Petróleo en México: A Romper Tabúes, pero con las Manos Limpias

Posted on 3 abril, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

El 18 de marzo fue fiesta nacional en México, un país muy dedicado a sus grandes gestas y la de ese día, la nacionalización de la industria petrolera en 1938, es considerada una de las más importantes. La historia nos cuenta que las compañías extranjeras se llevaban el recurso, la nación veía muy pocos beneficios y los trabajadores estaban sometidos a un régimen salvaje de explotación (uno de ellos, por cierto, fue Augusto César Sandino, quien de ahí marcharía a su natal Nicaragua a dirigir una revolución). El presidente Lázaro Cárdenas, considerado el mejor del siglo XX, supo aprovechar la coyuntura (Estados Unidos estaba distraído y preocupado con la inminencia de una gran guerra en Europa) y estatizar la industria. Hoy en día, Petróleos Mexicanos (PEMEX) conserva el monopolio en todas las áreas relacionadas, con excepción de la petroquímica secundaria. El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) es una de las organizaciones gremiales más poderosas de América Latina.

Desde los años 80, cuando el neoliberalismo se consolidó como doctrina hegemónica dominante en el hemisferio, hacer cambios al régimen de PEMEX y del petróleo ha sido un tema que divide al país en dos bandos: por un lado, los nacionalistas, la izquierda, la extraña anomalía bicéfala llamada izquierda nacionalista, los conservadores, el sindicalismo y otros grupos se oponen radicalmente a realizar cualquier relajamiento del monopolio y arrojan por decreto al bando contrario a quienes sean que no se enmarquen disciplinadamente en este extremo: se trata de la defensa de la patria y el que no piense así es un traidor. En el otro lado es difícil saber quién está, porque el tema es uno de los tabúes más sagrados de México y tenemos la costumbre de linchar a quien dice pío al respecto. A eso se debe que, mientras el gobierno federal prepara una reforma que debería apoyar su partido, el PAN, y el tercer miembro del triopolio partidista, el PRI, negocia su respaldo, todo el mundo se apresure a jurar que no se trata de privatizar, sino tan solo de relajar las leyes (sin cambios constitucionales) que regulan PEMEX para que se pueda asociar con otras empresas que dispongan de recursos y tecnología para explotar las reservas petroleras en aguas profundas.

Lo curioso del asunto es que, si se trata sólo de eso, yo casi estoy de acuerdo. ¡O tempora, o mores! Aquí veo venir a los guardianes del tabú con estacas para clavar mi cabeza llena de serpientes!

El problema de los tabúes es que acaban con todo análisis y rechazan toda disidencia de entrada, sin reflexión. Pero, para empezar, está el hecho tragicómico de que, aunque todavía nos creemos potencia petrolera beneficiada por la escalada de precios del hidrocarburo, nos estamos viendo ante la posibilidad real de convertirnos en importadores angustiados por cada nuevo pico de los precios.

¿Cómo llegamos a esta situación? Hay una rama de explicaciones obvias que además nos dan el falso consuelo de proveernos de culpables a quienes quemar dentro de un barril. Todas son sintomáticas de un país que padece la maldición de los recursos.

Primero que nada, la corrupción, enorme, cínica, a los ojos de todos. PEMEX ha sido siempre el premio mayor de los corruptos, origen de grandes riquezas sucias, fuente de financiamiento del PRI. Lo sabemos bien, lo hemos sabido todo el tiempo.

Segundo, la falta de inversión: la aplastante carga impositiva que le aplica el Estado dejó a PEMEX sin recursos para exploración, mantenimiento, expansión y construcción de refinerías, lo que ahora tiene las reservas en situación de caída abrupta, la infraestructura en crisis, la empresa carente de proyectos en el extranjero y el país, en la paradoja de ser un exportador de combustibles que pierde dinero porque los reimporta refinados. PEMEX, una empresa que produce tanta riqueza, se ahoga además por deudas que apenas puede pagar. Pero México, entero, se acostumbró a sangrar a PEMEX, el gobierno obtiene de ahí las dos quintas partes de su presupuesto, y las empresas y los ciudadanos hemos estado pagando pocos impuestos y evadiéndolos porque, al fin y al cabo, ¿para qué está PEMEX?

Y en tercer lugar, la terrible y tristísima ironía de que uno de los pilares emblemáticos de la construcción de la nación, los trabajadores petroleros (como también los maestros), se han colocado entre las mayores lacras del país, dirigidos por su sindicato y apoyados en el poder que les da su control sobre el recurso estratégico nacional: los trabajadores explotados por las compañías extranjeras de antaño se convirtieron, merced a su capacidad de presión política y al chantaje brutal al que han sometido al país con su capacidad de estrangular la producción petrolera, en un ejército de hipócritas privilegiados con sueldos y pensiones onerosas, que realiza un manejo mafioso del otorgamiento de plazas laborales, que obtiene del Estado concesiones abusivas y perjudiciales y que es una pieza clave del enriquecimiento de unos y del financiamiento ilegal de partidos.

En resumen, la “bendición” aparente de ser ricos en petróleo nos ha dado lo siguiente (entre otras cosas):

a) Corrupción a niveles astronómicos;

b) Fraude electoral (mediante el financiamiento ilegal de partidos y candidatos);

c) Corporativismo con gran poder de chantaje y manipulación (sindicato);

d) Autoritarismo gubernamental;

e) Debilitamiento del poder ciudadano;

f) Lentitud de la economía no petrolera;

g) Erosión de la infraestructura pública;

h) Atraso tecnológico;

i) Dilapidación del recurso nacional;

j) Pérdida de competitividad y mercados;

y para acabarla de amolar:

k) Amenaza de dependencia energética.

¿Significa esto que la administración privada y/o extranjera era una mejor opción, que el hito sagrado de la nacionalización de la industria petrolera que llevó a cabo Lázaro Cárdenas fue, a fin de cuentas, un error histórico?

Quienes sostienen esto mienten, como nos muestran tantos casos en otros países del Tercer Mundo: las compañías petroleras no sólo se han destacado por poner sus intereses económicos por encima de cualquier otra consideración (lo cual significa que no se sienten obligadas a proteger el interés estratégico del país cuyos recursos explotan, y eso las convierte en un peligro para la seguridad nacional), sino que carecen totalmente de escrúpulos en cuanto a su intervención en las políticas internas: una visita a África nos muestra que en Nigeria, Guinea Ecuatorial, Angola y tantos otros países esas compañías financian a dictaduras sangrientas que estrangulan a sus poblaciones, y que incluso emplean mercenarios para combatir la oposición popular. La petroleras son grandes ejemplos de cinismo, irresponsabilidad y traición. Ahora PEMEX alimenta a una peligrosa mafia sindical, pero ExxonMobil o Shell bien podrían mantener ahora grupos paramilitares en Veracruz, Tabasco o Chiapas. Es lo que hacían en México antes de la expropiación, lo que han hecho en el mundo y lo que están haciendo en otros lugares, ahora mismo, mientras escribo.

O sea, el petróleo tiene que permanecer como está, bajo propiedad exclusiva e inalienable de la nación.

Lo que se puede considerar, sin embargo, son asociaciones estratégicas con algunas empresas petroleras, ya que mantienen infraestructuras en buen estado, son altamente competitivas, poseen tecnología de punta y desarrollan costosas tareas permanentes de exploración. Esto les permitiría producir petróleo a costos más bajos (gracias a su competitividad y sin el oneroso sobreprecio sindical) y gasolinas y otros productos en instalaciones nacionales, aprovechar mejor las cuencas conocidas, descubrir otras, perforar donde la tecnología que hoy tiene PEMEX no puede hacerlo y darles mayores perspectivas a las reservas –o sea, espantar la amenaza de convertirnos en importadores–. El ejemplo es la paraestatal brasileña Petrobras, que en asociación con compañías extranjeras (tiene el 65%, British Gas el 25% y 10% la portuguesa Galp Energia) acaba de descubrir un megayacimiento cerca de Rio de Janeiro y que en diez años, desde la apertura al capital extranjero en 1997, pasó de ser una pequeña empresa importadora a convertirse en un inminente gran exportador mundial con inversiones lejos de Brasil (incluso en la parte estadounidense del Golfo de México, en nuestras narices), con grandes beneficios para su país.

No se trata de entregar la riqueza nacional al extranjero a cambio de nada, como lo pintan los fundamentalistas. Se mantiene la propiedad del recurso y se permite la inversión bajo normas muy claras que reservan al Estado el control de las operaciones, mientras las compañías extranjeras aportan el know-how operativo, la tecnología y además asumen los riesgos.

Esto no es tan difícil de lograr. Lo hace Brasil y también lo vemos en Venezuela: agresivamente, Chávez les cambió las reglas del juego a las petroleras extranjeras y les dijo, “quienes se quieran quedar –y no sé cuándo decida ponerme más bruto con ustedes–, se aguantan, y quien no, adiós”. ExxonMobil se fue, demandó a Venezuela y consiguió que congelaran sus activos, pero no le duró el gusto y ahora esos dineros están fresquitos y a disposición de Venezuela. Otras empresas aceptaron las condiciones: saben que en la situación actual no es posible perder oportunidades y están dispuestas a jugar casi en cualquier tablero, con cualquier tipo de reglas.

México podría realizar los cambios legislativos necesarios para lograr algo parecido a lo de Petrobras, acaso con algún candado extra tipo Chávez para asegurar la primacía del interés nacional, de manera que pueda atraer las inversiones y tecnologías urgentes para infraestructura, exploración y refinerías, y eventualmente para fortalecerse y salir a competir por concesiones en otras zonas del mundo. (¿Por qué sería traición a la patria establecer un México un régimen de asociación como el que tiene éxito en Brasil?)

Además, y ya que estamos haciendo la lista de regalos para los reyes magos, habría que realizar otros cambios indispensables: desmantelar el sindicato (hace décadas que se situó más allá de los corregible –como el maestros– y debe ser sustituido por una representación más legítima y menos mafiosa; los trabajadores petroleros tendrán que aceptar le pérdida de muchos de sus privilegios) y las pesadas cargas relacionadas, así como seguir avanzando con reformas fiscales que amplíen la base impositiva y terminen con la evasión hasta despetrolizar las finanzas públicas, liberar a PEMEX de la carga fiscal abusiva y al país de la maldición de los recursos.

Ahora, ¿se trata efectivamente de esto? ¿El gobierno, el PAN y el PRI sólo quieren hacer cambios prácticos sin afectar los intereses nacionales? ¿Y qué hay de la experiencia de los últimos 20 años de facilitar la participación privada?

No es que la participación privada tenga algo malo en sí misma. El problema es que en México tenemos mil antecedentes de corrupción en estos ámbitos, quienes están en el gobierno han aprovechado la doble condición de juez y ejecutor para beneficiarse y han puesto importantes sectores (banca, carreteras, telecomunicaciones) en manos de irresponsables, con gigantescas pérdidas para el país, o de monopolistas voraces, con enormes costos añadidos. En un artículo publicado en El Universal, Jorge Zepeda Patterson habla sobre estas dudas, que no sólo son genuinas y fundadas, sino urgentes, ante la posibilidad de que repitan con el petróleo los abusos que cometieron en otros ámbitos: “No hay ninguna garantía de que el descalabro que representó el rescate bancario o carretero no vuelva a repetirse. Los causantes de esa brutal debacle financiera son hoy algunos de los hombres más ricos y poderosos del país. Gracias a la complicidad de las autoridades pudieron devastar la economía de sus empresas y, al mismo tiempo, enriquecerse de manera ilimitada.”

Además, ¿es realmente indispnesable hacerlo? En los medios y en el Congreso se pasean mil documentos contradictorios, cada uno descalificando a los demás, unos dicen que tenemos que entrar en aguas profundas ¡YA!, porque EU se va a empezar a comer una dona en el golfo, otros que no, que todavía hay mucho que extraer de aguas someras: unos dicen que la tecnología para aguas profundas simplemente no está en el mercado y que sólo asociándonos con empresas internacionales tendremos acceso a ellas, otros que no es así, que acudir a pequeñas empresas dedicadas a aportar esa tecnología es normal y que las empresas estatales lo hacen cada vez más; unos dicen que no tenemos los recursos para hacer las enormes inversiones que se necesitan, pero, y esto sí es un argumento irrefutable, debido a los altos precios sólo este año PEMEX tendrá 20,000 millones de dólares más arriba de lo estimado en el presupuesto 2008, ¿no es suficiente?

Por eso creo que si vamos a atrevernos a romper tabúes y exponernos al linchamiento de los inquisidores, es imprescindible que el gobierno y los partidos que promueven esta legislación (cuyos miembros, socios y financiadores, por cierto, son ni más ni menos que quienes se han beneficiado de las corruptelas del pasado) demuestren cabalmente, primero, que es necesario o ventajoso permitir estas asociaciones, y segundo, que se extiendan en ofrecerle a la sociedad las numerosas garantías y candados que nos pemitirían confiar en que todo este ímpetu de reforma no es el disfraz de un nuevo atraco contra el país. No es que crea que se van a robar el petróleo en botellas de cinco litros, pues hay acuerdo en que su propiedad debe permanecer única y estrictamente en el pueblo mexicano, pero sí las muchas comisiones, dádivas, facilidades, arreglos, beneficios, privilegios y contratos para hacer súper negocios.

De hecho, para empezar ya nos están llenando de sospechas: el funcionario designado por el presidente para impulsar la reforma, el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, hizo (cuando era asesor del secretario de Energía, que entonces era el hoy presidente Calderón) negocios con PEMEX que beneficiaron a su familia. En lugar de cortar por lo sano y apartarlo del asunto, el gobierno salió a defender la legalidad de esos movimientos. Probablemente sí sean legales, pero… ¿legítimos? Eso no importa, como dejó bien en claro el líder del PAN, Germán Martínez, cuando le preguntaron si lo que hizo Mouriño fue ético: “La única ética de los funcionarios públicos es la de la ley. Las éticas individuales son otra cosa”.

¿Así es como nos dan confianza? Pues de esa forma, a mí no me dan ganas de dejarme ver por los inquisidores, ¿para qué, para hacerles el caldo gordo a los corruptos? Pero no es tan fácil como esconderse, claro está. A falta de propuestas, los inquisidores sólo tratan de conservar las cosas como están, y en lo que PEMEX está ahora es a punto de irse al carajo. Y con él, el país. Así que tenemos que salir a decir que sí, que urge cambiar las cosas, que hay que reformar PEMEX para que podamos darle aire a nuestra industria petrolera, y si es necesario o conveniente, que hay que abrirles brechas a los tabúes, ¡nada es eterno! Pero no vamos a hacerlo sumidos en la desesperación, dispuestos a aceptar lo que nos quieran poner el gobierno y sus partidos. Primero que nada, tienen que demostrar que no van a hacer porquerías. Pero hasta ahora, como nos muestra Mouriño, lo que hay son sólo manos sucias de petróleo. Así, ni el saludo.

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8 comentarios to “Petróleo en México: A Romper Tabúes, pero con las Manos Limpias”

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entonces Temoris, que hacer? o sea, si los partidos de izquierda dicen NO a cualquier reforma y el de derecha dice SI pero con corrupciones y el PRI le da viada a los dos mientras saque beneficios politicos y economicos, entonces, como generar una reforma benefica???

Yo creo que las cosas se deben quedar como estan mientras que no exista en Mexico una administracion que genere confianza en sus ciudadanos. La corrupcion no se puede terminar en todas las esferas, pero si por lo menos tenemos una direccion honesta, pues eso podria generar menos desconfianza.

No necesitamos otros Fobaproas ni otros Carlos Slims. A la larga, eso ha resultado mucho mas costoso que simplemente seguir el modelo priista de nacionalismo y corrupcion.

Coincido en lo general. Creo que la discusión se ha dogmatizado y en general las posturas antiteticas de ambos lados parten de premisas falsas.

Me parece interesante la comparación con lo que se hace en Venezuela. No está en mi ánimo llevar la discusión por otro lado (porque no es el tema principal del post), pero hace apenas algunas semanas decías que lo de Hugo Chávez eran nacionalizaciones mal hechas. Hoy propones que el gobierno mexicano ponga en práctica políticas como las adelantadas por el gobierno venezolano (o como el brasileño). No entiendo el cambio. Sin embargo, a pesar de tu propuesta, al mismo tiempo dices que eso es ponerse bruto. Ora entiendo menos.

Lo de la Exxon y PDVSA ya ves cómo va; eso no uiere decir sin embargo, que ya PDVSA ganó el pleito. Aún falta por resolverse lo del arbitraje (PDVSA nunca se ha negado a pagar lo que corresponda a la Exxon), pero lo de los tribunales de Londres le salió caro a la petrolera gringa: entre otras cosas, debe pagar las costas procesales, más las indemnizaciones por los daños causados a PDVSA. Exxon decidió no apelar la decisión (las razones son obvias: las posibilidades de revertir el fallo eran nulas y más bien podrían crear más costos procesales). En aquella ocasión comenté que Exxon había dicho que estaba dispuesta a negociar, pero eso en opinión de Témoris no significaba nada. Ahí están los resultados.

No se trata de que cada vez que se habla de Chávez salga uno a defenderlo, sino de poner las cosas en su justa proporción. Cuando aquella discusión sobre Exxon y PDVSA lo que yo esperaba era que las cosas se presentaran de manera equilibrada. La demanda de la Exxon y la congelación de bienes dieron para lanzar afirmaciones sobre el gobierno venezolano (como esa de adelantar nacionalizaciones mal hechas) que luego se probaron falaces. Es posible que el objetivo sea agradar a cierto público para el cual todo lo que hace Chávez es reprobable o tal vez sólo se trate de miedo a que se crea que uno es filochavista.

Con respecto al tema de las reformas, especialmente las que conciernen al sector laboral, y en vista de que veo difícil que los trabajadores petroleros mexicanos acepten de buena gana salir perdiendo (así es como lo van a presentar los sindicalistas) sólo puedo preguntar lo siguiente: ¿es realista pensar que eso se puede lograr?

Aparte de ello, no soy especialista pero entiendo que la doctrina en derecho laboral (recogida en la legislación) establece que no se pueden desmejorar las condiciones de los trabajadores.

Me parece que las reformas podrían correr por los otros cauces que mencionas (asociaciones estratégicas, etc.), pero veo difícil lograr algunas en el campo laboral.

La reforma es necesaria y urgente, pero mientras nuestros políticos solo busquen su propio beneficio no veo como salir de atolladero en un plazo corto, lo peor es q de esta industria depende el país.

Y bueno Domi…. ya sabía que no habíamos cerrado esa discusión y que tarde o temprano ibas a venir a jalarme las patas por ello, aunque la verdad no había tenido tiempo ni ganas de seguir abundando en algo que ya nos había sacado demasiada tinta.

Pero ya viniste por mí, y aquí vamos de nuevo: como señalé en aquel momento, yo nunca dije nacionalizaciones, sino expropiaciones mal hechas. Y el fallo sobre Exxon te da el punto a ti, obviamente. Pero única y estrictamente en ese detalle, que no era el fondo del asunto. (Hay que decir que me da mucho gusto que el fallo haya salido así, en contra de una petrolera mafiosa y a favor de Venezuela.) Lo de que Chávez actúa como un bruto, lo dije entonces, lo sostengo y creo que no hay que argumentar mucho al respecto, pues o que describo es un comportamiento y ése se repite con frecuencia.

Lo que yo quería hacer, al poner el ejemplo de la forma en que Chávez trata a las petroleras, es que estas empresas están tan desesperadas por hacer negocio que aguantan prácticamente todo, incluso a Chávez. Por lo tanto, creo, México está en situación de poner las condiciones que sean necesarias. Una segunda intención era señalar que si muchos de los inquisidores que tenemos por aquí son admiradores de Chávez, no tendría que parecerles traición que PEMEX entre en acuerdos con empresas de la manera en que lo hace Chávez.

Y lo demás que dices, Domi, de que la intención podría ser agradar a cierto público o no parecer filochavista, cómo decirte?, bájale, Domi, no tiene sentido lo que escribes y parece que no me conoces. La única intención –para eso creamos este blog– es analizar este asunto. Ni me paga Exxon ni estoy buscando que Mouriño me dé chamba como su cargapapeles. Yo podría hacer sugerencias al aire como las tuyas, adscribiéndote a oscuros departamentos de algún ministerio chavista, pero sé que no es así y no me interesan usar los argumentos ad hominem para descalificar a nadie.

Saludos a tus bellas.

Y sí, Larisa, la verdad es que con estos partidos –todos– da terror hacer cualquier cambio. Pero la opción es seguir dejando que PEMEX se vaya al carajo, no crees?

Mis respetos Témoris a tu gran análisis sobre la situación de Pemex y las posturas mediocres de TODOS los partidos politicos mexicanos de quinta.

Yo creo que el petroleo es más bien una maldición porque nos hizo flojos a los mexicanos, creiamos que no era necesario invertir en ninguna otra industria, solo sentarnos a extraer las “riquezas”, cuando en la historia moderna NINGUN pais se hizo rico vendiendo un commodity (Dubai? su negocio ahora es la construcción). En su momento la nacionalización parecia una idea sensata (Lázaro Cárdenas puede descansar en paz, su unico error histórico fue promover el corporativismo sindical del que aun padecemos), pero hoy en día la paraestatal es ejemplo mundial de ineptitud y corrupción. Si se queda igual como algunos proponen tronará inevitablemente…ey! seguro eso quieren el PRI y PRD: nuevos pobres a quienes manipular.


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