Sociedad Zombi: ¿Por qué el 25 de diciembre no es Año Nuevo?

Posted on 6 enero, 2008. Filed under: Catalina Gayà -Barcelona |

Catalina Gayà – Barcelona

31 de diciembre, a unas horas del cambio de año y descubro que, como mínimo en Barcelona, la gente no es supersticiosa. O eso dicen ante la mirada escéptica de un fotógrafo y la mía que andamos trabajando en Portal de l’Àngel, un eje comercial de la ciudad para escribir un artículo que se me desmonta cada vez que alguien me dice: “¿Yo? No creo en nada”. Mi objetivo era escribir sobre todo aquello que hacemos las personas para ayudar al destino y al Año Nuevo para que sea mejor que el anterior. ¡Tantos años de decir: “Año Nuevo, Vida Nueva”! Por lo visto, aquí ni ropa interior roja para que el Año Nuevo venga junto al amor, ni nada de abrir las ventanas para que se vaya lo viejo ni entre lo nuevo, ni nada de salir a la calle con una maleta a cuestas para que el año traiga muchos viajes. Vaya que la gente aquí ya no cree en nada de nada. ¿Ganó la razón?. Nadie lo diría viendo los escaparates de las tiendas teñidas de bragas, calzoncillos y sujetadores rojos ni las fruterías abarrotadas de la uva más cara y mala del año. La gente sigue diciendo: “NO, no, en nada……” Dos preguntas más (no hay que darse por vencida) y sale la palabra: “Sí, claro las uvas sí las hago”. ¡Las uvas! La única excepción a esa apatía supersticiosa parece ser eso de comerse 12 uvas (dicen de la suerte) al son de las campanadas. Lo de las uvas parecería una costumbre milenaria que junta a todos los españoles (aquí sin excepciones ni nacionalismos) ensimismados frente a los campanarios o teles mientras suenan las campanadas de las 00.00 horas. Al redoble de esas campanadas hay que comerse las uvas, no atragantarse y formular deseos para el nuevo año. Toda una proeza. ¿Por qué? Al parecer, casi nadie lo sabe. Ante ese desconocimiento generalizado yo me pregunto: ¿De dónde viene esto de las uvas? ¿Qué es lo que hace que una superstición –-se les llama 12 uvas de la suerte– se convierta en tradición? Por el camino, viene la pregunta más extraña y que aunque no tenga que ver con supersticiones me parece históricamente ilógica: ¿Por qué el año no empieza el 25 de diciembre y sí lo hace el uno de enero? Mi artículo sobre las supersticiones va cambiando. Entrevisto a un teólogo para que me explique por qué esa llamémosle “descoordinación temporal o desincronización histórica”. En boca del teólogo, las explicaciones son confusas. No sé si es influencia de Phillip Pullmann, pero me siento ante un descubrimiento. Ato cabos de aquí y de allá. La historia nos lo explica y con esa respuesta también vienen las explicaciones a algunas de las supersticiones o tradiciones o costumbres que tenemos (aunque ni las confesemos o les quitemos eso de superstición).

25 de diciembre / 1 de enero. Fue Julio César, en 47 a. C, quien, siguiendo las indicaciones de un afamado matemático alejandrino, reestructuró el calendario e instauró el 1 de enero como el momento de inicio de un nuevo año en vez del 25 de marzo. El dios bifronte Janus suplantaba en funciones a Martius y el año pasaba a tener dos periodos de seis meses, de enero a junio (solsticio de verano) y de junio a diciembre (solsticio de invierno). Janus, en latín puerta, era el dios de los comienzos y el de las dos caras. Un viejo barbudo con una vara en la mano miraba hacia atrás mientras, del otro lado, un joven dirigía su mirada hacia delante con una llave en la mano.El 25 de diciembre, los romanos celebraban la fiesta del dios Sol, una de sus festividades más importantes. Aquí la explicación del teólogo es confusa. Los cristianos se apropiaron de esa fiesta o no se sabe qué día nació exactamente Jesús y por eso se escogió el 25.Aun así, el 31 de diciembre siguió siendo el último día del año. Ovidio narra en Fastos los regalos y los deseos que se hacían los romanos para recibir el Año Nuevo. No son tan diferentes a los de ahora y aquí entra el capítulo de las supersticiones. El dios Janus contesta a las preguntas de Ovidio y le explica que los higos, la miel y las pasas que se ofrecían los romanos eran para que el Año Nuevo fuera dulce. También se regalaban plantas medicinales para que les trajera salud.Sobre las monedas con las que también se obsequiaban los romanos, Ovidio pone en boca de Janus una respuesta irónica y muy actual: “¡Qué poco conoces tu siglo cuando crees que la miel resulta más dulce que una moneda que se recibe!”. Vaya que eso de juntarse, celebrar, formular buenos propósitos, esperar que el futuro sea mejor tiene miles de años. Claro que, según las respuestas de mis entrevistados, esto ya nadie lo hace y se inclinan por solo comerse las uvas.

Las uvas y el jarrón de agua fría. La historia de esta tradición tan popular es para mí como si te tiraran un jarrón de agua fría. Esperaba que salieran brujas, augurios, el azar. Nada de eso. Esta tradición que parece tan arraigada en España tiene menos de un siglo. En 1909, unos cosecheros de uvas, se dice que alicantinos, inventaron este ritual para sacarse de encima un excedente de uva. Desde entonces, todos los españoles siguen esta costumbre. Curioso. La campaña de marketing les funcionó.

El rojo de las brujas. En Portal de l’Àngel, estuve rodeada toda la mañana de ropa interior roja. Hasta yo sucumbí a esto que me parecía que venía de Italia y que me suena a excedente como las uvas. Busco y encuentro que los españoles lo atribuyen a los italianos y estos, a su vez, al reclamo comercial de los estadounidenses. Algunos remontan el origen de esta costumbre a la edad media. Aquí la historia empieza a ser interesante. No es un excedente. El rojo era un color prohibido por la iglesia, ya que se consideraba un símbolo del diablo. Aun así, el rojo era para el pueblo un símbolo de sangre y de vida. Con el solsticio de invierno y el nacimiento de la nueva luz, el pueblo transgredía la prohibición y se ponía algo rojo como señal de buena suerte y del inicio de la vida. No había más remedio que ponérselo en algún lugar escondido y a salvo de miradas reprobatorias que podían significar una condena por herejía. Vaya que lo que pensamos que es tradición resulta que es campaña comercial y lo que pensamos que es puro consumismo es superstición. Hecha casi un manual, yo me reuní con amigos (como los romanos), cenamos en casa (como los romanos), nos regalamos cosillas (como los romanos), comimos las uvas (el excedente!), improvisamos una nueva tradición y abrimos las ventanas para que se fuera lo viejo y entrara lo nuevo. ¡Me olvidé de sacar la maleta! Por si acaso, ya compré un boleto de avión. No creo que sea el último.

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9 comentarios to “Sociedad Zombi: ¿Por qué el 25 de diciembre no es Año Nuevo?”

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Vale! Y asumo que ese boleto es para México!

Me encantó, Plum. Te veo en DF.

Cata, me encantó el post por la historia que loacompaña. Sólo que el primer comentario donde aprece mi nombre no lo puse yo.

Saludos,
Makieze

Makieze
Ese comentario es de Temoris! Lo reconocería hasta con los ojos cerrados.
Creo que estuviste en Brasil, no?. Me explicó una brasileña ese mismo día haciendo el reportaje que ahí (no sé en qué ciudad) se dan siete saltos en las olas. ¿Sabes la historia?

De nuevo, un gran artículo, Catalina.
Cuando de pequeño me explicaron la historia del nacimiento de Jesús (25 diciembre) y de los Reyes Magos (6 enero) no entendí nada… si antes que llegaran los Reyes nació Jesús, ¿por qué en el calendario primero llegan los Reyes y casi doce meses después nace Jesús?
Contradicciones de la historia, supongo…

¡Diablos! Le estaba abriendo un usuario a Makieze para que pueda subir sus posts, me metí a leer lo de Catalina y subí mi comentario sin recordar que no estaba en mi propio usuario. Ya enmendé mi pecado, ¡perdón!

Luego q aquí en la Ciudad de Querétaro (México) ya salió la iglesia q es pecado usar ropa interior roja jajaj

Catalina, ¡Cuántos recuerdos me vienen con tu pregunta!

Salté las siete olas en los dos años nuevos que recibí en Brasil. Recibí el 2006 en Floripa, una isla de Florianópolis, que es la capital de Santa Carina, al sur del país. El 2007 fue más intenso y bonito, vivía en Rio de Janeiro muy cerca de la playa de Copacabana, donde es el punto de reunión para recibir el año. Salté las siete olas abrazada a brasileñas, una italiana y un queridísimo amigo mexicano.

Fue un relajo porque debíamos saltarlas en línea horizontal abrazándonos por la espalda y como es de esperar, entre chelas, caipirinhas, oscuridad, marea alta, euforia del año, etc, uno salta a destiempo, se cae, nos jalan y en cadena sumergimos al que está nuestro lado, así estubimos hasta que logramos saltarlas todas sin dejar de pasar alguna ola, nada que a la siguiente.

El primer año me dijeron que era una cuestión de suerte y ahí se quedó. Ya en Río, supe que es una tradición del Umbanda.

El umbanda es un culto que pretende que los espíritus se manifiesten para la caridad y fue creado en Brasil (aunque algunos dicen que tiene origen africana) por un Caboclo que le denominaron “Caboclo das sete encrucilhadas” (caboclo de las siete encrucijadas).

Los caboclos -en esta tradición- son almas que ya vivieron en la tierra y que se hacen presentes a través de mediums.

El siete es por ser un número cabalístico para los umbandistas, y dentro del mar porque la buena marea sería proporcionada por el Orixá “Iemanjá” que es para ellos la señora del mar. Los orixás son energías relacionadas a fuerzas de la naturaleza que están presentes en todo lugar y tienen una influencia en las personas. (Tenía una amigo influenciado por un orixá de tierra. La historia de este orixá contaba que había sido amenazado por camarones y él no podía comer nunca un camarón ni algún alimento que viniera del mar).

También supe que el Umbanda lo relacionan con religiones afrobrasileñas como el condomblé, y no dudo que haya un sincretismo porque el siete es para el condomblé el número de los ritos de iniciación en los “terreiros”, que son los lugares donde se realizan estos cultos.

Otra tradición es comer lentejas el 31, dicen que para traer riqueza y suerte. Comimos lentejo por supuesto! Muchos nos quedamos con eso, pero me invitaste a saber de dónde viene y ahora sé que es hebrea. Parte de la historia de dos hermanos gemelos Esau y Jacob, hijos de Issac (uno de los principales patriarcas de Israel al ser hijo de Abraham). Cuenta que al llegar del trabajo, Esau tiene hambre y percibe el olor de una sopa de lentejas hechas por Jacob quien le propone intercambiar un plato a cambio del derecho de ser el primogénito (era éste el que recibía la bendición de Dios), y ya sabes, los demonios del hambre lo que hacen ceder.

Makieze
Lo fuerte es que lo de las lentejas ya lo hacían los romanos, que se intercambiaban lentejas para que el destino les trajera dinero. En serio que lo que empezó como un articulillo es toda una aprendizaje para ver que nos siguen preocupando los mismos temas y seguimos haciendo muchas cosas de hace 2.008 años.

Catalina-calamidad:

¿Qué es el tiempo? ¿Y la existencia?
Aún te recuerdo, menuda y ajena al mundo,
fumando un cigarrillo en las escaleras que
conducen a mi infierno cotidiano -una simple
tautología-, como un tiro de dados.
Ya son no sé cuántos años, y parece que no hay
sino un silencio que se alarga y se nutre con
la distancia.
Cargo ya con dos libros -Estación Marina (la
misma de Diagonal y Meridiana) y Convulso,
amargo Babel (la misma radiografía del mundo)-
y unas ganas locas de querer entenderlo todo
a base de palabras.
Niña cambuixa. El tiempo sigue suspenso.
Celebro tu último premio -en 2006- y tus
artículos en El periodico de la Barza, ciudad
que amo tanto y que me tiene atado -como una
oscura y caliente amante- muriendo mientras
escribo.
Un beso desde la rambla de la Avenida Juárez.

Te quiere siempre

Enrique Rangel


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