Sociedad Zombi. Miseria urbana

Posted on 1 junio, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona | Etiquetas: |

Por Catalina Gayà / Barcelona

Hace unos años una lectora me llamó para decirme pasara a las 21.00 frente a un súper de la calle de Provença, en casi pleno centro de Barcelona. Me dijo, muy molesta, que a esa hora ahí pasaba algo que era inconcebible en Barcelona. Lo primero que pensé era que las redes de prostitución se estaban extendiendo muchísimo si ya llegaban a la calle de Provença. Ella me dijo que no iba de eso el tema, que era otra cosa: “Más indigna”. “Hay ancianos que hurgan en los contenedores. Son ancianos del barrio, de toda la vida, pero la pensión no le llega para comprar comida y no les queda más remedio que ir a los contendores. Esta ciudad ya es demasiado cara para ellos”. ¿Perdón? “Ve y míralo”.

No recuerdo si esa misma noche o al día siguiente me di una vuelta. Lo que encontré es una de las hipocresías más grandes del Estado del Bienestar, del aquí –en Europa– todo funciona. Abuelos, abuelas, estudiantes –claro que estos últimos lo intelectualizan y hablan de reciclaje— acuden cada semana a buscar la comida que tiran en los supermercados. ¿Por qué la tuiran?. Porque caduca ese día, porque el envoltorio está mal, porque el pan al día siguiente está duro. Publiqué una crónica en El Periódico de Catalunya y varias teles lo sacaron. No sirvió de nada.

Esta semana volví a pasar frente a ese súper y seguía ocurriendo lo mismo. En cuatro años no ha cambiado nada. De hecho, ha empeorado: había más gente, más abuelos, más jóvenes. Otra vez la sensación de que las cosas no van bien me invadió el cuerpo de tristeza. Por si fuera poco, unas calles más adelante vi a unas chicas prostituyéndose.

“Voy al súper”, le dice María a su esposo y sale de casa con una bolsa de plástico en el bolsillo. La mujer llega al súper, pero no entra. Se queda en la acera, aguardando a que las dependientas saquen los desperdicios del día. Entonces, levanta la tapa del contenedor y hurga en busca de comida. María vive en el Eixample de Barcelona, donde los alquileres de los pisos no bajan de 900 euros y uno de los barrios más céntricos de Barcelona. En el contenedor, María halla las galletas con las que desayunará mañana. También la leche. Y, con un poco de suerte, algo podrá hacer con esas pechugas de pollo que caducan en el día.

Como ella, decenas, cientos de barceloneses buscan cada noche alimentos entre las sobras de los mercados. María tiene 22 años, un bebé, la primaria hecha en su país, Bolivia, y tres años de estancia en Barcelona. No trabaja y el sueldo de su marido no les da para mantener al niño, pagar el alquiler del piso y comer.

Por eso, espera dos veces por semana en la acera del supermercado, en la calle de Provença, a 200 metros escasos de la Sagrada Familia. Poco antes de las nueve de la noche llega el momento. Una dependienta apaga las luces. Otras tres sacan el primer contenedor, el de la leche, la carne y el pescado. Son alimentos que la empresa tira cada día porque están a punto de caducar o tienen algún daño en el envoltorio.

Las dependientas pasan y trajinan sin decir nada. No miran a María. Ni a una mujer que pasa de los 70 y que aguarda carrito en mano mientras se queja de que su pensión es casi inexistente. Tampoco miran a un hombre al que se le murió la esposa, ni a Juan, que come habitualmente en las aceras. Las empleadas del súper dejan el contenedor, besan a los novios que las esperaban y se van. Al instante, otras dos dependientas sacan un segundo cajón, éste de verduras. Lo mismo, ni una mirada, ni una palabra. Es el idéntico ritual de cada noche.

Las personas que esperan en la acera vuelcan los contenedores y hurgan entre paquetes de galletas o de pan a punto de caducar, se llevan esa carne en el límite de lo comestible o esas cajas de leche a las que les cayó agua. A las dependientas no les está permitido coger nada. “Órdenes de arriba”, aclaran y miran al vacío conscientes de que no tiene sentido.

Inmigrantes, pensionistas y personas en apuros económicos rebuscan y cogen lo que pueden. En la Boqueria, en el corazón de Ciutat Vella, la mayoría de los buscadores de comida son estudiantes y okupas. Esta noche hay pocos inmigrantes y ningún pensionista.

Llegan cuando las persianas de las paradas empiezan a bajar. Los okupas y los estudiantes se cuidan mucho de poner en su boca las palabras hurgar o rebuscar.

Ellos prefieren definir su actividad como una acción de “reciclaje”. Reciclan, argumentan, porque es una lástima que las berenjenas y las lechugas que tiran los tenderos se pierdan. Quizá tienen razón. “La sociedad está mal acostumbrada –afirman George y Dafne–. Desperdicia comida en buen estado”. George, de 24 años, y Dafne, de 23, han estacionado sus bicicletas en la parte trasera de la Boqueria. Ahora, sacan dos bolsas de plástico y empiezan un paseo de media hora por los pasillos, ya en penumbra, del mercado.

Se acercan a los vendedores, piden permiso para “reciclar” y recogen tres tomates de una caja, un kilo de uvas, pimientos y una papaya de entre un montón de bolsas de fruta casi podrida. Unos amigos les explicaron que cada semana ahorraban más de 30 euros “con esto del reciclaje”. George empezó aquel mismo día. Dafne aún esperó un año: “Mi educación no me permitía buscar entre las cajas, pero es cierto: ahorras dinero”.

Los dos son de Menorca, los dos estudian –George, medicina china, y Dafne, psicología–, los dos viven con menos de 500 euros al mes y ni uno ni otro se acuerdan de cuánto gastaban en verdura cuando la compraban en la tienda. Una tendera, Francisca Rodríguez, les da unas alcachofas y les aconseja que les arranquen las hojas y asen los corazones. Y se lamenta de que los jóvenes “tengan que hacer estas cosas”.

Los desperdicios del súper de la calle de Provença ya están en la acera y cada cual coge lo que necesita. “Hoy no hay mucho que pillar”, se queja la señora de pensión exigua. Una mujer pasa por allí y les anima. A sus 74 años, aún friega escaleras. “Todo son maneras de buscarse el pan”, sentencia. En 15 minutos está todo repartido y la acera limpia de nuevo. María se aleja con su bolsa llena. A la misma hora, los recicladotes abandonan la Boqueria en sus bicicletas. Los carteles con los precios quedan borrados hasta mañana. Las naranjas iban a 1,41euros cada kilo.

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8 comentarios to “Sociedad Zombi. Miseria urbana”

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Los europeos se sienten en shock cuando descubren que en sus sociedades de primer mundo reaparecen problemas del tercero… pero desde el tercero, uno siente que se quejan por poco. Nuestros expats primermundistas de aquí se impresionan y deprimen cada día por aquello a lo que crecimos acostumbrados. Ojalá aquí las dependientas de los supermercados sacaran los productos para que la gente que tiene hambre pudiera comerlos. Pero no lo hacen porque no les gusta que se les junten pobres en la puerta. Así que mejor se los llevan a otro lado.

Temoris
Estoy de acuerdo contigo, pero creo que esta situación también invita a reflexionar sobre qué ciudad estamos construyendo. En los últimos 15 años, Barcelona se ha convertido en una ciudad de moda y los precios se han disparado hasta el punto que está expulsando a los jóvenes. Los ancianos, que no pueden irse, malviven en una ciudad que antes sentían como propia y que ahora es ajena a ellos: invadida por turistas, por gente que paga hasta 2000 euros de renta por unos pisos que en 1999 costaban 300 o 400. Ya sé que la pobreza en México no es comparable a la de Barcelona, por eso, precisamente, creo que no hay que compararla. Son situaciones muy diferentes, sociedades diferentes, Gobiernos diferentes y realidades diferentes. A mí, la verdad que una ciudad no dé espacio a los ancianos me parece una ciudad enferma. No me sirve de nada pensar que en otros lugares del mundo viven peor.

Yo trabaje en un centro comercial aquí en México donde peor aun, hacían todo lo posible para que nadie se acerque a llevarse lo que tiran, incluso guardan la basura en un cuarto especial cerrado para evitarlo, nunca lo entendí, ahora a fuerza de tanta protesta ya contactaron con una fundación que vine a recoger algunas cosas como el pan.

No me parece que la palabra “reciclar” sea pura intelectualizacion. Creo que en una sociedad de alto consumo, es natural que surgan reacciones de ahorro y de sabotaje al desperdicio. Agenes Varda hizo hace algunos anhos un maravilloso documental de los pepenadores de comida en Francia y nos demuestra como saliendonos de los prejuicios encontramos que dicha actividad es una nueva forma de cosecha y que contiene una poetica propia.

Entiendo que te preocupe que no halla plata, pero a mi, me parece hermoso que volvamos a conectarnos con los alimentos y salgamos a buscarlos en vez de solo encontrarlos pulcros en el super libres de todo proceso.

perdon. escribi Agenes Varda, es Agnes Varda, la peli se lama Les Glaneurs et La Glaneuse y es del 2000 el torrent para descargarla esta en thepiratebay.org

vale muchismimo la pena

Aquí en México hay cadenas de supermercados
que no tiran lo que caduca, le cambian el envol
torio y te lo venden como si estuviera bueno.
Y si intentas que te cambien el producto, se re
sisten hasta que te pones como Hulk.

Larisa,
Tienes razón en que lo de reciclar no es pura intelectualización. Conozco el movimiento de pepenadores franceses y me parece que funciona muy bien, creo que puse intelectualización por todo lo que rodeaba la imagen de esos chicos en la Boquería hurgando entre las cajas. Me lo apunto.

Aca en EEUU se llaman a si mismos freegans, ellos dicen estar en contra del consumismo excesivo y es por eso que toman cosas -no solo alimentos- de la basura para reciclarlos y evitar mas consumo. Aqui mas del 10% de la basura es comida y la verdad es que es exagerado lo que las compañias envian al desperdicio. Las panaderias tiran al final del dia todo el pan que haya quedado sin vender, aun cuando es pan fresco horneado en la manana, pero no se puede vender un dia despues, ya esta viejo :S lo mismo con el cafe, en las cafeterias el cafe se muele en la misma mañana y el que queda ya molido sin hacer al final del dia tambien va a la basura, lo mismo en los supermercados con todas las cosas no solo caducadas, sino a punto de caducar en algunos dias y hasta aquellas con el envoltorio dañado. Hay cosas que no puedes creer que esten en la basura. Las compañias dicen que no lo donan para evitar posibles demandas futuras en caso de que alguien caiga enfermo o algo por el estilo, para ellos es mas barato tirarlo y tener la perdida que enfrentar los gastos legales de una posible demanda. Los freegans tambien reciclan muebles y demas articulos de uso diario. Hay algunos que se hacen hasta del shampoo y prendas de ropa de la basura. Yo creo que esta bien que alguien aproveche las cosas, realmente no entiendo la obsesion de tener todo “fresco del dia” en esta sociedad de consumo.


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