Líder capacitado con personalidad idónea, se busca para dirigir un país

Posted on 31 enero, 2008. Filed under: Yolanda Yebra -Buenos Aires | Etiquetas: , , |

Por Yolanda Yebra / Buenos Aires 

  Buenos días.

  Buenos días (responde ella).

  Encantado de conocerla señora Clinton. Pase, por favor. Tome asiento. 

Ella, de 61 años de edad, peinada de peluquería, vestida con traje sastre y maquillada sin excesos, como dicta la ocasión, estrecha la mano de su anfitrión esbozando una sonrisa. Se sienta sin entrelazar las piernas y apoya sus manos, superpuestas, sobre la pequeña mesa circular del despacho. Sabe que entrelazar sus manos habría sido una señal de autocontención y que cruzar las piernas habría transmitido autoprotección. Lo evitó. Va preparada.

Mirando al experto en Recursos Humanos, ella espera unos segundos. Él saca unas hojas impresas de una carpeta azul oscuro estampada con el escudo de los Estados Unidos y dice:

  Le voy a entregar un cuestionario con 153 preguntas. De las tres posibles respuestas para cada pregunta –mucho, poco o nada–, sólo tiene que marcar aquella con la que más se identifique. En veinte minutos paso a recoger el cuestionario y luego le acompañaré a la entrevista con el comité de selección. ¿De acuerdo?

Ella, abogada, senadora, ex primera dama, madre, esposa y candidata a la presidencia, asiente en voz alta. Echa un vistazo al cuestionario y, cuando el psicólogo se va, empieza a marcar las casillas del psicotécnico.

1. Para mí es muy importante dejar una profunda huella en las personas con quienes me relaciono. X

2.  Sé mantenerme con muy poco, resguardando aquello que pueda servirme a futuro, en especial datos e información relevante. X

3. Soy una persona independiente, autosuficiente y quien pone las reglas del juego. X

4. Cuando tengo la razón, tiendo a defender mis posturas de forma racional, rígida y a veces…

Casi cuatro respuestas, entre 12 alternativas, cada 30 segundos no dan para manipulaciones, por más inteligente que se sea. Repartir veinte minutos entre 453 opciones basta para que el cuestionario del eneagrama –que plantea del derecho y del revés mil asuntos vinculados con la intuición, la emotividad y lo cerebral–, deje a la señora Clinton al descubierto, mucho más de lo que a cualquiera le gustaría.

Pero a la candidata no le queda más remedio. Antes de someterse al voto de los electores, debe someterse a un comité integrado por los mejores expertos del país en selección de personal. Este comité, que también evaluará a los demás aspirantes, emitirá un veredicto irrefutable: el carácter de la señora Clinton es o no es adecuado para asumir la dirección de la mayor potencia económica y militar del mundo.

Pasados los veinte minutos, el examinador entra en el despacho. Ella le entrega el cuestionario y él la invita a seguirle a una sala de juntas contigua.

 Después de usted, señora.

Ella traspasa el umbral y su mirada se topa con los siete miembros del comité. Tres hombres. Cuatro mujeres.  Hoy es mi día de suerte, piensa. Pero, tras un saludo protocolar, empieza a dudar sobre la supuesta conveniencia de un “jurado” con mayoría femenina.

 ¿Por qué quiere ser presidenta?, señora Clinton. ¿Para qué?

 ¿Cuál es su mayor virtud y su mayor defecto?

 ¿Se considera feminista?

 ¿Por qué defendió a su marido después de que mintiera a los estadounidenses sobre sus relaciones extramaritales?…

 Si su hija tuviera un gravísimo problema que requiriese su inmediata asistencia y, al mismo tiempo, surgiera un asunto de Estado que también demandase de ipso facto su intervención, ¿qué asunto atendería primero?

Una hora bajo el microscopio, a merced de un interrogatorio impiadoso, y 24 horas por delante para conocer en qué tipo de personalidad encaja la de la señora Clinton entre los nueve posibles del eneagrama, una herramienta de conocimiento tan antigua y mística como renovada y práctica, que ya empleaba Aristóteles para identificar y catalogar en nueve grupos (enea, es nueve en griego) las maneras de percibir el mundo.

Todo es clasificable, no por ello simple. Nada más complejo que la personalidad y ninguna más intrigante que la de los políticos. ¿Qué y cómo decidirán ante una crisis? ¿Qué dosis de instinto, racionalidad, miedo, arrojo, creatividad, egoísmo o solidaridad, entre otras cosas, se puede esperar de ellos? Conocer las respuestas de antemano es el sueño de todo analista y debería serlo de todo votante, por más que la intelectualidad critique la personalización de lo político.

“El lado humano de las cuestiones políticas (el carácter, estilo, simpatía, talante, popularidad, credibilidad, confianza…) adquiere primacía sobre su competencia. En un horizonte de politización escasa, terminamos votando por los atributos personales”, lamenta el filósofo Daniel Innerarity, autor de El nuevo espacio público.

¿Y qué tiene de malo conocer a fondo el carácter de nuestros futuros dirigentes?

No se trata de restarle un ápice de importancia a la competencia a la que alude Innerarity, entendida como capacidad para gobernar y como planteo competitivo de programas políticos serios. No se trata, ni mucho menos, de que la política se vuelva un conglomerado de historias rosas sobre amoríos, hábitos de familia, de consumo, etcétera. Pero nada se perdería por someter a psicotécnicos a los aspirantes a gobernar un país. Esto permitiría encontrar en las entrañas de sus psiquis su verdadero “yo”, ese que, tal vez, ocultan o incluso desconocen. Es deseable suponer, por ejemplo, que otra habría sido la historia si los alemanes hubieran conocido el verdadero “yo” de Hitler en las elecciones parlamentarias de 1932, cuando hicieron de su partido nazi el más numeroso de la nación.

Pero esos días en los que un candidato acceda a someterse a una prueba de personalidad como las que aplican las empresas para seleccionar al postulante idóneo a cualquier puesto de trabajo quedan lejos, tal vez imposibles. Sólo el ejercicio del poder ha servido a los psicólogos para definir cuál de las nueve personalidades caracteriza a cada líder.

Una aclaración: ningún eneatipo es mejor ni peor. Todos tienen su lado positivo y negativo. Cada personalidad difiere según su nivel de desarrollo, desde lo más sano hasta lo patológico, y la predominante se matiza con el peso de los otros eneatipos, porque cada quien alberga los nueve y echa mano de ellos según las circunstancias. El asunto es cuál predomina y su grado de “salud”.

EL VEREDICTO

Hillary Clinton es del tipo 1 con influencias del tipo 2, como Juan Pablo II. El 1 es el eneatipo del “Reformador”: idealista y de principios. Luchador que impulsa cambios para mejorar las cosas, pero temiendo cometer errores. Controlado. Organizado hasta el extremo, lógico, detallista. Posible resentido e impaciente. Suele justificarse a sí mismo y desea estar más allá de las críticas para no ser condenado por nadie. Muy trabajador y puntual, pero también algo pedante y un tanto fastidioso, porque todo lo juzga según lo que cree que es “lo correcto”, por lo que suele ser regañón e incluso represor.

El matiz del tipo 2, “El Altruista” –que predominaba en Eleonor Roosevelt, Nancy Reagan, Barbara Bush y en Eva Perón (curioso, todas esposas de presidentes) –, le imprime un carácter sociable y de buen corazón. También sentimental, adulador y hacedor de favores con el fin de ser necesitado. Con el pretexto de ser un “amigo afectuoso” puede llegar a interferir demasiado en las vidas ajenas. Desea que las personas dependan de ellos. Cuando da algo, espera siempre algo a cambio. Cuando es engreído, se siente indispensable, puede sobrestimar lo que hace por los demás.

OTROS LÍDERES

Bill Clinton, Condoleezza Rice, Arnold Schwarznegger, Tony Blair y Silvio Berlusconi son el tipo 3 (el triunfador), con sus dos vertientes: el encantador y el profesional. Adaptable y exitoso, autosuficiente, encantador, sobresaliente y pragmático. Ambicioso, enérgico y diplomático. Obsesivo con el trabajo y la competitividad, su pasión oculta: la vanidad.

El individualista es el tipo 4, con dos influencias: la del aristócrata o la del bohemio. Sensible, temperamental y ensimismado, con tendencia depresiva y empeñado en mostrar su singularidad. Su deseo básico es descubrirse a sí mismo y su importancia, tener identidad. Ningún gran líder político encaja en este eneatipo, en el cuál sí se suscribe la esposa de JFK, Jackie Onassis.

El 5, el investigador, con dos vertientes: la iconoclasta o la del que soluciona problemas. Es el perceptivo y cerebral. Independiente e inventivo. Capaz de ver el mundo de forma nueva, puede ensimismarse en sus pensamientos, ser provocador y abrasivo. Su máximo deseo es ser competente. Un ejemplo: Vladimir Lenin.

Lady Di y Richard Nixon eran 6 (el leal). Eneatipo con dos grandes ramas: la del defensor y la del amigo. Serio y trabajador. Cautivador y amistoso. Resuelve problemas, predice dificultades y promueve la cooperación; pero puede volverse receloso, estresado y desafiante. Su deseo básico es encontrar seguridad y apoyo, si ve en peligro cualquiera de estas dos cosas puede reaccionar con conductas pasivo-agresivas. Este eneatipo incluye también a George Bush, Richard Cheney, Robert F. Kennedy y Malcom X.

El entusiasta es el 7: Activo, enérgico, apasionado, optimista, espontáneo y divertido. Puede ser indisciplinado, disperso e impulsivo, aunque agradecido, versátil y ambicioso. Cae con facilidad en el materialismo y el consumo. Puede ser incapaz de decirse no. En su mejor momento es práctico, productivo, prolífico, versátil y abarca numerosas áreas de interés. Su miedo básico es verse despojado de todo y sufrir. Los hay más inclinados al realismo (John F. Kennedy, Benjamin Franklin) y los que tienden a ser como animadores.

Mijail Gorbachov y Fidel Castro son 8 (el desafiador), como lo eran Sadam Husein, Stalin, Indira Ghandi, Franklin Delano Roosevelt, Lyndon B. Johnson y Martin L. King. Tiene una actitud de “puedo hacerlo”. Es seguro de sí mismo, controlador y protector, decidido, audaz y voluntarioso. Puede ser magnánimo e inspirador y causar una influencia duradera positiva; pero en su versión insana llega a ser egocéntrico y dictador, sentirse omnipotente y usar su poder con agresividad. Como es controlar, su máximo temor es ser dominado por otros.

Cierran la lista Helmut Kohl, el Dalai Lama y Nelson Mandela: son 9 (el pacificador), que tiene dos inclinaciones: la ocho (el árbitro) y la uno (el soñador). Es tolerante, confiable y estable. Generalmente creativo, optimista y comprensivo, a veces hasta la complacencia para sanar conflictos. Suele tener problemas con la terquedad. En este grupo entran los ex presidentes Ronald Reagan y Abraham Lincoln.

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4 comentarios to “Líder capacitado con personalidad idónea, se busca para dirigir un país”

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Yolanda
No sé si es muy buena idea que un / una presidenta del Gobierno pase por una entrevista como las que hacen los de recursos humanos. Personalmente, solo he pasado por una y más que el carácter, patrones y actitudes lo que buscan es si encajas en el sistema, es decir, no buscan cambios ni responsabilidad buscan que la gente encaje. Hace poco estuve en una cena en la que había estudiantes de eneagrama y empezaron a explicarnos cada uno de los fenotipos, al rato todos preguntábamos cuáles éramos, que si un siete, un ocho, un cuatro. En realidad, más que describir nos explicaron que lo que hacen es darte líneas de trabajo para saber qué tienes que cambiar –si quieres– de tu personalidad y en qué patrones o situaciones te quedas enganchado. Me pareció interesante.
Quería preguntarte hace tiempo si Cristina Fernández jugó las mismas cartas que Hillary Clinton? Visto desde fuera, lo de Clinton es esperpéntico.

Catalina, el eneagrama es una herramienta que puede usarse para el autoconocimiento y para la psicología conductista, si es necesario y se desea cambiar actitudes. Pero, como toda herramienta, puede usarse también, por ejemplo, para formar equipos de trabajo combinando diferentes caracteres cuya interacción puede conducir, con más probabilidad, a buenos resultados. Las empresas también lo utilizan para seleccionar personas que encajan, efectivamente, pero, ¿quién quiere dedicarle un mínimo de ocho horas diarias durante cinco días a la semana a una empresa en la que no encaja? Puse el eneagrama por poner un ejemplo curioso e intrigante. Para mí, se trató de jugar con el “¿Qué pasaría si…? :)
En cuanto a la pregunta sobre Cristina Fernández, podrías ampliarme un poco lo de “las cartas”, ¿a qué te refieres?

Qué buen texto Yolanda, cuando describiste las manos de Hillary superpuestas casi pude jurar que le sudaban, aunque fuera un poquito.
Alguna vez había escuchado algo sobre los eneagramas pero no estoy muy familiarizada con el término. ¿Cómo sabes qué líder pertenece a qué tipo? ¿Acaso les han hecho pruebas, han estado dispuestos a resolverlas? ¿O es sólo una deducción con base en rasgos de personalidad?
De acuerdo con las características que explicaste sería muy interesante conocer a qué tipo pertenecen Barack Obama y John Mc Cain, ya que entre el primero y Hillary está la contienda demócrata y el segundo es seguro que será el candidato republicano. La simple posibilidad de compararlos sería suficiente para ir viendo de que lado se nos van a poner los pelos de punta.

Saludos!!

Eneatipos, quise decir alla arriba.
Buena estoy inventando palabras.


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