Tíbet: La Reencarnación a Referéndum

Posted on 18 febrero, 2008. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , |

Por Témoris Grecko / Ciudad de México 

En los días en que los monjes budistas de Birmania (Myanmar) llamaban la atención del mundo en su fracasado reto a la dictadura militar de su país, en el Tíbet los lamas enfrentaban a la policía china sin cobertura mediática. La censura de Beijing sólo nos ha permitido enterarnos de esto por rumores. A fines de los 80, las protestas contra la dominación de su país que miles de monjes y monjas encabezaron fueron reprimidas brutalmente. En esta ocasión, el origen del problema fueron tareas tipo “hágalo usted mismo” que los religiosos realizaban en sus templos: estaban pintando en las paredes símbolos auspiciosos por la entrega a su máxima autoridad espiritual, el dalai lama, del mayor reconocimiento civil de Estados Unidos, la Medalla Dorada del Congreso. Las autoridades chinas decidieron impedirlo. No es posible conocer el saldo de víctimas, ya que a pesar de que se están flexibilizando los controles a la prensa con miras a las Olimpiadas de 2008, el acceso a la información sobre el Tíbet continúa tan estrangulado como siempre.

Excepto por algunos datos. Que pueden ser sorprendentes. Tanto como un Partido Comunista al que le da un inesperado acceso de espiritualidad y misticismo. O como un dalai lama que propone cambiar las urnas de oración por las de votación.

En todos los países de tradición budista, los monjes son numerosos y omnipresentes. En China, en cambio, la revolución cultural de Mao Ze Dong logró reducirlos y marginarlos (excepto en el Tíbet). En Tailandia o Laos no pasa un día sin encontrar a decenas de ellos, pero en tres meses en el gran Reino del Medio, sólo vi a tres. “La religión es el opio del pueblo”, dijo Marx, y el Partido se lo toma muy en serio. Por eso resulta extraño que haya decidido hacer aprobar una ley dedicada a regular el descubrimiento y manejo de las reencarnaciones de los “budas vivientes”.

No hay ironía en el decreto: con toda seriedad, se establece que “la reencarnación de un Buda Viviente sin la aprobación del gobierno es ilegal”.

Pero no estamos asistiendo a la fundación del comunismo esotérico. Desde hace 30 años, el Partido es más pragmático que ideológico y su apuesta es por adueñarse de la identidad del Tíbet.

Las grandes figuras del budismo tibetano son consideradas “budas vivientes”, reencarnaciones de los grandes lamas del pasado. Tenzin Gyatso, el dalai lama de nuestros días, es la vida número 14 de un monje que nació en 1391. Tras la invasión china de 1949 y su escape a India en 1959, Gyatso ha sido la encarnación efectiva del alma de un Tíbet autónomo, con cultura y tradiciones propias. Los esfuerzos de Beijing por convertir a la región en otra entidad de los han (que son la etnia dominante en China) se topan con la resistencia pasiva de los tibetanos, motivados por la guía del dalai lama.

La nueva ley está destinada a dar sustento a una operación de control político que tuvo un ensayo general en 1995. En mayo de aquel año, el dalai lama anunció que la búsqueda de la undécima reencarnación de la segunda autoridad budista tibetana, el panchan lama, había tenido éxito y presentó a un niño de seis años. Fue la suerte y la desgracia del infante, porque nunca se volvió a saber de él después de que el gobierno chino anunció que lo rechazaba y que el proceso de identificación continuaría bajo la dirección de un miembro del politburó del Partido. El drama culminó con un grupo de jerarcas comunistas presidiendo una ceremonia en el gran templo Jokhang, de Lhasa, en la que los nombres de tres muchachos, grabados en piezas de marfil, fueron introducidos en una urna de oro de la que, entre inciensos y cánticos, fue extraído el que supuestamente correspondía al panchan lama reencarnado. A Mao lo hubiera fascinado verlos ahí, con hoz, martillo y velitas.

El presidente chino, Hu Jintao, creó su reputación actuando como temible secretario del Partido en el Tíbet. Sabe bien que no logrará conseguir la hanización de ese pueblo sin un dalai lama manejable. Por su parte, Tanzin Gyatso, que ya tiene 72 años, está tan consciente de la intención de Beijing de arrebatarles a los lamas la búsqueda  de su reencarnación (y, presumiblemente, también del riesgo de que el budismo tibetano sea liderado por décadas por un niño que debería nacer después de que él muera), que ha revirado con una propuesta tan poco apegada a las tradiciones religiosas como el buscar budas reencarnados lo está de los principios comunistas. La lucha por el dominio del Tíbet ha aplastado toda ortodoxia.

Para empezar, hace años anunció que tal vez no reencarnaría en el Tíbet, como dice el rito, sino fuera de China: el nuevo dalai lama nacería lejos del control del gobierno. La jugada del Partido amenaza, no obstante, con adelantar la mano. Así que Gyatso sacó un as inesperado, el de que su reencarnación podría ser designada por él mismo o por lamas de gran autoridad sin que haya necesidad de esperar a que muera. Todavía más: su último planteamiento es que no sean ni él ni el Partido, sino los tibetanos los que elijan/identifiquen al dalai lama reencarnado mediante votación en un referéndum.

Así no sólo estaríamos viendo la inauguración del materialismo karmático, sino también la de la teología democrática y la teoría de la doble vida simultánea. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, es otra frase posmoderna de Marx. Pero la pronta selección de un sucesor podría darle al nuevo dalai lama la oportunidad de ganar legitimidad frente a los tibetanos antes de que el actual fallezca y se produzca un vacío que le dé a Beijing la oportunidad de robarles no sólo el país –el cuerpo–, sino también su representación –el alma–. La inauguración el año pasado del primer ferrocarril que une Lhasa con el resto de China, más allá de un hito tecnológico, es un poderoso impulso a la recolonización del Tíbet por los han, a la conversión de los tibetanos en minoría dentro de su propio territorio. A falta de perspectivas realistas de detener esa invasión demográfica y liberar el Tíbet, asegurar la permanencia de la figura de un dalai lama autónomo es la última esperanza de sobrevivencia para una gran cultura milenaria. Aunque parezca raro que los fieles voten para ver en qué niño reencarnó un señor que no se ha muerto.

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3 comentarios to “Tíbet: La Reencarnación a Referéndum”

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me fui de espaldas como condorito.

Nunca hubiera imaginado q ni a ellos los dejaran en paz, no cabe duda de q la política es el mejor escaparate de las miserias humanas. Ya estas en México Temoris? Me encantaría poder saludarte si andas por acá y prometo no pedirte q me acompañes a mi casa jajaj.

Me preguntó si existirá la posibilidad de un “caucus” ( palabra tan de moda por estos días) para elegir al futuro dalai lama ? y…
¿ Cómo será, Témoris, eso de doble vida simultánea ? Suena “total”.

Y si éste no nace en el Tibet, ¿será “otro enviado” dando vueltas por algún país?


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