Archive for 31 octubre 2008

¿De dónde salió todo esto de que el amero reemplazará al dólar?

Posted on 31 octubre, 2008. Filed under: Témoris Grecko |

Por Témoris Grecko / Nueva York

La obsesión paranoica de la ultraderecha racista es que los latinos se van a apoderar de Estados Unidos. Militaristas sin rubor, se enorgullecen de haber conquistado esos enormes territorios con la espada y los aterroriza la idea de que los están perdiendo por negligencia, poco a poco. Dan la voz de alarma pero descubren, desesperados, que sus compatriotas anglosajones no perciben el peligro de la misma manera. Así que tratan de explicarlo, exageran argumentos, manipulan información e inventan locuras. Por lo general, no hay mucha gente que les haga caso y se quedan por ahí, aullando en las esquinas. Pero algunas veces, se presentan oportunidades, dadas por la coyuntura o, como en este raro caso, provenientes de donde menos se esperaba, un ayuda gratuita. La que les están dando sin querer todas las personas y medios de comunicación que -sin explicar de qué se trata ni darle el contexto adecuado- están difundiendo un video casero, barato, malhecho, donde un racista estadounidense de medio pelo ofrece una argumentación ridícula para convencer de que el dólar de E.U., el de Canadá y el peso mexicano van a desaparecer y serán sustituidos por un nueva moneda común para Norteamérica, el amero.

El video en cuestión fue subtitulado en español y colocado en YouTube por alguien -me pregunto con qué objetivos- y está recibiendo muchas visitas porque lo hacen circular muchas personas por e mail y varios medios de comunicación. A mí me ha llegado por numerosas vías. Si alguien no lo ha visto, aquí lo pongo para que sepa de qué estamos hablando. Pero aquí sí va con contexto.

Desde hace décadas, estos ultraderechistas dicen que el objetivo de los mexicanos (y por extensión, de cualquier hablante de español o portugués) que viven o van a vivir en E.U. es la reconquista de los territorios arrebatados a México en el siglo XIX. Como también hay comunidades importantes de latinos más allá de aquellas zonas, como en Illinois, Florida, Carolina del Norte y Nueva York, los extremistas favorecen la percepción de que la reconquista va sobre los 50 estados de E.U. Más allá de algunos grupúsculos chicanos, a la inmensa mayoría de mexicanos y latinos en EU la tiene sin cuidado tal proyecto inexistente. Pero los ultras insisten en ello. Una de esas ayudas inesperadas les cayó de pronto, a principios de 2008, cuando los creativos de la agencia que promueve un vodka tuvieron la estúpida idea de montar una campaña que sugiere que para los mexicanos, en un mundo ideal las fronteras de México casi llegarían hasta Canadá. Los supremacistas llenaron internet de denuncias y agresiones racistas contra los mexicanos y los latinos. Éste es el tipo de cosas que después les sirve para justificar ataques físicos contra personas, promover grupos de cacería contra los inmigrantes y hacer aprobar leyes que les hacen la vida más difícil a los indocumentados, o que prohiben el uso del idioma español. No es buena idea darles ayuda gratis.

A partir de la creación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, los racistas se han dotado de un Nuevo argumento. Afirman que este acuerdo comercial, que concede todos los privilegios de paso al capital y a las mercancías pero los niega a las personas, es el preludio de una integración politica y económica que llevaría a una especie de Unión Europea pero en Norteamérica. Para cualquiera que tenga dos dedos de frente y analice tal proyecto, que no existe, queda claro de inmediato que la enorme ventaja en poder politico, económico, militar y demográfico que tiene Estados Unidos sobre Canadá y México -juntos o separados-, garantiza que si hubiera una Unión Norteamericana, la capital estaría en Washington, el banco central estaría en Nueva York y las decisiones, en manos de los líderes financieros y políticos de Estados Unidos. En la Unión Europea, donde confluyen 27 países, el mayor de ellos (Alemania) no tiene más que la sexta parte de la población total y la quinta del PIB común, la alianza de dos países secundarios como España y Polonia le puede hacer contrapeso. En Norteamérica, no habría manera de evitar que tanto canadienses como mexicanos quedáramos al margen, siempre a la espera de lo que decida EU. O sea, más o menos lo que pasa ahora, pero de manera institucionalizada.

Sin embargo, la paranoia promovida por los racistas no solamente trata de presentar esta falsa Unión Norteamericana como un proyecto que los líderes de los tres países tratan ya de realizar a escondidas, sino que lo presentan como si los estadounidenses pudieran perder el control y cederlo a los canadienses y, ¡peor aún!, a los mexicanos. Esto, sumado a la supuesta invasión demográfica, cultural y lingüística que están llevando a cabo los latinos -según ha denunciado Samuel Huntington-, conduciría a la derrota de los anglosajones y la reconquista por la vía de las mañas.

La moneda inexistente denominada amero no surgió ahora. La propuso un académico canadiense en 1993, cuando estaba por ser creado el TLCAN, y se hubiera perdido en el olvido si no fuera porque a los ultras les sirvió para alimentar su cuento de la Unión Norteamericana. Los estadounidenses asocian el peso mexicano con devaluación, caos y pobreza extrema, y la idea de unir su dólar con el peso los aterra. Es otra forma de inducirles miedo hacia los latinos: si la amenaza de la invasión cultural no es suficiente para hacerlos reaccionar, la del dominio mexicano sobre sus bolsillos debería convencer a los inconvencibles.

Pero tampoco ha pegado el truco. No en E.U. Ni siquiera esta vez, cuando los estadounidenses están angustiados por la crisis económica: el video sobre el amero está hecho con los pies, lo presenta un  racista de tercera llamado Hal Turner, los argumentos que utiliza son ridículos y su gran prueba, que no son fotografìas obtenidas clandestinamente ni una tonelada de archivos, sino una monedita de amero, es todo un ejemplo de incompetencia argumentativa. Aún si estuviera debidamente acuñada, cualquiera puede mandar a hacer una igual y no tendría más valor que una medallita del Santo Niño de Atocha. El tipo pretende que le creamos sus fantasías porque nos mal enseña una ficha para máquina de videojuegos. Turner promete que habrá un acercamiento de la cámara que nos permita apreciar el detalle de la moneda, pero no cumple y lo más que nos da, es hacerla rebotar para que suene metálica. Lo sorprendente es que en México sí le están dando crédito. Y así, porque un idiota hizo tilín sobre una mesa, muchos mexicanos están saturando los buzones de correo electronico de amigos y desconocidos, regalándole un eco inmerecido a las fantasías paranoicas de los racistas antimexicanos, que de esta forma tendrán algo qué agradecerle a México. Ironías del destino, supongo.

PD: No tengo simpatías por el dólar ni motivos para defenderlo, no tengo cuentas ni inversiones en esa moneda. Pero otros que sí las poseen, y muy grandes, también son los que tienen acceso a la información económica más precisa. Y son ellos los que están moviendo recursos gigantescos en todo el mundo. No para deshacerse de sus dólares, como recomienda Turner con afán de contribuir al caos, sino para adquirir más: los que tienen lana, varo, guita, pasta, plata, están comprando masivamente dólares -no ameros- porque consideran que es la moneda más segura para proteger sus riquezas. Por eso sube el dólar y caen todas las demás monedas, el oro incluido. No me crean a mí. Ni a Turner. Sólo pónganles atención a los números.

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Nuevos ciudadanos, nuevas esperanzas

Posted on 29 octubre, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , |

Eileen Truax/Los Ángeles

Hace unos días, mientras adentro de un auditorio cerca de 2,700 personas juraban ante el gobierno estadounidense como nuevos ciudadanos americanos, afuera decenas de voluntarios de los partidos políticos preparaban sus materiales para ofrecerlos. Y es que en una elección en la que cada voto cuenta, 2,700 nuevos votantes no son nada despreciables.

Las ceremonias de entrega de certificados de naturalización son eventos más o menos comunes en las ciudades más grandes de Estados Unidos: varias veces al año, se da la bienvenida a los nuevos ciudadanos que han adquirido ese estatus por casarse con otro ciudadano o por haber vivido durante algunos años en el país siendo un residente permanente.

Sin embargo existe también un número importante de personas que, habiendo sido residentes por años, en ocasiones por décadas, no se deciden a dar el siguiente paso y convertirse en ciudadanos. Las razones son diversas: el trámite tiene un costo y hay que aprobar exámenes, entre ellos el de inglés; las personas no siempre se sienten completamente integradas al nuevo país, por lo que la ciudadanía no es algo que deseen, y el hecho de que la residencia permanente les permita gozar de derechos y servicios hace que la obtención de la ciudadanía no siempre sea una meta.

Pero hay un derecho que sólo puede ser ejercido por el ciudadano: el derecho al voto. Y volvemos a la elección en la que cada voto cuenta; por cada ciudadano potencial que no se naturaliza, hay un voto que no se ejerce.

Desde hace décadas, cientos de organizaciones activistas latinas buscan revertir esta tendencia y motivar a los residentes hispanos para que se conviertan en ciudadanos. El hecho de que haya más latinos votando representa, desde luego, la posibilidad de que lleguen a los puestos de elección popular políticos que impulsan la agenda que beneficia a estos latinos, lo cual deriva en leyes en pro de esta comunidad.

Si bien en las últimas décadas ha habido notables avances en este sentido –tal vez el caso más reciente y uno de los más sonados sea el del alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa-, fue sin duda en 2006 cuando propios y extraños se dieron cuenta del potencial del voto latino: ante la amenaza de la propuesta de ley conocida como Ley Sensenbrenner, cuya aprobación hubiera resultado en la criminalización de los inmigrantes indocumentados, los latinos descubrieron que los derechos obtenidos podían revertirse, y que a los políticos se les pone y se les quita en las urnas.

Una fuerte campaña por la ciudadanía circuló entonces en los medios, en las organizaciones, a través de funcionarios hispanos, de boca en boca. La gente empezó a ir a los cursos de ciudadanía y a solicitar sus exámenes. De acuerdo con la Asociación Nacional de Funcionarios Electos y Designados (NALEO), organización que encabezó la campaña de ciudadanía más importante, más de un millón de residentes solicitaron la ciudadanía durante el 2007; tras ese proceso empezó uno más: el de registrar para votar a los nuevos ciudadanos.

“Yo quería votar por el cambio porque es muy importante en estos momentos”. Eva, originaria de Oaxaca y residente de Estados Unidos por más de 30 años, me platicaba sus razones para “hacerse ciudadana” después de tanto tiempo, mientras se registraba para votar minutos después de recibir su certificado de naturalización.

“Yo lo hice para que se escuchara mi voz”, me dijo un poco más tarde un hombre llamado Horacio, repitiendo el eslogan de una de las campañas. Horacio era residente desde 1988. Veinte años después decidió que era el momento de actuar. “Porque estando las cosas como están, uno no sabe si siendo nada más residente al rato nos sacan del país”, comentó.

Un caso similar es el de Fermín. Este hombre originario de Michoacán agitaba una  banderita estadounidense mientras se registraba para votar. “Por Obama”, me dijo sonriendo, sin titubeos. “Ahora me siento más atado, soy más libre de expresarme. ser ciudadano es un privilegio que no todos pueden tener; el orgullo de formar parte de este país”.

De acuerdo con un reporte del Centro de Políticas de Inmigración (IPC), de las elecciones de 1996 a las de 2004, el porcentaje de “nuevos estadounidenses” representó el 31% del incremento del padrón electoral; son en gran medida los inmigrantes que se han naturalizado recientemente, y los hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos que cumplieron 18 años, quienes se han sumado a las filas de votantes.

Hasta 2004 había 12.6 millones de inmigrantes latinos y asiáticos registrados para votar, el 9.3% del padrón. Sin embargo, con al menos tres millones de naturalizados más desde las pasadas elecciones presidenciales, se espera que el voto de esos “nuevos” ciudadanos tenga un impacto en estados como Nuevo México, Florida, Colorado y Nevada, donde el porcentaje de latinos y asiáticos registrados para votar es superior a los márgenes de victoria que obtuvo el ganador en 2004.

Haciendo un corte limitado sólo a los votantes latinos, son cerca de 14 millones los que en esta ocasión se encuentran registrados para votar en la elección presidencial, frente a los 9.3 millones registrados en 2004. Se estima que el 4 de noviembre podrían acudir a las urnas 9.2 de esos 14 millones de votantes latinos, lo que supondría un 20% más que los 7.6 millones que votaron en la elección anterior.

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Un grito por la muerte…, otro por la vida

Posted on 27 octubre, 2008. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría | Etiquetas: , , |

 

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Uno quería morir, porque aunque estaba vivo, no vivía. La otra, sí quería vivir tras unos 15 años de encarcelamiento, tiempo durante el cual pudo arrepentirse de su vida pasada. Ambos no serían más que víctimas de la máxima latina Dura lex, sed lex.

Un grito… por la muerte

La vida de Ramón Sampedro, entendida ésta en su sentido amplio, se detuvo un fatídico, para él, 23 de agosto de 1968, cuando al arrojarse a la profundidad del mar en la playa de As Furnas, en su Galicia natal, se encontró con el duro suelo rompiéndose la columna vertebral, lo que le produjo la invalidez hasta el día de su muerte la noche del 11 de enero de 1998. Desde entonces, su vida se convirtió en un antes y un después: 25 años de amor a ella en toda su magnitud como marino mercante, y 29 años de clemencia por una muerte digna desde su condición de tetrapléjico durante el cual se dirigió a diferentes instancias para que se le permitiera realizar la eutanasia activa. Al final, con la ayuda de manos amigas, logró su cometido: la muerte gracias al envenenamiento por cianuro de potasio. Él, desde su condición de víctima de su situación física, lo tenía muy claro: “El derecho de nacer parte de una verdad: el deseo de placer. El derecho de morir parte de otra verdad: el deseo de no sufrir. La razón ética pone el bien o el mal en cada uno de los actos. Un hijo concebido contra la voluntad de la mujer es un crimen. Una muerte contra la voluntad de la persona también. Pero un hijo deseado y concebido por amor es, obviamente, un bien. Una muerte deseada para liberarse de un dolor irremediable, también” -escribiría.

Antes de consumar el suicidio, planeado detalladamente y también filmado, legaría a la posteridad su testamento, en el cual lo aclararía todo: “Como pueden ver, a mi lado tengo un vaso de agua conteniendo una dosis de cianuro de potasio. Cuando lo beba habré renunciado -voluntariamente- a la propiedad más legítima y privada que poseo; es decir mi cuerpo. También me habré liberado de una humillante esclavitud -la tetraplegia”.

Para la “mano amiga” que le ayudó a realizar su deseo, Sampedro pide a los jueces comprensión y equidad por su actuación: “si a pesar de mis razones deciden ejemplarizar con el castigo atemorizador, yo les aconsejo -y ruego- que hagan lo justo: Córtenle al cooperador/ra los brazos y las piernas porque eso fue lo que de su persona he necesitado. La conciencia fue mía. Por tanto, míos han sido el acto y la intención de los hechos”.

Un grito… por la vida

La vida de Karla Faye Tucker empezaría su marcha atrás el 13 de junio de 1983 en Houston cuando sólo contaba con 23 años. Narcómana, para poder costearse su adicción se prostituía. Aquel día de junio entró a robar en casa de su ex-amante encontrándolo dormido en la cama junto a otra mujer. En un arrebato de celos, los mató mientras dormían, teniendo “un orgasmo cada vez que les clavaba la piocha”, confesión que la llevaría a la pena capital en Texas, EE.UU. Durante los 15 años de espera del cumplimiento de la condena, Karla tuvo el tiempo suficiente para arrepentirse de sus actos (“es la peor pesadilla de mi vida”), y convertirse en otra persona, recuperando la fe cristiana, casándose incluso con un capellán de la prisión: “No tengo miedo a morir. Sé que Jesús ya está adonde voy para prepararme un sitio”, declararía. En vano fueron las diferentes peticiones de clemencia a instituciones y autoridades, incluyendo una carta del Papa Juan Pablo II: Karla moría el 4 de febrero de 1998 tras una inyección letal.

En su libro Cartas desde el infierno (1996), Sampedro escribió: “Necio, cuando me muera, cerraré los ojos/ tú dirás que estoy muerto/ tú dirás que he pecado/ yo estaré satisfecho”. Karla, unos instantes antes de su muerte, tuvo tiempo para pedir perdón a los familiares de las víctimas y despedirse de los suyos.

Con estos dos casos se cerraba el capítulo final en la vida de Ramón y Karla y se abría uno más en el difícil y controvertido debate sobre la eutanasia y la pena de muerte.

Nota: Este corto texto lo redacté el sábado 28 de febrero de 1998 como lectura para su debate con mis estudiantes de la Universidad de Pécs. Por ello no incluí las fuentes de las declaraciones que hoy, pasada una década, descansan en algún rincón de mi casa.

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Operación acarreo

Posted on 24 octubre, 2008. Filed under: Marco Appel -Bruselas |

Por Marco Appel / Bruselas

 

La invitación telefónica fue a un “encuentro con la Comisaria” de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, Benita Ferrero-Waldner, a quien podríamos plantearle nuestras preguntas. Ese fue el ofrecimiento de Concha Fernández-Puente, la portavoz de Ferrero-Waldner, cuando me llamó dos días antes del evento del pasado viernes 17 de octubre.

 

Horas después de la invitación telefónica, un correo electrónico de la portavoz lo confirmó (o así lo entendí yo y muchos de mis colegas):

 

Tal y como os he dicho, el viernes 17 de octubre habrá un acto sobre el tema de la emigración entre la Unión Europea y América Latina con la participación de la Comisaria Ferrero-Waldner, Enrique Iglesias, Secretario General de la Cumbre Iberoamericana, y de los embajadores de América Latina en Bruselas.

El acto tendrá lugar a las 10h00 en el Berlaymont.

Si estais interesados en participar (habrá sesión de preguntas y respuestas), debeis estar en el lobby del Berlaymont (junto a los scanners) a las 9h40.”

 

En su llamada, Concha insistió que fuéramos “muy puntuales”, “para poder empezar a tiempo”.

 

A la hora indicada estábamos unos 12 o 15 periodistas. Concha nos condujo a un pequeño auditorio dentro de una zona restringida del edificio Berlaymont de la Comisión Europea.

 

Nos sentamos, esperando que en cualquier momento llegara la Comisaria para poder empezar. Pero nada. Dieron las 10 y quienes llegaron fueron varios embajadores latinoamericanos y otros funcionarios.

 

Dieron las 10 y cuarto y nada. pero había ya instalada una cámara de televisión del servicio oficial de la Comisión Europea (Europe by Satellite). El auditorio se veía concurrido, sobre todo las primeras filas. Habíamos más o menos 45 personas entre periodistas y diplomáticos.

 

Poco después se apareció la Comisaria, sonriente, como siempre. Y arrancó el espectáculo.

 

Una potente lámpara de iluminación se prendió y la cámara comenzó a grabar “el acto”. En resumen, Benita hizo un discurso sobre el diálogo que le había ofrecido la Comisión Europea a los gobiernos latinoamericanos en materia de migración para evitar los “malentendidos” que ocasionó la Directiva Retorno.

 

Fueron 10 minutos. Luego, la Comisaria le dio la palabra a Enrique Iglesias, quien, según dijo, estaba presentando en ese “acto” un libro con las conclusiones de una reunión que había tenido lugar en abril pasado. “¿Eh?”, pensé.

 

Después habló el embajador argentino en Bruselas. Una vez que éste terminó, la Comisaria de inmediato se despidió de nosotros (“tengo una reunión que atender y ya voy retrasada”), se paró y, sonriente como llegó, se fue. El camarógrafo dejó de filmar y apagó la lámpara de iluminación.

 

Ferrero-Waldner dejó en su lugar a un subalterno, cuya aportación a lo que resultó ser “un debate”, según dijo él, fue pronunciarse por un nuevo diálogo migratorio entre la UE y Latinoamérica que promueva una “agenda positiva”.

 

El corresponsal del diario El Comercio, de Perú, Erik Struyf, fue el primero al que le dieron la palabra en la ronda de “preguntas y respuestas”. Se quejó a nombre de todos los periodistas presentes. “Lamentamos que se haya ido la Comisaria cuando se nos dijo que podríamos plantear nuestras preguntas a ella. Me parece una falta de educación de parte de la Comisaría”, expresó bastante molesto el colega, como lo estábamos muchos.

 

Al finalizar el evento, un corresponsal nos comentó que mientras nosotros ya estábamos dentro del auditorio, Concha Fernández-Puente salió a recibir a Iglesias, que venía llegando al Berlaymont. Mientras lo saludaba le comentó, en tono triunfante, algo así: “Conseguimos traer a la prensa; hay mucha gente en el auditorio”.

 

Una hora después, mientras tomábamos un café en el bar de la sala de prensa, ¿qué vemos boquiabiertos en las pantallas del circuito cerrado de televisión?: a la Comisaria Ferrero-Walder, que habla ante un auditorio que, gracias a una toma de las primeras filas, “parece” lleno de asistentes quienes muestran un “aparente” enorme interés en lo que escuchan.

 

El poder de la imagen. Y nosotros englutidos por ella.

 

***

 

Assez – VIVE LA FÊTE

 

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Crisis Económica Mundial: ¿Rescates, Milagros o qué?

Posted on 22 octubre, 2008. Filed under: Luis Gómez -Ciudad de México | Etiquetas: , |

Por Luis Gómez González / Ciudad de México

 

Como hemos atestiguado, en las últimas semanas se han visto eventos históricos en materia de economía y finanzas, quiebras bancarias, caídas de bolsas, etc. Pero ahora nos toca analizar y debatir los rescates bancarios.

 

Al principio planeaba centrar el post en el rescate o “Plan Paulson”, pero no podemos hablar de un sólo rescate, las cosas van cambiando día con día, y a estas alturas ya tenemos muchos y diferentes tipos de rescates, desde los planteados por la administración Bush (que no fueron del todo aceptados por el mercado), pasando por los europeos en sus diversas modalidades, y hasta latinoamericanos, teniendo el caso Chileno (850 millones dólares) y mexicano como los más sonados de la región.

 

Los más relevantes por su magnitud e importancia son el llamado “Plan Paulson”, un paquete de entre 750 y 850 billones de dólares, y el británico; sus diferencias las discutiremos más adelante.

 

Entonces, para efectos prácticos vamos a dividirlos en dos grandes categorías: rescates para el sector financiero y estímulos para la economía real, para después dividirlos en subtemas más específicos para su mejor entendimiento:

 

Sector Financiero

 

  1. Asegurar depósitos.
  2. Créditos a bancos.
  3. Compra de cartera tóxica.
  4. Compra de acciones.

 

Economía Real

 

  1. Baja de tasas de interés.
  2. Estímulos o Inyecciones de dinero a la economía:
    1. Dinero en efectivo (caso EEUU).
    2. Créditos a empresas y proyectos productivos (América Latina).

 

Me tomé la libertad de proponer este pequeño esquema dada la información que ha circulado por los medio, ya que por el momento sólo se limitan a notas de los anuncios de diferentes gobiernos y no detallan los puntos finos de los diversos planes de apoyo y rescate.

 

Planes de Rescate al Sector Financiero.

 

Cabe señalar que el mayor activo de un sistema capitalista es la confianza, sin confianza no podría haber intercambio ni nada por el estilo, por eso la importancia de los rescates es dar certidumbre, recobrar la confianza en el sistema bancario. Por eso estos tipos de rescate están buscando recobrar la confianza en el sistema financiero y bancario, son de carácter inmediato, y obviamente son para salvar al sector financiero, generador (junto con el sector hipotecario) de la crisis, ya que como lo hemos comentado antes, es un sector prioritario en toda economía.

 

Aseguramientos a los depósitos (en EEUU, Alemania, Inglaterra, España principalmente): son, digámoslo así, para asegurar lo más básico del sector (y lo más importante), los depósitos. El caso argentino es muy claro para entender esto, lo que paso con el corralito fue terrible para esa nación, dejar que pasara en EEUU y Europa sería devastador. Imaginemos que no tenemos confianza ni siquiera de usar una cuenta corriente, como depósitos, transferencias a nómina, etc. No sólo no podrían prestar dinero los bancos, quebrarían hasta las instituciones más prudentes y sanas. Aunque para efectos prácticos nunca desembolsarían ese dinero, aquí lo importante era darle confianza al depositante común, los bancos sin dinero simplemente no existirían.

 

Créditos a bancos: estos los han estado haciendo la FED, el Banco Central Europeo y Banco de Inglaterra desde el año pasado, y son para que no se paralice el crédito. ¿Cómo? Como sabemos, lo riesgoso de la crisis es la escasez del crédito, por el clima de desconfianza los bancos no se prestan entre sí, entonces las líneas de crédito para empresas y particulares están muy limitadas y por lo tanto los tipos de interés en aumento. Los Bancos Centrales han estado dando líneas de crédito a los bancos, para que puedan prestar a sus clientes y no se paralizar a la actividad por completo.

 

Compra de Cartera Tóxica (Plan Paulson Original): esto vendría a limpiar los balances de los bancos, causa primaria de la caída y quiebra de muchas instituciones; es decir, bajar el nivel de cuentas incobrables y mejorar los resultados a futuro de estás empresas. Ésta solución si bien interesante al principio, al final no gustó mucho al mercado, ya que tomando en cuenta que el problema es la escasez de crédito, y es urgente, no resolvería el problema ni rápido ni de fondo.

 

Compra de acciones (caso británico y recientemente estadounidense, al anunciar inyección al sistema bancario por 250 mil millones de dólares): ésta opción ha sido de la más aceptada en el mercado, porque el tema del crédito subyace a la capitalización de la banca (ver post anterior, tema Basilea), y al capitalizar a la banca, aumentaría de nuevo el margen de maniobra para otorgar créditos.

 

La diferencia fundamental de la compra de cartera y compra de acciones es que al comprar cartera, no obstante que ayudas a las economías de los deudores, no solucionas el problema de fondo, y podrías volver a caer en lo mismo en el futuro, y hasta no tener precios concretos de la deuda tóxica, la incertidumbre inevitablemente continuará, al final ésta es sólo una solución paliativa. Pero al comprar acciones, capitalizas a los bancos, generarías de nuevo niveles más saludables de crédito y hasta podrías entrar a un esquema de renegociación de los créditos incobrables (tomando en cuenta que las tasas de interés han bajado hasta 1.5%). Y además podrías tener, como gobierno, posibilidad de tener decisión en las juntas de accionistas de los bancos, y así influir en las políticas de riesgos crediticios, regulaciones, y hasta poder tener un rendimiento a futuro.

 

Estímulos para la Economía Real.

 

Estos han sido aplicado más para efectos de mediano y largo plazo, para amortiguar la recesión, no sólo en los países implicados directamente en la crisis (EE y Europa), sino también en regiones afectadas indirectamente (caso latinoamericano), ya que a pesar de que no hay un contagio directo en el sector financiero, los efectos de la recesión, que es el siguiente capitulo en ésta historia, afectarán a todo el mundo (comercio, remesas, inversión extranjera, precios de materias primas, etc.).

 

Bajas en tipos de Interés: hemos visto la aplicación de esta herramienta en EEUU por parte de la FED desde finales del año pasado, pero el pasado 8 de octubre vimos una bajada coordinada de varios Bancos Centrales, esto debido al riesgo de una recesión global. El objetivo es de alguna manera reanimar la actividad económica global; los bancos centrales implicados fueron de; EEUU, Europa, Reino Unido, Japón, China, Canadá, Suecia, Suiza, más los que se acumulen.

Estímulos o inyecciones: ya hecho por George Bush en 2007 para intentar estimular el consumo, sin un efecto claro, ahora se anuncia un nuevo plan por el congreso norteamericano para después de las elecciones intentar aminorar los efectos de la recesión. En América Latina (AL), los gobiernos han anunciado diversos planes para amortiguar la baja de la actividad en EEUU, estos van desde créditos para Pymes, planes de infraestructura, subsidios a productos como alimentos y gasolina, simplificaciones administrativas entre otros.

 

Cabe mencionar que el sector financiero de AL por el momento no está directamente infectado por la crisis subprime, pero estos planes son implementados dado que la recesión inevitablemente afectará las balanzas comerciales (comercio exterior, remesas, etc.), de la región. Y dado que el nivel de reservas internacionales ha aumentado en las últimas décadas, y los niveles de deuda disminuido en la mayoría de los países, la región está mejor preparada para llevar a cabo estos programas y aguantar la crisis mejor que en otras épocas, pero no estamos exentos a las afectaciones, tema que tomaremos más en concreto en otra entrega.

En este momento los rescates son necesarios y urgentes, no muy populares ya que no es justo que los excesos de Wall Street los paguen los contribuyentes, pero las consecuencias de no hacer nada serían peores. Pero quedan preguntas y pendientes en el aire: ¿Cómo queda la mecánica de aplicación? ¿Cómo queda la nueva regulación? ¿Qué margen de maniobra le queda al siguiente presidente de EEUU (porque le dejarían un déficit presupuestario más alto)? ¿Va a haber sanciones o consecuencias para los operadores y directivos irresponsables que generaron todo el problema? Las inyecciones de dinero y ayudas ¿generarán nuevamente expectativas inflacionarias?

 

 

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¿Y no será que Brad Will se suicidó?

Posted on 20 octubre, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

 

Como si las autoridades judiciales de Oaxaca tuvieran alguna huella de credibilidad, eficacia, honestidad e imparcialidad, la Procuraduría General de la República (PGR, equivalente a una fiscalía nacional) les agradeció la ayuda prestada para esclarecer el asesinato del camarógrafo estadounidense Brad Will, hace dos años, el 27 de octubre de 2006. Y como si esta colaboración nada menos con los sospechosos de ser los verdaderos asesinos de Will reforzara su propia credibilidad, la PGR acusó del asesinato nada menos que a los activistas a los que Will fue a apoyar, o sea, a sus compañeros. Y como si esto no fuera ya demasiado bizarro, la parte más poderosa de la prensa mexicana, como los canales de las empresas Televisa y Televisión Azteca (que representan más del 95% de la cuota de audiencia de televisión abierta), asumieron acríticamente la versión presentada por la PGR y reprodujeron sin acotaciones los videos que supuestamente respaldan las conclusiones del organismo.

 

Más allá de que, eventualmente, pudiera demostrarse que los asesinos de Will no fueron aquéllos con los que él simpatizaba, sino sus enemigos, el daño está hecho: en la sociedad mediática, cuenta mucho más el juicio de la pantalla que el de la justicia. Y ya el gobierno federal del panista Felipe Calderón, la PGR, Televisa y Televisión Azteca, por lo menos, le hicieron un favor inestimable al matón gobernador de Oaxaca, el priísta Ulises Ruiz, quien de esta forma deslegitima a sus impugnadores

 

 

Un poco de historia: Ruiz es uno de esos mandatarios que nos recuerda que amplias regiones de México siguen atadas al feudalismo rural del siglo XIX. Es un asesino, represor, corrupto, charlatán y hablador, todo un ejemplo de historia viva: cuando los estudiantes deben aprender qué eran figuras políticas dinosáuricas como el cacicazgo y la dictadura policiaca, los profesores sólo tienen que mandarlos a un fabuloso museo de historia viva como es Oaxaca, todo un parque jurásico donde los velociraptores y los tiranosaurios todavía se mueven con libertad.

 

Un ambiente cretáceo como éste generó respuestas sociales adecuadas a él. Una protesta magisterial que se convirtió en un movimiento popular de rechazo al gobernador, se radicalizó ante la sangrienta represión y quedó en manos de extremistas ligados a los incipientes grupúsculos guerrilleros que hay en las montañas del sur, que vieron en ésta su oportunidad de ganar centralidad política. A los ojos de los observadores de izquierda y derecha, Ulises Ruiz parecía insostenible, el gobernador no escondía su cavernarismo y actuaba de manera flagrantemente ilegal. El Senado de la República tiene las facultades de declarar la desaparición de poderes en un Estado. Y un gobernador debilitado, cuestionado y desacreditado, necesita del apoyo del gobierno federal para sostenerse. Calderón no tenía que hacer mucho más que dejarlo caer.

 

Aquí entró en juego el complejo ajedrez político del país. Calderón es un presidente débil, que ganó la Presidencia por apenas 0.5% y cuyo partido, el PAN, controla apenas una tercera parte del Congreso. Otro tercio está en manos de la que entonces era la segunda fuerza política (no lo es más, es un partido caníbal, pero sus diputados y senadores siguen allí), el PRD, autodeclarado de izquierda, cuyo candidato presidencial quedó un 0.5% debajo de Calderón y, dadas las mañanas que intervinieron en el proceso electoral, denunció fraude y se considera “presidente legítimo”. Esto significa que Calderón, a quien le urgía un socio para ganar gobernabilidad, tenía la puerta izquierda cerrada con cien candados. La otra puerta era la del partido dinosáurico por excelencia, el que gobernó México durante 71 años y quedó en tercer lugar en la elección presidencial, el PRI. Conscientes de que son indispensables para Calderón, los mafiosos del PRI le han vendido muy caro su amor. Y uno de los requisitos de cortejo es que el gobierno federal les dé todo el respaldo necesario a los gobernadores reptiles del PRI. El conflicto en Oaxaca no empezó con Calderón, sino durante el gobierno de su compañero de partido y antecesor en el cargo, Vicente Fox. Torpe y desatinado, Fox también tenía este tipo de cercanía con los dinosaurios del PRI. Durante su campaña, Calderón aseguró que terminaría con estas complicidades jurásicas. Pero las mantuvo.

 

En uno de los enfrentamientos entre activistas de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) y los policías de Ruiz, que Bradley Will documentaba cámara en mano, el estadounidense fue herido por dos balas y murió mientras los activistas lo trasladaban. Ya habían muerto decenas de mexicanos, pero el asesinato de un ciudadano extranjero hizo que el nivel de alarma se elevara y propició la intervención de la policía federal. No para expulsar por fin a Ruiz, sino para estabilizar la situación en su favor.

 

¿Quién mató a Will? Les tomó dos años de demoras arrastrar las cosas hasta darles vuelta. No sin contratiempos: a principios de la semana pasada, la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió una recomendación en la que señala las graves inconsistencias de la indagatoria de la policía oaxaqueña, hizo peritajes propios y, con base en evidencias, testimonios, reportes forenses y el video donde Will captó su propia muerte (como se ve en el video que aparece arriba, Will grabó a los policías vestidos de civil que hacían disparos; también es relevante el tiempo que transcurre entre que se escuchan una detonación y el quejido de dolor del camarógrafo), para establecer que el disparo que lo mató fue efectuado desde larga distancia, del lado donde estaban los policías, y no de cerca, donde Will corría junto a los activistas.

 

La versión oficial, presentada el viernes por la PGR, es la contraria: Will recibió un primer disparo desde muy cerca, menos e dos metros de distancia, y un segundo para rematarlo, cuando era trasladado. El responsable es un activista que ya está en prisión. El supuesto motivo: varias personas de la APPO –los mismos que se detuvieron a ayudarlo y trataron de sacarlo de la zona- estarían molestas no porque los policías los estuviesen tiroteando , sino porque Will estaba “tomando fotos”, y decidieron matarlo. En este contexto, la PGR presenta a Bradley Will como “periodista”. El mensaje implícito es que a los periodistas no los quiere nadie y por lo tanto los activistas no tendrían reparos en eliminarlo.

 

 Pero Bradley Will no era un periodista, al menos en el sentido tradicional del término. Will era un hombre con un compromiso político, un anarquista que viajaba por el mundo (Chequia, Argentina, Chiapas, Brasil) para apoyar las causas en las que creía, y que estaba en Oaxaca levantando imagen para un documental militante que sería difundido a través de Indymedia, una red internacional de páginas web de extrema izquierda. Para los activistas de la APPO, Bradley Will no era otro periodista incómodo, sino alguien que les iba a permitir exponerle al mundo su versión de las cosas, algo que valoraban mucho al sentir que los medios nacionales abusaban de ellos al presentar información manipulada del conflicto, sin darles derecho de réplica. Tras su muerte, el subcomandante Marcos, del Ejército Zapatista, lo llamó “compañero” que “lleva la voz de la gente de abajo para que sea escuchada”.

 

Esta versión de la PGR, además, no esclarece las muertes de otros dos profesores en el mismo escenario, simplemente los ignora: ¿A ellos también los mataron sus propios compañeros? ¿Estaban los activistas más preocupados por matar al camarógrafo desarmado que en defenderse de quienes los estaban tiroteando?

 

Hace casi 15 años, un secretario de transportes del Distrito Federal, envuelto en un complejo escándalo, murió de dos tiros en el corazón. La policía salió en la televisión a explicar que el hombre se había colocado la pistola en el pecho, había disparado, recibido el impacto y una herida de muerte, y aún así, había mantenido el arma exactamente en la misma posición, y el cuerpo no se había movido ni un milímetro, y además había tenido todavía fuerza y decisión para volver a jalar el gatillo, de manera que una segunda bala había hecho un recorrido idéntico a la primera. Porque al hombre no lo mataron, sino que quiso suicidarse bien suicidado, no fuera que fallara.

 

¿Hasta dónde va a llevar el presidente Calderón su compromiso con el PRI? ¿No se supone que es ya consciente de que es la impunidad a todos los niveles lo que tiene al país hundido en la violencia? Lo que ofende es que los panistas de hoy, como los priístas de ayer, creen que el pueblo es pendejo.

 

 

Notas de la cadena estadounidense Telemundo

(Nota: chequen en el sitio web “Friends of Brad Will”, donde tampoco se tragan la versión oficial.)

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Cruzando el telón de acero

Posted on 19 octubre, 2008. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría |

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Con toda seguridad muchos habrán leído el reportaje de Gabriel García Márquez De viaje por los países socialistas 90 días en la “Cortina de hierro”, escrito en 1957 y editado en la “Revista Cromos” de Bogotá. Las primeras líneas del reportaje son de un inimitable estilo del autor: “La cortina de hierro no es una cortina ni es de hierro. Es una barrera de palo pintada de rojo y blanco como los anuncios de las peluquerías.” Pues bien, el telón de acero no era tampoco telón y mucho menos de acero. Máxime de concreto, si lo asociamos al ex-Muro de Berlín. Voy a intentar recomponer varias historias personales y a lo mejor me pase lo mismo que, de nuevo, García Márquez experimentó cuando escribió que “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” (Vivir para contarla, 2002).

Era finales de septiembre de 1982 cuando “crucé” por primera vez el “telón de acero”. Y lo hice de la forma más común y corriente: a través del Aeropuerto Sheremétevo de Moscú. Mi primer recuerdo fue algo jocoso y que luego comprendería al conocer mejor la sociedad y las costumbres “soviéticas”, más exactamente, su cierto puritanismo. Yo llevaba en mis manos una revista dominicana, la cual un joven guardia fronterizo me pidió para su revisión. Y es que de forma abierta no cualquier publicación se podía pasar, principalmente obras prohibidas allí (Mi lucha de Hitler, obras de Trotsky, etc.), o pornografía. El caso es que el joven guardia abrió la revista precisamente en donde aparecían unas fotos de una chica (ya no recuerdo si dominicana) en bikini y topless. Un poco confundido abrió otra página para quedar totalmente aturdido: en la página, junto a un artículo sobre el marxismo, aparecían las fotos de Marx, Engels y Lenin. Su educación y juventud parece que le impedían reconocer que en una simple revista podían tranquilamente aparecer una bella joven en bikini y también los padres del marxismo-leninismo. A pesar de mi oposición me requisó la revista. No sé si por cumplimiento de orden, para lo que estaba allí, o por el simple hecho de quedarse con ella y ver, además de las tres figuras del pensamiento comunista, a una bella mujer en bikini y en topless.

La otra historia no fue tan inocente y en su momento fue tétrica, aunque con el paso del tiempo quede como ridícula. Era invierno de 1985 y debido a un examen de derecho internacional había pedido a un amigo colombiano que comprara mi boleto de tren hasta Roma vía Hungría y Yugoslavia. Como no había tenido tiempo, no había sacado con anterioridad la visa de tránsito yugoslava, sólo la húngara. Y así partimos mi amigo Héctor y yo, él a visitar a un padrino suyo en Roma, yo a visitar la ciudad eterna. Sólo que con un problemita, que luego se convertiría en problemón: ambos pasajes figuraban en un solo boleto. Es decir, Héctor y yo seríamos viajeros siameses hasta Roma y viceversa. Todo iba bien hasta que llegamos, de noche, a la frontera húngaro-yugoslava. Allí, en territorio yugoslavo, un joven guardia fronterizo pidió el pasaporte colombiano de Héctor. Tras el típico y tópico chiste sobre colombianos, el guardia fronterizo sacó un libro y empezó a buscar Colombia. Al encontrarlo, le pidió a Héctor los 10 (¿O 20?) dólares que costaba la visa de tránsito (24 horas). Luego llegó mi turno. A ver, República Dominicana (sin chiste de ningún tipo): primera revisión al libro de los saberes, nada; segunda búsqueda, tampoco resultado alguno y a la tercera, la de la vencida, llamó a su superior. Resultado: yo no podía pasar a territorio yugoslavo, o proseguir el viaje. Tenía que regresar a Budapest para solicitar la visa de tránsito en la Embajada de Yugoslavia allí. Así que Héctor sí podía seguir el viaje a Roma, mientras que yo… Pero éramos siameses, al menos por el boleto. Así que a Héctor no le quedó nada más que compartir su suerte conmigo. De esta forma los yugoslavos nos devolvieron a Hungría. Y los húngaros nos quería encarcelar, porque habíamos pasado su frontera y utilizado ya la visa de tránsito húngara. Yo no lo podía, ni quería creer. Habíamos caído en un laberinto fronterizo del cual no podíamos ni ir hacia adelante (Yugoslavia), pero tampoco atrás (Hungría). Así que con muchos ruegos, y tratando de resumir la pesadilla, nos permitieron llamar a quien sería más tarde mi esposa, Erika, húngara de origen croata, quien nos tomó bajo su responsabilidad, tomó también nuestros pasaportes y viajó a Budapest para comprar otra visa de tránsito húngara, ya que las autoridades fronterizas húngaras impedían que Héctor y yo nos desplazáramos a Budapest ya que éramos “ilegales”. Con la distancia y el tiempo de por medio puedo ver ahora lo mejor de aquella situación kafkiana: nos “encerraron” en la cantidad del puesto fronterizo y allí no nos faltó comida, vino y cigarrillos, aunque Héctor no tuviese más ganas que salir de aquel Macondo centroeuropeo y balcánico.

La última historia ilustra más bien aquella imagen que se tenía de los alemanes orientales, al menos de los funcionarios o los líderes políticos, principalmente, los estudiantiles: de que eran “cabezas cuadradas”. Esto significaba que si algo escapaba del guión redactado de antemano, éstos ya no podían, ni sabían, reaccionar. Y sucedió que tenía poco dinero, un pasaporte casi al expirar y necesidad de viajar a Hamburgo para recoger una nueva libreta en nuestro consulado general. Y como te sacabas un documento internacional estudiantil, válido para los países comunistas, con el cual te hacían descuentos de viajes por tren de hasta un 50%. Sólo que el funcionario “cabeza cuadrada” de la Embajada de la DRR (siglas en alemán de la RDA) me exigía una constancia por escrito de la Embajada de la RFA de que yo, ciuidadano dominicano, no necesitaba visa para viajar por territorio de la RFA, para yo poder comprar la visa de tránsito de la RDA, por cuyo territorio quería hacer el trayecto ya que me era más barato. Al final viajé por Austria con un pasaporte ya caducado y que los húngaros no repararon en ello, los austriacos ni revisaron mi pasaporte ya vencido. De regreso sí pasé vía Berlín Oriental por territorio de la RDA. Con 10 marcos alemanes de occidente, que cambié ilegalmente en Berlín Oriental (ya no recuerdo cuántos marcos orientales recibí por ello), hice el trayecto hasta Pécs, haciendo paradas en Praga y Brastislava donde comí y bebí más que decentemente, trayendo todavía marcos orientales que descansan en algún lugar de mi casa aquí en Pécs. Así de barata, y complicada, era la vida por estos lares.

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Cinco formas de paranoia fronteriza (incluso si usted no cruza la frontera)

Posted on 17 octubre, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , |

Eileen Truax / Los Ángeles

Pocas cosas más fascinantes que circular por frontera entre México y Estados Unidos. Una larga, larga cicatriz que por momentos es río, por momentos es montaña, y en muchos tramos empieza a ser muro de acero con alambre de púas. Por ella transitan los sueños de miles de indocumentados que cruzan cada año de manera ilegal, pero también los de millones de personas que cruzan legalmente. Esto, en medio de la paranoia yanqui post 9/11, puede convertirse en una pesadilla para ambas partes.

En febrero de 2007 mi esposo Diego y yo partimos con la organización Ángeles de la Frontera en la caravana que tuvo por nombre Marcha Migrante II: 16 días recorriendo la frontera entre México y Estados Unidos, empezando por el cruce San Ysidro-Tijuana en el Pacífico, y terminando en Brownsville-Matamoros, en el Golfo de México. El objetivo, recoger historias y testimonios de migrantes y gente que vive en la frontera, para llevarlas a Washington, en donde se debatía la Reforma Migratoria que no ocurrió. Nosotros fuimos a documentar el recorrido. A continuación, algunas de las perlas fronterizas que encontramos.

Vigilados

Yuma, Arizona. Por cuestiones que no vienen al caso, Diego y yo tuvimos que salir a medianoche de esta ciudad para llegar de madrugada a Phoenix, en donde habría un evento con el resto del grupo al día siguiente. Manejar por la línea fronteriza en Arizona de día es lindo, los paisajes son bellísimos; pero de noche es alucinante. Pasas por áreas rodeadas de montañas rocosas que no ves debido a la obscuridad, pero que puedes sentir a pesar de ella. En un punto vimos una imagen digna de programa de ovnis: allá arriba avanzaban unas luces como haciendo olas, rapidísimo, arriba y abajo. Nos tardamos un rato en descubrir que no eran ovnis (chin!), sino vehículos de la Border Patrol, la Patrulla Fronteriza, la “migra”, con unas luces como para dejar ciego a Dios, recorriendo las montañas rocosas. “Buscarán indocumentados cruzando”, pensamos. De pronto, un retén. Dos agentes de inmigración nos empiezan a cuestionar, a pedir nuestros documentos. “Oye, pero si no estamos cruzando la frontera”, se me ocurre decirle a Diego en español. El agente evidentemente entendió; me lanzó una mirada filosa y la luz de su linterna en la cara. Esa noche descubriríamos que si vas bordeando la frontera, aunque no la cruces, debes pasar por retenes de inmigración cada 30 millas. Los agentes tienen derecho a interrogarte, a pedirte tus documentos, y a retenerte si les pareces sospechoso. Sí; aunque seas estadounidense y sólo andes recorriendo tu país. Les llaman “operativos de vigilancia”.

Vergüenza

Víctor y Ruth son ciudadanos estadounidenses; ambos viajaban en el mismo auto como parte de la caravana. Al llegar a un retén de la Patrulla Fronteriza, el agente les preguntó a ambos si eran ciudadanos americanos, y los dos contestaron que sí. A Víctor, quien es de origen mexicano, le pidieron un documento que lo comprobara. Víctor entregó su licencia de conducir; el agente la deslizó por una computadora y le preguntó el apellido de soltera de su madre, una de las preguntas de confirmación de identidad usadas en Estados Unidos. A Ruth, de origen –y aspecto- anglosajón, no le pidieron nada.

“Es tan ofensivo, tan doloroso, tan anticonstitucional”, me dijo Ruth más tarde. “Me dio mucha pena ver el trato que le dieron a Víctor sólo porque ‘parece’ mexicano. Los dos hemos vivido el mismo tiempo en este lugar. Me sentí muy avergonzada de mi país”.

Hielera

Nuevo México. Otro retén. Uno por uno, revisan a los autos que van en la caravana. Le toca al nuestro. Para ese momento, casi una semana después de haber salido, llevamos nuestras cosas hechas un desmadre. Nos ven con miradas sospechosas. Nos piden abrir la cajuela. Se asoman a nuestras maletas. Abren las puertas traseras del auto. Intentan asomarse bajo los asientos. En el colmo del absurdo, un agente me pide abrir una hielera. Me da un poco de pena que vea que va llena de jugos abiertos y muffins aplastados. No es cierto: la verdad es que me da risa. En ningún momento hemos salido del país, pero sí: nos vuelven a pedir nuestros documentos.

Delincuentes

Lajitas, Texas. Si buscan el nombre en el mapa, tal vez no lo encuentren; pero si buscan entre los 100 mejores hoteles del mundo, ahí está. En el exclusivo resort Lajitas, ubicado en un terreno justo sobre la frontera –en este caso el Río Grande-, todos los trabajadores vienen de los pequeños poblados vecinos en México. Del lado estadounidense no hay pueblos en varias millas a la redonda, así que la relación beneficia a ambas partes: del un lado no hay empleo, del otro se necesitan los servicios. El problema es que tras los cambios en los reglamentos post 9/11, está prohibido que la gente que vive en el lado mexicano cruce a Estados Unidos por puntos que no sean una garita oficial; y la más cercana para esta comunidad está a dos horas por tierra. Es decir, en lugar de cruzar en quince minutos, los empleados tendrían que desplazarse casi cuatro horas para ir a trabajar, y de regreso. Por supuesto nadie lo hace: la gente sigue cruzando el río por donde siempre, como lo ha hecho por décadas; la diferencia es que eso, hoy, los convierte en delincuentes.

El cruce

Tres veces cruzamos hacia México durante la Marcha Migrante. Una de ellas fue con un grupo de activistas de Eagle Pass, Texas, que se oponen a la construcción del muro fronterizo en la zona. Como parte de las actividades del grupo, fuimos a una reunión de trabajo con el alcalde de Piedras Negras, Coahuila, del lado mexicano. Uno de los dirigentes propuso que fuéramos en un solo vehículo: una de esas camionetas blancas como para trasladar monjas, donde cupimos catorce personas. Sin problemas cruzamos hacia México, vimos al alcalde, cenamos. De regreso, nos preparamos para cruzar la garita.

El conductor pregunta entonces: “¿Todo el mundo trae sus documentos?”. Empiezo a buscar el mío, le digo a Diego que busque el suyo. Todos palpan nerviosos bolsas y bolsillos. Se empieza a sentir tensión en el aire. Me asalta una duda: ¿Y si alguno de los que viene no trae papeles? ¿Y si en la revisión alguien les parece sospechoso? ¿Qué pasaría con los demás? ¿Acabaríamos todos fichados como “smugglers”? ¿Por qué nos provoca tanta ansiedad la revisión? Son casi las dos de la mañana y me preocupo un poco: para ese entonces me veo peor que en la foto de mi pasaporte. ¿Pensarán que soy terrorista?

Llegamos al cruce, el conductor explica quiénes somos y a dónde vamos. El agente lanza la luz de su linterna, echa una ojeada y nos deja pasar sin pedir documentos, sin revisarnos siquiera. Cruzamos. El ambiente se relaja dentro de la camioneta y se escucha una voz: “De haber sabido, nos hubiéramos traído a unos paisanos”.

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De cómo descubrí que México sí pertenece a Estados Unidos

Posted on 16 octubre, 2008. Filed under: Témoris Grecko |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

Definitivamente, mi conocimiento empírico sobre la física está muy, muy mal. Según yo, estar adentro y salir afuera era llegar a afuera. Más todavía cuando entre adentro y afuera están construyendo un muro con tecnología súper-moderna para asegurarse que los que están afuera no puedan entrar adentro. Pero según Estados Unidos (más concretamente, sus autoridades de migración), estar adentro, volar sobre el muro y salir afuera no es salir afuera, sino seguir adentro. O tal vez crean que lo que hay del otro lado del muro no es afuera afuera, sino poquito afuera, así que ellos quieren que la gente salga muchote afuera. Hay que salir salir.

En todo caso, según nos dijeron los empleados de la aerolínea estadounidense Delta en Barcelona, que no nos dejaron abordar el avión, para las autoridades de Estados Unidos, México y Canadá son parte de ese país. No para efectos de estar adentro, pero sí para no estar afuera. Y por lo tanto, esas mismas autoridades tienen autoridad para imponerse autoritariamente sobre las decisiones de las ‒hemos descubierto‒ sub-autoridades mexicanas y canadienses. Al César lo que es del César, y a los súbditos, callar y obedecer.

El 5 de octubre, Vivienne ‒australiana‒ y yo ‒mexicano‒, estábamos en Barcelona a tiempo para volar con Delta rumbo a México, vía Atlanta. Ya sabemos que volar vía Estados Unidos es un coñazo. No es como los grandes aeropuertos de otros países, donde uno pasa directamente al siguiente avión: aunque la conexión sea de menos de una hora, hay que bajar, pasar migración, poner cara de gente decente (eso se me dificulta un poco, pero alguna vez estudié actuación), con frecuencia hay que recoger el equipaje, pasarlo por la aduana y volverlo a facturar, después pasar la revisión de seguridad y finalmente presentarse en el mostrador para el segundo vuelo, mostrar el pasaporte y entregar el cartoncito de migración que te dieron para que deambules un ratito por el aeropuerto (y hagas compras).

Ya nos habíamos resignado a ello. Pero la sorpresa fue que a Vivienne le pidieron que demostrara que tenía un boleto (billete) de salida de México. ¿Requisitos de la migración mexicana? Sí tenía uno, pero en su buzón de e mail (era un boleto electrónico), y ¿cómo obtenerlo cuando estábamos ahí, en facturación? Acompañada por mi querida amiga Catalina, mientras yo guardaba el equipaje las dos corrieron a buscar cómo acceder a internet. Tardaron, lo consiguieron, y después… ¡no había cómo imprimir! Y el tiempo se acababa, la supervisora de Delta quería cerrar ya la facturación. Discutimos y logré que pasaran nuestro equipaje e imprimieran pases de abordar, que nos entregarían sólo si Vivienne mostraba el boleto. A Vivienne se le ocurrió una idea que jamás imaginé que colara: a falta de impresora, ¡tomó una foto de la pantalla de la computadora con su teléfono celular! Regresó con él, la mostró a los de Delta, pensé que se reirían y… ¡sí! ¡Les pareció bien! Nos dieron los pases y muchas gracias.

Nos pusimos en la fila para pasar seguridad, nos estábamos despidiendo de Catalina cuando los de Delta llegaron de nuevo: “¡Oye! ¿Y a dónde va ese billete que nos has mostrado?” A Nueva York. “¿Pero no tienes uno que diga que vas a Australia, o a otro país de Sudamérica? (Hay tanta gente en España que no comprende que la división entre América del Norte y Sur está miles de kilómetros al sur de México.) ¡Tienes que salir de Estados Unidos!” Ese boleto es ida y vuelta, va a Nueva York y de vuelta a México. “¡Pero tienes que salir de Estados Unidos!” Por eso, voy a México. “¡Eso sigue siendo Estados Unidos!”

Cara de mega-what! Pero sin tiempo para discutir, el vuelo salía en 40 minutos. Interrumpí, dije que Viv tenía otro boleto fuera de lo que fuera que ellos imaginaran que era Estados Unidos, corrimos a otro lado y con la laptop, cambié los datos de un viejo boleto electrónico e improvisé un billete para Australia. Tomamos una foto con el celular y ¡listo!

¡Pero faltaban 20 minutos para el despegue! ¡Ya iban a cerrar la puerta de embarque! Teníamos todavía los pases y con ellos cruzamos seguridad como un viento antártico, ni siquiera volteamos a decirle adiós a Catalina, empujamos gente, tiramos ancianitas y niños de pecho, hicimos rodar un puesto callejero de frutas ‒vale, no los hay en los aeropuertos, pero siempre pasa en las pelis‒, el oficial de migración apenas pudo ojear nuestros pasaportes, corrimos los 200 metros planos hasta la puerta número 2,545 (o al menos me pareció que tenía ese número), y la gente de -Delta nos vio llegar con enorme alivio. “¡Es que ya se va, ya se va!”, dijeron, “¿traéis el billete?” Sí, Vivienne en su móvil… ¿Vivienne? No estaba. La supervisora ordenó cerrar la puerta de embarque. ¡No! Pero Viv apareció de pronto: casi se había caído en la carrera porque tenía las cintas de los zapatos desabrochadas, y debió detenerse a arreglarlas. Sacó el celular, mostró la foto, ¡oh qué bien! Pero… mi fama global de falsificador se fue al piso. Todo estaba perfecto, había tenido el cuidado de buscar vuelos reales a Australia por si los querían comprobar, parecía correcto, pero… ¿y qué día sale tu vuelo, guapa? ¡Había olvidado poner la fecha!

Chau.

Un día más en casa de Catalina. Viv compró un billete a Australia. Y fuimos al día siguiente. Muy sonrientes. Ahora sí traemos todo. Impreso, para que no haya problema. Sí, mira, sale a Australia en febrero. “Muy bien”, dijo la chica, “¿cuándo dices que sale? ¿En febrero? ¿Cuándo se cumplen los 90 días?”, preguntó a su supervisora. “El 5 de enero”. “No puede volar”. Pero, ¿por qué? “Tiene que salir de Estados Unidos antes de 90 días”. ¡Pero no va a Estados Unidos, va a México! “Eso sigue siendo Estados Unidos, de acuerdo con la legislación de Estados Unidos”. ¡Pero no con la de México, y México le da permiso de quedarse 180 días! “No podemos dejarle [nótese el leísmo] abordar si no cumple los requisitos de Estados Unidos”.

Pues ya, pensé. Tendremos que modificar su salida a Australia. Que se vaya cuando Bush quiera. Pero Viv escogió sacar los guantes, pelear, gritar en inglés, castellano y lenguaje gutural, la supervisora y otros discutieron, llamaron por teléfono con no sé quién, y de algún lugar del mundo salió una autorización. De los australianos no se ha sabido que amenacen la seguridad nacional de Estados Unidos. Que la dejen pasar.

***

Llegamos a Atlanta. Pasamos migración, qué lata, sin problemas para Viv, no tuvimos que sacar nuestro equipaje porque Delta nos hace el gracioso favor de liberarnos del trámite, seguridad, el mostrador de Delta, todo. Por fin íbamos a abordar el segundo vuelo a México. Pero la fila estaba exageradamente lenta. Cuando entramos en el gusano de acceso al avión, vimos que guardias de seguridad habían montado un operativo sorpresa e interrogaban con detenimiento a cada uno de los dos centenares de pasajeros. A un mexicano, uno de ellos le gritaba: “¡Así que has pasado 11 años de ilegal en Estados Unidos!” Sí, pero ya me voy. “¿Y me enseñas esta green card falsa?” Sí, pero ya me voy. El guardia no parecía dispuesto a dejarlo regresar tan fácilmente, con éxito y sin consecuencias. Al fin y al cabo, el chico sólo iba a salir poquito, México es el afuera interior de Estados Unidos. No pudimos saber más porque otro se plantó frente a nosotros. A mí me hizo poco caso. Fue contra la australianita. Qué iba a hacer a México, si vivía allí, si era ilegal, y sobre todo: “¿Qué clase de relación tienen ustedes dos?” Si de verdad quería saberlo y tenía tiempo, podíamos salir a tomar un café, quizás nos pudiera hablar de su experiencia también y darnos algunos consejos. Pero el vuelo se iba, los pasajeros presionaban, Viv no tuvo la cortesía de invitarlo al café y él, ofendido, nos dejó ir.

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El cuartito del horror y Murphy es colombiano y trabaja en migraciones

Posted on 15 octubre, 2008. Filed under: Walter Duer -Buenos Aires | Etiquetas: , , |

Por Walter Duer / Buenos Aires

EL CUARTITO DEL HORROR

Recuerdo la primera vez que viajé como invitado en calidad de periodista: fue en mayo de 1998, yo tenía sólo 23 añitos y me tuve que tomar un avión con unos cuantos colegas con destino a Nueva York. Recuerdo también que otro de los invitados, el más veterano del grupo y el que más millas había acumulado hasta ese momento sin necesidad de pagar ningún pasaje, me dio un consejo de esos que sólo el maestro Yoda puede dar, de esos que no deben olvidarse jamás: “en migraciones, no digas que sos periodista”, me dijo. No pasaron muchos años antes de que deba arrepentirme de no haber honrado sus palabras al pie de la letra.

A ver… este bueno señor me habló cual padre que intenta explicar a su hijo los misterios de la vida en una época en que las Torres Gemelas estaban erguidas, en que aquí un dólar se conseguía oblando un peso y en que, tal vez como consecuencia de los dos ítems anteriores, los argentinos ingresábamos a Estados Unidos sin visa.

Precisamente en mi primer viaje a la parte de Norteamérica que no es México ni Canadá luego del ataque al World Trade Center fue que tuve la mala idea de ser sincero con las autoridades aeroportuarias. Como descargo, puedo decir que la entrevista en la embajada me había dejado muy paranoico. No sé cuántos pasaron la experiencia justo en la época de la crisis, pero obtener la visa al reino de Bush en 2002 era, al menos, traumático. Es que casi todos los argentinos que aún guardaban algunos billetes tenían la fantasía de mandarse a mudar a cualquier lugar fuera de nuestros límites geográficos y los buenos funcionarios consulares yanquis (que, por otra parte, consideran desde siempre que su país es el mejor del universos y que todos, absolutamente todos, queremos vivir allí) no podían tomarse de tiempo de distinguir quién viajaba por trabajo (como era mi caso), quién a visitar a una madre en su lecho de muerte y quién con destino de ser lavacopas indocumentado ni bien venciera el período de vigencia de la visa.

Dentro de los límites de la embajada, debo reconocer, no había ni un atisbo de discriminación: nos trataban a todos como iguales. Es decir, como potenciales lavacopas. Por eso, debíamos responder un cuestionario (en mi caso, ante un funcionario que ni siquiera hablaba bien español, por lo que si me bochaba, tal vez lo hacía por las razones equivocadas) que en muchas preguntas rozaba cuestiones más que personales, delante de unas 200 personas que esperaban su turno detrás de nosotros. Porque uno tenía que decir cuánto ganaba, por qué había decidido dejar a su marido, cómo había descubierto que su hijo se drogaba o dónde había aprendido a armar bombas Molotov frente a una ventanilla símil banco en un cuartito de tres por tres atestado de personas ávidas de obtener el tan preciado documento.

Con ese bagaje a cuestas, pasé las 11 horas de un vuelo a San Francisco pensando sólo en qué poner en el papel de migraciones. ¿“Periodista” y faltar al consejo que me había dado años atrás una persona que de entrar en los Estados Unidos sabía mucho? ¿“Docente” y mentirles a esas personas que tal vez habían investigado mis antecedentes gracias a los miembros de la CIA que operaban en Buenos Aires, para ser descubierto y devuelto a mi país de origen? Ya con el avión aterrizando, no tuve alternativa que poner algo. Y puse la opción equivocada, por supuesto. Porque además de todo, vale la aclaración, había una visa específica para periodistas y otra genérica para viajeros de turismo y negocios. Yo había solicitado esta última, porque para obtener la primera era imprescindible trabajar en relación de dependencia con algún medio. Y yo era freelance.

Al oficial de migraciones que me recibió no le tembló el pulso. Apenas miró la tarjeta y detectó las letras que formaban la palabra “journalist” me señaló un cuartito y me dijo (en inglés, claro, el hombre no iba a aprender español sólo para mí): “espere allí por favor”.

Entré. Era un lugar muy pequeño, pintado del amarillo típico que toman las paredes cuando no han sido pintadas por años y con una iluminación muy blanca. Por alguna razón, no me sorprendió ver que todas las personas que estaban allí esperando su potencial deportación eran latinos. Entonces descubrí que la luz blanquísima tenía su objetivo, porque todos miraban las lámparas como hipnotizados. Me senté en un asiento vacío a esperar mi sentencia. Durante largos cuarenta minutos yo también miré la luz del techo. Tenía conmigo un libro interesante y todo, pero no podía dejar de ver la luz. Cuando ya estaba lo suficientemente atontado, apareció una señora rubia y gorda detrás de un mostrador y me llamó. Pero no como lo haría un funcionario de migraciones que está a punto de patear el culo de un sudaca, sino como una mamá que quiere que su hijo se acerque a comer a la mesa. Incluso usó mi nombre de pila, y le dio cierta musicalidad: “Wooooolter”.

Me acerqué y mantuvimos esta conversación en inglés:

– ¿Por qué tiene visa de turista si usted es periodista?

– Porque trabajo de periodista, pero aquí no estoy como periodista.

– Pero si usted es periodista, tiene que venir con visa de periodista.

– Pero para sacar la visa de periodista tengo que trabajar interno en un medio y yo soy freelance, por lo que si hubiera aplicado para la visa de periodista no me la hubiesen dado.

Me miró con desconfianza, como si por fijarme los ojos durante unos segundos yo terminara desarmándome y confesando que en realidad era un terrorista musulmán disfrazado de periodista argentino. “Espere que tengo que llamar a mi supervisora”, me dijo.

Fueron otros cuarenta larguísimos minutos, al cabo de los cuales, justo en el momento en que mi retina estaba a punto de estallar por la maldita luz, apareció la supervisora. No puedo describirla porque cuando pestañeaba el recuerdo de la luz generaba una película violeta en el aire que me impedía verla. Se dio más o menos la siguiente conversación.

– ¿Por qué tiene visa de turista si usted es periodista?

– Porque trabajo de periodista, pero aquí no estoy como periodista.

– Pero si usted es periodista, tiene que venir con visa de periodista.

– Pero para sacar la visa de periodista tengo que trabajar interno en un medio y yo soy freelance, por lo que si hubiera aplicado para la visa de periodista no me la hubiesen dado.

También me escrutó con detenimiento. Evidentemente, era algo que les habían enseñado en algún curso de defensa contra las artes oscuras, obligatorio para todo e personal. Al cabo de un rato, me despidió con una verdad de Perogrullo: “ahora vaya, pero la próxima vez que venga a Estados Unidos, si trabaja en relación de dependencia con algún medio, saque la visa periodista”.

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Murphy es colombiano y trabaja en migraciones

Llegada a el aeropuerto de El Dorado, en Bogotá. Una especie de escenario ochentoso, como si se tratara de un decorado de película de Olmedo y Porcel que nadie desmanteló. Había dos puestos de migraciones abiertos: uno, atendido por un joven, tenía unas tres personas en la cola; el otro, a cargo de una señorita, estaba vacío. La lógica me garantizaba que tenía que dirigirme al de la niña, aunque una fea sensación me acompañó todo el recorrido hasta que llegué a su lado y le entregué mi pasaporte y mis papeles de ingreso al país.

No sé cómo estarán las cosas ahora en migraciones colombianas. Esta anécdota es de 2004 y, en ese momento, todavía los funcionarios cargaban los datos de cada uno de los que llegaban en un formulario del viejo y querido DOS, con pantalla de fondo azul y recuadros grises en los que se completaba la información.

La joven tomó mi pasaporte, lo abrió en la página donde estaban mis señas particulares, lo acercó y lo alejó de sus ojos para finalmente ubicarlo en un punto en el que el foco visual le quedaba cómodo. En ese momento comenzó el baile.

Lo que sigue es la descripción de la carga de datos en tiempo real. La voz pertenece a la funcionaria de migraciones: A ver… nombre… W (mirada rápida por todo el teclado tratando de identificar la “W”)… A (ídem)… L (ídem)… T (ídem)…

Y así con todas y cada una de las letras. Recuerdo que una de las cosas que más me sorprendió fue que cuando tuvo que ubicar por segunda vez la “E” o la “R” volvió a recorrer todo el teclado, como si además de ausencia de talento para el tipeo tuviese la memoria obstruida.

Con lentitud exasperante cargó apellido, estado civil, sexo, dirección en Buenos Aires, hotel en el que iba a parar en Bogotá, razones de mi viaje, fecha de llegada, fecha de salida, número de vuelo y aerolínea. La cola del otro puesto parecía la largada de los 100 metros llanos olímpicos: la velocidad con que la gente llegaba, presentaba sus papeles y salía al bochornoso clima bogotano me despeinaba el flequillo. Comencé a observar las esquinas que formaban las columnas con el techo, para detectar alguna cámara oculta y confirmar si se me estaba haciendo algún tipo de broma televisiva, pero no di con nada.

De repente, para romper el clima, se me ocurrió tirar una broma: “mire que sólo vengo por tres días”. Ese chiste mal ubicado me hizo perder otros dos o tres minutos, el tiempo que la niña tardó en soltar el teclado, levantar la vista, pensar qué le había dicho, evaluar si le causaba gracia, estimar que no le causaba gracia pero que debía hacerme pensar que sí, sonreír, bajar la vista al teclado, darse cuenta de que no recordaba por dónde iba, llevar la mirada al monitor, pensar qué letra seguía respecto de la última que ya estaba puesta y retomar la escritura.

Al cabo de un tiempo indefinible e infinito, pude ver que finalmente apareció un recuadro superpuesto a la pantalla con la leyenda “¿Están los datos correctos? Sí No”, en el cual la “S” del “Sí” y la “N” del “No” estaban subrayadas, indicando que si uno presionaba alguna de esas letras en su teclado estaba respondiendo la pregunta. La niña levantó su índice amenazador hacia el cielo y, por primera vez desde que yo estaba ahí, lo bajó sin dudar.

La paz interior me duró sólo un segundo. Porque justo después de apretar el botón que había elegido, la joven funcionaria (¿sería su primer día? ¿la gente que llega a Bogotá realmente tiene mucho tiempo libre? ¿me odiaba?) palideció y sólo atinó a decir “¡Ay!” al mismo tiempo en que utilizaba sus dos manos para cubrirse la cara y la pantalla azul volvía a mostrar todos sus cuadraditos grises vírgenes, ansiosos por darle la bienvenida a algún recién llegado a tierras colombianas.

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