¿Quiso Colombia Asesinar Mexicanos en Ecuador? ¿Y qué hace el Gobierno Mexicano?

Posted on 17 marzo, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México

El gobierno colombiano sabía que cinco mexicanos desarmados simpatizantes de las FARC estaban en el campamento guerrillero que atacó con fuerzas y táctica destinados a matar a todo el mundo, sin tomar prisioneros ni dejar heridos masculinos. Si esto no es correcto y no lo sabía, el presidente Álvaro Uribe tendría que pedir algunas renuncias en su servicios de inteligencia, porque sus agentes habían estado espiando las actividades de estas personas tanto en México como en Ecuador. En cambio, si esto es correcto y Uribe escogió dar el golpe en el momento en que los mexicanos estaban en el campamento, indica que además de asesinar al líder guerrillero Raúl Reyes, entre los objetivos secundarios estaba el de matar a los mexicanos, tal vez como castigo y lección para los jóvenes que simpatizan con el movimiento insurreccional en América Latina, en general, y en México, en particular, y que los padres de Lucía Morett, la mexicana sobreviviente, y de sus connacionales muertos en el operativo, tienen razón cuando acusan al gobierno colombiano de haber cometido un “crimen de Estado”.

En cualquiera de los casos posibles, las autoridades mexicanas tendrían que enviar una misión investigadora propia y exigir responsabilidades al gobierno colombiano, antes que cualquier otra cosa. En lugar de esto, han permitido que Uribe las arrincone, han contribuido a la justificación de la muerte de sus ciudadanos y a que se cree en México un ambiente de cuestionamiento contra la Universidad Nacional, a la que se pretende linchar retóricamente por las actividades políticas que, en ejercicio de sus libertades, realizan unos pocos de sus 300,000 alumnos. Ante el desprecio y el cinismo del ministro colombiano de defensa, Juan Manuel Santos, quien justificó los asesinatos con el argumento de que “no era precisamente unos angelitos”, la Cancillería mexicana contribuye a la justificación.

Los mexicanos que estaban presentes en el campamento de las FARC cuando éste fue atacado estaban desarmados, vestidos de civil y, según la evidencia disponible, lo que realizaban no eran acciones ofensivas contra el ejército colombiano, sno turismo revolucionario. Pertenecían a la Cátedra Simón Bolívar, una agrupación extra-académica que, como muchos otros grupos estudiantiles, utiliza un cubículo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Desde hace años, el gobierno de ese país había exigido al de México que actuara contra los grupos relacionados con las organizaciones guerrilleras colombianas en su territorio. En respuesta a ello, en 2002, el presidente Vicente Fox ordenó el cierre de la oficina que tenían en Ciudad de México.

Álvaro Uribe y sus ministros, sin embargo, no quedaron satisfechos. Identifican a la Cátedra como uno de los grupos que simpatizan con las FARC y, a la par que mantenían la presión diplomática sobre México para que los desmantelara, realizaron labores de espionaje contra ellos. Esto fue reconocido públicamente por el embajador colombiano quien aseguró además que se trataba de tareas autorizadas por el gobierno mexicano. Al respecto, la cancillería mexicana dijo que no era cierto. Pero, increíblemente, nadie en el gobierno mexicano dijo nada de hacer algo para impedir que el gobierno colombiano siga espiando: ni notas diplomáticas, ni revisión de acuerdos, ni investigaciones, ya no digamos la expulsión de los espías.

Bogotá tenía vigilados a los miembros de la Cátedra. Y, al igual que otros servicios de inteligencia latinoamericanos, realizaba espionaje en el segundo congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana, el encuentro de seguidores de la izquierda insurgente que tuvo lugar en Quito y al que acudieron los mexicanos de la Cátedra. ¿Supo Uribe que también tenían pensado visitar el campamento de las FARC? Eso es muy posible, ya que además de espiar en el Congreso, estaban vigilando el campamento guerrillero para asegurarse de que Raúl Reyes se encontrara ahí en el momento del ataque. Si entre sus objetivos secundarios no hubiera estado eliminar a los mexicanos, el gobierno colombiano, como cualquier otro, hubiera optado por evitar las complicaciones diplomáticas extra que conlleva matar a civiles desarmados de terceros países.

Los miembros de la Cátedra cometieron un error fatal: fueron a Quito, luego al campamento, regresaron a Quito y volvieron e internarse en la selva para ir al sitio donde morirían. Es dable pensar que si a los colombianos se les había escapado la primera oportunidad, no ocurriría lo mismo en la segunda. El ejército colombiano tenía en la mira el campamento y escogió el momento para dar el golpe. No parece casualidad.

Además de ilegal, la operación militar del ejército colombiano es comparable a una masacre. Quien siga de vez en cuando los saldos de enfrentamientos como éste, verá que la cantidad de heridos suele multiplicar a la de muertos, y a la vez, la de prisioneros a la de heridos. Y además, lo más común es que haya bajas de los dos lados. Aquí no. Los colombianos no tuvieron ni un rasguño. No tomaron prisioneros porque la fuerza que emplearon (armas, efectivos y táctica) estaba diseñada para matar a todo el mundo sin dar oportunidad de nada. Fue una lección de brutalidad. Hubo 25 muertos. Y sólo tres heridos. O heridas: parece improbable que la casualidad haya permitido que quienes escaparon a la muerte hayan sido sólo mujeres. ¿La caballerosidad del soldado colombiano? Hay denuncias de que algunos de los muertos recibieron el tiro de gracia, y son creíbles precisamente porque resulta extraño que sólo las mujeres sobrevivieran. Es decir, fueron asesinados, y eso pudo incluir a alguno de los mexicanos.

¿A quiénes les querían dar esa lección? ¿Sólo a las FARC? ¿Al gobierno ecuatoriano? ¿A los mexicanos simpatizantes de la insurgencia colombiana? ¿Quisieron hacerles en Ecuador lo que no pueden en México?

No extrañaría. El gobierno de Álvaro Uribe, y el propio presidente, suelen actuar como matones y no como representantes democráticos. Ahora mismo están a punto de pagarle dos millones y medio de dólares a un asesino a sangre fría, al guardaespaldas que mató a otro líder guerrillero, a quien debía proteger. Dada la calaña del tipo, ya lo podemos imaginar invirtiendo el dinero de los impuestos en matar más gente, traficar drogas u otro tipo de actos criminales. El propio cinismo de su intervención bélica en un país extranjero indica el estado de su calidad moral. Y por si quedaban dudas, el ministro Santos viene a decir que los mexicanos desarmados que mataron bajo sus órdenes no eran “angelitos”: o sea que debemos aplaudirle, él puede decir quiénes se portan bien y quienes mal y deben morir.

¿Reclamó el gobierno de México a Santos por trivializar y justificar de esta forma la muerte de sus ciudadanos? No. La respuesta oficial de la Cancillería fue: “Es preocupación del gobierno federal que ciudadanos mexicanos estén relacionados con una organización como las FARC, conocida por su ilegalidad y naturaleza violenta; por ser autora de múltiples secuestros, actos de sabotaje, extorsiones y actividades de narcotráfico”. O sea, hace a los muertos culpables sin pruebas, ayuda a desvíar la atención: del acto homicida a la simpleza de que no eran “angelitos”.

¿De quién es abogado el gobierno mexicano? ¿De sus ciudadanos? ¿O del de Colombia? ¿Por qué adelanta juicios sin haber investigado? Es como un papá a cuyo hijo otro padre golpeó y que, sin haber ido a ver qué pasó, se apresura a decir: “Me preocupa que esté rompiendo ventanas”.

¿Qué quiere hacer para averiguar las circunstancias de la muerte de sus ciudadanos? La Cancillería le pidió a Colombia “que proporcione a nuestro país cualquier información derivada de las investigaciones que en relación con estos hechos se llevan a cabo”. ¡Quiere que el asesino le cuente cómo mató al niño!

Ya tendría que hacer investigaciones propias (a lo que el gobierno ecuatoriano probablemente accedería, pero México no lo ha sugerido ni por asomo) y exigirle responsabilidades a Colombia con una fuerza sólo menor a la de Ecuador. Pero ni siquiera les proporciona un respaldo eficaz a Lucía Morett, internada en un hospital de Quito, y los padres de los muertos, quienes han dicho que se han sentido mucho mejor atendidos por las autoridades ecuatorianas (el PRD mexicano, un partido de oposición, es el único que se está movilizando para repatriar los cadáveres). No investiga, permite que los colombianos espíen ilegalmente en su territorio y que maten impune y cínicamente a sus cudadanos, y además, por si faltara algo, se deja poner contra las cuerdas: Bogotá está cuestionando con firmeza a Ciudad de México por la presencia de mexicanos en Ecuador y le exige reprimir a los simpatizantes de las FARC, aún sin demostrar que están violando leyes mexicanas.

Extra: el gobierno mexicano, por pasiva y por activa, facilita una operación de linchamiento contra la UNAM: en pasiva porque su inacción diplomática ha creado el vacío en el que los medios mexicanos miran hacia el interior para denunciar a los simpatizantes de las FARC como si fueran delincuentes, y en activa porque sus órganos de seguridad han entregado información a esos mismos medios –información que no viene acompañada de prueba alguna– con la que identificaron a ciudadanos mexicanos como supuestos representantes de las FARC en México –lo cual fue negado por los señalados–.

Es patético el escenario diplomático. Las cumbres de la OEA y del Grupo de Rio permitieron que Colombia se saliera con la suya, apenas con un llamado de atención, sin condena explícita, y con una declaración de Uribe en la que afirmó que se siente con derecho a intervenir en cualquier país en persecución de las FARC, en otro despliegue de cinismo y bravuconería. Esto recuerda a la “ley de invasión de La Haya”, con la que Estados Unidos anuncia que atacará a las naciones que pretendan juzgar a estadounidenses.

Pero es más patética la actitud del gobierno mexicano. Tiene razón al preocuparse por la posibilidad de que sus ciudadanos se enreden en acciones ilegales, sobre todo contra otro país. Pero antes tiene que investigar si eso es cierto. Y todavía antes de investigar y declarar cualquier cosa por el estilo, tiene que protegerlos y, en este caso, asegurar que se juzgue a quienes los mataron, empezando por quienes dieron las órdenes. ¿Acaso cree que Uribe y su ministro Santos sí son “angelitos”? ¿Está dispuesto a desproteger a sus ciudadanos porque un gorila colombiano dice que no son “angelitos”? ¿Para qué tenemos gobierno, entonces? ¿Para qué le pagamos al “chico súper poderoso”, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño? ¿Para que haga negocios familiares con Pemex? ¿Y a los secretarios de Exteriores, Defensa, Seguridad Pública y al procurador general?

Bueno, para ser más concreto: Si no le interesa representar a sus ciudadanos, ¿para qué quería Felipe Calderón ser presidente?

ACLARACIÓN NECESARIA: Considero que los dirigentes de las FARC son criminales peligrosos. Pero lo importante en esta nota no es ese grupo, sino las víctimas del ataque.

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11 comentarios to “¿Quiso Colombia Asesinar Mexicanos en Ecuador? ¿Y qué hace el Gobierno Mexicano?”

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Turismo revolucionario??? dime con quien andas y te dire quien eres…..

No sabía el punto de que solo habían sobrevivido solo mujeres y lo del tiro de gracia… lo peor de todo es que no se ha solucionao nada y no quieren esclarecer realment poru´q a ellos solamente

Hola, Témoris. Es terrible lo que escribes acerca de la desprotección del gobierno mexicano a sus ciudadanos. Y lo que dice colombia es un asco,vi el encabezado de que no eran angelitos y caramba e tipo ni siquiera tiene vocabulario sufiiente para referirse a los mexicanos que estuvieron en el campamento de las FARC. Es un asco todo esto, a mi Álvaro Uribe en lo persona se me hacía un pelele pero aparte de eso ya vi que es un desgraciado.
Lo de linchamiento a la Universidad no me extraña, siempre hacen lo mismo y si esos cuates estaban apoyando o eran parte de las Farc o lo que sea siempre es una decisión personal, la escuela, como dices, permite la libertad de expresión y pensamiento, y pobres de ellos q creyendo en un ideal, no quiero calificarlo pero pienso que sí es una tontería arriesgarte tanto y más por algo que no beneficia de iguna manera a alguien. En fin estos chavos actuaron por su cuenta y riesgo no inducidos por la Universidad y es una pena su muerte.
Lo único que alego es q es ese terminajo de turismo revolucionario, Témoris, quizá tú no lo inventaste pero qué estupidez, la revolución es tal es acciones concretas, fuertes no paseos. Puedo entender que los chavos fueran a hacer investigación pero no a turistear. una revoución no puede dulcificarse con adjetivos, es eso un cambio drástico, y si esos chicos fueron con esa idea del turismo revolucionario más lástima me dan sus muertes y heridas.
Saludo Sandy Warhol

Yo me inclino por tu segunda teoría, ellos sabían q había mexicanos en el campamento y aun así actuaron. Y una sonrisa con amargura al imaginar lo q haría una comisión investigadora jaja, esas cosas no sirven para otra cosa q no sea sangrar al erario… triste pero real.

Lo peor sería justamente eso, que México haya sabido de sus mexicanos ahí y, aún así, haya consentido el ataque.

Si no hubo un reclamo del gobierno mexicano fuerte fue, uno, porque no se quería entrar en lo que al principio parecía un juego de provocación de Chávez para meter a México en el conflicto sudamericano (el hecho de decir que parecía haber muertos mexicanos aunque todavía no se habían identificado).

O, dos, que Colombia pidió “permiso” a México para atacar sin que éste fuera a hacer luego un gran escándalo diplomático.

México, como decía Témoris, ya había desmantelado no una, sino cuatro oficinas de las FARC (que parece que ahora operan desde Montreal) y está con ello claramente metido en contra de esas células terroristas en el país.
Y.

Lean en La Jornada del 18 de Marzo, página 21, en la sección Opinion, el artículo de Luis Hernández Navarro, titulado: Alvaro Uribe, señor de las sombras y Los Pinos.

[…] pero la presunta muerte de un ciudadano ecuatoriano en los hechos -en los que también murieron ciudadanos mexicanos- y las cínicas declaraciones del Ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, parecen […]

Me pregunto que pasaría si hubiera sido al revés: si estudiantes colombianos hubieran sido apresados (y algunos hubieran caido) después de una confrontación entre el ejército mexicano y los zetas, y que al interrogarlos dijeran que solo son estudiantes que hacían un trabajo sobre “el narcotráfico en latinoamérica”, como nos sentiríamos? mas o menos eso siente el pueblo colombiano en estos momentos.

Y me da verguenza que en este país muchos medios formales e informales hayan aprovechado este caso para plantear a sectores de la sociedad desprotegidos intelectualmente que lo que ocurrió fue una “masacre” entre los “héroes bolivarianos” de las FARC. No debemos olvidar que este grupo ejecuta campesinos que no quieren sembrar droga, que protege y es aliado de grandes cárteles, que secuestra y asesina civilas de todas condiciones sociales, porque no dicen la verdad sobre las FARC?

Francamente los comentarios de Leo Peragallo, me indignan ya que hace una comparación totalmente desacertada, si no rayando en la burla. Aludiendo al caso que propone, la enorme diferencia es que a esos colombianos se les habría dado al menos la oportunidad de explicar los hechos. Si se tratara de colombianos asesinados en México sería igualmente reprobable y demandaría una explicación, cuando menos. Me parece que el presidente Uribe es un asesino y que ningún ciudadano debería ser asesinado bajo ningún argumento. La estrategia que quiera seguir Uribe en su país la juzgaran los mismos colombianos, sin embargo el argumento para justificar los asesinatos con el agravante de haberlo hecho en otro país y que eran ciudadanos extranjeros me parece demasiado cínico.
En lo que a mí respecta me indigna y creo que la vida de cualquier ciudadano sin importar la nacionalidad es igualmente valiosa, ¿o es acaso que la vida de un colombiano vale más que la de un mexicano (como parece justificar su acción Uribe)?. Creo que es lamentable la respuesta que ha hecho Uribe y me parece un demente pero más aún lo pienso de aquellos que lo justifican. Entiendo que se trata de un país en guerra, y que en esa situación los países latinoamericanos deberían colaborar en alguna medida. Para eso deberían existir acuerdos internacionales. Sin embargo el intervencionismo directo y acompañado además de acciones ilegales que violan los derechos humanos más fundamentales es algo totalmente inaceptable.

No sé cuál sea la estrategia de Uribe, pero la verdad por ahí no pinta resolver nada, como no lo ha hecho desde que participó en los grupos paramilitares.
Estoy de acuerdo con las críticas a la pasiva y casi inexistente actividad diplomática en México y lamento que la imagen internacional de la mejor Universidad de Iberoamérica se cuestione de esta manera.

La Guerrilla no es un grupo terrorista, NO MAS QUE EL MISMO ESTADO COLOMBIANO, es fruto del desprecio y el maltrato hacia nuestros hermanos colombianos, el inconformismo y las necesidades jamas satisfechas por parte del gobierno regular.
LAS FARC DEBEN SER DECLARADAS COMO BELIGERANTES YAAAAA.. son mas de 40 años en lucha de esos ideales…
Los que no conocen las FARC no tienen calidad moral para entromeneterse en esos asuntos ni emitir criterios sin fundamento..


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