreglar la genética, a pesar de que los indicadores actuales de CI de los negros en EU han dado un gran salto en comparación con los de los años 60. (Otros estudios demuestran que la diferencia de CI entre blancos y negros de EU se ha venido cerrando, y que esto coincide con una mejoría en los niveles de vida promedio de los negros, como el artículo de 2006 “Los estadounidenses negros reducen la brecha racial de CI”, disponible en inglés aquí)

Así que ya no me creí ni sus datos ni su sinceridad. Y pienso que la evidencia de que el ambiente en el que uno crece es la principal determinante en el desarrollo del CI sigue siendo sólida. Además de que ya sabemos que todos los seres humanos somos genéticamente idénticos en 95.5%.

Pero (y cómo soy necio), regreso al punto de partida: ¿de verdad la evolución no dejó huellas en el intelecto? Si las dejó en el color de piel y en la forma de las orejas ¿por qué no en el cerebro? Yo creo que hay un muy buen porcentaje de posibilidades de que sí existan variaciones intelectuales entre los grupos humanos y, aunque hagan pedazos a los hereditarios, al rato van a salir otros que querrán aprovechar ese hecho para sus propósitos. Lo mejor será que los científicos de verdad (los que tienen en su recámara un retrato de Descartes o Einstein y no uno de Bush o Hitler) lo investiguen y nos lo expliquen.

Para ello, me atrevo a sugerir, habría que afinar los instrumentos de estudio. Por ejemplo, ya sin pensar en manipulaciones interesadas, los investigadores que estudian el CI utilizan una variable que identifican con la letra “g”, la “inteligencia general”. ¿Son universales los criterios que usan para determinar qué elementos componen la “inteligencia general” y cuáles son más importantes que otros? Si a lo largo de su evolución, las etnias han tenido que irse adaptando a dramáticas exigencias del medio ambiente, en un proceso de especialización que los obligó a desarrollar un cúmulo de inteligencias particulares, ¿por qué tendrían todos los pueblos de la Tierra que adscribirse a una sola “inteligencia general”? ¿Es “g” lo mismo entre los maoríes neozelandeses que entre los gitanos de Andalucía? ¿Le dio “g” a Estados Unidos la victoria en Vietnam?

¿Y por qué se habla de inteligencia como si fuera un monolito, una sola cosa? Ciertas etnias tienen las piernas largas. Otras, ojos rasgados. Unas más, la piel clara. Hay cualquier cantidad de clasificaciones para las diferencias físicas. ¿Por qué no usamos cierto número de clasificaciones para hablar del intelecto? Al momento de evaluar las capacidades de cada pueblo, habrá unos que hayan desarrollado más tal aspecto intelectual, y otros, uno distinto: para entender las estrellas o el cuerpo humano, por ejemplo. Las relaciones de pareja o la música. Seguramente no me aproximo a una herramienta utilizable, pero sólo trato de ejemplificar.

Un aspecto más es que los exámenes de CI –y en general los que se aplican en Occidente– le dan una enorme importancia a la velocidad de respuesta, que tal vez sea exagerada. Sin duda, esto se ajusta a la vida de las ciudades y los ritmos de trabajo de un capitalismo desesperado por aumentar la competitividad. Pero hacer las cosas rápido no es necesariamente hacerlas bien, ni mejor. La ventaja intelectual de algunas culturas puede estar en formas de resolver los problemas (o en la perseverancia y la tenacidad, tal vez) que son eficaces a pesar de que sean muy diferentes de las que prevalecen en Nueva York, y de que por lo mismo no aparezcan reflejadas en los tests. El caso de los asiáticos que, según los hereditarios, tienen los CI más altos de todas las razas, fue analizado por Flynn, quien descubrió que se les estaban aplicando pruebas caducadas e indebidamente se estaban mezclando clases sociales. Cuando corrigió los resultados, los chicos obtuvieron un CI promedio ligeramente inferior al de los blancos. Pero la suya es una historia de éxito social: Flynn se dio cuenta de que se trata de “overachievers” o personas que logran más de lo esperado. En Estados Unidos, para ingresar al nivel profesional, el umbral de los blancos es un CI de 97. Pero el de los asiáticos es de 90: Flynn concluyó que su excelente desempeño no se debe a las habilidades que miden los tests de CI como están diseñados hoy, sino al trabajo duro, a su dedicado esfuerzo en la educación superior y a pertenecer a una cultura que pone mucho énfasis en los logros profesionales.

En todo caso, todavía no sabemos cómo distinguir las diferentes ventajas intelectuales que puede tener cada pueblo (todos estarían más avanzados en ciertos aspectos y menos en otros, la evolución hizo que cada cual se especializara en lo que requería), cuando ya nos estamos reproduciendo todos con todos. Éste es un siglo de grandes migraciones, de fascinantes mezclas étnicas y culturales, en el que es insensato andar por ahí afirmando que tal raza es mejor que aquella. Cada vez es más común que tengamos antepasados de distintos orígenes, algo especialmente cierto en grandes woks de mestizaje como América Latina. Y vivimos una época en la que hay una cosa de la que puedes estar seguro: cualquiera que trate de adivinar tu nivel de inteligencia basándose en tu color de piel, será seguramente más tonto que tú.

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¿Hay razas más inteligentes que otras? (segunda de tres partes)

Posted on 16 julio, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: |

Nota: ésta es la segunda de una serie de tres partes. Acceso a la primera, “las razas bobas”, aquí

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

Ayer revisamos cuáles son las posturas de los hereditarios. La contraparte de esa corriente son los ambientalistas: los científicos que sostienen que las diferencias en el coeficiente intelectual promedio de las distintas etnias son causadas por factores de contexto y que, por lo tanto, no son inmutables y es posible superarlas. Para el caso concreto de Estados Unidos, los ambientalistas dicen que la forma en que la población negra fue traída a América, esclavizada por siglos y sometida en la pobreza hasta ahora, tiene mucho que ver con el desempeño de sus muchachos en las pruebas de CI.

Y son ellos quienes se han ocupado de desmontar los estudios alabados en “Treinta años de investigación en…”. Por ejemplo, el que se hizo con los niños adoptados de Minnesota adoleció de muchas fallas que se conocen poco: debido a prejuicios raciales, los niños negros fueron adoptados a una edad mayor que los demás, lo que, de acuerdo con los propios autores del trabajo (pero esto no lo mencionan los hereditarios), “está asociado con una depresión del CI”; las madres biológicas de los niños negros tenían niveles educativos menores que las de los niños blancos; y la “calidad de colocación” (o sea, los mejores hogares de adopción) de los niños blancos fue superior a la de los demás. Más que una predeterminación genética, lo que el estudio demuestra es que una sociedad racista sigue dándoles a los blancos mejores oportunidades que a los negros, desde la infancia.

Un estudio de adopción mejor hecho –y que los hereditarios no discuten– fue realizado en la Arizona State University por la psicóloga Elsie Moore, que observó a niños negros y mulatos adoptados por familias de clase media, tanto blancas como negras, sin que detectara diferencias de CI relacionadas con la raza. Lo que es más significativo es que los niños de cualquier raza adoptados por familias blancas alcanzaban promedios de coeficiente intelectual 13 puntos superiores a los que fueron acogidos en hogares negros. Incluso en el nivel de la clase media, el ambiente en el que los niños negros crecen no es tan favorable para el desarrollo del CI que el de los niños blancos.

Otro trabajo de Joseph Fagan, de la Case Western Reserve University, y Cynthia Holland, del Cuyahoga Community College, examinó el conocimiento y las habilidades para aprender y razonar con palabras y conceptos. Los blancos tenían un conocimiento bastante más amplio de las palabras y conceptos, pero cuando se trató de aprender nuevos, tanto a partir de las definiciones del diccionarios como de su significado en contexto, los negros lo hicieron tan bien como los blancos. Los blancos fueron mejores en comprensión de refranes, reconocimiento de similitudes y facilidad con analogías, pero estas pruebas estaban hechas de forma que requerían el conocimiento de palabras y conceptos que era más probable que manejaran los blancos a que lo hicieran los negros. Pero cuando estos tipos de razonamiento fueron aplicados a palabras y conceptos conocidos por ambas razas, no hubo diferencias.

MEDIR LA MODERNIDAD

En 1984, James Flynn, de la University of Otago, de Nueva Zelanda, comparó tests aplicados a dos generaciones distintas de jóvenes holandeses de 18 años, una de 1952 y otra de 1982 y descubrió que el desempeño había mejorado muchísimo a lo largo de 30 años. Después reunió datos de todo el mundo hasta formar una colección de 30 países, con resultados similares: pudo ver que el CI alrededor del globo parecía elevarse en 3 puntos por década. Esto es conocido como el “efecto Flynn”. En su libro “What is intelligence”, el resultado de 20 años de investigación al respecto, Flynn afirma que la mejor manera de entender por qué se eleva el CI es tomar una de las pruebas de inteligencia más usadas, llamada WISC y ver dónde se han hecho los mayores avances. Estos se ha dado principalmente en la categoría de “similitudes”, donde se hacen preguntas como “¿En qué se parecen los perros y los conejos?” Hoy en día, tendemos a dar la respuesta que, para el WISC, es la correcta: ambos son mamíferos. Pero una persona de hace un siglo hubiera dicho: “los perros sirven para cazar conejos”.

“Si el mundo cotidiano es tu hogar cognitivo, no es natural desprender abstracciones y lógica y lo hipotético de sus referentes concretos”, escribió Flynn. Nuestros tatarabuelos pueden haber sido perfectamente inteligentes, pero les hubiera ido mal en las pruebas de CI porque no participaron de la gran revolución cognitiva del siglo XX, en la que aprendimos a entender nuestras experiencias de acuerdo a un nuevo grupo de categorías abstractas. Lo que nos está diciendo Flynn es que hoy en día nos ponemos “anteojos científicos” para captar el sentido de las preguntas del WISC. Lo que en realidad indica el salto del CI de los holandeses entre 1952 y 1982, es que Holanda era en este último año mucho más exigente en términos cognitivos que en el primero. Lo que el CI está midiendo, en la forma en que está diseñado, no es qué tan listos somos sino qué tan modernos.

Esta distinción tiene una importancia crítica. En Estados Unidos a principios del siglo XX, cuando los hijos de los inmigrantes del sur de Italia (la parte históricamente más pobre de ese país) realizaban exámenes de CI, sus resultados promedio se quedaban en los 70 u 80 puntos, mucho más abajo que los blancos y tan mal como los latinos y los negros. No es difícil imaginar todo lo que se decía en aquel momento sobre la inferioridad genética de los italianos, sobre la mala idea de permitir que siguieran entrando a EU tales inmigrantes de segunda clase y sobre la suciedad característica de los barrios de italianos. ¿Nos recuerda a algo? En nuestros días, cuando los estadounidenses discuten las supuestas diferencias genéticas de ciertas razas, ya nadie se acuerda de los italianos. Como preguntan los psicólogos Seymour Sarason y John Doris: “¿Empezaron a mutar sus genes en los años 30? ¿O acaso es posible que en algún momento de los 20, si no antes, la historia sociocultural de los ítaloamericanos dio un giro que la alejó de las de los negros y los latinos y que permitió su asimilación dentro de la masa general indiferenciada de estadounidenses?”

En un ambiente totalmente distinto, en Liberia, el psicólogo Michael Cole y algunos colegas aplicaron una versión del examen WISC a miembros de la tribu kpelle: colocaron una canasta con comida, herramientas, recipientes y ropa, y les pidieron que los acomodaran en las categorías adecuadas. Para frustración de los investigadores, los kpelle formaron pares funcionales. Pusieron juntos una papa y un cuchillo porque el cuchillo sirve para cortar la papa. “Es lo que haría un hombre sabio”, dijeron. Después de mucho batallar, los psicólogos preguntaron: “¿Cómo lo haría un hombre tonto?” Los kpelle reordenaron las cosas en las categorías “correctas”. Hay razones para afirmar que las categorías taxonómicas son un éxito del desarrollo, o sea, que los kpelle tendrían mejores posibilidades de avanzar tecnológica y científicamente si empezaran a entender el mundo de esa forma. Pero afirmar que son menos inteligentes que los occidentales, con base en su desempeño en el examen WISC, no es más que decir que tienen hábitos y preferencias cognitivas diferentes.

Y si el CI varía con los hábitos de la mente –que pueden ser adoptados o descartados en una generación–, ¿para qué hacemos tanto lío con él?

Acceso a la última parte de la serie, “los racistas bobos”, aquí.

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¿Hay razas más inteligentes que otras? (primera de tres partes)

Posted on 15 julio, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: |

Nota: Por razones de espacio, este artículo se publica en tres partes.

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

“Soy pesimista acerca de las perspectivas de África”, dijo James Watson, según fue citado por The Times el 14 de octubre de 2007. “Todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia (la de los africanos) es la misma que la nuestra, en tanto que todas las pruebas indican que no es así”. Watson no es un supremacista blanco cualquiera, se trata del Premio Nobel de Medicina de 1962 y sus palabras causaron un escándalo que lo forzó a retractarse pocos días después: “No se trata de una discusión sobre superioridad o inferioridad, se trata de entender las diferencias, de por qué algunos de nosotros somos grandes músicos y otros grandes ingenieros”; “ante quienes han inferido a partir de mis palabras que África, como continente, es de alguna forma genéticamente inferior, sólo puedo disculparme sin reservas. Eso no es lo que quise decir”.

Pero fue lo que dijo. Si no hubiera querido decir que los africanos eran inferiores, no hubiera expresado su “pesimismo” sobre sus capacidades intelectuales. Y en cuanto a lo genético, en sus declaraciones a The Times, sostuvo: “No hay una razón firme para anticipar que las capacidades intelectuales de pueblos separados geográficamente en su evolución deberían haber evolucionado de manera idéntica. Nuestro deseo de reservar poderes de razonamiento iguales como alguna herencia universal de la humanidad no es suficiente para lograr que sea así”. En su retractación, añadió: “Todavía no entendemos bien la manera en que distintos ambientes en el mundo a lo largo del tiempo han seleccionado los genes que determinan nuestra capacidad de hacer cosas diferentes”. O sea, se trata de genética, de geografía y de inferioridad: Watson afirmó que los africanos son genéticamente inferiores.

La respuesta vino de todos los ámbitos posibles: desde la Federation of American Scientists (que en su página web se lamentó porque Watson “usó su gran estatura para promover prejuicios personales que son racistas, mal intencionados y sin apoyo científico”) y Francis Collins, director del National Humane Genoma Research Institute (quien heredó el puesto de Watson y declaró que estaba “entristecido” tras “la declaración racista” de su antiguo mentor), hasta los lectores de The New York Times, en la sección de cartas (a las afirmaciones de Watson “les falta una pierna científica sobre la cual sostenerse”). A sus 79 años, Watson debió suspender la gira de presentación de un libro que acababa de publicar (diversas universidades y el Museo de Ciencia de Londres le cancelaron invitaciones porque sus comentarios “llegaron a un punto más allá del debate aceptable”) y renunciar al laboratorio donde trabajaba.

Vale, ahí quedó. Pero algo me siguió dando vueltas en la cabeza. Aunque lo de la inferioridad es un abuso… ¿es completamente equivocado sospechar que la evolución separada de los distintos grupos humanos no dejó huellas en sus capacidades intelectuales? Si las características de las diferentes regiones a las que fuimos a vivir cuando empezamos a separarnos, hace 70 o 100 mil años, nos moldearon físicamente, de tal forma que hay etnias que tienden a ser más altas, otras bajas, unas más anchas, otras más oscuras, algunas más con ojos rasgados, etcétera, etcétera, ¿no se vale suponer que las exigencias de cada medio ambiente determinaron el desarrollo de habilidades específicas e inhibieron el de otras, y que esto significa que hay variaciones en la mente?

Después de ver cómo le fue a Watson, quedan pocas ganas de andarse haciendo estas preguntas, al fin y al cabo uno tiene otras cosas en qué ocuparse, no vaya uno a llegar a la conclusión más impopular. Pero la curiosidad científica es legítima –sobre todo si tras ella no esconde uno otros objetivos–, y además cosquilluda, durante meses no dejó de darme lata y al final me tuve que poner a buscar más sobre el asunto. Así descubrí que el tema ha dado pie a un apasionado debate académico, que da mucho para pensar, y trato ahora de traer a nuestros lectores un acercamiento a una de las cuestiones más incómodas y políticamente incorrectas de nuestro tiempo: ¿Hay razas que son genéticamente más inteligentes que otras?

LAS RAZAS BOBAS

Hay mucha gente que dice que sí. Bueno, eso ya lo sabíamos. La novedad es que unos poquitos aportan evidencia. Hay una corriente de científicos que es conocida como la de los “hereditarios”, o sea, quienes dicen que de un 60 a un 80% de las variaciones en el coeficiente intelectual (CI) de las personas se debe a sus genes. Esto implica que así como hay razas que son mejores para correr, las hay que son mejores para pensar. Y encontré que algo así como la biblia de quienes piensan de esta forma es un artículo de 60 páginas, publicado en 2005 en la revista “Psychology, Public Policy & Law” de la American Psychological Association (disponible en inglés aquí). Se titula “Treinta años de investigación en diferencias de raza en la habilidad cognitiva”, y reúne una larga lista de experimentos que indican que las diferencias en el CI de las distintas etnias son inherentes a ellas, es decir, que influencias externas (como educación, nutrición y otros elementos de contexto) tienen poco que ver: hay razas inteligentes y otras que no lo son tanto.

Uno de los favoritos de los autores es un análisis de una encuesta a nivel de todo Estados Unidos basada en 11,878 chicos de 17 años y publicada en el libro “The Bell Curve”, un best-seller de 1994. Los CI variaban mucho: el promedio de los blancos era de 103; debajo de ellos, estaban los latinos, con 89, y en el fondo, los afroamericanos, con 85. Por encima, no obstante, estaban las personas de origen asiático oriental, con 106, y hasta el tope, los judíos, con 113. Una segunda tabla muestra los CI promedio a nivel mundial: 100 para los blancos, 106 para los orientales y 70 para los negros que viven en África (menos que los negros que viven en EU). Una comparativa más sugiere que los blancos son más o menos iguales en todos lados: los que habitan en Australia, Canadá, Estados Unidos, Europa, Nueva Zelanda y Sudáfrica están más cerca unos de otros que del promedio africano.

¿Cómo podría ser que los genes tuvieran que ver con estas diferencias? El estudio preferido por los hereditarios fue realizado entre niños que fueron adoptados en familias blancas de clase media alta en Minnesota. El nuevo ambiente pareció ayudar: en promedio, los CI de los chicos superaban a los de quienes habían permanecido en sus espacios de origen. Sin embargo, destacan los autores del artículo, no borró las diferencias raciales. Los niños adoptados que tenían dos padres biológicos blancos obtuvieron mejores resultados que los que tenían un padre blanco y otro negro (mulatos), y estos a su vez tuvieron un desempeño superior al de los que eran hijos biológicos de dos negros. Según los autores del artículo, una posible explicación sería que, por cuestiones de racismo, los mulatos fueron mejor tratados que los negros, pero los investigadores descubrieron que doce de los mulatos habían sido confundidos como negros por sus padres adoptivos, lo cual no hizo ninguna diferencia: en los exámenes, les fue igual que a los demás mulatos. Su conclusión fue que lo que determina el CI no son las condiciones de vida, sino la raza.

Los resultados parecen ser un argumento objetivo y contundente a favor de su posición. Pero hubo algunas cosas que me dejaron inquieto.

Por ejemplo, la selección de “razas” que se hace en el primer estudio. Negros, latinos, blancos, orientales y judíos. ¿Judíos? ¿Por qué forman un grupo distinto del de los blancos? Los asiáticos constituyen dos terceras partes de la población mundial, son unos 4,000 millones, y los judíos, 13 millones. ¿Con qué criterio se los coloca aparte de los blancos, mientras que a todos los asiáticos se los pone juntos? Si estamos hablando de procesos evolutivos determinados por la geografía en la que habitaron los distintos grupos humanos, que se separaron hace 100 mil años, ¿por qué serían relevantes las características particulares de un pueblo que se marchó de Palestina hace menos de 2 mil años? ¿Qué particularidades genéticas podrían haber adquirido que los diferenciaran de sus primos árabes que permanecieron allá? Si 2 mil años fueran un tiempo suficiente para que cambiaran tanto, ¿cómo habría podido modificarse la información de sus ADN sin que perdieran con ello la unidad genética, ya que unos se fueron al centro y este de Europa mientras que otros se esparcieron por el Mediterráneo? Y si alguien cree pertinente sostener que hay una diferencia genética fundamental entre judíos y árabes y los demás blancos, y que por eso es necesario singularizar a los primeros, ¿por qué no separan también a los pueblos nilóticos, altos y espigados, de sus vecinos pigmeos?

Además, ¿latinos? ¿Qué clase de raza es la latina, cómo la describen? ¿Es blanca, africana, amerindia, mestiza, mulata, zamba, cambuja? Los latinos blancos, ¿son más inteligentes? Y los de predominancia amerindia, ¿serían más tontos? Pero ¿cómo podría ser esto, si los amerindios se separaron hace apenas 15,000 años de los asiáticos, y dicen que éstos son más inteligentes que los blancos? ¿No quedaría el CI promedio de los latinos mestizos, entonces, en algún punto entre el de los asiáticos y el de los blancos?

Naturalmente, esto es mera especulación, pero derivada de lo que se revela como una falta de honestidad científica en las categorizaciones del estudio que da sustento a “The Bell Curve”. Y todavía hace falta añadir otras preguntas, como: ¿No hay ideología (racial o de otro tipo) en la construcción de los métodos de evaluación del CI? ¿Qué es lo que están midiendo las pruebas de coeficiente intelectual? De manera más concreta: ¿A qué se llama inteligente? ¿A entender cómo funcionan los cohetes espaciales? ¿A sobrevivir en un campamento de tres días en la sierra? ¿A hacer que otros trabajen para ti? ¿A conseguir que una comunidad coopere en armonía? ¿A orientarse con las estrellas? ¿Por qué tendría un cazador masai que obtener las mismas puntuaciones que un universitario berlinés en un test de CI hecho en Nueva York?

Acceso a la segunda parte de la serie, “los ambientalistas”, y a la última, “los racistas bobos”, aquí.

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Eugenesia en el siglo XXI

Posted on 14 enero, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: |

Nota de apoyo a la serie de Témoris Grecko “¿Hay razas más inteligentes que otras?”

El Pioneer Fund fue creado en 1937 por Harry Laughlin, quien es presentado discretamente en “The Bell Curve” como “un biólogo que estaba especialmente preocupado por mantener alto el nivel de inteligencia estadounidense mediante políticas de inmigración adecuadas”. No es la manera más honesta de describirlo. Laughlin era un admirador de las políticas nazis de raza y esterilización. Después de que Hitler firmó la Ley para la Prevención de la Progenie Defectuosa, Laughlin publicó un artículo en el que alababa a Alemania por ser una de las “grandes naciones del mundo” por haber reconocido “los fundamentos biológicos del carácter nacional”. Dos años antes de crear el Pioneer Fund, fue distinguido con un grado honorario por la Heidelberg Universität, que ya para entonces había expurgado a todos sus profesores judíos. El principal donador del Pioneer Fund fue Wickliffe Draper, quien asistió a un congreso sobre población en Berlín, en 1935. Su compañero de viaje y colega de Laughlin, Clarence Campbell, dio una plática en la que afirmó: “La diferencia entre el judío y el ario es tan insuperable como la que hay entre blanco y negro. Alemania ha sentado un patrón que otras naciones deben seguir. A ese gran líder, ¡heil Hitler!”

La eugenesia es una pseudociencia que pretende mejorar la población (o la raza) mediante intervención directa. Se inspira en la cría selectiva de animales que trata de crear mejores especies mediante la exclusión de los individuos defectuosos y el refuerzo de los considerados ideales. Sólo que en el caso de la eugenesia, con lo que se juega es con personas. La eugenesia positiva fomenta la reproducción de quienes considera como genéticamente aventajados. Va de la mano con la eugenesia negativa, que busca reducir o eliminar la fertilidad de los que llama genéticamente desaventajados.

Laughlin, Dreper y Campbell estaban fascinados por las políticas eugenésicas de los nazis, que llevaron a cabo experimentos en seres humanos vivos para poner a prueba sus teorías genéticas, lo que incluyó los famosos trabajos de Josef Mengele con prisioneros de los campos de concentración. Entre 1934 y 1937, unos 400,000 alemanes “físicamente inadecuados” fueron sometidos a esterilización y decenas de miles de incapacitados fueron asesinados. Esto fue mucho más allá durante el holocausto, durante el que eliminaron a millones de personas “indeseadas”: judíos, gitanos, testigos de Jehová y homosexuales.

El Pioneer Fund financió las investigaciones que sirvieron para escribir “The Bell Curve”, mismas que fueron posteriormente presentadas como de gran relevancia (en “Treinta años de investigación en diferencias de raza en la habilidad cognitiva”) por quien dirige el Pioneer Fund desde 2002: J. Philippe Rushton es un psicólogo que sostiene que el tamaño de lo que él llama “cerebro negroide” es inversamente proporcional al del “pene negroide”, y que ha participado en convenciones racistas para afirmar que las vaginas de las mujeres blancas son más largas que las de las mujeres negras, lo cual les permite dar a luz bebés con cerebros más grandes.

(Regresa a la última parte de la serie, “los racistas bobos”, aquí.

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El vídeo de la vergüenza

Posted on 29 octubre, 2007. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , |

Por Javier Távara / Madrid

Un vídeo grabado por las cámaras de seguridad de los Ferrocarrils de la Generalitat Catalana, ha remecido las conciencias y ha puesto sobre el tapete el racismo hacia los millones de inmigrantes que en la última década llegaron a España.

El vídeo tiene todos los ingredientes para soliviantar los ánimos. Un chaval pegado a un teléfono móvil, arremete gratuitamente contra una chica sola, que de forma estoica aguanta sentada el ataque del energúmeno, que no contento con gritarle al oído, le pega, le toca un seno y le lanza una patada en la cara. Hay un tercer personaje: otro chico que está sentado y que a pesar de estar a un metro y poco de distancia del agresor y la agredida, mira hacia otra parte y no tiene el detalle de interesarse por la chica ni siquiera cuando el violento se apea del tren.

Luego la prensa aporta datos sobre estos tres personajes. El agresor, un catalán de 21 años con antecedentes por robo, un violento sin ideología según sus vecinos. La chica, una inmigrante ecuatoriana de sólo 16 años. El testigo indiferente: un chico argentino de 24 años.

Cada uno se va a su casa y el agresor sólo es llamado a declarar en los juzgados, cuando los responsables Ferrocarrils de la Generalitat ponen el vídeo a disposición de la policía, que localiza al fulano. Llevado al juez, la jueza de turno no dispone de fiscal que le acuse (anda en otro asunto) y a falta de denuncia de chica y del parte de lesiones, opta por la solución administrativa de darle carpetazo al asunto.

Sólo cuando el vídeo llega a la prensa, los ánimos se exaltan y los políticos entran en escena. El Presidente ecuatoriano Rafael Correa, ni corto ni perezoso envía a su Ministra de Exteriores. Su homólogo español Miguel Ángel Moratinos intenta calmar los ánimos de los sudamericanos. Mariano Fernández Bermejo, Ministro español de Justicia indaga por qué el energúmeno anda suelto, al tiempo que da instrucciones a la fiscalía para que le acuse. Amparada por su gobierno, la agredida comparece ante el juez y planta la denuncia. Comparecen también el agresor y el testigo pasota.

La conducta simiesca del agresor, no da para mucho trullo según el Código Penal, le tocaría pasar de seis meses a dos años en la cárcel. Así que el individuo queda libre con la obligación de pasarse dos veces diarias por la policía de su pueblo y por el juzgado cada quince días, hasta que se celebre el juicio por delito contra la integridad moral. Así ha quedado la cosa, de momento.

Pero el caso ha puesto en evidencia algo que la clase política española intentaba soslayar: los episodios racistas son en España pan de cada día.

¿Qué se le puede pasar por la cabeza a un chaval para arrearle una patada en la cara a una chica que va sentadita y sola? Está claro que el mandril que hizo eso, además de racista es un maltratador de mujeres y es harto probable que después terminará pegándole a su novia y algún día terminará pegándole palizas a su mujer. No le pegó al chico argentino que iba de pasmadote. Se metió con la chica, por ser mujer y claro está, por ser inmigrante. ¿Por qué?

El asunto evidencia la ausencia de pedagogía social por parte de las autoridades para encausar la convivencia entre inmigrantes y españoles. Por el contrario, los medios de comunicación conservadores, propalan la falsa idea de que los inmigrantes gozan de más derechos que los españoles. Durante esta legislatura de Zapatero, la oposición del PP ha hecho de la inmigración un tema permanente de confrontación con el gobierno del PSOE, acusándole poco menos que de permitir que España se llene de extranjeros y que se le den todos los derechos a todos lo que quieran venir. La prensa afín al PP ha magnificado la delincuencia de los extranjeros, y si bien existe esta delincuencia importada, no se toma en cuenta que los delincuentes extranjeros tienen un perfil criminológico bien definido y no dejan de ser un porcentaje irrisorio entre la gran masa de honrados trabajadores extranjeros.

Por otra parte, mientras en España la inmigración hacía aumentar la población en cuatro millones de personas; a los gobiernos regionales y locales de corte conservador se les dio por reducir el Estado con el rollito de que era mejor la gestión privada de los servicios, que eso es moderno y ahorrador. El resultado es que los ciudadanos, empezaron a ver cómo los servicios públicos que brindaba el Estado: centros de salud, colegios, etc. empezaban a empeorar al tiempo que la población aumentaba y que había los mismos servicios desmejorados para mucha más gente. Si había quejas, la respuesta de estas administraciones fue echar balones fuera: contraten un seguro médico privado si quieren calidad y envíen a los niños a colegios de pago, si no quieren que estudien en escuelas saturadas por los hijos de los inmigrantes.

En el tajo, la competencia se hizo feroz: los empleadores ahora tienen más trabajadores dispuestos a fajarse más horas por menos dinero, así que los españolitos de toda la vida se vieron currando a todo trapo y en peores condiciones.

Así las cosas, el energúmeno del tren debe andar creyendo que los inmigrantes le fastidian la vida. Y cuando se es cobarde y vil resulta más fácil atacar una solitaria chica joven que pedirle cuentas a un concejal, a un alcalde, a un conseller o a un delegado local del PSOE, PP o CIU, ya que al final de cuentas son todos estos políticos los que deciden las cosas que verdaderamente afectan a su triste y violenta existencia de carne de presidio.

Abajo, el vídeo de la agresión en el metro de Barcelona.

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