Hay gente nueva en el sur

Posted on 11 agosto, 2008. Filed under: Walter Duer -Buenos Aires | Etiquetas: , |

Walter Duer / Buenos Aires

 

“Pobreza” y “falta de dignidad” son dos términos que, a menudo, suelen confundirse. Es como si una persona, por no poseer bienes materiales, tenga que conformarse con un sitio relegado en la sociedad. “Desde el principio, nuestra idea fue dar herramientas a los más pobres para que puedan ganar protagonismo”, cuenta Gustavo Gennuso, creador de Fundación Gente Nueva, una organización que se dedica a dar educación de calidad para fortalecer a los sectores de escasos recursos económicos de Bariloche, en el sur argentino, para que sean ellos generadores de cambio de las situaciones de injusticia que atraviesan.

 

Nacido en el marco de una familia trabajadora (madre maestra rural, padre camionero), Gennuso comenzó a detectar desde muy pequeño el concepto de injusticia social. Porque su mamá estaba en contacto continuo con los puesteros de campos, padres de sus alumnos y eternos relegados. Y porque su padre transportaba la hacienda de los grandes terratenientes. Era moneda corriente en la vida de Gustavo que una discusión laboral, territorial o monetaria terminara definiéndose siempre a favor del más poderoso.

 

Su llegada a Bariloche fue como estudiante de Ingeniería Nuclear del prestigioso Instituto Balseiro de esa ciudad. “El primer cuatrimestre allí lo pasé muy mal, por estar en un ambiente diferente, porque estudiaba las 24 horas del día y porque estaba concentrado en una única actividad, cuando a mí siempre me gustó hacer muchas cosas al mismo tiempo”, indica Gennuso. Como consecuencia de ese aburrimiento comienza a participar de unas charlas a cargo de Juvenal Currulef, un párroco diocesano que le abrió la cabeza. “Nos transmitía las enseñanzas de Jesús y nos explicaba que el Reino que promete debía empezar aquí mismo”, cuenta el emprendedor.

 

Era todavía la época del proceso y el panorama político del país no se presentaba fácil. De las palabras, pasaron rápidamente a la acción: la construcción de una escuelita en el Barrio Virgen Misionera de Bari. En 1983, aún bajo el gobierno militar, se pone el establecimiento a funcionar y a través de un convenio con las autoridades se crean tres cargos docentes. “La escuela había sido el primer paso en el contexto de un barrio en el que todo estaba por hacerse, así que decidimos, junto con el grupo de gente que seguía a Currulef, incrementar el nivel de acción social”, cuenta Gennuso.

 

Con una ayudita de mis enemigos

En 1984, ya con la democracia en funcionamiento, se establecieron consultas entre la gente del barrio para establecer qué necesidades tenían. Surgieron tres ejes principales: posesión de la tierra, que no era de ellos; una guardería infantil para dar soporte a las madres que trabajaban y un taller de oficios. En los años siguientes, todos estos anhelos tuvieron un soporte de realidad.

 

El de las propiedades era uno de los temas clave. Porque desde el punto de vista legal no existían cuentas claras y había familias que luego de haber trabajado durante años una tierra se encontraban, de la noche a la mañana, con que había aparecido un supuesto “dueño” del que nadie tenía noticia. “Todos vivían con el temor a que sus pocas posesiones se esfumasen de repente”, señala Gennuso. Con mucho esfuerzo, se logró un fraccionamiento municipal para la construcción de 20 viviendas, pero los conflictos estaban lejos de desaparecer: políticos interesados, potenciales reclamos, consejeros vecinales que querían quedarse con “porciones”…

 

Por otra parte, apareció otro conflicto en simultáneo. El obispado de Viedma, al que pertenecían las cuatro escuelas que el grupo había conformado hasta ese momento, nombró un vicario en la zona y el hombre, lejos de la espiritualidad que su envestidura le obligaba a tener, comenzó a jugar a la guerra para ver quién tenía más poder.

 

Corría 1989 y estas dos situaciones problemáticas se resolvieron de una misma manera: con la creación de la Fundación Gente Nueva, un órgano que se convertiría en la herramienta y en el paraguas para concretar proyectos como financiar la construcción de barrios o tutelar escuelas sin que medien conflictos judiciales ni que prosperen aprovechadores de vacíos legales. “La creación de la Fundación, una asociación civil, surgió después de que le diéramos mil vueltas al asunto para ver cómo podíamos deshacernos de toda esta gente que interrumpía nuestra obra”, señala Gennuso, quien agrega, crudo, que “evidentemente, tener gente que te quiere joder puede ser muy útil para crecer”.

 

Tierra firme

Para las tierras, entonces, la Fundación consiguió fondos, las adquirió a su nombre y las vendió entre los potenciales habitantes, con una cuota comunitaria accesible y con mucho trabajo de la misma gente: muchos de los pobladores de la zona eran muy hábiles en temas de albañilería. “No éramos un banco, por lo que la consigna aquí era ‘dar la cara’. Si una familia no podía pagar una cuota, simplemente tenía que avisarnos para que organizáramos alguna alternativa”, comenta Gennuso.

 

Las instituciones educativas, por su parte, ingresaron en un esquema de “escuelas públicas de gestión privada”, aunque se trabajó mucho también por modificar ese concepto y crear el de “escuelas públicas de gestión social”, que presupone una buena asociación entre el estado y las organizaciones de la sociedad civil para mejorar la calidad de la educación. A la fecha, Río Negro es la única provincia que contempla este concepto en su ley, aunque no ha sido reglamentado.

 

En la actualidad, Gente Nueva tiene instituciones educativas en tres barrios populares de Bariloche: Virgen Misionera, 34 Hectáreas y Villa Llanquihue. Si bien las escuelas trabajan principalmente con la población de los barrios en los cuales se hayan insertas, también concurren alumnos que provienen de distintos sectores populares de la ciudad, principalmente en los secundarios y en los primarios de adultos.

 

Pero el accionar de la Fundación no se detiene allí. También genera una mejora regional a través de un programa para formación de actitudes emprendedoras y economía social en la escuela media, que se lleva a cabo en varias ciudades de Río Negro, así como de provincias vecinas. Algunos datos para sorprender: se estima que son más de 5.000 personas las que pasaron por las aulas de Gente Nueva, que 300 familias consiguieron su terreno propio y mejoraron su vivienda, que 200 jóvenes obtuvieron trabajo, que más de 1.500 chicos participan de la red juvenil y que unas los cursos y las actividades que se organizan ya contaron con más de 3.000 participantes.

 

“Esto es lo que me hace feliz, pero eso sí, el día que mire por la ventana de la realidad y vea que hay justicia social, me voy a hacer otra cosa”, concluye Gennuso.

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Admiro profundamente a los seres capaces de perseguir un ideal con fidelidad y perseverancia. Creo entonces que Gennuso ya gano su lugar en la historia y sobre todo de estar muy orgulloso de su obra. Si puedes trasmite por favor mi respeto y admiración a Gustavo por favor Walter. Gracias por contarnos esta historia.


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