Relato de una Muerte sin Flores

Posted on 5 mayo, 2008. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , |

Por Javier Távara / Madrid

Eran las primeras horas de la mañana y la placita que está junto al mercado municipal de la Puerta del Ángel tenía un aspecto diferente. En vez de los habituales ‘inquilinos’ de la plaza, los indigentes sin techo, el lugar estaba tomado por varios agentes de policía y por personal sanitario del servicio de urgencias. Al principio pensé que a algún abuelete le había dado un soponcio, pero no. Sobre un banco de la plaza yacía un cadáver cubierto con una bolsa metálica. Al verlo entendí por qué había tanta policía.

La fila de trabajadores que habitualmente atravesamos la placita para ir al metro, desfilamos en silencio ante el cadáver y continuamos rumbo al Paseo de Extremadura. Con prisas para no llegar tarde a la oficina. Ninguno de nosotros se detuvo para indagar quién era el infortunado que yacía en el banco ni qué le había pasado. No era difícil de imaginar: un varón de cuarenta y tantos años, alcoholizado, que unos años atrás llevaría una vida como la de cualquier vecino, hasta que la vida le dio un vuelco cuando le sobrevinieron una serie de eventos desfavorables, casi siempre encabezados por la letra d: despido, desempleo, divorcio, desahucio, drogodependencia, depresión… Inconscientemente aprieto el paso cuando llego al lado de los policías que custodian el cadáver, mientras pienso cuál de los inquilinos habituales de la placita será el que está dentro de la bolsa. Los policías y sanitarios platican tranquilamente como si se tratara de cualquier asunto rutinario. Me vino entonces a la mente un tristísimo verso de César Vallejo: Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

No se despisten ustedes y no vayan a creer que esta escena transcurre en algún lugar marginal. Esto ocurre en la capital de España, en Madrid. No muy lejos del Palacio Real, ese espléndido edificio construido a mediados del siglo XVIII como símbolo de la riqueza de la monarquía española y que todavía es utilizado por el rey Juan Carlos para lujosas ceremonias oficiales. Esto ocurre en el mismo año en el que José Luis Rodríguez Zapatero ha sido reelegido Presidente del Gobierno, pasará otro cuatrienio más en el madrileño Palacio de la Moncloa, después de convencer a los electores con su discurso optimista sobre el crecimiento del Estado del Bienestar. En campaña repitió muchas veces el dato de que España ha superado la renta per cápita de Italia y prometió que el siguiente objetivo será alcanzar a Francia. Más precisiones: ocurre esto en la misma semana en la que las autoridades regionales y municipales -Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón a la cabeza- se gastarán millones de euros en conmemorar el bicentenario de la batalla librada por los vecinos de Madrid contra las tropas napoleónicas, un desdichado 2 de Mayo de 1808. Dentro de unos meses, allá por Diciembre, unos y otros, el Rey, el Presidente del Gobierno, la Presidenta Regional y el Alcalde gastarán otra millonada en celebrar el 30 aniversario de la Constitución Española, la norma fundamental que en su Artículo 47 establece que: Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.

Pero cuando la vivienda cuesta en barrios de Madrid seis mil euros por metro cuadrado y la vivienda social se sortea como una lotería, a nadie extraña que el número de personas que malvive en las calles se cuente por centenares.

Muy cerca de los espléndidos edificios de la Villa y Corte, en calles y plazas que no ven las altas autoridades del Estado, porque ellos van siempre en coches oficiales, siempre raudos y siempre por avenidas principales; en esos rincones que los mandamases nunca ven, malviven las personas sin techo. Y también mueren. Su presencia se ha hecho tan cotidiana que a nadie extrañó que el pasado diciembre, el último domingo del año un hombre expiraba en pleno Rastro. Mientras, millares de personas paseaban a su alrededor recorriendo ese célebre mercadillo callejero que visitan tropas de turistas apretujándose con los vecinos de Madrid. Horas más tarde, cuando los comerciantes ya habían recogido los puestos de venta, otro indigente compañero de infortunios, cayó en la cuenta que en medio de la calle estaba el cadáver de su amigo. La prensa bautizó al difunto como ‘el muerto invisible del Rastro’.

Los indigentes son invisibles para casi todos (no lo son para las monjas y los trabajadores sociales que se fajan para alimentarles y abrigarles) y reconozco que muchas veces también son invisibles para el suscrito, pero cuando se pasa delante de uno de ellos metido en el envoltorio policial para cadáveres, uno sólo puede sentir rabia y vergüenza de que esto nos ocurra en la orgullosa capital de un país que se precia de ser desarrollado y potencia económica mundial.

Al atardecer, paso de vuelta por la placita y no había en el banco ni una sola flor que recuerde al desdichado. Su muerte tampoco salió en las noticias.

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7 comentarios to “Relato de una Muerte sin Flores”

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Javier, te felicito. Un relato excelente, de esos que lo dejan a uno pensando largo rato antes de articular palabra. Pareciera que el precio a pagar por el desarrollo económico es perder la sensibilidad, alejarnos de nosotros mismos como seres humanos.

Morir en silencio es una cosa, pero sin
recuerdo ni homenaje es morir dos veces

Necesaria y veraz crítica social, pero desarrollo ñoño, maniqueo y demagógico.

Mingus y David, gracias por vuestros comentarios. Salamandra, me apena que descalifiques el relato sin aportar argumentos. De todas formas, no hay que darle más vueltas. Este relato lo escribí en caliente, pocas horas después de presenciar los hechos aquí contados y sin la frialdad necesaria para desarrollar los temas de fondo como el modelo económico, el Estado del Bienestar y la exclusión social. Consideré que merecía la pena escribir una crónica sobre pobreza y muerte en medio de una sociedad opulenta, dando detalles a los lectores que viven en otras realidades, en otros países. Saludos a todos,

Javier Távara

En las muertes también es necesario un poquito de olvido para no sufrir tanto, pero nunca tanto que no aprenda la lección y el corazón deje de amar.

Llegue a tu blog desde el excelente comentario que hiciste en el Comercio sobre las medidas de inmigracion que esta tomando la UE.

Y la verdad es un buen blog, la imagen de morir solo en la calle sin siquiera un recordatorio es muy triste pero que sea en un pais del primer mundo deberia llamar mucho mas la atencion.

Me dare otra vuelta por aca

Bienvenida a Mundo Abierto, Cristania. Hoy vuelvo a cargar las tintas contra la Directiva de Retorno. Saludos,


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