Australia, Tabaco y Alcohol

Posted on 31 diciembre, 2007. Filed under: Témoris Grecko | Etiquetas: , , , |

Por Témoris Grecko / Perth, Australia

Dos queridos colegas de Mundo Abierto, Salvador Frausto y Manuel Ulloa, han escrito en este espacio para oponerse a lo que ven como regulaciones abusivas y discriminatorias contra los fumadores. Han sostenido dos líneas de argumentación: la primera es que no está plenamente demostrado el daño que los fumadores producen en los no fumadores que los rodean (o que, si lo hay, en todo caso es poca cosa en relación con el impacto de vivir en ciudades afectadas por contaminación del aire) y la segunda es que existe en Occidente una peligrosa tendencia a establecer controles excesivos sobre la vida de la gente y que lo del tabaco no es más que un ejemplo.

En el curso de estos debates, varios hemos replicado con vehemencia, como es normal en Mundo Abierto, sobre los aspectos en los que discordamos con nuestros compañeros. Nuestra posición ha sido confundida con la de quienes apoyan el prohibicionismo (y nos pusieron en la bolsa de los histéricos). Se trata de una confusión derivada de lo que no dudo en señalar como un error táctico del partido pro-tabaco, ya que en sus razonamientos muchos leímos una negación de la evidencia de que el humo de tabaco en efecto provoca daños a la gente, aunque no fume, además de una negación de nuestro derecho a respirar sin el humo de los fumadores.

Y hay que ponerlo muy claro: podemos tener simpatía por nuestros amigos fumadores, incluso criticar lo que parecen excesos represivos que podrían ser sustituidos por medidas educativas o de otro tipo, pero de ninguna manera podemos permitir que se desconozca un principio fundamental: tu libertad de fumar debe primero y antes que nada respetar mi derecho a respirar.

Si estamos de acuerdo en eso, vamos al segundo argumento, que es el que creo que ellos deberían haber seguido en exclusiva (y así no hubiéramos tenido que confrontarnos): sí, resulta descuidado, torpe, abusivo y acaso contraproducente este exceso de celo en la protección de los no fumadores. Es conservador y anacrónico tras un siglo, el XX, en el que vimos cómo los prohibicionismos no acabaron con los vicios, sino que le dieron incentivos a sus traficantes y un plus de morbo a sus practicantes.

Y todo esto viene al caso de algunas observaciones sobre el control del consumo de alcohol en Australia Occidental, donde me encuentro desde hace un mes.

El argumento básico es tan impoluto como el que justifica los controles al tabaco, y mucho más dramático: tu libertad de ponerte hasta atrás se acaba cuando vas a ponerte al volante de un vehículo y a amenazar el derecho de vivir (o simplemente de transitar sin problemas) de los demás. Los accidentes mortales causados por la ebriedad del conductor son tragedias increíbles, evitables, difíciles de explicar. Aquí, si te detienen borracho mientras manejas, te cancelan la licencia y te ponen un multón bárbaro. Podemos discutir sobre el nivel de alcohol en la sangre considerado como excesivo (0.05; algunos creen que es demasiado bajo), pero me parece que las sanciones son correctas.

En consecuencia: la gente se toma muy en serio de designar un conductor que se mantenga sobrio o de plano toma taxi. (Adición curiosa: me platicaron de un chico al que llamabas si venías en conche y te sentías muy ebrio, él venía en una pequeña motoneta, la guardaba en el maletero, manejaba tu coche hasta tu casa, te dejaba recargado en la puerta y después se regresaba en la motito a su casa, pero por alguna razón el negocio no avanzó.)

Todo bien, hasta ahí. Un problema es que los taxis son ca-rí-si-mos. Bueno, pero no importa, habrá que pagarlos. No, el verdadero problema es que no hay taxis suficientes. Es una queja ya antigua. Las autoridades de Perth y de su puerto conurbado, el bohemio Fremantle, aseguran que han ampliado el número de unidades, pero los periódicos de los lunes (aquí no los publican en domingo) muestran fotos de cientos de personas varadas en las calles en la madrugada tras salir de los bares y en busca desesperanzada de un taxi. Lo normal es vagar dos horas antes de conseguir uno, dice la prensa. Y la gente tiene que escoger entre tres opciones, todas malas: llevarse el coche a la borrachera, que es sin duda la peor; asumir la molestia de disputar un taxi por horas (y meterse en un par de peleas a causa de ello); no beber.

Desde mi punto de vista, evitar que haya conductores borrachos es la responsabilidad de las autoridades y por ello deberían asegurar la disponibilidad de alternativas de transporte. Ése es el tema de interés público. Pero sospecho que hay una voluntad en ciertos sectores de la sociedad –que se refleja en la actitud de las autoridades– de meterse en ámbitos de la vida privada y forzar a la gente a cambiar de hábitos. Si pagara impuestos aquí, levantaría la voz para manifestar mi oposición a que los usen para financiar la intromisión del Estado en asuntos de las personas y que además los distraigan de los temas que sí debe atender. Pero esta tendencia represiva se siente también en otros niveles (amistades, familiares, compañeros) y la gente, que normalmente es muy respetuosa de los asuntos de los demás, se cree con derecho –o acaso obligación– a meterse en la bebida del prójimo, opinar, expresar su desagrado. Aunque el prójimo no se meta con ellos.

Esta actitud represiva tiene otra expresión en una multitud de cartelitos que están pegados en todos los pubs: “La ley prohibe servir bebidas a la persona que se haya emborrachado” (mmmh… entonces deberían cerrar los pubs). La multa por servirle bebidas a alguien calificado de borracho (no se establecen criterios de definición) es: 5,000 dólares para el gerente, 2,000 para el mesero y 1,000 para el “intermediario” (¿quién será éste?, ¿el amigo que invitó chelas a todos?). Otro: “No se le dará servicio a quien tenga un comportamiento: 1- violento; 2- desagradable; 3- argumentativo”. O sea, si le caíste gordo al mesero y te dejaron de servir, ni siquiera puedes manifestar tu desacuerdo.

Con todos estos avisos, a uno se le quitan las ganas de beber. Todo es parte de esta tendencia de intolerancia que ahora expulsará a nuestros amigos fumadores de los bares y que probablemente no se detendrá ni en Perth ni en este nivel represivo. Pero al rato se le olvida a uno, pide sus cervecitas y le entra al juego, pues las penas se van cheleando.

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4 comentarios to “Australia, Tabaco y Alcohol”

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Aquí en España han modificado hace poco el Código Penal, de modo que si te pillan conduciendo borracho además del multón y la retirada del carné, te vas a chirona. Si eres un borracho sin antecedentes penales la cosa se queda en seis meses de trabajos para la comunidad (previo paso por el calabozo) En caso de ser un borracho con antecedentes, te tocará pasar unos meses a la sombra. La verdad es que por estas latitudes hay verdaderos terroristas del volante y el número de muertes y heridos graves en carretera es muy elevado. Todavía es pronto para ver los efectos del endurecimiento de las sanciones, pero ya le están metiendo miedo a la gente recordándole en los paneles de las carreteras que hay cárcel si te pillan conduciendo con unas copas entre pecho y espalda.

en mexico el alcolimetro te mete al bote toda la noche, conozco a alguien muy cercano que paso por ahi, y creanme, funciona (a partir de ese momento solo en taxi o metrobus). Me parece correcto, todo el tiempo las chelas nos estan arriesgando a de perdis quedar paraliticos, o ya de plano matar a alguien.
Tambien me gusta la idea de controlar a los fumadores. O sea, si los cocainomanos van al banho para no molestar a sus amigos en las fiestas y de todos modos se la pasan bomba, no veo porque los fumadores no podrian salir un momentito al balcon o a la calle. No creo que se trate de fascismo, porque en todo caso, de lo que se esta hablado es de un juego de imposiciones, y los fumadores se han impuesto durante muchoooos anhos… No me late que se espantan tanto de que los no fumadores querramos tener crudas menos intensas. Hace un anho que no fumo, pero siempre que salgo de fiesta tengo unas resacas en las que siento que me fume ocho cajetillas, me duele la garganta y me apesta la ropa y el pelo.

Querido Temoris: Antes que nada vuelvo sobre lo que llamas el “error táctico” de los “protabaco” para precisar dos cosas: Por un lado, que nunca negué que fumar es dañino. Lo que dije es que a menudo se miente y se exagera sobre su impacto cuando se imponen leyes prohibicionistas, esa es la histeria a la que me refiero. Y por otro lado, que más que protabaco me considero antirepresión, antipaternalismo, antiprohibición, etc. en lo que toca a los hábitos y vicios de la gente. Y aquí entra el alcohol, cerrar antros a tal hora, y otras linduras que se imponen con toda facilidad a lo largo y ancho del mundo para hacer de él un lugar más “sano y seguro por el bien de todos”. Coincido contigo en que por ahí es el debate y creo haberlo dicho, pero por lo visto no con suficiente enjundia y claridad. Con el alcohol estamos en la misma lógica de fascismo sanitario. Y decirlo no es militar porque todo mundo pueda fumarle en la cara al vecino o se pueda poner hasta las manitas y luego manejar, simplemente es decir que esta lógica no tiene llenadera y eso es peligroso . Yo no quiero vivir en ese mundo formateado que están instaurando en todas partes por mi bien. Puede ser anecdótico, pero el primero en prohibir el cigarro en lugares públicos fue Hitler. Honor a quien honor merece.
Volviendo a lo del chupe. Un amigo que acaba de regresar de Corea me contó que en ese país, donde manejar borracho es penadísimo y no llegar a trabajar al día siguiente aún más, la gente chupa como si el mundo o el alcohol se fueran a acabar antes del amanecer. Para regresas a casa los coreanos se valen de un servicio muy eficaz: los chanza. Es una especie de servicio especializado de reconducción del borracho a casa. Están en unas vagonetas en las esquinas de las calles donde hay bares, uno les llama y vienen a buscarte al bar, te levantan del suelo si es el caso, te llevan a tu casa y te meten en la cama. Si estás KO, se cobran de tu billetera y, según esto, son muy honestos. ¿Qué bonito, no? Bueno, pues a ese tipo de cosas conduce todo esto de las prohibiciones. Porque aunque nadie deja de beber o de fumar, ahora se tiene que hacer bajo ciertas condiciones, y sobre todo, bajo sospecha. Con la culpa que eso implica y que es el signo de ellos, los prohibicionistas, ganaron la batalla.
Abraxo.

El ejemplo del vino me parece más q adecuado, solo q como el tabaco causa estragos poco impactantes a corto plazo supongo q por eso les parece exagerado exigir el derecho de respirar libre de su humo. Amigo, de ahora en adelante solo permite q te inviten las chelas y por ningún motivo las invites tu, no sea q te multen, un favor nada mas, no olvides dejar el puesto de conductor designado a otro


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