Tabacofobia global

Posted on 19 diciembre, 2007. Filed under: Manuel Ulloa -París | Etiquetas: , , |

Por Manuel Ulloa / París

El proximo año traerá a los franceses una nueva prohibición: la de fumar en lugares públicos. La medida no es nada popular en una buena parte de la sociedad. Mucho menos (se entiende) entre los dueños de establecimientos donde se venden cigarrillos, porque se trata de bistrots donde también se toma el cafecito, el trago y se juega todo tipo de loterías y raspaditos viendo un partido de futbol o las carreras de caballos. Estos comerciantes no están dispuestos permitir que se imponga una ley que puede comprometer su supervivencia.

A principios de este año entró en vigor la prohibición de fumar en lugares de trabajo y la medida fue aceptada mayoritariamente. Desde entonces se hizo de lo más común ver grupos más o menos grandes de fumadores, fuertemente abrigados, en las entradas de los edificios de París, enfrentando valerosamente y cigarro en boca el ingrato clima invernal. Hubo quejas de algunos patrones que, reloj en mano, se lamentaban de las pérdidas que representaba el desfile de fumadores y no fumadores (que básicamente iban a echar chorcha) rumbo a la banqueta. Algunas empresas (las menos) invirtieron en la instalación de extractores de humo que evitaban la segregación de los empleados, pero la gran mayoría tuvo que hacer frente al miniéxodo de empleados cada hora y al aumento de enfermos por resfriado desde el otoño. Con todo, la medida se venía respetando y todo el mundo estaba más o menos satisfecho. Hasta ahora.

El pasado 21 de noviembre fue mi cumpleaños (y el de Mara Muñoz, me acabo de enterar), pero esto no tendría nada que ver de no ser porque ese día fui a festejarme al centro y me tocó ver pasar por las calles parisinas la manifestación de la honorable Confederación nacional de expendios de tabaco y anexas. Eran muchísimos (después leí que eran más de 10 mil) y pedían audiencia. La gente por lo general les mostraba su simpatía. No rechazan del todo la nueva ley. Lo que tratan de impedir es que se apruebe como está y piden que se flexibilize. Respuesta del gobierno: «Estamos estudiando la posibilidad de ajustar la ley para permitir que se fume en las terrazas cubiertas exteriores, siempre y cuando estén abiertas de un lado». El chiste no hizo reir mucho a los manifestantes. «El gobierno está demostrando una gran apertura en este tema», ironizó el dirigente de la Confederación, un tipo que parece primo de José Bové. Algunos diputados de la derecha están incluso con los manifestantes, concediendo que valdría la pena permitir que se fume donde se venden cigarros o que sean los dueños de establecimientos de menos de 100m2 los que decidan libremente si se puede o no fumar en ellos como lo sugiere la legislación española. Ya veremos si los escuchan.

En todo caso, resulta interesante observar la expansión desde Estados Unidos de esta fobia global antitabaco, constatar cómo la posición dominante en los legisladores de muchos países es la versión gringa de la prohibición, que tanto Francia como México y seguramente otros países de Latinoamérica caen uno tras otro en el discurso histérico y tremendista de los « expertos » norteamericanos. ¿Por qué tenemos que ajustarnos irreflexivamente a las normas anglosajonas ? En el caso de México me queda claro que es mucho pedir, pero los legisladores deberían defender las libertades en vez de restringirlas, podrían preservar la diversidad en vez de normalizar las conductas, harían bien mostrándose más inventivos para conciliar los derechos de unos y otros en vez de esgrimir el espantajos pseudocientíficos para asustar a la gente. Es más, cabría preguntarse por qué el discurso prohibicionista gana tantos adeptos. Yo creo que la clave está en el factor miedo.

Ustedes me dirán si exagero, pero creo que vivimos en sociedades muy aceleradas, donde el cambio constante es lo único permanente y la mayor parte de lo que afecta nuestras vidas está fuera de nuestro control. Está condición no es exclusiva de periodistas, escritores o artistas, cada vez hay más gente que enfrenta la precariedad y la incertidumbre respecto del futuro más próximo y esto genera angustia y temor. Como las problemas más serios que enfrentamos (contaminación, hipercapitalismo, desigualdad e injusticia) escapan a casi todo el mundo y no se pueden atacar sin replantear todo el sistema que nos gobierna, resulta más fácil enfocar las baterías hacia objetivos de sustitución accesibles para evacuar el excedente de miedo que cargamos encima. De ahí que tengan éxito, aquí y allá, los discursos prohibicionistas.

En Francia por lo menos hay gente organizada que rechaza ese discurso, pero en México parece que la ley está asumida como una fatalidad. Y como van las cosas, quizá lo sea. Quizá estemos viendo los últimos meses de tolerancia. Habría que ir pensando en pedir que algunos establecimientos adopten una certificación « smoker friendly » para evitar que los fumadores seamos rechazados como pescados podridos del entorno social.

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7 comentarios to “Tabacofobia global”

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Manuel:

muy interesante el post. A propósito, copio aquí abajo parte de un artículo de un profesor venezolano que me llamó mucho la atención porque de alguna manera comparte tu postura: Dice él esto:

“Se trata de la adopción de un patrón impuesto por la elite del poder norteamericana, que tiene como fondo el racismo. El uso del tabaco y la coca son rasgos culturales de los indígenas americanos, que al extenderlos a los blancos los igualan, quitándoles la soberbia de ser “la raza superior”.

Estimado Manuel:

El hecho incontrovertible es que el humo del tabaco es nocivo para el que fuma y para los que están al lado. Y en un país como Francia es el Estado el que paga los gastos médicos que ocasiona el tabaquismo a sus ciudadanos. Y eso cuesta una pasta gansa. Un chingo de lana que dicen en el DF. Por aquí en España tenemos una ministra que por ahorrar en gasto sanitario sueña con una sociedad aséptica en la que los ciudadanos dejen el tabaco, no se pasen con el alcohol, no se llenen la panza con hamburguesas y salchichas, coman verdura y hagan deporte. Su ministerio se gasta un pastón en campañas publicitarias para todo esto. Lo tiene difícil por que aquí la copa y el cigarrito son considerados placeres fundamentales. La ley antitabaco se está aplicando con manga ancha (la derecha española ha incitado a su incumplimiento). Aunque soy fumador ocasional de puros, el humo excesivo en los restaurantes me resulta insufrible. Me encantaría tener la posibilidad de encontrar más sitios libres de humo. Eso sí, tampoco me parece bien que prohíban el tabaco en Le Fumoir, ese estupendo bar, cerca del Louvre, en la Rue de l’Amiral de Coligny.

Pues sí, Javier. Las prohibiciones tienen también que ver con dinero que el Estado se quiere ahorrar en salubridad, sobre todo en países con buena cobertura médica los tratamientos pueden ser muy caros. Lo malo es que se incurre en la hipocresía de seguir vendiendo cigarros y aumentando su precio (lo que reditua mucho dinero al Estado también), pero se prohibe cada vez más su consumo. Si se declara que el cigarro es una droga ilegal pues que se prohiba como tal, ¿no? Lástima por el bar que mencionas, sí que está muy a gusto, pero de fumoir, nomás le quedará el nombre.
Domingo: aunque estoy seguro de que hay un componente ideológico en toda esta histeria colectiva antitabaco, no iría hasta afirmar que es de caracter racista. Después de todo las leyes no prohiben fumar a un grupo nada más. Yo creo que los gringos empezaron a imponer ese patrón para, por un lado, ahorrarse lana en salud , y por el otro, distraer a la gente metiéndoles miedo al cigarro e inventando de paso todo un nuevo mercado de sustitutos al tabaco y tratamientos para dejar de fumar que ahora generan miles de millones de dolares en todo el mundo.

Hola Manuel:
Como lo mencionas, la Ley española Antitabaco deja al libre albedrío de los propietarios la permisión de fumar en sus bares y restaurantes pequeños. Pues bien, durante los últimos años que estuve viviendo en Madrid no encontré ninguno en el que se prohibiera fumar, simplemente porque ello va en contra de sus intereses económicos. O sea, dicha ley demuestra que desafortunadamente necesitamos una legislación más firme que protega a los no fumadores y que, claro está, respete el derecho de los fumadores a serlo. En la vida cotidiana, la línea que separa a los unos de los otros es fácilmente transgredida por los segundos y no porque sean los malos de la película, sino porque la naturaleza misma del hábito es así: el humo lo respiramos todos y ello tiene graves consecuencias en la salud pública. Claro que siempre va a existir un problema más “importante” que merecería la atención inmediata de los gobiernos, pero también es cierto que la ley antitabaco lleva varias décadas de retraso en muchos países. Entiendo que “fumar mata” y demás variaciones como método de persuación tenga el efecto contrario, que dichas frases pueden sentirse como una intromisión a la vida privada y una manipulación de los temores. Si bien la forma de publicitar los efectos negativos del tabaquismo (sin afán despectivo) no es la adecuada, sí me parece necesaria la regulación del mismo.

Totalmente de acuerdo contigo, Margarita. La cuestión es cómo regular. Habrá que ver por qué en España el libre albedrío no ha funcionado para liberar del humo a los no fumadores. ¿Es por sabotaje del PP, como sugiere Javier? ¿Por falta de inspecciones? ¿O porque no hay entre los dueños de establecimientos partidarios de ambientes libres de humo? ¿Se han ofrecido incentivos para ello? En fin, es un asunto de salud, pero también cultural. Y lo que pienso es que cada sociedad tiene que encontrar su justo medio en vez de adoptar lo que se impone en otros países. Si no, todo se estandariza, se acaba la diversidad y vamos hacia sociedades totalmente ascépticas y represivas. Gracias por tu reacción.

Aquí en México esta bien decir “Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” ya antes nos la aplicaron con el controvertido “horario de verano” nombre absurdo si tomamos en cuenta q dura casi todo el año y mira q no fumo eh!

Es verdad, Manuel, los países y las persononas abrazamos modas cuyas raíces provienen de los países poderosos. En nombre de la salud se atropellan derechos, como en nombre de Dios se han pisoteado derechos y vidas. Es claro que el cigarro hace daño a la salud y que los que gobiernan los países deben advertir sobre estos peligros y tratar de proteger a los que no fuman, pero en aras de eso están generando una tabacofobia que termina impulsando la discriminación y la intolerancia.


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