Vístase o le multo.

Posted on 8 octubre, 2009. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , |

Por Javier Távara / Madrid, España.

El verano en España terminó con la polémica ordenanza del Ayuntamiento de Cádiz que prohibía el nudismo en las playas de su término municipal y facultaba a la policía local a multar a los infractores. Teófila Martínez, alcaldesa del conservador Partido Popular, pretendía con ordenanzas perseguir una práctica que gana adeptos. Los nudistas preguntaron entonces qué es lo que se prohíbe exactamente: ¿el desnudo integral? ¿Ir medio desnudo? ¿La extendida costumbre en las mujeres de tomar el sol sin la parte de arriba del bikini, que los anglófilos llaman topless y las españolas, tomar el sol en tetas? La ordenanza no lo dejaba claro y quedó pendiente una ulterior regulación del asunto.

Como era de esperar, la ordenanza causó revuelo. Cádiz, cuna del liberalismo, donde allá por 1812 se promulgó la primera Constitución de la historia de España, que entre otras cosas, ponía fin a la Inquisición; donde pocos años más tarde el general liberal Rafael de Riego tuvo preso al rey traidor Fernando VII, en un cautiverio que obligó a los valedores del Antiguo Régimen a armar una coalición multinacional –los cien mil hijos de San Luis- para invadir España y restaurar el absolutismo; Cádiz, la ciudad del carnaval que la dictadura de Franco prohibió por pecaminoso, veto que se levantó cuando las “fuerzas vivas” de la ciudad convencieron al régimen nacional-católico de que se trataba de una fiesta folclórica. Cádiz, la ciudad que canta por “alegrías”… En la ciudad liberal por antonomasia se publica un edicto municipal obligando a los vecinos a cubrirse. ¡Vístase o le multo!

El debate de la desnudez no se queda en Cádiz. El gremio hostelero de Barcelona instó al Ayuntamiento a decretar la prohibición de andar descamisado por la Ciudad Condal. Hordas de jóvenes descarados no distinguían que una cosa es estar en la playa de la Barceloneta y otra cosa es andar por las Ramblas. Impropio andar descamisado o luciendo bikini en una ciudad de la categoría de la capital de Cataluña, decían. Habría que multar.

La polémica entre vestidos y desvestidos vuelve con fuerza en los calurosos estíos de la costa española. Además de la costa catalana, las costas Almería y Granada son otras de las zonas donde nudistas y textiles se disputan los territorios playeros y la tentación de la prohibición vuelve a los ayuntamientos. Legalmente los alcaldes no pueden prohibir el nudismo, pues las leyes estatales no lo prohíben. Algunos, como la web ultra conservadora “Hazte oír” esgrimen los derechos de los menores para reclamar playas “familiares” a fin de preservar a sus vástagos de la vista de los cuerpos desnudos. Dicen que la visión de la desnudez es nociva para la psicología de los niños. Los nudistas recuerdan que la legislación dejó hace tiempo de penalizar la desnudez y por lo tanto en España se tiene todo el derecho del mundo a andar sin ropa. Hay quienes se toman esto a rajatabla paseando por ciudades como Barcelona sin más prenda que unas chanclas. Y la policía sin potestad de multar.

Playa del área del Estrecho de Gibraltar. La ropa de baño es opcional.

Playa del área del Estrecho de Gibraltar. La ropa de baño es opcional.

En el litoral de Cádiz, la cosa es menos conflictiva. Las playas sin cuerpos desnudos están al norte de la bahía, entre Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María. Los desnudos se empiezan a ver en el mismo municipio de Cádiz, en Cortadura, y se esparcen hasta el Estrecho de Gibraltar. Los usuarios de bañador y bikini se concentran en las zonas playeras más próximas a edificaciones y caminos, mientras que los minoritarios nudistas se concentran en las zonas más agrestes del litoral. Cada zona está más o menos delimitada por alguna barrera natural, así que no suele haber problemas. De allí la polémica desatada por la ordenanza municipal, que venía a reglamentar -fuera de sus competencias- la pacífica convivencia de los veraneantes vestidos y desnudos.

Finalmente la alcaldesa de Cádiz, tras escuchar opiniones variadas, decretó en otra ordenanza municipal la prohibición del nudismo urbano –se entiende que quedarse sin bañador en el caso de los hombres y sin la parte de abajo del bikini en el caso de las mujeres- en todas las playas del término municipal, a excepción de la alejada playa de Cortadura donde se habilitará una zona destinada a los veraneantes desnudos. Los nudistas, tendrán pues que alejarse de la ciudad de Cádiz y podrán tostar sus traseros en Cortadura o en las playas del sur de la provincia.

Difícil a estas alturas sustraer a los veraneantes naturistas del deleite que supone tomar el sol o darse un baño de mar sin ninguna prenda que luego queda mojada, acumula arena pegadiza y causa irritaciones. Qué les voy a decir… ¡El naturismo es una maravilla!

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La Festa de la Mercè en el marco de la reforma a la Ley de Extranjería

Posted on 6 octubre, 2009. Filed under: Invitados | Etiquetas: , , |

Por Pedro Elizalde Monteagudo / Barcelona, España.

La Festa de la Mercè

En el siglo XVII, la ciudad de Barcelona sufrió una plaga de langostas. Los ciudadanos invocaron la ayuda de la virgen de la Mercè para que los protegiera de esta catástrofe. La plaga desapareció y el consejo de la ciudad la nombró patrona de Barcelona. Desde la ratificación del nombramiento por parte del Papa Pío IX, en 1687, los barceloneses festejan a la virgen de la Mercè en el mes de septiembre.

Este año, la Festa de la Mercé se realizó del 23 al 26 de septiembre. En diversos barrios de Barcelona se llevaron a cabo espectáculos públicos para mostrar las tradiciones de la ciudad, como son los Gegants, los Castellers y los Joc del Correfoc.

Además de las tradiciones locales, las últimas ediciones de la Mercè han incorporado actividades culturales de varias partes del mundo. En esta ocasión, el Parc de la Ciutadella albergó el festival de Asía. Asimismo, los organizadores del festival designaron como ciudad invitada a Estambul.

La reforma a la Ley de Extranjería

Mientras se realizaba la Festa de la Mercè, en el congreso español se debatió la reforma a la Ley de extranjería, la cuarta en ocho años. Las enmiendas más controvertidas son las siguientes: 

  • Se modifican los requisitos para solicitar la reagrupación familiar de ascendiente, la cual debe ser requerida por un inmigrante que cuente con un permiso de residencia de larga duración, los familiares ascendientes a reagrupar deben ser mayores de 65 años y han de existir motivos que justifiquen la reagrupación.
  • Se aumenta el plazo de retención de los inmigrantes “sin papeles” en proceso de expulsión, de 40 a 60 días.
  • Se sancionará de 501 a 10,000 euros, a las personas que empadronen en su casa a inmigrantes, cuando dicha vivienda no constituya el domicilio real del extranjero.
  • Se penalizará de 501 a 10,000 euros, a los empleadores de trabajadores cuya autorización no les habilite a laborar en esa ocupación o ámbito geográfico.
  • Se multará de 10,001 a 100,000 euros, a quienes contraten inmigrantes sin permiso de residencia y sin permiso de trabajo.

Esta reforma está motivada en fines políticos, sin tomar en cuenta la actual situación socioeconómica española. La crisis económica de España ha modificado los flujos migratorios, ya que millares de inmigrantes han retornado voluntariamente a su país de origen y otros no han dejado su país de origen por considerar que no hay fuentes de trabajo en España. Los siguientes datos muestran la nueva realidad migratoria española: 

  • Las reagrupaciones familiares han descendido.
  • La contratación en origen es casi nula, de enero a junio de 2009 se realizaron 8, de las 1380 que se prestaron en 2008 (El País, septiembre 2009)
  • La matrícula de escolares extranjeros ha descendido un 50% en los dos últimos años (El País, septiembre 2009).
  • 10,000 inmigrantes se han acogido al plan de retorno voluntario.
  • Muchos otros trabajadores han regresado a su país de origen sin ingresar a este plan de retorno, para no renunciar a los derechos adquiridos durante su estancia en España (El Mundo, septiembre 2009).

 Crear puentes en lugar de muros

 Una parte de la sociedad está realizando esfuerzos  para cimentar puentes entre los catalanes y “los nuevos catalanes”. La Festa de la Mercè es un ejemplo de las acciones para incorporar a los inmigrantes a la sociedad catalana. Los eventos del festival ayudan a que los catalanes entiendan la cultura de “los nuevos catalanes”. Asimismo, el incorporar nuevos barrios al programa, estimula a que muchas personas asistan a los lugares donde habitualmente no concurren, como es el caso de la Rambla del Raval.

Además de la Festa de la Mercé, quiero destacar otros dos trabajos encaminados a promover la convivencia e integración.

El primer trabajo es el programa de televisión titulado “els nous catalans”, transmitido por TVE. Este programa muestra, a través de reportajes y recetas de cocina, el proceso de integración por el que han pasado “los nuevos catalanes” y  cómo las costumbres de origen, de estos “nuevos catalanes”,  permean en los hábitos de los catalanes.

El segundo trabajo es la serie de dibujos animados llamada Asha, la cual es emitida por TV3 de Cataluña. La caricatura expone los acontecimientos que viven un grupo de amigos, integrado por niños de diversos orígenes (Ecuador, Senegal, India, etc.). Estos niños buscan cambiar las situaciones injustas que se viven en su barrio, a través de un superordenador. Así mismo, cada uno de los integrantes de la pandilla explica elementos de su cultura de origen. El escenario de sus aventuras es Barcelona.

Estos proyectos buscan eliminar los falsos mitos sobre los extranjeros y   mostrar al inmigrante como un elemento enriquecedor para la sociedad de acogida. Asimismo, estos trabajos exhiben los puntos de convergencia entre los catalanes y “los nuevos catalanes”, con el fin de construir puentes de convivencia y solidaridad entre ambos.

En contraposición, las enmiendas a la Ley de Extranjería erigen muros, en donde el inmigrante queda aislado. Toda vez que se criminaliza la solidaridad de la sociedad autóctona y se vulnera el derecho a vivir en familia del inmigrante. La actual política migratoria se basa en la visión del inmigrante como un medio de producción desechable.

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España, segunda casa de la Camorra

Posted on 25 mayo, 2009. Filed under: Invitados | Etiquetas: , , , |

Michele Catanzaro / Barcelona

El 18 de Enero de 2009, Salvatore Zazo -uno de los 100 criminales fugitivos más buscados de Italia- paseaba tranquilamente en la Calle Sardenya de Barcelona, a dos pasos de la Sagrada Familia. Cuando vio venir un grupo de hombres a por él, le asaltó el pánico y no se calmó hasta que uno de los hombres le habló en napolitano, identificándose como agente de los Carabinieri. Solo entonces Zazo entendió que no se trataba de una encerrona de un clan enemigo. Que le detuvieran era una perspectiva mucho mejor que enfrentarse a un grupo adversario, una situación que suele acabar con sangre en la acera.

La autenticidad de esta anécdota está certificada por Giancarlo Scafuri, Teniente Coronel de los Carabinieri de Nápoles. Scafuri habla cada día con la Guardia Civil española para coordinar acciones contra la camorra. Y es que España se ha convertido en la segunda patria de este grupo criminal, según dice el carabinero, uno de los máximos responsables de su persecución fuera de Italia. Para los camorristas, la península ibérica es a la vez un supermercado de la droga, un paradero tranquilo donde esconderse y una excelente “lavandería” de dinero.

¿Es posible que los temores de Zazo se conviertan en realidad? Es decir, ¿puede ser que un día la camorra derrame sangre en las calles españolas? Scafuri lo niega. Según el coronel los clanes han pactado dejar las cosas tranquilas en España, para que sus negocios sigan fluyendo sin dar en el ojo. Sin embargo, no es difícil imaginar que este equilibrio pueda romperse, ya que la camorra está bien arraigada. “El 80% de la droga que vende viene de la península ibérica”, explica Scafuri. “Desde hace mucho tiempo, los carteles sudamericanos han escogido España como el lugar para abastecer de hachís y cocaína no sólo la camorra, sino las organizaciones criminales de toda Europa”

Algunos camorristas arrepentidos hablan de un canal de abastecimiento Italia-España ya en los noventa. Sin embargo, el salto de calidad se dio en 2003. Entonces, a raíz de una guerra de camorra en Nápoles, el componente perdedor del clan Di Lauro de Secondigliano (los llamados escisionistas) se mudó a la península. La elección de los perdedores, apodados desde entonces como “los españoles” se reveló exitosa y fue imitada por otros clanes, que encontraron su ambiente ideal sobre todo en los lugares turísticos de la costa, donde hay siempre caras nuevas y movimiento de dinero.

“Atrapamos un camorrista que gestionaba una discoteca comprada en dinero contante por medio de un cabeza de turco, en la cual trabajaban otros afiliados y jefes de clan fugitivos”, explica Scafuri. Hasta hace poco, el segundo gran negocio de la camorra en España era la compraventa de inmuebles para blanquear dinero, pero el derrumbe de la burbuja inmobiliaria ha reorientado las inversiones hacia locales de ocio, grandes restaurantes, hoteles, y otras actividades comerciales.

Los camorristas exiliados se fabrican un estilo de vida en apariencia modesto. Los documentos de Carmine Rispoli, detenido en Sitges en Junio de 2006, decían que era un pescador italiano empadronado en Vigo. Marco Assegnati, uno de los 100 fugitivos más peligrosos, gestionaba un concesionario de coches en Escalona (Toledo). Raffaele Laurenti, capturado en Septiembre de 2008, vivía en un modesto piso en Barcelona. Naturalmente, no faltan las excepciones. Patrizio Bosti llevaba 48 billetes de 500 euros en el bolsillo y un Audi R8 valorado en 110.000 euros cuando un equipo de Guardia Civil y Carabinieri le detuvo en una marisquería de Platja d’Aro (Gerona) en agosto de 2008.

Los cuerpos de seguridad italiano y español han estrechado lazos para atrapar los criminales y en los últimos años se han sucedido decenas de detenciones en España. Sin embargo, queda la duda que algún fallo en entramado económico y social español pueda haber facilitado la penetración y el arraigo de la camorra. El crecimiento descontrolado de la construcción y la opacidad financiera podrían haber jugado un papel. Quizá las operaciones de la camorra hayan quedado camufladas en la gran explosión especulativa vivida por España, aventura Scafuri. ¿Y la corrupción urbanística?¿Puede haber alguna conexión entre camorristas y políticos españoles? Scafuri lo niega. Y luego matiza “Nada se puede excluir, pero ninguna investigación hace pensar que la camorra haya llegado a este nivel”.

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La dignidad de la memoria

Posted on 20 noviembre, 2008. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , , |

Por Javier Távara / Madrid

 

Hace unas semanas, cenando con la familia política, mientras se asaban en la lumbre unos pimientos de Torquemada, la abuela Emilia tomó la palabra. La matriarca familiar, animada quizás por los últimos acontecimientos en España, por el delicioso vino rosado de Cigales o por el olor de los pimientos asados, se decidió a contarnos sin dramatismo el día que presenció los fusilamientos de los mozos de su pueblo.

 

A lomos de una mula, Emilia vio ese día de Julio de 1936 pasar a sus vecinos. Ella aún los recuerda por sus nombres: Zacarías, Anselmo, Miguel… iban arrestados por falangistas que les llevaban maniatados. Les condujeron junto a una tapia y ¡pum pum! Fueron fusilados. Emilia tiró las riendas de la mula y huyó al galope de la escena. El pueblo de Emilia, en la comarca del Cerrato, en el corazón de Castilla, contaba entonces con un centenar de vecinos. Lo peor estaba por llegar. Tres meses después, los falangistas tomaron presos a una veintena de varones. Mataron a 12 y enviaron a otros 8 a prisión, entre ellos al padre de Emilia, quien pasó algunos años en la cárcel. En el pueblo fueron pocos los que se libraron de la represión franquista. Los cuerpos de los asesinados fueron dejados en la cuneta del camino donde les acribillaron. Pocos días después, el alcalde fascista ordenó abrir una fosa en un campo de trigo y enterrarles allí. En esa fosa común permanecieron por siete décadas.

 

Durante la Guerra Civil, el Ejército Nacional y los falangistas repitieron esta misma escena numerosísimos lugares de toda la geografía española. Y los muertos han permanecido malamente enterrados en campos o cunetas. El bando Nacional, ganador de la Guerra Civil, recuperó a sus “mártires de la cruzada” llevándoles a los cementerios y escribiendo sus nombres en las piedras de las iglesias, de modo que los miles de personas que fueron asesinadas por los defensores de la República, están debidamente enterradas. Los muertos del bando perdedor no han corrido la misma suerte y millares de republicanos asesinados por los franquistas continúan desaparecidos.

 

En el año 2000, las Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica, empezaron a cumplir las últimas voluntades de los allegados de los represaliados. Gente mayor a la que le angustiaba la idea de morir sin sacar de la fosa común a sus familiares. De forma privada, con la ayuda técnica de arqueólogos, antropólogos, historiadores y médicos forenses se procedió a localizar las fosas, a cavar y a exhumar a los cadáveres con el fin identificarlos para darles una digna sepultura en el cementerio.

 

En pocos años se han recuperado del olvido más de cuatro mil cuerpos. Su labor tropezaba con autoridades poco interesadas en remover el lodo de la barbarie y estaba limitada a la ayuda desinteresada de profesionales. El Congreso aprobó hace un año la Ley de la Memoria Histórica que tenía entre otros fines, suprimir las trabas de las administraciones a la exhumación de represaliados durante la Guerra Civil.  No obstante el desarrollo de la Ley está tardando y varias asociaciones han optado por acudir a la judicatura a fin de que se les permita de una vez por todas recuperar a sus muertos.

 

No todos los familiares de los asesinados por los franquistas están de acuerdo en remover la tierra. En las afueras de Granada fueron a parar a una misma fosa el maestro republicano Dióscoro Galindo y los toreros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Sus familias llevan años intentando recuperar sus cuerpos, pero sus deseos han tropezado con los de la familia de un cuarto personaje fusilado y enterrado con ellos: el célebre poeta y dramaturgo Federico García Lorca. Ahora, tras la promulgación de la Ley,  los familiares del poeta han dado su brazo a torcer y aseguran que no se opondrán a la reapertura de la fosa.

 

Vista la lentitud del proceso, las Asociaciones por la Recuperación de la Memoria Histórica, han optado por denunciar la detención ilegal de sus familiares y las denuncias han llegado a manos del más conocido de los magistrados de la Audiencia Nacional: el juez Baltasar Garzón. Tras hacerse mundialmente famoso por ordenar en 1998 la detención del dictador chileno Augusto Pinochet, el juez Garzón había sido criticado muchas veces por juzgar dictaduras latinoamericanas y no haber ordenado ninguna diligencia sobre la dictadura franquista. Garzón ha querido terminar con esas críticas abriendo una causa contra Franco y su régimen, dictaminando que su actuación durante la Guerra Civil Española y la posguerra constituye un genocidio en regla. Igualmente el juez imputa a las sucesivas Juntas Militares la desaparición forzada de 114.000 personas en el marco de un plan de exterminio. Entiende el juez que dichas actuaciones están excluidas de las Leyes de Amnistía de 1977 y que la desaparición forzada constituye un delito permanente no sujeto a la prescripción. Se identifica a los responsables y se solicita a los registros civiles la aportación de las partidas de defunción de Franco y otros mandos a fin de declarar extinta la responsabilidad penal. El juez dispone finalmente la autorización de las exhumaciones solicitadas por las Asociaciones.

 

El auto del Juez Garzón, declarándose competente para enjuiciar los crímenes del franquismo ha desatado una gran polémica. Javier Zaragoza, el fiscal jefe de la Audiencia ha recurrido el auto refutando uno a uno los argumentos de Garzón, entendiendo que no pueden juzgarse con el Código Penal vigente, hechos acaecidos hace siete décadas. La actuación del fiscal Zaragoza ha llevado a la paralización de las exhumaciones que se estaban llevando a cabo al amparo del auto del Juez Garzón. Ello ha llevado también a detener los trabajos preliminares para la reapertura de la fosa de Federico García Lorca.

 

Al menos, esta polémica no alcanzó a la fosa de los represaliados de la comarca del Cerrato. Hace un par de años, las Asociaciones de Recuperación de la Memoria Histórica obtuvieron los permisos municipales para exhumar los cuerpos de los vecinos allí asesinados. Con la ayuda de arqueólogos y médicos forenses, los muertos fueron sacados de la fosa y llevados al cementerio con un homenaje popular presidido por sus descendientes. También se editó un libro que resume el acto. La tapa lleva –como no- la bandera tricolor de la República y la abuela Emilia exhibe el librito con orgullo, en el lugar preferente de la estantería del salón de su casa. Sus amigos hoy descansan en paz, en el cementerio del pueblo.

 

Post scriptum

 

Hay noticias recientes en Madrid. El martes 18 de Noviembre, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha ordenado el traslado a los juzgados territoriales de las denuncias presentadas por las asociaciones para la investigación de las desapariciones forzadas durante el franquismo. En consecuencia serán los juzgados de las localidades donde se encuentran las fosas, los que decidirán si se procede a su reapertura.

 

Garzón ha optado por inhibirse tras declarar extinta por fallecimiento la responsabilidad penal de los responsables de los asesinatos, adelantándose así al pleno de la Sala de lo Penal que debía decidir dentro de diez días sobre la competencia de Garzón para juzgar los crímenes del franquismo, atendiendo al recurso del fiscal Zaragoza quien considera que la Audiencia Nacional no es competente para juzgarlos.

 

Serán entonces 62 juzgados territoriales los que deberán decidir la reapertura de fosas, lo cual ha causado verdadera decepción entre las asociaciones demandantes. Algunos juzgados optarán por la reapertura y muchos otros por darle carpetazo al asunto. La actuación de Garzón ha tenido al menos, el efecto simbólico de calificar judicialmente la naturaleza genocida del régimen franquista.

 

 

 

 

 

 

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Corrupción 19.41

Posted on 2 noviembre, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , |

Por Catalina Gayà / Barcelona

 

Escribo este artículo el día que sale publicado que en España que cada día entran 2.400 españoles en las colas del paro y que la cifra de parados ya es de 2.598.800 personas. La cifra contrasta con el boom económico que había vivido España en los últimos años. Entre julio del 2007 y julio de este año, se terminaron en España más de 640.000 viviendas. Ahora la cifra de nuevas construcciones ha caído en picado (48,4%) y muchas viviendas de nueva obra exhiben el cartel de “Se vende” durante meses y sin que aparezcan compradores. España está en crisis. Ya es un hecho.  Hace solo dos semanas estaba en Mallorca reporteando varios escándalos de corrupción de exaltos cargos del Partido Popular. Quizá la frase que más me horrorizó fue la que me dijeron explicó una de las imputadas. Justificó el robo de 1,5 millones de euros con la siguiente afirmación: “Ya pasamos mucha hambre”. Me quedé helada. Por supuesto, nunca pude comprobar si la frase era cierta, pero la fuente que me lo dijo me parece del todo fiable. En Mallorca, mediterráneos e isleños, hasta hay chistes en los que la moraleja es “a ellos no les afectará la crisis”.

 

Entre la frase de la imputada y los chistes me quedé pensando que quizá haya una relación entre los casos de corrupción política y las crisis económicas. Aviso que solo lo apunto; no tengo una respuesta clara.

 

Primero los hechos.

 

Hace dos semanas en Mallorca…

 

En Mallorca, tienen claro que hay un antes y un después de que la Fiscalía Anticorrupción  –en realidad dos únicos fiscales, Juan Carau y Pedro Horrach–  actuara en la isla. “La Fiscalía acabó con la Mallorca siciliana y el respaldo de jueces y tribunales sensibilizados tras décadas de abulia”, explica un conocido periodista de la isla. “Ahora sí se va a hacer justicia”, confía otro político del Govern del Pacte de Progrés que también prefiere no dar su nombre.

 

Lo cierto es que el cobro de comisiones ilegales, fraude público, creación de empresas ficticias y desviación de fondos fueron prácticas habituales entre exaltos cargos del Partido Popular durante los cuatro años del Gobierno de Jaume Matas, presidente del Gobierno balear entre 1996 y 1999 y entre 2003 y 2007 y ministros de Medio Ambiente del Gobierno de José María Aznar, entre 2000 y 2003. Jaume Matas estrenó su segunda presidencia prometiendo “una acción de orden moral” y resumió su acción de gobierno en un “aviat i sense por (deprisa y sin miedo)”. Tras perder las elecciones, en el 2007, huyó, dicen muchos, a Washington y sigue ahí sin dar señales de vida.

 

Mallorca tiene una larga historia de casos de corrupción que quedaron en agua de borrajas. El  más sonado: el Túnel de Soller.  “El caso del Túnel de Sóller no se pudo juzgar a Cañellas porque el delito había prescrito”, dice el mismo político. Otro, el Caso Rasputín, en el que el gerente de Instituto Balear de Turismo, Juan Carlos Alia, cargó a Hacienda los gastos hechos en un puticlub de Moscú y que se descubrió por casualidad. Entonces, la Fiscalía no consideró que el caso fuera punible penalmente porque podía tratarse de un error. Luego, vendría el caso Bitel –espionaje del correo electrónico del político socialista Francesc Quetglas por parte del PP. “Jaume Matas se sacó de la manga a un perito que convenció al juez para que no lo imputara”, dice el político. “Con el caso Andratx, las cosas cambiaron”, explica la misma fuente.

 

Noviembre del 2006. El exalcalde de Andratx, Eugenio Hidalgo, fue condenado a cuatro años de prisión por prevaricación administrativa y un delito contra la ordenación del territorio. Hidalgo convirtió un almacén agrícola ubicado en suelo rústico en una vivienda unifamiliar. Tuvo la ayuda del exdirector general de Ordenación del Territorio, Jaume Massot, sentenciado a tres años y medio de cárcel y del excelador del Ayuntamiento Jaume Gibert, al que le cayeron cuatro meses de prisión. El ingreso de Hidalgo y Massot en prisión supuso un antes y un después en la historia de la isla. Primero, porque era la primera vez que la Guardia Civil registraba un despacho del Govern (el de Massot) y, segundo, porque un cargo cercano al presidente –Jaume Massot ocupaba el cargo de director autonómico de Ordenación del Territorio—acababa entre rejas. Otro cambio: Gibert empezaría a confesar, a hablar y a señalar a otros imputados. Eso rompería la unidad de discurso que hasta ese momento había habido en el Partido Popular. 

 

Marzo del 2008. Una auditoría detectó la malversación de unos 50.000 euros con una tarjeta de crédito utilizada por el exconcejal de Urbanismo, Javier Rodrigo de Santos. Al parecer, el exedil hacía el gasto en clubes de alterne, en procurarse servicios sexuales y en consumo de estupefacientes. Rodrigo de Santos se enfrenta a un delito de abusos sexuales a menores que le han confinado en prisión. Durante la investigación también salió a la luz que el exedil presuntamente habría cometido prevaricación en la compra de un equipamiento infantil por el valor de 1,5 millones de euros.

 

En abril, el virus de la corrupción se colaba de lleno en la empresa informática del Govern Balear, Bitel. Su exgerente, Damià Vidal, desvió 700.000 euros para cubrir gastos personales. Vidal pagó una fianza de 200.000 euros y salió en libertad con cargos. Vidal era un hombre de confianza de Matas y, como perito informático, le había cubierto en el  Caso Bitel.

 

En agosto, la Fiscalía Anticorrupción actuaba de nuevo con contundencia. La detención de 11 personas  –entre ellas a Juan Francisco Gozálbez, el exjefe de servicios de Turismo, Damián Amengual, exgerente de Turismo Joven, y Juan Francisco Gálvez, exdirector de Juventud–, de las que tres presuntamente están involucradas en malversación de fondos públicos y el cobro de comisiones ilegales por servicios y por obra que se cifra en unos tres millones de euros en el Consorcio de Turismo Joven, puso de relieve una nueva trama de corruptelas. Era el primer caso que no solo afectaba a políticos si no también a empresarios.

 

En octubre, saltó a la luz el caso que ha logrado acabar con la tolerancia mallorquina hacia la corrupción política. La imagen de Antónia Ordinas, exdirectora y gerente del Consorcio para el Desarrollo Económico de las Islas Baleares (CDEIB) durante la legislatura de Matas, mientras señala el lugar en su jardín donde tenía escondidos parte del botín –unos 240.000 euros– que había acumulado manipulando las cuentas del consorcio del que era gerente fue la gota que colmó el vaso para la sociedad mallorquina.

 

Desde abril, los servicios jurídicos de la consejería de Comercio, Industria y Energía investigaban una presunta malversación de fondos del CDEIB por parte de Ordinas, y del exdirector general de Promoción Industrial, Kurt Viaene. Ordinas, junto con su esposa Isabel Rosselló, había logrado acumular más de un millón y medio de euros manipulando las cuentas del consorcio público. Además, Ordinas dejó en el consorcio un agujero de impagados de 3, 5 millones y un déficit de ocho millones sobre un presupuesto de 13.

 

¿Cómo lo hizo? Falsificando facturas en chino (literalmente). Para promocionar los productos de las islas Ordinas viajaba constantemente a china, entonces presentaba facturas que ella misma falsificaba. Por si esto fuera poco, presentaba facturas en las que su pareja –la soprano Isabel Rosselló—cobraba cifras estrafalarias.

 

La portavoz del PP, Catalina Soler, imputada en el Caso Cavallistes, me insistía durante una entrevista que la opinión pública sigue apoyando al PP. “Yo misma estoy imputada en un caso, pero lo cierto es que conseguí la mayoría absoluta en mi pueblo (Felanitx) en las pasadas elecciones”, declara  el viernes a este periódico. En el caso Cavallistes, 11 alcaldes del Partido Popular presuntamente falsificaron certificados municipales  para cubrir las irregularidades urbanísticas de uno de ellos.

 

A mediados del mes de octubre estallaba el caso Son Oms, en el que están implicados el portavoz de Unió Mallorquina en el Parlament, Bartomeu Vicens, y el expresidente del Parlament, Maximilià Morales (UM), escandalizaba de nuevo a la opinión pública.

 

Ya sé que el artículo es largo, pero no podía dejar de mencionar los casos. Lo cierto es que España –no sólo Mallorca— vivió un boom económico, urbanístico, dicen ahora, desmesurado. En septiembre, trabajé en un proyecto por el que me tocó repasar la historia de España y del mundo. Entonces vi que una crisis económica siempre iba acompañada por escándalos de corrupción política. Varios ejemplos. Entre 1990 y 1995, en las portadas de los periódicos españoles había dos noticias que se disputaban la foto: las colas frente a las oficinas del paro y los casos de corrupción de altos cargos políticos y empresarios que llegaron a hacer leyenda. Aquí solo expongo algunos:

 

Caso Kio. Suspensión de pagos por valor de de 1.803 millones de euros. El gerente Javier de la Rosa habría robado, según la acusación particular, 180 millones de euros.

 

Entre 1987 y 1983, el caso de los fondos reservados, es decir, el desvío de partidas destinadas a la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico por valor de 5 millones de euros para uso privado, enriquecimiento personal y pago de sobresueldos y gratificaciones a siete altos funcionarios del ministerio del Interior.

 

Caso Rumasa. Expropiación, venta y liquidación de este holding en una operación que supuso su quiebra total.

 

Entre 1988 y 1990, Caso Filesa. Financiación ilegal del PSOE a través de las empresas tapadera Filesa, Malesa, Time Export, que cobraron importantes cantidades de dinero en concepto de estudios de asesoramiento para destacados bancos y empresas de primera línea que nunca llegaron a realizarse. Entre las personas vinculadas a estas operaciones se encontraban el diputado socialista por Barcelona, Carlos Navarro, y el responsable de finanzas del PSOE, Guillermo Galeote.

 

Caso Guerra, llamado así por Juan Guerra, hermano del vicepresidente, Alfonso Guerra, procesado por los delitos de cohecho, fraude fiscal, tráfico de influencias, prevaricación, malversación de fondos y usurpación de funciones.

Caso Ibercorp. Especulación bursátil con valores bancarios por parte de Mariano Rubio, entonces gobernador del Banco de España.

 

¿Es coincidencia? Esta semana entrevistaré a un economista y a un sociólogo para que nos den la respuesta y será el tema de esta columna el próximo domingo. ¿Pasa en otros países? ¿A qué se debe?. Mientras cierro el artículo, consulto los periódicos mallorquines el caso de Son Oms comparte portada con la cifra de parados en Baleares.

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El lío estival de la lengua

Posted on 2 septiembre, 2008. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , , |

Por Javier Távara / Madrid.

 

Ya me ocurrió el año pasado en Sant Vicent de sa Cala, en la isla de Ibiza. Mi mujer y yo nos sentamos en la terraza de un restaurante playero para comer algo. Tras esperar un rato, cuando al fin pasa por nuestro lado la camarera, ésta nos evade diciéndonos: “I’ll be soon with you”. Mi mujer, que se toma muy en serio eso de ser de Madrid, se niega en rotundo a hablar en inglés para ser atendida. ¡Que estamos en España, coño! ¡Que me niego a hablar en inglés para que me pongan de comer! Entre el escaqueo de la camarera y el enfado de mi mujer optamos por salir del restaurante y buscar otra terraza.

 

Este año, recorriendo las Canarias, me encontré en situaciones parecidas. En el Charco del Palo, un apacible rincón de la isla de Lanzarote, encuentro un restaurante con unas vistas estupendas al Atlántico. A pesar de que tiene el rótulo de una popular marca madrileña de cerveza y que al lado tiene una pizarra anunciando el plato del día, el anuncio no invita a quedarse a comer. Está escrito en alemán. Justo al lado, pensando en la clientela que no entiende la lengua de Goethe, se han tomado la molestia de traducir el menú a la lengua de Shakespeare, de modo que el Rumpsteak Champignonsoβe, pommes mit salad; pasa a ser en inglés un N.Y. Sirloin Steak mushroomsauce chips and salad. No hay noticias del plato en la lengua de Cervantes y a no ser que uno sepa idiomas, sólo quedan claros los euros que cuesta el menú y que debe llevar ensalada.

 

Con todo, entramos a tomarnos el aperitivo. Ya dije que las vistas eran estupendas. Una chica rubia de pelo muy cortito y porte atlético atiende la barra. Le pido educadamente:

 

-¿Me pones dos cervezas, por favor?-

 

La rubia sonríe y se queda petrificada en el sitio. Levanto entonces dos dedos de la mano, como quien hace el saludo hippy y le repito despacio:

 

-Dos cervezas, por favor.-

 

La rubia sigue sonriendo. Deduzco entonces que es una alemana que no entiende ni papa de español y paso al inglés:

 

-Two beers, please.-

 

La rubia ha entendido y me sirve enseguida las cervezas. En una mesa de la terracita mi mujer me espera con la misma queja otra vez: ¡cómo es posible qué haya que hablar en inglés para que te atiendan! ¡Que estamos en España!

 

La rubia del restaurante, no es una excepción, extensas zonas de las costas españolas y también del interior han sido adquiridas por ingleses y alemanes, que pasan allí su tiempo libre y han montado una versión cálida de sus lugares de origen. No son tres o cuatro. Para que se hagan una idea, el Foreign Office del Reino Unido indica que unos 17 millones de británicos visitan anualmente España. Su presencia es tan notoria que ocupan pueblos enteros con sus propios negocios.

 

También en el Charco del Palo, conozco a Mark, un bombero jubilado de Londres. Compró allí una casa y apenas viaja a Gran Bretaña unos pocos días al año. Ni él ni su mujer son capaces de decir una sola frase en correcto español. Hacen la vida en inglés y son los lanzaroteños los que tienen que entenderles.

 

Días después, en la isla de Tenerife, conozco a Kevin. Un inglés de Birmingham. Lleva cinco años viviendo en Santa Cruz y está casado con una tinerfeña que aprendió inglés de jovencita y que pacientemente le sigue traduciendo a su marido lo que no comprende en sus conversaciones con isleños chicharreros y canariones. Él no ha tenido ni la voluntad ni la perseverancia de hacerse con el habla suave de los canarios y ese acento de una calidez caribeña. El español de Kevin se parece sospechosamente al de David Beckham y su recordado mi estar contento equipo jugar buen nivel. Otro inglés que habla español con la sintaxis de Tarzán.

 

A estas alturas alguno se preguntará, qué hago yo contándoles algo tan sabido como que los europeos del norte van en masa a las playas españolas y que no hablan español.

 

Resulta que hay un debate colateral. Allá voy: a comienzos de este verano un grupo de reconocidos intelectuales encabezados por Savater y Vargas Llosa presentó un manifiesto por la defensa del castellano. Dicen que en España hay crecientes razones para preocuparse por la situación de la lengua de Cervantes. ¿Por las dificultades para hacerse entender en los todos esos lugares que los extranjeros han adquirido en España? No señor, no señora. Según estos intelectuales en las comunidades bilingües se hace la vida imposible a los monolingües en castellano. Dicen que se atenta contra sus derechos lingüísticos. La culpa es de todos esos políticos que han hecho del gallego, el euskera y el catalán-valenciano la lengua oficial de sus comunidades y de sus políticas proclives al bilingüismo que están relegando al desuso a la lengua castellana.

 

Algunos de estos intelectuales tienen un honesto hastío de gobiernos autonómicos de corte nacionalista y a su rechazo a la idea común de España. Y efectivamente, las políticas lingüísticas de las comunidades bilingües deben mejorarse para no hacerle más complicada la vida a la gente. Pero el manifiesto ignora olímpicamente que estas comunidades tienen las políticas lingüísticas que sus ciudadanos han elegido democráticamente durante tres décadas. Para la mayoría de ellos el castellano es una segunda lengua, pero su fuerza en la calle y en los medios de comunicación es tal, que el bilingüismo no supone un problema para casi nadie, ya que casi todos dominan el castellano además de su lengua materna.

 

Pero el manifiesto pretende establecer la falsa presunción de que todos los españoles son igualmente hábiles en castellano y en consecuencia los firmantes instan al Parlamento a modificar todas las leyes que haga falta y la Constitución si es preciso, para que se garantice que todos los españoles puedan ser educados y atendidos institucionalmente en castellano, además de obligar a los representantes políticos a utilizar el castellano en funciones estatales. De forma que en pleno siglo XXI, se pretende volver a imponer por Ley el castellano, a pesar de que abundan trágicos precedentes históricos de esta imposición.

 

Como era de esperar, el llamado ‘manifiesto por la lengua común’ ha generado un acalorado debate. Políticos e intelectuales de comunidades con otra lengua oficial consideran el manifiesto como un ataque directo a su cultura. Por otra parte, los numerosos medios de comunicación de derechas lo han aplaudido a rabiar. Según ellos el castellano está siendo perseguido, arrinconado, excluido en las comunidades bilingües. Sostienen estas acusaciones publicando fotos de carteles y avisos en lenguas locales en los cuales el castellano no aparece. Por supuesto que a nadie se le ocurre proponer que todos los españoles reciban en la escuela unos conocimientos básicos de los demás idiomas oficiales. ¡Ni hablar! Para los neoconservadores lo que hay que aprender son otros idiomas europeos y que en toda España impere el castellano. Olvidan que son los monolingües en castellano los que tienen más problemas de comunicación en otras lenguas y que abundan los que no son capaces de entender ni un por favor que no sea dicho castellanamente, ni un si us plau catalán, ni mucho menos un s’il vous plaît francés.

 

La mayor hipocresía es que políticos y periodistas de corte neoconservador exigen a los españoles periféricos que se expresen en castellano, cuando ni a ingleses ni a alemanes se les exige que sepan una sola palabra en el idioma del Quijote, aunque se estén comprando media España. Y mientras dan gran difusión al manifiesto que pretende obligar a gallegos, vascos, catalanes, valencianos y baleares a mantener la utilización del castellano, nada se dice respecto a la desaparición de toda lengua española en amplias zonas de costa e incluso del interior de España. Se ve que nadie considera el alemán ni el inglés como una amenaza a los derechos lingüísticos de los ciudadanos.

 

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El Parlamento Europeo y la máquina del tiempo.

Posted on 30 junio, 2008. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , |

Javier Távara / Madrid

A comienzos de junio, leía una entrevista a Edward Farhi, director del Departamento de Física Teórica del prestigioso MIT, Instituto de Tecnología de Massachusetts, Estados Unidos. En ella, el científico afirmaba que basándonos en Einstein, aunque fuera factible viajar al futuro, era imposible fabricar una máquina del tiempo para viajar al pasado. En ese mismo mes, el Parlamento Europeo de Estrasburgo nos ha hecho retroceder un siglo, sin alardear de conocimientos astrofísicos.

Junio de 2008 será recordado, además de por los goles de la Eurocopa, por dos indignidades que se han perpetrado en Estrasburgo: por una parte, la aprobación de una Directiva de Retorno que vulnera derechos fundamentales y por otra, la revisión de la Directiva de ordenación del tiempo de trabajo, con la que se pretende regular jornadas de hasta 78 horas semanales.

La semana pasada, mi pana Mingus, analizaba aquí el trasfondo político de la controvertida Directiva de Retorno, que fue aprobada el 18 de Junio. Hoy hablaremos del contenido de esta norma, que algunos pocos eurodiputados con sentido de la decencia califican ya como la directiva de la vergüenza, pues se establecen dos categorías de personas: las que tienen derechos fundamentales y las que no los tienen.

Para los que creen que exagero, empiezo por aclarar que no se trata de discutir aquí, sobre el derecho de los Estados europeos a repatriar a los extranjeros que se cuelan por sus fronteras o a los que se quedan sin permiso. Estamos todos de acuerdo en que los países europeos no pueden acomodar en su superpoblado territorio a todos los que quieren instalar en los países de la Unión. Se calcula que 8 millones de personas se han colado o se han quedado en la UE sin contar con las respectivas autorizaciones administrativas. La nueva directiva pretende armonizar las diferentes legislaciones de los socios europeos dotándoles de un marco normativo para repatriar indocumentados. Una sola norma general para los 27 Estados miembros. Hasta allí de acuerdo.

El problema viene con el contenido de la directiva. Para empezar, recupera la potestad de la Administración para decidir sobre la libertad de las personas. La Directiva de Retorno faculta a las autoridades administrativas a ordenar la reclusión de los sin papeles hasta por 6 meses, prorrogables en algunos casos, por doce meses más. La autoridades administrativas, eso sí, deberán comunicar el internamiento al Juez, para que lo confirme y lo revise mensualmente. Y hay más: la nueva directiva faculta a que se delegue en la Administración la potestad de decidir sobre la expulsión de extranjeros. De este modo los extranjeros sin papeles podrían ser expulsados por decisión de un funcionario raso de migraciones. Aunque se mantiene la posibilidad de que los afectados por una orden de expulsión recurran en apelación al Juez, en la práctica, serán muchos los enviados de regreso a su país por una simple decisión administrativa. Sobre las condiciones de internamiento de los sin papeles, mientras esperan su expulsión: deberá encerrárseles en centros especializados. A falta de ellos, podrá enviárseles a centros penitenciarios -a las cárceles de toda la vida- a condición de que se les separe de los presos ordinarios. Llegados a este punto, hay que recordar que la Directiva de Retorno afecta a personas que no han cometido delito alguno y que únicamente han incurrido en una irregularidad administrativa: la de sin ser europeos, estar en el territorio de la Unión, sin permiso. La guinda del pastel: la nueva directiva permite la deportación de menores no acompañados, y agárrense: se les podrá enviar a países distintos de su país de origen. El Parlamento Europeo nos devuelve a los oscuros tiempos en los que el poder político decidía por su cuenta deportaciones y encierros, quedando los jueces para labores de registro.

Por otra parte, el 10 de junio se aprobó la revisión de la Directiva de ordenación del tiempo de trabajo. La Comisión -ese poder ejecutivo de la Unión Europea cuya cara visible es Durao Barroso- pretende que el Parlamento finiquite el límite máximo para la jornada laboral de 48 horas semanales, establecido en otra directiva de 1993. Varios Estados fijan límites menores, llegando hasta las 35 horas de Francia. Ahora, se pretende regular que las distintas legislaciones nacionales puedan establecer jornadas de hasta 78 horas.

En su afán liberalizador, la Comisión pretende que mediante un simple acuerdo entre empresario y trabajador se pueda fijar la jornada laboral en 60 horas semanales. Y este acuerdo podría establecerse tan sólo una semana después de la firma del contrato de trabajo. Hay más. Para determinados colectivos de turnos irregulares, como los servicios sanitarios, la Comisión pretende que mediante acuerdo privado se pueda fijar la jornada laboral en 65 horas semanales y mediante convenio colectivo, la jornada pueda extenderse a 78 horas semanales. Y por si fuera poco, la Comisión pretende también redefinir el tiempo de trabajo, de modo que sólo entraría en el cómputo de horas, el trabajo efectivo a disposición del empresario y en ejercicio de funciones. A los médicos sólo les computarían las horas de atención al paciente. Las horas de guardia, de lectura de informes o de espera de análisis, todas esas horas con el batín puesto, quedarían fuera del cómputo. La propuesta de la Comisión todavía tiene que verse en segunda vuelta en el Parlamento Europeo, pero tal como está el percal, con el peso que han adquirido los neoliberales en Estrasburgo, no resulta inverosímil que la jornada legal de 78 horas semanales muy pronto vea la luz. Dicen que es un logro para los trabajadores. Si ello llegara a ocurrir, el Parlamento Europeo nos devolverá a los tiempos en los que los trabajadores pasaban su vida en los centros de trabajo. Todo un avance.

Según parece, el Parlamento Europeo y sus neoliberales eurodiputados están deseando inventar la máquina del tiempo. Para volver al pasado.

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Sociedad Zombi. Miseria urbana

Posted on 1 junio, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: |

Por Catalina Gayà / Barcelona

Hace unos años una lectora me llamó para decirme pasara a las 21.00 frente a un súper de la calle de Provença, en casi pleno centro de Barcelona. Me dijo, muy molesta, que a esa hora ahí pasaba algo que era inconcebible en Barcelona. Lo primero que pensé era que las redes de prostitución se estaban extendiendo muchísimo si ya llegaban a la calle de Provença. Ella me dijo que no iba de eso el tema, que era otra cosa: “Más indigna”. “Hay ancianos que hurgan en los contenedores. Son ancianos del barrio, de toda la vida, pero la pensión no le llega para comprar comida y no les queda más remedio que ir a los contendores. Esta ciudad ya es demasiado cara para ellos”. ¿Perdón? “Ve y míralo”.

No recuerdo si esa misma noche o al día siguiente me di una vuelta. Lo que encontré es una de las hipocresías más grandes del Estado del Bienestar, del aquí –en Europa– todo funciona. Abuelos, abuelas, estudiantes –claro que estos últimos lo intelectualizan y hablan de reciclaje— acuden cada semana a buscar la comida que tiran en los supermercados. ¿Por qué la tuiran?. Porque caduca ese día, porque el envoltorio está mal, porque el pan al día siguiente está duro. Publiqué una crónica en El Periódico de Catalunya y varias teles lo sacaron. No sirvió de nada.

Esta semana volví a pasar frente a ese súper y seguía ocurriendo lo mismo. En cuatro años no ha cambiado nada. De hecho, ha empeorado: había más gente, más abuelos, más jóvenes. Otra vez la sensación de que las cosas no van bien me invadió el cuerpo de tristeza. Por si fuera poco, unas calles más adelante vi a unas chicas prostituyéndose.

“Voy al súper”, le dice María a su esposo y sale de casa con una bolsa de plástico en el bolsillo. La mujer llega al súper, pero no entra. Se queda en la acera, aguardando a que las dependientas saquen los desperdicios del día. Entonces, levanta la tapa del contenedor y hurga en busca de comida. María vive en el Eixample de Barcelona, donde los alquileres de los pisos no bajan de 900 euros y uno de los barrios más céntricos de Barcelona. En el contenedor, María halla las galletas con las que desayunará mañana. También la leche. Y, con un poco de suerte, algo podrá hacer con esas pechugas de pollo que caducan en el día.

Como ella, decenas, cientos de barceloneses buscan cada noche alimentos entre las sobras de los mercados. María tiene 22 años, un bebé, la primaria hecha en su país, Bolivia, y tres años de estancia en Barcelona. No trabaja y el sueldo de su marido no les da para mantener al niño, pagar el alquiler del piso y comer.

Por eso, espera dos veces por semana en la acera del supermercado, en la calle de Provença, a 200 metros escasos de la Sagrada Familia. Poco antes de las nueve de la noche llega el momento. Una dependienta apaga las luces. Otras tres sacan el primer contenedor, el de la leche, la carne y el pescado. Son alimentos que la empresa tira cada día porque están a punto de caducar o tienen algún daño en el envoltorio.

Las dependientas pasan y trajinan sin decir nada. No miran a María. Ni a una mujer que pasa de los 70 y que aguarda carrito en mano mientras se queja de que su pensión es casi inexistente. Tampoco miran a un hombre al que se le murió la esposa, ni a Juan, que come habitualmente en las aceras. Las empleadas del súper dejan el contenedor, besan a los novios que las esperaban y se van. Al instante, otras dos dependientas sacan un segundo cajón, éste de verduras. Lo mismo, ni una mirada, ni una palabra. Es el idéntico ritual de cada noche.

Las personas que esperan en la acera vuelcan los contenedores y hurgan entre paquetes de galletas o de pan a punto de caducar, se llevan esa carne en el límite de lo comestible o esas cajas de leche a las que les cayó agua. A las dependientas no les está permitido coger nada. “Órdenes de arriba”, aclaran y miran al vacío conscientes de que no tiene sentido.

Inmigrantes, pensionistas y personas en apuros económicos rebuscan y cogen lo que pueden. En la Boqueria, en el corazón de Ciutat Vella, la mayoría de los buscadores de comida son estudiantes y okupas. Esta noche hay pocos inmigrantes y ningún pensionista.

Llegan cuando las persianas de las paradas empiezan a bajar. Los okupas y los estudiantes se cuidan mucho de poner en su boca las palabras hurgar o rebuscar.

Ellos prefieren definir su actividad como una acción de “reciclaje”. Reciclan, argumentan, porque es una lástima que las berenjenas y las lechugas que tiran los tenderos se pierdan. Quizá tienen razón. “La sociedad está mal acostumbrada –afirman George y Dafne–. Desperdicia comida en buen estado”. George, de 24 años, y Dafne, de 23, han estacionado sus bicicletas en la parte trasera de la Boqueria. Ahora, sacan dos bolsas de plástico y empiezan un paseo de media hora por los pasillos, ya en penumbra, del mercado.

Se acercan a los vendedores, piden permiso para “reciclar” y recogen tres tomates de una caja, un kilo de uvas, pimientos y una papaya de entre un montón de bolsas de fruta casi podrida. Unos amigos les explicaron que cada semana ahorraban más de 30 euros “con esto del reciclaje”. George empezó aquel mismo día. Dafne aún esperó un año: “Mi educación no me permitía buscar entre las cajas, pero es cierto: ahorras dinero”.

Los dos son de Menorca, los dos estudian –George, medicina china, y Dafne, psicología–, los dos viven con menos de 500 euros al mes y ni uno ni otro se acuerdan de cuánto gastaban en verdura cuando la compraban en la tienda. Una tendera, Francisca Rodríguez, les da unas alcachofas y les aconseja que les arranquen las hojas y asen los corazones. Y se lamenta de que los jóvenes “tengan que hacer estas cosas”.

Los desperdicios del súper de la calle de Provença ya están en la acera y cada cual coge lo que necesita. “Hoy no hay mucho que pillar”, se queja la señora de pensión exigua. Una mujer pasa por allí y les anima. A sus 74 años, aún friega escaleras. “Todo son maneras de buscarse el pan”, sentencia. En 15 minutos está todo repartido y la acera limpia de nuevo. María se aleja con su bolsa llena. A la misma hora, los recicladotes abandonan la Boqueria en sus bicicletas. Los carteles con los precios quedan borrados hasta mañana. Las naranjas iban a 1,41euros cada kilo.

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Relato de una Muerte sin Flores

Posted on 5 mayo, 2008. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , |

Por Javier Távara / Madrid

Eran las primeras horas de la mañana y la placita que está junto al mercado municipal de la Puerta del Ángel tenía un aspecto diferente. En vez de los habituales ‘inquilinos’ de la plaza, los indigentes sin techo, el lugar estaba tomado por varios agentes de policía y por personal sanitario del servicio de urgencias. Al principio pensé que a algún abuelete le había dado un soponcio, pero no. Sobre un banco de la plaza yacía un cadáver cubierto con una bolsa metálica. Al verlo entendí por qué había tanta policía.

La fila de trabajadores que habitualmente atravesamos la placita para ir al metro, desfilamos en silencio ante el cadáver y continuamos rumbo al Paseo de Extremadura. Con prisas para no llegar tarde a la oficina. Ninguno de nosotros se detuvo para indagar quién era el infortunado que yacía en el banco ni qué le había pasado. No era difícil de imaginar: un varón de cuarenta y tantos años, alcoholizado, que unos años atrás llevaría una vida como la de cualquier vecino, hasta que la vida le dio un vuelco cuando le sobrevinieron una serie de eventos desfavorables, casi siempre encabezados por la letra d: despido, desempleo, divorcio, desahucio, drogodependencia, depresión… Inconscientemente aprieto el paso cuando llego al lado de los policías que custodian el cadáver, mientras pienso cuál de los inquilinos habituales de la placita será el que está dentro de la bolsa. Los policías y sanitarios platican tranquilamente como si se tratara de cualquier asunto rutinario. Me vino entonces a la mente un tristísimo verso de César Vallejo: Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

No se despisten ustedes y no vayan a creer que esta escena transcurre en algún lugar marginal. Esto ocurre en la capital de España, en Madrid. No muy lejos del Palacio Real, ese espléndido edificio construido a mediados del siglo XVIII como símbolo de la riqueza de la monarquía española y que todavía es utilizado por el rey Juan Carlos para lujosas ceremonias oficiales. Esto ocurre en el mismo año en el que José Luis Rodríguez Zapatero ha sido reelegido Presidente del Gobierno, pasará otro cuatrienio más en el madrileño Palacio de la Moncloa, después de convencer a los electores con su discurso optimista sobre el crecimiento del Estado del Bienestar. En campaña repitió muchas veces el dato de que España ha superado la renta per cápita de Italia y prometió que el siguiente objetivo será alcanzar a Francia. Más precisiones: ocurre esto en la misma semana en la que las autoridades regionales y municipales -Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón a la cabeza- se gastarán millones de euros en conmemorar el bicentenario de la batalla librada por los vecinos de Madrid contra las tropas napoleónicas, un desdichado 2 de Mayo de 1808. Dentro de unos meses, allá por Diciembre, unos y otros, el Rey, el Presidente del Gobierno, la Presidenta Regional y el Alcalde gastarán otra millonada en celebrar el 30 aniversario de la Constitución Española, la norma fundamental que en su Artículo 47 establece que: Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.

Pero cuando la vivienda cuesta en barrios de Madrid seis mil euros por metro cuadrado y la vivienda social se sortea como una lotería, a nadie extraña que el número de personas que malvive en las calles se cuente por centenares.

Muy cerca de los espléndidos edificios de la Villa y Corte, en calles y plazas que no ven las altas autoridades del Estado, porque ellos van siempre en coches oficiales, siempre raudos y siempre por avenidas principales; en esos rincones que los mandamases nunca ven, malviven las personas sin techo. Y también mueren. Su presencia se ha hecho tan cotidiana que a nadie extrañó que el pasado diciembre, el último domingo del año un hombre expiraba en pleno Rastro. Mientras, millares de personas paseaban a su alrededor recorriendo ese célebre mercadillo callejero que visitan tropas de turistas apretujándose con los vecinos de Madrid. Horas más tarde, cuando los comerciantes ya habían recogido los puestos de venta, otro indigente compañero de infortunios, cayó en la cuenta que en medio de la calle estaba el cadáver de su amigo. La prensa bautizó al difunto como ‘el muerto invisible del Rastro’.

Los indigentes son invisibles para casi todos (no lo son para las monjas y los trabajadores sociales que se fajan para alimentarles y abrigarles) y reconozco que muchas veces también son invisibles para el suscrito, pero cuando se pasa delante de uno de ellos metido en el envoltorio policial para cadáveres, uno sólo puede sentir rabia y vergüenza de que esto nos ocurra en la orgullosa capital de un país que se precia de ser desarrollado y potencia económica mundial.

Al atardecer, paso de vuelta por la placita y no había en el banco ni una sola flor que recuerde al desdichado. Su muerte tampoco salió en las noticias.

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“Una bici, una play, una wii, mamá”: Madres Migrantes en Españ

Posted on 20 abril, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: , |

Por Catalina Gayà / Barcelona

Me topé con el eslabón más triste, o mejor dicho viví este reportaje como uno de los más tristes que he escrito sobre inmigración. Ya sé que algunos dirán que peor es cruzar Centroamérica y México con 10 pesos o con nada en el bolsillo. Que más jodido es emprender una caminata suicida atravesando África y embarcarse en una patera para llegar a una sociedad hostil. Lo son; lo sé.

Aun así, confieso que yo viví las historias de las madres que tienen a sus hijos en su país y ellas trabajan en países ricos con muchísima tristeza. Mujeres rotas: con el corazón a un lado del mundo y con el cuerpo en el otro, en el mundo rico. Mujeres que con los años se sienten sólo cuentas corrientes para sus familias y unas desconocidas para unos hijos que sólo les reclaman cosas materiales: “Una bici, una play, una wii, mamá”, y lo de mamá por costumbre.

Estuve una semana recorriendo locutorios en Barcelona. Siempre era lo mismo: una mujer con una tristeza que no le cabía en el cuerpo, mirada triste y marcas de haber llorado dentro de la cabina. Era una madre. Luego, el desahogo cuando empezaban a hablar conmigo. Más lágrimas y una historia de miedos, fuerza y pobreza.

En todo el mundo dos millones de mujeres emigran cada año dejando a sus hijos en sus países de origen. En España, residen 1.700.000 mujeres inmigrantes, con una media de 34 años, el 80% de ellas empleadas en servicio doméstico, el comercio y la hostelería y muchísimas sin papeles. Los expertos explican que en ciudades como Madrid y Barcelona las extranjeras se emplean en sectores rechazados por las autóctonas como, por ejemplo, en el sistema del servicio doméstico como internas (de planta). “Es la respuesta del estado-nación a una prospectiva de demanda laboral que siempre ha supuesto que dicha ocupación es un trabajo de mujeres”, se lee en un artículo de Natalia Ribas, doctora en sociología y especialista en migración femenina.

El peso empieza en sus países. Su viaje fue acordado por consenso familiar: ellas trabajarían afuera porque para las mujeres es más fácil encontrar trabajo en la economía sumergida, los familiares (esposo, madre, hermanas) se quedarían con sus hijos y los criarían. Estarían tantos años fuera como hiciera falta para arreglar la casa y para que los hijos estudiaran o hasta que uno de sus hijas (siempre mujeres) las remplazara.

Estas mujeres acaban ocupando el papel que las mujeres han tenido tradicionalmente y que si no hubieran emigrado ocuparían, en parte, en sus países: cuidan a niños y a abuelos. “Yo me agarré a las dos niñitas que cuidaba como si fueran mi hijo. Lo acababa de dejar en Guayaquil con mis padres”, explica Nancy. “Salimos para cuidar a niños y nosotros dejamos a los nuestros en nuestro país”, dice Lybia María.

Contradicciones: la mujer en Europa busca espacios y esos lugares los ocupan otras mujeres que se encuentran en situación, la mayoría de las veces, de explotación. La sociedad o el Estado del Bienestar no es capaz de generar sustitutos sin tener que explotar a otros, a otras mujeres.

Aquí hay parte de las historias que publiqué en El Periódico de Catalunya. Salió un domingo y durante la semana siguiente, recorrí los locutorios para dejar ejemplares. Los que me conocen saben que yo soy bien vaga para eso, pero esta vez no pude no hacerlo.

UNA HISTORIA, UNA CABINA. En la cabina 5 está Nancy Ramos enganchada a un teléfono del locutorio desde hace 20 minutos y discutiendo con su madre el tiempo que el hijo de Nancy, Simon Jesús, debe jugar con la playstation ahora que está de vacaciones. Su madre, Dora, y su hijo están en Ecuador; Nancy vive en L’Hospitalet y lleva físicamente separada de su hijo dos años. A su lado, en la cabina 6, una mujer boliviana intenta explicarle a alguien que los 50 dólares que envió eran para comprar un regalo para su hijo y no para malgastarlos. “¡Es su cumpleaños!”, grita al auricular. La mujer de la cabina 6 empieza a llorar con desespero. En la 5, a Nancy también le resbalan las lágrimas. Simon Jesús hoy no está muy hablador. Tiene 5 años y le dice a su mamá que quiere jugar a la play. Nancy sabe que “es normal”, pero eso no quita lo triste. Hoy le ha dicho: que se portara bien, que hiciera caso a la abuela, que si se tomaba las vitaminas de naranja, que lo llamaba mañana. El niño ya se había escapado. El locutorio de L’Hospitalet se llena poco a poco de mujeres que acuden a hablar con sus hijos. En España, son las 20.00 horas, en Ecuador, las 13.00. En Bolivia y Paraguay, las 14.00. En Colombia, las 13.00.

Lo primero que mira Lybia María cada vez que cambia de trabajo -y ya ha pasado por varias casas cuidando ancianos y niños– es si en el barrio hay locutorios. Desde el martes, trabaja interna en una casa cuidando a un anciano en la zona de Sant Adrià. Está contenta: hay locutorios cerca de la casa porque es un barrio más popular. Hace unos meses trabajaba en La Bonanova -un barrio de clase alta– y buscar cada noche un locutorio desde donde poder llamar a sus dos hijas en Colombia era una larga excursión. Claro que no dejaba de llamar religiosamente entre las 19.00 y las 20.00 horas. Escuchar a Daniela, de 11 años, y Alejandra, de 15, le da fuerza para seguir en España. Por ellas está aquí; es a ellas a las que manda el dinero para que “no les falte de nada y puedan tener una buena educación en Colombia”.

Nancy Ramos y María Lybia son madres transoceánicas. Trabajan en España, pero tienen sus hijos al otro lado, en sus países natales. Esa hora, media hora, a veces 15 minutos y otras veces hasta dos horas que pasan en el locutorio les permite seguir ejerciendo de madres a la distancia. Algunas como Argentina, de Santo Domingo, dejaron a sus bebés hace nueve años; otras como Gloria, de Paraguay, hace solo ocho meses. Todas están convencidas de que ellas tienen que estar aquí, en Europa, para darles una mejor educación a sus hijos allá. Aseguran que eso solo se consigue enviando dinero a sus países y aunque consideran la posibilidad de traerlos lo ven como algo lejano, muy lejano. Mantener el contacto con los suyos es la única manera de seguir presentes y eso lo hacen a través de los locutorios. El mensaje electrónico es frío; el teléfono es la mejor vía y el locutorio, lo más barato.

Lybia María tiene 42 años y cada mes manda entre 600 y 700 euros a Colombia. Así mantiene a su esposo, que gana el equivalente a 6 euros por cada jornada de 16 horas de trabajo, y puede educar a sus dos hijas. Nancy tuvo a su niño en España, pero aquí no podía educarlo. Madre soltera y extranjera no le daban ni el sueldo ni las horas para poder estar con su hijo. Lo llevó con su madre, pero habla de él como si supiera que hace cinco minutos hubiera bostezado. En Guayaquil, pusieron una foto enorme de ella en el salón. Simón Jesús sabe que la de la foto es su mamá que está en España trabajando.

Nora Rodríguez, pedagoga y autora de Educar desde el locutorio. Ayuda a tus hijos que sigan creciendo contigo, explica que lo primero que la sociedad y estas madres deben aprender es que “no hay un único modo de vivir en familia”. “La madre sigue educando desde la distancia y ellas mismas sacan unas fortalezas que desconocían y que por haber dejado a sus hijos se elevan”, explica. Para Rodríguez, lo más importante es que no pierdan ni el vínculo ni el apego y que no se conviertan en papá Noel, es decir, ni solo les envíen regalos ni les pinten un panorama en el aquí todo es un paraíso. Lybia María lo tiene claro. “Durante los dos años que llevo aquí, yo les soy sincera les digo que trabajo muchas horas y que no es fácil. A veces, me gustaría que mi marido me dijera que me necesita a su lado, pero eso no es posible”, dicen.

“Me pierdo el ver crecer a mis hijas. La pequeña me dice que está creciendo y eso yo no lo veo. No sé si vale la pena”, dice.

EL DESAHOGO. La voz ha corrido. Al empezar el reportaje, acudí a varias asociaciones de mujeres inmigrantes para que nos pusieran en contacto con madres transoceánicas. Desde las asociaciones, pasaron el reclamo. Mi teléfono empezó a sonar. Algunas mujeres solo llamaban para decir que ellas también han tenido que venir a España sin sus hijos y que no se sienten bien por ello, pero que no han tenido más remedio y que esto no las hace “malas madres”. “Lo hago por mis hijos para que tengan una mejor educación”, dicen. Una mujer anónima explicaba que sus hijos solo la ven como una fuente de dinero y que solo le piden cosas. Otra decía que ella no se podría haber ido sin sus hijos. Nada más.

En los locutorios, si una mujer hablaba, las otras empezaban. En algún momento, todas lloraban. Argentina es de Santo Domingo hace tres años que no viaja a su país, donde dejó a tres hijos. Ahora ya es abuela y acude a hablar con su familia desde un locutorio cercano al mercado de Santa Caterina Está convencida que allá estaba mejor que acá, pero no sabe cómo arreglarlo porque la familia necesita el dinero. Llama cada semana y dice casi no puede hablar con sus hijos porque cuando se ponen al auricular no para de llorar. “Les digo que los quiero mucho y que se cuiden. Ellos están con su papá y con su abuela paterna. Quizá si hubiera estada allá, ahora no sería abuela, ¿quién sabe?”, se pregunta.

Gloria es paraguaya y saca la foto de su niña de seis años muy bien guardada en un sobre blanco dentro de su bolsa. La dejó hace ocho meses y no puede hablar porque las lágrimas le tapan las palabras. “Lo hice por ella. Ella no quería, pero qué remedio tenía. La dejé con mis padres. Ella está bien”, afirma. Su hermana la consuela. En cada cabina se vive una historia. “La mayoría vienen los fines de semana. Muchas salen llorando por eso se nota que tienen hijos allá”, dice el dueño de un locutorio en la calle de Sant Pau, en el Raval. De lejos, detecta a las madres. Sabe quién entra a hablar con sus hijos y quién no y hasta las conoce. Nancy ha pasado tantas horas en el locutorio que en uno de tantos conoció a su pareja. “A veces me gustaría que mi marido me dijera que me necesita a su lado, pero no se puede. Vas a escribir una historia triste, pero es que nuestra historia es triste”, dice Lybia mientras chatea con su hija y su marido.

El reportaje acabó. Unos días después Lybia me dijo que era la primera vez que les daban voz y que así la gente sabría que no solo sirven para trabajar. Una de las presentadoras de una emisora latina en Barcelona me dijo que ahora faltaba la otra parte: la de los hijos que se quedan allá. Los mayores, como era su caso, se asumen como adultos y crían a sus hermanos.

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