Y para la lámpara, cinco focos

Posted on 15 mayo, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles |

Eileen Truax/Los Ángeles

Hace cuatro años mi esposo y yo llegamos a vivir a Estados Unidos con dos maletas en la mano. Literalmente, dos maletas: ropa, tres pares de zapatos para cada quien, un cuadernito con fotos, una libreta para escribir. Llegamos a vivir a un apartamentito pequeño, que no estaba mal por el precio y que se veía bastante amplio por la falta de objetos en él. Con el paso de los meses nos fue quedando chico, y desde hace un año ya no cabíamos.

Hace un par de semanas nos mudamos a un apartamento bastante más grande, y cualquiera que hubiera visto el anterior no hubiera creído todo lo que salió de ahí. Nos tomó varios días empacar; el camión de mudanza que alquilamos no fue suficiente, así que tuvimos que hacer dos viajes. Dos días después seguíamos transportando cajas en el auto.

¿Qué tantas cosas compramos en cuatro años? ¿Cómo es que nos llenamos de mochilas que nunca utilizamos, pantalones que no recordábamos que existieran, calcetines que al parecer jamás han tenido un par, cables de aparatos electrónicos cuya función ignoramos, cajas de cremas y lociones que no recuerdo haberme puesto, clavos y tornillos y pinzas y bolsas y papeles y notas del supermercado y envases con sustancias misteriosas? ¿Cómo ocurrió?

La estadounidense carga con el estereotipo de ser la sociedad de consumo por excelencia. En Estados Unidos se consumen dos millones de botellas de plástico cada cinco minutos; más de un millón de bolsas de papel de supermercado cada hora, y se desechan más de 400 mil teléfonos celulares al día. La invitación a consumir se encuentra por todos lados: más consumes, más te integras.

El asunto llega a un grado tal que tu calidad de vida y tus posibilidades de contar con los servicios indispensables dependen de tu historial de crédito. Todas las empresas, desde las comerciales y las bancarias hasta las que proporcionan los servicios que brindan el estado o la ciudad, tienen acceso a ese expediente. Si el historial crediticio de las personas es malo, o peor aún, nulo, deben pagar por ello. Hace cuatro años, cuando quisimos hacer un contrato de energía eléctrica, de gas, de teléfono, buscaron nuestro historial crediticio. No teníamos uno, así que tuvimos que dejar depósitos en todas las compañías; en la de teléfono, por ejemplo, 200 dólares por un servicio con largas distancias restringidas.

“Pero si pagamos todo en efectivo, ¿qué eso no nos hace más sólidos financieramente?”, era la pregunta natural. La respuesta siempre fue no, así que después de un tiempo aceptamos la primera tarjeta de crédito. Hicimos varios consumos y pagamos todo antes de que venciera la fecha de pago, como se acostumbra en nuestro país. Error, nos dijeron después. Eso no cuenta para tu historial crediticio; había que dejar un adeudo y siempre pagar un poco más del mínimo, para “crear historial”.

Cuatro años después, nuestro historial de crédito es muy bueno. Nos proporcionan servicios sin necesidad de un depósito y nos envían decenas de catálogos de ventas por correo (en este país se cortan 8 millones de árboles cada mes para hacer este tipo de catálogos). Nos ofrecen créditos para un auto aunque ya tenemos dos (Estados Unidos consume 3.6 millones de camionetas SUV al año). Nos ofrecen un mejor teléfono celular, un viaje para pagarlo en plazos, un aparato de sonido enorme, una pantalla de plasma, y si lo compramos a crédito es más barato. Y nosotros, muy orgullosos de no caer en la tentación consumista, decimos que no.

El problema es que en realidad no hemos salido muy bien librados. Mientras empacaba para la mudanza me sorprendió la cantidad de bolsas de plástico con logotipos de supermercado por todos lados: conté 27 en una tarde (cada cinco segundos se consumen en este país 60 mil de esas). Tengo dos secadoras de pelo, más un cepillo que echa aire para el mismo fin, más una “planchita” para alaciarlo; en la vida real sólo utilizo una. Salieron ONCE botellas de champú, todas a medio usar. Mi esposo encontró los cartuchos de repuesto para un rastrillo que no recuerda como era. En el fondo de un estante aparecieron tres paquetes de vasos desechables (en las líneas aéreas estadounidenses se consume un millón de ellos cada seis horas).

Qué impresión. Abrí una Diet Pepsi porque no tomo de la regular: una de las 106 mil latas de aluminio que se usan cada 30 segundos en este país, mi nuevo hogar. Y lo peor: tan sólo cuatro años después, aparecieron tres teléfonos celulares para desechar, sin contar los que ahora estamos usando.

Sentada en mi nuevo apartamento veo aterrorizada que la mitad de él aún se encuentra vacía: no tenemos objetos suficientes para llenarlo. Hago una lista de lo que hay que ir a comprar: aditamentos para el baño, porque antes teníamos uno y ahora dos; bolsas desechables para la aspiradora, ahora se llena más rápido, hay más alfombra que limpiar. Y focos para la lámpara que está sobre el comedor: es grandísima, usa cinco; y si los compro a crédito, seguro el precio es mejor.

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* Las cifras citadas en este artículo fueron tomadas de la sensacional serie “Running the numbers” del fotógrafo Chris Jordan www.chrisjordan.com

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9 comentarios to “Y para la lámpara, cinco focos”

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o mai god!

lo malo es que desaparecieron las iced raisin cookies de mother’s, si no sería feliz viviendo allá y consumiéndolas. jojojo-

Hola, escribo desde Suecia, el país más rico que he visitado en mi vida, y la verdad es que aquí hay la convicción política de hacer un consumo respnsable. Aun así, creo que es más político que popular. Esta tarde visité un suburbio absolutamente ecológico, con biogás en las casas, casitas para reciclar enfrente de los apartamentos, tejados verdes (con plantas)…una preciosidad de barrio. Está a las afueras de Malmö y es de los 50. El Gobierno de la ciudad decidió impulsar un plan piloto de barrio ecológico, pero con el “problema” que se trataba de una zona con una tasa de paro brutal. La mayoría de sus 3.000 habitantes son de procedencia africana o del este. Hablando con ellos me dijeron que, en realidad, no les importa mucho el poryecto. Viven allá porque no les queda más remedio, pero si pudieran lo harían en otras partes de la ciudad, tendrían coche –en vez de bicicleta–… Los que pueden consumir consumen y los que no quieren hacerlo. Un poco triste, ¿no?. En Barcelona, donde vivo, creo que tendré dentro de poco el mismo porblema de Eileen. El piso de repente está a punto de explotar y no “entiendo” por qué.

Jajaja me estaba viendo en tu historia!!! hace poco mas de un año nos fuimos a vivir a Texas, y nos paso lo mismo que a ti, tuvimos que dejar deposito en todos los servicios. 5 meses despues de estar ahi nos mudamos nuevamente, esta vez a chicago, ya aqui pudimos contratar la luz, gas y telefono sin deposito gracias al hisotirial que hicimos con las compañias en Texas. Pero recibimos los mismo consejos que tu, por lo que aceptamos una tarjeta de credito. Realmente es increible darte cuenta que aqui sin credito eres nada, incluso estas peor que si tuvieras un credito malo, lo cual es todavia mas increible. Hace mes y medio nos cambiamos de departamento, tambien a uno mas amplio y al igual que tu nos sorprendimos al darnos cuenta de la cantidad de cosas que salieron en la mudanza cuando llegamos apenas con unas cuantas maletas en octubre pasado. Yo me he dado cuenta que en la trampa en la que caigo siempre es en la de compre 1x$10 o 5x$30 por ejemplo y ahi estoy comprando 5, cuando me doy cuenta tengo 5 jabones de baño, 5 lociones, 5 shampoos, etc muchas veces ni los uso todos. En fin, ahora trato de pensar bien antes de compar algo y no dejarme llevar solo porque “esta en oferta”. Saludos Eileen, desde Chicago con mi Diet Coke :)

Dios! yo me vuelvo loca, odio las tarjetas y espero no tener que usarlas en mucho mucho tiempo, me quedo en mi México sin crédito ; )

Lo último: viaje Copenhagen-Barcelona en una avión de una compañía cualquiera. Tres horas de viaje. A los veinte minutos empiezan las azafatas a mostrar catálogos de compra, el menú también es de compra, luego los auriculares para ver una película horrorosa cuestan 3 euros y lo más alucinante. ¡Falta media hora para aterrizar y la azafata anuncia una rifa!. Nunca lo había visto antes. Por cinco euros, los pasajeros pueden participar en una rifa que se realizará a bordo…Una especie de rasca y rasca. Los premios: 10 euros, un coche, otro vuelo. Las viejitas de enfrente pican y los 30 alumnos de prepa que viajan en el avión, también. Ya no se puede dormir en los aviones. Solo consumir, consumir…

tengo 26 anhos y acabo de obtener mi primera tarjeta de credito. el consumo es imparable.

Cargué mi hogar durante dos años en la mochila a la espalda y eso es el más poderoso antídoto contra el consumo que pueda existir. Sabía que lo que comprara, lo iba a cargar. Y peor porque empacar iba a resultar más complicado. Pero mi mochila pequeña tronó en Laos y la grande, en Camboya. Tuve que comprar nuevas mochilas. Más espaciosas. En particular, la que compré en Camboya, una “Nort Pace”, es mágica, siempre he pensado “ahora sí no cierra”, y cierra. Bárbara. La consecuencia es que un día, en el aeropuerto de Panamá, me vi en un espejo y era ridículo, mis mochilas tenían el doble de tamaño que yo, parecía Timón que cargaba a Simba y a Pumba. Cuando caminaba, yo sentía que arrastraba mi casa.

En cuanto a las tarjetas de crédito: obtuve la primera hasta los 34. Resistí bastante más que tú, Larisa. Y sólo lo hice porque te facilita la vida al viajar y te hace las cosas más baratas: reservar habitaciones, pagar vuelos, etc. Las tarjetas de débito tienen la 4ta parte del poder de las de crédito. Será porque no tienen historial…

que cierto! yo hace un par de meses decidi acabar con las cosas que tenia antes de comprar otras. Ya sabes tienes pasta pero no de la que quieres y compras otra y luego te encuentras con una alacena llena, un closet lleno, un gabinete lleno y nada que comer, nada que ponerte,nada que untarte. El proyecto no ha andado como yo quisiera, es que la tentacion es perra y parece mentira pero es mas facil comprar que no comprarlo. Un abrazo !

El siguiente paso es cuando rentas el storage place en el que pagas mas de lo que cuestan las cosas que guardas en el
Bienvenida a USA


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