Un regalo de Navidad: la boda de los que no tenían nada

Posted on 25 diciembre, 2007. Filed under: Eileen Truax -Los Ángeles | Etiquetas: , |

Por Eileen Truax / Los Ángeles

A mí la Navidad no me gusta. Me parece una fecha triste, prefabricada y en muchos casos hipócrita. La mayoría de la gente olvida lo que se supone que celebra y en cambio anda por la calle estresada y apurada, empujando a todos y a las carreras para llegar con su familia a pasar la noche de paz en la que reparten regalos que compraron en oferta y que en ocasiones dan por obligación.

Cuando llegué a vivir a Los Ángeles me cambió un poco el humor -sólo un poco.

Los Ángeles es la capital de los homeless (personas sin hogar) en Estados Unidos; casi 90 mil de ellos deambulan por las calles abandonados, buscando comida y un lugar para dormir. Muchos de ellos van empujando carritos de supermercado en los que van recogiendo cosas que se convierten en su patrimonio. Algunos ya son viejos y vagan porque la familia los abandonó, porque no tienen a dónde ir o por padecer algún tipo de demencia senil; también hay otros muy jóvenes, relativamente saludables, que desperdician sus años productivos caminando por la ciudad con una adicción corriendo por la sangre y con la miseria humana a cuestas. Algunos son veteranos de guerra lisiados físicamente o con algún trastorno mental producto de los meses en el campo de batalla, que no logran reincorporarse a la vida “normal”.

Hay decenas de organizaciones que reparten alimento y otro tipo de apoyos para estas personas durante el año; esas mismas organizaciones, en Navidad, hacen eventos en los que sirven una cena especial y regalan una despensa, cobijas, alguna otra cosita, a estas personas desamparadas. Me conmueve mucho ver a la gente en fila esperando un regalito que viene de las manos de voluntarios desconocidos, en medio del frío.

De uno de estos eventos salió una historia que ya he contado antes, pero que siempre siento que vale la pena volver a contar. Resulta que el año pasado, en plena Navidad, me tocó trabajar. Fui a cubrir un evento de una organización llamada Food on Foot que se dedica a promover la cultura del trabajo entre los homeless en lugar de la cultura del asistencialismo. Si un homeless desea recibir comida, debe trabajar un par de horas en las actividades de la fundación; por ejemplo, recolectando basura. Por dos horas de trabajo, la persona recibe 10 dólares en vales de comida. Algunos acuden al programa una vez a la semana, otros de plano lo hacen diario. Y a quienes muestran responsabilidad y constancia, se les da otro tipo de apoyo.

Entre esos, estaban Kim y Ken. Después de seis años de conocerse, Kim y Ken, ambos menores de 40 años, enfrentaron una serie de problemas de pareja y personales que los llevaron a vivir en la calle y a sentir que sus vidas ya no tenían sentido. El problema se agravó porque Kim es mamá de 2 niñas, una de 9 y otra de 11 años. Un día Ken encontró Food on Foot y trabajó un día, luego dos, y luego llevó a Kim y juntos empezaron a trabajar diario. Tres semanas después de acudir con constancia, los consejeros que trabajan de manera voluntaria en el programa dieron el siguiente paso y los llevaron a vivir a un hotel en donde alojan a aquellos homeless que desean dar un cambio a su vida.

Dos meses más tarde, Ken consiguió un empleo como guardia de seguridad y Kim buscaba trabajar como asistente contable. De acuerdo con las reglas de la fundación, una vez que ambos tienen empleo se les apoya durante tres meses con la renta de un apartamento hasta que logran estabilizarse.

En ese punto, Kim y Ken decidieron casarse. Eligieron como fecha el día de Navidad y como escenario un estacionamiento en donde se repartía comida a decenas de homeless como lo eran ellos hasta unas semanas antes. Él se puso un traje con una rosa amarilla en la solapa; ella se puso un vestido dorado, como de princesa. Sus hijas, con vestidos de terciopelo, entregaron a su mamá. No hubo alguien alrededor que no tuviera un nudo en la garganta.

La ministra que ofició la misa recordó que el matrimonio implica estar juntos en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza. Pero ellos ya lo sabían; sufrieron juntos y se dieron una oportunidad de ser felices juntos también.

Food on Foot les dio un regalo de bodas: cupones por 150 dólares para ir a cenar y una tarjeta de regalo para ir al cine. Cine y cena para dos que poco antes no tenían nada, y que en el día en que la tradición cristiana celebra el nacimiento de Jesucristo, quien trajo esperanza al mundo, encontraron la manera de salir del fondo de una espiral y construir su propia esperanza.

Hoy me enteré de que Kim y Ken siguen juntos; ambos tienen empleo y viven en un apartamento. Entre todos los renos y santacloses que abundan en esta ciudad, esta es la que hasta la fecha me ha parecido la más linda y honesta imagen de la Navidad.

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4 comentarios to “Un regalo de Navidad: la boda de los que no tenían nada”

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¡Wow! Qué hermosa historia, Eileen… Y tan bien contada. ¡Gracias!

Me sorprendió la cifra de personas sin hogar: 90 mil!!!!

Me encanta q existan este tipo de programas, lástima q en este país eso sea lo de menos. Gracias por elregalo

Querida: Tienes razón, hay que salirse un poco del consumismo salvaje y encontrar historias verdaderas como estas en donde uno aprende que no todo es malo en ese sistema. Esos apoyos reales para gente en condición de calle y con estímulos para lograr rescatarlos son los que necesita tanta y tanta humanidad.


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