¿Los políticos mexicanos mueren en el aire?

Posted on 6 noviembre, 2008. Filed under: Témoris Grecko |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

El 21 de septiembre de 2005, el hombre de mayor confianza del presidente Vicente Fox, el secretario de Seguridad Pública Ramón Martín Huerta, murió con ocho personas más tras caer el helicóptero en el que viajaba. El gobierno aseguró que fue un accidente y les echó la culpa a los pilotos, de quienes dijo que les faltó pericia para maniobrar en una zona de niebla. Lo que nunca se ha explicado es qué hacía el helicóptero en esa zona de niebla, fuera de su ruta. Ni cómo es que, tras haber despegado con dos helicópteros más, esa nave, la que transportaba al encargado de combatir a los más peligrosos criminales, se separó del grupo. Para abonar al misterio, las autoridades ordenaron que el informe pericial de las causas del “accidente” fuera archivado como información reservada durante 12 años. Hace poco, el Instituto Federal de Acceso a la Información ordenó la apertura del expediente, pero encontró una negativa y ahora por ahí está perdida una causa contra los responsables de esta decisión.

Tres años más tarde, 4 de noviembre de 2008, otra vez el hombre de mayor confianza del presidente (ahora Felipe Calderón), el secretario de Gobernación (equivalente al ministro del Interior) Juan Camilo Mouriño, murió con ocho personas más al caer el jet en el que viajaba. De inmediato, y como es su responsabilidad en caso de que estén en lo correcto, las autoridades anunciaron que su hipótesis más seria es la de un accidente.

Pero ya se está haciendo costumbre esto de los “accidentes” aéreos en los que mueren personajes de alto nivel clave en la lucha contra el crimen. Y este caso es aún más grave: Mouriño venía acompañado del responsable de llevar a cabo la reforma penal que nos permita, ahora sí, vencer al crimen, José Luis Santiago Vasconcelos, un hombre poseedor de mucha información sobre el narcotráfico que ya había escapado de dos atentados contra su vida. Además, la aeronave cayó en una zona de denso tráfico comercial dentro de la ciudad de México (no en un área deshabitada, como ocurrió con el helicóptero de hace tres años), lo que ocasionó varias muertes más y muchos heridos, y más significativo es que la tragedia tuvo lugar a menos de un kilómetro de distancia de Los Pinos, residencia oficial del presidente y sede de la actividad del ejecutivo.

Todo esto, en medio de la guerra contra el narcotráfico, cuando se han asestado importantes golpes contra los capos, a seis semanas del primer atentado narcoterrorista de la historia nacional y justo el día después de que se registrara el mayor número de asesinatos en 24 horas en años, con 56.

Las coincidencias son muy raras y alimentan las sospechas. Pero falta un elemento de gran importancia: ¿Por qué estaría interesado el gobierno en aparentar que sus dirigientes murieron en accidentes y no por asesinato? Si no hay motivo, no deberíamos ser tan suspicaces. ¿O sí?

El mes pasado, la revista Esquire publicó un reportaje mío sobre la violencia en el país, en el que cito a Adolfo Miranda Castillo, presidente del Centro de Estudios en Seguridad Pública, quien puso en duda la versión oficial sobre la muerte de Martín Huerta y explicó por qué ocultarían la verdad: “Es muy difícil para un gobierno aceptar públicamente que le derribaron una de sus piezas más importantes”. Crearía escepticismo sobre su capacidad para ganar la guerra.

Además de eliminar a Mouriño y a Santiago Vasconcelos, le estarían dando un mensaje muy fuerte a Calderón: estás a nuestro alcance. Te podemos matar.

Haya sido accidente o no, tras el recurso al narcoterrorismo, la infiltración de espías en primerísimos niveles de la administración pública y de organismos de Estados Unidos, y con el contador de muertos en la guerra llegando a los 4,500 en diez meses de 2008, es cada vez más claro que estamos en situación de emergencia. Al presidente Calderón sólo le queda aceptar el predominio del narco o seguir adelante cueste lo que cueste. Y la nación tiene que meterlo al orden, si escogiera la primera opción, o apoyarlo con todo, si se mantiene en la segunda.

NOTA: Mi post de hoy debía tratar sobre la victoria de Obama, pero alguien nos aguó la fiesta.

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7 comentarios to “¿Los políticos mexicanos mueren en el aire?”

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Temoris muy buen post.
Nos cayo la mosca en la leche en plena euforia de lo de Obama, ni pex.
Algo que me parece sumamente triste es que debido al ambiente de inseguridad que se vive en Mexico es dificil -por decir lo menos- que se crea uno lo de que fue un accidente, lo primero que piensa uno al darse cuenta quien iba con Mouriño en el avion es “que casualidad” 2 pajaros de un tiro, y pues no deberia ser asi, pero con todo lo que estamos viendo ya nada sorprenderia.
Justo leia un articulo de Salvador Garcia Soto en el Universal que decia que habia fallado la seguridad y que 2 puntos importantes del protocolo a seguir con funcionarios de ese nivel no se habian cumplido, casualidad o no, ahi esta para el record.
Otra cosa que me llamo la atencion al leer el testimonio de un testigo que se receto todo el “show” desde la azotea de un edificio de la zona, es que dice que el avion iba envuelto en una llama azul como la del gas y segun las primeras investigaciones el piloto no emitio ninguna señal de emergencia en las comunicaciones. Si se iba incendiando el avion, el piloto ni siquiera se habia dado cuenta???
Veremos que nos dicen los resultados oficiales de la “investigacion” y seguro tendremos mucho mas para comentar.
Saludos.

Témoris amigo!

La curiosidad envuelve a cualquiera y en el caso del helicóptero debemos recordar que el piloto era uno de los más experimentados y diligentes hombres encargados de esas tareas: Habacuc de León García.

Hace un rato platiqué con un apreciado amigo y admirado señor, un piloto militar retirado, un hombre mayor que me comentó una idea, a ver que te parece: menciona que debe considerarse también la distancia a la que este aparato estaba del avión enfrente de él y sus características ya que de haber sido muy grande la turbulencia y el vacío generado por un avión grande frente al pequeño jet puedo haber descompensado y detenido su avance cuando sus turbinas no tuvieran manera de tomar aire en esa zona, porque de acuerdo al radio afectado no se distingue que haya podido controlarse su curso y que más bien ha sido una caída en picada. Una caída con cierto planeo pudo haber causado una peor destrucción.

Creo que es un buen punto, sin que la ingenuidad nos gane.

Lo demás será distinguir si lo que averiguan se llegue a hacer público.

Saludos!

Memo.

Bueno, Memo, ésa es exactamente la versión oficial, publicada hoy en las portadas de los periódicos.Mira Reforma, con diagramas a todo color. Y podría ser cierta. Pero también llegan versiones que la contradicen. Eso es lo que preocupa.

Hola Témoris!!

Parece que la experiencia de este Sr. nos ayudó un poco… pues esa versión me la dieron ayer a las 9am.

El percance, según me dijo este hombre, pudo haber tomado, por cuestiones de altitud entre 10 y 15 segundos… ni para decir pío!!. (sí, sí, contemos del 1 al 10…)

Si es así creo que tu blog resolvió la primera teoría “antes que nadie”, “como una primicia” con la ayuda del Cap. Marín.

Saludos!

Pues si es casualidad, pésimo momento para presentarse, aun que, que me perdonen mis “respetables” gobernantes, pero desgraciadamente no les creo.

por favor envíenme boletín, gracias

Perdón, pero no entiendo el mensaje del boletín…


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