México: La Reforma Judicial y el Peligro del Arraigo

Posted on 14 marzo, 2008. Filed under: Alejandro Pérez Corzo -D.F. | Etiquetas: |

Por Alejandro Pérez Corzo / Ciudad de México

Uno de los mayores pendientes en los países que transitan a la democracia desde la caída del comunismo (lo que Huntington llama tercera ola democratizadora) es la impartición de justicia. La justicia (dar a cada quien los suyo, según Ulpiano) es prácticamente inexistente en lo regimenes autoritarios, no es requerida, el “líder” da a cada quien lo “suyo”. No obstante que existen formalmente órganos jurisdiccionales, “poderes judiciales”, son inoperantes.

El caso mexicano no se abstrae de los razonamientos antes planteados. La jurisdicción (decir el derecho, impartir la justicia) fue, a la quiebra del sistema político autoritario, una de las funciones del poder estatal más dañada. En México, según cifras del Centro de Investigación para el Desarrollo CIDAC, basadas a su vez en cifras oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la impunidad alcanzaba para el año 2000 el 96%, en los delitos denunciados, es imposible de calcular la cifra negra de los no denunciados. El crimen organizado, primordialmente el narcotráfico, atizado por el aumento en la demanda desde los EUA y el tráfico de armas de alto poder desde el mismo país hacia las mafias mexicanas, ha sido un componente catalizador del problema, escalando la violencia en todos sus niveles.

El panorama ciertamente alarmante ha sido nido fecundo de ideas para el acotamiento de derechos fundamentales a niveles aberrantes.

El caso particular es que hace unos días se aprobó en el Congreso de la Unión de México la, denominada por algunos especialistas, “reforma judicial” para tener mejores elementos para combatir al crimen e impartir de manera pronta y expedita la justicia, fundamentalmente justicia penal. La reforma contiene, a mi juicio, elementos destacables como la oralidad de los juicios, la creación de jueces coordinadores del Ministerio Público, enviar a juzgados de paz delitos patrimoniales de menor cuantía, etc. Sin embargo se trató, en la iniciativa original, de autorizar los cateos policíacos sin previa orden de un juez, medida que por evidentemente inaceptable no fue incluida finalmente. Pero la alarma generada por los cateos permitió que se elevara a rango constitucional (cierto es que falta la aprobación de la mayoría de las legislaturas locales para que la reforma constitucional surta efecto) el arraigo, cosa que en mi particular punto de vista es inaceptable y a continuación me explico.

El arraigo como medida de seguridad para que un presunto delincuente no huyera del muy corto brazo de la ley no es nuevo y bajo algunos parámetros puede resultar aceptable. En muchas partes del mundo a la gente se le ordena que no salga del país o de su ciudad mientras se lleva a cabo una investigación, lo cual ciertamente limita alguna de sus libertades, como la de tránsito, pero no se le priva de otras cosas. En México, ante la nula capacidad de investigación del Estado, de unos años para acá se puso de moda el “primero te arraigo y luego te investigo”, eso en buen español se llama “pesquisa” y está prohibida desde la época de la colonia, con la modalidad de que no es un arraigo territorial sino una privación de la libertad de facto. En un principio se usaban hoteles (de la peor ralea) para arraigar a los “presuntos”, eran lugares en donde no había ni que comer ni como bañarse, y luego llegamos al desarrolladísimo punto de crear un Centro Nacional de Arraigos, una cárcel de facto. En el argot judicial se dice que una orden judicial de arraigo de 30 días es como un vaso con agua, no se le niega a nadie.

El punto es que solo a una ínfima parte de los arraigados se los acusa formalmente y se los somete a proceso penal, por lo tanto, la gran mayoría sin deberla ni temerla fueron privados de la libertad, sin ser formalmente acusados de absolutamente nada y siendo completamente inocentes. No sé ustedes pero yo no me imagino diciendo en mi empleo que voy a dejar de asistir por treinta días a trabajar, evidentemente me quedo sin trabajo. El arraigo, en la modalidad que la incompetencia investigativa del Estado Mexicano ha usado, es una monstruosidad indigna de un país que pretende transitar a la democracia real, priva no solo de poder moverse libremente de una ciudad a otra, sino que priva de la libertad, del derecho al trabajo, del derecho a la fama pública y además arroja resultados paupérrimos en términos de procesos iniciados y sentencias condenatorias. Hago votos porque como sociedad civil estemos en tiempo de que se escuche nuestra voz y la mayoría de las legislaturas estatales no permitan que seamos ciudadanos de cuarta y a la policía se le den instrumentos de “primera” para obtener resultados de octava.

Otro punto relevante e inaceptable de la reforma será la privatización de la acción penal en la que el Ministerio Público pierde protagonismo y el Estado por ende claudica en el monopolio del ejercicio de la fuerza por lo que la acción penal será ejercida, al menos de manera efectiva, solo por los grandes despachos de la grandes corporaciones. Tema aparte prometido para otro post.

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Talvez peco de incrédula, pero yo creo q nada de eso servirá mientras prive la corrupción, q es el problema de fondo.


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