Sin padre, sin madre, nomás con lo puesto

Posted on 28 noviembre, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

 

Cualquiera se puede horrorizar con la imagen: niños de seis, de ocho, de once años, siendo detenidos en un país extraño, sin dominar el idioma, sin ninguna compañía, llevando nomás lo puesto. Criaturas que tras enfrentar un supuesto proceso de repatriación de Estados Unidos a México, son abandonadas apenas cruzan la frontera.

La historia de terror que de vez en cuando sale publicada en los periódicos está ocurriendo con más frecuencia de la que quisiéramos. Cada año son detenidos en Estados Unidos más de 40 mil niños indocumentados que se encuentran lejos de su país de origen solos, sin sus padres o sin un tutor a cargo de ellos. Si bien algunos buscan reunirse con sus familias, muchos de ellos tratan de llegar a Estados Unidos huyendo de la violencia en sus países, de la esclavitud sexual o de la pobreza. Pero en el proceso de detención y repatriación, estos niños en ocasiones enfrentan situaciones que no son mucho mejores de aquellas de las que buscan escapar.

Un reporte recién publicado por el Center for Public Policy Priorities (CPPP), titulado “Un niño solo y sin documentos”, ofrece una revisión al proceso por el cual los niños que se encuentran solos en Estados Unidos son detenidos, trasladados y repatriados, e identifica irregularidades que ponen en riesgo la integridad de los menores. En teoría, de acuerdo con los convenios internacionales, un menor de edad que es detenido indocumentado debe ser repatriado; es decir, al momento de ser devuelto a su país no puede ser simplemente dejado en territorio nacional, como se hace con los indocumentados que son deportados, sino que debe ser entregado a los padres, tutores, o a alguna autoridad.

Sin embargo el estudio de CPPP encontró que en este proceso las condiciones suelen ser altamente peligrosas para los menores. Con frecuencia son dejados del otro lado de la frontera en medio de la noche y en puntos que no constituyen puertos oficiales de entrada, sin ser entregados en custodia. Las repatriaciones con frecuencia se realizan sin considerar si el niño estará regresando a un entorno que ponga su vida en peligro.

Otro documento, éste publicado recientemente por un grupo de trabajo del Congreso mexicano, reporta que 90 mil niños de esta nacionalidad fueron deportados de Estados Unidos a México durante los primeros siete meses del 2008. De ellos, un 15%, cerca de 13 mil 500, se quedaron viviendo en la franja fronteriza del lado mexicano sin ningún tipo de protección gubernamental. Los que corren con mayor suerte son atendidos por instituciones religiosas o no gubernamentales.

Aunque las cifras de ambos reportes no cuadran del todo, quienes han denunciado el problema desde hace años coinciden en que los menores que quedan abandonados a su suerte se cuentan por millares; y aunque durante los últimos años el gobierno mexicano ha realizado esfuerzos notables para asegurar que los menores que llegan a México solos puedan ser recibidos adecuadamente y reintegrados a sus comunidades de origen, el problema rebasa las herramientas con las que se cuenta hasta hoy.

Si bien en los puertos de entrada concurridos la entrega formal de los menores a una autoridad suele ser la norma, todavía existen puntos en la frontera en los que las deportaciones ocurren sin regulación. Uriel González, coordinador de la Casa YMCA de Menores Migrantes en Tijuana, considera que el problema se registra en ciudades que por su ubicación geográfica o por su baja densidad demográfica no cuentan con organizaciones civiles o con programas para la atención de estos menores. El activista estima que de los más de 35 mil menores que cruzaron la frontera de Estados Unidos hacia México solos en 2007, entre un 50% y un 60% fueron atendidos entre los sistemas municipales y las organizaciones de la sociedad civil. El otro 40% queda a su suerte: entre 10 y 15 mil niños que no reciben atención debido a la falta de infraestructura o de redes de atención a menores migrantes.

En estas condiciones los menores se exponen a cualquier tipo de abuso, tanto por parte de las autoridades como de las redes de tráfico de personas o de explotación sexual infantil. Cuando llegan a pedir auxilio, no siempre hay quien se los dé a cambio de nada.

Otro problema es que muchos de estos chicos buscan llegar a Estados Unidos para trabajar, de manera que aunque sean recibidos en casas de migrantes, pronto escapan para intentar cruzar la frontera nuevamente. Recientemente se dio a conocer que de los menores repatriados por el estado de Sonora en 2007, 70% declaró haber migrado en busca de trabajo, principalmente en la agricultura, albañilería y construcción. En estas condiciones, es común que los chicos traten de cruzar otra vez a como dé lugar.

El estudio de CPPP citado al inicio de este artículo encontró que, además de las deficiencias en el proceso de repatriación, la autoridad estadounidense carece de lineamientos claros sobre los estándares mínimos bajo los cuales el menor debe ser tratado cuando es detenido. Los menores entrevistados en el estudio reportan maltrato por parte de autoridades de inmigración; falta de acceso a agua, comida, una cama y una cobija, ventilación adecuada o atención médica; negativa para tener contacto con la familia, traslado en condiciones inseguras y uso de esposas, entre otras. Un niño dijo haber estado encadenado a un baño en espera de ser transferido, mientras que varios dijeron haber sido víctimas de burlas por parte de los agentes. Con frecuencia los niños no tienen acceso a apoyo legal y no conocen sus derechos, además de que se les priva del contacto con su consulado.

Cuando los regresan a México muchos ya saben dónde localizar a un “pollero” que los cruce. En algunos casos los menores no tienen un punto de contacto en el norte; van porque saben que algún familiar está allá, pero carecen de los datos adecuados. Algunos, a sus quince, dieciséis, diecisiete años, ya están casados; la desesperación se duplica ante la necesidad de sostener a una familia. Pero el panorama no deja de ser aterrador, porque en todos los casos, siguen siendo niños, en un país extraño y viajando sólo con lo puesto.

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6 comentarios to “Sin padre, sin madre, nomás con lo puesto”

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Otra cosa es que tampoco ponen mucha atención en expulsarlos al país correcto y con frecuencia acaban en lugares desconocidos donde no tienen a nadie.

me impresiona mucho lo que debe haber en la voluntad de estos niños, que los lleva una y otra vez a intentar el cruce. qué vida, que desamparo, qué destino…

Desgraciadamente, esta es una odiosa realidad mundial. Recientemente la prensa dominicana se hacía eco de la travesía de 4 ninyos haitianos de entre 9-13 anyos, quienes caminaron 130 kilómetros desde su Haití natal para alcanzar su meta: llegar a República Dominicana para un mejor futuro. Deprimente y triste.

Un saludo desde Hungría,

Domingo Lilón

Es impresionante conocer las historias y terrible pensar en la vida que deben de tener que los impulsa a buscar algo mejor al otro lado de la frontera sin importarles los peligros a los que se exponen.

Excelente post Eileen!

Un solo niño en esas condiciones es suficiente para sentir vergüenza y concientizar que tener hijos no es decisión unilateral y egoísta y saber que como siempre ley se administra pareja, ya quisiera ver yo que fueran sus connacionales, estoy segura que no lo permitirían.

Perdón quise decir que “no se administra pareja.”

Y a todo esto hay que agregarle las miles de bejaciones que sufren en el trayecto a EU: violaciones, asaltos, golpes. Son niños que han vivido humillaciones en sus países de origen, que no saben, no pueden defenderse y a quienes se les fractura su dignidad…lo peor es que serán los adultos de mañana…


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