Ilusiones londinenses

Posted on 21 julio, 2008. Filed under: Mara Muñoz -Londres | Etiquetas: , |

Mara Muñoz / Londres

 

En el mundo anglosajón londinense el nivel de idealismo es proporcional a las posibilidades de fracaso real, una realidad condicionada por el análisis del riesgo-beneficio. “Si alguien encuentra una mejor manera, que me la diga”, me dice Guillermo, un chico de 23 años, después de narrar el incidente de un stock broker que perdió los estribos y lanzó el teléfono contra el monitor de su computadora y de recordar con nostalgia vieja, decadente su pasado reciente en la universidad.  En el mercado financiero Londinense, pocas cosas son tan valiosas como la sangre nueva adoctrinada en el principio de la competencia. Jóvenes que se piensan con base en resultados objetivos que parecen materializarse hasta el punto de constituir una suerte de  experiencia de la apariencia de poseer éxito, de “ser” exitoso: una nueva esencia. Experiencia de formas sin contenidos en que el éxtasis del éxito disfraza lo irreal de la experiencia.  

 

En este mundo del baby boom financiero en Londres, a mayor nivel de ideales, pensamiento propio y crítica, menores réditos en la realidad. Una realidad que se limita a comilitonas de sábados en restaurantes de no menos de mil pesos, o, para los más osados, en copas después del trabajo, alrededor de las diez de la noche, pretensión de libertad y espontaneidad, para al día siguiente emprender jornadas que comienzan a las 7 de la mañana. Ganan sumas exorbitantes, y el miedo a no “ser”, en tanto no se tiene una lugar en la cúpula del gelatinoso mercado financiero, es más grande que cualquier ilusión de juventud.

 

Después de estudiar política social o desarrollo muchos jóvenes que llegan procedentes de países en “vías de desarrollo” se emplean en el mercado financiero. El ideal del desarrollo social se transforma en ambición económica real. De cualquier forma las ideas de desarrollo social impartidas en algunas universidades del Reino Unido no distan mucho de las del desarrollo corporativo; en la misma manera que la praxis de la democracia liberal se confunde con la del mercado. Es difícil distinguir en qué momento los sistemas democráticos en el mundo anglosajón, cuyos principios se expanden a las nuevas y viejas “democracias”, priorizan el bienestar de individuo sobre el funcionamiento del sistema en sí. Es complejo distinguir al individuo del que habla la democracia cuando las prácticas individuales son cada vez mas predecibles por replicables: consumo que determina la necesidad de ingreso para sobrevivir el presente y evitar el riesgo futuro; que conlleva el trabajo por el trabajo en sí, como medio para cumplir con las insaciables demandas del mercado; el círculo perfecto. En que consiste pues la individualidad en este sistema de cuya existencia depende la legitimidad del sistema en sí.

 

Los rostros de los individuos se adivinan en sus hábitos de consumo. La idea del progreso de los sistemas capitalistas anglosajones, que condiciona la idea del progreso mundial a través de los mercados financieros internacionales mismos que lideran y rigen, tiene que ver con la producción. El discurso del progreso y de la civilización occidental se basa en el sujeto, el individuo como centro y el control de la naturaleza, para garantizar el predominio del “hombre” sobre esa misma naturaleza que trata de controlar. Hay que producir para garantizar la sobre vivencia de la humanidad, para crear las condiciones materiales que protejan al “hombre” de los nocivos efectos de la naturaleza, que es vista como enemiga de la vida humana. Pero, ¿se puede confrontar y controlar el elemento constitutivo de la vida humana?

 

Los jóvenes del baby boom londinense parecen creer que sí. Viven para trabajar pensando que así vivirán mejor. El control sobre los riesgos de la vida, sobre su propia naturaleza, termina por controlar su vida. Mientras, trabajan para expandir mercados, para especular; así, esperan la manifestación absoluta de su ilusión productiva, la muerte.

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3 comentarios to “Ilusiones londinenses”

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Contradictorios todos los conceptos, ir contra la naturaleza para dominarla, simplemente no lo entiendo, yo pensé que se trataba de armonizar con ella, protegerla precisamente del hombre su más grande enemigo y eso que dependemos absolutamente de ella.

Muy bien, muy bien… Mucho mejor que el otro texto sobre “Bolaños”, como le llamó usted a Roberto Bolaño (que no es Chespirito).

I could not think you are more right…


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