Entre activistas del vegetarianismo e inmigrantes africanos.

Posted on 18 diciembre, 2007. Filed under: Javier Távara -Madrid | Etiquetas: , , , |

Por Javier Távara – Madrid

 

Me van a disculpar ustedes que escriba estas líneas destilando mala leche, pero lo que vi el otro domingo, terminó enfadándome. Atravesaba con prisas la madrileña Plaza de Tirso de Molina -llegaba tarde a mi cita dominical con los amigos para tomar el vermú- cuando el mitin de unos chavales megáfono en mano me hizo detenerme. No eran los habituales anarquistas ni los comunistas de viejo cuño que llevan años defendiendo sus ideas en esa plaza: eran unos activistas por los ‘derechos de los animales’. Vegetarianos militantes profesando su fe altavoz en mano.

Los muchachos defendían la ‘dignidad’ de los animales ‘humillados’ y sacrificados diariamente por las industrias agroalimentaria y peletera, que sólo piensan en sus beneficios y no tienen ninguna consideración por los ‘deseos, temores y necesidades’ de los animales. Denunciaban que la ‘falsa necesidad’ de alimentarse y vestirse de animales hace que millones de ellos sean ‘asesinados innecesariamente’ en las granjas. Denunciaban también, la privación de la libertad de los animales de circos, zoológicos y jaulas domésticas; la ‘innecesaria’ experimentación científica en seres vivos, etc, etc.

Yendo al grano: la propuesta de desarrollar legalmente los ‘derechos de los animales’ es un contrasentido jurídico, con tanta validez como los derechos de las hojas de los árboles o de las piedras de los ríos. Sus defensores –vegetarianos con la panza llena- pretenden atribuirse la tutela de los animales como si estos fueran menores o discapacitados. Las leyes no obligan ni a perros ni a gatos, así que al final siempre termina habiendo personas de por medio y en puridad, habría que hablar de los derechos de esas personas a demandar el bienestar animal. Mi enfado viene por el mitin y por el escenario escogido.

El discurso de los activistas por la defensa de los animales, pretende que sean sujetos de ‘derechos’ equiparándolos a los más desfavorecidos de la sociedad, de modo que se ponen en un mismo plano de igualdad los pretendidos ‘derechos de los animales’ y los Derechos Humanos. Echando un vistazo al vecindario de la Plaza de Tirso de Molina y sus bancos de piedra ocupados por indigentes, oír estas cosas resulta chirriante. Todavía hay más.

A pocos pasos de los activistas vegetarianos y de su pancarta con dibujos de vaquitas, chimpancés y pollos, se formaban varios grupos de africanos. Varones casi todos. Les oigo hablar en sus sonoros idiomas y tal como está el percal, puede deducirse que más de unos cuantos no tienen autorización legal para trabajar ni residir en España, de modo que carecen por completo de Derechos Laborales y Sociales. Los que tengan la suerte de tener un empleo precario -en la construcción por ejemplo- trabajarán más horas por menos dinero y podrán ser explotados al antojo del patrón de turno. De condiciones de seguridad y salubridad en el trabajo mejor ni hablamos. Y si enferman no podrán recibir tratamiento médico en la sanidad pública. Los menos afortunados malviven vendiendo cositas por las calles de Madrid. Todos los sin papeles están a la espera de que se ejecute su orden de expulsión de España y de que un día se atraviese en su camino la policía para meterles en un avión y devolverles a África. Pienso también en la forma en la que pueden haber llegado algunos de los africanos a la Plaza de Tirso de Molina. El viaje hasta allí pudo durar meses, atravesando el océano de arena que es el desierto del Sahara. Muchos se quedan el camino, así que alguno habrá enterrado allí a sus compañeros de ruta. En su mayoría son hombres y si son mujeres, lo habitual es que tengan que prostituirse para pagar los tres mil euros que suele costar el viaje. Tras alcanzar el mar, todavía les queda subirse a una precaria embarcación para alcanzar las costas españolas, arrojando por la borda los cadáveres de los que no resisten la travesía. Diariamente llegan cayucos a España, con decenas de africanos que son trasladados directamente a un hospital de campaña. Muchos llegan con un hilo de vida y los más débiles no llegan vivos. Una vez atendidos, reciben de las autoridades españolas un papel que les identifica como irregulares y la notificación del proceso de expulsión en curso.

No se crean ustedes de que los chicos vegetarianos del megáfono son un caso raro. Es un activismo que va en aumento y sus protestas salen con frecuencia en la televisión y en los diarios. Me pregunto cómo pueden estos chavales tener la desfachatez de hablar de los ‘derechos’ de los pollos de granja justo al lado de personas sin derechos. Su propuesta que nos volvamos todos vegetarianos, además de involutiva, es una idea que no resiste el paso del Estrecho de Gibraltar. No muy lejos de España, en el África subsahariana se encuentran los países más pobres de la Tierra, donde no hay agricultura que les pueda alimentar. Allí la esperanza de vida ronda los cuarenta años. No extraña entonces que intenten desesperadamente llegar a Europa.

Tampoco es que yo tenga demasiada simpatía por la industria agroalimentaria. Sus reglas de comercio, las patentes, los aranceles y subvenciones de la Unión Europea, hacen que a una pequeña parte del planeta le sobren los alimentos y a la mayor parte le falte lo necesario para subsistir. Los africanos de Tirso de Molina han escapado de la miseria causada por varios factores, entre ellos, las desiguales reglas del comercio agroalimentario. Pero una cosa es defender el comercio justo y otra muy distinta atribuirle a todo bicho viviente los mismos derechos que a una persona, pretendiendo que llenar la panza con ellos sea considerado un asesinato.

Y mientras los chavales denuncian que se asesinan animales en granjas, me entran ganas de mandarles a hacer puñetas, pero recuerdo que he quedado con los amigos para el aperitivo y me voy corriendo a tomar el vermú en ‘La Mancha’, una buena taberna, donde los parroquianos son recibidos al mediodía con tapeo de salchichón, chorizo y morcilla. ¡Y qué bueno que está todo eso!

Make a Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

12 comentarios to “Entre activistas del vegetarianismo e inmigrantes africanos.”

RSS Feed for Mundo Abierto Comments RSS Feed

Me gustó mucho tu post. Ojalá la próxima vez no lleves tanta prisa y te quede tiempo para mandarlos a hacer loq ue dices.

Saludos.

¡Orale! ¡Cómo está cambiando España! Lo que más me llama la atención es que hace no tantas décadas, tres quizá, de España se emigraba por razones económicas. Ahora no sólo se expulsa a inmigrantes sin papeles, sino que algunos se dan el lujo de militar por los derechos de los animales cuando el prójimo se parte la madre para sobrevivir. Muchas veces me han llamado la atención las causas tan fresas por las que se manifiesta en países ricos, pero esto ya es absurdo. Hay niveles.

Excelente Javi, no por serio el tema pude evitar una sonrisa… y desde luego morirme de envidia de los montaditos que te comiste.

Javi: Luego de la experiencia que tuvimos con La Marcha de las Niñas y Los Niños, saliendo a la calle para defender los derechos humanos de los menores, las garantías individuales de una periodista valiente y la impartición de justicia, no me queda mas que pensar que, luego de esa buena experiencia, y habiendo probado nuestra garra de activistas sociales, bien podríamos convocar a una serie de movilizaciones para protestar contra las personas que cruzan ríos sin advertir que pisan las piedras que se ocultan bajo el agua. ¡Hagámoslo! Convoquemos a La Marcha En Pro De Los Derechos De Los Derechos de Las Piedras de Río. Nadie defiende esa causa tan noble, en cambio los defensores de los pollitos y las vaquitas ya están muy vistos, ¿no?
Genial, genial tu texto, estimado Javi.

Javier
Creo que lo peor es que seguramente los activistas vegetarianos no se dieron cuenta de quién los estaba mirando. No verían a indigentes ni a inmigrantes. La enfermedad de mirarse el ombligo es bien jodida y una de las más extendidas. Hace un año yo sustituí la leche por la soja porque alguien –en estos casos nunca te acuerdas de quién es ese alguien– me convenció de que la soja era más saludable. Los anuncios, lo que explican en las tiendas bio me acabó de convencer.
Hace dos meses hice un reportaje sobre importaciones masivas españolas y cómo éstas afectan a los países del sur. Os aseguro que se me atragantó la soja. Aquí van unos datos que escribí en el reportaje:
“Hace once años, el cultivo de soja era casi inexistente en Argentina. Hoy en día, el campo argentino aparece cubierto por un gran manto verde de soja transgénica. España contribuye a este modelo latifundista, ya que es el sexto país del mundo que más soja importa. Según la FAO, Argentina produce más de 24 millones de toneladas de soja y es el segundo país, tras EEUU, que más exporta este producto. En el 2003, España importó seis millones de toneladas de oleaginosas –una superficie equivalente a Cataluña–, la mayor parte, de Argentina. El 92% de esa soja se destinó al consumo animal. El avance de este gran manto de soja ha hecho que Argentina haya perdido el 46% de sus bosques y tenga ecosistemas únicos en peligro. Se calcula que el bosque húmedo de Yungas desaparecerá antes del 2010.
Entre el 1990 y el 2002, desaparecieron 60.000 granjas en la Pampa. Hace solo once años, transnacionales como Monsanto presentaron el cultivo de soja como el motor de la recuperación de la agricultura. Entonces, los que pudieron se subieron al carro. El documental Hambre de soja, de la Fundación Biodiversidad Argentina, denuncia que antes los agricultores comían carne. Ahora, soja”.
Gracias por el artículo!

No estoy en desacuerdo en las marchas pro-animales, siempre y cuando quien las haga primero se cuide de lastimar un semejante, de otra manera lo considero hipocresía.

Si te parece seguimos charlandolo en persona. Estoy parcialmentre de acuerdo, pero no comulgo con alguna de tus afirmaciones que me gustaría matizar con datos objetivos y realidades objetivables. Pobreza y medio ambiente son dos caras de lo mismo. Inmigración y agricultura/ganadería industrial son dos caras de lo mismo. Debemos hablar de proteína animal, de soja, de devastación amazónica para la soja (incluído tu amado perú), de modelo industriao concentrador de riqueza y expulsador de personas, etc. Y la ganadería industrial es uno de los grandes motores.

Pero trabajar en una causa no invalida la legitimidad de otras. Como la existencia de los negros de Tirso no aporta nada al discurso del vegetarianismo. Churras con Merinas. Creo.
Lo hablamos, lo dicho.

Por cierto, quizás un día entendamos que de el derecho de la piedras depende el derecho de las personas. Proteger su entrono y sus modelos de producción sostenible es frenar los deseos de cambiar de patria.

Un beso, hermano Javi.

PD: estaré en Madrid todas las navidades.

Hoy he recibido, un correo en el que se da una noticia indignante sobre el derecho de los animales y he creido interesante haceros llegar el link.

Un saludo
http://guillermohabacucvargas.blogspot.com/

[…] algún tiempo leí aquí en Mundo Abierto un post muy divertido y muy serio a la vez acerca de los protectores de los animales. Allí Javier Távara ponía al descubierto las […]

La comparación, además de odiosa, en este caso resulta absurda: la causa de los activistas vegetarianos nada tiene que ver con los derechos de los inmigrantes. No vivimos en un mundo fácil, la justicia moral escasea e incluso, en muchísimas ocasiones (muchas más de las deseables) entra en conflicto con la justicia legal, que no es, ni más ni menos que la de los humanos. Juzgar es un acto que, en general , nos queda grande a la mayoría, pero opinar es libre. A nadie se le escapa que los animales, la mayoría viene al mundo como esclavos, por y para servir a las personas, que los toman sin contemplaciones, y muchas miran hacia otro lado para evitar la incomodidad que puede suponer pensar en el sufrimiento ajeno. Este sufrimiento animal ocurre a lo largo y ancho de este hermoso planeta, por lo que para algunos, es difícil mirar hacia otro lado. Es cierto que muchos inmigrantes sufren precariedades, pero creo que debiste ser la única persona de esa plaza que vio alguna relación entre la causa de los activistas vegetarianos y la inmigracción.
Sentirse superior a los inmigrantes es triste y un error, pero no lo es menos sentirse superior a los animales, puesto que los humanos no somos más que una especie más del mundo animal. En ocasiones podría parecer que lo que nos diferencia del resto es nuestra capacidad de empatía con nuestros semejantes, pero esto no es más que un espejismo. La cruda realidad es que la especie humana se comporta como uno de los parásitos más voraces del mundo animal conocido.
Puede que buscar derechos animales dentro de la legislación de los humanos resulte ridículo para algunas personas, pero para los que creemos que la justicia moral debe prevalecer sobre el egoismo de esta sociedad del bienestar, es la manera más eficaz de evitar el abuso. Los animales no necesitarían voz si el respeto fuera nuestra máxima, pero no por eso perderé la esperanza de vivir en un mundo mejor.
Un saludo

esta wea me sirvio muxo pra hacer la mierda de trabajo de historia :)

gracias

zhio&kona

Los regímenes tiránicos del África deberían discutirse enérgicamente -entre las personas de bien, claro está- para que los jóvenes puedan crecer y desarrollarse en sus patrias. Carlos Norberto Mugrabi.


Where's The Comment Form?

Liked it here?
Why not try sites on the blogroll...

A %d blogueros les gusta esto: