Libros sin la letra eñe

Posted on 22 mayo, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , , |

Eileen Truax/Los Ángeles

Hace un par de semanas una noticia sacudió a los medios locales en el sur de California: Rueben Martínez, propietario de la Librería Martínez, con sucursales en los condados de Los Ángeles y Orange, anunciaba el posible cierre de su negocio por estar al borde de la quiebra.

Supongo que en el resto del mundo el cierre de una librería pequeña no causaría tanto revuelo, de no ser por una razón: aquí, Librería Martínez es conocida por ser el único lugar en donde se pueden conseguir buenos libros en español.

El condado de Los Ángeles cuenta con más de 10 millones de habitantes; uno de cada cuatro personas que viven en California residen ahí. De esos 10 millones, 45% es hispano.

El cambio demográfico de los últimos años, que ha llevado a esa composición, se ve reflejado en todos los productos y servicios de la zona. Las grandes compañías han abierto áreas de atención en español en sus departamentos de telemercadeo. Las empresas que venden autos, electrodomésticos, seguros, juguetes, ropa, muebles, servicios legales, alimentos, todas se anuncian en español; ni qué decir de la proliferación de negocios específicamente abiertos para este mercado: locales de envío de dinero a México, El Salvador, Guatemala, Honduras; puestos que venden “tortas estilo D.F.”, pupuserías (la pupusa, para quien aún no ha tenido el placer de comer una, es el equivalente salvadoreño del taco mexicano), carnitas estilo Michoacán, la música, la ropa típica, las bebidas, los enlatados traídos después de cruzar dos y tres fronteras para que la gente se sienta como en casa. Pero libros, esos no hay.

Librería Martínez inició sus operaciones en 1993 vendiendo sólo libros en inglés. Dos años más tarde, Martínez decidió dar el giro e incursionar en el mercado en español. Funcionó, aunque, como toda librería pequeña, nunca fue el gran negocio; pero daba para pagar la renta. Con el  boom del mercado hispano, las grandes cadenas de librerías como Borders y Barnes & Noble incluyeron algunas publicaciones en español, las que consideraron “de cajón”: García Márquez, Vargas Llosa, Isabel Allende, Carlos Fuentes. En una librería de tres pisos, con cantidades enormes de anaqueles, un sólo librero en un rincón muestra los libros en español. Si uno pide un título en específico, los empleados no saben de qué se trata. Ni hablar de pedir una recomendación. Esto genera un círculo vicioso: la gente no se siente bienvenida, no siente suya la librería cuando va por un libro en español, así que deja de ir. Las ventas bajan y el rincón de los libros con eñe se reduce cada vez más.

El caso de Martínez es distinto. Los grupos conservadores que promueven que en Estados Unidos se hable sólo en inglés, y que cuestionan las tendencias del mercado para hacer promoción en español, no han tenido argumentos suficientes en contra de Martínez, cuya familia es originaria de Sonora, México, porque la librería vende libros en ambos idiomas: el más reciente de Barack Obama, en español; los de Carlos Fuentes, en inglés. Pero de acuerdo con las vendedoras, de cada 10 libros que se venden, 9 son en español.

Por esta razón, Martínez, de 68 años, considera que el problema en su negocio no es la falta de interés en los libros en español, sino una crisis económica que afecta al mercado en general, y que golpea particularmente a la población hispana. Esto, como en el caso de toda la industria editorial, se ha sumado a la llegada del internet.

“Hay una señora que normalmente viene una vez al mes. Trabaja limpiando casas, pero cuando viene se lleva tres libros, siempre”, me contó. “La última vez que vino le pregunté qué se iba a llevar. Con pena me mostró sólo uno, me dijo que no podía llevarse más. La verdad es que le dije que mejor releyera los que ya tiene, que los libros son para leerse muchas veces, y que vuelva cuando mejore la situación. ¿Qué otra cosa puedo hacer?”.

Óscar Benítez, propietario de la Librería El Quijote –vaya nombre más apropiado-, al norte de Los Ángeles, asegura que es difícil que alguien invierta en libros sólo por negocio. “Actualmente, si usted hace un plan de negocios para abrir una librería, necesita el mismo capital que se requiere para abrir una licorería. Haga el cálculo”, me dijo.

En las bibliotecas públicas la cosa no mejora mucho. El sistema de Bibliotecas Públicas de Los Ángeles (LAPL) cuenta con secciones en español que ofrecen materiales de buena calidad, pero poco actualizados. Si alguien quiere leer lo último que escribió Pérez-Reverte posiblemente lo encuentre, pero dentro de dos años. “Hacemos lo que podemos dentro de nuestras restricciones presupuestales”, me dijo una representante de LAPL justo dos días después de que se anunciara un recorte en los recursos para este sistema.

Saraí Ferrer, una editora independiente, me dijo que ella ha buscado apoyo para editar libros en español para su distribución en las escuelas. “El problema es que las leyes en California especifican que si vas a hacer libros para niños, primero deben ser escritos en inglés, aprobados por un comité, y luego traducidos. Dime, ¿quién le va a entrar?”.

Pero si los gobiernos estadounidenses atienden lo que pueden, y los particulares simplemente no quieren, ¿no sería preciso que entrara en juego una tercera parte en la ecuación?

Hace unos meses tuve oportunidad de platicar con un alto funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México (SRE) y le preguntaba si el gobierno mexicano, cuya obligación es velar por todos los mexicanos, estén en donde estén, no tendría que hacer algo para acercar publicaciones en español a sus paisanos en Estados Unidos.

Por ejemplo Los Ángeles, le dije. Los Ángeles es la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo; más que Guadalajara o Monterrey. ¿No podría la SRE poner una librería pequeñita, unos diez metros cuadrados, en las instalaciones del Consulado? ¿No podrían llevar los libros que edita Conaculta, o los hermosos libros para niños del Fondo de Cultura Económica? No digo regalarlos; venderlos, darle la opción a nuestra gente, le pregunté.

“Eso es difícil por la cuestión del presupuesto”, me respondió. “Tendríamos que hacer un estudio de mercado y ver si la gente en verdad va a leer”.

Le conté la anécdota a Martínez. Sonrió sin sorpresa, se paró del sillón donde estábamos y me llevó a su oficina. Me mostró una pila de sobres. “Mira, desde que se supo la noticia me han estado llegando. No sé qué hacer”. De uno de los sobres saco un cheque por 500 dólares con una nota escrita a mano por una vecina de la comunidad. “Sr. Martínez, su librería nos ha dado tanto, es tiempo de regresarle un poco. Deje su orgullo a un lado y tenga un poco de fe”.

Eso, ni las grandes empresas, ni los gobiernos de aquí o de allá, lo podrían entender.

Anuncios

Make a Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

23 comentarios to “Libros sin la letra eñe”

RSS Feed for Mundo Abierto Comments RSS Feed

Evidentemente los libros con ñ no la tienen fácil frente a la maquinaria anglosajona y la miopía del gobierno mexicano. Pero si leyeran más, por placer nomás, ganaría la ley de la oferta. No sé si esas librerías hebreas grandotas de Boston (la ciudad con más librerías de USA) y Nueva York sean subsidiadas o apoyadas por Israel. Creo que el principal problema es que la raza no lee lo suficiente, ni aquí ni allá. (Ouch, seguro espero regaño eileenesco, pero pues los disfruto)

En realidad da pena… pero contestandote desde una ciudad donde la gente NO LEE, y los que mas leen su autor favorito es Carlos Cuahutemoc o Jordi, la verdad es que no se me hace raro.
En Juaritos tenemos muy pocas librerias, y la unica que vale la pena, es la del Conaculta… y es un cuartito de como cinco por dos metros, en el mero centro de la ciudad. Yo voy cuando puedo, y me merco varios libros por viaje… pero la verdad, es que la mayor parte del tiempo esta vacia.

La culpa de esto la tenemos nosotros… por no leer… cuando los libros (los buenos) sean negocio, las librerias dejaran de cerrar.

Me da tristeza saber que cuesta lo mismo poner una licorería que una librería y saber que a diferencia de los libros, el vino se vende con o sin crisis; soy una apasionada de los libros.

Ah! y también odio el alcohol

Entre este escrito y el de las cinco bombillas has dado una lección de excelente escritura. Te felicito Eileen

Enrique, interesante endilgarle al juego del mercado la supresión de una cultura. Se trata entonces de un problema de malos consumidores… me pregunto como se visualizara bajo estas premisas la noción de libertad. Me imagino que será algo “usted es libre en la medida que consuma”.
Sería pertinente recordar que la tradición oral propia de esta región se vio truncada por la llegada de la “legalidad” (lo que está escrito es lo que es legal) de la presencia europea en nuestra región. Mientras que nuestras poblaciones aborígenes llegaban a acuerdos de tradición y que se daban tácitamentes en la dinámica, la tradición eurocéntrica se empeña de llevarlo Toto al papel para que se considere digno de trascendencia. Enrique, resulta que esto no funcionó del todo… lo siento.

No quito importancia a la presencia de la imagen por encima del pensamiento abstracto… premisa, una vez más (y que no se separa de la anterior), propia de poderes hegemónicos fundamentados en la modernidad y el positivismo.

Pelos, se enmarca en lo mismo… la culpa la tienen los latinos. No poner en cuestionamiento las bases desde donde se fundamenta el sistema, definitivamente, nos dará profundos análisis. Ni pensar que la culpa pueda venir de poner la cultura a dependender de la racionalidad del mercado !Cosas locas vale!

Saludos

Me encantó la historia, y constatar otra vez que la gente tiene capacidad de reacción y trata de defender las cosas que valen la pena.

El Fondo de Cultura Económica tiene excelentes librerías en un montón de países, yo he visitado las de Madrid y B Aires. Me extraña en verdad que no hayan puesto una en LA. Ahora, ¿qué le parecerá el Sr Martínez si el FCE, que no tiene que someterse a las agresivas condiciones del mercado porque está en el presupuesto, monta una librería muy bonita que compita con la suya? Yo creo que deberían ponerla, pero obviamente no sólo necesitamos más librerías, sino más lectores que les permitan subsistir. Ya los demás que han hecho comentarios lo señalan: tenemos un grave problema porque la gente no lee.

Estoy a punto de terminar un libro que creo que se va a vender decentemente. Pero eso no me hace pensar que se va a leer… todas las semanas me confronto con gente muy buena onda que le pareció genial lo que escribo… y que no lo leyó. Un día, un personaje muy importante de la industria editorial me felicitó por un artículo “excelente” que escribí sobre Sudán, le había encantado, y reconoció mi valentía por haberme metido en ese país a reportear… no le dije que en el artículo estaba claro que había manejado las fuentes por e mail y que lo había escrito desde México. A veces creo que podría poner un título impactante y escribir los dos primeros párrafos con mucho gancho, y los 20 siguientes en latín… pocos se darían cuenta.

Temoris
Sería una lástima que hicieras eso….
Excelente artículo, me encantó. En Barcelona ya empezaron a cerrar las liberías de viejo. Hace años la ciudad era conocida porque había una calle en la que había más liberías que cualquier otro tipo de comercio. Yo, la verdad, creo que era un mito inventado por el realismo mágico porque nunca la encontré. Da mucha pena cuando cierra una librería. Se pierde el espacio, la posibilidad y la opinión del librero o de la liberara…Seres sabios que suelen saber escuchar y así acertar casi siempre.
Otra cosa: ¿por qué primero tiene que escribirse en inglés y luego traducirse? ¿tiene sentido la ley?

Chila te felicito: primero por tu escritura y luego por el tema que tocas…

Que coraje que nadie se haga responsable. Pero otros están hacieno lo que les toca, tu por ejemplo, con este artículo…

Espero alcanzar a conocer la librería Martínez…

Enrico, por ahí ya te respondió algo Mikele, pero me voy por otro lado: la raza lee. Si la raza no leyera Martínez no habría podido sostenerse durante 15 años. Tal vez no expliqué bien el asunto: Martínez está en crisis porque hay una crisis económica en general que afecta principalmente a los hispanos, para quienes hay otras prioridades antes que comprar un libro; pero esta crisis también está afectando a las grandes librerías, incluso las que tú mencionas. Es una crisis de la industria, pero en el caso de los latinos en este país nos pega más. Martínez me contó que llegó una señora preguntando: “Oiga, ¿aquí es donde rentan los libros?”. Y ahí está Martínez, diciéndole cómo llegar a la biblioteca.
Para mí, el foco de alerta son los niños que llegaron aquí muy pequeños o que nacieron aquí, hijos de hispanos. Estos chicos tienen una cultura de lectura que les inculcan en las primarias a las que van; saben usar las bibliotecas desde muy chicos, leen mucho… pero en inglés. Y he visto mamás preocupadas por que lean en español, pero si tienes tres, cuatro hijos, y un librito con dos cuentos del Fondo de Cultura Económica te llega aquí en 18 dólares (40% de este costo se va en aranceles para poder cruzar la frontera), pues es imposible que le compres uno a cada uno.
Tu planteamiento me recordó el caso del gobernador de Veracruz y las casas que construyó para damnificados de las inundaciones: no les puso baño, y cuando le preguntaron por qué, respondió que porque esa gente no estaba acostumbrada a tener baño en su casa. Bueno, seguramente si les ponen un baño aprenderán a usarlo, ¿no? El decir “no les llevo libros porque primero tienen que demostrarme que sí quieren leer” es la cosa más retrógrada que hay; nadie va a leer si no tiene los libros cerca. Y por otro lado ahí está el ejemplo del gobierno del DF bajo el gobierno de López Obrador, ¿te acuerdas? La campaña “para leer de boleto en el Metro”, que puso gratuitamente 250 mil libros en las estaciones para que la gente leyera. ¿Te acuerdas de las imágenes? ¿Te acuerdas de la gente leyendo? Creo que aquí o allá, lo peor que puede hacer un gobierno es subestimar a su pueblo.

Pelos, yo no creo que en este asunto debamos juzgar cuáles son los libros que la gente sí debe leer y cuáles no. El tema no es el contenido de lo que se lee, sino el acceso a los libros en español. Tanto en la Librería Martínez como en El Quijote, los libros que más se venden son precisamente esos, los de superación personal. Pero si consideras el perfil de nuestros migrantes, muchos de ellos gente del campo que no terminó la primaria y que muchas veces aquí continúan teniendo largas jornadas de trabajo, yo creo que es loable el esfuerzo que hacen por leer; la selección ya es gusto de cada quien.
Ahora, en el caso de los mexicanos de segunda generación, que han tenido la oportunidad de estudiar aquí y que en la escuela leen a los novelistas clásicos ingleses y estadounidenses, es una vergüenza que el gobierno mexicano se muestre escéptico sobre la conveniencia de venir a vender libros.

Teresita, y si vieras aquí cuantas “Liquor store” hay en cada calle…

Mikele, mil gracias por el comentario, me honra viniendo de quien viene.

Grecko, por lo que veo el problema tiene dos aristas: quiénes leen y quiénes no, y qué leen los que leen. Sobre lo primero, como lo mencioné arriba: pon el material al alcance de la mano, enseña a los niños desde pequeños y es casi seguro que tendrás lectores. Sobre lo que se lee, eso ya depende de muchas otras cosas y lamentablemente parece que ahí tenemos una batalla perdida; hay mucha basura muy al alcance de la mano y muchos de los buenos materiales tienen precios que se vuelven inaccesibles para un buen sector de la población
A mí me ha pasado lo de la gente que “lee” mis artículos en el periódico. Incluso en mi blog personal, en donde supuestamente la redacción es mucho más ligera, hay gente que me comenta y evidentemente no leyó el post. Es sorprendente, y ante el boom internetero no veo el futuro con mucho optimismo…

Catalina, gracias por el comentario. Lo de los libreros es cierto: quien está en ese negocio es porque ve a los libros con amor y generalmente sabe mucho; en el caso de Martínez, no sabes que plática deliciosa. Y el tipo me ofrecía disculpas de tanto en tanto por su manera de hablar, explicándome que él no estudio…
Sobre la ley, me imagino que debe ser una cosa tan absurda como que en la junta del Distrito Escolar de Los Ángeles no todos dominan el español o al menos no es su lengua materna, y por tanto desean verificar primero los contenidos en un idioma que les permita entender lo que está escrito, para después pedir una traducción. Pero obviamente yo no creo que eso tenga sentido.

Concharrita, gracias. Seguramente te va a tocar; ya ves la respuesta que ha tenido Martínez; falta ver cuánto nos dura el gusto.

Definitivamente tiene que ver con la demanda.

En Alemania el hambre por leer es tal que escritores muy poco conocidos en México son traducidos al alemán con ediciones de más de 3 mil copias. Aquí se hacen famosos.

Se dice que los niveles de traducción en Alemania están en crisis, pero la cantidad de libros que yo veo de otros países habla de lo contrario: es una ventana al mundo que no he visto en ningún otro lugar.

En cambio, el recoveco de libros en español en Berlín, una librería llamada La Rayuela, es pequeñito. Sí, con variedad y con posibilidad de importar ejemplares, pero todo es caro y sobre todo abundante de best sellers.

Hablamos uno de los idiomas más hablados en el mundo y parece que no hay cultura de dejarlo escrito ni de revisar lo que se ha quedado escrito.

Y.

Grazie dalla tua risposta! Sí, entiendo lo de la permanencia de Martínez, y en verdad deseo que LA sea otro Madrid-paraíso-de-las-librerías. Así que a pensar cómo hacerle para que la raza lea más, aunque siempre me pregunto si eso es posible. ¡Saludos!

Enrique, creo que no entendiste los comentarios de Mikele y Eileen, lo que me hace pensar que leer no es garantía de nada. También me pregunto de qué te hace suponer que eres el único que lee o qué cualidad extraordinaria tienes tú para no pertenecer a la “raza” (la raza no lee; tú sí lees; ergo…).

Saludos.

No hay que buscarle tres pies al gato. La gente lee cuando accede a los libros y esto requiere una industria editorial que se los acerque. Si como dice alguno, Madrid es un paraíso de librerías, es por que hay una industria editorial que edita libros a mansalva y que se ha encargado de llenar la ciudad de libros a precios asequibles. En los quioscos de prensa pueden comprarse libros a un euro. Hay bibliotecas municipales que te acercan los libros hasta las estaciones de metro. Así se ve a mucha gente en los vagones de los trenes con un libro en la mano. En mi opinión, en Los Ángeles todavía hay que luchar contra los demonios de Huntington. Mientras en Estados Unidos se siga creyendo que el bilingüismo es una amenaza, en vez de ver las grandes oportunidades de una sociedad bilingüe y mientras la industria editorial estadounidense ignore a los potenciales lectores hispanos, los libros con letra eñe seguirán siendo un producto de lujo como el champagne o el caviar. Los políticos hispanos que militan con los republicanos y con los demócratas, son los que deberían comprarse el pleito de poner a la cultura hispana en el lugar que le corresponde por historia y por peso demográfico.

Champaña, en lugar de champagne, para no desentonar…

Excuse moi, mon ami Mingus, mais tu as une petite confusion. Escribí champagne en vez de champán, para aludir específicamente al caldo francés, al mencionarlo como producto de lujo. La bromita de descorchar champagne sale cara. La traducción española hace referencia al vino espumoso rosado o blanco, en general, y abarca a los caldos que te dan una resaca de muerte. ¿Ya te olvidaste de esos espumosos de venta callejera de los fines de año de madrileños? Un abrazo.

Libros a un euro, Javi… ¿y qué efecto tiene eso en la industria editorial?

En México, el presidente está bloqueando una iniciativa para instituir, como creo que se hace en otros países hispanoparlantes, un precio mínimo del libro. ¿porqué hace falta esto? Porque los supermercados y otros sitios de consumo masivo, están desbaratando con su competencia a las librerías al ofrecer libros con precios baratos que aquellas no pueden ofrecer, porque no venden con tanto volumen.

Esto les permite además tener una influencia en los libros que educan al país, sólo los títulos que les gustan, que son autores o muy superficiales o de la derecha moralista, como Carlos Cuauhtémoc Sánchez y otros.

Claro, la gente puede decir, no, no leo al baboso éste y me voy por el más culto… si lo encuentra, porque lo que las editoriales quieren, en este negocio difícil de los libros, es garantizar que publican lo que se va a vender más, y así acomodan sus criterios de publicación a lo que los supermercados van a ofrecer junto con las verduras y los abarrotes.

Libros a un euro… genial para que la gente compre, pero para que compre ¿qué?

Lo decía sólo por la “ñ”, en un post sobre la “ñ”. Esa champaña de venta callejera de la que hablas me dejó no sólo una gran resaca la última navidad, sino una, como diremos, gran arrechera porque salieron por un ojo de la cara y quien las pedía era un güey que se quería lucir con una chava pero andaba sin blanca…

En fin…

Javier, tienes toda la razón: creo que el miedo al bilingüismo permea en todo el país y que Los Ángeles, con su media población hispanoparlante, es la amenaza personificada de las pesadillas Huntingtonianas. Y es cierto, son nuestros políticos hispanos los que tendrían que estar empujando. Algunos de ellos lo hacen y lo hacen despacito y contracorriente: Alex Padilla, concejal de la ciudad, fue uno de los primeros en romper el tabú justo en el 9/11: el alcalde James Hahn estaba fuera de Los Ángeles y Padilla, quien en ese momento presidía el Concejo de la ciudad, era el encargado de dar el mensaje a la población sobre la situación de emergencia. Sin consultarlo, y con la prensa nacional e internacional encima, dio el mensaje en inglés y en español. Padilla fue criticadísimo por unos, pero su acción demostró el conocimiento que el hombre tiene de su ciudad: muchos de sus habitantes no hablan inglés y en una situación de emergencia era preciso buscar la manera más eficiente de informarlos. A pesar de lo que muchos auguraban, no hubo costo político para Padilla: cuando vino la reelección, su gente volvió a votar por él. Por cierto, cuando le llegó el turno, a Hahn no lo reeligieron: en su lugar quedó Antonio Villaraigosa, quien desde su llegada al cargo habla en inglés y en español en todas sus conferencias.
Ahí la llevamos… algún día tanto “libertinaje” tendrá que llegar a los libros.

Pero eso sí; los que de verdad no tienen perdón son los funcionarios del gobierno mexicano.

Témoris, compadre, si lees bien mi comentario, estoy hablando de Madrid y de las formas que hay aquí para acceder a los libros: librerías tradicionales, grandes cadenas, libros a euro en el quiosco de prensa o bibliotecas públicas. No pretendo que este sea el modelo para otras realidades. Simplemente quería recordar -ya que la discusión había entrado en derroteros de cultura e idiosincrasia- que para que la gente lea libros, tiene que haber una industria editorial que los suministre. Por eso creo que sería preferible para las librerías hispanas de Los Ángeles que las empresas editoriales estadounidenses les vendan libros en español, a que tengan que importarlo todo de México o de España.

Mingus, las botellas de champán callejero de fin de año son un clásico lavapiesero. Se me hacía raro que no hubieras caído con unas botellitas… Eso nos pasa por malos muchachos y no celebrar las fiestas con refrescos de cola.

Eileen, tu artículo es espléndido, tanto en fondo como en forma. Felicidades. Y bueno, abordas un tema “oroborus”, sin principio ni fin, y que nos hace preguntarnos, como decimos coloquialmente, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿No hay apoyos presupuestales para el fomento a la lectura porque no hay lectores, o no hay lectores porque los gobiernos no apoyan a editores, libreros ni bibliotecas? Es el misterio del universo.
Ojalá sobreviva Librería Martínez… ya nos contarás.
Saludos.

Celeste, ciertamente parece una cuestión del huevo y la gallina, pero creo que en este caso el origen tendría que ser el Estado: no puedes decir que no construyes escuelas porque los niños no van a una: construye una, verás que los niños van. O como el ejemplo de los apartamentos sin baño en Veracruz que mencionaba en un comentario anterior. La obligación de un gobierno es dar a sus gobernados –estén donde estén- todas las herramientas posibles para que desarrollen sus capacidades y mejoren su situación. Y entre esas herramientas, los libros juegan un rol fundamenta.
Mil gracias por tus comentarios.

Hombre, gran articulo (como siempre) y de los mas comentados. Aunque ya lo dijeron de diferente manera, aquí voy: a pesar de la crisis creo que es un problema mayor que no tenemos el habito de la lectura y esa carencia es propiciada por la falta de apoyos del gobierno y que mejor ejemplo que la opinión de este funcionario.

Saludos y pasare a visitar la librería, si es que todavia no la han cerrado.

[…] *Publicada en Mundo Abierto. […]


Where's The Comment Form?

Liked it here?
Why not try sites on the blogroll...

A %d blogueros les gusta esto: