Hacedores del futuro

Posted on 17 septiembre, 2008. Filed under: Walter Duer -Buenos Aires |

Por Walter Duer / Buenos Aires

Pablo Ordóñez fundó una escuela de emprendedores para que jóvenes de bajos recursos de la provincia de Mendoza, en Argentina, puedan tener sus propias fuentes de ingresos. 

Corría el año 1983. El regreso de la democracia a la Argentina encontraba a un grupo de jóvenes (entre los que figuraba Pablo Ordóñez), ligado a la iglesia de la provincia de Mendoza, muy preocupado por las actividades sociales. Las noticias de que el jesuita José María Llorens estaba construyendo casas y logrando instalar servicios públicos, con la ayuda de la gente de la zona, en el marginal Barrio San Martín, que nuclea en muy poco espacio a 40.000 habitantes, circulaban a diario. “De inmediato, apenas escuché eso, ofrecí mi ayuda para lo que fuera”, cuenta Ordóñez, que en ese momento era técnico electrónico y desarrollaba algunos emprendimientos en el área de construcciones.

La actividad fue creciendo y ya en 1991 había una junta comunitaria, formada por miembros de mutuales, parroquias, centros de salud y escuelas de la zona. “Lo que hacíamos era recibir requerimientos de la gente y tratar de ser parte de la solución”, define Ordóñez. Entre otras acciones, se constituyó un centro de capacitación para que jóvenes y adultos pudiesen terminar el secundario. Se obtuvo el visto bueno de la Dirección General de Educación para Adultos y se logró que el estado provea los sueldos para los docentes y el apoyo de diversas entidades que acercaron el espacio físico, el mobiliario (que, en general, se trató de elementos reciclados de otras escuelas de la zona, rescatados justo antes de ser depositados en la basura), la biblioteca y los útiles administrativos.
Hasta ahí llegó Ordóñez como profesor de matemáticas. Algunos años después, cuando el director, el jesuita Juan Luis Moyano, debió renunciar para tomar un cargo en la orden, le ofrecieron a Pablo la máxima responsabilidad sobre la institución.

Dónde hay un trabajo

En ese cargo, Pablo Ordóñez llega al año bisagra de la historia argentina más reciente: el 2001. Con la crisis pegando fuerte, se decidió hacer un sondeo para determinar cuáles eran las condiciones de vida de las personas del lugar. El relevamiento arrojó que el 40 por ciento estaba desocupado y que, de ese total, el 37 por ciento estaba compuesto por jóvenes de 15 a 21 años. “Ahí vimos que lo social y lo educativo necesitaban de una tercera pata de sostén: la económica-productiva”, apunta Ordóñez.
Así surgió Asociación Emprender Mendoza (AsEM), una escuela de emprendedores que tiene como objetivo acercar a jóvenes en situación de riesgo social la posibilidad de desarrollar con éxito iniciativas productivas sustentables. “La falta de expectativas y estigma por su procedencia desanima a los jóvenes en cuanto al trabajo, sus estudios y acrecentando la cultura del no esfuerzo, muchas veces desembocando en adicciones y violencia”, explica Ordóñez, quien recuerda que al momento del mencionado relevamiento detectaron que por mes debían lamentar dos adolescentes muertos, en promedio, en general por choques entre diferentes “bandas”.
“Las iniciativas del Estado no son apropiadas a las necesidades de estos jóvenes”, señala Pablo, cuyo sistema de aprendizaje propone una escuela de negocios formadora de jóvenes emprendedores de bajos ingresos que utiliza un enfoque sistemático y metódico que enseña a crear iniciativas productivas. Articulando con empresas, universidades, el gobierno y la comunidad, los jóvenes adquieren conocimientos, valores y experiencias para convertirse en verdaderos emprendedores.

“Este proceso de formación y puesta en marcha de emprendimientos respeta las propias pautas culturales, fortalece la capacidad emprendedora de los jóvenes y brinda acceso a herramientas que garantizan la perduración de sus proyectos, lo que permite, en definitiva, superar la marginalidad de origen y hacer que los chicos se convierten en hacedores de su propio futuro”, define Ordóñez.

Se aggiorna el arca

La capacitación de los jóvenes fue sólo la primera acción, aunque no menor, si se considera que las personas en proceso de formación de la Escuela de Emprendedores ya son más de 300 y que son casi 50 los emprendimientos productivos en marcha.

Sin embargo, todavía quedaba mucho por hacer para cerrar el círculo completo. Así, en 2006 nació El Arca, una compañía comercializadora de economía solidaria que tiene todo su foco puesto en los productos creados por los emprendedores de AsEM y que factura alrededor de 10.000 pesos mensuales. También se ha hecho un fuerte trabajo en la construcción de una red de consumidores responsables para que adquieran esa mercancía, y hoy ya hay algunos centenares de familias que realizan sus compras habituales en El Arca, además de acuerdos con empresas (tanto pymes como grandes) y organizaciones en general para que también obtengan allí sus insumos. “Aspiramos a participar, en breve, de las compras del Estado”, explica Ordóñez.
AsEM apunta, en definitiva, a lograr un cambio cultural, a modificar la forma en como las personas, las empresas, las organizaciones y el Estado se involucran con la economía. El relacionamiento con las empresas no siempre tiene que ver con el tan temido “mangazo”. Muchas veces, aportes de know-how, capacidad de gerenciamiento, conceptos sobre desarrollo de productos o un acercamiento con potenciales consumidores son bienes tan preciados como una pila de billetes o un cheque.

El Estado, por su parte, está “mirando” la experiencia,, aunque no fueron pocas las veces que, en épocas electorales, alguien se acercó a AsEM con el objetivo de buscar clientela política de bajos recursos, pero siempre se topó con un “no”. “No nos interesa el clientelismo”, asegura, tajante, Ordóñez.

Con seis años de funcionamiento en sus espaldas, el emprendedor social asegura que “estoy satisfecho con lo que hemos hecho hasta ahora, pero de ninguna manera puedo estar tranquilo: más del 50 por ciento de la población de América Latina es pobre”. Pero es el propio Ordóñez el que se encarga de aclarar que “recursos y capacidad de esfuerzo hay, pero la distribución de la riqueza es muy mala”.

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2 comentarios to “Hacedores del futuro”

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Eso si es hacer futuro y aplaudo el valor para alejarse de los aprovechados.

Totalmente de acuerdo con Ordóñez en que “recursos y capacidad de esfuerzo hay, pero la distribución de la riqueza es muy mala”. Para él y otros con iniciativas así mi máximo reconociemiento, así mismo como a Walter por hacernos saber historias y hechos tales.

Un saludo desde Hungría,

Domingo


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