Un grito por la muerte…, otro por la vida

Posted on 27 octubre, 2008. Filed under: Domingo Lilón -Pécs, Hungría | Etiquetas: , , |

 

Por Domingo Lilón / Pécs, Hungría

Uno quería morir, porque aunque estaba vivo, no vivía. La otra, sí quería vivir tras unos 15 años de encarcelamiento, tiempo durante el cual pudo arrepentirse de su vida pasada. Ambos no serían más que víctimas de la máxima latina Dura lex, sed lex.

Un grito… por la muerte

La vida de Ramón Sampedro, entendida ésta en su sentido amplio, se detuvo un fatídico, para él, 23 de agosto de 1968, cuando al arrojarse a la profundidad del mar en la playa de As Furnas, en su Galicia natal, se encontró con el duro suelo rompiéndose la columna vertebral, lo que le produjo la invalidez hasta el día de su muerte la noche del 11 de enero de 1998. Desde entonces, su vida se convirtió en un antes y un después: 25 años de amor a ella en toda su magnitud como marino mercante, y 29 años de clemencia por una muerte digna desde su condición de tetrapléjico durante el cual se dirigió a diferentes instancias para que se le permitiera realizar la eutanasia activa. Al final, con la ayuda de manos amigas, logró su cometido: la muerte gracias al envenenamiento por cianuro de potasio. Él, desde su condición de víctima de su situación física, lo tenía muy claro: “El derecho de nacer parte de una verdad: el deseo de placer. El derecho de morir parte de otra verdad: el deseo de no sufrir. La razón ética pone el bien o el mal en cada uno de los actos. Un hijo concebido contra la voluntad de la mujer es un crimen. Una muerte contra la voluntad de la persona también. Pero un hijo deseado y concebido por amor es, obviamente, un bien. Una muerte deseada para liberarse de un dolor irremediable, también” -escribiría.

Antes de consumar el suicidio, planeado detalladamente y también filmado, legaría a la posteridad su testamento, en el cual lo aclararía todo: “Como pueden ver, a mi lado tengo un vaso de agua conteniendo una dosis de cianuro de potasio. Cuando lo beba habré renunciado -voluntariamente- a la propiedad más legítima y privada que poseo; es decir mi cuerpo. También me habré liberado de una humillante esclavitud -la tetraplegia”.

Para la “mano amiga” que le ayudó a realizar su deseo, Sampedro pide a los jueces comprensión y equidad por su actuación: “si a pesar de mis razones deciden ejemplarizar con el castigo atemorizador, yo les aconsejo -y ruego- que hagan lo justo: Córtenle al cooperador/ra los brazos y las piernas porque eso fue lo que de su persona he necesitado. La conciencia fue mía. Por tanto, míos han sido el acto y la intención de los hechos”.

Un grito… por la vida

La vida de Karla Faye Tucker empezaría su marcha atrás el 13 de junio de 1983 en Houston cuando sólo contaba con 23 años. Narcómana, para poder costearse su adicción se prostituía. Aquel día de junio entró a robar en casa de su ex-amante encontrándolo dormido en la cama junto a otra mujer. En un arrebato de celos, los mató mientras dormían, teniendo “un orgasmo cada vez que les clavaba la piocha”, confesión que la llevaría a la pena capital en Texas, EE.UU. Durante los 15 años de espera del cumplimiento de la condena, Karla tuvo el tiempo suficiente para arrepentirse de sus actos (“es la peor pesadilla de mi vida”), y convertirse en otra persona, recuperando la fe cristiana, casándose incluso con un capellán de la prisión: “No tengo miedo a morir. Sé que Jesús ya está adonde voy para prepararme un sitio”, declararía. En vano fueron las diferentes peticiones de clemencia a instituciones y autoridades, incluyendo una carta del Papa Juan Pablo II: Karla moría el 4 de febrero de 1998 tras una inyección letal.

En su libro Cartas desde el infierno (1996), Sampedro escribió: “Necio, cuando me muera, cerraré los ojos/ tú dirás que estoy muerto/ tú dirás que he pecado/ yo estaré satisfecho”. Karla, unos instantes antes de su muerte, tuvo tiempo para pedir perdón a los familiares de las víctimas y despedirse de los suyos.

Con estos dos casos se cerraba el capítulo final en la vida de Ramón y Karla y se abría uno más en el difícil y controvertido debate sobre la eutanasia y la pena de muerte.

Nota: Este corto texto lo redacté el sábado 28 de febrero de 1998 como lectura para su debate con mis estudiantes de la Universidad de Pécs. Por ello no incluí las fuentes de las declaraciones que hoy, pasada una década, descansan en algún rincón de mi casa.

Make a Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Liked it here?
Why not try sites on the blogroll...

A %d blogueros les gusta esto: