Luces, Cámara, Acción… Y Yo en Chanclas

Posted on 25 febrero, 2008. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , |

Por Eileen Truax / Hollywood

Sábado en la mañana: abres el refrigerador y se acabó la leche, así que te pones lo primero que encuentras y sales a la tienda de la esquina. De pronto, el pánico: una fila larga de limosinas hasta la esquina y un montón de mujeres rubias en todas sus variantes caminando por la calle en tacones plateados a las nueve de la mañana. Dios mío, y yo en chanclas.

La situación no debería agarrarme desprevenida. Desde hace cuatro años vivo en el barrio más famoso de Los Ángeles, para algunos tal vez del mundo: el glamoroso Hollywood. Un área de la ciudad ubicada al pie de las montañas que tienen sobre ellas el famoso letrero con el mismo nombre, que en 1911 recibió a su primer estudio cinematográfico, en 1913 se vio su primera filmación bajo la dirección del cineasta Cecil B. de Mille, y en las décadas siguientes vería florecer la industria hasta llegar a la época dorada de los años 1950 y 1960.

Sin embargo las cosas cambiaron en las décadas posteriores, y con la retirada de los principales estudios a otras ciudades, como la vecina Burbank del otro lado de las montañas, Hollywood dejó de ser la meca geográfica del cine americano. En las décadas de los setenta y ochenta se convirtió en un centro de producciones baratas, distribución de drogas y prostitución, y en los noventa pasó por un proceso de recuperación que permitió su surgimiento como un vecindario más o menos ordinario de clase media en la zona noroeste de la ciudad.

Hollywood hoy está habitada por una población diversa, 60% de la cual es de origen hispano. En su área sureste viven familias trabajadoras en pequeñas casitas o condominios, mientras que la zona noroeste es la parte histórica del barrio: el Paseo de la Fama, con sus estrellas rosadas en el piso; el Teatro Chino, el Teatro Kodak, el Hotel Roosevelt, las tiendas de souvenirs, edificios que en su momento fueron habitados por gente “del medio” y por aspirantes a estrellas –algunos de los cuales lo lograron. Pero también hay decenas de edificios de apartamentos donde viven jóvenes y no tan jóvenes que aspiran a colocarse en la industria; hay algunos músicos, periodistas, diseñadores, muchos estudiantes y muchos extranjeros en busca del sueño americano. Los mismos que sacan a pasear a sus perros en bata, los que salen a la esquina a comprar la leche o buscan un lugar para estacionar su auto, como en cualquier otro vecindario. Y entonces se topan con los preparativos para la ceremonia del Oscar.

Todo empieza un par de semanas antes: autos de la policía patrullan la zona, mientras grúas, camiones con equipo y con enseres escenográficos arriban a Hollywood Boulevard, la calle sobre la que se ubica el Teatro Kodak. Uno sabe que ya sólo falta una semana porque los helicópteros sobrevuelan la zona día y noche, con más frecuencia conforme se acerca la fecha del evento, cada vez más bajo durante las noches. Si algún vecino tiene la suerte de vivir en un apartamento cuya ventana da a la calle, debe evitar andar sin ropa en casa porque nunca se sabe de dónde saldrá una cámara. Si uno sale a comprar el periódico, más vale ir bien peinado: muy probablemente en algún punto del recorrido un reportero y/o camarógrafo de Taiwán, Barcelona, Cartagena o Budapest estará grabando algún reporte con información previa a la ceremonia, leyendo los nombres de los nominados o especulando sobre el clima para el gran día.

Los Oscar se entregan en domingo. Un lunes antes, la calle se cierra para empezar a instalar la alfombra roja, cuya extensión va de una acera a la otra a lo largo de toda una cuadra. Líneas de gradas se instalan en un extremo, en donde se sentarán personas del público que fueron sorteadas a través de una página de internet meses antes. Del otro, las estaciones de televisión arman los pequeños escenarios donde sus conductores entrevistarán a los actores a su llegada. Marañas de cables se enredan a lo largo de la calle y sobre las aceras. Y para los que caminamos sobre ellas, un par de calles nada más para ir al metro, el recorrido se vuelve una prueba de destreza y buenos reflejos mientras uno oye los “sorry for the inconvenience” de los organizadores.

Salir en auto es más temerario aún. Tal vez logres salir de tu casa, pero conforme pasen los días te será más difícil regresar. Si tienes un familiar que viva en otro lado, lo mejor es ir a quedarte con él. Dos días antes la mayoría de las calles a la redonda tienen una prohibición para que haya autos estacionados en la calle, así que si no cuentas con un lugar en tu edificio para hacerlo, buena suerte. El día del evento debes comprobar de alguna manera que vives donde vives para que te dejen pasar.

Lo curioso de esto es que ninguno de los vecinos tiene ni una remota posibilidad de participar en el asunto. Para cruzar por donde se está instalando el numerito hay que tener una acreditación que obviamente, sólo los involucrados tienen (y las rubias en tacones que asisten a los varios eventos previos durante toda esa semana). Tal vez te quieras dar una asomadita, sólo para ver cómo se ve, pero no puedes; debido al elevadísimo costo que pagan quienes compran los derechos de la transmisión, toda el área que abarca el campo visual de las cámaras es bordeada por mallas de metal de más de dos metros de altura forradas con plástico negro, y ni estirando el cuello puedes ver los preparativos, ni a los periodistas, ni a Johnny Depp con su esmoquin negro al momento de llegar.

El resto del año vivir en Hollywood es divertido. Cuando paso frente al Teatro Chino, rumbo al Metro, suelo saludar a los Hombre Araña, Dart Vader y Bob Esponja que buscan tomarse una foto con los turistas. Y por muy mal humor que tengas al levantarte, caminar sobre los nombres de Groucho Marx, Pedro Infante y Elton John termina poniéndote de buenas. Pero durante el último domingo de febrero para los que vivimos aquí, a dos cuadras del Kodak, la mejor manera de pasar la tarde es quedarnos en casa, prender la tele y disfrutar de la entrega acostados en un sillón, tal como lo harán los espectadores de Taiwán, Barcelona, Cartagena o Budapest.

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5 comentarios to “Luces, Cámara, Acción… Y Yo en Chanclas”

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Jamás he ido a Hollywood (y dudo q alguna vez lo haga), talvez por eso nunca lo imagine como una ciudad en toda regla, con tiendas, departamentos y gente común y corriente viviendo ahí, yo siempre pensé q todo era glamour. Gracias por la lección urbana.

no no nono, chila eres mi ìdola!

yo lo màs cerca que estuve de algo parecido fue en la cumbre iberoamericana, cuando ya por poco me atropellaba la comitiva por cruzarme la calle sin fijarme…

Otra gran crónica Mrs. Truax. Llevo como 6 meses viviendo por aca, y de vez en cuando me echo mis escapadas por esos lares, y siempre se encuentra algo diferente. Sigue pendiente ese café.

Jajajaja, de verdad te imagino en chanclas caminando a lado del glamouuur holguodense. Como siempre un placer leerte Eileen.

Saludos

Casi igualito que el panormama de la condechi, un mega abrazo chica…


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