La Pascua en Alemania o… ¿por qué el conejo esconde los huevos?

Posted on 17 abril, 2009. Filed under: Yaotzin Botello -Berlín |

Por Yaotzin Botello / Berlín

Al principio no fue el huevo.

Al menos no, en lo que a religión se refiere.

Un día de una Pascua no muy lejana, un amigo alemán me invitó a celebrar en su casa. Era la primera vez que yo celebraba una Pascua en Alemania y quería ver cuán diferente era de mi Semana Santa mexicana. Me llevó a una orilla del río que pasaba por su casa, a las afueras de Berlín. Ahí había una fogata enorme, como de unos 3 metros de altura y en su derredor gente. Algunos asaban bombones, pero la mayoría estaba más bien haciendo una especie de pic-nic, charlando o escuchando música de grabadora. Todos tomando cerveza o Glühwein, vino caliente. En realidad la actividad no era muy diferente de otras que he vivido al aire libre en Alemania.

El Fuego de Pascua empero, llamado Osterfeuer en alemán, Easter Fire en inglés, tiene una explicación romántica: quemar el invierno. La gente se pone a su derredor para calentarse y tratar de dejar el frío del invierno atrás, creer que ahora es tiempo de la época de frutos, de la creación, de la procreación. Como la fogata es grande, hecha con troncos de árbol apilados los unos con los otros, calienta varias horas. Pero entre el calor del fuego y de las cervezas, cualquiera olvida el invierno.

El fuego es pagano. La Pascua también. Ya Walter Duer lo mencionó en su post del lunes con la tradición judía, el Pésaj. Esa palabra es uno de los orígenes etimológicos de la Pascua, que se realiza por fechas semejantes. En alemán e inglés, Ostern, Easter, es porque cuando se descubrió la resurrección de Jesús fue con los primeros rayos del sol, que sale del Este. En el caso del Fuego de Pascua tiene orígenes que se remontan a la época de Bronce, cuando se organizaban fuegos en forma de ofrenda para tener comida, para tener calor, y huellas de esto se pueden ver en Dinamarca. La religión toma el fuego en el Siglo 16, algo que a la fecha se puede ver de dos formas: hoy en día hay pequeños pebeteros en las iglesias católicas que, durante la Semana Santa, dan fuego para que cada quien prenda sus velas; además, este fuego de Pascua es también el fuego de la quema de Judas. Pobre. Se hizo de mala fama. En el Evangelio de Judas se dice que Jesús le pidió el favor de traicionarlo. Eran grandes cuates.

Y en los Fuegos de Pascua alemanes también se materializa de alguna forma el Judas porque hasta arriba de la gran fogata se coloca una figurita de bruja hecha de paja, pero no siempre. Como no siempre el fuego de Pascua se hace el Sábado Santo. Antes de la Pascua de este año presencié una pequeña discusión entre alemanes que no se ponían de acuerdo cuando era el Fuego de Pascua. “En mi pueblo es sábado”, dijo uno. “En el mío desde el viernes y cada día hasta el lunes”, dijo otra. “Yo lo conozco de los domingos”, añadió otro.

Qué más da. Yo sólo pensaba en una noticia que había salido ese día. Lugar: una localidad del Estado de México. Jesús se había pegado en la cabeza en la escenificación que se hacía de la crucifixión y Judas lo suplantó. Judas fue crucificado. De nuevo, pobre Judas.

Regreso a Alemania.

La semana pasada se dio el resultado de un estudio: uno de cada cinco alemanes no tiene idea del significado litúrgico original de la Pascua (yo tampoco). Sin embargo, casi todos conocían al conejillo de Pascua (yo también. De hecho, cada vez que voy a México le llevo a mi familia conejillos de chocolate, de Pascua, pero ni se han molestado en preguntarme y yo tampoco en explicarles). Y el conejillo, sí, es el que esconde los huevos.

De acuerdo con la tradición alemana, se cree que el conejillo apareció en lo que ahora es la frontera de Francia con Alemania. Apareció como una forma de hacer felices a los niños. Un conejo pueril. Para los niños católicos la Pascua tenía el significado de volver a comer huevos, de volver a comer los productos que se habían dejado de lado durante la época de Cuaresma. Pero los niños protestantes no hacían Cuaresma y no se les podía decir así nomás que ya se podían comer huevos. Todo el tiempo los hubieron comido. Así que los protestantes, dice la tradición, inventaron que un conejillo traía huevos a las familias religiosas. El conejillo, claro, como todo un símbolo de la fertilidad.

Y hoy el huevo es en toda Alemania un símbolo de la Pascua. Se lo decora, se lo vende, se lo come, para la semana previa a la Pascua y hasta el domingo de Pascua). Los más bonitos son los que hacen los Sorbios, una minoría alemana de origen eslavo que, al parecer, heredó la artesanía de los rusos. Aquí abajo un ejemplo.

 

Huevos de Pascua de los Sorbios

Huevos de Pascua de los Sorbios

 

Pero el huevo no se podía quedar atrás. No fue lo primero pero sí recoge también una tradición milenaria. Simboliza el corazón duro que tenía el faraón egipcio, en aquella época Ramsés II, por haber tenido esclavos judíos que no quería liberar. Los soltó en una época que se conoce justamente como Pésaj, o sea, la Pascua Judía.

También es símbolo de fertilidad. Y el conejillo que viene en la época de Pascua llega y los esconde. Por si no fuera ya poco que tenemos que encontrar el símbolo de la tradición, además esconde los huevos. Es una forma de entretener más a los niños. De darles regalos por encontrarlos. Algo comercial, pues, así como hacen San Nicolás y Santa Clos (son primos), y los Reyes Magos. La verdad es que nunca he visto a niños haciendo un rally para encontrar huevos (ni tampoco a otros persiguiendo a un dulce conejillo para darle una tunda por haberlos escondido).

Y llego al final de esta paganidad con la última variación de la tradición: unos días antes de la Pascua me fui a pasear por un pueblo playero del Este de Alemania. Hacía sol y una temperatura agradable, pero no la suficiente para calentarse: en las tiendas de playa vendían chamarras y suéteres en lugar de bikinis. Así son las playas del Mar del Norte alemán. Después de comer un pescado que estaba de oferta, más por ser un pueblo playero que por ser Semana Santa, vi este árbol:

Huevos de Pascua de plástico en Usedom, playa del Este alemán.

 

Es un árbol adornado con huevos de Pascua, o que eso quieren representar, pero en realidad son huevos de plástico. El verdadero huevo de Pascua, incluso el que está bien decoradito, es uno de gallina madura y está cocido. Estos son como empaques del Kinder Sorpresa que cuelgan, vacíos, inertes, simples en los árboles y arbustos del Este alemán.

¿Será que no hay suficientes niños en el Este para que el conejillo juegue con ellos?

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5 comentarios to “La Pascua en Alemania o… ¿por qué el conejo esconde los huevos?”

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Yaotzin,

aquí tenemos también esos huevos de Pascua de
plástico. Yo creo que son parte de esa cultura
que tenemos de “comprar y tirar”, porque el
verdadero huevo de Pascua requiere de tiempo
para pintarlo y decorarlo.

Me gustó mucho todas tus asociaciones de cuates
y cosas por el estilo.

Un saludo desde Pécs.

Híjole Yao, ahora me siento bien mal con el Judas. Pobre güey.

Aquí la gente pone conejos gigantes horrendos afuera de sus casas; ni en sueños yo hubiera asociado tales esperpentos con la fertilidad.

Yo tampoco entiendo bien la pascua y menos conozco al conejito, en mi casa nunca nos hablaron de él. Saludos Yaotzin.

Sería interesante ver si esa cultura del “comrar y tirar” llegó como parte de un capitalismo sin moderación que aterrizó de un día a otro en los grises pueblos del Este europeo.

Por lo del Judas, sí, hay que sentirse mal, muy mal. Algún día habrá un movimiento judaísta extremista que vendrá cobrar las cuentas.

¿Los conejitos en Estados Unidos son como los de Donnie Darko? ¿o al menos como los de David Lynch?

me aburrí


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