Los locos a las calles: una perspectiva innovadora hacia la salud mental

Posted on 23 febrero, 2009. Filed under: Walter Duer -Buenos Aires | Etiquetas: |

Por Walter Duer / Buenos Aires
“Si estás loco, andá a encerrarte al manicomio”. Esta frase se ha oído hasta el cansancio, incluso en círculos familiares luego de alguna pelea por algún tema insignificante. “Si estás loco, al manicomio”. José Lumerman, un psiquiatra formado en Buenos Aires pero que hizo buena parte de su carrera profesional en la provincia de Neuquén, en el sur argentino, no opina lo mismo. Por eso su creación, el Instituto Austral de Salud Mental, persigue dos objetivos: por un lado, la estabilización de la enfermedad de base del paciente; por el otro, su reinserción socio-productiva.

“Llegué a esta provincia en 1986 para organizar el área de salud mental de un centro de alta complejidad en salud que acabe con el pésimo sistema que existía en la zona”, recuerda Lumerman, quien ofrece un indicador para que pueda entenderse la magnitud del problema: “en la década del 70, este lugar tenía la tasa de mortalidad infantil más alta de América Latina”, afirma. Para Lumerman, esta primera experiencia neuquina fue todo un aprendizaje. “Me sirvió para salir del esquema lineal que dice que la medicina clínica es clínica y la medicina de salud mental es de salud mental, aquí yo supe que era posible interactuar y articular actividades con médicos generales para llegar a mejores soluciones”.

Por diferentes motivos políticos, Lumerman quedó afuera del proyecto provincial al poco tiempo de haberse sumado y pudo dedicarse de lleno a su consulta privada hasta 1993, momento en que se pone en contacto con la obra social de la provincia para armar algo específico de salud mental para la provincia. “La realidad es que los casos graves en general había que derivarlos a Buenos Aires”, explica el psiquiatra, “pero muchas veces se trataba de enfermedades crónicas que necesitaban de un seguimiento continuo, por lo que la derivación, además de ser costosa, era inservible”.

El Instituto Austral propone un modelo que se compone de cinco elementos: diagnóstico, tratamiento, servicios de rehabilitación, entrenamiento y servicios de consultas. Doctores capacitados en temas de salud mental identifican a personas con desórdenes en las comunidades en las que trabajan y se convierten en líderes de grupos compuestos por los pacientes y sus familias. La calidad y los resultados del tratamiento y de la rehabilitación son monitoreados y evaluados por un grupo de profesionales. El programa también involucra a miembros de la comunidad, entre ellos artistas, maestros y profesores secundarios.

Vaciando las calles
“Es importante destacar que el tipo de enfermedades sobre las que trabajamos afectan al pensamiento, por lo que sus portadores, de no ser tratados de manera adecuada, son candidatos al suicidio o a convertirse en homeless, en el caso de los que no tienen familiares”, se explaya el profesional, para luego explicar que “la reinserción consiste no sólo en que se sienta mejor porque está medicado, sino también en que pueda desarrollar capacidades esenciales para los seres humanos, como tener amigos o ganar plata”.

¿Cómo armar este sistema sin invertir fortunas en “importar” psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de la salud? “Aprovechamos los recursos locales”, responde Lumerman. Así, los médicos rurales generales de la zona, que mostraban una excelente formación práctica dada por la necesidad de atender gripes, diabetes, pacientes oncológicos, sicóticos, partos o ancianos, comenzaron a ser capacitados para que puedan incluir en su “portfolio” esquizofrenias, depresiones, trastornos de ansiedad y bipolaridades. “Aproveché la experiencia que había acumulado en el trabajo con médicos generales para armar una introducción a los conceptos básicos de salud mental que pudiesen utilizar”, asevera Lumerman. “También trabajamos en conjunto un modelo de abordaje de alta simplicidad, para que puedan tratar con los pacientes desde el primer momento”.

Había otras falencias que cubrir. Porque en Neuquén tampoco abundaban los enfermeros especializados en psiquiatría… “pero teníamos enfermeros comunes, que hicieron el mismo proceso que los médicos generales, y agentes sanitarios, asistentes sociales, rehabilitadores, artesanos, profesores de danza y titiriteros, que contaban con muchas habilidades que podían ser útiles para nuestros fines”, define el creador del Instituto Austral. “Tuvimos la capacidad de crear este modelo alternativo porque, la verdad, no teníamos otra posibilidad”.

Haciendo escuela
La hipótesis ya estaba planteada: era posible armar un esquema de salud mental sin tener que traer profesionales especializados de otras latitudes, sino, simplemente, formando gente con habilidades equivalentes que ya vivieran en la provincia. Sólo quedaba demostrar que funcionaba. En los primeros tiempos, Lumerman fue acompañado por tres “maestros” de estas artes médicas en la supervisión de todos estos trabajadores: Lía Ricón, Rafael Paz y Emiliano Galende. “Por suerte, se coparon con el proyecto y lo apadrinaron, dándome el empujón que necesitaba”, resume Lumerman.

Y las alternativas seguían lloviendo. “Necesitamos una nutricionista que nos ayude con los trastornos de alimentación”, dijo alguien. “O podemos optar por una buena cocinera”, retrucó Paz. Así llegó la típica matrona del interior del país, “con tetas muy grandes y con la capacidad de enojarse si no se comían su comida”, recuerda Lumerman, para agregar que “trabajó con nosotros trece años”.

Con todo el equipo profesional cubierto, faltaba trabajar un punto clave: la reinserción. Se decidió que la ubicación del instituto fuera en pleno centro, “porque teníamos gente que había pasado los últimos quince años de su vida en el fondo de una pieza, en su casa, y era imprescindible que comenzara a interactuar con otras personas”, enfatiza Lumerman, que se encargó personalmente de articular relaciones con los grandes jugadores, como el municipio o las escuelas (para gestionar potenciales vacantes laborales, para negociar la cobertura de necesidades) hasta con los pequeños comerciantes que trabajaban en los alrededores del centro de salud. “Fui a hablar con el kiosquero y a explicarle que por ahí le iba a venir a comprar cigarrillos un tipo que hacía una década que no llevaba a cabo una transacción semejante, lo mismo hice con el diariero, con el que atendía el bar que quedaba a la vuelta…”. El experto reconoce que “la gente responde favorablemente”.

Resistiré
No todas fueron rosas en el camino del Instituto Austral. A poco de lanzado, hubo muchas críticas de los pocos psicólogos y psiquiatras que habitaban en la Patagonia. “Fue una ruptura total de paradigmas para la región, era lógico que se sintieran amenazados”, destaca Lumerman.

Hoy el proyecto sigue en pleno crecimiento y durante los últimos años se armó un equipo para asistir a niños con patología mental. “Ya está instalado en la comunidad, con buenos resultados”, señala Lumerman, quien explica que “hay que entender que el recurso profesional de psiquiatras infantiles es nulo en la mayoría de las provincias argentinas”. Para el especialista, el “Servicio de niños y adolescentes”, tal como se llama “está funcionando bien, es autosustentable y resuelve la problemática de los chicos que padecen las enfermedades mentales más graves”.

El número de pacientes atendidos por el Instituto Austral de Salud Mental ya superó las 2.000 personas. “Es muy satisfactorio poder tratar y curar gente grave que, de cualquier otra manera, hubiera ido a parar a un loquero”, concluye Lumerman.

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2 comentarios to “Los locos a las calles: una perspectiva innovadora hacia la salud mental”

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Bueno, ya es hora de comenzar a opinar en este y en los otros posts…

Muy interesante, Walter, el tema del post, también la forma en cómo lo redactaste. Lo que más busqué durante su lectura fue la recepción de los pacientes por parte de la población, un elemento importantísimo para el éxito de tales experimentos. La forma en cómo se intentó integrar a la población en ésto es una muestra del buen camino a recorrer.
Un saludo desde Hungría,

Domingo Lilón


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