Olvidar a los Italianos

Posted on 4 febrero, 2008. Filed under: Danae Berumen -Exótico Oriente | Etiquetas: , , |

Por Danae Berumen / Koh Samui, Tailandia

A muchas de mis amigas les encantan los italianos. Yo digo que no es más que el lugar común porque lo de ellos es la lengua, y no la que hace dar saltitos, sino los piropos y el coqueteo y el yo-qué-sé de hablar mucho que a final de cuentas no llegan a nada. Muchos están guapos, eso sí (excepción hecha de Tiziano, que a todas nos ofendió -un saludo a las encantadoras mexicanas), pero caminar a solas, en minifalda negra con mallones, por un callejoncito veneciano y que tres guaperas te describan la luna pero no te sigan cuando al final les das una mirada -y hablo de una buena-y-detallada-mi-ra-da-, te deja pensando que estos flacos alardean de una valentía de la que carecen.

Por eso no me sorprende que su gobierno supuestamente de-izquierdas se haya caído tan fácilmente (lo de ellos no es tener gobiernos sólidos ni duraderos, no hay duda, y me pregunto qué nos dice eso de sus hombres), ya se veía venir. Lo que me desespera es lo que van a hacer.

Las izquierdas italianas llegaron al poder, bien. Para ello se deshicieron de Silvio Berlusconi, ¡bárbaro! Berlusconi es todo lo que odio en un italiano: sonrisas falsas, protagonismo desbordado, desesperación desmedidamente exagerada por ser el centro de atención, abuso de la cosmética y un vacío interior tan amplio como el de mi estómago cuando yo era una quinceañera anoréxica que modelaba en Rio. Mi pasión por Ferrari y Gucci (mmm… marcas italianas) no lo revela, pero siempre he deseado que gane la izquierda. Y si además arroja a Berlusconi a comer bazofia al basurero de pizzeria al que pertenece, ¡qué mejor! Pensé que se trataba finalmente de la evolución que tanto esperábamos en los italianos. Incluso me planteé volver a visitar mi querida Florencia, donde tuve un pequeño estudio cuando estudiaba grabado y literatura toscana.

Pero Romano Prodi no consiguió permanecer allí más de 20 meses. Por un lado, es una más de las nos debe la izquierda, siempre tan extremadamente dividida y dada al pleito villero. Miren a los kirchneristas nomás. Por el otro, es como injusto cargarles todas las culpas a los rojos: también son los italianos. El único primer ministro que ha logrado terminar los cinco años de su periodo parlamentario en las últimas seis décadas es, vergonzosamente, Berlusconi. Quien hizo tal cosa en su segunda oportunidad en el gobierno. Esto, permítanme insistir, es relevante, porque los italianos ya lo conocían, sus exhibicionismos y su abierta manipulación de las leyes para beneficio propio (¿cuántas veces no hizo que el parlamento cambiara la legislación para desaparecer los delitos por los que los jueces lo estaban procesando?), y a pesar de ello ¡lo reeligieron! Yo me pregunté muchas veces por la salud mental de esa gente, en serio, y perdí interés por visitar una nación de autistas.

Luego vino Prodi (también por segunda vez), montado en una coalición muy débil y contradictoria (que iba desde los comunistas intransigentes -que por esta vez, para su crédito, más o menos transigieron- hasta la derecha “moderada”) en la que un partiditito de católicos inmoderados, Udeur, con sólo tres senadores, era el que le permitía tener una mayoría. Y entonces pasaron dos cosas: primera, un fiscal abrió una investigación por corrupción contra el capo de Udeur; dos, la izquierda, que se supone que tiene que hacer su trabajo de ser izquierda, puso manos a la obra y obtuvo el apoyo de Prodi al aborto y al matrimonio gay. Resultado: el capo de Udeur se enojó por la investigación y el dulce Papa Benedicto XVI ordenó que los católicos le voltearan la cara a Prodi. El partiditito votó contra Prodi, su gobierno cayó y, santo George Clooney nos coja confesadas, ¡Berlusconi va de nuevo! Y se da el lujo de exigir a los italianos no sólo que lo reelijan, sino que demanda: “Quiero una gran mayoría tanto en el Senado como en la Cámara Baja”. Y podrían dársela.

Con su gran sonrisa, sus oscuros ojos de largas pestañas y sus rulos coquetos, mi querido amigo Giorgio, que lleva estos 20 meses insistiendo en que ahora sí lo visite, se va a tener que quedar esperándome en su casa de Bari (¡si vieran qué bonita es la terraza que tiene frente a la playa!… ¡ah, y cómo cocina el hombre!). O que venga a buscarme a Tailandia (aunque podría crearme una situación incómoda, tal vez no sea tan buena idea), ¡yo no voy más a Italia! Bueno, dejemos el extremismo en stand-by, mejor espero a las elecciones que se acercan.

Pero, si los italianos eligen a Berlusconi por tercera vez (por san Brad, ¡por tercera vez!), en serio que vamos a tener todos que olvidarnos de ellos, quedará claro que son un caso perdido de masoquismo improductivo (porque no es sensual), crónico y patético. Quedémonos con la Italia antigua, la de los césares en campaña y las esposas ninfómanas, e ignoremos a la de ahora, una mega-bota llena de botox. Qué decepción.

Post data: ¡Aquí estoy de nuevo! Ya llevaba un tiempo calladita, una se la pasa tan bien en estas islas tailandesas que le gana el deseo de desligarse de la política global. Pero los chicos de Mundo Abierto no se olvidan de mí y me recuerdan que yo tampoco tengo que olvidarlos a ustedes. A Billabong (se llama Brian pero desde su tabla de surf hasta su ropa interior es de esa marca y a todo el mundo se le fue su nombre, menos a mí) le encanta oírme susurrar en castellano y ahora también quiere aprenderlo, así que leer esta súper revista-blog le servirá de ejercicio. Quiero agradecer a Témoris y a Domingo por la invitación a escribir, y además envío un saludo especial a Mariela, Joserro, Victoria y Chava (¡eeeh, Chavita, si querés entrevistarme para tu revista sólo decime, y podés sacarme fotos!).

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5 comentarios to “Olvidar a los Italianos”

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Querida, permiteme el descaro hispánico, solo
decirte que me encanto tu artículo, tanto el
fondo como la forma.

Si los miras y no te siguen es porque son hijos de Ulises, también conocido como Odiseo.

Danae:

bienvenida a bordo…

Nunca me han llamado particularmente la atención los italianos, voy a poner más atención prometido.

Aja, y adios franceses, ingleses, toda europa, toda asia, media America, que vamos a visitar entonces? Cuba?


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