Viajeros: Esas calurosas navidades que pasaba en Lima.

Posted on 29 diciembre, 2007. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , |

Por Javier Távara – Madrid.

 

El verano no termina de llegar. Los clásicos nubarrones que dan a Lima su característico cielo de panza de burro y que no descargan ni una gota, cubren todavía la ciudad pese a que ya está bien entrado el mes de diciembre. Pienso que cuando era niño esto no ocurría y que las navidades llegaban con el luminoso verano de estas latitudes. Se me ocurre que a lo mejor es culpa del cambio climático. Hace bochorno. No es que haga mucho calor, pero la humedad da una sensación pegajosa y uno nunca deja de compadecerse de los tipos disfrazados de Papa Noel, con esa gruesa tela roja y esa larga barba postiza. Llegan las Navidades y como en muchas partes, toca lidiar con las compras a contra-reloj para tener los regalos listos para la cena de Nochebuena y darle a cada miembro de la familia un paquete envuelto en papel rojo con dibujos de campanitas y pinos.

Por estas tierras, donde los antiguos peruanos adoraban al Inti Sol, a Wiracocha y a los Apus, la navidad fue traída con la invasión española iniciada por la hueste de Francisco Pizarro, aunque con el tiempo adquirió tintes locales. Si los españoles trajeron la navidad al Perú, eso se nota en los villancicos que se escuchan y en los belenes, que los limeños llaman nacimientos. Eso sí: todavía impera por estos lares el gusto barroco que abunda en las muchas iglesias construidas durante el Virreinato, el que pervive en las prendas y que fue impuesto por Carlos III por el susto que le entró a la Corona tras la sublevación de Tupac Amarú II allá por 1780. Tras la derrota de la rebelión indígena se decretó que los hombres y mujeres del Perú dejaran de usar las ropas que habían utilizado durante milenios y se les obligó a vestir como españoles, que por aquel entonces lucían estas prendas de estilo recargado con motivos florales. El barroco perdura en las vestimentas andinas y se traslada también a los personajes de los nacimientos. Así San José puede lucir poncho y la Virgen puede estar tocada con un colorido sombrero cuzqueño. Tampoco es raro ver que se cuelen en los nacimientos llamas, alpacas y vicuñas; animales tan queridos por los peruanos.

A partir del siglo XVI, muchas gentes llegaron a estas tierras e hicieron aportes a la navidad peruana. Las decenas de miles de españoles que emigraron al Perú desde la expedición de Pizarro de 1532 hasta la independencia de 1821; trajeron consigo sus recetarios dulces y salados, así como gran cantidad productos de la península y de la América española. De ellos, el pavo de Centro y Norteamérica se implantó con notable éxito en la costa peruana y terminó por convertirse en tiempos más recientes, quizá por cosas del cine y la televisión, en el plato estrella de la Navidad. Los africanos, traídos como esclavos a trabajar en haciendas aportaron sus ritmos y una maravillosa música navideña, muy poco conocida, rescatada de cuando en cuando por eruditos de conservatorio. Los chinos, llegados a finales del siglo XIX trajeron sus fuegos artificiales, que se hicieron muy populares en las fiestas de fin año, hasta el horroroso incendio de 2001. Ese fin de año 300 personas murieron en el mercado limeño en el que se vendía toda clase de fuegos de artificio y el gobierno terminó por prohibirlos. Algún petardo adquirido clandestinamente aún resuena en Navidades, no obstante Lima ha dejado de ser la estruendosa ciudad que era por estas fechas. Los italianos hicieron un aporte más inofensivo y duradero: el panetón. Infaltable en la mesa de todos los limeños. Algunos años atrás, un anuncio de televisión mostraba una negociación colectiva en el que los representantes sindicales exigían a sus patrones, como primer punto de su pliego de reclamos, el panetón. Y la verdad es que este bollo es omnipresente en las cestas navideñas como regalo de empresa.

Ahora ya casi no hay ni negociaciones colectivas ni representantes sindicales. La última década del siglo XX trajo al Cono Sur, otras recetas: las de los economistas del FMI y el Banco Mundial con sus privatizaciones y sus liberalizaciones. Ello no podía hacerse sin quitar de en medio a las otrora poderosas organizaciones sindicales. Vinieron entonces las multinacionales a ocupar el lugar que tenían las empresas públicas y a muchas de ellas les dio por poner todo en inglés y por imponer el gusto del mundo globalizado que se están inventando. Así las cosas, Papa Noel es el rey de la navidad y ha desplazado al Niño Dios al que yo le pedía de niño que me trajera los juguetes. A pesar de que, como decía al inicio, en Lima comienza el verano por esas fechas; toda la iconografía navideña del hemisferio Norte se impone por todas partes. Sucedáneos de abetos nórdicos que no existen en el Perú son plantados para la ocasión, en jardines públicos y privados. La nieve que la gran mayoría de los limeños sólo ha visto en televisión o a lo lejos, en las altas cumbres de la Cordillera Andina, es representada artificialmente en toda clase de adornos, con renos incluidos. La globalización ha traído a buen precio multitud de lucecillas ‘made in China’ que adornan las ventanas de casi todas las casas limeñas. Los más ricos y ostentosos, montan tal cantidad de juegos de luces, que sus ventanas tienen un aspecto que evoca más a Las Vegas que al portal de Belén. Los pobres, mayoría, colocan al menos alguna lucecilla que indique que también en esa casa se celebra la Navidad.

Ir a Lima por estas fechas supone el quebranto de encontrarse centenares de niños vendiendo golosinas en los semáforos y pidiendo el aguinaldo. En los barrios ricos, la cosa no parece ir con ellos y la Navidad se vive con la gran fiebre consumista de estas fechas, como quien está en Nueva Jersey o Florida; donde por cierto, viven millares de peruanos. Tanto trasiego de peruanos en los Estados Unidos y tanta multinacional estadounidense metida en el Perú ha hecho que la estética Hollywood esté por todos lados. Hasta las multinacionales españolas se apuntaron a las formas anglosajonas y si la Telefónica vende en España la conexión a internet, con las siglas ADSL a los peruanos se la vende con el nombre de Speedy. Con todo, el Perú es un país antiguo y sus gentes resisten a la globalización con buenas costumbres ancestrales. La navidad se vive en familia y son las personas mayores las que convocan a hijos y nietos a la cena de Noche Buena. El respeto a los mayores es aún vigente.

Por contra, la celebración del fin de año, es menos familiar y más abocada a la juerga. La fiesta ruidosa, con exceso de comida y de bebida es la pauta a seguir. Los limeños solventes, elitistas donde los haya, buscan tranquilidad o exclusividad en las playas del sur, donde a lo largo de 100 kilómetros, los más pudientes de Lima han conseguido hacerse con una casa de playa. Allí, con el verano ya entrado, las fiestas son en bermuda y se puede terminar bailando descalzo en la arena de la orilla del mar. La cerveza corre a raudales y la salsa impera para el baile. En eso sí que se han puesto de acuerdo los limeños de toda condición: en la música y la bebida.

Si bien, Pizarro fundó Lima en el antiguo asentamiento del cacique indígena Taulichusco y la bautizó con el ostentoso nombre de Ciudad de los Reyes (esto en honor a la festividad de la reciente epifanía, ya que la fundación española se efectuó un 18 de enero de 1535) la Bajada de Reyes, como aún la llaman los criollos, es una fiesta que ha ido perdiendo fuste. Primeramente, por que el 6 de enero salió del calendario festivo y pasó a ser un día laborable; y segundamente por que en el Perú, al igual que en buena parte del planeta, la cultura estadounidense marca sus pautas de consumo, trabajo y fiestas. Y ya se sabe que a Hollywood sólo le interesan las películas de Papa Noel y no se han molestado en pensar en las enormes posibilidades cinematográficas de Melchor, Gaspar y Baltasar. Una pena, la verdad. Pese a ello, a las contradicciones de pasar navidades en el hemisferio austral, con la estética del hemisferio boreal (y es que el sur del planeta es tan pequeño) con la pobreza de muchos entremezclada con la fiebre consumista de otros; uno disfruta la Navidad limeña además de por el buen tiempo, por ese enorme baño de cariño que supone el reencuentro con la familia y con los amigos. ¿Cómo estás pues compadre? ¡Qué gustazo tenerte por aquí!, ¡Vamos a zamparnos un cevichazo con sus chelas!

Tanto afecto me trae a la mente una canción de Piazzola:

Vuelvo al Sur, como se vuelve siempre al amor. Vuelvo al Sur, como un destino del corazón.

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2 comentarios to “Viajeros: Esas calurosas navidades que pasaba en Lima.”

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No conocía el panetón, pero ya lo vi y parece muy rico, hasta se me antojo. La navidad aquí en México es muy parecida a la q describes


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