Cuando el capital vuelve a ser humano

Posted on 12 octubre, 2008. Filed under: Walter Duer -Buenos Aires |

Por Walter Duer / Buenos Aires

Nunca mejor dicho: el tiempo es dinero
Todos los seres humanos tienen bienes que pueden utilizarse para comerciar, aunque no posean ni una sola moneda en sus bolsillos: sus habilidades y el tiempo que pueden emplear en ejecutarlas. Esta fue la premisa que motivó a Marcelo Caldano en el momento de crear el Banco de Horas Comunitario, un sistema alternativo que suple la carencia de dinero en efectivo con los recursos no económicos que cada miembro de la comunidad posee, como capacidad productiva y saberes.

Con cuatro hijos a cuestas, a principios de los 90 Caldano decidió alejarse de Buenos Aires por la inexistencia de un modelo educativo alternativo. “En ese momento, la formación de mis hijos se volvió prioritaria y allí sólo veía un sistema que atentaba contra la creatividad, que generaba individuos no cooperativos, que era machista y exitista”, explica.

Ni bien llegado a Aguas Claras, una pequeña localidad rural en la provincia de Córdoba, diseñó junto a otros miembros de la comunidad un proyecto educativo que salió a “mostrar” a Capilla del Monte, una ciudad vecina, un poco más grande. “Es que si nos quedábamos encerrados en nuestro grupo no íbamos a poder crear la escuela, ya que sólo había doce o trece chicos y eran todos de distintas edades”, cuenta Caldano. Ni bien se abrieron al mundo con el proyecto, notaron que la demanda era alta. Corría 1997 y nacía la Cooperativa Educativa Olga Cossentini, conformada por cuarenta familias de recursos económicos limitados y creada con un único fin: “dar a nuestros hijos un mejor nivel de educación del que podrían haber recibido por parte del Estado”, define el emprendedor.

Es en el contexto de esta escuela que asoma, por primera vez, el concepto de “libreta de horas”. Esto significaba que los padres de los alumnos que no tuviesen dinero para abonar una cuota, se comprometían a ofrecer a la cooperativa una cantidad de “horas”, que luego podrían emplearse para el bien común. Por ejemplo, si uno de los papás era carpintero, su cuota podía salir x horas de su especialidad, que aplicaría a tener la escuela en óptimas condiciones.

El capital solidario
Así fue como si una señora sabía hacer tortas, se le puso un valor numérico a cada uno de sus productos. Y si un joven decidía hacerse cargo de repartirlas a domicilio, a su delivery también se le ponía precio. Así, cada uno expuso sus saberes, que iban desde limpiar la escuela hasta cuidar niños, y hasta algunos bienes de cambio. Por ejemplo, dos estudiantes que viajaban regularmente a Córdoba en un auto que tenía otros tres lugares vacíos, colocaron eso en su “oferta”. El compromiso de los voluntarios se transformó en un valor de respaldo: una moneda local con el nombre de “soles”.

Según su creador, el proyecto apunta a generar un desarrollo local sustentable a partir del fortalecimiento del vínculo entre el sector público, el privado y el social. De hecho, el Banco de Horas Comunitarias puede ser utilizado por cualquier organización social para llevar a cabo su misión específica. En Capilla del Monte se instaló a nivel del Municipio, y se está contemplando la posibilidad que las familias mas pobres paguen sus impuestos por este medio. Y en un momento había circulado que el Inspector de Escuelas Públicas provincial tenía toda la intención de implementar el sistema en 434 escuelas públicas de la región.

Hasta la fecha, aproximadamente un centenar de familias forma parte de la cooperativa Olga Cossentini, el Banco de Horas Comunitarias tiene 200 socios, se crearon más de 50 puestos de trabajo y casi 200 chicos y jóvenes en riesgo educativo y social recibieron servicios de apoyo escolar y formación laboral. Existen cuatro tipos de socios: los recíprocos (que entregan horas comunitarias y reciben beneficios), los cooperativos (sólo brindan horas), los beneficiarios (sólo reciben, en general dentro de programas particulares orientados a familias más vulnerables) y los donantes (miembros activos del sistema económico tradicional que aportan bienes y servicios). “Nuestro crecimiento es lento, porque se incluyen unas cinco o seis familias nuevas por mes y porque el sistema es contracultural y se basa en la construcción del lazo de confianza, del establecimiento del vínculo”, define Caldano.

Más allá de las fronteras
Pero el éxito de este proyecto requiere, antes que nada, del compromiso de cada una de las personas involucradas. Algo que, según la óptica de Caldano, no es de lo más común por estas tierras. “Uno de los grandes problemas de los argentinos es que tenemos una cultura muy individual –continuó el emprendedor-. Eso ha hecho, por ejemplo, que aquí fracase el modelo de trueque, que sólo funcionó justo después de la salida de la crisis, pero en el que hasta hubo casos de corrupción y de falsificación de bonos”.

Uno de los planteos es llevar este modelo a otras comunidades que puedan necesitarlo. “Buscamos alcanzar la escala óptima en el marco de Capilla del Monte y generar el conocimiento suficiente como para poder hacer la transferencia”, indica Caldano, aunque admite que su ideal es “un mundo en el que las economías solidarias apoyadas en monedas complementarias se integren completamente en el sistema, a partir de un consenso entre los diversos actores que lo conforman”.

Según Caldano, los sistemas monetarios nacionales se basan en la escasez. “Si hay mucha moneda circulante, hay más inflación, por lo que la moneda es escasa como estrategia”, aclara. Por eso, destaca este modelo de moneda complementaria. “Si yo llevo un millón de dólares a Capilla del Monte y lo regalo entre las familias del lugar, todas irían de inmediato a comprar cosas al supermercado de Córdoba, a los grandes negocios y a depositar dinero en el banco, por lo que todo ese monto formaría a engrosar rápidamente parte del sistema financiero”, ejemplifica Caldano. “Con este sistema, en cambio, los bienes están siempre girando alrededor de nuestra comunidad”, concluye.

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Interesante proyecto, por desgracia sí es muy común toparse con egocentrismo y desconfianza, ojala funcione y podamos imitarlo.


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